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PARQUE MEMORIAL VOLCAN CASITAS
 Después del terremoto de 1972 sólo el Huracán Mitch ha sido el único desastre natural que ha causado la mayor cantidad de muertos, heridos, damnificados y pérdidas a la economía nacional.
Las estadísticas indican que el terremoto de 1972 dejó más 10 mil muertos.  el Huracán Johan produjo 148, la erupción del Cerro Negro en 1992 dejo dos muertes, el maremoto de 1992 dejó 116 fallecidos, la tormenta tropical Gert en 1993 dejó 13 muertos.




La familia Herrera Montalván, que habitaba en el empalme del Valle de Las Mayorgas, a doce kilómetros de donde se inició el deslave, perdió ocho niños y dos adultos.

Daniel Palma, del mismo lugar, se salvó subiéndose al techo de su casa en medio de una furiosa corriente que rugía como un león, llevándose a todas sus cerdas que tenían varias crías.

Adriana Muñoz perdió a toda su familia. Ella se salvó porque la mañana del jueves, día de la desgracia, andaba pastoreando sus vacas en una loma cercana; ella fue rescatada de una corriente de lodo que la llevaba hacia Posoltega.

Don Catalino Vallejos, de 45 años, perdió a su esposa y sus cuatro hijos. Ellos habitaban en El Tololar Número 1, pero ese día la familia subió al cerro para encontrarse con una muerte horripilante.

   Héroes anónimos

              Para el párroco de Posoltega, Benjamín Villarreal, los verdaderos héroes de la tragedia del Mitch en ese lugar son unos 25 muchachos, a quienes llaman los vagos del pueblo: “Hay que resaltar el valor y el coraje de los muchachos de Posoltega. Ellos estuvieron ayudando antes que el Ejército o la Cruz Roja porque estaban aquí. Andaban sólo un mecate, nada en el estómago porque no había comida y descalzos. Cruzaban los ríos amarrados unos con otros, rescatando sobrevivientes y cadáveres. Ellos no han recibido nada y se merecen mejores cosas, tal vez un instituto politécnico, un campo de beis, una cancha de básquetbol. Yo tengo pendiente hacerles un convivio. Tal vez un vigorón, una tortilla con chancho en señal de agradecimiento. No sólo Posoltega, Nicaragua entera debe rendirle honores a quien se lo merece en vida. A mucha gente la pusieron en tarimas porque sobresalieron en el Mitch y  aquellos muchachos sólo viendo, cuando ellos fueron los verdaderos héroes”.


"Juntos estamos buscando el futuro",
En los refugios Santa María, Las Champas, El Tanque y El Bosque la gente habla de proyectos de cientos de viviendas, los que para la alcaldesa Felícitas Zeledón son un hecho, "gracias a los amigos del exterior sensibilizados por lo que ocurrió en Posoltega".


SEPULTANDO EN EL MISMO LUGAR
Ayer domingo el Comité de Emergencia Municipal de Chichigalpa, presidido por Eligio Palacios, y el Comité de Emergencia de Posoltega, formaron brigadas de improvisados sepultureros que lograron sepultar más de 200 personas en el mismo lugar donde se encontraban en estado de descomposición.

TEMOR A EPIDEMIAS

La amenaza más grave que se cierne sobre Posoltega es una epidemia, según los médicos, de fatales consecuencias, y que podría matar más gente que el alud mismo, debido a que las brigadas no lograron sepultar a todos los muertos.

En Posoltega no hay agua ni luz, los alimentos se terminaron, no hay medicinas y la alcaldesa Felícita Zeledón lanzó un llamado de ayuda al gobierno de la República.

El hambre está haciendo estragos entre la población afectada, mientras los agiotistas hacen su agosto vendiendo el cien de bananos en 20 córdobas. El pan subió de precio como la espuma y la libra de carne subió a 40 córdobas.

En Honduras, 6,600 muertos, más de 8 mil desaparecidos, en Nicaragua 2,055 muertos, 1084 desparecidos.

La magnitud del desastre se observó por primera vez el día de ayer cuando salió el sol. Desde la destruida carretera a Posoltega-Chichigalpa, se observa un macabro abanico desértico color café que baja del Casitas hasta Posoltega. 

