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LEYENDAS DE LA TIERRA PROMETIDA

"El Pueblo Grande de Ometepe "

La Novia de Tola

la famosa leyenda del Caballero Andante

 LAS LEYENDAS del Mar y DE TESOROS OCULTOS
 
Alcaldes de Rivas.
A=Area territorial/Km² 
P=Poblacion    V=Votos
D=Densidad       INIFOM 96
A         P       V          D
Departamento de Rivas
2149 Km²   159,586 habs.     95536 votos.

139      43579    23,590   279
Tel-Alcaldia 045-337878

462     13,887  19,134      86
Tel-Alcaldia  045-34611 

806     36,249  19,267   44
Tel-Alcaldia  045-34107 

1291   32,924  17,564  19.8
Tel-Alcaldia - 045-33265

Tel-Alcaldia  55-26046

1335   38,584   17,581  29
Tel-Alcaldia  045-82242

152    13,788     6,660    39
Tel-Alcaldia 

150  15,353     7,573    84
Tel-Alcaldia  045-94182

375   13,062    5,743   36.5
Tel-Alcaldia  045-33101 

Alcalde
Tel-Alcaldia 
,
La Virgen
 Muchos de sus pobladores
sobreviven de la pesca

La Virgen clama por luz y agua

     Cuando en 1850 se abrió
     la famosa Ruta del Tránsito,
     en La Virgen existió un
     "muelle" y para 1855 ya
     había "unos seis hotelitos"

NOELIA SANCHEZ R. y
TATIANA ROTHSCHUH A.

RIVAS.- La Virgen es un pintoresco puerto a orillas del Gran Lago. Unas 1,500 personas lo
conforman y pese a ser un sitio de tránsito entre San Juan del Sur y Sapoá, vive a oscuras: sólo cuatro
lámparas iluminan el empalme. No todos sus habitantes tienen agua potable y la mayor parte de la
gente consume el vital líquido de pozos artesanales abiertos frente al Lago Cocibolca, a lo largo de la
playa.

La mayoría de sus pobladores claman por luz y agua al gobierno local y nacional, que no les han
prestado la atención debida.

Lucrecia Espinosa, maestra del poblado, dice que la instalación de la electricidad es una de las
banderas levantadas por los partidos políticos cuando andan en sus campañas; sin embargo "sólo
quedan las promesas", y advierte que muy pronto volverán con el mismo cuento.

Para la educadora, La Virgen es un pueblo importante, pero hay que potenciarlo como un sitio
turístico y sacarlo de la pobreza creando fuentes de empleo, ya que la mayoría de sus habitantes viven
de la pesca artesanal.

También trabajan como jornaleros en las fincas ganaderas vecinas y, temporalmente, más de un
centenar de sus pobladores son empleados en una empresa de cal, propiedad de los Pellas en la
comunidad de Santa María.

A sólo 13 kilómetros del centro de Rivas, La Virgen tiene un aire pintoresco pero entre esa apacible
vida, el caserío luce como olvidado en el tiempo. Su historia está ligada con la llegada de los
españoles.

Según los pobladores, su nombre fue tomado de un barco que según algunos se llamaba La Virgen;
otros aseguran que su nombre era María.

El historiador rivense don Jaime Marenco recuerda que aproximadamente en 1852 en este pueblo
había "unas 20 casas".

Cuando en 1850 se abrió la famosa Ruta del Tránsito, en La Virgen existió un "muelle" y para 1855 ya
había "unos seis hotelitos", agregó Marenco. Hasta hace muy poco se veían los parales que
soportaban el muelle pero la gente los tomó para hacer leña.

El historiador cuenta que los enormes barcos pasaban por La Vírgen rumbo a San Juan del Sur y
luego a Estados Unidos y afirma que en esa época se cobraba 40 dólares por el viaje.

Don Jaime calcula que el barco tenía capacidad para transportar entre 700 y 800 personas.

Los vestigios del Vapor Viejo que en ese tiempo fue quemado, se conservan en la costa como una
preciada reliquia de esa comunidad.

Evidentemente La Virgen es uno de los lugares más olvidados del departamento. Esto se ve reflejado
en la ausencia de una iniciativa económica fuerte que pueda satisfacer las demandas laborales de los
habitantes.

