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REPORTAJES EN LA REVOLUCION




 
Llegó un momento en que la comunicación con ambos se interrumpió, al fallar el servicio telefónico, pero los apuntes continuaron tomándose ya que los hechos se sucedían unos tras los otros, de manera vertiginosa.

Y llegó el momento de anotar hechos en los cuales no sólo era un atento observador sino un participante, en forma directa o indirecta, pues la revolución al extenderse. fue envolviendo a toda la ciudadanía, particularmente a los residentes en los barrios tomados por los insurgentes y a los familiares.,de los jóvenes que estaban combatiendo en las heroicas milicias populares. Porque, en general, en esta guerra civil de Nicaragua no hubo uno solo de sus hijos en que de una u otra forma no recibiera algún golpe de esta lucha fraticida.

Los primeros apuntes comenzaron a ser, ordenados; redactados, la mayoría de ellos, al momento mismo de estar ocurriendo o de haber ocurrido los hechos.

Gran parte, de índole muy personal o familiar. Es que nunca pensé, en los primeros días, integrarlos en un libro, sino guardarlos en las gavetas de mi escritorio y transcurrido los años leerlos y releerlos junto con mi familia -Doris, mi esposa, y mis hijos: Eduardo, Oliverio y Eudes-, para que ellos supieran "nuestra realidad" de lo que pasó en aquellos sangrientos días. Cuartillas redactadas con la frescura, emotividad, coraje, miedo y dolor del momento, para no dejar nada únicamente a la memoria que --definitivamentecon el tiempo siempre falta.

Fue Emigdio Suárez, viejo amigo de universidad y de profesión, quien leyó las primeras cuartillas y me instó a publicarlas. Y si bien es cierto que el conjunto de lo narrado no constituye ninguna exclusividad ya que cualquier familia nicaragüense que se dispusiera a narrar sus experiencias de la guerra civil lograría páginas más emotivas y hermosas, he considerado la necesidad de dar a luz este pequeño testimonio, para que nuestras generaciones venideras tomen conciencia de la realidad histórica en todos sus factores. Y, ojalá, otros individual o de manera colectiva- publicaran sus experiencias para que el caudal de információn sea mayor en el futuro.


Hay mucho --quizá demasiado- de lo personal y de lo fa miliar en estas páginas. Pero es que no podía ser de otra ma nera. Porque lo acontecido a una familia, durante aquellos días, fue casi similar a lo ocurrido en otras y otras. Y todo ese conjunto era la revolución. Madres angustiadas, mientras sus hijos peleaban heroicamente en las largas barricadas de adoqui-\ nes. Unas que pudieron dar cristiana sepultura a los restos de sus hijos y otras que' nunca supieron realmente qué sucedió con ellos. Y es que las madres, junto con ese conjunto de muchachos patriotas, fueron la espina dorsal de la revolución.

A todas las madres nicaragüenses, estos REPORTAJES EN LA REVOLUCION.
Managua, Julio 1979.


 
 
 

Primero fue un rumor que parecía venir de todas partes y de ningún lado, de muy lejos o quizá del- propio barrio. Luego fue una enorme algarabía que brotaba de lo más profundo de todos y cada uno de los barrios de Managua, que llegaba a tos oídos como estallido de pólvora. Y al final fue claramente escuchado por todos los capitalinos el prolongado, combatido y combativo grito:

"¡Patria Libre . . . o Morir!"

Una cerrada y ensordecedora descarga de fusilería, metralla y bombas de contacto, que a partir de ese momento se mantendría por más de dos horas -sin decaer un solo instante-, fue la respuesta que se escuchó por toda la periferia de la desarticulada capital. Y después de los primeros ciento veinte minutos, las descargas se mantendrían de manera menos intensa durante toda la noche.

Eran las seis de la tarde de! viernes ocho de Junio de 1979.

Las catorce secciones de policía Instaladas por toda la capital, en diferentes barrios; comenzaron a ser hostigadas desde esa hora por las diversas escuadras de combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pertenecientes a las tres tendencias: Guerra Popular Prolongada (GPP), Insurreccionales (Terceristás) y los Proletarios.

También se inició el hostigamiento contra casas particulares de reconocidas personas ligadas al régimen somocista al igual que comenzaron a ser tomados por los guerrilleros, de manera definitiva, los barrios más beligerantes de Managua, entre ellos: Riguero, Máximo Jerez, Open Tres, Las Américas, Monseñor Lezcano y Acahualinca..


Después. de cinco días continuos de huelga general, la esperada ofensiva sobre Managua parecía haber dado comienzo.
 

Las Sierras, de la uno a la catorce, tal como se identificaban las secciones ante la Central de Policía, así como las unidades policiales móviles empezaron a comunicarse por medio de sus radios de alta frecuencia con Sol, pseudónimo que utilizaba el oficial inmediato que les recibía las llamadas y, a la vez, encargado de trasmitirles las instrucciones pertinentes.
-Sol, aquí Sierra 13... Sol, aquí Sierra 13 
-era el llamado angustioso de la patrulla acantonada en la sección policial ubicada en el Mercado Periférico, sector sur-oriental de Managua. 
Llamado que podían ser .escuchados por todas las personas que poseyeran, radios con circuito de alta frecuencia.
 

-Sierra 13, aquí Sol . Sierra 13, aquí Sol.
¿Qué sucede? -respondían desde la Central de Policía.

-Nos atacan por todos lados, necesitamos ayuda.

-Ya les mandamos refuerzos. Aguanten. Y recuerden, disciplina de fuego. Nada de desperdiciar municiones.