El alud se originó en las estribaciones superiores del Volcán Casitas, en un radio de acción de 3 kilómetros,

pero en la medida que bajaba se abrió con un gigantesco abanico de 10 kilómetros de ancho aproximadamente que recorrió en bajada a increíble velocidad 20 kilómetros por hora hasta llegar a Trianón, Posolteguilla y algunos cañales del ingenio San Antonio.
 

LLUEVEN TAMBIEN CRITICAS AL GOBIERNO

Hasta el momento de hacer esta información, los Comités de Emergencia de Posoltega y Chichigalpa siguen esperando la ayuda gubernamental. La opinión del pueblo hambriento señala acusadoramente de insensible al doctor Alemán, porque ante la tragedia que sufre Posoltega y sus comarcas aún no llega la ansiada ayuda.

Todos los pobladores que encontramos a pie sobre las carreteras critican al gobierno exigiendo recursos alimentarios, médicos, y ropa para más de diez mil damnificados que se encuentran en Posoltega y en Chichigalpa.
 

La población exige medios para enterrar a centenares de muertos, para atender a los heridos y continuar la evacuación de los municipios afectados, especialmente de los lugares ubicados en las faldas del Volcán Casitas.

Petronia Gutiérrez, quien estaba internada en el hospital de Chinandega, lloraba amargamente asida a una piedra donde supuestamente estaba localizada su casita, destruida hace un año por la avalancha de lodo, piedras y agua, cuya velocidad se calculó en aproximadamente 54 kilómetros por hora.

La mujer, de unos 30 años, lloraba inconsolable por sus 18 familiares que perdió en aquella terrible mañana, entre las 10:30 y 11:00, el 30 de octubre de 1998. Volver un año después al lugar de la dramática escena: el desaparecido poblado "Rolando Rodríguez", que quedó soterrado por el depósito de lodo con un espesor de cuatro a seis metros,

La mayoría murió aplastada por el lodo y las gigantescas piedras y árboles que se desparramaron desde el volcán Casita. En una distancia de entre 2 y 3 kilómetros de cima, grandes cantidades de lodo, arrojadas por el volcán, convirtieron varios poblados en una dura, fría y negra plataforma de lodo.  Desde la carretera que conduce a Chinandega se observa la mancha que dejó el bólido de lodo que se precipitó desde las altas faldas del Casita sobre los poblados, donde habitan campesinos dedicados a la agricultura.
La Tribuna 30/10/99

Martes 9 de Marzo de 1999

Posoltega, Nicaragua
Breve de la Carta de Felícita Zeledon, Alcaldesa de Posoltega a Presidente Clinton:
"Somos un municipio de 17 mil 500 habitantes, y a consecuencia del huracán Mitch, 2 mil 556 personas perdieron sus vidas y otras 3 mil resultaron damnificadas.

A las cuantiosas pérdidas por más de 5 millones de dólares, vino a sumarse al 70 por ciento de desempleo que ya enfrentábamos, y a las perdidas que ya tenían los medianos y pequeños productores"
"Cuando usted escuche el nombre de Posoltega, recuerde que aquí ha sembrado una semilla de esperanza y solidaridad con los países pobres como Nicaragua"

“Con nombre y apellido contamos 1,856 personas muertas, pero son más… Calculamos que como 2,500. La verdad es que es bien difícil valorar eso”, dice la licenciada Felícitas Zeledón, alcaldesa de Posoltega, quien se hizo famosa por sus gritos desesperados de socorro tardíamente escuchados.

             Pero las secuelas van más allá de las pérdidas humanas:   980 viviendas fueron arrasadas, cerca de doscientos niños quedaron huérfanos, varios de ellos íngrimos en este  mundo, cosechas perdidas y un trauma colectivo del que  difícilmente se van a recuperar. “La población tiene miedo, mucho miedo cada vez que llueve”, dice la alcaldesa.

             La tragedia tiene también su lado positivo, si se le puede llamar así: 1,400 casas se han construido y llegaron donaciones de alimentos, ropa y medicinas por el orden de los 15 millones de córdobas, que si bien no han sacado a  Posoltega de la pobreza, la han colocado en una mejor  posición que la que tenía ese fatídico 30 de octubre de 1998.

