MUSEO DE SAN JACINTO 
TIPITAPA, NICARAGUA
El Museo de San Jacinto le invita 
a nuestra nueva página sobre La Independencia !!!
visite Tipitapa    los Termales de Tipitapa 



 

Ubicación: 
Kilómetro 391/2 carretera norte, Managua, mano derecha, de aquí para allá, se dobla y tres kilómetros adentro llegás a la Hacienda San Jacinto

Horario de atención: 
Martes a Domingo: 
de 8 AM a 4 PM


 

El Sitio Museo Hacienda San Jacinto.
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En cada lugar...algo especial...Colecciones www.manfut.org
Batalla de San  Jacinto


 
 


 
 


Monumento a la batalla de San Jacinto (1856)

        Una Nicaragua de hace 147 años. 
 Museo 
Casa  Hacienda San  Jacinto

El Museo San Jacinto

Aquí en esta casa entejada sobre la caña de Castilla, tres corredores y  amplios y altos adobes, con sus corrales de piedra, la madrugada del 14 de septiembre de 1856, unos cuantos soldados patriotas derrotaron a las fuerzas filibusteras. Gesta de unos cuantos campistos con unos riflitos. El General José Dolores Estrada dirigió la batalla desde su taburete de cuero crudo.  Y Andrés Castro ante la falta de municiones derribó de una pedrada a un filibustero. El estallido de la polvora arrió la caballería que pastaba la cual se desbocó y relinchando hizo creer a los invasores que se trataba de un numeroso ejército nacional.  Miles de estudiantes visitan anualmente  en el mes de Septiembre este Museo Historico.

La hacienda cuenta con dos vigilantes, tres guías, 10 en Septiembre y una conserje, quienes atienden a un promedio de 5,000  personas semanalmente en el mes de Septiembre, y unos 50 en otros meses


 

"La religión de nuestras instituciones y del honor y bienestar de nuestras familias. Por desgracia carezco de conocimientos en el arte de la guerra; pero tengo un corazón que es todo de mi patria, y resuelto estoy a sacrificarle en sus sacrosantas aras. 

En los riesgos y penalidades de la guerra, siempre estará con vosotros y por vosotros vuestro compafiero y amigo".

José Dolores Estrada

Comandante de la Fuerza Espedicionaria".

                                     Monumento de José Dolores Estrada 
Managua


 
Con esta carta, José Dolores Estrada quedó estampado en la Historia de Nicaragua como el antecesor glorioso de Benjamín Zeledón Rodríguez y de Augusto César Sandino, los tres combatiendo al mismo enemigo yanqui en tres épocas distintas y por las mismas causas.

Hago esta explicación amplia, porque debido a este acontecimiento histórico de la Guerra Nacional, en el país el nombre de Tipitapa vuelve a ser sonado en la Historia de Nicaragua. Los filibusteros estaban causando pánico y tropelías en distintos puntos de Nicaragua, especialmente en Granada, Rivas, Masaya y la misma Managua.

Al comprobar y convencerse de los planes de conquista de los filibusteros, los "democráticos" (liberales) rectifican, se produce el 12 de septiembre de 1856 el "Pacto de los Partidos", es decir, entre "legitismistas" y "democráticos", para combatir y expulsar a los filibusteros del territorio nacional. El resto de países centroamericanos ven también el peligro y  deciden, igualmente, lanzarse al combate  frontal para expulsar
a los filibusteros.

Filibusteros en Tipitapa
Con descaro singular, William Walker hizo su plan de elecciones,  Se autonombró Presidente de Nicaragua y de El Salvador y de paso destituyó paso "destituyó" al presidente nicaragüense Patricio Rivas
Así estaba el polvorín político nacional, cuando el 13 de septiembre de 1856, en la noche, un grupo de casi 300 hombres, bien armados, al mando de Byron Cole, jefe militar filibustero, regodeaban sigilosa y clandestinamente en los alrededores de la Tipitapa de fincas ganaderas y un caserío de campesinos trabajadores de los finqueros- propietarios, entre ellos don Miguel Bolaños, propietario de la Hacienda San Jacinto. Enterados de la presencia de los filibusteros en Managua, el mando militar supremo de los "legitimistas" y "democráticos" habían tomado la decisión de movilizar al entonces coronel José Dolores Estrada desde el Regimiento Militar de Matagalpa hacia la Hacienda San Jacinto.

Según entendidos en artes militares, ese movimiento militar se había hecho en prevención de que los filibusteros podían tomar ese rumbo hacia Matagalpa o Estelí y se pretendía detenerlos en ese sector situado geográficamente al norte de Managua y de la misma Tipitapa, al pie Oeste del Cerro San Jacinto, el cual es como el inicio de la Meseta de Estrada, donde están también ubicadas las Mesas de Acicaya, hacia el norte, por donde es hoy la Comarca de Las Maderas.

Hay algunos autores que aseguran que José Dolores Estrada había recibido la orden de ofrecer combate a los filibusteros sólo si era irremediable

San Jacinto era una de las Haciendas ganaderas más conocidas del sector de Tipitapa. Esta Hacienda está situada en un sector plano, en un llano amplio, entre en el Cerro de San Jacinto y el Lago de Managua.

Al llegar a ella, Estrada en forma precipitada ordenó atrincheramiento con piedras alrededor de la Casa-Hacienda, entonces rodeada de bosquecitos en el llano o valle Oeste y Suroeste del Cerro San Jacinto.

En este sector abundaban (y abundan) las piedras lisas de todo tamaño, parecidas a las de ríos, por la cercanía inmediata al Cerro San Jacinto, donde hay por miles o millones en sus faldas de los cuatro costados.

Terminada esta Batalla, de trascendencia histórica nacional y centroamericana, José Dolores Estrada escribió un informe breve dirigido a su jefe superior, Fernando Chamorro:

"Antes de rayar el alba se me presentó el enemigo, no ya como el 5 memorable, sino en número de más de 200 hombres, y con las prevenciones para darme esforzado y decisivo ataque. En efecto, empeñaron todas sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo tiempo, guerrillas que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar el punto del corral que cubría nuestro flanco, nerced a la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarquín, que supo sostener su puesto con honor hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el enemigo. Esta pérdida nos produjo  otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en blanco, por la superioridad del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacía fuegos en firme y sostenido, pero observando ésto y lo imposible que se hacía recobrar el punto perdido, atacándolo de frente, porque no había guerrilla que pudiera  penetrar en tal multitud de balas, ordené que el capitán graduado, don Liberato Cisne, con el teniente José Ciero, subteniente don Juan Fonseca y sus escuadras, salieran a flanquearlos por la izquierda, como acostumbrados y valientes, les hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo que despavorido y lleno de terror, salió en carrera, después de 4 horas de fuego vivo y tan reñido, que ha hecho resaltar el valor y denuedo de nuestros oficiales y soldados que nada han dejado de desear. 

Busto a José Dolores Estrada en 2002, 14 de Sept.
A la sombra del humo hicieron su fuga que se les hizo más veloz el siempre distinguido capitán don Bartolomé Sandoval , que con el recomendable don Miguel Vélez y otros infantes, los persiguieron montados en las mismas bestias que les habían avanzado, hasta aquel lado de San Idelfonso, mas de cuatro leguas distantes de este cantón. En el camino se les hicieron nueve muertos, fuera de diez y ocho que aquí dejaron, de suerte que la  pérdida de ellos ha sido de 27 muertos, fuera de heridos, según las huellas de sangre que por varias direcciones se han observado.

Se les tomaron, además, 20 bestias, entre ellas algunas bien aperadas, y otras muertas que quedaron; 25 pistolas de cilindro y hasta ahora se han recogido 32 rifles, 47 paradas, fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios papeles que se remiten. En la lista que le incluyo, constan los muertos y heridos que tuvimos, sobre lo que daré un parte circunstanciado cuando mejor se haya registrado el campo. Sin embargo, de la recomendación general que todos merecen, debo hacer especialmente del Capitán graduado don Liberato Cisne, Teniente José Ciero, la de don Miguel Vélez, don Alejandro Eva, don Adán Solís y don Manuel Marenco, que aún después de herido , permaneció en su punto, sosteniéndolo;  y  la del Subteniente don Juan Fonseca y Sargentos primeros Macedonio García, Francisco Estrada, Vicente Vijil, Catarino Rodríguez y Manuel Paredes, Cabos Primeros, Julián Artola y Faustino Salmerón, y soldados Basilio Lezama y Espidión Galeano.

Se hizo igualmente muy recomendable el muy valiente Sargento Primero Andrés Castro, quien por faltarle fuego a su carabina, botó a pedradas a un americano que de atrevido se saltó la trinchera para recibir su muerte.

Yo me congratulo al participar al Sr. General, el triunfo adquirido este día sobre los aventureros  y felicito por su medio al Supremo Gobierno por el nuevo lustre de sus armas triunfadoras, 

J.D. Estrada".



De la obra Tomo II del Dr. Carlos A Gómez de uno de sus apéndices de XII narrativas. Copy Right US
Congress Library X
LA ULTIMA PROCLAMA MILITAR 
DEL GENERAL
JOSE DOLORES ESTRADA

El 14 de Septiembre de 1856, el Coronel José Dolores Estrada, al mando de tropas Nicaragüenses acantonadas en la Hacienda San Jacinto (Tipitapa), le propinaron una derrota militar de alguna consideración a las tropas filibusteros de William Walker, al mando del
yanqui Byron Cole. Desde entonces, la heroica acción militar del Coronel Estrada le valió la
simpatía y veneración Patriótica de los nicaragüenses. Concluida la guerra Nacional contra
Walker, el Coronel se retiró a trabajar en la agricultura

Sin embargo, trece años después de la Batalla de San Jacinto, el ahora General José Dolores Estrada, tendría que asumir nuevamente la Jefatura de un Ejército Nicaragüense, para atender el llamado que le formuló el Presidente Constitucional de Nicaragua, Don Fernando
Guzmán (1867-1870), para enfrentar un alzamiento militar contra el orden Constitucional, liderado nada menos que por sus dos antiguos compañeros de armas en la lucha contra Walker: El General Tomás Martínez y el General Máximo Jerez.
Por increíble que parezca, Martínez y Jerez, artífices y miembros plenos de la Junta de Gobierno
que le dio a Nicaragua la paz y estabilidad política que necesitaba después de la Guerra
Centroamericana contra Walker, y que inauguró los llamados “30 años de Gobierno
Conservador” (1859-1889); y Martínez, dos veces Presidente Constitucional de Nicaragua entre
1859 y 1866; se unieron para derrocar militarmente al Presidente Guzmán, iniciando la
“revolución” el 26 de Junio de 1869.

 


La causa que motivó este alzamiento es oscura, dado que el régimen político y la Presidencia de Guzmán estaban totalmente ajustados a Derecho. Había sido resultado de un proceso electoral, apoyado por Martínez; Gobernaba con respeto a la libertad de prensa y opinión; Se ajustaba a los mandatos del Congreso Nacional que sesionaba cada dos años, y que justamente entre Enero y Marzo de 1869 había sesionado, con la participación del General Jerez, en su calidad de Senador de León; en fin, nada justificaba una “revolución militar” para derrocar al Presidente e iniciar las reformas proclamadas por Jerez y Martínez en un “Programa” de once puntos.