Igual llamada de auxilio pedían a Sol de las otras secciones de policía así como de las unidades móviles, que reportaban ataques a casas de reconocidos somocistas.

También reportaban cuales eran los barrios por donde, en esos momentos, se desplazaban abiertamente más insurgentes.

-En Las Américas andan como 300 guerrilleros -decía una móvil desde la zona oriental.

-En Monseñor Lezcano hay gente armada por todo el barrio -decían igualmente a Sol.

Imposibilitado de tomar decisiones de mayor envergadura, y ante la gravedad del. momento, Sol llamó a su superior inmediato por la misma frecuencia de la Policía.

-Sol 22, aquí Sol... Sol 22, aquí Sol. Nos atacan por todos lados. Necesitamos refuerzos. Me escucha Sol 22, aquí habla Sol. Necesito instrucciones -repetía frenéticamente.

Y al anochecer de aquel día se escuchó por vez primera la voz de Sol 22, que resultaba fácil de identificar por tratarse de un oficial que desde hacía años había venido suministrando declaraciones radiales, por diversos motivos, desde los diferentes cargos que dentro de la Policía había y venía desempeñando.

-Aquí Sol 22, ya estoy entendido. Enviaremos a alistados del Batallón de Combate General Somoza al ` barrio Monseñor . Lezcano y de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) a Las Américas -respondió el Comandante de la Policía de Managua, Dr. y Cnel. Nicolás Valle Salinas.
 
 

-Entendido, señor; entendido
-se dejó escuchar a Sol, para añadir ya más tranquilo y dirigiéndose a las unidades móviles. 

-Atención, a todas las unidades móviles que están reforzando a las Sierras de Monseñor Lezcano y de Las Américas, ya van para esos lados los del Batallón de Combate y los de la EEBI.

Ustedes, cúbranse en sus vehículos, para que no los confundan, porque esta gente va a pasar por allí como ciclón matando a todo lo que se mueva. ¿Entendido? . Repito, matarán a todo lo que se mueva....



Pero el grito de guerra. ¡Patria Libre o Morir! seguía resonando por toda la capital, remachado; por la valentía sin límites de la juventud nicaragüense que no cesaba en su cerrado hostigamiento por los cuatro costados de Managua. 


 

Y las otras Sierras y demás unidades móviles -a pesar de estar fuertemente apertrechadas- continuaban insistiendo, angustiosamente:
-Y a nosotros... ¿a qué hora nos llegará refuerzos?
-¡Pronto! Aguanten y disciplina de fuego, que hay verga para todos esas hijos de puta -decía Sol.
La noche siguió avanzando. 
La intensidad del fuego de las armas fue decayendo después de dos horas, pero se mantuvo durante toda la noche aunque menos intenso.
 

En la misma banda de alta frecuencia, pero un poco más a la derecha del dial, se había escuchado también la voz del Coronel Humberto Corrales, Jefe del Estado Mayor Presidencial, manifestando a otros subalternos:
-Tenemos informes de que tendremos fiesta toda la noche. Así que, todos alerta.
Su identificación fue posible ya que uno de sus interlocutores lo llamó directamente por su nombre, a pesar de que en ese momento los pseudónimos, eran: Blanca Nieves, Gasparín, Lulú y Tobi.
-Estaremos listos -había sido la respuesta, general.
Pero la ofensiva final sobre Managua no se había iniciado.
-Fue el último hostigamiento, para ver si las escuadras ya estaban listas -expresó el responsable de uno de los grupos combatientes al ser preguntado al respecto.
-¿Y cuándo comienza la ofensiva final, definitivamente?
-El domingo, después del mediodía -respondió.

En todo Managua, sí, al amanecer del sábado nueve de junio, el comentario obligado entre la ciudadanía era lo ocurrido durante la noche anterior.
Y la huelga que- había entrado a su sexto día, fue más compacta. Ni un solo establecimiento abierto, ni bancos, ni financieras. Ni gasolineras, ni transporte urbano, ni rural. Ni supermercados, ni pulperías. Todo completamente cerrado. Nada funcionaba. Nada, absolutamente nada.
Ni las estaciones de radios ya que Radio Sandino, que transmitía desde algún lugar de Nicaragua, en dos frecuencias de los 41 metros, había ordenado el cese de las trasmisiones. Quedaban encadenadas, únicamente, Radiodifusora Nacional Y Estación Equis; la primera, propiedad del Estado, y la segunda. del General Somoza Debayle.




En donde aún se podía conseguir algo de alimentos, paraprepararse, era el Mercado Oriental, una extensión irregular de casi veinte manzanas. Y no era que los comerciantes y vivanderas del Oriental no se hubieran sumado al paro, pues el cierre de negocios y tramos era completo, sino que ocurría que algunas personas improvisaban tramos en las calles, para rematar mercadería que todavía les quedaban ya que de los departamentos no entraba nada.

Circulaban carros particulares en Managua, durante el sábado, pero los tanques de combustibles ya estaban quedando vacíos al no haber gasolineras funcionando. Algunos conductores de camionetas de aca reos que aún circulaban por el Mercado Oriental estaban haciendo su agosto con las vivanderas.

Muchos tramos estaban siendo desarmados por sus dueños, trasladando los enseres de más valor a sus casas. "Hay que llevarse todo, porque cuando estalle de lleno la guerra en Managua, lo primero que van a saquear es el Oriental", comentaban entre sí las vivanderas, mientras se afanaban' en sus quehaceres.

Y la libra de queso que días antes costaba seis córdobas ya había subido a once; y en los días críticos se cotizaría a quince. La docena de huevos, de cuatro córdobas pasaba a nueve, y en los días críticos se vendería a veinte. La bolsa de azúcar, de siete córdobas se elevaba a doce. Y así sucesivamente.

