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   17 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / La Prensa 
 
Cuando le silbaron a Somoza “Se va el caimán”  
  
  Roberto Sánchez Ramírez  
   La Tribuna Monumental o Presidencial fue escenario de grandes desfiles escolares y paradas militares. Ahí tomó posesión de la Presidencia el Dr. Leonardo Argüello Barreto, mientras el pueblo le silbaba a Somoza García “Se va el caimán”, veintiseis días después fue derrocado. La Tribuna es uno de los sitios históricos que se quiere restaurar, igual que el Cementerio San Pedro y la Loma de Tiscapa  

El calor era intenso aquella mañana del primero de mayo de 1947. En la tarima situada al lado norte de la explanada de la Loma de Tiscapa, los cuerpos sudaban vestidos con elegantes trajes de frac.  
 
El presidente saliente, general Anastasio Somoza García, leía su discurso entre balbuceos y más de una vez con los ojos empañados, tenía diez años continuos de ser presidente. Al finalizar, en medio del público se escucharon silbidos de la entonces popular canción Se va el caimán.  

construida por la firma Cardenal-Lacayo Fiallos, se levantó la Tribuna Monumental o Presidencial. Quien mira ahora la construcción en abandono, paralela a la calle Colón, es posible que se ría de un nombre tan rimbombante, sin embargo entre 1940 y 1950 fue escenario de los más importantes acontecimientos públicos.  
 

Toda Nicaragua sabía que quien había ganado las elecciones presidenciales era el doctor Enoc Aguado, ex vicepresidente del general José María Moncada Tapia. Así que cuando fue anunciado el nuevo presidente, doctor Leonardo Argüello Barreto, muy pocos aplaudieron.  

“Viejito barba de chibo”, le decía el pueblo que asistió al acto, más por ver entregar a Somoza García que por celebrar la toma de posesión del presidente entrante. Quería el pueblo silbar en la cara del dictador, Se va el caimán.  
 
A esa hora el sol era más fuerte y mayor el calor, sin embargo, casi por terminar su discurso el nuevo presidente, el ambiente pareció congelarse cuando dijo: “Yo no seré, tenedlo por cierto, un simple presidente de turno, arrastrado por el manso llevar de la corriente, de la costumbre y la tradición”. Somoza García reaccionó fuertemente disgustado.  

 

GOLPE DE ESTADO  

Desde ese día comenzaron las contradicciones entre el doctor Argüello Barreto y el general Somoza García. Por primera vez se denunciaban los atropellos de la Guardia Nacional. Salían publicadas las escrituras de las propiedades adquiridas por el dictador.  

Hasta el pueblo se desbordó en bromas, burlas y caricaturas sobre Somoza García. Se contaba que dos campesinos vieron pasar una gran cantidad de toros y vacas con la marca del fierro que usaba el dictador, uno exclamó: “¡Cuánto ganado tiene el general!”, a lo que el otro respondió: “¿Ganado?, querrás decir ¡robado!”  

LA PRENSA publicó una caricatura de Toño López con el presidente vestido de fraile franciscano y Somoza García de lobo con un kepis en la cabeza, y el verso dariano “Dejarás en paz rebaños y gentes en este país”. El presidente declaró a los periodistas “nada anormal está pasando”.  

El 26 de mayo, Somoza García daba su segundo golpe de Estado. Antes, en 1936, había derrocado a su tío político, el doctor Juan Bautista Sacasa. El doctor Argüello Barreto se refugió en la Embajada de México, salió exiliado para ese país, donde falleció; allá están sepultados sus restos. Un drama que inició donde está la Tribuna Monumental, que ahora se quiere restaurar.  

* Academia de Geografía e Historia de Nicaragua 

 

  
  

17 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / La Prensa  Roberto Sánchez Ramírez 
   

Musolini inspiró a Somoza la Tribuna Monumental  
  
  
Al centro del lado norte de la explanada de Tiscapa, construida por la firma Cardenal-Lacayo Fiallos, se levantó la Tribuna Monumental o Presidencial. Quien mira ahora la construcción en abandono, paralela a la calle Colón, es posible que se ría de un nombre tan rimbombante, sin embargo entre 1940 y 1950 fue escenario de los más importantes acontecimientos públicos.  

Para Somoza García era uno de los símbolos del poder. Allí se realizaban desfiles escolares, paradas militares, tomas de posesión presidenciales, en fin todo lo que le permitía demostrar el inmenso protagonismo que tenía en el destino de todo un país que él administraba como si fuera una más de sus haciendas.  