“Para realizar estas ideas, se necesita destruir el actual orden de cosas i establecer un gobierno excepcional por algún tiempo, lo ejercerá el infrascrito Jerez, desde el principio de la
Revolución, con facultades omnímodas, por el tiempo que él juzgue necesario para asegurar la
continuación de la práctica del anterior programa, bajo un orden Constitucional” (Proclama,
publicada en La Gaceta No. 27, del 3 de Julio de 1869).

“La revolución” de 1869 dio inicio con la toma del cuartel militar de León, el 26 de Junio. Una
vez que la noticia del cuartelazo llegó a Managua, sede del Gobierno de Fernando Guzmán, éste
convocó al General José Dolores Estrada, distrayéndolo de sus actividades de agricultura, para
que se pusiera al frente del Ejército que lucharía contra los alzados, para restablecer el orden
Constitucional en todo el territorio de Nicaragua. El General Estrada no vaciló, y asumió el
mando militar de forma inmediata, emitiendo el 27 de Junio de 1869, la que se constituiría en su
última “Proclama Militar”, la que fue publicada en La Gaceta Número 27, Año III, del 3 de Julio
de 1869 y que a continuación transcribo literalmente, para que sea del conocimiento de las
generaciones actuales:
 

La Proclama transcrita nos permite conocer una actitud apegada a la Ley y al orden
Constitucional de parte del General Estrada. No se sintió tentado de unirse a los “traidores”
(Martínez y Jerez), sino que prefirió “combatir en defensa del orden i de la libertad”, como un
buen “sostenedor de la Ley”. La actitud del General Estrada lo ubica en la historia como un
precursor de la Institucionalidad del Ejército en función de la Constitución Política de Nicaragua,
y no de los localismos y tradicionales intereses de los Partidos Políticos o Caudillos de turno.
Esto le da a la decisión del General Estrada, una dimensión trascendental en perspectiva
histórica, pues señala el camino que debe seguir todo Ejército que pretenda constituirse como
Nacional y Patriótico.

Es justo reconocer que nuestro actual Ejército en Nicaragua, ha retomado la filosofía militar y la
doctrina del General Estrada, resumida magistralmente en esta Proclama, donde el eje
fundamental de esta consiste en ubicar al Ejército en defensa del “orden y de la libertad”, al lado
siempre de la “autoridad Constituida”, y enfrentado a los “traidores”, aunque sean sus
compañeros de luchas pasadas.

Digno es que el Ejército de Nicaragua haya realizado a finales de los 90, los Ceremoniales
militares de inhumación y traslado de las cenizas del General Estrada, que reposaban en las
Ruinas de la Catedral de Managua, hacia Nandaime, donde reposan hoy en día en la principal
Iglesia de aquella ciudad. Y digno es que en el Ejército de Nicaragua se tenga en alta estima el
ejemplo legado por este General del Siglo XIX, a las futuras generaciones de Nicaragüenses, en
cuanto a lo que corresponde hacer cuando el orden Constitucional del País sea amenazado por
los caudillos contemporáneos.


 
 

Pero... ¿Qué pasó con el General Estrada durante esa guerra por el orden Constitucional? Murió.
No en batalla, como seguramente le hubiera gustado morir, sino de muerte natural. Su vida se
apagó el 12 de agosto de 1869. La Gaceta del 14 de agosto anunció oficialmente su muerte: “El
Jueves a las ocho y diez minutos de la mañana falleció en esta capital José Dolores Estrada, Jefe
del Ejército de la República, a la edad de 73 años”.

Murió, “con las botas puestas”, diríamos parafraseando el refrán popular. La guerra continuó,
pero Managua se paralizó para rendir homenaje a tan digno General. El Ministro de Defensa,
Don Pedro Joaquín Chamorro, organizaría los Ceremoniales de Sepelio del General fallecido.
Después de la muerte del General Estrada el mando del Ejército pasó al Senador Pedro Joaquín
Chamorro, pero luego el propio Presidente Guzmán asumió la Jefatura del Ejército, para lo cual
tuvo que depositar la Presidencia el 12 de Septiembre de 1869, en la persona del mismo Senador
Chamorro. Este era el procedimiento que se debía seguir.

Estando al mando del Ejército, el Presidente Guzmán, admitió un armisticio del 16 al 26 de
Septiembre, mientras el Embajador de Honduras, procuraba llegar a un término amistoso del
conflicto militar. Este diplomático, Manuel Colíndres, no pudo lograr su cometido, continuando
la guerra. En Octubre 14 y 15, las tropas gubernamentales acantonadas en Niquinomo y
Jinotepe, al mando del Presidente Guzmán, le propinarían una contundente derrota militar a las
fuerzas rebeldes, que marcaría la finalización del conflicto bélico.

El 30 de Octubre capitularían los Generales Martínez y Jerez, suscribiéndose unas Bases de
Capitulación, que serían suscritas por el Presidente Guzmán y en nombre y representación de
los Generales rebeldes, sería suscrita por el Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica
en Nicaragua, Charles N. Riotte. El General Estrada no vio la victoria, pero la gloria de haber
defendido el orden Constitucional y la libertad de los Nicaragüenses, frente a una pretensión de
establecer un régimen “con facultades omnímodas”, contrariando la legalidad y la
Constitucionalidad, serán reconocidas desde entonces por toda Nicaragua.

Su memoria comenzó a agigantarse desde su muerte, de tal manera que transcurridos tan
solamente cinco años después de su fallecimiento, en 1874, se honraba su memoria como
vencedor de la batalla de San Jacinto, en todas las Plazas de la República, con carácter oficial. A
continuación un ejemplo de las proclamas que se pronunciaban en su nombre y memoria
(advierto haber respetado la ortografía del texto original): Honor y Gloria al General José
Dolores Estrada, no solamente por haber defendido la libertad de los Nicaragüense en la Batalla
de San Jacinto, sino por haber defendido esa libertad, en la guerra contra los Generales Jerez y
Martínez, en 1869, año de su glorificación como primer General en Jefe del Ejército
Constitucional de la República de Nicaragua.

¿CÓMO CELEBRABAN EL 14 DE SEPTIEMBRE EN LA NICARAGUA DE 1874?
A cinco años de la muerte del General José Dolores Estrada (1869), y a 18 años de la Batalla de
San Jacinto (1856), las conmemoraciones no se realizaban en San Jacinto, como hoy en día, sino
en las principales Plazas de la República. A continuación, una síntesis de los ceremoniales
acordados a realizar el 14 de Septiembre de 1874 en Managua. Selección de párrafos y
trascripción de La Gaceta No. 39, Año XII, del sábado 19 de Septiembre de 1874, realizada por
Clemente Guido Martínez, historiador y miembro de la Academia de Geografía e Historia de
Nicaragua. (Se ha respetado la ortografía del texto original publicado en La Gaceta de
1874).
 

EL GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO SOLDADOS.
El grito de guerra lanzado ayer en la Ciudad de León, por unos pocos sediciosos perturbadores
del orden público, reclaman nuestros servicios i decisión al lado de la autoridad constituida,
como un deber imprescindible de todo buen Nicaragüense.

Se me ha encargado del mando en Jefe del Ejército de Operaciones, i cuento con vuestro valor i
lealtad para cumplir tan honroso cometido.

Vamos a combatir en defensa del orden i de la libertad. Es santa la causa de los sostenedores de
la ley. Como es criminal i bastarda la de los traidores.

SOLDADOS.
Bien me conocéis, no esquivaré el peligro, y sabré compartir con vosotros los azares de la suerte,
con la gloria de luchar en defensa de la dignidad nacional.

Vuestro Compañero.
J. Dolores Estrada.
Managua, Junio 27 de 1869.
 

ORDEN GENERAL DEL 14 Y 15 DE SETIEMBRE.
SOLDADOS.- Un hecho de armas, la batalla de San Jacinto librada el 14 de Setiembre de 1856,
por un puñado de valientes acaudillados por el ínclito General. José Dolores Estrada, es el objeto
de los honores militares de que sois ejecutores.

En todas las plazas de la República se da celebridad a este día con un carácter oficial, para
demostrar que la Patria no pasa desapercibidos el coraje y denuedo con que el soldado derrama
su sangre i expone su vida en defensa de sus fueros.-

Mañana se conmemora otro hecho de elevada significación política, el día de nuestra
independencia, el 15 de Setiembre de 1821 en que fuimos emancipados del Gobierno despótico
que nos oprimía.

Vosotros soldados, como ciudadanos, como hijos que sois de la gran familia Centro Americana,
debéis también mostrar el regocijo que causa el ser libres e independientes”.

Vuestro Jefe de armas.
Víctor Cuadra.
Es conforme, Acoyapa, Octubre 10 de 1874.

ORDEN GENERAL
Del 14 de Setiembre de 1874
Servicio, el acostumbrado.
Hoy se presentará en revista de comisario toda la fuerza que existe en esta plaza, (...), El
advenimiento de este día nos trae la conmemoración de un suceso glorioso para la Patria: la
batalla de San Jacinto, dada por el ilustre General Don José Dolores Estrada i los valientes que lo
acompañaron el 14 de Setiembre de 1856, contra los filibusteros; cuyo espléndido triunfo nos
hizo comprender á los nicaragüenses que éramos capaces de reivindicar nuestra independencia
que aquellos nos habían arrebatado al favor de nuestras disensiones intestinas.

El Gobierno i la Comandancia General han dado las providencias i órdenes especiales para
solemnizar la remembranza de aquella gloriosa jornada, siendo una de ellas el alumbrado i los
fuegos artificiales que tendrán lugar esta noche, durante los cuales la banda marcial ejecutará las
piezas más escogidas. Comandancia General dispone también: que concluida la revista toda la
fuerza con sus jefes i oficiales marchen á tambor batiente al lugar donde reposan las cenizas del
ilustre General Estrada á hacerles un saludo en que la banda marcial ejecutará los toques de
ordenanza, disparándose mientras tanto tres cañonazos: concluido lo cual el Jefe que mande la
fuerza victoreará en alta voz á la memoria del mismo General, diciendo “Viva el héroe de San
Jacinto, General Don José Dolores Estrada, restaurador de la independencia de la Patria; vivan
los valientes que le acompañaron.”. I la fuerza responderá: ¡Que Viva!!.

Concluida esta ceremonia la fuerza contramarchará al cuartel á descender el pabellón que está
enarbolado en honor de la memoria del difunto General Estrada, disparando en este acto tres tiros
de cañón. Después de esto el mismo Jefe i la oficialidad pasarán á casa de doña Magdalena
Estrada, digna hermana del General Estrada, á hacerle una visita, significándole el profundo
agradecimiento que siente la Patria hacia la memoria de su finado hermano el señor General Don
José Dolores Estrada, por los grandes sacrificios que hizo este sereno soldado para salvarla del
poder del filibustero.

Después de esta visita pasarán todos los jefes i oficiales al Palacio Nacional á tomar un brindis
en honro de la memoria de aquel Héroe i de los valiente que bajo sus órdenes llenaron de espanto
á los filibusteros. Para todos estos actos el Sr. Comandante convidará á todos los militares que
existan en esta Ciudad, que acompañaron al inolvidable General Estrada en aquella gloriosa
jornada.

