Sor de María Romero Nació en Granada, sus padres;  el doctor Félix Romero Arana, hijo del profesor Manuel Esteban Romero y de Doña Pastora Arana.
GRANADA DE NICARAGUA
Con María Toda para nosotros como Don Bosco 
por Ma. Domenica Grassiano.

María Romero Meneses

Nació María Romero Meneses el 13 de enero de 1902 en la ciudad de Granada, Nicaragua. La ciudad está ubicada a orillas del Gran Lago de Nicaragua, tiene una extensión de más de ocho mil kilómetros cuadrados. Es tan extenso que en algunos lugares no se alcanza a ver la ribera opuesta. Su clima es cálido porque está a menos de 50 m de altura sobre el nivel del mar. 
 

La casa donde nació Sor María Romero está convertida en Museo y uno de los cuartos es capilla con un hermoso altar de mármol.
 

El 20 de enero la pequeña María es bautizada en la Iglesia La Merced, amplia y esbelta iglesia colonial, construida en calicanto.
Pequeñita aún, es criada por su abuela. Todavía niña, sus padres la mandaron a clases de piano y violín. También a esa edad, recibió clases de dibujo y pintura. Tanto en la música como en la pintura fue muy hábil y fueron éstas las clases que impartió después como maestra en el colegio.

Sus padres fueron Don Félix Romero, casado en segundas nupcias con Ana Meneses, su madre. Don Félix fue Ministro de Hacienda en el gobierno de Santos Zelaya.

En la Iglesia La Merced la niña María hizo su primera comunión a los ocho años de edad, junto con otros doscientos niños y niñas.
Sor Maria en su familia tuvo un hermano, Juan, y cuatro hermanas: Matilde, Basilia (Chila), Luisa y Pastora.
Alumna del Colegio María Auxiliadora

Como a los 10 años de edad, María pudo conocer al Delegado Apostólico del Papa para toda Centroamérica, que visitó la ciudad de Granada, era Monseñor Juan Cagliero, uno de los hijos predilectos de San Juan Bosco y primer Obispo Salesiano. 

El Obispo vio a María entre el grupo de niñas y personas mayores y le puso la mano en la cabeza.

María hizo sus estudios hasta el nivel de sexto grado, teniendo como maestras a sus tías. Al mismo tiempo continuaba con sus ejercicios de piano y violín.

En 1914, María comenzó a frecuentar la escuela de las Hermanas de María Auxiliadora, como alumna externa. La inscribieron allí sus padres especialmente con el fin de que obtuviera diploma oficial de la escuela primaria y poder luego ingresar en la secundaria.
Sin embargo, María perdió gran parte del año aquejada por una fiebre reumática que la llevó al borde de la tumba. Estaba en cama paralizada. Únicamente podía mover un poco la cabeza. Los meses pasaron y el médico dijo que ya su corazón comenzaba a ceder.
Por milagro de la Santísima Virgen comenzó a sanar y poco a poco mejoró. Con todo, las piernas le quedaron un poco débiles de tal forma que más adelante tenía que tomar un descanso a media jornada, después de esta enfermedad siguió sus estudios con mucho éxito.

 Nació en Granada el doctor Félix Romero Arana, hijo del profesor Manuel Esteban Romero y de Doña Pastora Arana, hija de aquel célebre Eduardo Arana que fue uno de los oficiales de la independencia y primer gobernador de Granada. Las dos familias eran de ascendencia española, como todo el primer núcleo de los fundadores de la República de Nicaragua, que logró la independencia el 30 de Abrí! del 1838.

En el primer enlace matrimonial, Don Félix se casó con Mercedes Ortega, otra familia de «héroes v santos varones de la lglesia Católica».  Mercedes murió de parto, poco después de un año de matrimonio. Y, Félix se casó con Ana Meneses Blandón, también de ascendencia española. Ana Meneses, una vez en casa de Romero, fue Anita, para todos.

Buen católico y óptimo ciudadano, Félix pertenecía al partido liberal. En la vida política había sido durante varios años, administrador de aduana, después vice-ministro y luego, ministro de Hacienda, durante el gobierno del general Santos Zelaya, en una convivencia difícil con los conservadores.

Sin embargo, la gloria de Don Félix era, sobre todo, la de ser mayordomo de Nuestra Señora, la Virgen del Tránsito, y, mayordomo del Niño Jesús de la Parroquia de Jalteva. Y, lo fue hasta la muerte. Era muy rico y caritativo con los pobres, ayudado en esto por Doña Anita, que ciertamente, no desentonaba a su lado, siendo, además, hermosa, teniendo dulzura, suavidad y fortaleza, unidas a la educación perfecta de la mujer de finales del Siglo XIX: leer y hacer cuentas, canto y música, bordado, costura, gobierno de la casa.

Don Felix tenía siete hermanas solteras. Tenían en su casa una escuela privada para muchachas de la buena sociedad. Anita le regaló al doctor Félix, poco a poco, hasta trece hijos, de los cuales sobrevivieron nada más seis, con la añadidura de Francisco Romero Ortega, heredado de Mercedes; que había sido la primera esposa de su padre.

Quizás es cosa inútil componer la historia de Granada. Se parece a la de todas las ciudades coloniales españolas (y no españolas). Todo debe considerarse en su contexto, además que en su tiempo. Somos muy rápidos en juzgar el pasado con el metro de lo presente, muchas veces fácilmente.

Mejor es no levantar demasiados velos para no disgustarnos de nosotros mismos al final... Por eso, en resumidas cuentas, fotografiamos con un rápido flash a Granada de Nicaragua. Su historia está tejida con amor y lágrimas, las más amargas, creo, las de las tribus primitivas: niquira nos y choroteganos, que en los primeros decenios de la dominación española, fueron casi totalmente aniquilados.

Fundador de Granada es el capitán Francisco Hernández de Córdoba, que, casi contemporáneamente fundaba León (1524), la ciudad rival. Para honor de Granada, se pueden leer, reiteradamente, a lo largo de todo el Siglo XVI, denuncias y súplicas de las autoridades ciudadanas a los reyes de España (Carlos V, Felipe II, Carlos II) señores de las Américas, para que no se maltrataran gratuitamente, ni se deportaran y vendieran como esclavos los naturales indios.

En una cédula real, en la cual el rey pide cuenta de la mala actuación y anuncia el envío de un lugarteniente suyo para inspección, leemos: «...(Hemos sabido) el gran desorden (contra los naturales) los cuales dice que han venido en gran disminución... que de dos mil indios, no llega (el repartimiento) ahora a cuarenta, y que son tantas las maneras de servicios y trabajos que les dan los españoles, y tantos géneros de martirios que es cosa de espanto».

Los misioneros, los primeros entre todos, los franciscanos, luchaban contra la barbarie, especialmente contra la esclavitud y el comercio de los naturales. En 1547, desde la ciudad de Granada, el obispo mártir, fray Antonio de Valdivieso, escribía al rey: «De esta provincia se han sacado muchos naturales, hombres y mujeres, y todos están esclavos [...] hay [...] en el Perú y en Panamá [...] crea vuestra Alteza que las necesidades que estos padecen son tantas, que no basta cabeza para poderlas describir, [...] Es necesario que acá haya autoridad de persona... para que pueda remediar todo lo que ocurriere, y tanto esto no haya, la conciencia de Su Magestad no será descargada».

¿Némesis histórica? Los ocupantes, una vez «nicaragüenses», de generación en generación, debieron pagar las conquistas con luchas y tragedias sin fin. Enorme la del 1856 por obra de los filibusteros conducidos por el norteamericano Walker, que pasó la ciudad a fuego y cuchillo, dejando luego escrito con carbón, sobre un troncón de pared: «Aquí existió Granada».'El poeta Luz Gamero de Benar fotografió la tragedia en cuatro versos:

GRANADA, para cantarte fue necesario bogar
a ritmo de sangre y fuego por tu pasado inmortal

LUZ GAMERO DE BENARA
Hasta alrededor del Siglo XX, los aborígenes, que galardonamos como salvajes, no tenían el derecho de vivir en las ciudades. Tenían que vivir en las reservas. Y para vivir debían trabajar las plantaciones de los señores.

Después cambiaron las cosas. Ana Meneses de Romero tenía algunas mujeres que le ayudaban. Su casa con el patio alrededor, como un claustro, largo y estrecho para producir sombra, y esbeltos palmiches en el medio, era siempre un espejo. Allí llegaba del campo toda suerte de productos, en la carreta tirada por un buey o por una vaca encorvados, más parecidos al búfalo que no a nuestras bonitas novillas. La vida se desarrollaba siempre y casi toda bajo los pequeños pórticos del patio, de esbeltas columnas. En el ángulo había un pozo rodeado por pequeños conductos para recoger el agua llovediza.

María Romero Meneses abrió los ojos en aquella felicidad. Pero apenas destetada, la abuela materna, semiparalítica, la quiso consigo, para hacerle compañía y, sobre todo, para aliviar a Ana, que estaba esperando una nueva pequeña vida.

Las siete tías enseguida se preocuparon de su instrucción y educación, ya que era muy receptiva, vivaz pero tranquila. Pasaba horas escuchando a la abuela que, cuando no rezaba, explicaba. Dice Doña Pastora: «Es necesario para relatar la vida de Sor María Romero, el describir las costumbres que llevaron nuestra abuela y nuestras tías; porque el estudio de esta familia nos lleva al conocimiento del amor que supieron llevar hacia la Virgen y su Dios; no provisional sino perpetuo» .6 La abuela no sabía decirle que no, la colmaba de regalos, en fin, María era su preferida.
JULIAN N. GUERRERO C-LOLA SORIANO DE GUERRERO, Granada. Mollogra[la Deparlalnenlal, 1978, p. 544.
De los recuerdos de Doña Pastora Romero, viuda de Corés, conservados en el Archivo General de las Hijas de María Auxiliadora (AGFMA).