 
VARIEDADES DE ESTILOS  

Tiene que haber sido muy difícil para el ingeniero Roberto Lacayo Fiallos y el arquitecto Julio Cardenal h., haber interpretado lo que Somoza García quería, cuando les encargó la construcción de lo que sería la Tribuna Monumental. Todos los conocimientos adquiridos en las universidades de Gantes (Bélgica) y la Universidad Católica de Washington, fueron sometidos a prueba por los caprichos de quien al final aprobó un diseño donde se combinan varios estilos arquitectónicos.  
 
Lástima que el abandono en que se encuentra no permita apreciar, por no haber público acceso, como hay detalles de la línea neoclásica, hasta decoraciones propias del arte deco. Realmente para su época era impresionante, máxime que en la explanada sólo había esa construcción y posteriormente hacia el sur, el Casino Militar. Además los terrenos servían para practicar deportes, en especial el beisbol.  

La Tribuna Monumental, llamada también Presidencial, quedaba fuera de Managua, pues sobre la Avenida Central, llamada a partir de 1945, Roosevelt, la ciudad terminaba en el Instituto Pedagógico de Managua; sobre la calle Colón lo que habían eran quintas dispersas y más tarde, donde está ahora la gasolinera Esso, se construyó el Club de Clases de la Guardia Nacional.  
La Tribuna tiene un área de 1,535 metros cuadrados y alcanzan sentadas 700 personas. Tiene tres cuerpos, el principal formado por dos galerías, un segundo de jardines y gradas de acceso, un tercer cuerpo está compuesto por el palco, gradería y bancas. La mayoría de ésta era techada y en la parte baja del lado norte se puede ver donde estaban instalados los servicios higiénicos. Las graderías y bancas son de concreto reforzado, en cambio en el palco destinado al presidente y los invitados especiales, se ponían asientos.  

              
En numerosas fotos puede verse a Somoza García disfrutando de los espectáculos que frecuentemente mandaba a montar. Recuerdo bien a mediados de los años 1950, como los jóvenes estudiantes teníamos que pasar horas bajo el sol aguantando aquellos largos actos donde se destacaba el extenso discurso del dictador. Luego se sentaba, fumando en su lujosa pitillera, con aire bonachón y casi siempre rodeado de sus nietos.  

Cómo gozaba Somoza García en su Tribuna Monumental. Le fascinaban las paradas militares, lucir uniformes cargados de condecoraciones que en una ocasión hizo que el general José María Moncada Tapia, exclamara que de tan adornado ya se parecía al caballo de un charro mexicano. La última vez que estuvo vivo cerca del edificio fue al amanecer del 22 de septiembre de 1956, cuando aterrizó el helicóptero que lo traía de León, gravemente herido.  
  

SE PUEDE RESTAURAR  

Después de la muerte de Somoza García, la Tribuna poco se utilizó. El terremoto del 23 de diciembre de 1972 le causó serios daños, pero además al iniciarse una serie de construcciones en la explanada, la topografía cambió completamente. Se instaló la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) bajo el mando de Anastasio Somoza Portocarrero, el área de la Tribuna fue cerrada con un cerco de malla, situación que aún continúa.  
 

 5 de Junio de 2002 | END 
La montaña 
—POR ARMANDO ÑURINDA R.—
 Escuché comentarios de que el feudo familiar y personal del general José Santos Zelaya López fue numeroso, valioso y extenso. Además del área del «Campo de Marte» y aledaños, comprendía las zonas volcánicas de Tiscapa, otrora ubérrima en árboles; pobladores antiguos de Managua la llamaban «La Montaña». 

Fue en el mayo eterno del año 2002, como lo cantó Amado Nervo, llamado por Rubén Darío: «El Poeta de Mármol», cuando la Alcaldía de Managua decidió correr el telón, que cubrió el tétrico lugar en que malvados convirtieron el atractivo paraje ecológico. Las aventuras políticas y ambiciones de advenedizos destrozaron La Loma y la privatizaron. 

En La Loma de Tiscapa, la Alcaldía de Managua decidió mantener la estatua que el pueblo erigió al Héroe oriundo de Niquinohomo, el hijo de Margarita Calderón y de don Gregorio Sandino, ese ser que dio a la nación nicaragüense, la pura lección de patriotismo y que el Mundo conoció como General Augusto C. Sandino y que además la Historia dignifica como «General de Hombres Libres». 