No era ni inflación ni devaluación lo que encarecía los productos, era sencillamente la especulación con la guerra, con la huelga y aprovechamiento de la escasez. Porque ya no quedaba mayor cosa que vender y la demanda era enorme.

-Así que, hoy sábado no habrá nada de insurrección?

-No. Por hoy descansaremos -fue la respuesta de un combatiente del barrio Gancho de Camino, donde la mayoría de los muchachos estaban debidamente organizados.

La guardia, sí, no tuvo descanso aquella noche del sábado y se dedicó a lo que durante 45 años de dictadura somocista había venido haciendo: asesinar con ventaja y premeditación. 

Asesinatos que, después de la insurrección popular de septiembre de 1978, había venido cometiendo de manera más atroz y continua.
 

LA MAÑANA DEL domingo, en las primeras horas, Sol pidió que la Dama Azul -nombre quedaban al vehículo de la Policía que recogía cadáveres- fuera a recoger nueve "muñecos" que estaban tirados en unos montes situados "de la Kativo. carretera arretera norte, doscientas varas al lago".
 

"Muñecos" era el nombre que la Policía daba a los sandinistas una vez que habían sido asesinados por sus patrullas. 

Cuando esos sandinistas aún combatían los identificaban como "chapas" o "chapuceros". 

La mayoría de las veces, Sol -para congraciarse con sus superiores que siempre estaban escuchando la red de comunicaciones- utilizaba palabras soeces y brutales contra los combatientes.


-¿Qué pasó Sol, que no viene la "Dama Azul." para llevarse a estos "muñecos"? 
-reclamaba la patrulla de guardias que se encontraba junto a los cadáveres.
 

-Hay déjalos que se pudran, jodido -fue la brutal respuesta de Sol.

En tanto, otra patrulla reportaba a Sol:

-A la altura del kilómetro nueve, la carretera a Masaya amaneció cortada. Un metro de ancho por uno de hondo.

Lo mismo le reportaban desde Nagarote: -La carretera está cortada. 

Y de la carretera a León: -En el. kilómetro ochenta hay una gran zanja. 

Otra zanja un kilómetro después. 

Y todavía una tercera zanja más adelante.

Mientras, Radio Sandino, en su emisión matutina, lanzaba al aire la siguiente consigna a todas sus escuadras sandinistas, combatientes y milicianos, brigadas populares y pueblo en general. A todos los nicaragüenses que estaban contra la dictadura.

"¡Hay que abrir zanjas! ¡Hay que abrir zanjas!
En las carreteras y calles de las ciudades, hay que dejar inmovilizado al enemigo. 
Abrir zanjas, es la consigna".

También Radio Sandino enviaba un fraternal saludo revolucionario a los beligerantes barrios de Riguero, Máximo Jerez y San Judas.

"¡Adelante, compañeros! ¡La victoria es nuestra!", los estimulaban.

-Sol, va a venir o no la "Dama Azul"? 
Ya los familiares de estos "muñecos" están aquí y quieren llevárselos para enterrarlos. 
Se los damos o no...? 
Usted dice -volvía a llamar la patrulla que estaba "de la Kativo doscientas varas al lago".


-Que se lleven a esos "perros", pues. 

Después vamos a llegar a arreglar con esa gente su situación -ordenó.

De San Judas, populoso barrio situado al sur-oeste de la capital; se reportaban también gran cantidad de muertos. 

La guardia la noche del sábado' había llegado a catear varias viviendas y e asesinar a los capturados, a la media cuadra de sus casas.
Capturaban a todos los hombres de las casas, aunque fueran niños :de doce años

Los  sacaban a la calle y a las pocas verás los ¡no„ en. , "Disparaban sin . piedad, sin Importarles asesinar a 'los no los siguiera:. Todos los guardias eran unos chacales", relate entre, sollozos una humilde señora, días después.

Y es quejo,` la~ ardía hilo en- San Judas esa noche fue pai~oróso. -i)ésplazmtt`tio§elás patrullas. por todos lados.. mataban a diestro y siniestro -Eritraban a las casas' donde creían podía;vivir un mftlciart~ procedí`an contra' todos los moradores. Los cadáveres quedaron.s regados por todos lados, al igual que ocurriría en toda la capitaf en''-,los días venida~.
-Y`ia mar~ d'ei domingo seguía''su marcha con Radio Sandino, sintonizada s ta niafyona = de los hogares, nicaragüenses. Y la señal entraba:-peifeL met*d a?mear`-de los' esfuerzos de Radiodifusora Nacional y de Estación búls-por interferirla. Muchas veces lo lograban y Radio Sandlno ténía''que pasarse a otra frecuencia. _` Era-también la guerra de la cómúnicaclón colectiva>.que',=estaba llevando` a cabo.Y LLEGO EL mediodía del domingo, 10 de junio, y la insurrección en Managua comenzó en firme. Ya no se trataría de hostigamientos, sino de tomar posiciones y mantenerlas. En definitiva, de tomarse la ciudad o la mayor parte de la misma. El grito, Patria Libre o Morir volvió a resonar con-mayor fuerza, con más decisión, cargado de enorme esperanza. Era la ofensiva final. que en Managua también estaba comenzando. Los capitalinos Habían oído en 1978, durante:- la,- Insurrección de Septiembre, de lo que había ocurrido en Matagalpa, Masaya, Leon, Chinandega y Estelí; de los sufrimientos de esos conciudadanos. En los próximos días, ellos lo vivirían con intensidad. Conocerían lo que era la guerra civil, con armamentos modernos de parte del ejército somocista y escopetas, rifles 22, revólveres 38 y pistolas 22 y 45 de parte de los sandinistas. Sabrían lo que son los rockets, los cañonazos de los tanques y tanquetas, los morteros, los barriles de pólvora de 500 libras lanzados por helicópteros al igual que de las bombas de napalm y de la tristemente mentada "operación l!mpieza"., En fin, vivirían algo muchas '-'veces peor que `el terremoto que redujo a escombros a Managua, el 23 de diciembre de 1972.