Es orden superior.
Mercedes Tejada.
José Dolores Estrada Vado
José Dolores Estrada Vado (Nandaime, Nicaragua; 16 de marzo de 1792 - Managua;
12 de agosto de 1869) es el vencedor de los filibusteros del aventurero
estadounidense William Walker en la Batalla de San Jacinto el 14 de septiembre de
1856. Es un Héroe Nacional de Nicaragua.
 

Contenido
1 Nacimiento
2 Formación militar
3 La batalla de San Jacinto
4 General de Brigada y exilio
5 Ascenso a General de División y muerte
6 Se le declara Héroe Nacional
7 Traslado de sus restos
8 Formas de honrar al héroe
 

Nacimiento
Nació el 16 de marzo de 1792 en el pueblo de Nandaime, departamento de Granada,
Nicaragua. Hijo de don Timoteo Estrada y doña Gertrudis Vado. Fue bautizado el 20 del
mismo mes y año teniendo como padrino a su tío materno Antonio Vado. El padre Luis
Benito Gutiérrez, cura párroco de Nandaime, escribió en la partida bautismal “Joseph de
los Dolores Estrada, mulato, hijo legítimo de Thimoteo Estrada y de Gertrudis Vado”. Se
creía entonces que todo mulato tenía su origen en Jamaica y como allí se habla el idioma
inglés, los nombres no se asentaban en español; el Acta original se conserva en la Casa
Cural de su ciudad natal.

Formación militar

Los orígenes del General Estrada Vado son tan humildes que poco se sabe de él en su niñez. Se
conoce que a temprana edad habitaba con su familia en Granada. Ya para 1824 aparece en el
movimiento de Juan Argüello al que respaldó frente a Manuel Antonio de la Cerda para ocupar
el cargo de Jefe de Estado. Durante estas luchas alcanzó el grado de sargento a la edad de 35
años, el dato permite establecer como sus ascensos fueron a avanzada edad hasta llegar a General
de División.

Algún tiempo se dedicó a la agricultura y al cuido de su familia. Curiosamente se inició en la
vida política y militar apoyando a Argüello que era democrático (liberal) pero ya para 1854
aparece al lado de los legitimistas (conservadores), con don Fruto Chamorro Pérez, primer
mandatario con el título de Presidente de la República. Ya entonces era Capitán, grado concedido
el 9 de agosto de 1851 y participa en los combates de 1854 en Granada, donde es gravemente
herido. Comienza a distinguirse entre la oficialidad, su presencia en diferentes batallas lo
destacan por su valor y disciplina. Para 1855 es Coronel y estratega importante de las tropas
legitimistas. Junto con los Generales Tomás Martínez y Fernando Chamorro, toman las
decisiones que determinarían el curso de la guerra. El 15 de abril de 1856 participa en los
combates de Pueblo Nuevo y otra vez es herido.

La batalla de San Jacinto
Los filibusteros de William Walker, instalados en la ciudad de Granada, se abastecían de carne
en las haciendas de ganado ubicadas al norte y al este del Lago Xolotlán, las cuales estaban en el
departamento de Granada (el cual lo formaban los actuales departamentos de Granada, Masaya,
Carazo y Managua), hasta 1875 se creó el departamento de Managua. El 29 de agosto de 1856
(según el testimonio del capitán Carlos Alegría) un grupo de 100 legitimistas al mando del
Coronel José Dolores Estrada salió de Matagalpa, por órdenes del General Tomás Martínez, para
impedir que los filibusteros robaran el ganado (cometían el delito de abigeato) llegando a la
hacienda San Jacinto ese mismo día por la tarde. Esta le pertenecía a don Miguel Bolaños,
tatarabuelo del ex Presidente de Nicaragua Ingeniero Enrique Bolaños Geyer, quien gobernó al
país en el periodo 2002-2007.

Casa Hacienda de San Jacinto

El 5 de septiembre, al amanecer, llegó un escuadrón de rifleros a caballo para atacar la hacienda
en una escaramuza. Iban dirigidos por el Coronel Edmund McDonald, junto con el Capitán
William P. Jarvis. Los legitimistas, armados con fusiles de chispa, rechazaron el ataque de los
filibusteros, teniendo estos 6 muertos y varios heridos durante el ataque, Jarvis resultó
mortalmente herido. Los patriotas tuvieron un muerto y 3 heridos. William Walker escribió en el
capítulo 9 de su libro “La guerra en Nicaragua” que eran 40 jinetes los atacantes; el teniente
Alejandro Eva dice en su testimonio escrito en 1889 que era 60 y Estrada, que menciona que
eran más de 120 filibusteros, escribió ese mismo día el siguiente Parte Oficial:
Parte oficial del combate del día 5 de septiembre

Matagalpa, Septiembre 7 de 1856. Sr. Ministro de la Guerra del Gobierno Constitucional. Del
General en Jefe del Ejército Libertador de la República. El señor Comandante expedicionario
sobre Tipitapa me dice lo que copio:

¨Señor General en Jefe del Ejército Libertador D.U.L. [Dios-Unión-Libertad] San Jacinto,
Septiembre 5 de 1856. Del Comandante de la División de Operaciones. Al amanecer del día de
hoy atacado el enemigo en número de más de ciento veinte hombres, según los informes tomados
guerrillas que desplegaron y terreno que ocuparon. El ala derecha nuestra fue el blanco de sus
tiros y su objeto principal, parapetándose en el pequeño monte del abra; pero después de dos
horas y media de un fuego muy nutrido en que fue preciso contener con espada en mano a
nuestros soldados dentro del límite que yo les había señalado, huyó despavorido por distintas
direcciones, dejando en nuestro poder quince rifles, muchas paradas, cuatro espadas, un botiquín
con su correspondiente repuesto de medicinas, un estuche de cirugía, quince bestias mulares y
otras tantas caballares con sus correspondientes monturas, diez botes de latas y otros muebles de
menos importancia como chamarras, gorras, sombreros, cuchillos, espuelas, botas y pistolas
descompuestas.

Durante el fuego y su primera carga dejaron seis muertos, y una porción de heridos que cargó el
enemigo con ellos, y se entiende que serían de alguna consideración por el cuidado con que los
llevaban y por el pavor que se introdujo luego que fueron reconocidos. De los muertos referidos
se han conocido al cirujano y dos oficiales. Después de la acción mandé perseguirlos, y estos
detalles los comunicaré cuando regrese el Capitán Bartolo Sandoval que fue encargado de esta
Comisión. Por nuestra parte tuvimos la pérdida del intrépido Cabo 1ro. Justo Rocha, de
Managua, y heridos, no de mucha gravedad, el bravo Capitán Carlos Alegría, el Ayudante
Abelardo Vega y el soldado Crescencio Ramírez. Ninguna recomendación especial sería bastante
para explicar el valor y denuedo de los oficiales y tropa de esta división, puesto todos se han
portado y correspondido a la denominación que se les ha dado. Yo felicito al Supremo Gobierno
por el triunfo de sus armas. Soy del señor General, atento y obediente servidor. J. Dolores
Estrada. Lo digo a U. S. para que le sirva elevarlo al conocimiento de S. E. el señor Diputado
Presidente, y aceptar las muestras de respeto y consideración con que soy de U. S. atento
servidor. (firmado) Fernando Chamorro Conforme. Ministerio de la Guerra del Gobierno
Constitucional de la República de Nicaragua. Matagalpa, Septiembre 16 de 1856. El Jefe de
Sección.

Ignacio Padilla.
El 11 de septiembre llegó una compañía de 60 indios flecheros, desde Matagalpa, al mando del
capitán Francisco Sacasa. Esto se debió a que Estrada solicitó refuerzos a Martínez, de acuerdo
al testimonio del capitán Carlos Alegría. Según el testimonio de Walker en su libro "La guerra en
Nicaragua" los 300 filibusteros salieron de Granada la tarde del día siguiente, el 12, pasaron por
Masaya y en Tipitapa acamparon el 13, para atacar la hacienda la mañana del día siguiente. El 12
en la ciudad de León el general Tomás Martínez, jefe del Partido Legitimista, y Máximo Jerez
Tellería, jefe del Partido Democrático, habían firmado el Convenio de Unión de sus partidos para
así juntos expulsar del país a Walker.

Al amanecer del 14 de septiembre llegaron los filibusteros a San Jacinto, en medio de la neblina;
el cabo Faustino Salmerón, que era el vigía, los divisó y corrió a la casa hacienda cuando los 160
legitimistas estaban desayunando, avisando al Coronel Estrada que el enemigo en número de 300
hombres venía por el sur por lo que el grupo se tendió en 3 posiciones: el corral de piedra junto
al costado oeste de la casa hacienda, capitaneado por el capitán Liberato Cisne, la casa hacienda
defendida por el capitán Francisco de Dios Avilés y el corral de madera (esquina opuesta a la
esquina sureste de la casa) defendido por Francisco Sacasa. Se les dio la orden de no disparar
hasta que el enemigo estuviese cerca, pues el alcance eficaz de los fusiles de chispa era de 60
metros. Los filibusteros, que casualmente habían recibido la misma orden, se habían dividido en
3 columnas para el ataque y a las 7 de la mañana atacaron los tres frentes: la primera, bajo las
órdenes del teniente coronel Byron Cole y del teniente Robert Milligan, atacó el flanco izquierdo
del corral de madera; la segunda, al mando del mayor Calvin O’Neal, avanzó por el frente (la
casa hacienda) y la tercera del capitán Lewis D. Watkins en la dirección del flanco derecho,
donde se unía el corral de madera con el cerco de piedra. Después de las primeras horas, los
combates se hicieron cada vez más fuertes y sangrientos, imponiéndose la lucha cuerpo a cuerpo;
a las 9 am las fuerzas filibusteros lograron romper la defensa del flanco izquierdo, ante ello el
coronel Estrada maniobró con las tropas y los oficiales Miguel Vélez, Alejandro Eva y Adán
Solís para reforzar esta posición. La lucha era tan violenta y a falta de municiones, muchos
siguieron el ejemplo de Andrés Castro, quien derribó a un filibustero de una certera pedrada.

Andrés Castro derriba a un filibustero de una pedrada
Pero la situación era crítica para los nacionales. Las columnas filibusteros a las 10 de la mañana,
cuando habían roto el cerco de defensa, iniciaron un reagrupamiento para concentrar sus
esfuerzos principales en esa dirección. Ante esta situación, Estrada tomó la iniciativa y decidió
enviar al capitán Liberato Cisne, al teniente José Ciero y al subteniente Juan Fonseca con sus
escuadras, quienes atacaron por la retaguardia a los filibusteros gritando ¡Viva Martínez! ¡Viva
Nicaragua!, cargaron a la bayoneta con arrojo admirable y les hicieron una descarga de fusilería;
el ataque asustó a la yeguada y los potros de la hacienda que estaban en la vecina loma; Ciero
dice en su testimonio que el teniente coronel Patricio Centeno y un oficial Flores de Granada
traían a los caballos.

