Monumento a la batalla
de San Jacinto (1856)

Una Nicaragua de hace 147 años.
Museo
Casa Hacienda San Jacinto
El
Museo San Jacinto
Aquí
en esta casa entejada sobre la caña de Castilla, tres corredores
y amplios y altos adobes, con sus corrales de piedra, la madrugada
del 14 de septiembre de 1856, unos cuantos soldados patriotas derrotaron
a las fuerzas filibusteras. Gesta de unos cuantos campistos con unos riflitos.
El General José Dolores Estrada dirigió la batalla desde
su taburete de cuero crudo. Y Andrés Castro ante la falta
de municiones derribó de una pedrada a un filibustero. El estallido
de la polvora arrió la caballería que pastaba la cual se
desbocó y relinchando hizo creer a los invasores que se trataba
de un numeroso ejército nacional. Miles de estudiantes visitan
anualmente en el mes de Septiembre este Museo Historico.
La
hacienda cuenta con dos vigilantes, tres guías, 10 en Septiembre
y una conserje, quienes atienden a un promedio de 5,000 personas
semanalmente en el mes de Septiembre, y unos 50 en otros meses
"La
religión de nuestras instituciones y del honor y bienestar
de nuestras familias. Por desgracia carezco de conocimientos en el arte
de la guerra; pero tengo un corazón que es todo de mi patria, y
resuelto estoy a sacrificarle en sus sacrosantas aras.
En los riesgos y
penalidades de la guerra, siempre estará con vosotros y por vosotros
vuestro compafiero y amigo".
José Dolores
Estrada
Comandante de la
Fuerza Espedicionaria".
Monumento de José Dolores Estrada
Managua

| Con esta carta,
José Dolores Estrada quedó estampado en la Historia de Nicaragua
como el antecesor glorioso de Benjamín Zeledón Rodríguez
y de Augusto César Sandino, los tres combatiendo al mismo enemigo
yanqui en tres épocas distintas y por las mismas causas.
Hago esta explicación
amplia, porque debido a este acontecimiento histórico de la Guerra
Nacional, en el país el nombre de Tipitapa vuelve a ser sonado en
la Historia de Nicaragua. Los filibusteros estaban causando pánico
y tropelías en distintos puntos de Nicaragua, especialmente en Granada,
Rivas, Masaya y la misma Managua.
Al comprobar y convencerse
de los planes de conquista de los filibusteros, los "democráticos"
(liberales) rectifican, se produce el 12 de septiembre de 1856 el "Pacto
de los Partidos", es decir, entre "legitismistas" y "democráticos",
para combatir y expulsar a los filibusteros del territorio nacional. El
resto de países centroamericanos ven también el peligro y
deciden, igualmente, lanzarse al combate frontal para expulsar
a los filibusteros.
Filibusteros en Tipitapa
Con descaro singular,
William Walker hizo su plan de elecciones, Se autonombró Presidente
de Nicaragua y de El Salvador y de paso destituyó paso "destituyó"
al presidente nicaragüense Patricio Rivas
Así estaba
el polvorín político nacional, cuando el 13 de septiembre
de 1856, en la noche, un grupo de casi 300 hombres, bien armados, al mando
de Byron Cole, jefe militar filibustero, regodeaban sigilosa y clandestinamente
en los alrededores de la Tipitapa de fincas ganaderas y un caserío
de campesinos trabajadores de los finqueros- propietarios, entre ellos
don Miguel Bolaños, propietario de la Hacienda San Jacinto. Enterados
de la presencia de los filibusteros en Managua, el mando militar supremo
de los "legitimistas" y "democráticos" habían tomado la decisión
de movilizar al entonces coronel José Dolores Estrada desde el Regimiento
Militar de Matagalpa hacia la Hacienda San Jacinto.
Según entendidos
en artes militares, ese movimiento militar se había hecho en prevención
de que los filibusteros podían tomar ese rumbo hacia Matagalpa o
Estelí y se pretendía detenerlos en ese sector situado geográficamente
al norte de Managua y de la misma Tipitapa, al pie Oeste del Cerro San
Jacinto, el cual es como el inicio de la Meseta de Estrada, donde están
también ubicadas las Mesas de Acicaya, hacia el norte, por donde
es hoy la Comarca de Las Maderas.
Hay algunos autores
que aseguran que José Dolores Estrada había recibido la orden
de ofrecer combate a los filibusteros sólo si era irremediable |

San Jacinto
era una de las Haciendas ganaderas más conocidas del sector de Tipitapa.
Esta Hacienda está situada en un sector plano, en un llano amplio,
entre en el Cerro de San Jacinto y el Lago de Managua.
Al llegar a ella,
Estrada en forma precipitada ordenó atrincheramiento con piedras
alrededor de la Casa-Hacienda, entonces rodeada de bosquecitos en el llano
o valle Oeste y Suroeste del Cerro San Jacinto.
En este sector abundaban
(y abundan) las piedras lisas de todo tamaño, parecidas a las de
ríos, por la cercanía inmediata al Cerro San Jacinto, donde
hay por miles o millones en sus faldas de los cuatro costados.
Terminada esta Batalla,
de trascendencia histórica nacional y centroamericana, José
Dolores Estrada escribió un informe breve dirigido a su jefe superior,
Fernando Chamorro:
"Antes de
rayar el alba se me presentó el enemigo, no ya como el 5 memorable,
sino en número de más de 200 hombres, y con las prevenciones
para darme esforzado y decisivo ataque. En efecto, empeñaron todas
sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo tiempo, guerrillas
que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar el punto
del corral que cubría nuestro flanco, nerced a la muerte del heroico
oficial don Ignacio Jarquín, que supo sostener su puesto con honor
hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el enemigo. Esta pérdida
nos produjo otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en
blanco, por la superioridad del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacía
fuegos en firme y sostenido, pero observando ésto y lo imposible
que se hacía recobrar el punto perdido, atacándolo de frente,
porque no había guerrilla que pudiera penetrar en tal multitud
de balas, ordené que el capitán graduado, don Liberato Cisne,
con el teniente José Ciero, subteniente don Juan Fonseca y sus escuadras,
salieran a flanquearlos por la izquierda, como acostumbrados y valientes,
les hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo que despavorido
y lleno de terror, salió en carrera, después de 4 horas de
fuego vivo y tan reñido, que ha hecho resaltar el valor y denuedo
de nuestros oficiales y soldados que nada han dejado de desear.
Busto a José Dolores Estrada en 2002,
14 de Sept.
A la sombra
del humo hicieron su fuga que se les hizo más veloz el siempre distinguido
capitán don Bartolomé Sandoval , que con el recomendable
don Miguel Vélez y otros infantes, los persiguieron montados en
las mismas bestias que les habían avanzado, hasta aquel lado de
San Idelfonso, mas de cuatro leguas distantes de este cantón. En
el camino se les hicieron nueve muertos, fuera de diez y ocho que aquí
dejaron, de suerte que la pérdida de ellos ha sido de 27 muertos,
fuera de heridos, según las huellas de sangre que por varias direcciones
se han observado.
Se les tomaron, además,
20 bestias, entre ellas algunas bien aperadas, y otras muertas que quedaron;
25 pistolas de cilindro y hasta ahora se han recogido 32 rifles, 47 paradas,
fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y
varios papeles que se remiten. En la lista que le incluyo, constan los
muertos y heridos que tuvimos, sobre lo que daré un parte circunstanciado
cuando mejor se haya registrado el campo. Sin embargo, de la recomendación
general que todos merecen, debo hacer especialmente del Capitán
graduado don Liberato Cisne, Teniente José Ciero, la de don Miguel
Vélez, don Alejandro Eva, don Adán Solís y don Manuel
Marenco, que aún después de herido , permaneció en
su punto, sosteniéndolo; y la del Subteniente don Juan
Fonseca y Sargentos primeros Macedonio García, Francisco Estrada,
Vicente Vijil, Catarino Rodríguez y Manuel Paredes, Cabos Primeros,
Julián Artola y Faustino Salmerón, y soldados Basilio Lezama
y Espidión Galeano.
Se hizo igualmente
muy recomendable el muy valiente Sargento Primero Andrés Castro,
quien por faltarle fuego a su carabina, botó a pedradas a un americano
que de atrevido se saltó la trinchera para recibir su muerte.
Yo me congratulo
al participar al Sr. General, el triunfo adquirido este día sobre
los aventureros y felicito por su medio al Supremo Gobierno por el
nuevo lustre de sus armas triunfadoras,
J.D. Estrada".
De la obra Tomo
II del Dr. Carlos A Gómez de uno de sus apéndices de XII
narrativas. Copy Right US
Congress Library
X
LA
ULTIMA PROCLAMA MILITAR
DEL
GENERAL
JOSE
DOLORES ESTRADA
El 14 de Septiembre
de 1856, el Coronel José Dolores Estrada, al mando de tropas Nicaragüenses
acantonadas en la Hacienda San Jacinto (Tipitapa), le propinaron una derrota
militar de alguna consideración a las tropas filibusteros de William
Walker, al mando del
yanqui Byron Cole.
Desde entonces, la heroica acción militar del Coronel Estrada le
valió la
simpatía
y veneración Patriótica de los nicaragüenses. Concluida
la guerra Nacional contra
Walker, el Coronel
se retiró a trabajar en la agricultura
Sin embargo,
trece años después de la Batalla de San Jacinto, el ahora
General José Dolores Estrada, tendría que asumir nuevamente
la Jefatura de un Ejército Nicaragüense, para atender el llamado
que le formuló el Presidente Constitucional de Nicaragua, Don Fernando
Guzmán (1867-1870),
para enfrentar un alzamiento militar contra el orden Constitucional, liderado
nada menos que por sus dos antiguos compañeros de armas en la lucha
contra Walker: El General Tomás Martínez y el General Máximo
Jerez.
Por increíble
que parezca, Martínez y Jerez, artífices y miembros plenos
de la Junta de Gobierno
que le dio a Nicaragua
la paz y estabilidad política que necesitaba después de la
Guerra
Centroamericana
contra Walker, y que inauguró los llamados “30 años de Gobierno
Conservador” (1859-1889);
y Martínez, dos veces Presidente Constitucional de Nicaragua entre
1859 y 1866; se
unieron para derrocar militarmente al Presidente Guzmán, iniciando
la
“revolución”
el 26 de Junio de 1869.
| La causa que motivó
este alzamiento es oscura, dado que el régimen político y
la Presidencia de Guzmán estaban totalmente ajustados a Derecho.
Había sido resultado de un proceso electoral, apoyado por Martínez;
Gobernaba con respeto a la libertad de prensa y opinión; Se ajustaba
a los mandatos del Congreso Nacional que sesionaba cada dos años,
y que justamente entre Enero y Marzo de 1869 había sesionado, con
la participación del General Jerez, en su calidad de Senador de
León; en fin, nada justificaba una “revolución militar” para
derrocar al Presidente e iniciar las reformas proclamadas por Jerez y Martínez
en un “Programa” de once puntos.