Una fiebre reumática se llevó a la anciana señora y con ella se fueron las maravillosas narraciones, los cuentos de hadas, los caprichitos de la nietecita, que volvió a casa, contenta. De hecho, parecía siempre su particularidad estar contenta, permaneciendo donde la ponían, porque era una verdadera niña, en la frescura del agua de manantial, con que miraba las cosas, las personas, el mundo, la vida, con los ojos de la inocencia, uniendo la realidad a la poesía, arte y religiosidad, ésta, quizás, inconsciente, pero, indicio-resplandor de Aquel que está aguas arriba y que pronto y siempre más conscientemente se le revelará como «su Dios idolatrado»...

Estuvo contentísima de que su padre y su madre la mandaran a clases de piano y de violín. La señorita Chepita González era su maestra de piano, y le daba también las primeras clases de dibujo y de pintura; y Don Anselmo Rivas le enseñaba a tocar el violín, y, seguidamente le ayudó en el perfeccionamiento del piano. María tenía una destacadísima inclinación para la música; en ella todo cantaba.

Hizo su Primera Comunión a los 8 años (8 de Diciembre de 1909), junto a casi doscientos niños y niñas de la parroquia. Recibió al Señor bajo los velos del Sacramento en la Iglesia de La Merced, ante la cual estaban entonces sus padres, para estar en lugar más céntrico de la ciudad. Precisa Doña Pastora: «Fue preparada por tres días en un retiro de Ejercicios Espirituales por la Srta. Pacífica Alvarez». Después de la solemnísima Misa, todos los niños que habían hecho la Primera Comunión desayunaron como invitados en casa Romero.'

Y, he aquí la guía de la Divina Providencia que empezaba a mostrarse, para ir preparando a María para su singular destino.

Su excelencia Monseñor Juan Cagliero había sido llamado de América del Sur (su segunda Patria) por el Papa Pío X, que le comunicaba que lo había nombrado ministro plenipotenciario de la Santa Sede en el Gobierno de Costa Rica y Delegado Apostólico de las otras cuatro repúblicas centroamericanas: Nicaragua, Honduras, San Salvador y Guatemala. El día 8 de Julio de 1908 se embarcaba en el vapor «Antonio López» y un mes después llegaba a su destino recibido como un soberano. Una vez en el trabajo, fue enseguida a Nicaragua 1909 y se quedó cuatro meses. Allá el gobierno (liberal) no le negó el ingreso, no le festejó, no le combatió. Santos Zelaya, el presidente, «consideraba a la república, ni más ni menos que como una inmensa hacienda, bajo las órdenes de un dueño absoluto»," naturalmente él. Y el pueblo se sometía a regañadientes. Eran frecuentes las sublevaciones.
Ibídem. Lo confirma Francisca Silva de la Rocha con Declaración jurada. (AGFMA).

Cuando se fue Monseñor Cagliero, estalló un violento levantamiento, encabezado por el general Juan Estrada (conservador). Zelaya se salvó con la fuga. El doctor Félix Romero perdió el cargo, se le dejó de lado.

Le habían pedido a Monseñor Cagliero, para Granada, los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora. Cosa singular: en el lejano 1888 Doña Elena Arellano de Sequeira, granadina, encontrándose en París y leyendo en los periódicos de la capital la noticia de la muerte de Don Bosco, fue precipitadamente a Turín. Años antes, en otro de sus viajes, se había encontrado con Don Bosco y le había suplicado que mandara a sus Hijos e Hijas para la educación cristiana de la juventud de Granada. Ahora, arrodillada delante del cadáver del Santo, lloraba y rogaba para obtener para Nicaragua, los Salesianos y las Hermanas. Un joven Monseñor se le había acercado y le había dicho en perfecto castellano: «Su ruego ha sido escuchado, la casa salesiana será establecida en Granada».« Era Monseñor Cagliero.
Estaba a punto de realizarse la promesa. Pero, antes, llegaron las Hermanas.

Eran cuatro. Provenían de San Salvador. El día 8 de Marzo de 1912 desembarcaban en Corinto de Nicaragua, con dos señoritas colaboradoras suyas.1° Las esperaba un grupo de señoras.

En tren llegaron a Granada. Por desgracia, Doña Elena no vio aquel bonito día: había muerto el 11 de Octubre de 1911.  Las Hermanas eran: María Turini, Cristina Salazar, Dolores Díaz v Leticia Cantizano. Las señoritas: Emma Rodhe v Emma Olivañora acompañó a las Hermanas a su morada, Doña Blanca Urtecho de Coronel" que hizo que hallaran listo el colegio. Las Hermanas lo llamaron de María Auxiliadora.

" CASSANO G., Il cardinale Giovanni Cagliero, vol. 11, Societá Editrice Internazionale, Turin, 1915.
Cf. GLERRFRO SORIANO, Granada, Monografía Depariamenial, pp. 245-246.

La superiora, Sor María Turini, inició así la crónica: «El año del Señor, 1912, siendo Sumo Pontífice Pío X, delegado apostólico en Centro América su excelencia Mons. Cagliero, obispo de Nicaragua Mons. Simeón Perevra y presidente de la República el Sr. Adolfo Díaz (1.911-1.916), superiora general de las Hijas de María Auxiliadora Madre Catalina Daghero y visitadora de Centro América Sor Julia Gilardi (...) se aceptó esta nueva misión, habiendo tratado Mons. Cagliero con la Visitadora .y ésta con la Madre General, para sacar de los peligros a tantas pobres jovencitas abandonadas a sí mismas».

El pequeño colegio estaba situado fuera de la ciudad, en medio del campo, pero, pronto, unas ochenta niñas iban para las tres primeras clases elementales y escuela de trabajos manuales, en efecto, la obra se llamó enseguida «Escuela Profesional». Toda Granada hablaba de aquellas Hermanas v de sus afortunadas alumnas.

María Romero, seguramente las conoció alrededor de los 10 años, pero, continuó con las tías sus estudios, que la colocaban en el nivel del sexto grado, o, quizás más. Y continuó también con Don Anselmo Rivas, sus ejercicios de piano y de violín, de forma excelente. Mientras tanto, habían llegado, también, los Padres Salesianos, después de las Hijas de María Auxiliadora, y el 15 de Mayo del mismo 1912, abrían las aulas de su colegio para los muchachos.''- María, había visto también, una mañana, a Monseñor Cagliero, pero tres años antes.

Si en su vida de religiosa, una de las virtudes más probadas fue la obediencia, de niña, con siete años, más o menos, se había escapado de casa, tal y como estaba, despeinada, sin lavar, con delantalcilo manoseado, para ver al Delegado Apostólico.

«En el año 1911 había llegado a Granada el visitador salesiano Padre José Misicri, a quien visitó la apreciable dama Doña Blanca Urtecho de Coronel, con el fin de solicitarle la autorización para que las religiosas de María Auxiliadora vinieran a Granada, ya que Doña Blanca pensaba fundar un centro para la educación y formación de jóvenes de escasos recursos económicos (Ibidem, p. 249).

GUERRERO y SORIANO, o.c., p. 247

estaba de fiesta y la gente vestía lo mejor que tenía. Ella, había ido a la primera fila y el Obispo había acariciado su cabecita... A las quejas de la madre, María había respondido con una sonrisa un poco ilusionada.

En el País de los cuarenta volcanes, también el quehacer público tenía sus frecuentes terremotos, no lo desmintió en el 1912. Extraemos de la crónica de Sor Turini, en el 20 de Julio: «Se susurra que pronto habrán desórdenes e insurrecciones». En efecto, la revolución estalló el día 28. «El ministro de la Guerra se autodeclara presidente de la república. Muchas personas de las principales familias son arrestadas». 13 El doctor Félix Romero se había retirado en vida privada, lejano de la política. Administraba sus bienes, se cuidaba de sus haciendas rurales, vigilaba sus plantaciones. Nadie lo acusó. Nadie lo buscó.

A finales de Julio escribe Sor Turini: «La ciudad está sitiada; toda comunicación interrumpida».
El 18 de Agosto: «Un grupo de revoltosos entra por la fuerza en casa buscando a personas escondidas [no había nadie]. Se van dejándonos con un gran susto». Desde el 19 al 27 de Agosto está escrito: «La guerra se hace cada vez más obstinada. Las luchas son terribles».

El día 24 hubo que mandar a las alumnas internas a sus casas por falta de víveres. Se pasaba hambre. Pero, un mes después, es consolador leer: «Milagrosamente y sin saber cómo, se restablece la paz (...). A las seis todos van a la iglesia de La Merced para cantar la "Salve", como acción de gracias».
A primeros de Octubre el colegio volvió a abrir las puertas. En Noviembre, bajo la sugerencia de Doña Blanca, se aceptaron veinte señoritas de la ciudad para aprender el corte, la costura, bordado y música. Pertenecían todas a la buena sociedad.

Sor María Turini se preocupó; temió que la obra, fundada para niñas pobres, cambiara dirección, tanto más que casi cada día recibía peticiones de admisión, por parte de familias acomodadas. Y fue a San Salvador, donde entonces estaba la casa provincial: proponía a la visitadora la apertura de un colegio en el centro de la ciudad. También Monseñor Cagliero aprobó la idea e hizo petición a las superioras de Turín. Pero, había dificultades y la más evidente era la falta de personal: el 1913 había visto salir desde Génova hacia las misiones de América un nutrido grupo de misioneras, pero sólo cuatro destinadas a Centro América.
la Cf. Crónica del colegio de María Auxiliadora, Granada, 1912. (AGFMA)

Y, nuevamente la guía de la Providencia anuda cabos para «prender» a María Romero Meneses. De visita para América, «llega, de forma completamente inesperada, en Marzo, la Vicaria General Madre Enriqueta Sorbone» 14 que, visto el pro y el contra (el contra, por decir), hablando con el gobernador de Granada, Don Eulogio Cuadra, poniéndose de acuerdo con la magnánima Doña Blanca, opta por el sí. Una vez en San Salvador, enseguida da los primeros pasos y se inicia viendo llegar a Granada dos Hermanas, María Bernardini y María Cabrito. Después, el 4 de Mayo, llegan las Hermanas María Rebuffo, Rina Musso y Conchita Versaci.