Los filibusteros al creer que llegaban refuerzos huyeron en retirada, con dirección a la hacienda
San Ildefonso, cerca de Tipitapa. El capitán Bartolo Sandoval y el teniente Miguel Vélez,
montado en bestias capturadas, realizaron la persecución junto con otros soldados que iban a pie
y a caballo. Esta acción fue tan violenta que el sargento Francisco Gómez cayó muerto de fatiga.
Sin embargo, producto de la persistencia de los nicaragüenses en lograr una contundente victoria,
lograron dar muerte al jefe de la tropa filibustera Byron Cole, muerto por el cabo Faustino
Salmerón según Alejandro Eva, aunque Ciero diga que fue 2 días después el 16 de septiembre a
las 6 am en San Ildefonso. Los resultados de la batalla de cuatro horas se fueron reflejaron en el
parte oficial firmado por el coronel Estrada, teniendo los nicaragüenses 10 muertos y 7 heridos; y
el ejército filibustero 27 muertos, habiendo capturado 20 bestias, 25 pistolas, 32 rifles Sharp, 47
paradas, chamarras y sombreros. Estrada escribió el siguiente Parte Oficial, el cual desde el año
2006 se conserva en las instalaciones del diario La Prensa:

Parte oficial del combate del 14 de septiembre
Señor General en Jefe del ejército libertador de la República.- Dios, Unión y Libertad.- San
Jacinto, Septiembre 14 de 1856. Del Comandante de la División Vanguardia y de Operaciones.
Antes de rayar el alba, se me presentó el enemigo, no ya como el 5 memorable, sino en número
de más de doscientos hombres y con las prevenciones para darme esforzado y decisivo ataque.
En efecto, empeñaron todas sus fuerzas sobre nuestra ala izquierda, desplegando al mismo
tiempo, guerrillas que atacaban nuestro frente, y logran, no a poca costa, ocupar un punto del
corral que cubría nuestro flanco, merced a la muerte del heroico oficial don Ignacio Jarquín, que
supo mantener su puesto con honor, hasta perder la vida, peleando pecho a pecho con el
enemigo. Esta pérdida nos produjo otras, porque nuestras fuerzas eran batidas ya muy en blanco,
por la superioridad del terreno que ocupaba el enemigo, quien hacia sus esfuerzos en firme y
sostenido; pero observando yo esto, y lo imposible que se hacía recobrar el punto perdido
atacándolo de frente, porque no había guerrilla que pudiera penetrar en tal multitud de balas,
ordené que el Capitán graduado don Liberato Cisne, con el Teniente José Siero, Subteniente Juan
Fonseca y sus escuadras, salieron a flanquearlos por la izquierda, quienes, como acostumbrados
y valientes, les hicieron una carga formidable, haciendo desalojar al enemigo, que despavorido y
en terror salió en carrera, después de cuatro horas de un fuego vivo y tan reñido, que ha de
resaltar el valor y denuedo de nuestros oficiales y soldados, que nada han dejado de desear.
A la sombra del humo hicieron su fuga, que se las hizo más veloz el siempre distinguido Capitán
don Bartolo Sandoval, que con el recomendable Teniente don Miguel Vélez y otros infantes, los
persiguieron, montados en las mismas bestias que les habían avanzado, hasta de aquel lado de
San Idelfonso, más cuatro leguas distante de este cantón. En el camino les hicieron nueve
muertos, fuera de dieciocho que aquí dejaron, de suerte que la pérdida de ellos ha sido de
veintisiete muertos, fuera de heridos, según las huellas de sangre que por varias direcciones se
han observado. Se les tomaron, además, veinte bestias, entre ellas algunas bien aperadas, y otras
muertas que quedaron; veinticinco pistolas de cilindro, y hasta ahora se han recogido 32 rifles,
47 paradas, fuera de buenas chamarras de color, una buena capa, sombreros, gorras y varios
papeles que se remiten. En la lista que le incluyo, constan los muertos y heridos que tuvimos, lo
cual es bien poco para el descalabro que ellos sufrieron, sobre el que daré un parte
circunstanciado cuando mejor se haya registrado el campo.

Sin embargo de la recomendación general que todos merecen, debo hacer especialmente la del
Capitán graduado don Liberato Cisne, Tenientes don José Siero, don Miguel Vélez, don
Alejandro Eva, don Adán Solís y don Manuel Marenco, que aun después de herido permaneció
en su punto, sosteniéndolo; y la del Subteniente don Juan Fonseca y Sargentos primeros
Macedonio García, Francisco Estrada, Vicente Vigil, Catarino Rodríguez y Manuel Paredes;
Cabos primeros Julián Artola y Faustino Salmerón y los soldados Basilio Lezama y Espiridón
Galeano. Se hizo igualmente muy recomendable el muy valiente Sargento primero Andrés
Castro, quien por faltarle fuego a su carabina, botó a pedradas a un americano, que de atrevido se
saltó la trinchera para recibir su muerte. Yo me congratulo al participar al señor General, el
triunfo adquirido en este día sobre los aventureros; y felicito por su medio al Supremo Gobierno
por el nuevo lustre de sus armas siempre triunfadoras. J.D. Estrada Conforme.- León, Septiembre
22 de 1856.- Baca.

Aquí un sello que dice: “Estado de Nicaragua, Ministro de la Guerra del Supremo Gobierno”.

General de Brigada y exilio
Controlada la situación en los llanos cercanos a Tipitapa, el Coronel Estrada Vado se dirigió a
Managua, tomando luego hacia Diría y Catarina. El 11 de octubre de 1856 encabezó el ataque a
Masaya y el 13 a Granada. Terminada la Guerra Nacional, los Generales Tomás Martínez
Guerrero y Máximo Jerez Tellería acordaron constituir el Gobierno Binario, llamado
“chachagua”, único caso en que dos personas se desempeñaron como presidentes de Nicaragua.
El 25 de junio de 1857, Martínez y Jerez firmaron el Decreto dando el grado de General de
Brigada a Estrada Vado. Ante la actitud reeleccionista del General Martínez en 1862 se iniciaron
movimientos de protestas. Surgió como candidato de oposición don José Joaquín Cuadra a quien
apoyó el General Estrada Vado, pero hubo fraude a favor de Martínez y nuevamente se iniciaron
las luchas armadas. Paradójicamente el General Estrada Vado se apertrechó en San Jacinto,
donde siete años antes había derrotado a los filibusteros.

Desde la histórica hacienda viajó a la Isla de Ometepe, presionado por las tropas del General
Martínez, decidiendo refugiarse en Costa Rica, en calidad de exiliado político el 24 de abril de
1863, Martínez firma un documento lleno de ignominia, castigando como desleales y traidores a
los Generales Máximo Jerez, Fernando Chamorro y José Dolores Estrada Vado. Son destituidos
de sus grados militares y reducidos a la clase de soldados. El Héroe de San Jacinto pasa la mayor
parte de su exilio de cuatro años en Liberia, Costa Rica, con grandes privaciones. Fechada en La
Cruz, el 23 de julio de 1865, escribe a su amigo José de Pasos y le cuenta que: “Yo estoy aquí
haciendo un limpiecito para ver si puedo sembrar unas matas de tabaco”.

Ascenso a General de División y muerte
Cuando asume la Presidencia, el General Fernando Guzmán Solórzano, en un acto de justicia
llama del exilio a Estrada Vado y el 1 de julio de 1869 le nombra General de División en
atención a sus méritos y servicios. Este mismo grado le había concedido en 1858 el gobierno de
El Salvador. Es indemnizado por el gobierno con novecientos diecinueve pesos y tres reales
sencillos.

Ya para entonces se celebraba el aniversario de la Batalla de San Jacinto. Al amanecer había
diana y salvas de artillería, por la noche se daba un banquete que ofrecía el Presidente Guzmán al
General de División Estrada Vado. El Héroe llevaba una vida sencilla, frecuentemente se reunía
con veteranos de la Guerra Nacional a conversar, entre ellos los Generales Florencio Xatruch
(hondureño) y Miguel Vélez. A veces se juntaban en una comidería que tenía Andrés Castro a
tomar tiste en jícara cerca de donde es ahora la Asamblea Nacional, vivía por donde es ahora el
Centro Cultural Managua, antiguo Gran Hotel y sembraba unas tierras a la orilla del lago por las
Américas Dos. El 27 de junio de 1869, el presidente Guzmán en un gesto que enaltece a su
gobierno, nombró al General Estrada Vado como General en Jefe del Ejército de Operaciones de
la República, estaba por cumplir los 77 años y siempre se mantuvo soltero, llevando una vida de
austeridad y disciplina. El 12 de agosto del mismo año falleció en horas de la mañana, en la
capital Managua, a causa de malestares hepáticos. Se ordenó duelo nacional, todas las
autoridades de la República y los militares del Ejército, llevaron por ocho días un listón negro en
el brazo en señal de luto.

Los restos del General Estrada Vado fueron sepultados en el Templo Parroquial de Managua,
elevado a Catedral Metropolitana en 1913. Al decidirse la construcción de la nueva Catedral
(hoy Antigua Catedral de Managua), fueron exhumados el 24 de mayo de 1929 y depositados en
la Capilla del Palacio Arzobispal, bajo la guarda del Arzobispo de Managua, Monseñor José
Antonio Lezcano y Ortega. En septiembre de 1933 se trasladaron a la cripta funeraria de la
Catedral en construcción (debajo del Altar Mayor). Los actos fueron solemnes. Primero se
llevaron los restos al Palacio del Ayuntamiento, presidido por el Arzobispo, los miembros del
Distrito Nacional. Se menciona la presencia de dos veteranos de la Guerra Nacional, Manuel
Borge y Jesús Chávez. Se hizo presente el Presidente Juan Bautista Sacasa y su gabinete.

Se le declara Héroe Nacional
El 17 de agosto de 1971, siendo Presidente de Nicaragua Gral. Anastasio Somoza Debayle, se
promulgó el Decreto Legislativo No. 1889, el cual lo declaró oficialmente Héroe Nacional,
publicado en La Gaceta, Diario Oficial, No. 193 del 26 del mismo mes y año. En el se dispone
que el 16 de marzo y el 12 de agosto de cada año (fechas respectivas de su nacimiento y muerte)
sea izada la Bandera de Nicaragua en los edificios públicos y en todos los colegios del país. Este
es el texto completo de dicho Decreto:

DECLÁRASE HÉROE NACIONAL DE NICARAGUA AL GENERAL JOSÉ DOLORES
ESTRADA
Decreto No. 1889 del 17 de agosto de 1971
Publicado en La Gaceta No. 193 del 26 de agosto de 1971
El Presidente de la República, a sus habitantes,
Sabed:
Que el Congreso ha ordenado lo siguiente:
La Cámara de Diputados y la Cámara del Senado de la República de Nicaragua,
Decretan:
Artículo 1.- Declarase HÉROE NACIONAL DE NICARAGUA, al General José Dolores Estrada.

Artículo 2.- El Poder Ejecutivo, a través de los Ramos de Educación Pública y Defensa, dispondrá que el
16 de marzo y el 12 de agosto de cada año -fechas de nacimiento y muerte del Héroe- sea izado el
Pabellón Nacional en los Cuarteles, edificios públicos y en los Centros de enseñanza de la República y se
efectúen actos en los cuales se exalte su vida y su obra.