“Para realizar estas
ideas, se necesita destruir el actual orden de cosas i establecer un gobierno
excepcional por algún tiempo, lo ejercerá el infrascrito
Jerez, desde el principio de la
Revolución,
con facultades omnímodas, por el tiempo que él juzgue necesario
para asegurar la
continuación
de la práctica del anterior programa, bajo un orden Constitucional”
(Proclama,
publicada en La
Gaceta No. 27, del 3 de Julio de 1869).
“La revolución”
de 1869 dio inicio con la toma del cuartel militar de León, el 26
de Junio. Una
vez que la noticia
del cuartelazo llegó a Managua, sede del Gobierno de Fernando Guzmán,
éste
convocó al
General José Dolores Estrada, distrayéndolo de sus actividades
de agricultura, para
que se pusiera al
frente del Ejército que lucharía contra los alzados, para
restablecer el orden
Constitucional en
todo el territorio de Nicaragua. El General Estrada no vaciló, y
asumió el
mando militar de
forma inmediata, emitiendo el 27 de Junio de 1869, la que se constituiría
en su
última “Proclama
Militar”, la que fue publicada en La Gaceta Número 27, Año
III, del 3 de Julio
de 1869 y que a
continuación transcribo literalmente, para que sea del conocimiento
de las
generaciones actuales:
La Proclama transcrita
nos permite conocer una actitud apegada a la Ley y al orden
Constitucional de
parte del General Estrada. No se sintió tentado de unirse a los
“traidores”
(Martínez
y Jerez), sino que prefirió “combatir en defensa del orden i de
la libertad”, como un
buen “sostenedor
de la Ley”. La actitud del General Estrada lo ubica en la historia como
un
precursor de la
Institucionalidad del Ejército en función de la Constitución
Política de Nicaragua,
y no de los localismos
y tradicionales intereses de los Partidos Políticos o Caudillos
de turno.
Esto le da a la
decisión del General Estrada, una dimensión trascendental
en perspectiva
histórica,
pues señala el camino que debe seguir todo Ejército que pretenda
constituirse como
Nacional y Patriótico.
Es justo reconocer
que nuestro actual Ejército en Nicaragua, ha retomado la filosofía
militar y la
doctrina del General
Estrada, resumida magistralmente en esta Proclama, donde el eje
fundamental de esta
consiste en ubicar al Ejército en defensa del “orden y de la libertad”,
al lado
siempre de la “autoridad
Constituida”, y enfrentado a los “traidores”, aunque sean sus
compañeros
de luchas pasadas.
Digno es que el Ejército
de Nicaragua haya realizado a finales de los 90, los Ceremoniales
militares de inhumación
y traslado de las cenizas del General Estrada, que reposaban en las
Ruinas de la Catedral
de Managua, hacia Nandaime, donde reposan hoy en día en la principal
Iglesia de aquella
ciudad. Y digno es que en el Ejército de Nicaragua se tenga en alta
estima el
ejemplo legado por
este General del Siglo XIX, a las futuras generaciones de Nicaragüenses,
en
cuanto a lo que
corresponde hacer cuando el orden Constitucional del País sea amenazado
por
los caudillos contemporáneos. |
Pero... ¿Qué
pasó con el General Estrada durante esa guerra por el orden Constitucional?
Murió.
No en batalla, como
seguramente le hubiera gustado morir, sino de muerte natural. Su vida se
apagó el
12 de agosto de 1869. La Gaceta del 14 de agosto anunció oficialmente
su muerte: “El
Jueves a las ocho
y diez minutos de la mañana falleció en esta capital José
Dolores Estrada, Jefe
del Ejército
de la República, a la edad de 73 años”.
Murió, “con
las botas puestas”, diríamos parafraseando el refrán popular.
La guerra continuó,
pero Managua se
paralizó para rendir homenaje a tan digno General. El Ministro de
Defensa,
Don Pedro Joaquín
Chamorro, organizaría los Ceremoniales de Sepelio del General fallecido.
Después de
la muerte del General Estrada el mando del Ejército pasó
al Senador Pedro Joaquín
Chamorro, pero luego
el propio Presidente Guzmán asumió la Jefatura del Ejército,
para lo cual
tuvo que depositar
la Presidencia el 12 de Septiembre de 1869, en la persona del mismo Senador
Chamorro. Este era
el procedimiento que se debía seguir.
Estando al mando
del Ejército, el Presidente Guzmán, admitió un armisticio
del 16 al 26 de
Septiembre, mientras
el Embajador de Honduras, procuraba llegar a un término amistoso
del
conflicto militar.
Este diplomático, Manuel Colíndres, no pudo lograr su cometido,
continuando
la guerra. En Octubre
14 y 15, las tropas gubernamentales acantonadas en Niquinomo y
Jinotepe, al mando
del Presidente Guzmán, le propinarían una contundente derrota
militar a las
fuerzas rebeldes,
que marcaría la finalización del conflicto bélico.
El 30 de Octubre
capitularían los Generales Martínez y Jerez, suscribiéndose
unas Bases de
Capitulación,
que serían suscritas por el Presidente Guzmán y en nombre
y representación de
los Generales rebeldes,
sería suscrita por el Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica
en Nicaragua, Charles
N. Riotte. El General Estrada no vio la victoria, pero la gloria de haber
defendido el orden
Constitucional y la libertad de los Nicaragüenses, frente a una pretensión
de
establecer un régimen
“con facultades omnímodas”, contrariando la legalidad y la
Constitucionalidad,
serán reconocidas desde entonces por toda Nicaragua.
Su memoria comenzó
a agigantarse desde su muerte, de tal manera que transcurridos tan
solamente cinco
años después de su fallecimiento, en 1874, se honraba su
memoria como
vencedor de la batalla
de San Jacinto, en todas las Plazas de la República, con carácter
oficial. A
continuación
un ejemplo de las proclamas que se pronunciaban en su nombre y memoria
(advierto haber
respetado la ortografía del texto original): Honor y Gloria al General
José
Dolores Estrada,
no solamente por haber defendido la libertad de los Nicaragüense en
la Batalla
de San Jacinto,
sino por haber defendido esa libertad, en la guerra contra los Generales
Jerez y
Martínez,
en 1869, año de su glorificación como primer General en Jefe
del Ejército
Constitucional de
la República de Nicaragua.
¿CÓMO
CELEBRABAN EL 14 DE SEPTIEMBRE EN LA NICARAGUA DE 1874?
A cinco años
de la muerte del General José Dolores Estrada (1869), y a 18 años
de la Batalla de
San Jacinto (1856),
las conmemoraciones no se realizaban en San Jacinto, como hoy en día,
sino
en las principales
Plazas de la República. A continuación, una síntesis
de los ceremoniales
acordados a realizar
el 14 de Septiembre de 1874 en Managua. Selección de párrafos
y
trascripción
de La Gaceta No. 39, Año XII, del sábado 19 de Septiembre
de 1874, realizada por
Clemente Guido Martínez,
historiador y miembro de la Academia de Geografía e Historia de
Nicaragua. (Se ha
respetado la ortografía del texto original publicado en La Gaceta
de
1874).
EL GENERAL EN JEFE
DEL EJÉRCITO SOLDADOS.
El grito de guerra
lanzado ayer en la Ciudad de León, por unos pocos sediciosos perturbadores
del orden público,
reclaman nuestros servicios i decisión al lado de la autoridad constituida,
como un deber imprescindible
de todo buen Nicaragüense.
Se me ha encargado
del mando en Jefe del Ejército de Operaciones, i cuento con vuestro
valor i
lealtad para cumplir
tan honroso cometido.
Vamos a combatir
en defensa del orden i de la libertad. Es santa la causa de los sostenedores
de
la ley. Como es
criminal i bastarda la de los traidores.
SOLDADOS.
Bien me conocéis,
no esquivaré el peligro, y sabré compartir con vosotros los
azares de la suerte,
con la gloria de
luchar en defensa de la dignidad nacional.
Vuestro Compañero.
J. Dolores Estrada.
Managua, Junio 27
de 1869.
ORDEN GENERAL DEL
14 Y 15 DE SETIEMBRE.
SOLDADOS.- Un hecho
de armas, la batalla de San Jacinto librada el 14 de Setiembre de 1856,
por un puñado
de valientes acaudillados por el ínclito General. José Dolores
Estrada, es el objeto
de los honores militares
de que sois ejecutores.
En todas las plazas
de la República se da celebridad a este día con un carácter
oficial, para
demostrar que la
Patria no pasa desapercibidos el coraje y denuedo con que el soldado derrama
su sangre i expone
su vida en defensa de sus fueros.-
Mañana se
conmemora otro hecho de elevada significación política, el
día de nuestra
independencia, el
15 de Setiembre de 1821 en que fuimos emancipados del Gobierno despótico
que nos oprimía.
Vosotros soldados,
como ciudadanos, como hijos que sois de la gran familia Centro Americana,
debéis también
mostrar el regocijo que causa el ser libres e independientes”.
Vuestro Jefe de armas.
Víctor Cuadra.
Es conforme, Acoyapa,
Octubre 10 de 1874.
ORDEN GENERAL
Del 14 de Setiembre
de 1874
Servicio, el acostumbrado.
Hoy se presentará
en revista de comisario toda la fuerza que existe en esta plaza, (...),
El
advenimiento de
este día nos trae la conmemoración de un suceso glorioso
para la Patria: la
batalla de San Jacinto,
dada por el ilustre General Don José Dolores Estrada i los valientes
que lo
acompañaron
el 14 de Setiembre de 1856, contra los filibusteros; cuyo espléndido
triunfo nos
hizo comprender
á los nicaragüenses que éramos capaces de reivindicar
nuestra independencia
que aquellos nos
habían arrebatado al favor de nuestras disensiones intestinas.
El Gobierno i la
Comandancia General han dado las providencias i órdenes especiales
para
solemnizar la remembranza
de aquella gloriosa jornada, siendo una de ellas el alumbrado i los
fuegos artificiales
que tendrán lugar esta noche, durante los cuales la banda marcial
ejecutará las
piezas más
escogidas. Comandancia General dispone también: que concluida la
revista toda la
fuerza con sus jefes
i oficiales marchen á tambor batiente al lugar donde reposan las
cenizas del
ilustre General
Estrada á hacerles un saludo en que la banda marcial ejecutará
los toques de
ordenanza, disparándose
mientras tanto tres cañonazos: concluido lo cual el Jefe que mande
la
fuerza victoreará
en alta voz á la memoria del mismo General, diciendo “Viva el héroe
de San
Jacinto, General
Don José Dolores Estrada, restaurador de la independencia de la
Patria; vivan
los valientes que
le acompañaron.”. I la fuerza responderá: ¡Que Viva!!.
Concluida esta ceremonia
la fuerza contramarchará al cuartel á descender el pabellón
que está
enarbolado en honor
de la memoria del difunto General Estrada, disparando en este acto tres
tiros
de cañón.
Después de esto el mismo Jefe i la oficialidad pasarán á
casa de doña Magdalena
Estrada, digna hermana
del General Estrada, á hacerle una visita, significándole
el profundo
agradecimiento que
siente la Patria hacia la memoria de su finado hermano el señor
General Don
José Dolores
Estrada, por los grandes sacrificios que hizo este sereno soldado para
salvarla del
poder del filibustero.