Irónicamente, de la fuerte actividad que existía en La Virgen en tiempos de William Walker no queda
absolutamente nada, sólo el recuerdo de quienes han transmitido de generación en generación los
acontecimientos.

Recientemente Edgard Martín Rodríguez, uno de los pescadores locales se llevó una sorpresa al
"pescar" entre sus redes un ancla enorme. ¨Tuve que pedir ayuda para sacarla, pesaba 300 libras
aproximadamente¨, dijo.

Se cree que dicha ancla perteneció a un barco antiguo que se hundió en ese sitio.



Una tradición en La Virgen

El préstamo del verraco para preñar

NOELIA SANCHEZ R. y
TATIANA ROTHSCHUH A.

Una original tradición económica y cultural que data de muchos años atrás se practica en este pueblo
lacustre. La crianza de cerdo es un medio de sobrevivencia para sus habitantes. "En cada hogar de La
Virgen hay por lo menos un cerdo, dice doña Elena, quien es muy reconocida porque cuenta con verracos ejemplares que presta a sus coterráneos para preñar a las cerdas.

Hasta la casa de doña Elena, quien no quiso revelar su apellido llegamos atraídos por esa tradición
que anda de boca en boca. Ahí encontramos al famoso verraco, que es como su tesoro. Ella afirma
que su animal está disponible para cubrir a todas las cerdas que le pongan.

"Présteme o alquíleme el verraco", le dicen los virgineños cuando tocan a su puerta.

Doña Elena explica que una vez que las cerdas tienen su cría la dueña del verraco recibe en
recompensa por el semen que preñó a la cerda, la mejor cría, la cual es escogida por doña Elena.

Esta humilde mujer asegura que tiene 25 años de mantener esa tradición. Refiere que cada año el
verraco es "jubilado" y sustituido por uno joven y al final el verraco viejo es capado y vendido al mejor
pastor, generalmente cuesta 3,500 córdobas.

La dueña del puerco asegura que si la cerda está en celo, "alunada", su cerdo siempre está dispuesto a
 
 

cubrirla "Aquí siempre hay alguien que toca la puerta y dice: "Présteme o alquíleme su verraco".

 VIERNES 10 DE NOVIEMBRE DEL 2000 /  La Prensa
 

              La Virgen: un pueblo que exige progreso

  Sobre la carretera Panamericana   ubicado en la intersección entre San Juan del Sur y Peñas Blancas
               Noelia Sánchez Ricarte - 
 Uno de los poblados del municipio de Rivas al que se deberá dirigir  una gestión inmediata es sin duda el poblado de La Virgen, el que por mucho  tiempo ha pasado inadvertido ante la pasividad de los dirigentes municipales.
 El próximo alcalde rivense tendrá la misión y el reto de cambiar el rumbo de la historia de este pueblo sureño, el que a partir de 1990 dejó de ser competencia de la municipalidad de San Juan del Sur, para pasar a la jurisdicción de Rivas.

 Entre las necesidades más sentidas de esta comunidad rivense, está la  construcción de un centro educativo, que reúna las condiciones mínimas para poder estudiar; un lugar donde los jóvenes puedan divertirse sanamente y lo  más importantes: fuentes de empleo.
  La Virgen pertenecía a San Juan del Sur;  La Alcaldía de Rivas en el año 90 “peleó” para que La Virgen formara parte de este municipio y lo logró,  Esta comunidad ha crecido porque hay más casas, pero en el ámbito económico siguen igual o peor que antes.   Este pueblo tiene que subsistir con el dinero de la recaudación, pero la pregunta es cómo hacerlo, cuando apenas se perciben 400 córdobas de “impuestos” de algunas pulperías y supuestamente este  dinero debería ser utilizado para la inversión de proyectos, lo que es  imposible.   En cambio, “Calera del Sur”, una industria que se dedica a la producción de  cal y que está ubicada en La Virgen debe pagar sus impuestos a la Alcaldía de Rivas.
  “Un alcalde que cambió y embelleció Rivas”, así reza una publicidad de la  Alcaldía de Rivas en donde aparece un gran número de obras ejecutadas por  el gobierno municipal del alcalde, Noel Selva Cordero.
  En el campo educativo, por ejemplo, se menciona que en La Virgen se llevó a  cabo la “construcción de la Escuela Raúl Barrios”; que es la única en este sector; pero la realidad supera esta afirmación, pues este centro educativo  no presta las mínimas condiciones para albergar a los 429 estudiantes que allí  convergen. Y así lo confirmó su directora, Epifanía Rodríguez, quien considera que no sólo se necesita remodelar esta escuela sino construirla totalmente y con urgencia, pues una pared de un aula está por derrumbarse. Ella asegura que en los tres años de desempeño como directora, no se ha  hecho ninguna mejoría en la estructura del colegio, aunque sí conocen que supuestamente el presidente había autorizado un proyecto de construcción de este colegio.  En esta escuela se imparte la educación primaria y secundaria hasta tercer año; después de este año se desconoce la suerte de los estudiantes.