                 Incluso la tumba colectiva sobre la que se erigió el monumento a las víctimas  del volcán Casita y que ha sido visitada entre otras personalidades, por el   Presidente norteamericano Bill Clinton, Este monumento contienen o recoge apenas partes de 60 ó 70  muertos, según relata José Tomás Mayorga, uno de los “recoge muertos” de  aquellos días tristes.

              Del resto, unos 2,500, sólo se sabe que yacen en una área de por lo menos 18 kilómetros cuadrados, enterrados bajo toneladas de lodo y piedra.                El 30 de octubre de 1988, Ana Cecilia Vasquez se recuerda que a las nueve de la mañana,  asustada, chineado a su hermanito Misael, de 10 meses y siguiendo los pasos de su padre que jalaba del brazo a su otro hermano Abel Elí, de siete años, y  a su madre que cargaba una pichinga de atol para el bebé. Habían salido de su casa porque se estaba llenado de agua y decidieron buscar refugio en la  iglesia evangélica, que también encontraron anegada.

              Caminaban hacia la casa del señor Pablo Gómez, que por estar más alta podría servirles de albergue, cuando oyeron aquel tronar que bajaba del cerro.   Apenas pudo ver la avalancha de lodo que cayó sobre ella y lo último que recuerda es cuando la corriente le arrancó de la mano a su hermanito. Y ya nunca más volvió a ver a su familia.

              Ana Cecilia a sus diez años quedó sola en este mundo: murió su papá, su mamá, sus dos hermanos, sus abuelos, tres tíos y dos tías. Los Vázquez.  Ella sobrevivió. Con sus dos piernas fracturadas y raspones en todo el cuerpo, llegó hasta la única casa que se mantuvo en pie en la comunidad Rolando Rodríguez. Ahí habría de vivir los tres días más duros de su vida. Con ambos pies fracturados, sin comer, ni beber agua y oyendo gritos de los que morían atrapados entre troncos y piedras. A la orilla de la casa que les servía de refugio, recuerda, estaban tres cadáveres, uno de ellos con los huesos de las piernas de fuera.

              Pero nada fue tan cruel como oír durante tres días los gritos de su padre atrapado hasta la cintura. Y aquella frase que repetía una y otra vez:   “Sálvenme por favor. Tal vez yo no les pueda pagar nada, pero el Señor se los pagará. Por favor…”.   Y Ana Cecilia lloraba arrastrándose con sus piernas fracturadas, implorado  ayuda a quienes se refugiaron en aquella casa que providencialmente quedó en pie.

              “Había tres (personas) que estaban bien y no quisieron ayudarme”, dice dos  años más tarde, con un dejo de amargura.  “El papá de la niña gritaba, pero no podíamos hacer nada, no teníamos ni mecates ni ramas con qué ayudarle a salir. Así pasó casi tres días, y antes de morir cantó un himno religioso, porque el señor era evangélico”,
Ahora ella vive en la comunidad El Tanque, donde recibió una casa del proyecto que financia CARE  Luxemburgo.

              La familia González Gutiérrez almorzó temprano ese 30 de octubre. Freddy  recuerda que hicieron una sopa de gallina y él salió a curiosear afuera. Se  percató que la cosa era grave cuando vio una hoja de zinc nuevecita volar por los aires. Y ya no pudo regresar a su casa, con su familia. La correntada lo llevó, mas recuerda nunca haber perdido el conocimiento. Buscando refugio encontró también golpeada a su hermana Zaida Lorena y con ella llegaron  hasta la casa que quedó en pie.

              Ahí pasaron tres días. Lo más aterrador que recuerda son los gritos del padre  de Ana Cecilia pidiendo por su vida, y que a veces llamaba incluso a la madre  de Freddy sin saber que ésta estaba ya muerta:

              “Norma Gutiérrez vení sacame”, rogaba.