Después de
esta visita pasarán todos los jefes i oficiales al Palacio Nacional
á tomar un brindis
en honro de la memoria
de aquel Héroe i de los valiente que bajo sus órdenes llenaron
de espanto
á los filibusteros.
Para todos estos actos el Sr. Comandante convidará á todos
los militares que
existan en esta
Ciudad, que acompañaron al inolvidable General Estrada en aquella
gloriosa
jornada.
Es orden superior.
Mercedes Tejada.
José Dolores
Estrada Vado
José Dolores
Estrada Vado (Nandaime, Nicaragua; 16 de marzo de 1792 - Managua;
12 de agosto de
1869) es el vencedor de los filibusteros del aventurero
estadounidense William
Walker en la Batalla de San Jacinto el 14 de septiembre de
1856. Es un Héroe
Nacional de Nicaragua.
Contenido
1 Nacimiento
2 Formación
militar
3 La batalla de
San Jacinto
4 General de Brigada
y exilio
5 Ascenso a General
de División y muerte
6 Se le declara
Héroe Nacional
7 Traslado de sus
restos
8 Formas de honrar
al héroe
Nacimiento
Nació el
16 de marzo de 1792 en el pueblo de Nandaime, departamento de Granada,
Nicaragua. Hijo
de don Timoteo Estrada y doña Gertrudis Vado. Fue bautizado el 20
del
mismo mes y año
teniendo como padrino a su tío materno Antonio Vado. El padre Luis
Benito Gutiérrez,
cura párroco de Nandaime, escribió en la partida bautismal
“Joseph de
los Dolores Estrada,
mulato, hijo legítimo de Thimoteo Estrada y de Gertrudis Vado”.
Se
creía entonces
que todo mulato tenía su origen en Jamaica y como allí se
habla el idioma
inglés, los
nombres no se asentaban en español; el Acta original se conserva
en la Casa
Cural de su ciudad
natal.
Formación
militar
Los orígenes
del General Estrada Vado son tan humildes que poco se sabe de él
en su niñez. Se
conoce que a temprana
edad habitaba con su familia en Granada. Ya para 1824 aparece en el
movimiento de Juan
Argüello al que respaldó frente a Manuel Antonio de la Cerda
para ocupar
el cargo de Jefe
de Estado. Durante estas luchas alcanzó el grado de sargento a la
edad de 35
años, el
dato permite establecer como sus ascensos fueron a avanzada edad hasta
llegar a General
de División.
Algún tiempo
se dedicó a la agricultura y al cuido de su familia. Curiosamente
se inició en la
vida política
y militar apoyando a Argüello que era democrático (liberal)
pero ya para 1854
aparece al lado
de los legitimistas (conservadores), con don Fruto Chamorro Pérez,
primer
mandatario con el
título de Presidente de la República. Ya entonces era Capitán,
grado concedido
el 9 de agosto de
1851 y participa en los combates de 1854 en Granada, donde es gravemente
herido. Comienza
a distinguirse entre la oficialidad, su presencia en diferentes batallas
lo
destacan por su
valor y disciplina. Para 1855 es Coronel y estratega importante de las
tropas
legitimistas. Junto
con los Generales Tomás Martínez y Fernando Chamorro, toman
las
decisiones que determinarían
el curso de la guerra. El 15 de abril de 1856 participa en los
combates de Pueblo
Nuevo y otra vez es herido.
La batalla de San
Jacinto
Los filibusteros
de William Walker, instalados en la ciudad de Granada, se abastecían
de carne
en las haciendas
de ganado ubicadas al norte y al este del Lago Xolotlán, las cuales
estaban en el
departamento de
Granada (el cual lo formaban los actuales departamentos de Granada, Masaya,
Carazo y Managua),
hasta 1875 se creó el departamento de Managua. El 29 de agosto de
1856
(según el
testimonio del capitán Carlos Alegría) un grupo de 100 legitimistas
al mando del
Coronel José
Dolores Estrada salió de Matagalpa, por órdenes del General
Tomás Martínez, para
impedir que los
filibusteros robaran el ganado (cometían el delito de abigeato)
llegando a la
hacienda San Jacinto
ese mismo día por la tarde. Esta le pertenecía a don Miguel
Bolaños,
tatarabuelo del
ex Presidente de Nicaragua Ingeniero Enrique Bolaños Geyer, quien
gobernó al
país en el
periodo 2002-2007.
Casa Hacienda de
San Jacinto
El 5 de septiembre,
al amanecer, llegó un escuadrón de rifleros a caballo para
atacar la hacienda
en una escaramuza.
Iban dirigidos por el Coronel Edmund McDonald, junto con el Capitán
William P. Jarvis.
Los legitimistas, armados con fusiles de chispa, rechazaron el ataque de
los
filibusteros, teniendo
estos 6 muertos y varios heridos durante el ataque, Jarvis resultó
mortalmente herido.
Los patriotas tuvieron un muerto y 3 heridos. William Walker escribió
en el
capítulo
9 de su libro “La guerra en Nicaragua” que eran 40 jinetes los atacantes;
el teniente
Alejandro Eva dice
en su testimonio escrito en 1889 que era 60 y Estrada, que menciona que
eran más
de 120 filibusteros, escribió ese mismo día el siguiente
Parte Oficial:
Parte oficial del
combate del día 5 de septiembre
Matagalpa, Septiembre
7 de 1856. Sr. Ministro de la Guerra del Gobierno Constitucional. Del
General en Jefe
del Ejército Libertador de la República. El señor
Comandante expedicionario
sobre Tipitapa me
dice lo que copio:
¨Señor
General en Jefe del Ejército Libertador D.U.L. [Dios-Unión-Libertad]
San Jacinto,
Septiembre 5 de
1856. Del Comandante de la División de Operaciones. Al amanecer
del día de
hoy atacado el enemigo
en número de más de ciento veinte hombres, según los
informes tomados
guerrillas que desplegaron
y terreno que ocuparon. El ala derecha nuestra fue el blanco de sus
tiros y su objeto
principal, parapetándose en el pequeño monte del abra; pero
después de dos
horas y media de
un fuego muy nutrido en que fue preciso contener con espada en mano a
nuestros soldados
dentro del límite que yo les había señalado, huyó
despavorido por distintas
direcciones, dejando
en nuestro poder quince rifles, muchas paradas, cuatro espadas, un botiquín
con su correspondiente
repuesto de medicinas, un estuche de cirugía, quince bestias mulares
y
otras tantas caballares
con sus correspondientes monturas, diez botes de latas y otros muebles
de
menos importancia
como chamarras, gorras, sombreros, cuchillos, espuelas, botas y pistolas
descompuestas.
Durante el fuego
y su primera carga dejaron seis muertos, y una porción de heridos
que cargó el
enemigo con ellos,
y se entiende que serían de alguna consideración por el cuidado
con que los
llevaban y por el
pavor que se introdujo luego que fueron reconocidos. De los muertos referidos
se han conocido
al cirujano y dos oficiales. Después de la acción mandé
perseguirlos, y estos
detalles los comunicaré
cuando regrese el Capitán Bartolo Sandoval que fue encargado de
esta
Comisión.
Por nuestra parte tuvimos la pérdida del intrépido Cabo 1ro.
Justo Rocha, de
Managua, y heridos,
no de mucha gravedad, el bravo Capitán Carlos Alegría, el
Ayudante
Abelardo Vega y
el soldado Crescencio Ramírez. Ninguna recomendación especial
sería bastante
para explicar el
valor y denuedo de los oficiales y tropa de esta división, puesto
todos se han
portado y correspondido
a la denominación que se les ha dado. Yo felicito al Supremo Gobierno
por el triunfo de
sus armas. Soy del señor General, atento y obediente servidor. J.
Dolores
Estrada. Lo digo
a U. S. para que le sirva elevarlo al conocimiento de S. E. el señor
Diputado
Presidente, y aceptar
las muestras de respeto y consideración con que soy de U. S. atento
servidor. (firmado)
Fernando Chamorro Conforme. Ministerio de la Guerra del Gobierno
Constitucional de
la República de Nicaragua. Matagalpa, Septiembre 16 de 1856. El
Jefe de
Sección.
Ignacio Padilla.
El 11 de septiembre
llegó una compañía de 60 indios flecheros, desde Matagalpa,
al mando del
capitán Francisco
Sacasa. Esto se debió a que Estrada solicitó refuerzos a
Martínez, de acuerdo
al testimonio del
capitán Carlos Alegría. Según el testimonio de Walker
en su libro "La guerra en
Nicaragua" los 300
filibusteros salieron de Granada la tarde del día siguiente, el
12, pasaron por
Masaya y en Tipitapa
acamparon el 13, para atacar la hacienda la mañana del día
siguiente. El 12
en la ciudad de
León el general Tomás Martínez, jefe del Partido Legitimista,
y Máximo Jerez
Tellería,
jefe del Partido Democrático, habían firmado el Convenio
de Unión de sus partidos para
así juntos
expulsar del país a Walker.
Al amanecer del 14
de septiembre llegaron los filibusteros a San Jacinto, en medio de la neblina;
el cabo Faustino
Salmerón, que era el vigía, los divisó y corrió
a la casa hacienda cuando los 160
legitimistas estaban
desayunando, avisando al Coronel Estrada que el enemigo en número
de 300
hombres venía
por el sur por lo que el grupo se tendió en 3 posiciones: el corral
de piedra junto
al costado oeste
de la casa hacienda, capitaneado por el capitán Liberato Cisne,
la casa hacienda
defendida por el
capitán Francisco de Dios Avilés y el corral de madera (esquina
opuesta a la
esquina sureste
de la casa) defendido por Francisco Sacasa. Se les dio la orden de no disparar
hasta que el enemigo
estuviese cerca, pues el alcance eficaz de los fusiles de chispa era de
60
metros. Los filibusteros,
que casualmente habían recibido la misma orden, se habían
dividido en
3 columnas para
el ataque y a las 7 de la mañana atacaron los tres frentes: la primera,
bajo las
órdenes del
teniente coronel Byron Cole y del teniente Robert Milligan, atacó
el flanco izquierdo
del corral de madera;
la segunda, al mando del mayor Calvin O’Neal, avanzó por el frente
(la
casa hacienda) y
la tercera del capitán Lewis D. Watkins en la dirección del
flanco derecho,
donde se unía
el corral de madera con el cerco de piedra. Después de las primeras
horas, los
combates se hicieron
cada vez más fuertes y sangrientos, imponiéndose la lucha
cuerpo a cuerpo;
a las 9 am las fuerzas
filibusteros lograron romper la defensa del flanco izquierdo, ante ello
el
coronel Estrada
maniobró con las tropas y los oficiales Miguel Vélez, Alejandro
Eva y Adán
Solís para
reforzar esta posición. La lucha era tan violenta y a falta de municiones,
muchos
siguieron el ejemplo
de Andrés Castro, quien derribó a un filibustero de una certera
pedrada.