 Después de la pesca, del horario escolar y de la diversión de los jóvenes en las calles, todo es paz en este lugar. 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Municipio de Buenos Aires.
       Este pintoresco pueblito sureño está ubicado a 116 kilómetros de la capital, Managua, y se puede entrar a él por varios sitios,  entre ellos el empalme a Potosí, carretera a San Jorge y otras  a lo largo de la carretera.  - 

Fundación: 1717.  - Extensión : 65 km2. - Población: 6,000 hab s.  - Densidad poblacional: 92.30 habitantes por km2.  - Producción: Caña de azúcar, arroz, frijoles, maíz, ganado,  plátano, hortalizas.
  - Norte: Municipio de Nandaime (Depto. de Granada) y Lago de Nicaragua.  - Sur: Municipios de San Jorge y Rivas. - Este: Lago de Nicaragua (Cocibolca).  - Oeste: Municipio de Potosí, Las Islas Menco, Tinaja, Tinajita y Tinajón. 


  
 Buenos Aires:
   Pueblo dulce con frescura lacustre

                  Orlando Valenzuela/ Mosaico/La Prensa/ 02-27-01
  * Un pueblecito de calles limpias y gente hospitalaria,  ubicado a sólo cinco kilómetros de Rivas es lo que el  visitante encuentra cuando entra al tranquilo poblado de Buenos Aires

                  Este pueblo, que algunos pobladores aseguran fue habitado antiguamente por las tribus indígenas del Cacique Nicarao, cuenta hoy con unos 6,000 habitantes en todo el municipio que  tiene como principales fuentes de trabajo la actividad  agropecuaria, la pesca artesanal y la agricultura, en la que se destaca la siembra de caña de azúcar, el arroz, los frijoles, el plátano y las hortalizas, como la granadilla, sandía, melón, piña y otros.

                                    Aunque no se tienen muchos datos históricos sobre este pueblo, se puede anotar que fue a partir del 15  de agosto de 1717, cuando los pobladores del istmo diseminados en  varias parcelas entre el Gran Lago y  la antigua Mar del Sur, solicitaron a la Real Audiencia de Guatemala regresarse de Granada como hijos del Valle de la Purísima  Concepción de Rivas, para establecerse en el actual Municipio  de Buenos Aires, por eso muchos pobladores tienen ese color característico del mestizo.

                  Pero el Buenos Aires actual es muy atractivo para el visitante, que puede recorrer las angostas pero bien adoquinadas calles  del pueblo en pocos minutos, porque aquí todo está cerca,  desde la iglesia parroquial con su parque al frente hasta los diversos colegios que hay en la periferia, o bien buscar las  tentadoras playas del Lago Cocibolca que bañan una parte del municipio, donde se puede disfrutar de un buen plato de  guapote frito con tostones y ensalada fresca.

                  Los pobladores de este municipio celebran con mucha alegría sus fiestas patronales en honor a San José, las que se   realizan entre los días 17, 18 y 19 de marzo, durante las que se realizan con mucha solemnidad misas y procesiones  religiosas por las calles del pueblo, así como también las tradicionales corridas de toros, desfiles hípicos, carreras de  cintas, elección de reinas y muchos juegos pirotécnicos  durante todos los festejos.
 
 

 Las amazonas del Menco

                  Orlando Valenzuela
 Ventura del Carmen Cruz tiene 18 años, un cuerpo de 15 y es  madre de tres niños: Rosa Esmeralda, de cuatro años y medio, Gerardo Jesús, de 2 años y la tierna Migdalia, de sólo  un mes, los que han nacido en su propia casa, asistida por doña María Miranda, su mamá.