Artículo 3.- Esta ley entrará en vigor desde la fecha de la publicación en “La Gaceta”, Diario Oficial.
Dado en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados. Managua, Distrito Nacional, nueve de agosto
de mil novecientos setenta y uno.- Orlando Montenegro M., Diputado Presidente.- Francisco Urbina R.,
Diputado Secretario.-Adolfo González B., Diputado Secretario.

Al Poder Ejecutivo. Cámara del Senado. Managua, D. N., 16 de agosto de 1971.- Cornelio H. Hüeck,
S.P.-Pablo Rener, S.S.- Adán Solórzano C., S.S.
Por Tanto: Ejecútese. Casa Presidencial. Managua, D.N., diecisiete de agosto de mil novecientos setenta y
uno.- A. SOMOZA, Presidente de la República.- M. Buitrago Aja, Ministro de la Gobernación.

Traslado de sus restos
Cuando sucedió el terremoto del 23 de diciembre de 1972 hubo saqueo de tumbas, quedando
abandonados sus restos. En 1999 se plantea el traslado de sus restos a Nandaime y el 11 de
agosto de ese mismo año, en una ceremonia por el Presidente Arnoldo Alemán y el jefe del
Ejército General Joaquín Cuadra Lacayo, sus cenizas fueron sacadas de la cripta catedralicia para
que al día siguiente 12 (en el 130 aniversario de su muerte) fueran sepultadas en la Iglesia de su
natal Nandaime, la misma donde fue bautizado el 20 de marzo de 1792 donde actualmente
reposan.
 

Formas de honrar al héroe
Su efigie aparece en monumentos, billetes, estampillas y medallas sin que su memoria haya sido
afectada por los cambios políticos. Cuando la Ley del 20 de marzo de 1912 decretó que la
moneda nacional se denominara córdoba, entre las primeras efigies estuvieron las de Manuel
Antonio de la Cerda, Miguel Larreynaga, Fernando Chamorro, Tomás Martínez Guerrero y José
Dolores Estrada Vado, todos ellos juntos con el retrato del conquistador español Francisco
Hernández de Córdoba. El billete del General Estrada Vado era de cincuenta córdobas. Para la
década de 1950 quedaron solamente Larreynaga y Estrada Vado, en el billete de 100 córdobas, el
Héroe Nacional por debajo del poeta Rubén Darío cuya denominación era de 500 y el del
dictador General Anastasio Somoza García que era el de 1000 córdobas. Pasa el período
somocista, a partir de 1979 se establece el gobierno del partido Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN), se dan grandes cambios de los billetes anteriores sólo quedan el General
Estrada Vado y Rubén Darío.

Cuando se da la devaluación de la moneda el 14 de febrero de 1988, el billete con la efigie del
Héroe de San Jacinto va aumentando hasta llegar a la cantidad de diez millones de córdobas. En
el 2002 el Consejo Directivo del Banco Central de Nicaragua resolvió que su efigie en el billete
de la nueva denominación de 500 córdobas. Para el año 1956 hubo una emisión de estampillas
con motivo del Primer Centenario de la Guerra Nacional; 2 estampillas fueron dedicadas al
General Estrada Vado, el sello para el servicio de correos nacionales fue de cincuenta centavos y
treinta centavos para el correo aéreo. El año en esa ocasión llevó el nombre del Héroe, plasmado
en todos los documentos oficiales del gobierno, decretado por Somoza García (mediante el
Decreto Ejecutivo No. 40) el 1 de enero de 1956, y publicado en La Gaceta, Diario Oficial, No. 4
del 5 del mismo mes y año.

Finalmente el 14 de septiembre de 1949 se inauguró un modesto muro que tiene en el centro el
rostro del héroe, esculpido en piedra. Está ubicado en la esquina sur de la Antigua Catedral de
Managua y fue promovido por la Unión Nacional de Acción Popular (UNAP). El 14 de
septiembre de 1959, por iniciativa de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos, se
inauguró la estatua, obra de la escultora Edith Gron, ubicada al sureste del paseo de la Laguna de
Tiscapa, en el paso a desnivel de la Carretera a Masaya. Este monumento estuvo en abandono y
fue restaurado por la Alcaldía de Managua el año 2002. Cuando fue puesto tenía una hermosa
presencia, ya que la estatua era vista desde lejos viniendo de Masaya a Managua. Cuando se
construyó el paso a desnivel en los años 80 hubo un gran cambio, en la actualidad poco se ve el
monumento, está rodeado de muchos árboles, el parque fue reducido y no hay estacionamiento.
En 1962 en la hacienda San Jacinto se inauguró una estatua suya, obra de Fernando Saravia, que
lo representa encima de un pedestal que tiene bases escalonadas sosteniendo una espada en su
mano derecha y la Bandera de Nicaragua en la izquierda.

General José Dolores Estrada


 

 

MOVIMIENTO EVOLVENTE 

Jorge Eduardo Arellano en su Historia Básica de Nicaragua, vilume 2, sostiene en torno a la Batalla de San Jacinto:

"En términos militares, la Batalla de San Jacinto consistió en un ataque de penetración de los filibusteros --al mando de Byron Cole, firmante del contrato que trajo a Walker y su falange de mercenarios-- sin tratar de envolver ni rebasar al contrario, que sólo resistían.

El ataque tuvo dos momentos: el primero de tanteo, por las tres columnas --dirigidas por O'Neill, Watkins y Milligan-- y luego de esfuerzo por el punto vulnerable: la trinchera del lado izquierdo de los defensores. Estos se organizaron tambien en tres  grupos, aprovechando las características del sitio, rechazando tres veces la embestida; pero, penetrados en el cuarto asalto, Estrada concibió un efectivo movimiento envolvente enviando a Cisne, Siero y Fonseca con 17 hombres, detrás de la Casa Hacienda, para atacar sorpresivamente por el Este".

El mismo Walker reconocería después que la retirada de sus compinches fue irregular y desordenada al ser derrotados en San Jacinto, lo cual permitió, inclusive, que fuese capturado en la Hacienda San Ildefonso y colgado de un árbol Byron role, el jefe de la agrupación armada de los filibusteros en la Batalla de San Jacinto, lo cual ocurrió un poco al norte de la Hacienda San Jacinto según contaron los soldados que lo capturaron mientras iba "en guinda", presuntamente buscando el norte. 

Un informe escrito en Rivas por Alejandro Eva, el 21 de agosto de 1889 y publicado en el Diario Nicaragüense (Granada) el 14 de septiembre de 1890, dice textualmente lo siguiente:

"En los primeros días del mes de septiembre de 1856, una columna de 1.60 hombres, pésimamente armados con fusiles antiguos de peine, hambrientos, casi desnudos, al mando del coronel don José Dolores Estrada, ocupaban la Hacienda San Jacinto, de don Miguel Bolaños, en el Departamento de Granada, con objeto de proporcionarse víveres y descansar de las fatigas de una ruda campaña.

Esta pequeña fuerza estaba dividida en tres compañías ligeras comandadas por los capitanes Cisne, Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés.

La casa de la hacienda era grande, de tejas y con dos corredores, estaba ubicada en el centro de un extensísimo llano, y solamente a retaguardia de la casa, como a 100 varas. había un pequeño bosquecillo.

Inmediatamente se puso la casa en estado de defensa, claraboyando las paredes del lado de los corredores y con la madera de los dos corrales que se desbarataron formamos un círculo de trincheras. Tres días después de nuestra llegada, 60 jinetes yanquis de las mejores fuerzas del audaz y el aventurero William Walker, se acercaron a practicar un reconocimiento del cual resultó una pequeña escaramuza, en que murió un cabo, Justo Rocha, de los nuestros y un filibustero, el mismo que mató a éste, y que según confiesa Walker en su "Guerra en Nicaragua", fue el capitán Jarvis.

Al amanecer del 14 de septiembre tomábamos un frugal desayuno, cuando  Salmerón, un espía nuestro, llegó a escape (corriendo) al campamento participando que el enemigo, en número de 300 hombres, se aproximaba por el sur.

En el acto el Coronel Estrada dispuso que solamente quedase en el interior de la casa una escuadra que comandaba el teniente Miguel Vélez, y que el resto de la tropa ocupase la línea exterior. Se hizo así, y en esa disposición esperamos, con orden de no hacer fuego sino hasta que los agresores estuviesen a tiro de pistola.

A las 7:00 a.m. divisamos al enemigo como a 2 mil varas de distancia; marchaba a discresión y no traía cabalgaduras. Los jefes y oficiales vestían de paisano: levita, pantalón, chaleco, y sombreros negros; algunos portaban espada y revólver y otros rifles; y la tropa iba uniformada con pantalón y camisa de lana negros, sombreros del mismo color e iban atinados 'de rifles "sharp" y "negritos": hicieron alto a tiro de fusil y se destacaron en tres columnas paralelas de 100 hombres cada una. Cuando estuvieron a una distancia conveniente, rompimos el fuego. Al recibir la descarga, en vez de vacilar se lanzaron impetuosamente sobre las trincheras: una columna atacó de frente, otra por la izquierda y la última por la derecha. Todas fueron rechazadas por tres veces; y hasta el cuarto asalto no lograron apoderarse de la trinchera por el lado izquierdo, cuando el valiente oficial Jarquín y toda la escuadra que defendía ese punto tan importante, hacían un nutrido y certero fuego sobre el resto de las líneas.

Cortados de esta manera, teníamos que comunicarnos las órdenes a gritos. El infrascrito, con los Tenientes don Miguel Vélez y don Adán Solís, defendían el ala derecha; y yo como primer Teniente recibí la orden de defender el punto, hasta morir, si era necesario. 

Mis compañeros se batían con admirable sangre fría.

Los yanquis multiplicaban los asaltos pero tuvimos la fortuna de rechazarlos siempre.

Uno de ellos logró subir a la trinchera y allí fue muerto -por el intrépido oficial Solís.

Eran ya las 10:00 a.m. y el fuego seguía vivísimo.

Los americanos, desalentados sin duda por lo infructuoso de sus ataques, se retiraron momentáneamente y se unieron a las 3 columnas; pero pocos momentos después al grito de !Hurra Walker; se lanzaron con ímpetu sobre el punto disputado.

Se trabo una lucha terrible, se peleaba con ardor por ambas partes, cuerpo a cuerpo.

Desesperábamos ya de vencer a aquellos hombres tenaces, cuando el grito de !Viva Martínez;, dado por una voz muy conocida de nosotros, nos reanimó súbitamente.

El Coronel Estrada, comprendiendo la gravedad de nuestra situación, mandó al Capitán Bartolo Sandoval, nombrado ese egundo día, jefe en el lugar del Teniente Coronel Patricio snteno, que procurase atacar a los yanquis por la retaguardia.

Este bizarro militar se puso a la cabeza de los valientes oficiales Siero y Estrada y 17 individuos de la tropa, saltó la trinchera por detrás de la casa, logró colocarse a retaguardia de los asaltantes; les hizo una descarga y lanzando con su potente voz los gritos de !Viva Martínez; !Viva  Nicaraguua , cargo a la bayoneta con arrojo admirable.

Los bravos soldados del bucanero del norte retrocedieron espantados y se pusieron en desordenada fuga.

Nosotros, llevando a la cabeza al intrépido Coronel Estrada, que montó el caballo de Salmerón, único que había, perseguimos al enemigo 4 leguas hasta la Hacienda "San Ildefonso".