El gobernador y sus consejeros habían decretado transformar la prefectura, vacía y bastante maltrecha, en colegio, para las Hijas de María Auxiliadora. Para repararla ofrecían 10.000 pesos.
Los primeros exámenes de admisión, se hicieron el 19 de Mayo, en dos aulas desocupadas de escombros y adaptadas de la mejor forma que se pudo. Pero, por la noche, las dos profesoras, Bernardini y Cabrito, volvieron a la escuela Profesional, o sea, al barrio de otra banda, ya que «la nueva casa -- está escrito - se encuentra en un estado imposible a describirse»." El 28 un telegrama de San Salvador anunciaba: «Llegarán Lang y Gedda».

Todo fue un apresurarse. Las Hermanas destinadas al nuevo colegio dejaron otra banda, se colocaron como pudieron y trabajaron mucho junto a la directora Turini, Doña Blanca Urtecho y  con veinte años entró en el Instituto e hizo profesión en el 1900 y partió para las misiones de América. Hizo los Votos perpetuos en Morelia (Méjico). Fue directora durante 16 años, inspectora durante 19. Murió en Barcelona (España) el 9 de Diciembre de 1941. Respecto a Sor Teresa Gedda, véase la Biografía de Mary Gedda Sor Teresa Gedda, inissionaria, FMA, SEI, Turín, 1937.
" Cf. Madre Enrichetta Sorbone, vicaria generale delle Figlic di Maria Ausiliatrice, FMA, editora L.I.C.E., Turín 1947, p. 179.
Cf. Crónica Colegio M.A., 1913, (AGFMA).
10 Sor Francisca Lang nació en Agazzano (Plasencia) el 28-7-1878,


Doña Clotilde Cuadra. Barridos los pasillos y las habitaciones, se percataron de que faltaba una cama. La pidieron prestada...
El 13 de Junio llegaban Sor Francisca Lang y Sor Teresa Gedda. La primera como directora; la segunda como portera, mejor, como «lámpara ardiente». Venían de Méjico y habían viajado varios días por tierra y por mar, con una parada en San Salvador. De Sor Gedda ya se decía: «Es una santa»... Era la veterana de las misioneras, habiendo salido de Italia el 14 de Noviembre de 1877, con la primera expedición. Dios la regalaba a América, semilla y retoño de transplante para campos desmesurados.

Fue a Uruguay, Villa Colón, Las Piedras, Montevideo. Después al norte, a Méjico, Morelia, Puebla, Ciudad de Méjico. Y ahora, he aquí que venía el último trasplante e injerto en Nicaragua, Granada. Ya era una religiosa anciana, muy trabajada, pero era también la «regla viviente». ¡Era Mornese! " Moriría el 24 de Marzo de 1917, después de cuatro años de la llegada. Centinela fiel, dejará su sitio y entregará las llaves para ponerse en cama y en seis días pasar a... otra banda. Está sepultada en la tumba monumental de la familia Cuadra.

Está fuera de dudas que Sor Gedda conoció a María Romero y viceversa. Pero, nunca sabremos el por qué, una vez muerta, se le apareció. Y eso que María tenía miedo a los muertos y, sólo nombrándolos, dice Sor Ana María Cavallini, «se hacía la señal de la cruz con ambas manos»...

Antonieta Navarro que la conoció como educanda en el colegio de Granada explica oído de sus labios que Sor Teresa se le apareció la noche de su muerte, pero que María tuvo mucho miedo y no quiso verla. Añade que el rosario que la jovencita tenía colgado en el respaldo de la silla, cerca de la cama, hizo ruido durante toda la noche... Pensamos aproximándonos bastante, que Sor Teresa quisiera decirle: «Te dejo como recuerdo el rosario de María».
'' Indica portadora del espíritu de Mornese, vivido al lado de la fundadora, Sta. M'- Dominica Mazzarello.
" Cl. Declaración de Sor Amelia Antonieta Navarro Parrales, Granada, Nicaragua, del 3 de Agosto de 1982. (AGFMA)

meses y María se agravaba cada vez más. Una vez Doña Anita dijo a Adela: «La María se nos va». El médico había declarado que cedía el corazón, pero de la boca de la enferma no se oía nunca el mínimo lamento. Dice Adela: «Me llamaba la atención su gran paciencia, siempre respondía sonriente. Yo le contaba lo que pasaba... se reía... Por una gracia sobrenatural de la Santísima Virgen mejoró y poco a poco quedó completamente bien» .

También Sor Ana María Cavallini, en su cuaderno de recuerdos, habla de esta enfermedad. En el pequeño capítulo que lo refiere, pone el título «Curación milagrosa». Escribe que María «quedó paralítica y sometida a grandes dolores. Ella confiaba en el poder de la Virgen y esperaba un milagro semejante al que se lee en la vida de Sta. Teresita. La Santísima Virgen milagrosamente la curó, pero tal vez, para que recordara siempre la gracia obtenida, le dejó la huella de un cansancio en los miembros inferiores. Debido a lo cual, sentía necesidad de un rato de descanso a mediodía».22

En realidad la escuela había empezado en 1913 y terminó en Febrero del 1914. Sabemos que así van las estaciones allí. Por lo tanto, en Febrero llegó del Ministerio el nombramiento de una comisión para los exámenes. Sor María Bernardini nos dejó los nombres escritos en la crónica: Adela de Guzmán, Mercedes de Cuadra, Félix Romero, Ernesto Carazo, Ernesto Martínez. Chila pasó el examen bajo la mirada de su padre, no sólo, sino de «numerosa concurrencia» siendo los exámenes públicos. Está indicado, para ser honestos, que, especialmente para la primera clase, no fue todo viento en popa: la maestra quedó impresionada por el público; las niñas se equivocaron...

Al año siguiente, habiendo llegado tres Hermanas nuevas, profesoras, las cosas fueron mucho mejor. Por la última hoja de lameses y María se agravaba cada vez más. Una vez Doña Anita dijo a Adela: «La María se nos va». El médico había declarado que cedía el corazón, pero de la boca de la enferma no se oía nunca el mínimo lamento. Dice Adela: «Me llamaba la atención su gran paciencia, siempre respondía sonriente. Yo le contaba lo que pasaba... se reía... Por una gracia sobrenatural de la Santísima Virgen mejoró y poco a poco quedó completamente bien»."
-' Declaración de la Sra. Adela Santos Bolandi, cuyo domicilio está en San Rafael de Montes de Oca, San José (Costa Rica). Cf. AGFMA.
-2 Cuaderno de Recuerdos de Sor Ana Caoallini, pp. 8-9. Sor Ana María, a quien Sor Romero llamará siempre Anita, es, quizás la persona que más íntimamente conoció a Sor María. Cf. AGFMA.

También Sor Ana María Cavallini, en su cuaderno de recuerdos, habla de esta enfermedad. En el pequeño capítulo que lo refiere, pone el título «Curación milagrosa». Escribe que María «quedó paralítica y sometida a grandes dolores. Ella confiaba en el poder de la Virgen y esperaba un milagro semejante al que se lee en la vida de Sta. Teresita. La Santísima Virgen milagrosamente la curó, pero tal vez, para que recordara siempre la gracia obtenida, le dejó la huella de un cansancio en los miembros inferiores. Debido a lo cual, sentía necesidad de un rato de descanso a mediodía».22

En realidad la escuela había empezado en 1913 y terminó en Febrero del 1914. Sabemos que así van las estaciones allí. Por lo tanto, en Febrero llegó del Ministerio el nombramiento de una comisión para los exámenes. Sor María Bernardini nos dejó los nombres escritos en la crónica: Adela de Guzmán, Mercedes de Cuadra, Félix Romero, Ernesto Carazo, Ernesto Martínez. Chila pasó el examen bajo la mirada de su padre, no sólo, sino de «numerosa concurrencia» siendo los exámenes públicos. Está indicado, para ser honestos, que, especialmente para la primera clase, no fue todo viento en popa: la maestra quedó impresionada por el público; las niñas se equivocaron...

Al año siguiente, habiendo llegado tres Hermanas nuevas, profesoras, las cosas fueron mucho mejor. Por la última hoja de la Declaración de la Sra. Adela Santos Bolandi, cuyo domic 1 o está en San Rafael de Montes de Oca, San José (Costa Rica). Cf. AGFMA.



Cuaderno de Recuerdos de Sor Ana Carvallini, pp. 8-9. Sor Ana María, a quien Sor Romero llamará siempre Anita, es, quizás la persona que más íntimamente conoció a Sor María. Cf. AGFMA.
crónica del 1915, podemos ver que además de las siete clases y del parvulario, había sesenta alumnas, para estudiar el piano, y que a todas las alumnas se les daban clases de inglés,. como segunda lengua.
En los exámenes finales participó «la sociedad más distinguida y hasta -- lo sabemos siempre por la crónica el ministro de Instrucción Pública, Don Diego Chamorro».23

Sor María Bernardini había tomado las riendas de la escuela (era consejera escolar) y en los exámenes funcionó como miembro interno. Baste con decir que el periódico de Granada «El Diario», siguió los exámenes con un artículo cuanto más lisonjero, para cada examen, día tras día. Era el «Sistema Preventivo» que funcionaba a la perfección, como en Valdocco y en Nizza, precisamente. Y, en la portería estaba Sor Teresa Gedda, con el infalible rosario entre las manos, y con su continua y dulce presencia. Si, a cualquier momento ú hora faltaba una asistente, ella la sustituía.