                  Ella dejó de estudiar cuando estaba niña, sólo llegó a segundo  grado y la razón es de lo más absurda: el maestro se fue y   nunca más regresó. A pesar de eso, Ventura se siente  dichosa de saber leer y vivir en su humilde chocita construida
  a la orilla de la costa del islote El Menco, ubicado en la parte  suroeste del Lago de Nicaragua.

                  Desde que tenía 8 años, su mamá, doña María Miranda, la llevó por primera vez a pescar con anzuelo frente a la Isla Zapatera y desde ese día le perdió el miedo a las fuertes olas  del a veces embravecido lago.

                                    Por eso no es extraño ver de vez en cuando a la joven Ventura junto a su   hermana Martha Nubia, remando en   el pequeño bote de madera rumbo a  las lejanas aguas del inmenso Cocibolca, donde ambas tienen que poner a prueba sus habilidades de   navegantes, en muchas ocasiones en la oscuridad de la noche y enfrentando los peligrosos vientos del este.

                  Mientras Ventura tira fuerte de los remos, Martha tiende el  chinchorro o lanza bien extendida la atarraya, en una  agotadora jornada que sólo termina cuando logran sacar  suficientes mojarras y guapotes para vender a los  intermediarios y ganar “algo” para el sustento de sus familias.

                  En esta pequeña isla, perteneciente al Municipio de Buenos Aires, en el Departamento de Rivas, Ventura y Martha Nubia no  son las únicas “pescadoras”, pues aquí casi todas las mujeres  ayudan a sus esposos o se lanzan solas a la pesca cuando  éste no está o son madres solteras.
 En los diez años de trabajar casi diario en labores de pesca,  Ventura nunca tuvo ningún problema con el bote, tampoco recuerda haber vivido algún momento de angustia como el que  vivió hace apenas dos semanas, cuando venía de consulta  médica con su tierna Migdalia, acompañada de su compañero  de vida, Manuel Cruz, de 17 años, su hermana Mercedes de  12 años, su sobrino Jairo de once meses y María, su mamá.

                  “Era como la una y treinta de la tarde, el lago estaba “picado”,   con fuertes vientos —explica Ventura—, el bote de vela lo traía  Manuel contra el viento y las olas. Yo traía a la niña, que sólo  tenía 15 días de nacida, bien tapadita del sol y del agua. De pronto, el viento azotó más fuerte y allí nomás vino el tumbo y  le dio vuelta al bote y todos nos fuimos al agua”.

                  Luego de una breve pausa, continuó narrando: “Cuando el bote  quedó de lado, María soltó a Jairito y ya se estaba hundiendo  cuando Manuel lo salvó, los otros niños gritaban desesperados  en medio del oleaje y yo lo único que pude hacer para salvar a mi niña fue levantarla con una mano y nadar con la otra... fue  como media hora horrible, de angustia, hasta que logré agarrarme de la vela de la panga y me subí al bote que estaba  volteado y nunca solté a la niña”.

                  Aunque el peligro le acecha a cada instante, Ventura ya  regresó a la pesca, esta vez acompañada por Manuel.

     Los artesanos de la filigrana

                  Orlando Valenzuela
   No se puede hablar de Buenos Aires sin referirse al delicado trabajo que de generación en generación le ha dado fama a   este municipio rivense, como es la filigrana en jicaritas que   realizan sus artesanos.

                  Doña Judith Castillo López tiene 15 años de elaborar los decorados en marmita o filigrana en frutos del árbol de jícaro,  gracias a las enseñanzas de su suegra, doña Nieves Cajina.
                  Los trabajos que doña Judith realiza se caracterizan por el  detalle en cada uno de los finos labrados con cuchilla artesanal, por la sobriedad de su acabado en el color natural  del jícaro y sobre todo por la originalidad de los diseños.

                  Tisteras, dulceras, atoleras, cumbitas para beber agua,  prensadores de pelo, alhajeras y jicaritos para recuerdos de  quince años, entre otras, son algunos de los trabajos más  solicitados. Pero además de los bonitos labrados en jícaras,  doña Judith también labra las conchas de coco, del que saca  hermosos cofrecitos que sirven de alhajeras.
 