Andrés Castro
derriba a un filibustero de una pedrada
Pero la situación
era crítica para los nacionales. Las columnas filibusteros a las
10 de la mañana,
cuando habían
roto el cerco de defensa, iniciaron un reagrupamiento para concentrar sus
esfuerzos principales
en esa dirección. Ante esta situación, Estrada tomó
la iniciativa y decidió
enviar al capitán
Liberato Cisne, al teniente José Ciero y al subteniente Juan Fonseca
con sus
escuadras, quienes
atacaron por la retaguardia a los filibusteros gritando ¡Viva Martínez!
¡Viva
Nicaragua!, cargaron
a la bayoneta con arrojo admirable y les hicieron una descarga de fusilería;
el ataque asustó
a la yeguada y los potros de la hacienda que estaban en la vecina loma;
Ciero
dice en su testimonio
que el teniente coronel Patricio Centeno y un oficial Flores de Granada
traían a
los caballos.
Los filibusteros
al creer que llegaban refuerzos huyeron en retirada, con dirección
a la hacienda
San Ildefonso, cerca
de Tipitapa. El capitán Bartolo Sandoval y el teniente Miguel Vélez,
montado en bestias
capturadas, realizaron la persecución junto con otros soldados que
iban a pie
y a caballo. Esta
acción fue tan violenta que el sargento Francisco Gómez cayó
muerto de fatiga.
Sin embargo, producto
de la persistencia de los nicaragüenses en lograr una contundente
victoria,
lograron dar muerte
al jefe de la tropa filibustera Byron Cole, muerto por el cabo Faustino
Salmerón
según Alejandro Eva, aunque Ciero diga que fue 2 días después
el 16 de septiembre a
las 6 am en San
Ildefonso. Los resultados de la batalla de cuatro horas se fueron reflejaron
en el
parte oficial firmado
por el coronel Estrada, teniendo los nicaragüenses 10 muertos y 7
heridos; y
el ejército
filibustero 27 muertos, habiendo capturado 20 bestias, 25 pistolas, 32
rifles Sharp, 47
paradas, chamarras
y sombreros. Estrada escribió el siguiente Parte Oficial, el cual
desde el año
2006 se conserva
en las instalaciones del diario La Prensa:
Parte oficial del
combate del 14 de septiembre
Señor General
en Jefe del ejército libertador de la República.- Dios, Unión
y Libertad.- San
Jacinto, Septiembre
14 de 1856. Del Comandante de la División Vanguardia y de Operaciones.
Antes de rayar el
alba, se me presentó el enemigo, no ya como el 5 memorable, sino
en número
de más de
doscientos hombres y con las prevenciones para darme esforzado y decisivo
ataque.
En efecto, empeñaron
todas sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo
tiempo, guerrillas
que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar un punto
del
corral que cubría
nuestro flanco, merced a la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarquín,
que
supo mantener su
puesto con honor, hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el
enemigo. Esta pérdida
nos produjo otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en blanco,
por la superioridad
del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacia sus esfuerzos en firme
y
sostenido; pero
observando yo esto, y lo imposible que se hacía recobrar el punto
perdido
atacándolo
de frente, porque no había guerrilla que pudiera penetrar en tal
multitud de balas,
ordené que
el Capitán graduado don Liberato Cisne, con el Teniente José
Siero, Subteniente Juan
Fonseca y sus escuadras,
salieron a flanquearlos por la izquierda, quienes, como acostumbrados
y valientes, les
hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo, que despavorido
y
en terror salió
en carrera, después de cuatro horas de un fuego vivo y tan reñido,
que ha de
resaltar el valor
y denuedo de nuestros oficiales y soldados, que nada han dejado de desear.
A la sombra del
humo hicieron su fuga, que se las hizo más veloz el siempre distinguido
Capitán
don Bartolo Sandoval,
que con el recomendable Teniente don Miguel Vélez y otros infantes,
los
persiguieron, montados
en las mismas bestias que les habían avanzado, hasta de aquel lado
de
San Idelfonso, más
cuatro leguas distante de este cantón. En el camino les hicieron
nueve
muertos, fuera de
dieciocho que aquí dejaron, de suerte que la pérdida de ellos
ha sido de
veintisiete muertos,
fuera de heridos, según las huellas de sangre que por varias direcciones
se
han observado. Se
les tomaron, además, veinte bestias, entre ellas algunas bien aperadas,
y otras
muertas que quedaron;
veinticinco pistolas de cilindro, y hasta ahora se han recogido 32 rifles,
47 paradas, fuera
de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios
papeles que se remiten.
En la lista que le incluyo, constan los muertos y heridos que tuvimos,
lo
cual es bien poco
para el descalabro que ellos sufrieron, sobre el que daré un parte
circunstanciado
cuando mejor se haya registrado el campo.
Sin embargo de la
recomendación general que todos merecen, debo hacer especialmente
la del
Capitán graduado
don Liberato Cisne, Tenientes don José Siero, don Miguel Vélez,
don
Alejandro Eva, don
Adán Solís y don Manuel Marenco, que aun después de
herido permaneció
en su punto, sosteniéndolo;
y la del Subteniente don Juan Fonseca y Sargentos primeros
Macedonio García,
Francisco Estrada, Vicente Vigil, Catarino Rodríguez y Manuel Paredes;
Cabos primeros Julián
Artola y Faustino Salmerón y los soldados Basilio Lezama y Espiridón
Galeano. Se hizo
igualmente muy recomendable el muy valiente Sargento primero Andrés
Castro, quien por
faltarle fuego a su carabina, botó a pedradas a un americano, que
de atrevido se
saltó la
trinchera para recibir su muerte. Yo me congratulo al participar al señor
General, el
triunfo adquirido
en este día sobre los aventureros; y felicito por su medio al Supremo
Gobierno
por el nuevo lustre
de sus armas siempre triunfadoras. J.D. Estrada Conforme.- León,
Septiembre
22 de 1856.- Baca.
Aquí un sello
que dice: “Estado de Nicaragua, Ministro de la Guerra del Supremo Gobierno”.
General de Brigada
y exilio
Controlada la situación
en los llanos cercanos a Tipitapa, el Coronel Estrada Vado se dirigió
a
Managua, tomando
luego hacia Diría y Catarina. El 11 de octubre de 1856 encabezó
el ataque a
Masaya y el 13 a
Granada. Terminada la Guerra Nacional, los Generales Tomás Martínez
Guerrero y Máximo
Jerez Tellería acordaron constituir el Gobierno Binario, llamado
“chachagua”, único
caso en que dos personas se desempeñaron como presidentes de Nicaragua.
El 25 de junio de
1857, Martínez y Jerez firmaron el Decreto dando el grado de General
de
Brigada a Estrada
Vado. Ante la actitud reeleccionista del General Martínez en 1862
se iniciaron
movimientos de protestas.
Surgió como candidato de oposición don José Joaquín
Cuadra a quien
apoyó el
General Estrada Vado, pero hubo fraude a favor de Martínez y nuevamente
se iniciaron
las luchas armadas.
Paradójicamente el General Estrada Vado se apertrechó en
San Jacinto,
donde siete años
antes había derrotado a los filibusteros.
Desde la histórica
hacienda viajó a la Isla de Ometepe, presionado por las tropas del
General
Martínez,
decidiendo refugiarse en Costa Rica, en calidad de exiliado político
el 24 de abril de
1863, Martínez
firma un documento lleno de ignominia, castigando como desleales y traidores
a
los Generales Máximo
Jerez, Fernando Chamorro y José Dolores Estrada Vado. Son destituidos
de sus grados militares
y reducidos a la clase de soldados. El Héroe de San Jacinto pasa
la mayor
parte de su exilio
de cuatro años en Liberia, Costa Rica, con grandes privaciones.
Fechada en La
Cruz, el 23 de julio
de 1865, escribe a su amigo José de Pasos y le cuenta que: “Yo estoy
aquí
haciendo un limpiecito
para ver si puedo sembrar unas matas de tabaco”.
Ascenso a General
de División y muerte
Cuando asume la
Presidencia, el General Fernando Guzmán Solórzano, en un
acto de justicia
llama del exilio
a Estrada Vado y el 1 de julio de 1869 le nombra General de División
en
atención
a sus méritos y servicios. Este mismo grado le había concedido
en 1858 el gobierno de
El Salvador. Es
indemnizado por el gobierno con novecientos diecinueve pesos y tres reales
sencillos.
Ya para entonces
se celebraba el aniversario de la Batalla de San Jacinto. Al amanecer había
diana y salvas de
artillería, por la noche se daba un banquete que ofrecía
el Presidente Guzmán al
General de División
Estrada Vado. El Héroe llevaba una vida sencilla, frecuentemente
se reunía
con veteranos de
la Guerra Nacional a conversar, entre ellos los Generales Florencio Xatruch
(hondureño)
y Miguel Vélez. A veces se juntaban en una comidería que
tenía Andrés Castro a
tomar tiste en jícara
cerca de donde es ahora la Asamblea Nacional, vivía por donde es
ahora el
Centro Cultural
Managua, antiguo Gran Hotel y sembraba unas tierras a la orilla del lago
por las
Américas
Dos. El 27 de junio de 1869, el presidente Guzmán en un gesto que
enaltece a su
gobierno, nombró
al General Estrada Vado como General en Jefe del Ejército de Operaciones
de
la República,
estaba por cumplir los 77 años y siempre se mantuvo soltero, llevando
una vida de
austeridad y disciplina.
El 12 de agosto del mismo año falleció en horas de la mañana,
en la
capital Managua,
a causa de malestares hepáticos. Se ordenó duelo nacional,
todas las
autoridades de la
República y los militares del Ejército, llevaron por ocho
días un listón negro en
el brazo en señal
de luto.
Los restos del General
Estrada Vado fueron sepultados en el Templo Parroquial de Managua,
elevado a Catedral
Metropolitana en 1913. Al decidirse la construcción de la nueva
Catedral
(hoy Antigua Catedral
de Managua), fueron exhumados el 24 de mayo de 1929 y depositados en
la Capilla del Palacio
Arzobispal, bajo la guarda del Arzobispo de Managua, Monseñor José
Antonio Lezcano
y Ortega. En septiembre de 1933 se trasladaron a la cripta funeraria de
la
Catedral en construcción
(debajo del Altar Mayor). Los actos fueron solemnes. Primero se
llevaron los restos
al Palacio del Ayuntamiento, presidido por el Arzobispo, los miembros del
Distrito Nacional.
Se menciona la presencia de dos veteranos de la Guerra Nacional, Manuel
Borge y Jesús
Chávez. Se hizo presente el Presidente Juan Bautista Sacasa y su
gabinete.
Se le declara Héroe
Nacional
El 17 de agosto
de 1971, siendo Presidente de Nicaragua Gral. Anastasio Somoza Debayle,
se
promulgó
el Decreto Legislativo No. 1889, el cual lo declaró oficialmente
Héroe Nacional,
publicado en La
Gaceta, Diario Oficial, No. 193 del 26 del mismo mes y año. En el
se dispone
que el 16 de marzo
y el 12 de agosto de cada año (fechas respectivas de su nacimiento
y muerte)
sea izada la Bandera
de Nicaragua en los edificios públicos y en todos los colegios del
país. Este
es el texto completo
de dicho Decreto:
DECLÁRASE
HÉROE NACIONAL DE NICARAGUA AL GENERAL JOSÉ DOLORES
ESTRADA
Decreto No. 1889
del 17 de agosto de 1971
Publicado en La
Gaceta No. 193 del 26 de agosto de 1971
El Presidente de
la República, a sus habitantes,
Sabed:
Que el Congreso
ha ordenado lo siguiente:
La Cámara
de Diputados y la Cámara del Senado de la República de Nicaragua,
Decretan:
Artículo
1.- Declarase HÉROE NACIONAL DE NICARAGUA, al General José
Dolores Estrada.