La Insurrección en la capital había comenzado.
Los gritos revolucionarios inundaban todos los ámbitos de la capital.
Patria Libre... o Morir!
Patria o Muerte... ¡Venceremos!
Sandino Vive... ¡Muerte al Somocismo!
La juventud sandinista, desde ese momento, se lanzó abiertamente a las calles. Sin el rostro cubierto por ninguna clase de máscara, como lo habían venido haciendo antes para cubrir su identidad. Ya no importaba que los soplones, orejas y paramilitares supieran quienes eran sandinistas, pues la ofensiva era la final y el resultado sería, patria libre o morir. ¡Todos a las armas! ¡A las calles! Y nuevamente los barrios más beligerantes fueron los primeros en ser tomados. ¡El pueblo a las armas!, era el grito.
-Riguero
-¡Presente¡.
` -Máximo Jerez

-San Cristóbal
-¡Presente!
-El Dorado
-¡Presente!
-El Edén
-¡Presente!
-Blandón
-¡Presente!
--El Paraisito
-¡Presente!
-Santa Rosa
-¡Presente!
-Colonia Salvadorita
-¡Presente!
-Meneses y Ducualí
-¡Presentes!
-San Judas
-¡Presente!
-Open Tres
-¡Presente!
-Las Américas
-¡Presentes!
Y así sucesivamente, todos tos barrios de Managua se levantaron en armas.
Era un siete de diciembre, día de "La Gritería". tronando la pólvora por todos lados.
"La marcha hacia la victoria. ¡No se detiene!", repetían las masas enardecidas.
Y ya ningún arma sandinista estaba escondida. Brillaban al sol, abiertamente. Todas las escuadras, todas las brigadas, todas las milicias sandinistas estaban en las calles. Y como las armas no daban abasto para todos los milicianos, el pueblo les entregaba las suyas: revólveres de todo calibre, rifles 22. y escopetas. También les daban botas, para que se calzaran debidamente.. "Y por comida no se preocupen, que el pueblo los alimentará", les decían.
Nuevamente las Sierras y las unidades policiales móviles comenzaron a pedir refuerzos. Los encuentros se generalizaban. Las barricadas aparecían como por arte de magia. Los sandínistas se movilizaban y pedían a los ciudadanos que les ayudaran a levantar barricadas. De inmediato las calles se llenaban de árboles, de carros atravesados, piedras de gran tamaño y se quebraban botellas en las calles.

_ZANJAS!  HAY QUE ABRIR ZANJAS !

-ERA TAMBIEN LA ORDEN.

Y en las prolongadas pistas de circunvalación, que fueron construidas después del terremoto con la ayuda que llegó del extranjero, y que todas estaban revestidas de adoquines que Somoza los había vendido a precios exhorbitantes, también se levantaron barricadas y se abrieron innumerables zanjas. Los
adoquines eran arrancados y colocados de dos y tres adoquines de ancho que alcanzaban una altura hasta de metro y medio. En una actividad febril, manos de mujeres y niños los arrancaban y formaban luego las largas barricadas. La parte más combativa desde un inicio de la insurrección fue la zona oriental de Managua, y allí se vivirían los días más cruentos a partir de aquella hora... Pero también los días más gloriosos de un pueblo.
-Sol, aquí Sierra 13... Sol, aquí Sierra 13 -seguía siendo el grito cobarde de los alistados acantonados en la Sección de Policía, situada en el Mercado Periférico. mientras era atacada incesantemente por las fuerzas sandinistas.
Toda la tarde fue de enfrentamiento en los barrios de Managua. Los ataques iban dirigidos principalmente contra las secciones de Policía, contra las unidades móviles y casas de reconocidos somocistas. Llegó la noche y los encuentros se mantuvieron. La zona oriental seguía siendo la más aguerrida. La Avenida de la Salvadorita, que va desde los rieles hasta el Mercado Periférico, era un verdadero infierno. Obstaculizada de barricadas y ocupado todo el sector por más de doscientos guerrilleros, débilmente armados, hacían retroceder a la guardia somocista equipada con rifles Galil y M-16, capaces de disparar 40 tiros en breves segundos.
"Patria libre... o morir!", era el grito de los insurgentes, que se movilizaban de un lado a otro.
El ataque contra todas las Sierras seguía, particularmente y con mayor fuerza contra la 13 sección de policía, la del Mercado Periférico que había alcanzado notoriedad en los últimos dos años por haber tenido de comandante al sargento Alberto Gutiérrez, mejor conocido como "Macho Negro", uno de los más fieros asesinos de la guardia somocista que había masacrado personalmente a más de un centenar de sandinistas y que. a pesar de ser sargento se hacía acompañar de cuatro y cinco guardaespaldas, todos paramilitares.
***
 