Por varios accidentes de la vida de Nicaragua, a La Loma de Tiscapa se le recordará como el coto donde las tropas yanquis que invadieron Nicaragua, emplazaron sus cañones que expulsaron del Poder al Presidente Zelaya, 1909, intrigaron contra el Dr. José Madriz, desalojándolo de la presidencia, 1910 y combatieron al General Benjamín Zeledón, 1912. Los Estados Unidos se impusieron, en La Loma, en «Chico Pelón», Las Piedrecitas y el «Campo de Marte», desde esas cimas apuntalaron a los cipayos como Adolfo Díaz Resinos y Emiliano Chamorro Vargas, quienes sirvieron y apoyaron la ocupación. La Loma fue el reducto del golpe, o «Lomazo», 25/10/1925, con que el General Chamorro Vargas pretendió el mando, arrebatándolo al Dr. José Solórzano. El caudillo conservador ya había vendido Nicaragua durante 99 años mediante el «Tratado Bryan-Chamorro» 5/8/1914. 

La bota imperialista holló La Loma, otra vez, el 23/02/1927, interviniendo, esta vez para «pacificar» Nicaragua, contra la «Revolución Liberal constitucionalista». Desde el 01/05/1931 La Loma de Tiscapa es sede presidencial, por la vanidad de «El Canelo» José María Moncada Tapia, quien asumió el 01/01/1929. La Loma sirvió de antro a la más ignominiosa traición al General Augusto C. Sandino, desde donde descendió y a pocas horas lo asesinaron, 21/02/1934. En la otra ladera de La Loma, en «La Curva» donde construyeron las instalaciones de la Dirección de la «Guardia Nacional», donde Anastasio Somoza Debayle» Tachito» obligó desfilar, humillándolos, a los rebeldes rendidos en Olama y Mollejones, entre los que figuró el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y otros destacados antisomocistas, Julio 1959. También La Curva, fue sede de las «Cortes Militares» que juzgaron y condenaron a civiles. Tribunales integrados por oficiales asesinos. 

Desde que Anastasio Somoza García «Tacho» fue nominado Presidente, 01/01/1937, perfeccionó La Loma como antro de opresión, torturas y asesinatos. También embelleció el Palacio Presidencial que fue residencia familiar. En los subterráneos las generaciones de combatientes progresistas, conservadores, liberales, independientes, socialistas, ateos y cristianos, sufrieron la sevicia de torturadores y verdugos sádicos, hasta 1979; y como pesadilla dantesca, continuó el martirio hasta 1990. Todavía no han abandonado los militares ese bastión; los tiranos cebaron y acariciaron felinos, con esas fieras pretendieron deshumanizar a seres dignos. En la máquina de torturas, tras métodos inhumanos incluían la reclusión en jaulas con leones y panteras, a periodistas y otros ciudadanos. Denunció el Dr. Pedro Joaquín Chamorro C, en el plenario de la Sociedad Interamericana de Prensa, en República Dominicana, 1957. Posiblemente refiriéndose a lo que continuó sucediendo en La Loma, después de 1979, Roberto Sánchez R, escribió: «triste decirlo pero no cesó por completo el llanto y el dolor, se repitió lo que habíamos combatido». Destacó en El Nuevo Diario, 12/05/2002). 

«ESTIRPE SANGRIENTA: Los Somoza», contiene referencias fieles de los suplicios, que en La Loma padecieron los que combatieron a la dinastía. Al identificarse con Pedro Joaquín Chamorro C, y sus sufrimientos, el escritor argentino se solidariza, así: «en el plano espiritual sentimos que nada de cuanto dice en su libro deja de ser otra cosa que una ... verdad profunda y conmovedora». Escribió Gregorio Selser. Argentina, abril 1959. Tal vez alguien, algún día, relate los suplicios y el terror durante la venganza de los del «FSLN» con el Poder Sandinista. Que todo esos atropellos a la Humanidad, llamen» a una profunda reflexión, a un rescate de la memoria para que nunca se repita esa historia». Aboga Roberto Sánchez R. 

Gracias a la administración de don Herty Lewites, La Loma será un museo apacible, pero es una realidad que nadie, nunca erradicará las sombras y relatos del terror. Cierto que las lluvias de los inviernos lavaron la sangre y lágrimas de las víctimas y de las familias; las heridas cicatrizaron, pero los asesinados, los muertos, no se olvidan y su luto es eterno. Tampoco los espíritus de quienes allí sufrieron, dejarán de gemir eternamente. Pero dichosamente La Loma será como un altar de reconciliación social, de Paz, de Armonía con la gente y la Naturaleza. La presencia de niños, sus juegos, cantos y risas, borrarán el nefasto nubarrón que hombres pervertidos tendieron sobre aquella montaña. Quizá en un tiempo, nuestros primitivos antepasados, la consideraron morada de sus dioses. Como los griegos con su Monte Olimpo. 

Managua, Mayo 12 del 2002 

 

 
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