                  Para realizar los diminutos diseños en jícaros, se deben seguir  los siguientes pasos: Se corta la fruta del jícaro cuando está  sazón, luego, en una olla se pone a cocer con un poco de  ceniza hasta que la fruta cueza bien en el fondo del recipiente, sin dejar que ésta flote.
                  Luego se saca la jícara de la porra y se pone a enfriar. Una vez  frío y seco, se parte con una sierra, se le sacan las semillas y  se limpia por fuera.    A continuación se pone en jugo de limón y agua para que blanquee la  parte verde. Al día siguiente se pone al sol, cuidando que no se reviente y  luego del secado se empieza a labrar con la cuchilla artesanal y demás herramientas especiales.

                  A pesar que este trabajo requiere mucha destreza, paciencia y  creatividad, actualmente está subvalorado, ya que por una  pieza que puede llevarle a un artesano todo un día de labrado cobran 30 córdobas, mientras que para una grande que tarda  unos tres días para terminarla, cobran 50 córdobas. Doña   Judith trabaja en su casa, ubicada de la Casa Cural 1 1/2  cuadra al lago.
 
 

                          El atol de doña Yolanda

                  Orlando Valenzuela
    El secreto de un buen atol estriba no sólo en sus ingredientes sino también en su empaque

                  Las calles de Buenos Aires tienen un personaje que ya es infaltable y necesario por las tardes: doña Yolanda López y su  carretoncito verde en que vende las calientes bolsas plásticas  con el aromático y sabroso atol de maíz.

                  Tiene 60 años y desde hace cuatro su atol es una necesidad  para muchas personas que se han hecho “adictas” a esa bebida milenaria. Todos los días, a las doce meridianas, doña  Yolanda va a moler las cinco libras de maíz sancochado que preparó desde muy temprano. Después que regresa del  molino, se pone a colar la masa, le echa cinco litros de leche  pura de vaca, un poco de canela, azúcar, una pizca de sal y al  fuego por una hora.

                                    Doña Yolanda dice que muchas  personas del pueblo ya la esperan  con sus porritas listas para comprarle  atol, por eso las cien bolsitas que  diario hace se le terminan rápido. 

                                    El secreto del atol no sólo está en la   elaboración, sino también en el  empaque, según dice Yolanda, quien asegura que para que el atol esté caliente todo el tiempo, en cuanto baja del fuego el  perol del atol, ella le pone un embudo a la bolsa plástica, le  echa la bebida casi hirviendo y la empaca para que no pierda  temperatura y conserve su aroma.

                  Además del atol dulce, doña Yolanda sabe hacer atol agrio,  atol de arroz, atol pujagua y queque negro entre otros. Por eso,  cuando alguien quiere probar el delicioso atole de maíz en Buenos Aires, lo único que hace es estar pendiente, a partir de  las tres de la tarde, del suave traqueteo del carretón y el  conocido pregón de doña Yolanda.... ¡el atoool!... ¡el atoool!


                        También jícaras de colores

                  Orlando Valenzuela
   Ana Cecilia Morales es una joven que también se dedica a   elaborar jícaras de filigrana desde hace siete años en el  mismo pueblo de Buenos Aires; sólo que ella es la creadora  de un trabajo muy innovador y extraordinario. Realiza las   jícaras de filigrana de la misma manera que doña Judith, con la diferencia que a sus dibujos ella les imprime vivos colores.

                                    Para imprimirle color a las jícaras,  Ana Cecilia primero elabora los dibujos, después los pinta con  marcador de pizarra, luego aplica marcador de serigrafía y finalmente les da brillo con sellador y barniz.

                                    Esta joven introduce en su novedoso  arte, dibujos precolombinos, pinta leyendas y hasta escriben en la jícara pequeños salmos y pensamientos de su propia  inspiración. Muchas de sus creaciones han sido realizadas  basándose en los maravillosos paisajes de la Isla de  Ometepe, por ejemplo el Charco Verde.

                  La ingeniosidad supera a la de Masaya, donde elaboran las tradicionales canastas de filigrana, chocolateras o porta  lápices, pues ha creado ballenas hechas también de jícaras.
                  Además realiza joyeros, lámparas y cuanta creación se le viene a la mente, todo está en encontrar la jícara adecuada en   tamaño para realizar su proyecto.

                  La idea de crear “algo diferente” fue lo que impulsó a esta artesana a estudiar un curso de pintura, luego pensó elaborar  algo original, que tuviera mucho más salida que las tradicionales jicaritas, idea que le ha dado muy buenos  resultados.