DESDE LOS PRIMEROS momentos de la insurrección en Managua, la guardia somocista puso al descubierto su temor, sumiedo a enfrentarse abiertamente a los sandinistas;,,,Su,cobardía quedó a la vista pública, pues más, que soldados siempre habían 3idb asesinos de gentes indefensas. Acostumbrados,, durante
más de cuatro décadas al rabo, a. la protección de toda clase de vicios y a la masacre indiscriminada de -estudiantes y a la matanza de jóvenes indefensos, que iban a botar luego a la Cuesta del Plomo, les resultaba tremendo e :insólito enfrentarse a muchachos armados, aunque éstos blandieran armas de poca potencia. La ferocidad asesina de la guardia sólo se manifestaba cuando asesinaban con ventaja y premeditación. En el combate siempre fueron cobardes.
Queriendo sorprender a los insurgentes que esa noche se desplazaban por los barrios mencionados en el sector oriental, enviaron a varias patrullas por los alrededores para encerrarlos -de acuerdo con las instrucciones de Sol, desde la Central de Policía-, enviando para ello a una patrulla que le identificaban como 47, integrada por más de cincuenta alistados, que ingresó por la fábrica Rolter hasta llegar a Bello Horizonte.
-Avancen por la Rotonda de Bello Horizonte que el Salvaje (otra patrulla) entrará en sentido opuesto, para encerrar a los "chapus". ¿Entendido, 47? -ordenaba Sol.
Pero el 47 con todos sus hombres, que se desplazaban en siete jeeps equipados con ametralladoras calibre 30 varios de éstos, se ubicó desde que llegó de la Rotonda dos cuadras al lago, propiamente en la esquina de la Librería Bello Horizonte.
-¿Está avanzando, 47? -preguntaba Sol.


-No puedo. Estoy peleando en Bello Horizonte.
Quince minutos después.
-Está avanzando, 47...?
-Seguimos peleando, no podemos avanzar.
-Pero cómo es posible que cincuenta hombres no puedan avanzar ni unas cuantos cuadras. ¡Avancen, jodido, que Sierra 13 necesita ayuda! -amonestó Sol.
Llegó un momentó en que el 47 perdió la paciencia y gritó:
-¡No joda!, para usted es fácil estar sentado allí dando órdenes pero uno aquí está exponiendo su vida.
Igual problema tenía Sol con la patrulla el Salvaje que no avanzaba ni una pulgada y es más no respondía siquiera su equipo de radio. Cansado de estar llamando a dicha Patrulla, llegó un momento en que Sol contentó: "Parece que este Salvaje ha apagado el radio, para no escuchar las órdenes". En tanto, las otras Sierras lo acosaban pidiéndole auxilio.
"Ya sé -respondía- pero hay que auxiliar primero a Sierra 13 que nes la que está más jodida. Además, ya toda la tropa disponible se encuentra regada por todo Managua.