              A la casa aquella se unirían dos huérfanos más: Isaac Alberto, en ese entonces de siete años, e Isaías, de 13, primos de Ana Cecilia.   “Llegó con la cara inflamada por los golpes. No podía ver y le salía pus por los ojos”, relata Ana Cecilia. Isaías tenía un hoyo en los intestinos. Lloraba mucho. Murió cuando lo llevaron al hospital.

              La pesadilla para estos huérfanos no terminó el domingo primero de noviembre cuando los rescataron. Todavía la viven. Y Ana Cecilia sueña una y otra vez que viene la avalancha, sale corriendo y su tía María, debe detenerla o cerrarle la puerta para que no salga a la calle gritando. Isaac Alberto, su primo, tiene 11 años y quiere mostrarse como un “hombrecito”, trata de no llorar ante su familia, aunque en privado me confesó que llora tanto como su prima, sólo que lo hace escondido. Zaida llora y sueña con sus padres, casi todos los días. Todos ellos reciben ayuda sicológica ocasional.

              Freddy es el que dice no poder soñar. “He querido soñar, hago el esfuerzo pero no puedo”, lamenta.

"El huracán que desnudó a Nicaragua", donde se revela la situación que enfrenta el departamento de Chinandega y algunos de sus municipios como Posoltega, Chichigalpa, El Viejo y Puerto Morazán, a un año del huracán Mitch.
                      Obra analítica post Mitch
                      El huracán que desnudó a Nicaragua

             JUAN CARLOS BOW
 LA PRENSA, 10/12/99
Este libro refleja la pobreza extrema en que se encuentran muchos de estos municipios, los cuales tienen problemas de comunicación, alimentación, salud y vivienda. Ejemplo de esto es Chichigalpa que no cuenta con alcantarillado sanitario sino pluvial, lo que representa un foco de contaminación. Otro es Posoltega con su problema de carreteras destruidas lo que ha dificultado la entrega de la ayuda.

Según el libro, donde se recopilan opiniones de varios personajes públicos, la miseria de Occidente ha sido promovida por el desastre natural y la falta de apoyo del gobierno. "Nos hemos visto bastante abandonados de la ayuda del gobierno central producto de la polarización política que vive nuestro país" asegura Felícitas Zeledón, alcaldesa de Posoltega. "El Mitch lo que hizo fue desnudar la terrible pobreza en que se encuentra nuestro país, con mucha más infraestructura dañada", afirmó Alvaro Fiallos, vicepresidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) quien hizo un análisis de las políticas agropecuarias que se implementaron antes y después del Mitch. Uno de los principales llamados que hacen los alcaldes y vicealcaldes de la zona, es a lograr la independencia de los gobiernos municipales del Gobierno Central, es decir la descentralización. "Quisiera que los diputados tuvieran conciencia para permitir una autonomía municipal real para que no tengamos que pedir. Porque eso es lo que nos han enseñado a nosotros, sólo a pedir para salir adelante", expresó Eligio Palacios, alcalde de Chichigalpa. En esta obra se hace un diagnóstico y además se presentan soluciones a los problemas que afectan a las poblaciones de occidente. Entre las principales propuestas están, la creación formal de la asociación de alcaldías afectadas por el Mitch, promover la formulación de planes de ordenamiento territorial en cada municipio, e impulsar la descentralización. La publicación recoge una serie de artículos bajo las autorías de los participantes al Foro Democrático, organismo no gubernamental, cuyo perfil es la realización de foros de discusión y análisis de la coyuntura con el objetivo de proponer alternativas de solución. Entre los autores se encuentran Reinaldo Antonio Téfel, fundador del Instituto de Promoción Humana (INPRHU); Alvaro Fiallos Oyanguren de la UNAG; Pablo Medina, director de la Asociación para la Sobrevivencia y el Desarrollo Local (ASODEL) y Juan Carlos Vílchez, director ejecutivo de la Asociación para el Desarrollo de la Salud (ADIS). Además de Oscar René Vargas, economista y sociólogo, las vicealcaldesas de El Viejo y Puerto Morazán, Aleyda Virginia Ríos y Juana Emilia Herrera. También se incluyen los alcaldes de Chinandega, Posoltega y Chichigalpa, Rodolfo Gríos, Felícitas Zeledón y Eligio Palacios, entre otros
 

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