Allí mató Salmerón con su cutacha al jefe de los americanos Coronel Byron Cole y lo despojó de un rifle y dos pistolas.

Nuestra pequeña fuerza tuvo 28 bajas entre muertes y heridos; entre los primeros figuraban el Capitán don Francisco Sacasa yel Subteniente Jarquín, y entre los últimos, el ahora Coronel don Carlos Alegría.

Ver la version de Carlos Alegría
 


El combate del 14 de Septiembre
                  Material enviado por el arquitecto Huáscar Pereira Alegría, biznieto del que  hizo este relato. 

                 Relato y parte de guerra contada por el Mayor General Carlos Alegría. 

                 Al amanecer del memorable 14, me encontraba convaleciendo en una casa  contigua a la hacienda; los gritos, las descargas, el correr de las bestias y el  llegar de los heridos y muertos, me hizo levantarme de la grave postración,  pero sólo llegué a San Jacinto a lamentar tanto estrago dentro de mis compañeros y amigos. 

                 Después de una hora de terrible y mortal lucha, cuando ya habían caído  muertos y heridos varios de nuestros principales oficiales, que no se podía atravesar el patio ni salir de la casa sin caer muerto por tener los filibusteros  tomada la línea frente a los corrales, se juntaron en la puerta norte del mismo corral, los capitanes Liberato Cisne, Bartolomé Sandoval, teniente José Ciero, Manuel Marenco, Miguel Vélez, Sargento Estanislao Morales,  Francisco López (segoviano) y el Cabo Rocha (Cabeza de Palo). 

                 He aquí la discusión en la mortífera y terrible batalla, junto allí dijo Cisne:
                 “Piquemos la retaguardia”. “Carguemos, contestó Bartolo”. 

                 Y no ha dilatado mi relato por la corta distancia que mediaba por tener los  yankees la bayoneta de estos héroes sobre las espaldas. Semejante audacia causó espanto a aquellos bucaneros, y corrieron despavoridos sobre el abra  donde pagaron con sus vidas semejante atrevimiento. 

                 Nos atacaron con un rigor desmedido por el flanco izquierdo, sureste del corral de madera, en donde Managua el Mayor Francisco Sacasa y el  teniente Salvador Bolaños y allí estaba yo, junto con mi grupo de granadinos,  incluso Joaquín Castillo con managuas y masayas. 

                 AQUEL CASTRO QUE CAUSO ESTRAGOS 
Según cuenta, Castro fue un humilde soldado que antes y  después de la guerra de 1854 permaneció como “un ciudadano común y corriente”, pero que en el momento preciso “asumió su responsabilidad de defender a la Patria”. 

                   “Es el modelo del nicaragüense que en un momento
               determinado asumió su compromiso con la Patria y luego volvió a
               su vida normal”, dijo Guido, quien refirió que el Héroe de San
               Jacinto fue un obrero de oficios varios. 

                   El Ejército de Nicaragua ha llamado a su Escuela Nacional
               de Sargentos Andrés Castro, mientras que otro conocido instituto
               de secundaria de Managua también lleva orgulloso el nombre del
               humilde pero valiente Héroe Nacional.


                 Se peleaba casi cuerpo a cuerpo, porque faltaba parque y entonces  arrojábamos piedras pero el que hizo más estragos fue un managua de  apellido Castro, osado y fuerte, quien le lanzó una piedra un poco más grande  y pesada que una bola de billar y la arrojó con todas sus ganas, lleno de un  coraje extraordinario, al yankee en el lado de la frente por la izquierda, de tal modo que el filibustero quedó un instante a ahorcajadas, inclinado hacia atrás,  tambaleándose sobre la cerca de madera, cayendo inmediatamente después  moribundo dentro de la trinchera. 

                 No se imagina, decía don Cayetano, que el entusiasmo fue tan grande que reventó una gritería estrepitosa, pero como no había parque, peleamos cuerpo  a cuerpo y con piedras, yo mismo y compañeros tiramos muchas como balas.

                 Sin embargo, los filibusteros avanzaban más y más porque tenían todo en abundancia y por eso los nuestros comenzaban a buscar refugio en la Casa Hacienda, siendo el 1ro. un oficial Zaragoza con los suyos, después de estar  firmes como una 2da. muralla detrás de la trinchera. 

                 Ese estado fue terrible, pues ya estaban algunos en los corredores de la Casa-Hacienda y entonces el General Estrada, con un coraje muy grande, gritó para sostener el punto a varios militares que ya estaban entre la casa y el  corral, entre ellos los capitanes Vélez, Solís y otros para contener la  embestida hasta morir como fue mandado. 

                 Y así se hizo, dando nuevas órdenes inmediatas al mismo tiempo para contra atacar por retaguardia o flanqueo a los filbusteros, saliendo los nuestros por  detrás de la Casa-Hacienda y dieron la vuelta como guerrillas por un lugar  montañoso que nos los vieron hasta el momento de caerles encima a los  atacantes, que sorprendidos y cayendo por el empuje de los nuestros, se retiraron corriendo, desgranándose como mazorcas, en momentos que ocurrió, como cosa inesperada, la irrupción de unos potros y de unas yeguas,  que corrieron estrepitosamente sobre ellos. 

                 Asustadas las bestias por tantos ruidos de tiros y de los gritos que oyeron,  quebraron piernas y brazos e hicieron huir, en una sola estampida, a los  demás que podían correr. 

                 No había necesidad de este auxilio porque la victoria la teníamos en la mano, pero como siempre se agradece a la providencia de Dios, que quiso ahorrar sangre nicaragüense, tan sufrida. 

                 COMBATIENTES DE SAN JACINTO 

                 Dentro de los 160 hombres que dice José Dolores Estrada pelearon en esta  memorable acción, se recuerdan los siguientes: 

                 (+) MUERTOS 1.- Mayor Francisco Sacasa — granadino 

                 2.- Teniente Salvador Bolaños — masaya 

                 3.- Sub-teniente Ignacio Jarquín — segoviano 

                 4.- Sub-teniente Francisco López Blanco — managua 

                 5.- Sub-teniente Dolores Chiquitín — diriomeño 

                 6.- Sargento Francisco López Negro — managua 

                 7.- Sargento Estanislao Morales — masaya 

                 8.- Cabo Jerónimo Rocha (Cabeza de Palo) — managua 

                 9.- Raso Florentín Ruiz — tipitapeño 

                 10.- Sargento José Araya 

                 HERIDOS 

                 1.- Capitán Carlos Alegría — masaya (bisabuelo de quien nos enviara esta
                 recopilación Arq. Huáscar Pereira Alegría) 

                 2.- Capitán Francisco Avilés — managua 

                 3.- Teniente Abelardo Vega — masaya 

                 4.- Teniente Luciano Miranda — masaya 

                 5.- Teniente José Ciero — masaya 

                 6.- Teniente Manuel Marenco — masaya 

                 7.- Sargento ANDRES CASTRO — managua 

                 OTROS COMBATIENTES 

                 1.- Tnte. Cnel. Patricio Centeno 

                 2.- Cptán. Liberato Cisne 

                 3.- Cptán. Francisco de Dios Avilés 

                 4.- Cptán. Crescencio Urbina 

                 5.- Cptán. Bartolo Sandoval 

                 6.- Tnte. Adán Solís 

                 7.- Tnte. Miguel Vélez 

                 8.- Tnte. Alejandro Eva 

                 9.- Tnte. José Luis Coronel 

                 10.- Sbtnte. Juan Fonseca 

                 11.- Sgto. Macedonio García 

                 12.- Sgto. Vicente Vijil 

                 13.- Sgto. Manuel Paredes 

                 14.- Sgto. Francisco Espada 

                 15.- Sgto. Catarino Rodríguez 

                 16.- Sgto. Francisco Gómez 

                 17.- Cabo Faustino Calderón 

                 18.- Cabo Julián Artola 

                 19.- Venancio Zaragoza 

                 20.- Juan Espada

                 21.- Ceferino González 

                 22.- Joaquín Castillo

                 23.- Juan (albañil) 

                 24.- Trinidad Cubero 

                25.- Basilio Lezama 

                 26.- Catarino Pavón 

                 27.- Cayetano Bravo (Ochomogo) 

                 28.- Desiderio (sastre) 

                 29.- Adán Urbina 

                 30.- Espiridión Galeano 

                 Mucho debe la nación a todos aquellos valientes patriotas que duermen en sus  tumbas al contorno de San Jacinto, el sueño eterno del olvido y que sólo la Patria y este compañero los recuerda. 

                 Abandonaron sus lugares para exponerse siempre a los peligros, haciendo  lujo de las intemperies, expusieron sus vidas en ofrendas a las libertades conculcadas y por salvar a su Patria que se hallaba enteramente en poder del  filibustero. La hubieran dado cuantas veces se las hubieran pedido.

                 Son los únicos que pueden llevar en altos pedestales el nombre de héroes, porque también son los únicos que han luchado cuerpo a cuerpo con la  mortífera arma de presión civilizada. 

                 Son los primeros en América del Centro que como David han triunfado hasta  con las piedras. 

                 Mayor General — Carlos Alegría (14 de septiembre de 1886) 

                 A treinta años de San Jacinto 

                 ¡¡¡Viva Nicaragua!!! 

                 ¡¡¡Viva la Patria!!! 
 16 de Septiembre de 2000 |  El Nuevo Diario

Los filibusteros perdieron al Coronel Cole, al mayor cuyo apellido no recuerdo y que era el segundo jefe y 35 muertos mas, 18 prisieros, contándose entre ellos el cirujano y muchos heridos que después hallaron muertos en los campos inmediatos.

Tal fue el memorable combate que abatió a los invasores y despertó loco entusiasmo en el ejército que defendía la Independencia de Centroamérica. Rivas, agosto 21, 1889. Alejandro Vega".

En la Historia escrita por Gratus Halftermeyer confirma, según su investigación, que los filibusteros yanquis eran 300 mientras los combatientes nicaragüenses apenas ascendían a 160, incluido su jefe José Dolores Estrada.

El libro de Halftermeyer describe, de acuerdo con el informe oficial de José Dolores Estrada, que los 160 hombres se dividieron en tres compañías: una al mando del Capitán Liberato Cisne, una segunda al mando del Capitán Francisco Sacasa y la tercera jefeada por Francisco Dios Avilés.

Con alguna amplitud de detalles, la Historia de Halftermeyer confirma también que el Coronel Estrada ordenó fortificar apresuradamnte la casa Hacienda San Jacinto, propiedad de Miguel Bolaños, con piedras sueltas acomodadas unas sobre otras. estas piedras eran abundantes en los alrededores de la casa Hacienda por las cercanías inmediatas del Cerro San Jacinto, en el cual se inicia la Meseta de Estrada, la cual fue llamada "Totumbla" hasta un poco después de 1,960.

Se señala que la noche anterior al ataque sorpresivo de los filibusteros, dirigidos en ese sitio por Byron Cole, el Coronel mostrada envió como espía al soldado Faustino Salmerón, quien, por supuesto  buscó la parte más alt-a del Cerro San Jacinto para cumplir con esa misión.