Artículo 2.-
El Poder Ejecutivo, a través de los Ramos de Educación Pública
y Defensa, dispondrá que el
16 de marzo y el
12 de agosto de cada año -fechas de nacimiento y muerte del Héroe-
sea izado el
Pabellón
Nacional en los Cuarteles, edificios públicos y en los Centros de
enseñanza de la República y se
efectúen
actos en los cuales se exalte su vida y su obra.
Artículo 3.-
Esta ley entrará en vigor desde la fecha de la publicación
en “La Gaceta”, Diario Oficial.
Dado en el Salón
de Sesiones de la Cámara de Diputados. Managua, Distrito Nacional,
nueve de agosto
de mil novecientos
setenta y uno.- Orlando Montenegro M., Diputado Presidente.- Francisco
Urbina R.,
Diputado Secretario.-Adolfo
González B., Diputado Secretario.
Al Poder Ejecutivo.
Cámara del Senado. Managua, D. N., 16 de agosto de 1971.- Cornelio
H. Hüeck,
S.P.-Pablo Rener,
S.S.- Adán Solórzano C., S.S.
Por Tanto: Ejecútese.
Casa Presidencial. Managua, D.N., diecisiete de agosto de mil novecientos
setenta y
uno.- A. SOMOZA,
Presidente de la República.- M. Buitrago Aja, Ministro de la Gobernación.
Traslado de sus restos
Cuando sucedió
el terremoto del 23 de diciembre de 1972 hubo saqueo de tumbas, quedando
abandonados sus
restos. En 1999 se plantea el traslado de sus restos a Nandaime y el 11
de
agosto de ese mismo
año, en una ceremonia por el Presidente Arnoldo Alemán y
el jefe del
Ejército
General Joaquín Cuadra Lacayo, sus cenizas fueron sacadas de la
cripta catedralicia para
que al día
siguiente 12 (en el 130 aniversario de su muerte) fueran sepultadas en
la Iglesia de su
natal Nandaime,
la misma donde fue bautizado el 20 de marzo de 1792 donde actualmente
reposan.
Formas de honrar
al héroe
Su efigie aparece
en monumentos, billetes, estampillas y medallas sin que su memoria haya
sido
afectada por los
cambios políticos. Cuando la Ley del 20 de marzo de 1912 decretó
que la
moneda nacional
se denominara córdoba, entre las primeras efigies estuvieron las
de Manuel
Antonio de la Cerda,
Miguel Larreynaga, Fernando Chamorro, Tomás Martínez Guerrero
y José
Dolores Estrada
Vado, todos ellos juntos con el retrato del conquistador español
Francisco
Hernández
de Córdoba. El billete del General Estrada Vado era de cincuenta
córdobas. Para la
década de
1950 quedaron solamente Larreynaga y Estrada Vado, en el billete de 100
córdobas, el
Héroe Nacional
por debajo del poeta Rubén Darío cuya denominación
era de 500 y el del
dictador General
Anastasio Somoza García que era el de 1000 córdobas. Pasa
el período
somocista, a partir
de 1979 se establece el gobierno del partido Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN),
se dan grandes cambios de los billetes anteriores sólo quedan el
General
Estrada Vado y Rubén
Darío.
Cuando se da la devaluación
de la moneda el 14 de febrero de 1988, el billete con la efigie del
Héroe de
San Jacinto va aumentando hasta llegar a la cantidad de diez millones de
córdobas. En
el 2002 el Consejo
Directivo del Banco Central de Nicaragua resolvió que su efigie
en el billete
de la nueva denominación
de 500 córdobas. Para el año 1956 hubo una emisión
de estampillas
con motivo del Primer
Centenario de la Guerra Nacional; 2 estampillas fueron dedicadas al
General Estrada
Vado, el sello para el servicio de correos nacionales fue de cincuenta
centavos y
treinta centavos
para el correo aéreo. El año en esa ocasión llevó
el nombre del Héroe, plasmado
en todos los documentos
oficiales del gobierno, decretado por Somoza García (mediante el
Decreto Ejecutivo
No. 40) el 1 de enero de 1956, y publicado en La Gaceta, Diario Oficial,
No. 4
del 5 del mismo
mes y año.
Finalmente el 14
de septiembre de 1949 se inauguró un modesto muro que tiene en el
centro el
rostro del héroe,
esculpido en piedra. Está ubicado en la esquina sur de la Antigua
Catedral de
Managua y fue promovido
por la Unión Nacional de Acción Popular (UNAP). El 14 de
septiembre de 1959,
por iniciativa de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos,
se
inauguró
la estatua, obra de la escultora Edith Gron, ubicada al sureste del paseo
de la Laguna de
Tiscapa, en el paso
a desnivel de la Carretera a Masaya. Este monumento estuvo en abandono
y
fue restaurado por
la Alcaldía de Managua el año 2002. Cuando fue puesto tenía
una hermosa
presencia, ya que
la estatua era vista desde lejos viniendo de Masaya a Managua. Cuando se
construyó
el paso a desnivel en los años 80 hubo un gran cambio, en la actualidad
poco se ve el
monumento, está
rodeado de muchos árboles, el parque fue reducido y no hay estacionamiento.
En 1962 en la hacienda
San Jacinto se inauguró una estatua suya, obra de Fernando Saravia,
que
lo representa encima
de un pedestal que tiene bases escalonadas sosteniendo una espada en su
mano derecha y la
Bandera de Nicaragua en la izquierda.
General José
Dolores Estrada |
|
MOVIMIENTO EVOLVENTE
Jorge Eduardo Arellano
en su Historia Básica de Nicaragua, vilume 2, sostiene en torno
a la Batalla de San Jacinto:
"En términos
militares, la Batalla de San Jacinto consistió en un ataque de penetración
de los filibusteros --al mando de Byron Cole, firmante del contrato que
trajo a Walker y su falange de mercenarios-- sin tratar de envolver ni
rebasar al contrario, que sólo resistían.
El ataque tuvo dos
momentos: el primero de tanteo, por las tres columnas --dirigidas por O'Neill,
Watkins y Milligan-- y luego de esfuerzo por el punto vulnerable: la trinchera
del lado izquierdo de los defensores. Estos se organizaron tambien en tres
grupos, aprovechando las características del sitio, rechazando tres
veces la embestida; pero, penetrados en el cuarto asalto, Estrada concibió
un efectivo movimiento envolvente enviando a Cisne, Siero y Fonseca con
17 hombres, detrás de la Casa Hacienda, para atacar sorpresivamente
por el Este".
El mismo Walker reconocería
después que la retirada de sus compinches fue irregular y desordenada
al ser derrotados en San Jacinto, lo cual permitió, inclusive, que
fuese capturado en la Hacienda San Ildefonso y colgado de un árbol
Byron role, el jefe de la agrupación armada de los filibusteros
en la Batalla de San Jacinto, lo cual ocurrió un poco al norte de
la Hacienda San Jacinto según contaron los soldados que lo capturaron
mientras iba "en guinda", presuntamente buscando el norte.
Un informe escrito
en Rivas por Alejandro Eva, el 21 de agosto de 1889 y publicado en el Diario
Nicaragüense (Granada) el 14 de septiembre de 1890, dice textualmente
lo siguiente:
"En los primeros
días del mes de septiembre de 1856, una columna de 1.60 hombres,
pésimamente armados con fusiles antiguos de peine, hambrientos,
casi desnudos, al mando del coronel don José Dolores Estrada, ocupaban
la Hacienda San Jacinto, de don Miguel Bolaños, en el Departamento
de Granada, con objeto de proporcionarse víveres y descansar de
las fatigas de una ruda campaña.
Esta pequeña
fuerza estaba dividida en tres compañías ligeras comandadas
por los capitanes Cisne, Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés.
La casa de la hacienda
era grande, de tejas y con dos corredores, estaba ubicada en el centro
de un extensísimo llano, y solamente a retaguardia de la casa, como
a 100 varas. había un pequeño bosquecillo.
Inmediatamente se
puso la casa en estado de defensa, claraboyando las paredes del lado de
los corredores y con la madera de los dos corrales que se desbarataron
formamos un círculo de trincheras. Tres días después
de nuestra llegada, 60 jinetes yanquis de las mejores fuerzas del audaz
y el aventurero William Walker, se acercaron a practicar un reconocimiento
del cual resultó una pequeña escaramuza, en que murió
un cabo, Justo Rocha, de los nuestros y un filibustero, el mismo que mató
a éste, y que según confiesa Walker en su "Guerra en Nicaragua",
fue el capitán Jarvis.
Al amanecer del 14
de septiembre tomábamos un frugal desayuno, cuando Salmerón,
un espía nuestro, llegó a escape (corriendo) al campamento
participando que el enemigo, en número de 300 hombres, se aproximaba
por el sur.
En el acto el Coronel
Estrada dispuso que solamente quedase en el interior de la casa una escuadra
que comandaba el teniente Miguel Vélez, y que el resto de la tropa
ocupase la línea exterior. Se hizo así, y en esa disposición
esperamos, con orden de no hacer fuego sino hasta que los agresores estuviesen
a tiro de pistola.
A las 7:00 a.m.
divisamos al enemigo como a 2 mil varas de distancia; marchaba a discresión
y no traía cabalgaduras. Los jefes y oficiales vestían de
paisano: levita, pantalón, chaleco, y sombreros negros; algunos
portaban espada y revólver y otros rifles; y la tropa iba uniformada
con pantalón y camisa de lana negros, sombreros del mismo color
e iban atinados 'de rifles "sharp" y "negritos": hicieron alto a tiro de
fusil y se destacaron en tres columnas paralelas de 100 hombres cada una.
Cuando estuvieron a una distancia conveniente, rompimos el fuego. Al recibir
la descarga, en vez de vacilar se lanzaron impetuosamente sobre las trincheras:
una columna atacó de frente, otra por la izquierda y la última
por la derecha. Todas fueron rechazadas por tres veces; y hasta el cuarto
asalto no lograron apoderarse de la trinchera por el lado izquierdo, cuando
el valiente oficial Jarquín y toda la escuadra que defendía
ese punto tan importante, hacían un nutrido y certero fuego sobre
el resto de las líneas.
Cortados de esta
manera, teníamos que comunicarnos las órdenes a gritos. El
infrascrito, con los Tenientes don Miguel Vélez y don Adán
Solís, defendían el ala derecha; y yo como primer Teniente
recibí la orden de defender el punto, hasta morir, si era necesario.
Mis compañeros
se batían con admirable sangre fría.
Los yanquis multiplicaban
los asaltos pero tuvimos la fortuna de rechazarlos siempre.
Uno de ellos logró
subir a la trinchera y allí fue muerto -por el intrépido
oficial Solís.