Y así transcurrió toda aquella noche.
***
 

POR LA MAÑANA del lunes 11 de junio, todavía resonaban en los oídos de los vecinos del sector el sonido de la metralla y la fusilería y los gritos de Patria Libre o Morir, que durante la noche y la madrugada no dejaron de escucharse un solo instante.
También comenzaron a desfilar por el boulevard de Bello Horizonte, procedentes del barrio Blandón, muchos grupos de civiles, cargados de motetes: Los grupos eran integrados por hombres, mujeres, ancianos y niños que sostenían banderitas blancas. Se apreciaba el temor en sus rostros.
-¿De dónde vienen? -se les preguntaba
-Del Blandón.
Y es que la guerra civil estaba comenzando a sentirse en Managua.
Por la alta frecuencia, los de Sierra 13 insistían:
-Desde ayer al mediodía estamos pidiendo auxilio. ¿Qué
pasa que no vienen? ¡Nos están atacando por todos lados! -Ahora si les va a llegar auxilio, no se preocupen. Re
cuerden disciplina de fuego. Sólo disparen cuando estén segu
• ros ros de matar a un "chapu".
A partir de ese momento grandes fuerzas de !a guardia somocistas fueron lanzadas sobre esos barrios del sector oriental de Managua, cuya meta era llegar a la 13 Sección de Policía. Los guerrilleros estaban bien ubicados y dominando ampliamente todo el sector, lo que indicaba que la lucha sería encarnizada. Adueñarse de dicha sección policial era un objetivo inmediato de los sandinistas.
Los escombros de una construcción situados en la carretera norte, frente al diario "La Prensa", estaba tomada por los insurgentes que utilizaban las partes altas para apuntar mejor a la guardia somocista.
Desde que comenzó la lucha la guardia somocista que trataba de llegar a Sierra 13 hizo un enorme derroche de municio
• nes. Nunca, como en ese día y en ese sector, durante los días que duró la insurrección popular se volvió a escuchar tal profusión de disparos. Era un fuego constante, sin decaer jamás. Parecía el tableteo de mil ametralladoras disparando a la vezY así transcurrió toda aquella noche.
***
POR LA MAÑANA del lunes 11 de junio, todavía resonaban en los oídos de los vecinos de! sector el sonido de la metralla y la fusilería y los gritos de Patria Libre o Morir, que durante la noche y la madrugada no dejaron de escucharse un solo instante.
También comenzaron a desfilar por el boulevard de Bello Horizonte, procedentes del barrio Blandón, muchos grupos de civiles, cargados de motetes. Los grupos eran integrados por hombres, mujeres, ancianos y niños que sostenían banderitas blancas. Se apreciaba el temor en sus rostros.
-¿De dónde vienen? -se les preguntaba
-Del Blandón.
Y es que la guerra civil estaba comenzando a sentirse en Managua.
Por la alta frecuencia, los de Sierra 13 insistían:
-Desde ayer al mediodía estamos pidiendo auxilio. ¿Qué
pasó que no vienen? ¡Nos están atacando por todos lados! -Ahora si les va a llegar auxilio, no se preocupen. Re
cuerden disciplina de fuego. Sólo disparen cuando estén segu
• ros ros de matar a un "chapu".
A partir de ese momento grandes fuerzas de la guardia somocistas- fueron lanzadas sobre esos barrios del sector oriental de Managua, cuya meta era llegar a la 13 Sección de Policía. Los guerrilleros estaban bien ubicados y dominando ampliamente todo el sector, lo que indicaba que la lucha sería encarnizada. Adueñarse de dicha sección policial era un objetivo inmediato de los sandinistas.
Los escombros de una construcción situados en la carretera norte, frente al diario "La Prensa", estaba tomada por los insurgentes que utilizaban las partes altas para apuntar mejor a la guardia somocista.
Desde que comenzó la lucha la guardia somocista que trataba de llegar a Sierra 13 hizo un enorme derroche de munício
• nes. Nunca, como en ese día y en ese sector, durante los días que duró la insurrección popular se volvió a escuchar tal profusión de disparos. Era un fuego constante, sin decaer jamás. Parecía el tableteo de mil ametralladoras disparando a la vez
• de manera continua durante todo el día.
Los vecinos de Bello Horizonte donde todavia no habían entrentamientos, creyeron que al terminar aquel encuentro nadie quedaría con vida en ese sector. Pero en realidad. según se logró establecer después, de los insurgentes únicamente perecieron dos muchachos; de civiles murieron un gran número, y éstos serían las principales víctimas de la guardia somocista durante la insurrección -sólo en la Iglesia Santa Faz un rocket mató a seis niños y a dos señoras-; de militares los muertos fueron considerables, pero siempre la Oficina de Leyes de la G.N, ocultaba tales datos al público.
El primero en caer, aquella mañana, fue un capitán de apellido Cordero, de servicio en la Central de Policía. Fue acribillado dentro de un jeep militar que se desplazaba en la zona de combate. A la patrulla identificada como 1249, Sol le ordenó desesperado, después de que le informaron de la muerte del capitán Cordero, a eso de las ocho de la mañana:
-Orden de Sol 22, que se juegue la vida si es necesario pero que rescaten el cadáver del capitán Cordero y el equipo de radio. Sobre todo el equipo de radio, que no vaya a caer en manos de esos "chapus".
-Entendido, señor. Pero ahorita nadie se puede acercar a ese vehículo. Quien lo haga se muere, ya que es blanco fácil de los insurgentes.
-Usted sabrá lo que hace, pero la orden de Sol 22 es que se juegue la vida por rescatar el cadáver y el equipo de radio. O bien, péguenle de largo dos balazos al equipo de radio para destruirlo.
-Eso está mejor -respondió el 1249.
El tableteo de la metralla en el sector continuaba siendo infernal.
Los de Sierra Cuatro, s'stuados en el barrio Santa Ana, pedían urgentemente auxilio. "Nos atacan por todos lados y nos estamos quedando sin municiones", informaban constantemente.
 

También pedían auxilio de la Sección de Policía situada en la Colonia Centroamérica. "Nos disparan desde una colina que está al otro lado de la carretera", decían.
Lo más fuerte era en la 13 Sección de Policía.
-¡Necesitamos ayuda! -gritaba una voz casi histérica, que posteriormente se conocería que había sido del Cabo García.
Para entonces, la manzana donde estaban los buses -de Emitesa había sido incendiada.
Era ya mediodía. Estábamos en invierno, pero el cielo estaba despejado. Ni una sola nube. El sol alumbraba con majestuosidad única. Todo el mundo se preguntaba, ¿a qué hora vendrán los aviones? Pero aún no aparecían. Es cuestión de-¿A qué hora va•a llegar la ayuda...? -suplicaban de la Sierra 13.
-¡Pronto! ¡No se agüeven! -trataba de alentar Sol.
La lluvia de plomo seguía cayendo sobre la Sierra 13, de todas las direcciones, y una avioneta apareció a lo lejos. -
-¿A qué hora van a llegar? Ya tenemos tres guardias muertos. ¡Jodido, van a llegar hasta que todo esté incendiado! Nos va a pasar igual al comando que estaba en Monimbó, en Masaya, el año pasado. Allí mataron al oficial y a 18 guardias porque nunca les enviaron ayuda. ¡Vengan pronto! -decía el Cabo García, casi llorando.
En los radios con circuito de alta frecuencia se captaba aquel desesperado llamado de auxilio. Quedaba al descubierto la carencia de valor de la guardia somocista. Y la incapacidad de la guardia de llegar, a pesar de estar a pocas cuadras de distancia, a auxiliar a sus compañeros de armas. Por eso a Sol lo último no le había agradado, y le llamó colérico la atención al que se había expresado así.
-¡Jodido, usted es una vergüenza para la guardia! ¡Es un cobarde! Con lo que dice no ve que está bajándole la moral a todos los alistados. Parece más bien que fuera uno de esos fascinerosos. Si es así, mejor abandone el cuartel y únase a ellos. Recuerde que sus palabras son escuchadas por toda la red de la guardia y por muchos civiles.
Del otro extrema, de inmediato, nadie respondió.
El fuego de la metralla seguía.
La patrulla el Salvaje, comisionada para atacar por el lado sur, no daba señales de vida.
-Deben tener el radio apagado, para no hacer nada -comentaba furioso Sol.
Mucho tiempo después se reportó el Salvaje, objetando que había estado combatiendo y que por ello no había podido estar en comunicación con el "nido grande" 
-¡No es cierto! -amonestó Sol- Charlie los ha estado viendo con binoculares, desde una avioneta, y dice que han estado quietos en un solo sitio. No sea cobarde y muévase, que urge llevarle ayuda a Sierra 13, y lo más pronto posible,
-¿A qué hora la ayuda...? -volvía a suplicar Sierra 13- Envíen aviones. Tres nidos de ametralladoras nos atacan. Una -de la entrada del cementerio 30 varas adentro: otra, por el puente El Edén; y otra más, a dos cuadras de nosotros.
-No te preocupés que ya enviamos la "bola de hierro". Y más de 300 guardias de refuerzos,
Lo cierto era que el tanque Sherman desde el mediodía que apareció por los rieles no había avanzado, tres horas después, ni una cuadra, ya que el enfrentamiento que le hacían los guerrilleros a las fuerzas somocistas era de lo más encarnizado y los obstáculos de barricadas imposibles de superar, pues eran hileras de adoquines de tres de ancho y hasta el pecho de alto. Además, los insurgentes con sus armas disparaban desde los techos.
El diario "La Prensa", situado aproximadamente a la altura del kilómetro cuatro y medio, de la carretera norte, cerca del sector donde la patrulla debía de entrar para ir en rescate de los alistados acantonados en la 13 sección de Policía, fue el primer objetivo *no militar cañoneado por el tanque Sherman. En "La Prensa" no habían guerrilleros ni otro tipo de fuerzas contra la dictadura, únicamente la enorme rotativa silenciada desde hacía días por orden del somocismo. ;.Por qué la destruyeron? La respuesta era elemental, se trataba de algo que las autoridades deseaban hacer desde muchos años atrás y ¡,oportunidad que se le presentaba era inmejorable. Después acusarían a los insurgentes, pero ni Nicaragua ni el mundo creyó al tirano.
Los cañonazos contra la construcción de "La Prensa" fueron continuos hasta que las instalaciones interiores tomaron fuego. Las grandes columnas de humo fueron vistas en varios kilómetros a la redonda. Allí ardieron, archivos de oficina y de irreemplazable material informativo.