Esta vez, también María Romero estaba presente y estuvo brillante en los exámenes. El único inconveniente era que le caían continuamente las benditas medias sujetas con ligas: quizás el elástico ¿aún no había llegado allí?

Con gran sorpresa y un poco de preocupación por parte de la comunidad, en los primeros días del año escolar (1915-1916), llegó un telegrama de la capital, Managua: «Mañana llegarán a esta Casa las señoritas normalistas acompañadas por su directora, para visitar sus clases y estudiar los métodos, el sistema, la organización y el proceder de este importante instituto educativo». Firmado: Diego Chamorro.
Las señoritas normalistas eran treinta y cinco con sus profesoras y directora. Todo, gracias a Dios, salió a la perfección. Cf. Crónica Colegio M.A., Granada, 1915.

En sólo tres años, el colegio había logrado atraer a Granada, antes bien, a Nicaragua. Pero, las Hermanas no tenían intenciones triunfalísticas. Como su padre y fundador, Don Bosco, miraban
21 Cf. GUERRERO y SORIANO, p. 447: «... En el período presidencial de don Adolfo Díaz, fue llamado para que desempeñara la cartera de Instrucción Pública y de Relaciones Exteriores... Don Diego Manuel Chamorro [...] reorganizó la "Escuela Normal de Instructores". Murió en 1923, después de haber sido ministro plenipotenciario en Washington». más arriba: querían, sin más, forjar santos, siendo el «Sistema Preventivo», una espiritualidad. En esto tenían la magnífica ayuda de los superiores del colegio salesiano «Juan Bosco».

María Romero había escogido como confesor y director espiritual, al buen Padre Bottari.25 Que seguía sus consejos nos lo dice la compañera de clase. Adela Santos, amiga, luego, para toda la vida (Vive 1985 -- en Costa Rica). Escribe: «En el Colegio era un modelo de todas las virtudes, sobre todo en la pureza. Con un clima tan caliente como es el de Granada, la veíamos siempre modesta en vestir y en todo; a nosotras no nos gustaba estar en fila y con las manos detrás como se acostumbraba en aquel tiempo; ella jamás hacía el más pequeño movimiento contrario».20 Y, otra compañera, Laura Argüello, «Era muy modesta, muy suave, callada, se le veía muy buen fondo. Algunas muchachas se le reían, porque siempre se le caían las medias. Yo le decía: "súbetelas". Ella se las arreglaba, tranquilamente. Era muy humilde. Ya entonces se veía que sería algo grande en su vida. Me atraía verdaderamente y me iba a sentarme cerca de ella. Sor Cabrito me lo consentía porque mejoraba. ¡Era muy piadosa! Intentaba también que estuviéramos unidas en clase y no molestáramos a la profesora» .

A las alumnas mayores se les concedía inscribirse en la Pía Asociación de las Hijas de María. Y esto lo obtuvo María Romero, que muchos años después explicaba a Sor Ana María Cavallini: «... Fue uno de los días más felices de mi vida, (el día 8 de Diciembre de 1915) -, tenía una dicha inmensa, me sentía toda de Dios... ser toda de El... Fue una felicidad sin nombre, no sé cómo explicarla, me sentía en el Cielo».
a Don Emilio Bottari, nacio en Fanocchi (Lucca) en 1878, murió en un viajo a Turín, para ver de nuevo a la familia y a los Superiores, después de veinte años de misión, el 29 ele Diciembre de 1933.
Declaración va citada.
• Relación de Laura Argüello. Granada (AGFMA).
-< Cuaderno C'arallini, pp. 14-1>. Sor A. M' pone en Nota: aPalabras textuales
de Sor María dichas a Sor Ana María Cavaliini»

El paso de la llamada íntima al Voto de Castidad es breve. Sor María explicó, otra vez, a Sor Cavallini: «Estando en 52 Grado de Primaria, hice voto de Castidad para toda la vida. Era director del colegio de los salesianos, el Rvdo. P. Emilio Botari. Él era el confesor del colegio y confesor mío. Le tenía mucha confianza, y lo venerábamos como un santo. De acuerdo con él, señalamos sitio v hora para mi entrega al Señor. Llegado el momento, en la Capilla de los salesianos y ante el altar de María Auxiliadora, teniendo por testigo a Jesús Sacramentado, esperaba yo el momento, fervorosa, entusiasmada. Apareció el Rvdo. P. Emilio, con roquete y estola, y recibió mi voto, decidida a darme a mi dueño, a mi Rey, para siempre.
La vocación se arraigaba en mi alma cada vez con más fuerza» .29

Un buen día María pudo realizar su hermoso sueño. Tenía casi dieciocho años. Ya a los catorce había confiado a su madre su deseo, pero Doña Anita, rápidamente le había ordenado no pensar por el momento, y no hablar con nadie de ello: era demasiado joven. Pasando el tiempo, Chila se había unido a Manita y habló a Don Félix, que la prefería, según parece, y obtuvo el sí. También Doña Anita inclinó la cabeza ante la voluntad de Dios.

La directora del colegio, Sor Francisca Lang, regaló a la joven novicia el libro de Tomás de Kempis, en bonita edición, con borde dorado . " Escribió en la primera página: «María: Sea este librito tu consejero». Era el 1 de Abril de 1919. Esta «Imitación de Cristo» acompañó a Sor María durante toda la vida, hasta el último día. La tenemos entre las manos. En el libro I, capítulo III, empieza lo subrayado. «¡Oh verdadero Dios! Hazme permanecer uno contigo en caridad perpetua. (III, 2)... Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño y tiene en nada la más encumbrada honra. Verdaderamente es prudente el que todo lo terreno tiene por estiércol para ganar a Cristo. Y verdaderamente es sabio aquel que hace la voluntad de Dios y deja la suya» (III, 6)... María había subrayado también «Callen todos los doctores;... háblame tú solo» (III, 2). Sin embargo, tuvo y siempre apreció el poder tener un «doctor» o confesor sabio. El suyo era un hombre excepcional. Ella misma explicó: «Cuando me despedí del Rvdo. P. Emilio, él me dijo estas "textuales palabras": aunque llegue el día en que te hagan picadillo, nunca des un paso atrás. Podrán llegar momentos difíciles, en que te sentirás que te hacen picadillo, pero sé siempre firme y constante a tu consagración ». 31
-9 Ibídem, pp. 16-17. Cf. También «Todo por mi Reina», pp. 8-9.
au hnitación de Cristo, traducido del Latín, por el P. Juan Eusebio Nieremberg de la Compañía de Jesús. (Madrid, 1917).
Nota de la traductora: Si algunas veces hallo alguna falta ortográfica corrijo, de lo contrario, todas las frases son idénticas, por ejemplo las halladas en el Cuaderno Cavallini.

Muchos años después, Sor María confiaba a Sor Ana María Cavallini: «Cuántas veces recordé en mi vida esas palabras del P. Emilio; me ayudaron y me ayudan a permanecer firme, aunque me hagan picadillo». A próposito de los confesores y directores espirituales, Sor María, en uno de sus cuadernitos secretos, hace una larga lista de gracias especiales que Dios le concedió. Entre éstas se lee: «Confianza con el P. Emilio y el P. Gadea».32

María Romero Meneses se despidió de su vida libre y feliz, según el testamento de Don Bottari.
El ilustre doctor Héctor Mena Guerrero, autor de la repetidamente citada «Monografía» de Granada, en el discurso que hizo en la muerte de Sor María (Julio 1977), reconstruyendo brevemente el camino, dijo: «Este lirio [ella] se cortó del tronco voluntariamente a los dieciocho años, por Cristo y por María Auxiliadora»... Ciertamente fue un corte a lo vivo, un doloroso trasplante. Pero el cielo, además de la certeza interior de la divina llamada, le había concedido un don extraordinario: una visión. Se supo mucho tiempo después, habiéndolo confiado Matilde, en punto de muerte, a Doña Pastora.

Un día, en el locutorio, María estudiante, se había arrojado en los brazos de la hermana mayor, Matilde, su confidente. «Sabes  le dijo , he visto a la Virgen, pero no lo digas a nadie».

Quizás, era la primera experiencia mística o milagrosa, no sabemos si la Santísima Virgen le habló. Pero, ciertamente, el rostro de la Madre divina, la confirmó absolutamente en su destino, haciéndola capaz del gran paso hacia el sí definitivo, respuesta a la  Voz que le apremiaba dentro, y pedía todo, enseguida y pronto.
" Cuaderno Cavallini, pp. 17-18. sz Escritos, Fascículo IV, p. 8.

Las palabras del P. Emilio estaban en sintonía con las de Jesús: «Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y venga conmigo» 33 y las otras «Si alguno viene a mí, y no pospone [...] la propia vida, no puede ser discípulo mío».34

Ahora ya, María atravesaba las fronteras de su País, hacia el Salvador.
Preguntémonos: ¿cómo se había preparado para aquel paso?
Todo - bajo los flúidos dedos del Espíritu le había servido de escuela: Sagrada Escritura, Liturgia, vidas de Santos, larga oración, el violín, el piano, sol y lluvia, pájaros y flores. Pero, sobre todo, había sido capaz de leer las páginas escritas sobre carne viva que eran sus educadoras, perfectas catequistas, a quien Dios daba «su Espíritu sin tasa»,35 verdaderos «modelos de conducta», como se dice hoy, que las definían como mujeres y no muñecas, sencillas, hasta ingenuas. Y enamoradas de Dios, se veía perfectamente.