Eran ya las 10:00
a.m. y el fuego seguía vivísimo.
Los americanos, desalentados
sin duda por lo infructuoso de sus ataques, se retiraron momentáneamente
y se unieron a las 3 columnas; pero pocos momentos después al grito
de !Hurra Walker; se lanzaron con ímpetu sobre el punto disputado.
Se trabo una lucha
terrible, se peleaba con ardor por ambas partes, cuerpo a cuerpo.
Desesperábamos
ya de vencer a aquellos hombres tenaces, cuando el grito de !Viva Martínez;,
dado por una voz muy conocida de nosotros, nos reanimó súbitamente.
El Coronel Estrada,
comprendiendo la gravedad de nuestra situación, mandó al
Capitán Bartolo Sandoval, nombrado ese egundo día, jefe en
el lugar del Teniente Coronel Patricio snteno, que procurase atacar a los
yanquis por la retaguardia.
Este bizarro militar
se puso a la cabeza de los valientes oficiales Siero y Estrada y 17 individuos
de la tropa, saltó la trinchera por detrás de la casa, logró
colocarse a retaguardia de los asaltantes; les hizo una descarga y lanzando
con su potente voz los gritos de !Viva Martínez; !Viva Nicaraguua
, cargo a la bayoneta con arrojo admirable.
Los bravos soldados
del bucanero del norte retrocedieron espantados y se pusieron en desordenada
fuga.
Nosotros, llevando
a la cabeza al intrépido Coronel Estrada, que montó el caballo
de Salmerón, único que había, perseguimos al enemigo
4 leguas hasta la Hacienda "San Ildefonso".
Allí mató
Salmerón con su cutacha al jefe de los americanos Coronel Byron
Cole y lo despojó de un rifle y dos pistolas.
Nuestra pequeña
fuerza tuvo 28 bajas entre muertes y heridos; entre los primeros figuraban
el Capitán don Francisco Sacasa yel Subteniente Jarquín,
y entre los últimos, el ahora Coronel don Carlos Alegría.
Ver la version de
Carlos Alegría
El
combate del 14 de Septiembre
Material enviado por el arquitecto Huáscar Pereira Alegría,
biznieto del que hizo este relato.
Relato y parte de guerra contada por el Mayor General Carlos Alegría.
Al amanecer del memorable 14, me encontraba convaleciendo en una casa
contigua a la hacienda; los gritos, las descargas, el correr de las bestias
y el llegar de los heridos y muertos, me hizo levantarme de la grave
postración, pero sólo llegué a San Jacinto a
lamentar tanto estrago dentro de mis compañeros y amigos.
Después de una hora de terrible y mortal lucha, cuando ya habían
caído muertos y heridos varios de nuestros principales oficiales,
que no se podía atravesar el patio ni salir de la casa sin caer
muerto por tener los filibusteros tomada la línea frente a
los corrales, se juntaron en la puerta norte del mismo corral, los capitanes
Liberato Cisne, Bartolomé Sandoval, teniente José Ciero,
Manuel Marenco, Miguel Vélez, Sargento Estanislao Morales,
Francisco López (segoviano) y el Cabo Rocha (Cabeza de Palo).
He aquí la discusión en la mortífera y terrible batalla,
junto allí dijo Cisne:
“Piquemos la retaguardia”. “Carguemos, contestó Bartolo”.
Y no ha dilatado mi relato por la corta distancia que mediaba por tener
los yankees la bayoneta de estos héroes sobre las espaldas.
Semejante audacia causó espanto a aquellos bucaneros, y corrieron
despavoridos sobre el abra donde pagaron con sus vidas semejante
atrevimiento.
Nos atacaron con un rigor desmedido por el flanco izquierdo, sureste del
corral de madera, en donde Managua el Mayor Francisco Sacasa y el
teniente Salvador Bolaños y allí estaba yo, junto con mi
grupo de granadinos, incluso Joaquín Castillo con managuas
y masayas.
AQUEL CASTRO QUE CAUSO ESTRAGOS
Según
cuenta, Castro fue un humilde soldado que antes y después
de la guerra de 1854 permaneció como “un ciudadano común
y corriente”, pero que en el momento preciso “asumió su responsabilidad
de defender a la Patria”.
“Es el modelo del nicaragüense que en un momento
determinado asumió su compromiso con la Patria y luego volvió
a
su vida normal”, dijo Guido, quien refirió que el Héroe de
San
Jacinto fue un obrero de oficios varios.
El Ejército de Nicaragua ha llamado a su Escuela Nacional
de Sargentos Andrés Castro, mientras que otro conocido instituto
de secundaria de Managua también lleva orgulloso el nombre del
humilde pero valiente Héroe Nacional.
Se peleaba casi cuerpo a cuerpo, porque faltaba parque y entonces
arrojábamos piedras pero el que hizo más estragos fue un
managua de apellido Castro, osado y fuerte, quien le lanzó
una piedra un poco más grande y pesada que una bola de billar
y la arrojó con todas sus ganas, lleno de un coraje extraordinario,
al yankee en el lado de la frente por la izquierda, de tal modo que el
filibustero quedó un instante a ahorcajadas, inclinado hacia atrás,
tambaleándose sobre la cerca de madera, cayendo inmediatamente después
moribundo dentro de la trinchera.
No se imagina, decía don Cayetano, que el entusiasmo fue tan grande
que reventó una gritería estrepitosa, pero como no había
parque, peleamos cuerpo a cuerpo y con piedras, yo mismo y compañeros
tiramos muchas como balas.
Sin embargo, los filibusteros avanzaban más y más porque
tenían todo en abundancia y por eso los nuestros comenzaban a buscar
refugio en la Casa Hacienda, siendo el 1ro. un oficial Zaragoza con los
suyos, después de estar firmes como una 2da. muralla detrás
de la trinchera.
Ese estado fue terrible, pues ya estaban algunos en los corredores de la
Casa-Hacienda y entonces el General Estrada, con un coraje muy grande,
gritó para sostener el punto a varios militares que ya estaban entre
la casa y el corral, entre ellos los capitanes Vélez, Solís
y otros para contener la embestida hasta morir como fue mandado.
Y así se hizo, dando nuevas órdenes inmediatas al mismo tiempo
para contra atacar por retaguardia o flanqueo a los filbusteros, saliendo
los nuestros por detrás de la Casa-Hacienda y dieron la vuelta
como guerrillas por un lugar montañoso que nos los vieron
hasta el momento de caerles encima a los atacantes, que sorprendidos
y cayendo por el empuje de los nuestros, se retiraron corriendo, desgranándose
como mazorcas, en momentos que ocurrió, como cosa inesperada, la
irrupción de unos potros y de unas yeguas, que corrieron estrepitosamente
sobre ellos.
Asustadas las bestias por tantos ruidos de tiros y de los gritos que oyeron,
quebraron piernas y brazos e hicieron huir, en una sola estampida, a los
demás que podían correr.
No había necesidad de este auxilio porque la victoria la teníamos
en la mano, pero como siempre se agradece a la providencia de Dios, que
quiso ahorrar sangre nicaragüense, tan sufrida.
COMBATIENTES DE SAN JACINTO
Dentro de los 160 hombres que dice José Dolores Estrada pelearon
en esta memorable acción, se recuerdan los siguientes:
(+) MUERTOS 1.- Mayor Francisco Sacasa — granadino
2.- Teniente Salvador Bolaños — masaya
3.- Sub-teniente Ignacio Jarquín — segoviano
4.- Sub-teniente Francisco López Blanco — managua
5.- Sub-teniente Dolores Chiquitín — diriomeño
6.- Sargento Francisco López Negro — managua
7.- Sargento Estanislao Morales — masaya
8.- Cabo Jerónimo Rocha (Cabeza de Palo) — managua
9.- Raso Florentín Ruiz — tipitapeño
10.- Sargento José Araya
HERIDOS
1.- Capitán Carlos Alegría — masaya (bisabuelo de quien nos
enviara esta
recopilación Arq. Huáscar Pereira Alegría)
2.- Capitán Francisco Avilés — managua
3.- Teniente Abelardo Vega — masaya
4.- Teniente Luciano Miranda — masaya
5.- Teniente José Ciero — masaya
6.- Teniente Manuel Marenco — masaya
7.- Sargento ANDRES CASTRO — managua
OTROS COMBATIENTES
1.- Tnte. Cnel. Patricio Centeno
2.- Cptán. Liberato Cisne
3.- Cptán. Francisco de Dios Avilés
4.- Cptán. Crescencio Urbina
5.- Cptán. Bartolo Sandoval
6.- Tnte. Adán Solís
7.- Tnte. Miguel Vélez
8.- Tnte. Alejandro Eva
9.- Tnte. José Luis Coronel
10.- Sbtnte. Juan Fonseca
11.- Sgto. Macedonio García
12.- Sgto. Vicente Vijil
13.- Sgto. Manuel Paredes
14.- Sgto. Francisco Espada
15.- Sgto. Catarino Rodríguez
16.- Sgto. Francisco Gómez
17.- Cabo Faustino Calderón
18.- Cabo Julián Artola
19.- Venancio Zaragoza
20.- Juan Espada
21.- Ceferino González
22.- Joaquín Castillo
23.- Juan (albañil)
24.- Trinidad Cubero
25.- Basilio Lezama
26.- Catarino Pavón
27.- Cayetano Bravo (Ochomogo)
28.- Desiderio (sastre)
29.- Adán Urbina
30.- Espiridión Galeano
Mucho debe la nación a todos aquellos valientes patriotas que duermen
en sus tumbas al contorno de San Jacinto, el sueño eterno
del olvido y que sólo la Patria y este compañero los recuerda.
Abandonaron sus lugares para exponerse siempre a los peligros, haciendo
lujo de las intemperies, expusieron sus vidas en ofrendas a las libertades
conculcadas y por salvar a su Patria que se hallaba enteramente en poder
del filibustero. La hubieran dado cuantas veces se las hubieran pedido.
Son los únicos que pueden llevar en altos pedestales el nombre de
héroes, porque también son los únicos que han luchado
cuerpo a cuerpo con la mortífera arma de presión civilizada.
Son los primeros en América del Centro que como David han triunfado
hasta con las piedras.
Mayor General — Carlos Alegría (14 de septiembre de 1886)
A treinta años de San Jacinto
¡¡¡Viva Nicaragua!!!
¡¡¡Viva la Patria!!!
16
de Septiembre de 2000 | El Nuevo Diario |
Los filibusteros
perdieron al Coronel Cole, al mayor cuyo apellido no recuerdo y que era
el segundo jefe y 35 muertos mas, 18 prisieros, contándose entre
ellos el cirujano y muchos heridos que después hallaron muertos
en los campos inmediatos.
Tal fue el memorable
combate que abatió a los invasores y despertó loco entusiasmo
en el ejército que defendía la Independencia de Centroamérica.
Rivas, agosto 21, 1889. Alejandro Vega".
En la Historia escrita
por Gratus Halftermeyer confirma, según su investigación,
que los filibusteros yanquis eran 300 mientras los combatientes nicaragüenses
apenas ascendían a 160, incluido su jefe José Dolores Estrada.