Filadelfo Alemán, redactor del diario "La Prensa", quien se había estado comunicando conmigo, telefónicamente, durante el día, recabando informaciñ sobre lo que ocurría en mi sector, para enviar noticias al diario "Excélsior", de México, del cual es corresponsal, me llamó nuevamente, para preguntarme:
-Es cierto que incendiaron "La Prensa"...?
-Veo columnas de humo que se levantan de ese lado, pes ro dan la impresión de estar un poco más al este. De todas maneras voy a investigar. Llámame más tarde -le respondí.
Sin embargo, fue Filadelfo Martínez Flores, corresponsal de la agencia Acan-Efe, quien telefónicamente me confirmó que en efecto "La Prensa' había sido incendiada. "Un directivo del periódico me lo confirmó", dijo Martínez.
Posteriormente, en todo el sector, quedó claramente establecida la forma en que los militares habían incendiado "La Prensa", principal órgano de información de combate contra el régimen somocista, durante sus 45 años de dinastía.
SIERRA 13 CONTINUABA gritando: -¿A qué hora va a llegar la ayuda? --¡Pronto!
-Nos acaban de matar al comandante, teniente Gaitán. Le pegaron un tiro en plena frente. ¡Por favor, envíen ayuda!
-Cuidado con lo que dice ¡jodido! Usted no parece guardia. Con sus palabras está desmoralizando a la tropa. Cálmese y sea hombre -vociferó Sol.

En todo el sector el estallido de la pólvora era ensordecedor. Algo nunca oído.
Minutos, después se comunicó Sol con Sierra 13. nuevamente:
-Ya despegaron los aviones del aeropuerto, Sierra 13. Te voy a poner en directo, para que indiques a los pilotos adonde van a disparar.
-De la entrada del cementerio 30 varas arriba hay una ametralladora -informó Sierra 13.
Al poco tiempo los aviones de doble cola, push and pulí, aparecieron sobre los cielos de Managua, zona oriental, para sembrar la muerte.
Rockets por todos lados.

Pero a pesar de las indicaciones de Sierra 13. ningún proyectil daba contra los guerrilleros.
-Esos pilotos apuntan donde no es. Todos los rockets están cayendo en las tumbas y en las casas vecinas. Que mejoren la puntería que a los guerrilleros no les han hecho nada -gritaba el Cabo García.
En efecto, uno de los rockets cayó en la Iglesia Santa Faz, matando a seis niños y dos señoras. Todas las víctimas fueron sepultadas en los predios aledaños al templo por disposición del párroco, de acuerdo con los informes obtenidos.
Y la cobardía de la guardia seguía poniéndose al desc : b!erto, las fuerzas de rescate no avanzaban por temor a los insurgentes y la patrulla de Sierra 13 seguía suplicando, cobar demente, que llegaran, a sacarlos.
-¿A qué hora la ayuda...? -era el gd-ito incesante.
 

-¡Aguante, jodido, que también la "bola de hierro" va para allá -gritaba también Sol.
-Desde ayer domingo me est-F diciendo que la ayuda ya nos va a llegar y nada. ¡Apúrense!
Durante horas y horas Sol la estuvo diciendo a Sierra 13 que la ayuda ya llegaba, pero nada de eso era verdad. La lucha era cerrada. A eso de las cinco de la tarde, el tanque Sherman todavía avanzaba difícilmente por las inmediaciones dei parque de la Maestro Gabriel. Y los guardias que presiona
ban por llegar, caían muertos o heridos. Sierra 13 suplicaba, lloraba pidiendo ayuda y Sol lo insultaba para que no se, desmoralizara -según éste.
-¡Nos van a matar Sol! -decía completamente acobardado Sierra 13. Y éstos guardias habían sido precisamente los integrantes de la patrulla que más muchachos indefensos había asesinado en los meses anteriores. Asesinos con ventajas temblaban en el combate.