María había aprendido de ellas el sacrificio gozoso, la total donación, la humildad en amor. Sabía que gastaban la vida sobre el pentagrama de pocas palabras con poquísimas variantes: verdadera música del corazón: «¿Amas mucho a Jesús? ¿Lo amáis mucho?» 36 «Formamos un solo corazón para amar a nuestro buen Jesús» 37 «Tu corazón no lo dividas con nadie, que sea todo para Jesús» 38 «Con Jesús las espinas se convierten en dulzura» .39 «Jesús debe ser toda nuestra fuerza» .40

Palabras de una muchacha campesina, después consagrada, luego fundadora junto a Don Bosco, de la Familia Salesiana que forjaba a los Salesianos y Salesianas capaces de atravesar el Océano, quemando lo que dejaban detrás de sí, para decir a todos que, sí, amaban a Jesús y querían, a precio de sangre, quizás, hacerlo amar. ¡Esta es la buena noticia!
" Lc 9, 23.
4 Lc 14, 26.
Jn 3, 34.
30 Cartas de Sanea María Dominga Mazzarello, Ediciones Don Bosco, Barce
lona, 47, 11.
' Ibídem, 15, 2. " Ibídem, 65, 3. 9 Ibídem, 19, 21.
40 Ibídem.
 

Palabras de una muchacha campesina, después consagrada, luego fundadora junto a Don Bosco, de la Familia Salesiana que forjaba a los Salesianos y Salesianas capaces de atravesar el Océano, quemando lo que dejaban detrás de sí, para decir a todos que, sí, amaban a Jesús y querían, a precio de sangre, quizás, hacerlo amar. ¡Esta es la buena noticia!
33 Lc 9, 23. 34 Le 14, 26. 3` 1n 3, 34.
3B Cartas de Santa María Dorninga Mozzarella, Ediciones Don Bosco, Barcelona, 47, 11.
3' Ibídem, 15, 2. 3e Ibídem, 65, 3. 3" Ibident, 19, 21. 40 Ibídem.

La inclinación más patente y más visible de Sor María Romero será por los pobres. Pero también en esto, además que por la familia tan caritativa, fue adiestrada por el ejemplo vivo del P. Bottari. En toda Nicaragua, se decía de él, que era un santo. «Tenía fama de santidad, y en realidad lo era», escribe Sor Ana María Cavallini. Y continúa: «Salesiano auténtico, fervoroso, ejemplar, humilde, gran celo por la salvación de las almas. A él acudían personas de toda clase y condición en busca de consejo, de consuelo, de ayuda material. Siempre se hallaba en este santo sacerdote, una acogida bondadosa de padre y la rectitud de un amigo sincero. Tenía gran amor a la juventud, sobre todo, a los pobres».
Los actos de bondad del P. Emilio corrían en boca de todos v María los «memorizaba», aun sin el grabador electrónico. Sor Ana María explica más de uno en su precioso cuaderno, pero elijo el «ejemplo» que nos conviene.

Fue una vez al buen Padre, director del colegio, una pobre mujer, pidiéndole que aceptara a su hijo, como alumno interno. Padre Emilio consintió y le comunicó el precio de la pensión mensual. La pobrecita meneó la cabeza: «No puedo», murmuró. Y Padre Emilio: «Hagamos la mitad». La otra respondió: «No puedo»... Y de mitad en mitad, el director bajó hasta aceptar al muchacho para todo el año mediante la compensación de una botella de manteca (por el gran calor tropical en Granada [América] la manteca se vende líquida). Al que le preguntaba al buen Padre, porqué aceptó la botella, él respondía: «lo hubiera admitido sin pagar nada, pero quise dar a la pobrecita el gusto de que pagaba, que su hijo no estaba gratis» «41

Si Sor María no olvidó nunca la enseñanza de su director espiritual sobre el picadillo, de este episodio sacó una lección que duró toda la vida, multiplicada al cuadrado, sólo Dios sabe cuántas veces...
Pasando los años, al recordar su infancia y niñez, la juventud, en fin la vida, escribiendo sobre la misma, se llega a saber lo exacto de cuanto hemos dicho antes.0.1 Cuaderno Cavallini, pp. 20-22.

Sabemos que alrededor de los años setenta, ignoramos el día, meditando el salmo 126, Sor María quedó impresionada por el tercer versículo: «Yahvé ha hecho por nosotros grandes cosas; rebosamos de alegría». Y, he aquí que vuelven a su mente recuerdos lejanos: «Quisiste e hiciste que al bautizarme me pusieran el nombre de tu Madre Stma; el nombre más dulce, grande y santo después del tuyo; y esto contra el parecer de todos, y sin otro nombre más. Luego, que fuera yo la preferida de toda la familia» (en cuanto llamada).

«Al perder mi salud, en los primeros años de mi infancia, quisiste curarme milagrosamente por medio de la Virgen, pasando a ser Ella, desde entonces para mí, "mí Mamacita linda—, y yo para Ella, su predilecta. (Según tú mismo me lo dijiste después: Tú eres la predilecta de mi Madre y la consentida de mi Padre».
«Me concediste también, sin merecerlo, la gracia más bella que puedes otorgar aquí abajo a una criatura: una confianza filial, ciega e ilimitada en tu infinito poder, sabiduría y bondad y una seguridad segurísima en tu infinito amor y misericordia».

«Me diste desde niña una gran sensibilidad por las necesidades ajenas y sobre todo hacia los pobres, por lo cual te pedía constantemente vivir entre ellos y dedicarme enteramente a ellos, y Tú me lo concediste plenamente. Antes bien, tú mismo eras quien me inspirabas pedírtelo para concedérmelo, y después al concedérmelo "mi gozo fuera completo". Pues, a qué Hermana de la Congregación le has dado, no un aula, ¡sino una Casa, una Capilla y hasta un Consultorio Médico! ¡Y todo cuanto he pensado y deseado para ellos! Y ¿cómo me los has dado? ¡Haciendo maravillas y proezas con tu brazo!...».
«¡Oh Dios mío!, ¿qué más podías hacer por mí?» 42

Llena de maravilloso gozo, escribe enseguida: «Cumpliste los deseos de su corazón y no defraudaste las peticiones de sus labios porque le preveniste con dulces bendiciones 43 Por eso (digo): "Yo soy para mi amado y él se ha vuelto hacia mí".44
42 Escritos, Fascículo XI, pp- 76-77.
43 S121, 3.
44 Cant 2, 10; 6, 3; 7, 11.
 


 5 DE ABRIL DEL 2002 /  La Prensa
     ¿Dónde está la venerada Sor María Romero?
 

La casa en Las Peñitas, donde murió Sor María Romero.
 
 

Wilder Pérez R.
 

Sor María Romero Meneses está en San José, Costa Rica, cerca del antiguo aeropuerto. Sus restos reposan en un mausoleo edificado en su honor en el patio de la Casa de María Auxiliadora, fundada por ella misma.

Pero antes, su cuerpo descansó durante 14 años en el Cementerio General de esa ciudad. Al exhumarlo, los presentes quedaron anonadados porque jamás se descompuso. “Una prueba más de su santidad”, se pensó en el momento.

Y justo por esa santidad es que el hecho es tomado como una pequeña parte de toda la gracia de Sor María Romero. En la actualidad, la venerable vive en cada feligrés que la trató y que conoce su obra, vive igualmente en Costa Rica que en Nicaragua.

ENTRE DOS NACIONES

Su recuerdo está tan dividido entre las dos naciones como sus deseos. Cuando en 1931 le avisaron que debía servir en el vecino país del sur, nació en ella un anhelo que se le cumplió el último día de su vida: morir en su patria.

Pero 46 años al servicio de los pobres no se borran con un gesto de agradecimiento. Sor María Romero quiso ser enterrada en Costa Rica, junto a su Reina (la Virgen) cuya efigie en el cementerio mencionado líneas arriba, le atrajo en extremo.

EL 7-7-77

Ella, más que en su cuerpo, pensó en morir “sin molestar a nadie”, y lo logró. Según su biografía y publicaciones de la época, lo hizo como ella quería, en silencio, en la intimidad, frente al mar. Murió como mueren los santos, con el corazón agotado, a las 4:00 p.m. del 7-7-77.

En la casa donde expiró, el único indicio de que ella estuvo ahí, es su fotografía junto a un rótulo en el baño del cuarto donde se hospedaba, que señala el lugar exacto desde donde ella dejó el mundo terrenal, el resto, la cama y otras pertenencias de la Venerable, “se lo llevaron los ticos”, según doña Ana Morales, cuidadora de la casa de verano “Villamar”, que no está abierta al público a raíz de las romerías que la utilizaban como destino.

Para quienes la conocieron de cerca, puede doblarles el corazón el hecho de saber que Sor María solía ir al baño a llorar sus penas. Quizá murió llorando. También les daría pesar darse cuenta que, por la posición del baño y el lavamanos donde ella cayó, se deduce que difícilmente murió con los ojos al mar.

Don Abel Vaca, esposo de doña Ana, no creía en ella hasta en 1992, cuando el terremoto arrasó muros, puertas y persianas de la casa “Villamar”, pero el cuarto donde se hospedaba Sor María, quedó intacto. Desde entonces, la Venerable habita en el corazón de la familia Morales Vaca.

UN SER UNIVERSAL

Lo mismo ocurre con los nicas en Costa Rica. “Es curioso, aunque no la conocemos tanto en Nicaragua como se le conoce en Costa Rica, la Iglesia no necesita promoverla porque es algo que está ahí”, comenta Jorge Solórzano, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua.

El fenómeno aparente es que los nicaragüenses parten a Costa Rica sin conocerla, con el único objetivo de ganar dinero y enviarle a sus familiares, pero al llegar allá la situación es más dura de lo que esperaban y en busca de esperanza, se topan con Sor María Romero, muy querida por ticos y nicas.

Al regresar, ellos mismos se encargan de propagar su fe en la Venerable y el círculo se mantiene desde la época de la revolución sandinista.

El 7 de cada mes es celebrado, no por la muerte física de Sor María, sino por su encuentro celestial con Jesucristo. Es la fecha en que dejó de ser de Nicaragua y pasó a ser universal, dejó de vivir para los ticos para residir en el corazón de todos los católicos.
 