El libro de Halftermeyer
describe, de acuerdo con el informe oficial de José Dolores Estrada,
que los 160 hombres se dividieron en tres compañías: una
al mando del Capitán Liberato Cisne, una segunda al mando del Capitán
Francisco Sacasa y la tercera jefeada por Francisco Dios Avilés.
Con alguna amplitud
de detalles, la Historia de Halftermeyer confirma también que el
Coronel Estrada ordenó fortificar apresuradamnte la casa Hacienda
San Jacinto, propiedad de Miguel Bolaños, con piedras sueltas acomodadas
unas sobre otras. estas piedras eran abundantes en los alrededores de la
casa Hacienda por las cercanías inmediatas del Cerro San Jacinto,
en el cual se inicia la Meseta de Estrada, la cual fue llamada "Totumbla"
hasta un poco después de 1,960.
Se señala
que la noche anterior al ataque sorpresivo de los filibusteros, dirigidos
en ese sitio por Byron Cole, el Coronel mostrada envió como espía
al soldado Faustino Salmerón, quien, por supuesto buscó
la parte más alt-a del Cerro San Jacinto para cumplir con esa misión.
Desde la cúspide
este Cerro San Jacinto uno puede ver lo que se mueve hacia el Sur, el oeste
y Noroeste, porque por el Este era imposible llegar hasta la Hacienda San
Jacinto, a menos que los filibusteros llegaran subiendo los Cerros.
La tropa de 160 hombres
patriotas, mal vestidos, casi descalzos, habrientos, con armas de pésima
calidad, sin un entrenamiento realmente profesional, “pero aún
con el corazon lleno de patriotismo", según escribiría después
José Dolores Estrada, estaban alertas a la orilla y encima de las
trincheras improvisadas e ingiriendo un desayuno sencillo a las siete de
la mañana...
De repente vieron
que Faustino Salmerón salía sofocado de entre
bosque de las orilla
del Cerro San Jacinto. "Ahí vienen los
enemigos", comunicó
a José Dolores Estrada y a toda la tropa,
virtualmente fatigada
por los trabajos de fortificación en la casa hacienda y porque tenían
ya varios días de no dormir, desde que fueron movilizados del Regimiento
de Matagalpa hacia Managua.
Sigilosaínente
se movieron hacia sitios por donde podían ver el acercamiento de
los filibusteros asaltantes, enviados diabólicos de los capitalistas
esclavistas del sur de Estados Unidos, cuyo gobierno les daba pleno apoyo
diplomático, económico y militar. Vieron a los filibusteros
cuando estaban "a unas dos mil varas al sur" en el amplio valle, que se
extiende hacia el Oeste y Noroeste a partir del comienzo de la Meseta de
Estrada, cuya edificación geológica describe una especie
de serpiente estacionaria hacia de sur a norte.
El momento ansiosa
y nerviosamente esperado habla llegado. Era un momento patrio decisivo
en la Guerra Nacional contra la pandilla de asesinos filibusteros llegados
de entre los blancos, rubios y odiosos esclavistas del sur de Estados Unidos,
cuyos gobernante ya para entonces desplegaban bandas de criminales para
apoderarse de territorios ajenos como los centroamericanos. Estrada no
vaciló en desplegar a tres compañías de combatientes
en el centro, al lado izquierdo y por el lado derecho, más un grupo
ubicado dentro de la Casa Hacienda, todos con órdenes de combatir
hasta morir defendiendo cada punto asignado en torno a la pequeña
casa, la cual se supone estaba rodeada de chilamates, genízaros
y matorrales.
José Dolores
Estrada tenía 60 años. El mismo escribió posteriormente
que no era un militar de carrera, "no he estudiado el arte militar", pero
que llevaba dentro un ardiente patriotismo
ardor por la defensa
de la patria ante la "amenaza rubia arrogante" y que la edad no era impedimento
para tomar las armas en esa defensa patriótica, comportamiento humano
crucial de Estrada en ese combate memorable, pues sus mismos soldados relataron
posteriormente que en medio del peligro personalmente Estrada estaba combatiendo
y animando a los soldados a luchar, morir si era preciso y con la decison
de vencer a los enemigos no importando que fueran mucho más
que ellos ni las mejores armas de fuego de los filibusteros yanquis.
Eso convencimiento
patriótico, más la astucia militar, el sentido común
de Estrada, fueron decisivos en la victoria de esta memorable Batalla de
San Jacinto, registrada en la Historia Universal como una hazaña
y el ejemplo de valientes decididos a vencer a los enemigos por muy fuertes
que éstos la sean.
La astucia de Estrada
se puso a prueba cuando en medio del peligro mortal inmnente manda
a un grupo de jefes y 17soldados jefeados por Bartolo Sandoval, para que
sorprendan sigilosamente a los filibusteros por la retaguardia. Este ataque
sorpresivo a los yanquis arrogantes, les produjo desconcierto total, pánico,
descontrol absoluto, al extremo de que salieron huyendo hacia el sur, es
decir, por donde habían llegado con la creencia de que se "comerían
vivos." a los soldados descalzos, semidesnudos y habrientos del Ejército
Nacional.
En informes de los
mismos soldados, escritos después de la Batalla, algunos de los
soldados sobrevivientes señalan que este ataque sorpresivo por la
retaguardia de los filibusteros, fue tan explosivo y escandaloso, que provocó
una estampida de caballos, que supuestamente estaban amarrados entre los
matorrales y árboles del norte de la Casa Hacienda San Jacinto.
Este tropel de numerosos
caballos, aparentemente, hizo creer a los filibusteros, que además
del fulminante ataque a balazos y cuhilladas por la retaguardia, se acercaba
un supuesto refuerzo militar por ese lado de la Casa Hacienda San jacinto,
sitio bastante solitario en esa época, sólo lleno del ganado
de Miguel Bolaños.
Los informes añaden
que el mismo Faustino Salmerón, el espía, fue quien dio alcance
al coronel yanqui Byron Cole, lo capture, le colocó una soga al
cuello y lo colgó de un árbol con la ayuda de varios compañeros,
cuando ya se acercaban a la Hacienda San Ildefonso.
Otros relatos indican
que Salmerón mató a Cole con los filazos de una cutacha.
Lo confirmado es que Salmerón tuvo el honor de matar a este jefe
de banda de asesinos filibustéros estadounidenses.
Esto ocurrió
cuando los filibusteros huían despavoridos por el amplio llano ya
mencionado, donde dejaron regados muertos, heridos y capturados, según
el informe del Coronel José Dolores Estrada.
En su informe oficial,
Estrada hace mención de la acción heroica de Andrés
Castro Estrada, quien ante la falta de municiones tomó una piedra
y la estampó en la cabeza de uno de los yanquis cuando este intentaba
cruzar la hilera de piedras de la trinchera improvisada.
Andrés Castro,
todos estos soldados y oficiales, especialmente José Dolores Estrada,
se llenaron de gloria para siempre, porque no vacilaron en defender la
patria en peligro por la invasión filibustera.
Más adelante
me voy a referir a otros detalles de Andrés Castro y José
Dolores Estrada.
En este librito hemos
colocado dos informes breves, uno de Estrada y otro de Alejandro
Eva, los cuales describen lo qué pasó en esta célebre
Batalla de San Jacinto, las cuales publicamos aquí porque son parte
de la Historia más importante de Tipitapa. Me limito ahora a colocar
nombres de algunos de los combatientes mencionados en los informes oficiales,
pues al parecer nunca se elaboró una lista completa de los 160 combatientes
de Batalla menorable de la nación nicaragüense, la cual puso
a prueba su patriotismo en esos fatídicos días de 1856.
Combatientes rasos:
Basilio Lezama,
Espirión Galeano.
Cabos:
Julián Artola
y Faustino Salmerón (el espía, el matador de Byron Cole).
Sargentos Primeros:
Andrés Castro
Estrada, Macedonio García, Francisco Estrada, Vicente Vigil, Francisco
Gómez (quien murió de fatiga cuando corrian a pie en persecusión
de los filibusteros yanquis).
Oficiales sin especificación
de grados:
Ignacio Jarquin
(muerto en la memorable Batalla), Salvador Bolaños, Venancio Saragoza,
Abelardo Vega, Carlos Alegría y Juan Estrada.
Subtenientes:
Juan Fonseca.
Tenientes:
Miguel Vélez,
Adán Solís, Alejandro Eva (escritor de uno de los informes
sobre la Batalla), Manuel Marenco y José Siero.
Capitanes:
Liberato Cisne,
Bartolo Sandoval (jefe del ataque por la retaguardia de los filibusteros),
Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés.
Teniente Coronel
Patricio Centeno, uno de los jefes de la Batalla de San Jacinto. Era como
el segundo al mando de José Dolores Estrada.
Y el propio José
Dolores Estrada, quien después fue ascendido a General, jefe del
Ejército y declarado Héroe Nacional de la patria que defendió
sin vacilar.
Tanto Halftermeyer
como Francisco Ortega Arancibia, autor de Historia de Nicaragua, describen
que esos días de 1856 las Haciendas y negocios más conocidos
de Tipitapa, eran, entre otras y otros: Zapotal, Sucesión Cabrera,
San Cristóbal, Las Mercedes. Testamentaría de don Tomás
Wheelock, El Rodeo, EI Hotelito, La Calera, Los Tercios, San Juan,
San Roque, Pacora y San Jacinto, esta última de Miguel Bolaños.
¿Dóndo
quedó enterrado Andrés Castro Estrada?
Muy poco se escribió
sobre estos Héroes de San Jacinto. En el caso de Andrés Castro
Estrada se conoce que tenía 24 años cuandocombatió
en San Jacinto.
.
Castro Estrada era
trigueño, bajo, delgado y agricultor. Sus padres, presuntamente
originarios de Tipitapa, eran: Regino Castro y Javiera Estrada, cuyo destino
no se conoce para nada porque casi nada se escribió sobre ellos.
En una revista leí
hace tiempo que Regino Estrada se casó con una joven de Tipitapa
llamada Gertrudis Pérez, con quien tuvo una hija llamada Anástasia
la cual presuntamente se fue a Costa Rica, de donde nunca retornó.
En el caso del propio
Andrés Castro Estrada se ha dicho que murió asesinado en
una cantina de Tipitapa. Presuntamente lo mataron por asuntos pasionales,
lo cual no es confirmado.
Anduve buscando rastros
de sus restos en el Cementerio local de Tipitapa, donde no encontré
nada. Tampoco nadie me dio razón de si aparece o no en los registros
de los muertos de Tipitapa.
Terminada la Guerra
Nacional, José Dolores Estrada volvió a su tierra natal,
Nandaime, donde se dedicó a cultivar la tierra, de la cual había
salido para convertirse en combatiente por la defensa de la patria. Murió
cubierto de gloria. En su caso, sí se supo donde fue
sepultado con honores civiles y militares.
Posteriormente, sus
restos fueron colocados en una cripta de la antigua Catedral de Managua,
de donde fueron trasladados en 1999 a la Iglesia de Nandaime, Municipio
de Granada.
Sin embargo, algunos
ancianos de Ticuantepe asegura que José Dolores Estrada murió
abandonado y que su cadáver presuntamente fue enterrado en el cementerio
de La Borgoña, lo cual, por supuesto, no es comprobado.