                  (Reportaje por: Nohelia Sánchez Ricarte ) 
 
 
 

                     El dulce de rapadura de Buenos  Aires

                  Orlando Valenzuela
    ASi hay algo que no puede faltar en Buenos Aires, es el rico   dulce de rapadura, ya que en este tranquilo pueblo existen  varios trapiches que desde hace muchos años endulzan la   vida de sus habitantes; por eso se puede decir que aquí todo el  tiempo la gente vive a flor de miel.

                                    Don Carlos Iglesias es el dueño de la  finca San José, donde se encuentra uno de los tradicionales trapiches que saca el delicioso alfeñique y los  famosos atados de dulce de rapadura. La finca es administrada por Javier Iglesias, hijo de don Carlos,  quien explicó que su familia tiene más   de 40 años de producir dulce, ya sea de la caña que cultiva en  su propiedad o de la que compran a los cañeros individuales.

                  En el trapiche de la familia Iglesias se siguen los mismos  métodos tradicionales de producción de miel, donde la caña,  luego de molida y cocida, es vertida en moldes rectangulares de madera, que le dan la ya conocida forma de “panela” o   “atado”.

                  MUCHOS USOS

                  Aunque parezca mentira, el dulce de rapadura tiene diversos  usos, ya que se utiliza como materia prima de una gran  cantidad de productos alimenticios, como es el café  instantáneo. Las panaderías lo usan para elaborar el polvorón,   el queque negro, las hojaldras y las empanaditas.

                  Las dulceras lo utilizan para hacer las famosas melcochas,  ‘lecheburras’, huevos chimbos, así como también es utilizado  en los pueblos para hacer la rica chicha de maíz y el embriagante champán casero, como es el guaro de cususa.

                  Iglesias detalló que en su trapiche se hacen varias “cocidas” al  día. Una cocida equivale a una tonelada de caña, de la cual se  sacan unos 80 ó 90 atados, los que tienen un precio de 4  córdobas. Explicó también que el dulce que ellos producen es  uno de los de mayor aceptación porque lleva canela y otros  ingredientes. 
 
 
 

                          El popular “Guarachilla”

                  Orlando Valenzuela
     En Buenos Aires lo conocen como Carlos Alberto Rivera o por   el sobrenombre de “Guarachilla”, pero su nombre de pila es   Donald Alberto Rivera. Carlos es nacido en este pueblito donde la gente lo reconoce como un tipo que no le niega el   cariño al trabajo en la forma en que se le presente, pues como  el mismo lo dice “lo importante es no dejar escapar el dinero,  porque si uno está sentado, no llega la plata”. 

                  Por eso a “Guarachilla” se le han conocido variados oficios,   como leñador, cortador de caña, fontanero, albañil, machetero,    vende tortillas y otras.

                                    Pero más se le conoce como    “Guarachilla”, por su trabajo artístico   con la guitarra y su voz, ya que actualmente es el más destacado  guitarrista y solista de todo Buenos   Aires.

                                    Aprendió a tocar guitarra de oído  cuando tenía 15 años, un poco entusiasmado por los acordes  de la canción de moda del momento: La perra renca. 

                  Cuando hay alguna serenata que poner o alguna actividad  social que celebrar en el pueblo, en lo primero que piensan es  en el popular “Guarachilla”, que tiene un amplio repertorio que  incluye canciones románticas de Leonardo Fabio y los   grandes del bolero, aunque asegura que es el cliente el que  tiene la última palabra en la selección del tipo de música a   tocar y cantar.

                  “Una serenata es algo muy serio, hay que respetarla” —dice  con solemnidad este entusiasta guitarrista a quien lo mismo le  da alternar con el machete en la zafra azucarera y por la   noche con la guitarra en una fiesta particular o en Tito’s Bar de Rivas, donde es más conocido como “El zompopo”.

                  Aunque su pasión es la música y el canto, Carlos tiene la esperanza de conseguir, aunque sea una manzana de tierra para sembrar yuca, maíz, y frijoles, porque también le encanta la agricultura. Por el momento, “Guarachilla” sigue esperando  cualquier “rumbito”, ya sea con el machete o con lo que más le  gusta: la guitarra.

 

 
 

 
 
 
 
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