Desde la cúspide este Cerro San Jacinto uno puede ver lo que se mueve hacia el Sur, el oeste y Noroeste, porque por el Este era imposible llegar hasta la Hacienda San Jacinto, a menos que los filibusteros llegaran subiendo los Cerros.

La tropa de 160 hombres patriotas, mal vestidos, casi descalzos, habrientos, con armas de pésima calidad, sin un entrenamiento  realmente profesional, “pero aún con el corazon lleno de patriotismo", según escribiría después José Dolores Estrada, estaban alertas a la orilla y encima de las trincheras improvisadas e ingiriendo un desayuno sencillo a las siete de la mañana...

De repente vieron que Faustino Salmerón salía sofocado de entre
bosque de las orilla del Cerro San Jacinto. "Ahí vienen los
enemigos", comunicó a José Dolores Estrada y a toda la tropa,
virtualmente fatigada por los trabajos de fortificación en la casa hacienda y porque tenían ya varios días de no dormir, desde que fueron movilizados del Regimiento de Matagalpa hacia Managua. 

Sigilosaínente se movieron hacia sitios por donde podían ver el acercamiento de los filibusteros asaltantes, enviados diabólicos de los capitalistas esclavistas del sur de Estados Unidos, cuyo gobierno les daba pleno apoyo diplomático, económico y militar. Vieron a los filibusteros cuando estaban "a unas dos mil varas al sur" en el amplio valle, que se extiende hacia el Oeste y Noroeste a partir del comienzo de la Meseta de Estrada, cuya edificación geológica describe una especie de serpiente estacionaria hacia de sur a norte.

El momento ansiosa y nerviosamente esperado habla llegado. Era un momento patrio decisivo en la Guerra Nacional contra la pandilla de asesinos filibusteros llegados de entre los blancos, rubios y odiosos esclavistas del sur de Estados Unidos, cuyos gobernante ya para entonces desplegaban bandas de criminales para apoderarse de territorios ajenos como los centroamericanos. Estrada no vaciló en desplegar a tres compañías de combatientes en el centro, al lado izquierdo y por el lado derecho, más un grupo ubicado dentro de la Casa Hacienda, todos con órdenes de combatir hasta morir defendiendo cada punto asignado en torno a la pequeña casa, la cual se supone estaba rodeada de chilamates, genízaros y matorrales.

José Dolores Estrada tenía 60 años. El mismo escribió posteriormente que no era un militar de carrera, "no he estudiado el arte militar", pero que llevaba dentro un ardiente patriotismo
ardor por la defensa de la patria ante la "amenaza rubia arrogante" y que la edad no era impedimento para tomar las armas en esa defensa patriótica, comportamiento humano crucial de Estrada en ese combate memorable, pues sus mismos soldados relataron posteriormente que en medio del peligro personalmente Estrada estaba combatiendo y animando a los soldados a luchar, morir si era preciso y con la decison de vencer a los enemigos  no importando que fueran mucho más que ellos ni las mejores armas de fuego de los filibusteros yanquis.

Eso convencimiento patriótico, más la astucia militar, el sentido común de Estrada, fueron decisivos en la victoria de esta memorable Batalla de San Jacinto, registrada en la Historia Universal como una hazaña y el ejemplo de valientes decididos a vencer a los enemigos por muy fuertes que éstos la sean.

La astucia de Estrada se puso a prueba cuando en medio del peligro mortal  inmnente manda  a un grupo de jefes y 17soldados jefeados por Bartolo Sandoval, para que sorprendan sigilosamente a los filibusteros por la retaguardia. Este ataque sorpresivo a los yanquis arrogantes, les produjo desconcierto total, pánico, descontrol absoluto, al extremo de que salieron huyendo hacia el sur, es decir, por donde habían llegado con la creencia de que se "comerían vivos." a los soldados descalzos, semidesnudos y habrientos del Ejército Nacional.

En informes de los mismos soldados, escritos después de la Batalla, algunos de los soldados sobrevivientes señalan que este ataque sorpresivo por la retaguardia de los filibusteros, fue tan explosivo y escandaloso, que provocó una estampida de caballos, que supuestamente estaban amarrados entre los matorrales y árboles del norte de la Casa Hacienda San Jacinto.

Este tropel de numerosos caballos, aparentemente, hizo creer a los filibusteros, que además del fulminante ataque a balazos y cuhilladas por la retaguardia, se acercaba un supuesto refuerzo militar por ese lado de la Casa Hacienda San jacinto, sitio bastante solitario en esa época, sólo lleno del ganado de Miguel Bolaños.

Los informes añaden que el mismo Faustino Salmerón, el espía, fue quien dio alcance al coronel yanqui Byron Cole, lo capture, le colocó una soga al cuello y lo colgó de un árbol con la ayuda de varios compañeros, cuando ya se acercaban a la Hacienda San Ildefonso.

Otros relatos indican que Salmerón mató a Cole con los filazos de una cutacha. Lo confirmado es que Salmerón tuvo el honor de matar a este jefe de banda de asesinos filibustéros estadounidenses.

Esto ocurrió cuando los filibusteros huían despavoridos por el amplio llano ya mencionado, donde dejaron regados muertos, heridos y capturados, según el informe del Coronel José Dolores Estrada.

En su informe oficial, Estrada hace mención de la acción heroica de Andrés Castro Estrada, quien ante la falta de municiones tomó una piedra y la estampó en la cabeza de uno de los yanquis cuando este intentaba cruzar la hilera de piedras de la trinchera improvisada.

Andrés Castro, todos estos soldados y oficiales, especialmente José Dolores Estrada, se llenaron de gloria para siempre, porque no vacilaron en defender la patria en peligro por la invasión filibustera.

Más adelante me voy a referir a otros detalles de Andrés Castro y José Dolores Estrada.

En este librito hemos colocado dos informes breves, uno de  Estrada y otro de Alejandro Eva, los cuales describen lo qué pasó en esta célebre Batalla de San Jacinto, las cuales publicamos aquí porque son parte de la Historia más importante de Tipitapa. Me limito ahora a colocar nombres de algunos de los combatientes mencionados en los informes oficiales, pues al parecer nunca se elaboró una lista completa de los 160 combatientes de Batalla menorable de la nación nicaragüense, la cual puso a prueba su patriotismo en esos fatídicos días de 1856.

Combatientes rasos:
Basilio Lezama, Espirión Galeano.

Cabos: 
Julián Artola y Faustino Salmerón (el espía, el matador de Byron Cole).

Sargentos Primeros: 
Andrés Castro Estrada, Macedonio García, Francisco Estrada, Vicente Vigil, Francisco Gómez (quien murió de fatiga cuando corrian a pie en persecusión de los filibusteros yanquis).

Oficiales sin especificación de grados:
Ignacio Jarquin (muerto en la memorable Batalla), Salvador Bolaños, Venancio Saragoza, Abelardo Vega, Carlos Alegría y Juan Estrada.
Subtenientes: 
Juan Fonseca.
Tenientes:
Miguel Vélez, Adán Solís, Alejandro Eva (escritor de uno de los informes sobre la Batalla), Manuel Marenco y José Siero.

Capitanes:
Liberato Cisne, Bartolo Sandoval (jefe del ataque por la retaguardia de los filibusteros), Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés.

Teniente Coronel Patricio Centeno, uno de los jefes de la Batalla de San Jacinto. Era como el segundo al mando de José Dolores Estrada.

Y el propio José Dolores Estrada, quien después fue ascendido a General, jefe del Ejército y declarado Héroe Nacional de la patria que defendió sin vacilar.

Tanto Halftermeyer como Francisco Ortega Arancibia, autor de Historia de Nicaragua, describen que esos días de 1856 las Haciendas y negocios más conocidos de Tipitapa, eran, entre otras y otros: Zapotal, Sucesión Cabrera, San Cristóbal, Las Mercedes. Testamentaría de don Tomás Wheelock,  El Rodeo, EI Hotelito, La Calera, Los Tercios, San Juan, San Roque, Pacora y San Jacinto, esta última de Miguel Bolaños.

¿Dóndo quedó enterrado Andrés Castro Estrada?

Muy poco se escribió sobre estos Héroes de San Jacinto. En el caso de Andrés Castro Estrada se conoce que tenía 24 años cuandocombatió en San Jacinto.
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Castro Estrada era trigueño, bajo, delgado y agricultor. Sus padres, presuntamente originarios de Tipitapa, eran: Regino Castro y Javiera Estrada, cuyo destino no se conoce para nada porque casi nada se escribió sobre ellos.

En una revista leí hace tiempo que Regino Estrada se casó con una joven de Tipitapa llamada Gertrudis Pérez, con quien tuvo una  hija llamada Anástasia la cual presuntamente se fue a Costa Rica, de donde nunca retornó.

En el caso del propio Andrés Castro Estrada se ha dicho que murió asesinado en una cantina de Tipitapa. Presuntamente lo mataron por asuntos pasionales, lo cual no es confirmado.

Anduve buscando rastros de sus restos en el Cementerio local de Tipitapa, donde no encontré nada. Tampoco nadie me dio razón de si aparece o no en los registros de los muertos de Tipitapa.

Terminada la Guerra Nacional, José Dolores Estrada volvió a su tierra natal, Nandaime, donde se dedicó a cultivar la tierra, de la cual había salido para convertirse en combatiente por la defensa de la patria. Murió cubierto de gloria. En su caso, sí se supo donde   fue sepultado con honores civiles y militares.

Posteriormente, sus restos fueron colocados en una cripta de la antigua Catedral de Managua, de donde fueron trasladados en 1999 a la Iglesia de Nandaime, Municipio de Granada.

Sin embargo, algunos ancianos de Ticuantepe asegura que José Dolores Estrada murió abandonado y que su cadáver presuntamente fue enterrado en el cementerio de La Borgoña, lo cual, por supuesto, no es comprobado.

Se conoce que en la época del gobierno liberal de José Santos Zelaya se desbarató el puente de madera ya mencionado, para cruzar el Río Tipitapa, se y mandó a construir el actual de   estructura de metal.

Este puente fue construido sobre basamentos de piedra cantera muy gruesa, en los extremos, mientras las piezas de metal permanecen aseguradas con pernos metálicos muy gruesos.

Por decenas de años, los pobladores de Tipitapa y de fuera han llamado a este paso metálico "puente del diablo", desconociéndose por qué motivos le pusieron ese apodo peligroso.

Tipitapa en el Siglo 20
 

Sin embargo, sobre Tipitapa prácticamente se sabe muy poco desde aquellos sucesos de 1856.

No se conoce, por ejemplo, cómo se fue desarrollando el poblado, pero los hombres y mujeres de más de 70 años, todavía vivos, sostienen que  productores y pobladores de Estelí, Matagalpa, Sébaco, Chontales y Boaco, con habitantes de Managua, Masaya y Granada.

Estos productores del norte y oriente, por ejemplo, venían en carretas, mulas, en caballos y a pie hasta Tipitapa, trayendo consigo frijoles, maíz, trigo, cerdos, ganado, gallinas, gallos, animales silvestres como cusucos, venados,, cueros de tigres y de venados, todo lo cual era vendido en las tiendonas de los terratenientes y comerciantes conservadores y liberales en Tipitapa.
 