Se conoce que en
la época del gobierno liberal de José Santos Zelaya se desbarató
el puente de madera ya mencionado, para cruzar el Río Tipitapa,
se y mandó a construir el actual de estructura de metal.
Este puente fue construido
sobre basamentos de piedra cantera muy gruesa, en los extremos, mientras
las piezas de metal permanecen aseguradas con pernos metálicos muy
gruesos.
Por decenas de años,
los pobladores de Tipitapa y de fuera han llamado a este paso metálico
"puente del diablo", desconociéndose por qué motivos le pusieron
ese apodo peligroso.
Tipitapa en el Siglo
20
Sin embargo, sobre
Tipitapa prácticamente se sabe muy poco desde aquellos sucesos de
1856.
No se conoce, por
ejemplo, cómo se fue desarrollando el poblado, pero los hombres
y mujeres de más de 70 años, todavía vivos, sostienen
que productores y pobladores de Estelí, Matagalpa, Sébaco,
Chontales y Boaco, con habitantes de Managua, Masaya y Granada.
Estos productores
del norte y oriente, por ejemplo, venían en carretas, mulas, en
caballos y a pie hasta Tipitapa, trayendo consigo frijoles, maíz,
trigo, cerdos, ganado, gallinas, gallos, animales silvestres como cusucos,
venados,, cueros de tigres y de venados, todo lo cual era vendido en las
tiendonas de los terratenientes y comerciantes conservadores y liberales
en Tipitapa.
/ 27 DE SEPTIEMBRE 2000 |
Mario
José Moncada / La Noticia
Localizan Restos de Héroe de San Jacinto
Tumba de Andrés Castro se Encuentra Abandonada en Cementerio de
Tipitapa
La tumba que guarda los restos de Andrés Castro, Héroe de
la Batalla de San Jacinto, fue localizada en el Cementerio Municipal
de Tipitapa. Para rendirle el verdadero homenaje que se merece, los restos
serán traslados precisamente a la histórica hacienda donde
defendió la Soberanía Nacional en 1856. El director
del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), Clemente Guido, confirmó
que gracias al apoyo de un nieto de Castro, se conoció el lugar
exacto de la tumba, hasta ahora sumida en el olvido. “Mucho se habla
de Andrés Castro en cada celebración de las Fiestas
Patrias, pero la pregunta que se hacía es cuántas flores
se le pone a su tumba y donde estaba esa”, comentó. La respuesta,
dijo Guido, la dio recientemente un nieto del humilde nicaragüense
de San Jacinto que, al ver que la libertad e independencia de Nicaragua
estaba amenazada por los filibusteros norteamericanos, decidió
en un momento dado cumplir con su deber de defender a la Patria.
Poco después de las recién concluidas Fiestas Patrias un
pariente de Andrés Castro le informó a las autoridades del
INC que la tumba del conocido héroe que derrotó a un filibustero
con una pedrada, “se encuentra abandonada y en el olvido en el cementerio
de Tipitapa, sin haber recibido siquiera una flor en estas festividades
cívicas”, dijo Guido.
“Entonces
el nieto del Héroe nos indicó el lugar exacto de su tumba
y lo que estamos planeando es trasladar sus restos, a más tardar
en tres meses, a un lugar especial en la Hacienda San Jacinto”, aseguró.
Los restos tienen más de 100 años, por lo que quizás
no estén bien conservados. Por lo tanto, lo mejor será cremarlos
para luego depositar las cenizas en una urna especial, explicó Guido.
El traslado se realizará con el apoyo del Ejército de Nicaragua,
la Alcaldía de Tipitapa y el INC, a más tardar en diciembre
próximo. “Queremos terminar esa gran tarea antes que finalice
el año para que en las próximas Fiestas Patrias al hablar
de Andrés Castro hablemos con propiedad”, indicó el Director
de Cultura.
30 DE AGOSTO DEL 2000 / La Prensa
Batalla
de San Jacinto, una lección que no debemos olvidar
Aunque todos los años se habla de lo mismo, aún así
existen muchos estudiantes que desconocen la historia de este hecho heroico
Aproximadamente
300 filibusteros atacaron la Casa Hacienda San Jacinto donde se encontraban
estos valientes. Estrada dispuso que sólo una escuadra se quedara
dentro y el resto de la tropa cubriera la línea exterior con orden
de no abrir fuego hasta que los agresores estuvieran a tiro de pistola
Durante
esta avanzada de los filibusteros, Andrés Castro, sin tiempo para
cargar su fusil de chispa, ve a un filibustero saltar la trinchera, toma
una piedra y lo derriba, impidiendo que el enemigo aniquile al resto
Hilda
Rosa Maradiaga C.
Aunque todos los años se habla de lo mismo, aún así
existen muchos estudiantes que desconocen el porqué de la trascendencia
de la Batalla de San Jacinto.
Consultados
algunos en años anteriores, han llegado a señalar que en
la hacienda San Jacinto pelearon los sandinistas contra los filibusteros;
que Andrés Castro era un guerrillero sandinista y otras incongruencias
históricas.
A continuación
la sección Revista publica una serie de notas sobre los acontecimientos
independentistas para utilidad didáctica.
BATALLA
DE SAN JACINTO
Según
Orient Bolívar, en su obra “La Batalla de San Jacinto”, en los primeros
días de septiembre de 1856 una columna de 160 hombres pésimamente
armados de fusiles antiguos de peine, hambrientos, casi desnudos y al mando
del Coronel José Dolores Estrada, empezaron a escribir una de las
más inolvidables páginas de nuestra historia.
Señala
que aproximadamente 300 filibusteros atacaron la Casa Hacienda San Jacinto
donde se encontraban estos valientes. Estrada dispuso que sólo una
escuadra se quedara dentro y el resto de la tropa cubriera la línea
exterior con orden de no abrir fuego hasta que los agresores estuvieran
a tiro de pistola.
A pesar
de las enormes diferencias en tamaño y equipamiento, la tropa de
Estrada logró repeler a los filibusteros y hacerles bajas sensibles,
indica.
Agrega
que después de esta batalla, Walker ordena que lo mejor de su tropa
marche a San Jacinto. Y desfilan más de 200 rifleros al mando de
Byron Cole, oficial de más alta jerarquía después
de Walker.
Los
filibusteros se aproximan a San Jacinto al rayar el alba del 14 de septiembre
de 1856, con fiero ánimo de aniquilar a los patriotas. El fuego
empezó poco después de las 7:00 a.m.
“Los
patriotas logran hacer considerables bajas a los filibusteros, pero éstos,
en lugar de huir avanzaban determinados a vencer. Sin embargo, los patriotas
habían jurado defender sus posiciones con la propia vida y abandonarlas
hasta morir”, señala.
Durante
esta avanzada de los filibusteros, Andrés Castro, sin tiempo para
cargar su fusil de chispa, ve a un filibustero saltar la trinchera, toma
una piedra y lo derriba, impidiendo que el enemigo aniquile al resto.
Mientras
la batalla se desarrolla, incluso cuerpo a cuerpo, una escuadra avanza
hacia la retaguardia de los filibusteros y empieza a atacar.
Desconcertados,
bajo fuego de todos lados, los invasores huyen despavoridos. Algunos valientes
los siguen en las bestias que dejaron abandonadas y hacen más bajas,
alzándose victoriosos, y mostrando a los invasores la determinación
de defender la soberanía y nacionalismo nicaragüense, concluye.
17
de Septiembre de 2001 | El Nuevo Diario—Edwin Sánchez—
Los
desconocidos de San Jacinto
El
General Andrés Zamora posee un nombre que nadie lo liga a nada en
especial. Pero él fue uno de los grandes de la Batalla de San Jacinto.
Falleció
a los 55 años, el 29 de agosto de 1887, dos años después
de haber participado en la batalla de Santo Domingo, como segundo al mando
de las tropas enviadas por el Presidente Adán Cárdenas para
combatir las tropas del General Justo Rufino Barrios.
El
registro de defunción está en el libro 0003, página
95, partida 359, en los archivos de la alcaldía de Managua. La noticia
de su muerte, junto con la del General Francisco de Dios Avilés
Reñazco, apareció en la Gaceta oficial número 39 del
miércoles 31 de agosto de 1887 en la página 436.
Ambos
son héroes de San Jacinto y la gran coincidencia es que fallecieron
en el mismo mes y año, y no sólo eso: están enterrados
frente a frente en el Cementerio de San Pedro.
Unos
vándalos le quebraron la cabeza al busto y hoy se desconoce quiénes
son sus descendientes. Sí se sabe que fue casado con doña
Juliana Arróliga. El 10 de octubre de 1888, Nicolás Zamora
pidió certificado de defunción.
En
General Francisco de Dios Avilés Reñazco, hijo de don Francisco
Avilés y doña Roy Reñazco, ostentaba el grado de capitán
de San Jacinto. Era el jefe de la escuadra de reserva. Casi todos sus miembros
resultaron muertos y heridos, incluyendo a él, que quedó
renco.
Llegó
a ser senador de la República, Prefecto y Alcalde de Managua. También
fue jefe del Cuartel Principal Militar de Managua.
Por
delegación del Presidente Adán Cárdenas, el 29 de
agosto de 1883, puso el primer clavo al primer riel de la vía ferroviaria
de Managua a Granada, y fue conocido popularmente, cuenta Roberto Sánchez,
como Don Chico del Palo.
Falleció
a los 57 años, el 31 de agosto de 1887. Fue casado con doña
Salvadora Santamaría. Una de sus hijas, Dolores Avilés se
casó con don Rafael Rivas, entre sus descendientes están
las familias Córdoba Rivas, Frixione, Díaz Lacayo, etc.
Su
registro de defunción está en el libro 0003, página
95, partida 361 y lo asentó su hijo político, Daniel Frixione.
El
General Miguel Vélez falleció a los 72 años, el 31
de julio de 1898. Fue casado con doña Juana Avilés. Su registro
de defunción está en el libro 0008, página 13, partida
048.
RESTOS
PERDIDOS
El
General Vicente Vijil Bermúdez era sargento primero cuando la batalla
de San Jacinto. Falleció a los 70 años, el 15 de mayo de
1899. Se ignora dónde están sus restos y descendientes.
El
General Florencio Xatruch, originario de Honduras, fue general en jefe
de los ejércitos aliados de Centroamérica en la guerra contra
Walker. Combatió junto con el General Francisco Morazán.
Se quedó en Nicaragua y dirigió la construcción de
caminos.
Falleció
a los 82 años, el 15 de febrero de 1893. El Congreso Nacional por
decreto del 24 de febrero de 1843 ordenó poner en su tumba una placa:
"Nicaragua al hondureño de origen y nicaragüense por adopción,
Gral. don Florencia Xatruch, testimonio de admiración y gratitud
por los servicios prestados a la patria".
Debido
a que su apellido era de difícil pronunciación, dio lugar
a que cuando se referían a él le dijeran "catrú" lo
que luego pasó a denominar a cualquier hondureño hasta quedar
en el término actual de "catracho".
Tanto
la placa como la tumba se perdieron.
...
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