-¿Qué le pasa? ¡Aguante, jodido! .a ayuda ya va a llegar, pero si algo sucede, antes péguele dos balazos al radio, que no vaya a caer en poder de los "chapuceros".
-Tengo un prisionero aquí, de días anteriores. ¿Qué hago con él? =preguntó Sierra 13.
-¡Fusílelo! -fue la criminal orden de Sol.
-¿Cómo dice? No oí bien -insistió el Cabo García.
-¡Que lo fusile! -gritó nuevamente Sol.
 

Durante el ataque de los aviones, esa tarde, los guerrille ros lograron derribar dos aparatos, según fueron testigos los vecinos del sector que se atrevían a asomarse para ver el desarrollo del cruento combate. Y es que en los días anteriores los sandiñistas habían logrado recuperar dos ametralladoras 30, en un exitoso operativo contra patrullas de la guardia somocista. Una de estas ametralladoras- la manejaba "El Sobrino".
A eso de las cinco de la tarde, cuando ni los aviones ni el Sherman habían logrado romper las líneas guerrilleras, se escuchó la voz de Sol 22, Nicolás Valle Salinas, aquel día por vez primera, dirigiéndose a los pocos alistados que quedaban de la veintena que defendían la Sierra 13. Seguramente, por lo que dijo; lo hacía siguiendo instrucciones de i lpha Sierra Delta, Anastasio Somoza Debayle, en vista de la forma en que Sol había venido insultando a Sierra 13.
-Sierra 13, aquí habla Sol 22... ¿me escucha?
-Lo escucho, señor.
-Quiero decirle que ustedes, para toda la guardia son unos héroes. En nombre del Presidente de la República, General Somoza, quiero felicitarles a todos. También en nombre de la guardia y en nombre mío. Pronto les llegará ayuda, no se desesperen. ¡Aguanten! Ustedes son héroes, han peleado con valentía y -merecen nuestro respeto.
-Gracias, señor -fue la lacónica respuesta.
 


 

50.000 víctimas; cientos de miles de ciudadanos habían perdido sus hogares o se habían refugiado en los países vecinos, y muchas zonas de la nación se hallaban en ruinas. Los daños provocados por la guerra habían destrozado la economía, a lo que había que añadir la gran deuda exterior de 1.600 millones de dólares; numerosos profesionales liberales y empresarios habían abandonado el país, en donde escaseaban los alimentos y el combustible, las condiciones sanitarias eran ínfimas y existía un elevado índice de pobreza y analfabetismo.
 
 

A partir de ese momento, el tono de Sol cambió para con Sierra 13. Ya no lo insultaba, sino que los trataba da héroes. Les decía palabras de aliento.
Las milicias entre tanto, formadas por jóvenes entre 14 y 22 

armados con rifles y revolveres 38 y un par de ametralladoras tralladoras recuperadas, continuaban su ataque incontenible contra Sierra 13 y contra más de medio millar de guardias soma cistas que regados por toda la zona oriental trataban de llegar cuanto antes a la sección de policía del mercado Periférico.
Para la totalidad de la guardia somocista, que seguían aquel encuentro a través de sus radios de alta frecuencia, era cuestión de orgullo castrense que sus tropas llegaran a Sierra 13 antes que los milicianos sandinistas.
-¡Pronto les llegará ayuda! ¡Ahora sí! No se aflijan. Toda la guardia los respalda. ¡Animo! -gritaba Sol, para lograr hacer oirse en medio de aquel infernal estruendo de las armas.
Pero el grito de Patria Libre o Morir ya comenzaba a escucharse también a través de la alta frecuencia de Sierra 13. Los insurgentes se acercab-,n.
Y la voz de Sierra 13 se volvió a escuchar, a eso de las seis de la tarde.
-¡Señor, ya los guerrilleros están sobre el techo de la sección de Policía!
-Aguanten, Sierra 13 -dijo Sol- que ya la "bola de hierro" está a una cuadra de distancia. ¡Resistan!
Y se escuchó la última frase de Sierra 13. Voz sin emoción de ninguna clase. Completamente impersonal. Quizá hasta sin miedo, pues éste lo habían agotado durante las casi últimas 24 horas. Como hablando consigo mismo el Cabo García.
-Señor...
-¿Qué sucede, Sierra 13? Ya les va a llegar la ayuda, dentro de unos minutos.. ¡Ya la les va a llegar la ayuda, dentro de unos minutos. ¡Ya la guardia está cerca! -dijo Sol, casi sin detenerse a tomar aire.
-Y ahora para qué, señor.... ¡Los muchachos ya estári' aquí! Ahorita están entrando... -fueron las últimas palabras del Cabo García.
Las armas seguían vomitando su candente plomo. Entre el estruendo ensordecedor de la fusilería todavía pudo escucharse, claramente, el grito de guerra: Patria libre o Morir, lanzado por los sandinistas al hacer su entrada triunfal a la sección de Po.. licía.
La señal quedó en silencio.
-Sierra 13, aquí Sol... Sierra 13, aquí Sol. ¡Contesten! Por favor, contesten -.. ,sitió desesperado, durante varios minutos Sol.
-¿Qué sucede, Sol? -preguntó Sol 22, Nicolás Valle Salinas.
La respuesta fue:-Señor, la señal con Sierra 13 se ha perdido. Todos habían muerto.

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