 

1 DE ABRIL DEL 2002 /  La Prensa     La verdadera vida de Sor María Romero   Wilder Pérez R
 “¡Qué hermoso sería morir frente al mar!”. Más que un deseo fue una profecía. Sor  María Romero Meneses, la primera santa nacida en América Central que será  beatificada el próximo 14 de abril por el Papa Juan Pablo II desde el Vaticano, predijo su muerte viendo a Dios en cada gota del Océano Pacífico, desde una casa  familiar en Las Peñitas, León, la tarde del 7 de julio de 1977.
 

Fue difícil para sus acompañantes encontrarla tirada en el piso del baño, cubierta por su hábito negro, después de ser la Sor más “indisciplinada” que conocieron las “Hijas de María Auxiliadora” (FMA, por sus siglas en italiano) en toda  Centroamérica.  Cierto día compartía experiencias con sus colegas cuando una dijo: “mis alumnas,  en mi clase, se comportan como en misa”, a lo que Sor María Romero respondió:  “pues en mi clase, mis alumnas se portan como al salir de la misa (una algarabía)”.   Ella era como sus alumnas, alegre, divertida, honesta, bondadosa, y se preocupaba mucho por el prójimo, especialmente por los pobres, porque cuando tenía unos 13 años de edad, sufrió el derrumbe económico de su padre, Félix  Romero, un acaudalado hombre de negocios en Granada que fue estafado por un amigo cercano.   “Es duro ser pobre, pero es más duro serlo después de haber sido rico”, se  lamentó Sor María, cuyo nivel de vida pasó de clase rica a clase media en su  adolescencia.    Sor María nació en Granada el 13 de enero de 1902. Su madre, Ana Meneses, fue la  segunda esposa de don Félix, que lo encontró viudo, con dos hijos y con 20 años  de ventaja. La futura Sierva de Dios fue la segunda de 12 hermanos, de los que al  final sobrevivieron seis.  Siempre fue bondadosa. De pequeña, regaló su mejor vestido a una niña pobre sólo porque ésta no tenía y además se miraba bonita con el traje. Todo el tiempo quiso dedicarse a Dios, pero fue enviada al noviciado de El Salvador hasta que cumplió 18.  Un día fue a la capilla del noviciado y preguntó a Jesús quién era ella. Fue su primera experiencia milagrosa. Sor María escuchó su voz diciéndole: “eres la  predilecta de mi padre y la consentida de mi madre”. Desde entonces, oró frente a Cristo tres veces al día y utilizó su famosa frase: “Dios proveerá”.   Pero su decisión de servir a los pobres fue más fuerte que nunca el día que se  alegró porque iba a llover fuerte. Por la tarde había dicho: “¡qué alegría, dormiremos deliciosamente esta noche!”, una mujer pobre le reclamó la  “insensibilidad” y Sor María no pudo dormir.    Regresó a Nicaragua pero no tardó en irse a Costa Rica por orden de sus  superiores a la edad de 29 años, para vivir ahí 46 más, siempre acompañada por una libretita donde apuntaba sus pensamientos y pasajes de la Biblia. Para  entonces era maestra de música y canto, dibujo, pintura y mecanografía, además,  “masticaba” el italiano.   El día que se enfrentó a su primera clase, las alumnas no la querían y se   escondieron entre los muebles del salón. Pero a la Sor no le importó. Empezó a  tocar el piano y la melodía convenció a las niñas.  Alcanzaron tal punto de confianza que fundaron el grupo de las “misioneritas”, que predicaban de casa en casa su evangelio. Con ellas andaba cuando visitaron  un cafetal y dijo: “aquí construiré mi casa”, dejó caer una medalla y dijo: “Dios   proveerá”.    Así, haciendo rifas, peticiones y un préstamo comprometedor, erigió la Casa de   María Auxiliadora partiendo de cero, aún contra un par de robos que retrasaron  el proyecto y bajaron la moral de la Sor. Hoy en día la casa favorece a más de 300  mil nicaragüenses en Costa Rica a través de todo tipo de ayuda, incluyendo su  afamada agua milagrosa.  A mediados de siglo, Don Renato Ziggiotti, Rector Mayor de los Salesianos, visitó  Costa Rica. Sor María no daba abasto atendiendo a tantos pobres y sufriendo sus  aflicciones. Entonces le dijo a Ziggiotti que le diera agua bendita como la que tenían en Europa, ya que la gente no podía viajar hasta allá para obtenerla.  Se la dio. Y el agua empezó a curar milagrosamente a los enfermos al punto que se le acusó de bruja, y se le prohibió distribuirla e incluso hablar con la gente durante un año aproximadamente, hasta que las investigaciones concluyeron que  no se traba de actos satánicos.  Su popularidad y credibilidad no volvieron a decaer. En 1968 fue declarada Mujer  del Año por la Unión de Mujeres Americana. Un año más tarde viajó a Italia para  hablar de sus obras. Ella nunca habló bien el italiano, pero estando allá lo hizo con una soltura extraordinaria que atribuyó a la Virgen.  Siempre sufrió los males físicos y espirituales de ella y del resto de la gente que la mantenían el corazón “con la punta para arriba”. El 7 de julio del 77 había ido a   descansar a Las Peñitas después de escribir “Preparación para la muerte” y de decirle a una colega que ella sería quien tocaría la música de su misa de cuerpo  presente. Y se cumplió.   Hoy en día, la fecha de su muerte se celebra con regocijo todos los meses en su casa natal. No hay tristeza, porque como ella escribió un día: “La acción divina no quiere encontrar obstáculo ninguno en la criatura. Todo le sirve, todo le es útil y oportuno, todo es nada sin ella, y la nada es todo con ella”.

 2 DE ABRIL DEL 2002 /    Las experiencias celestiales de Sor María Romero Wilder Pérez R.
       La primera experiencia celestial que vivió Sor María Romero Meneses fue el 6 de enero de 1929, en El Salvador, justo después de realizar sus Votos Perpetuos en la Congregación Salesiana de las Hijas de María Auxiliadora (FMA). Recibió un llamado de la Virgen y apareció con una misteriosa corona de rosas rosadas en la cabeza.    Muchos años después ella le reveló a su amiga Ofelia Gurdián que ese día había  recibido una especial llamada a la santidad de parte de la “Santísima Virgen”. Sor María le había dicho que si se convertiría en una buena religiosa, florecería algún lirio de los que había sembrado en su honor.   “¿Cuál no sería mi emoción cuando, después del acto, fui a ver a mi Reina (así se  refería a la Virgen) en su gruta y la encontré rodeada de bellísimas flores blancas, todos los lirios habían florecido... fue verdaderamente para mí una llamada a la santidad”, recordó Sor María.   Desde entonces, estuvo clara de sumisión terrenal. Su sed por ayudar a los pobres  sin reparar en las limitaciones económicas la llevaron incluso a tener fama de  bruja, y hasta fue privada de hablar con la gente por el año 1955.   Su principal arma fue la fe. La fe de Sor María era tal, que un día se le ocurrió  vendar a la Virgen mientras operaban a una niña enferma de la visión, según ella,  para que su “Reina” sintiera “lo que es no tener vista y me haga el milagro”. La operación fue exitosa.   Muchos de sus primeros actos milagrosos se dieron con el coro de niñas que ella  dirigía, conocido como las “misioneritas”, que se encargaban de predicar el evangelio en los barrios pobres de San José.    Un día dos de ellas andaban evangelizando cuando se encontraron a un asesino  que quería matarlas. Regresaron y contaron el asunto a Sor María, éste les dijo que regresaran, que no pasaría nada y que estaría rezando.Fueron bien recibidas.   Otro día una misionera dijo que no asistiría a los oratorios porque iba a un examen  difícil, Sor María le dijo que no se preocupara, que llegara y que sólo estudiara un  punto pero bien repasado; cuando la joven sacó sus preguntas al azar, eran justo  las que había estudiado y se sacó un diez.  A costa de “milagros” fue que Sor María logró su sueño de la Casa de la Virgen en Costa Rica, a la que todos los días acuden decenas de personas, nicaragüenses en  un 80 por ciento, para pedirle favores sobrenaturales.   Uno de los milagros más famosos fue el que la llevó a la beatificación, a realizarse el próximo 14 de abril. Una niña tenía seis meses de vivir en el vientre materno  cuando la diagnosticaron con el estado más grave de labio leporino.
  Sus padres peregrinaron por distintos médicos y hospitales, pero también rezaron incesantemente a Sor María Romero para revertir el destino. Al final, nació completamente normal y el milagro le fue concedido a la interceptora  nicaragüense.   Uno de los prodigios más famosos de Sor María es el agua bendita. Desde que el Rector Mayor de los Salesianos, don Renato Ziggiotti, le dio el agua, los milagros  se multiplicaron a niveles que hoy no es posible contarlos.     “Los días siete de cada mes vienen cientos de personas que quieren dar su  testimonio de algún milagro hecho por su intervención, pero sólo unos lo logran  porque como son tantos”, asegura Sor Melania Martínez, administradora de la casa natal de Sor María.    El agua no necesita mayor bendición que la de 1955 en Costa Rica, y no se agota   porque sólo se llena la mitad del recipiente con el agua bendita y la otra mitad se   completa con agua de cañerías, así, se multiplica.    Y si llega a agotarse, sólo van y rellenan bidones de agua salida de las tuberías de  la Casa de la Virgen en el vecino país del sur.   Los milagros de Sor María son incontables, desde los que acepta la Iglesia hasta  los que no son aceptados por falta de pruebas o los que tienen explicación  científica.
 



 
 

11 DE JULIO DEL 2004 /  La Prensa

Sor María, fiel a Dios y los pobres

    El 14 de abril de 2002, fecha en que el papa Juan Pablo II, beatificó a Sor María Romero, sintetizó su vida con estas significativas palabras: “Sor María fue Madre y Apóstol de los pobres”

Los devotos de Sor María Romero, tributaron homenaje a la beata.