 



         / 27 DE SEPTIEMBRE 2000 | 
Mario José Moncada /  La Noticia 
         Localizan Restos de Héroe de San Jacinto
               Tumba de Andrés Castro se Encuentra Abandonada en Cementerio de Tipitapa
 

                 La tumba que guarda los restos de Andrés Castro, Héroe de la  Batalla de San Jacinto, fue localizada en el Cementerio Municipal de Tipitapa. Para rendirle el verdadero homenaje que se merece, los restos serán traslados precisamente a la histórica hacienda donde defendió la Soberanía Nacional en 1856.   El director del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), Clemente Guido, confirmó que gracias al apoyo de un nieto de Castro, se conoció el lugar exacto de la tumba, hasta ahora sumida en el olvido.  “Mucho se habla de Andrés Castro en cada celebración de  las Fiestas Patrias, pero la pregunta que se hacía es cuántas flores se le pone a su tumba y donde estaba esa”, comentó.  La respuesta, dijo Guido, la dio recientemente un nieto del humilde nicaragüense de San Jacinto que, al ver que la libertad e independencia de Nicaragua estaba amenazada por los  filibusteros norteamericanos, decidió en un momento dado  cumplir con su deber de defender a la Patria.  Poco después de las recién concluidas Fiestas Patrias un pariente de Andrés Castro le informó a las autoridades del INC que la tumba del conocido héroe que derrotó a un filibustero con una pedrada, “se encuentra abandonada y en el olvido en el cementerio de Tipitapa, sin haber recibido siquiera una flor en  estas festividades cívicas”, dijo Guido. 

 “Entonces el nieto del Héroe nos indicó el lugar exacto de su tumba y lo que estamos planeando es trasladar sus restos, a más tardar en tres meses, a un lugar especial en la Hacienda San  Jacinto”, aseguró.   Los restos tienen más de 100 años, por lo que quizás no estén bien conservados. Por lo tanto, lo mejor será cremarlos para luego depositar las cenizas en una urna especial, explicó Guido.  El traslado se realizará con el apoyo del Ejército de Nicaragua, la Alcaldía de Tipitapa y el INC, a más tardar en diciembre próximo.  “Queremos terminar esa gran tarea antes que finalice el año para que en las próximas Fiestas Patrias al hablar de Andrés Castro hablemos con propiedad”, indicó el Director de Cultura.


   30 DE AGOSTO DEL 2000 /  La Prensa
  Batalla de San Jacinto, una lección que no debemos olvidar 

    Aunque todos los años se habla de lo mismo, aún así existen muchos estudiantes que desconocen la historia de este hecho heroico 
 Aproximadamente 300 filibusteros atacaron la Casa Hacienda San Jacinto donde se encontraban estos valientes. Estrada dispuso que sólo una escuadra se quedara dentro y el resto de la tropa cubriera la línea exterior con orden de no abrir fuego hasta que los agresores estuvieran a tiro de pistola 
 Durante esta avanzada de los filibusteros, Andrés Castro, sin tiempo para cargar su fusil de chispa, ve a un filibustero saltar la trinchera, toma una piedra y lo derriba, impidiendo que el enemigo aniquile al resto 

Hilda Rosa Maradiaga C. 
  Aunque todos los años se habla de lo mismo, aún así existen muchos estudiantes que desconocen el porqué de la trascendencia de la Batalla de San Jacinto. 

Consultados algunos en años anteriores, han llegado a señalar que en la hacienda San Jacinto pelearon los sandinistas contra los filibusteros; que Andrés Castro era un guerrillero sandinista y otras incongruencias históricas. 

A continuación la sección Revista publica una serie de notas sobre los acontecimientos independentistas para utilidad didáctica. 

BATALLA DE SAN JACINTO 

Según Orient Bolívar, en su obra “La Batalla de San Jacinto”, en los primeros días de septiembre de 1856 una columna de 160 hombres pésimamente armados de fusiles antiguos de peine, hambrientos, casi desnudos y al mando del Coronel José Dolores Estrada, empezaron a escribir una de las más inolvidables páginas de nuestra historia. 

Señala que aproximadamente 300 filibusteros atacaron la Casa Hacienda San Jacinto donde se encontraban estos valientes. Estrada dispuso que sólo una escuadra se quedara dentro y el resto de la tropa cubriera la línea exterior con orden de no abrir fuego hasta que los agresores estuvieran a tiro de pistola. 

A pesar de las enormes diferencias en tamaño y equipamiento, la tropa de Estrada logró repeler a los filibusteros y hacerles bajas sensibles, indica. 

Agrega que después de esta batalla, Walker ordena que lo mejor de su tropa marche a San Jacinto. Y desfilan más de 200 rifleros al mando de Byron Cole, oficial de más alta jerarquía después de Walker. 

Los filibusteros se aproximan a San Jacinto al rayar el alba del 14 de septiembre de 1856, con fiero ánimo de aniquilar a los patriotas. El fuego empezó poco después de las 7:00 a.m. 

“Los patriotas logran hacer considerables bajas a los filibusteros, pero éstos, en lugar de huir avanzaban determinados a vencer. Sin embargo, los patriotas habían jurado defender sus posiciones con la propia vida y abandonarlas hasta morir”, señala. 

Durante esta avanzada de los filibusteros, Andrés Castro, sin tiempo para cargar su fusil de chispa, ve a un filibustero saltar la trinchera, toma una piedra y lo derriba, impidiendo que el enemigo aniquile al resto. 

Mientras la batalla se desarrolla, incluso cuerpo a cuerpo, una escuadra avanza hacia la retaguardia de los filibusteros y empieza a atacar. 

Desconcertados, bajo fuego de todos lados, los invasores huyen despavoridos. Algunos valientes los siguen en las bestias que dejaron abandonadas y hacen más bajas, alzándose victoriosos, y mostrando a los invasores la determinación de defender la soberanía y nacionalismo nicaragüense, concluye.

17 de Septiembre de 2001 | El Nuevo Diario—Edwin Sánchez—
Los desconocidos de San Jacinto 
El General Andrés Zamora posee un nombre que nadie lo liga a nada en especial. Pero él fue uno de los grandes de la Batalla de San Jacinto. 
Falleció a los 55 años, el 29 de agosto de 1887, dos años después de haber participado en la batalla de Santo Domingo, como segundo al mando de las tropas enviadas por el Presidente Adán Cárdenas para combatir las tropas del General Justo Rufino Barrios. 

El registro de defunción está en el libro 0003, página 95, partida 359, en los archivos de la alcaldía de Managua. La noticia de su muerte, junto con la del General Francisco de Dios Avilés Reñazco, apareció en la Gaceta oficial número 39 del miércoles 31 de agosto de 1887 en la página 436. 

Ambos son héroes de San Jacinto y la gran coincidencia es que fallecieron en el mismo mes y año, y no sólo eso: están enterrados frente a frente en el Cementerio de San Pedro. 

Unos vándalos le quebraron la cabeza al busto y hoy se desconoce quiénes son sus descendientes. Sí se sabe que fue casado con doña Juliana Arróliga. El 10 de octubre de 1888, Nicolás Zamora pidió certificado de defunción. 

En General Francisco de Dios Avilés Reñazco, hijo de don Francisco Avilés y doña Roy Reñazco, ostentaba el grado de capitán de San Jacinto. Era el jefe de la escuadra de reserva. Casi todos sus miembros resultaron muertos y heridos, incluyendo a él, que quedó renco. 

Llegó a ser senador de la República, Prefecto y Alcalde de Managua. También fue jefe del Cuartel Principal Militar de Managua. 

Por delegación del Presidente Adán Cárdenas, el 29 de agosto de 1883, puso el primer clavo al primer riel de la vía ferroviaria de Managua a Granada, y fue conocido popularmente, cuenta Roberto Sánchez, como Don Chico del Palo. 

Falleció a los 57 años, el 31 de agosto de 1887. Fue casado con doña Salvadora Santamaría. Una de sus hijas, Dolores Avilés se casó con don Rafael Rivas, entre sus descendientes están las familias Córdoba Rivas, Frixione, Díaz Lacayo, etc. 

Su registro de defunción está en el libro 0003, página 95, partida 361 y lo asentó su hijo político, Daniel Frixione. 

El General Miguel Vélez falleció a los 72 años, el 31 de julio de 1898. Fue casado con doña Juana Avilés. Su registro de defunción está en el libro 0008, página 13, partida 048. 

RESTOS PERDIDOS 

El General Vicente Vijil Bermúdez era sargento primero cuando la batalla de San Jacinto. Falleció a los 70 años, el 15 de mayo de 1899. Se ignora dónde están sus restos y descendientes. 

El General Florencio Xatruch, originario de Honduras, fue general en jefe de los ejércitos aliados de Centroamérica en la guerra contra Walker. Combatió junto con el General Francisco Morazán. Se quedó en Nicaragua y dirigió la construcción de caminos. 

Falleció a los 82 años, el 15 de febrero de 1893. El Congreso Nacional por decreto del 24 de febrero de 1843 ordenó poner en su tumba una placa: "Nicaragua al hondureño de origen y nicaragüense por adopción, Gral. don Florencia Xatruch, testimonio de admiración y gratitud por los servicios prestados a la patria". 

Debido a que su apellido era de difícil pronunciación, dio lugar a que cuando se referían a él le dijeran "catrú" lo que luego pasó a denominar a cualquier hondureño hasta quedar en el término actual de "catracho". 

Tanto la placa como la tumba se perdieron. 
 
 


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Sugerencias a ésta sección,
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SAN JACINTO

 

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  • COLECCIONES manfut.org
    Diseño y recopilación de datos por Eduardo Manfut P. (mayo - 2001).

    Examen de la Batalla de San Jacinto


    1 Quien dirigio la Batalla de la Hacienda San Jacinto
    Simon Bolivar
    Pancho Madrigal
    Josefa T. Aguerri
    Jose Dolores Estrada

    2 La Fecha de la Batalla de San Jacinto fue:
    14 de Septiembre de 1856
    11 de Septiembre de 1856
    12 de Enero de 1854
    27 de febrero de 1845

    3 Quien dirigia las fuerzas Filibusteras
    William Walker
    R. O'Neal
    Robert Manhattan
    Coronel Byron Cole

    4 Como se organizaron los Patriotas
    Se organizaron en dos batallones
    Se atrincheraron en la Casona
    Se atrincheraron por el corral
    Se dividieron en tres frentes

    5 En que Municipio de localiza la Hacienda de San Jacinto ?
    Masaya
    Managua
    San Francisco Libre
    Tipitapa

    6 lanza la piedra, debido a la falta de municiones, quien fue ? 
    Andres Castro
    Faustino Salmeron
    Venancio Zaragosa
    Carlos Alegria

    7 Los 60 indios flecheros matagalpinos, estaban al mando de ?
    Patricio Centeno
    Mayor Francisco Sacasa
    Frutos Chamorro
    General Tomas Martinez

    8 Quien cayo muerto de cansancio en la retaguardia filibustera
    nadie
    Sargento Francisco Gomez
    Eduardo Manfut
    Teniente Siero

    9 Nombre de la Ciudad donde los patriotas entraron victoriosos primero
    Tipitapa
    Masaya
    Granada
    Leon

    10 Quienes eran los jefes filibusteros
    Milligan y Watkins
    Mr. John Smith
    Watkins y O'Neal
    Respuestas 1 y 3 son correctas