Emiliano Chamorro

Sin lugar a dudas, la beata Sor María Romero es un orgullo para Nicaragua y Centroamérica, al convertirse en la primera beata nicaragüense. Actualmente está en proceso su consagración como santa. Las virtudes cristianas, religiosas y sus obras sociales entre 1934 y 1977, en Costa Rica, aportó al proceso de evangelización y promoción humana de los más pobres, en especial el de las mujeres.

El papa Juan Pablo II, primero la declaró “Venerable” y después la beatificó, por ser un ejemplo de vida cristiana y religiosa, por la heroicidad de las virtudes cristianas y religiosas vividas por Sor María Romero.

Sor María Romero es modelo de humildad, servicio hacia los demás, pero sobre todo de fortaleza moral y cristiana. Vivió y murió en una lucha constante para ayudar a los más necesitados, a tal punto que fue conocida como Sor María Romero de los Pobres.

Su servicio de amor fundamentado en los principios de Dios hacia los más necesitados trascendió Nicaragua, pues también en El Salvador y Costa Rica sembró la semilla del amor, la caridad y la solidaridad con los más necesitados y desamparados.

GRANADA LA CELEBRA

Desde el miércoles 7 de julio, en Granada, tierra que vio nacer a la beata un 13 de enero de 1902, se iniciaron una serie de actividades en homenaje a esta “gran mujer” nicaragüense tal como la calificó el obispo de la Diócesis de Granada, monseñor Bernardo Hombach.

Durante la misa con motivo del 27 aniversario de fallecimiento de Sor María Romero, Hombach recordó a los presentes que la Beata representa la presencia de Dios en cada uno de nosotros.

“Sor María es un signo de la presencia de Dios en cada uno de nosotros. Es una luz de amor. Era una mujer con una fe y una sensibilidad hacia los demás”, expresó monseñor Hombach, ante cientos de devotos.

Agregó, además, que: “Definitivamente es una gran beata de Granada, Nicaragua, de Costa Rica y de todas partes”, aseguró el obispo de esta Diócesis en la Catedral de Granada.

LIBRO DE TESTIMONIOS

La escritora Mercedes Gordillo, quien recién presentó un libro sobre la beata titulado Sor María Romero y los nicaragüenses, escribió la obra basándose en 70 testimonios de personas que recibieron milagros de la beata nicaragüense.

Para Gordillo, Sor María Romero es: “Es el mejor ejemplo de humildad que tiene Nicaragua por su entrega a los pobres y ricos”.

Según la escritora, la beata tenía una gran virtud que es tener el don de entendimiento con ricos y pobres.

Asegura que Romero mantenía excelentes comunicaciones con los ricos, quienes le ayudaban para que ella le ayudara a los pobres, por los que siempre estaba pendiente.

“Sor María definitivamente fue una gran mujer y sigue siendo un extraordinario ejemplo para este sufrido país”, expresó Gordillo.

Asegura que escribir el libro ha significado un gran orgullo y bendición para su vida, siendo esta obra la primera que se escribe sobre la vida de la beata en Nicaragua, con testimonios de nicaragüenses.

Existen otros libros sobre la vida de Sor María Romero, dos en Italia, uno en España y 10 en Costa Rica.

“SALVÓ MI VIDA”

Aunque andaba con su cámara fotográfica ganándose la vida, a como lo ha venido haciendo desde su adolescencia, Freddy Martínez tenía otro motivo más fuerte para estar en la Catedral de Granada.

Hace 3 años este hombre fue operado de un páncreas renal que, según los médicos no tenía posibilidades de vida. O sea había sido desahuciado.

Los médicos recomendaron a la esposa de Martínez que fuera a buscar a un sacerdote para que el desahuciado se confesara por última vez.

Otra de las recomendaciones médica fue que no bebiera agua, porque ingerir líquido sería fatal, le podía causar la muerte.

Martínez, desoyendo las recomendaciones médicas envió a su esposa a la Casa de Sor María Romero a traer agua y ésta se fue con una fe única a la casa de la beata, mientras dos curas estaban al lado de la cama, rezando por la vida de Martínez.

Ya moribundo, Martínez lo que más deseaba era beber agua. Es así que se percata que le habían dejado el agua bendita que había llevado su esposa de casa de Sor María.

Eran las diez de la noche y mientras este hombre había quedado solo en cama esperando el desenlace fatal, decidió tomar agua de aquella botella.

Pero antes de tomar el agua alzó su vista y sus brazos, y dijo: “Virgen Auxiliadora, llévame si vos querés, vos Sor María Romero, si me querés salvar, salvame”. Tras estas cortas palabras de fe, tomó toda la botella de agua.

Luego de tomar el agua se durmió, para despertar a las 4:00 de la mañana del día siguiente. Al despertar notó que el agua cristalina salía de sus fosas nasales y estaba con un gran ánimo.

A continuación, el hombre que tenía varios días de esperar su deceso se levantó totalmente restablecido, como si nada hubiese pasado.

“Hermano, que más testimonio querés que ese. Qué cosas más bella lo que hace la beata Sor María Romero, ella me hizo ese milagro, me volvió a la vida sino yo estuviera muerto”, expresa Martínez.

Por ese milagro que según Martínez le hizo Sor María, prometió no volver a tomar licor, y así fue.

“Nunca más volví a tomar licor y voy a cumplirle a Sor María, a ella le debo mi vida. Aquí estoy aún tomando fotos”, sostuvo Freddy Martínez.
 
 
 
 
 
 

14 DE ABRIL DEL 2002 /La Prensa

Beata de Nicaragua

    Por primera vez en su historia, Centroamérica tiene en la Beata María de Nicaragua a una persona a un paso de la Santidad
 Unos veinte mil devotos hicieron vigilia en Granada esperando el momento en que el papa Juan Pablo II beatificara a la nicaragüense

Sor María Romero, en Milán, Italia.

Douglas Carcache y Wilder Pérez R.

Por primera vez en su historia Centroamérica tiene una Beata. Hoy a las dos de la madrugada, hora de Nicaragua, 10 de la mañana, hora de Roma, el papa Juan Pablo II nombró Beata a Sor María Romero Meneses.

El pueblo católico de Nicaragua amaneció celebrando. La vigilia en su honor que inició anoche a las 7:00 p.m. en Granada, se extendió más allá del Estadio Roque Tadeo Zavala, porque los feligreses se mantuvieron pegados a sus televisores, para no perderse ni un detalle de la ceremonia.

Fue un momento histórico. En El Vaticano, la unidad entre costarricenses y nicaragüenses se vio reflejada por un corazón al centro de una bandera única elevada entre la multitud que asistió a la plaza de la Basílica de San Pedro, la más grande del mundo, ubicada en El Vaticano.

Eran las 10:00 a.m. en Roma, y pese a que en Nicaragua eran las 2:00 a.m., los cohetes y otros juegos pirotécnicos estallaron en el cielo como si celebraran la Navidad, sólo que el protagonista no era Jesucristo, sino la nicaragüense Sor María Romero, nacida cerca de la Iglesia Xalteva de Granada un 13 de enero, 100 años atrás.

Entre los momentos especiales de la ceremonia estuvo la develización de la imagen de Sor María Romero en la iglesia de San Pedro, donde podrá observarse desde cualquier ángulo, gracias a su ubicación.

Además, el Papa recibió la reliquia de la Beata, el dedo meñique de la mano derecha, de manos de María Solís Quirós, niña de siete años que fue beneficiada por un milagro de la Virgen realizado por mediación de Sor María Romero.

7 DE JULIO, DÍA DE SOR MARÍA

Los feligreses también estallaron de júbilo cuando Juan Pablo II anunció que a partir de hoy, Sor María contará con un día en el calendario romano para ser festejada, como ocurre con todos los santos de la Iglesia.

No obstante, la fecha ya la dominaban los religiosos: el 7 de julio de cada año. La misma fue elegida en base a su último día de vida, que según la Iglesia es el verdadero nacimiento de la persona, cuando parte a reunirse con el Señor.

Sor María murió en 1977. Días antes de su muerte se había sentido mal de salud, al punto de perder la alegría que la caracterizaba. Quienes la vieron entonces, aseguran que predijo su muerte, y quienes la conocieron no dudaron de que aquel 7 de julio de 1977 más que morir, nació a la eternidad.

A partir de entonces los feligreses la consideraron una segura santa, al punto de llamarla “la versión femenina de San Juan Bosco”, fundador de la congregación de mujeres Hijas de María Auxiliadora, a la que Sor María pertenecía. Sus allegados compararon su fama de santidad en Costa Rica con la que mundialmente tenía Madre Teresa de Calcuta.

La prueba más clara de esto fue la rapidez con que fue considerada Beata por El Vaticano, ya que 25 años es un tiempo relativamente corto para que una persona alcance esta distinción, tomando en cuenta que hay Siervos de Dios que duran cientos de años para lograrlo.

MISAS EN ACCIÓN DE GRACIAS

Desde las 6:00 a.m. de hoy, todas las iglesias realizarán su misa dominical en acción de gracias por la beatificación de Sor María Romero. El escenario del estadio de Granada permanecerá intacto porque ahí mismo se celebrará una misa masiva a las 10:00 a.m.

Pero los capitalinos podrán participar de la misma celebración desde sus propias parroquias, incluyendo la Catedral de Managua, a pesar que una delegación de sacerdotes de la Iglesia nacional, encabezada por el cardenal Miguel Obando Bravo, se encuentra en Roma luego de asistir a la ceremonia de beatificación de Sor María Romero.

La misa de Granada será transmitida por algunos canales nacionales de televisión, que desde el 4 de noviembre de 2001 no transmitían su imagen en horas de la madrugada.

Además de Sor María Romero, el papa Juan Pablo II beatificó a Gaetano Errico, Lodovico Pavoni, Luigi Variara, Artemide Zatti y María del Tránsito de Jesús Sagramentado. Las dos mujeres eran las únicas latinas beatificadas.

VIGILIA EN NICARAGUA

El programa de la vigilia en el Estadio “Roque Tadeo Zavala” de Granada estaba cargado. A pesar de que la beatificación sería vista a través de dos pantallas gigantes por los 20 mil ciudadanos que hasta ayer calculaba la Policía Nacional, antes hubo un ritual de adoración al Santísimo.

Posterior a eso, se presentó una reseña de la vida y obra de los beatos salesianos beatificados esta madrugada, Luigi Variara, Artemide Zatti y Sor María Romero. Luego los asistentes observarían la beatificación desde El Vaticano.

No obstante, el programa contenía presentaciones culturales y religiosas que se extendieron hasta el amanecer con una obra de teatro que recrearía la vida de Sor María Romero y cantos eucarísticos interpretados por la Camerata Bach.

La noche en el estadio estuvo adornada por lemas, pancartas y consignas de grupos religiosos de diferentes partes del país.

La vigilia concluiría con una misa solemne oficiada por el párroco Guillermo Blandón, canciller de la Diócesis de Granada.
 
 
 

 14 DE ABRIL DEL 2002 /  La Prensa
Reportaje especial
Proclaman humanismo y unidad por Sor María

    Una bandera que funde los colores patrios de Nicaragua y Costa Rica, como símbolo de unidad, sobresalió hoy domingo en la Plaza de San Pedro entre la multitud que escuchó del papa Juan Pablo II la orden de beatificación para Sor María Romero, quien nació en Nicaragua y trabajó mucho tiempo en Costa Rica

Sor María Romero.

Douglas Carcache

ROMA.- Sor María Lourdes Argüello, de la congregación Hermanas de María Auxiliadora, explicó que la delegación de cristianos costarricenses trajo la bandera que une las de Nicaragua y Costa Rica, con un corazón en el centro, para reafirmar el ideal de unidad entre los pueblos que dejó Sor María Romero.

Romero “nació en Granada, estudió allí, fue a hacer su noviciado a El Salvador y después hizo su obra en Costa Rica, lo que ya de por sí nos une a los centroamericanos; ella es un factor de unión”, comentó José Joaquín Quadra, miembro de la delegación de cristianos nicaragüenses.

El Papa, al terminar la misa dominical hoy, a las dos de la mañana hora de Nicaragua y 10 de la mañana hora de Roma, anunció la beatificación de María Romero y que asignaría un día del año en que los católicos podrán orar en su nombre, que se supone será el siete de julio, fecha en que murió, porque para los cristianos es el día en que se nace a la verdadera vida.

En ese momento develaron un retrato de Romero en la parte alta de la entrada principal del templo de San Pedro, que se podrá apreciar desde cualquier ángulo de la plaza principal del Vaticano.

Pero antes de que el Papa declarara beata a Sor María Romero, habló el postulador, Don Liberatore, un sacerdote salesiano, quien impulsó el proceso de beatificación y expuso de forma pública los milagros que lo justifican.

“Yo me atreví a llamarla Santa, durante su misa de cuerpo presente en Granada”, dice José Joaquín Quadra, quien hace 25 años, durante el sepelio de Romero, tomó la palabra en nombre de la Asociación de Padres de Familia del Colegio María Auxiliadora.

Quadra es hoy secretario de la Asociación Sor María Romero, que continúa la obra social de la monja, y cree que los nicaragüenses deben estar muy satisfechos porque ya tienen tres personajes de trascendencia: el héroe nacional José Dolores Estrada, el poeta Rubén Darío, y esta religiosa de la orden salesiana.

LOS MILAGROS

Sor María Lourdes Argüello aprendió a tocar el piano bajo las instrucciones de Sor María Romero, pero lo que más recuerda de ella es una vocación humanitaria inagotable y los milagros.

Afirma que ya fallecida se le apareció a una campesina costarricense y le sanó a su hija que estaba al borde de morir.

“Era una campesina pobre que llegó hace pocos años al consultorio que hizo en San José, desesperada con su hija que padecía una leucemia en grado último y en la entrada encontró a una monja que se identificó como Sor María Romero, quien le aseguró que su hija se salvaría, que esperara un momento porque pronto la llamaría el médico”, relata Argüello.

Cuando la campesina salió del consultorio buscó a la monja y la encontró sola en una capilla, le preguntó qué hacer, y ella le respondió que esperara con paciencia y la acompañó al autobús.

Un año más tarde la campesina volvió al consultorio, con su hija sana, para agradecerle a Sor Romero, pero al preguntar por ella se encontró con la sorpresa de que la religiosa que describía tenía muchos años de muerta, narró Sor María Lourdes, quien hoy dirigirá un coro de las Hermanas de María Auxiliadora durante la ceremonia de beatificación.

“¡Oh, bendita Sor María, gloria de tierras hermanas Nicaragua y Costa Rica!...”, dice el himno a la religiosa nicaragüense que será beatificada hoy en El Vaticano.

SUS OBRAS FLORECEN

A los visitantes de El Vaticano se les explica este fin de semana que Sor María Romero se dedicó a buscar soluciones para las necesidades más urgentes de los pobres, como visitas médicas gratuitas y cursos de formación profesional para jóvenes.

Incluso llegó a formar un ambulatorio, para que gente pobre tuviera atención médica y medicinas; y a familias que carecían de un techo les consiguió casitas.

María Romero Meneses nació en la ciudad de Granada, Nicaragua, el 13 de enero de 1902, en una familia muy acomodada que se caracterizaba por su generosidad con los pobres, indica la biografía que distribuye hoy El Vaticano.

Desde niña mostró mucho talento para la música y la pintura y a los doce años, en el colegio de las Hijas de María Auxiliadora, empezó a conocer la obra de don Bosco, el apóstol de la juventud, quien le reafirma sus ideales.

Por eso se convierte en Hija de María Auxiliadora en 1923 y empieza “una incansable actividad apostólica, dando vida a grandiosas obras sociales, especialmente en Costa Rica, adonde es enviada en 1931”.

Murió el 7 de julio de 1977 en la jurisdicción de León, y “la fama de su santidad se expresa en el lamento general de sus asistidos y de sus colaboradores; y por obra de éstos, en el continuo reflorecimiento de las obras fundadas por ella”, concluye la biografía oficial de Sor María Romero presentada por El Vaticano.
 

14 DE ABRIL DEL 2002 /  La Prensa
Reportaje especial
Bolaños la vio una vez
 

Presidente Enrique Bolaños.

ROMA.- El presidente de Nicaragua Enrique Bolaños espera que la beatificación de Sor María Romero lleve muchas bendiciones a su país, porque “las necesitamos tanto, y de alguna manera Dios ha comenzado a poner su mano sobre los nicaragüenses”.

“Quisiera que ella... y es lo que voy a pedir en mis oraciones, que bendiga a Nicaragua y a Centroamérica... Dios ha comenzado a bendecirnos, y prueba de eso es la tranquilidad con que se realizaron las elecciones recientes (noviembre 2001), es una muestra de la paz y tranquilidad que está llegando”, comentó aquí.

“Supe de Sor María Romero en 1946 cuando fui a estudiar a la Universidad de San Luis, Missouri, porque mis hermanos mayores que ya estaban estudiando allí conocían al doctor Juan Romero, un dentista, hermano de ella”, recuerda el Presidente nicaragüense.

“Me parece haberla conocido durante un viaje que hizo él (Juan) a Nicaragua, en 1955 o 1956”, añadió Bolaños. “Estaban todas sus hermanas en una reunión de familia; yo sabía que era una buena monja, muy querida, pero no me imaginé que iba a llegar a ser santa porque la labor de ella, en gran medida fue en Costa Rica, aunque la gente de Granada la conoció bastante”.

11 DE JULIO DEL 2004 /  La Prensa
Historia de una entrega total hacia los pobres
 

Devotos de todas las edades participaron en el homenaje póstumo a la beata Sor María Romero a 27 años de su fallecimiento.
 

Emilio Zambrana
 Un día de tantos, Sor María Romero se presentó a un banco de la ciudad de Granada a realizar un préstamo para una obra de caridad dirigida a los niños y ancianos pobres de un barrio de La Gran Sultana. Para sorpresa del gerente del banco, cuando se le instruyó que pusiera en el documento bancario a uno de los fiadores la ahora beata escribió el nombre de la Virgen María.

Sorprendido el gerente de la entidad bancaria le dijo que ello era imposible. No obstante, Sor María Romero, empeñada en ayudar a los más humildes, insistió con el gerente hasta que éste le otorgó el préstamo.

La anterior anécdota la narró a LA PRENSA doña Chepita Díaz de Blandón, quien en un par de ocasiones conversó brevemente con la beata en el Colegio María Auxiliadora, al cual asistió doña Chepita y posteriormente lo hicieron sus hijas.

“Fue una mujer perseverante en su fe y en su convicción de ayudar a los más desposeídos”, dijo, y agregó que sus obras “son maravillosas, pues es una santa muy sencilla”. Acto seguido manifestó que Sor María Romero oraba para que alguna persona o institución se encargara de asumir obras de caridad a favor de los más necesitados.

Doña Chepita reveló que conoció a la beata durante una procesión que se efectuaba en el colegio María Auxiliadora y que se impregnó de la vida y obra de Sor María en Costa Rica. “Definitivamente sus obras son maravillosas... por eso la gente tiene mucha fe en ella”, agregó.

Por su parte, el historiador y mariano don José Joaquín Quadra Cardenal expresó que la vida y obra de Sor María “es un ejemplo para la juventud por su perseverancia y su fe”, tras referir que la beata es cada día más exaltada por miles de creyentes, poniendo como ejemplo que su trayectoria trascendió las fronteras y “por ello es muy amada”.