PERIODISTAS 
QUE ILUMINAN NUESTRA HISTORIA
RIGOBERTO CABEZAS
Y SU VIGENCIA
Jorge Eduardo Arellano
En 1884 Y 1894, respectivamente, tuvieron lugar dos hechos de indiscutible valor histórico: la fundación del primer diario y la llamada «Reincorporación de la Mosquitia». El uno de carácter cultural y el otro de índole político-militar. Pero ambos protagonizados por
un solo hombre: Rigoberto Cabezas (1860-1896).

Nacido en Cartago, Costa Rica, su padre fue el nicaragüense Diego Cabezas -hijo de un rivense y una masaya- y su madre la costarricense Josefa Figueroa. Educado en su ciudad natal, se distinguió muy pronto como lo que siempre fue: un combativo periodista. Por eso el Presidente Guardia de Costa Rica lo deportó al penal de la isla San Lucas, en donde vivió unos meses hasta que su padre logró libertarlo. Entonces se marchó a Nicaragua, gobernada por el doctor Adán Cárdenas, uno de los presidentes progresistas del período de los «Treinta años».

A iniciativa de Cabezas, mientras se consolidaba el Estado nacional, surgió la empresa que financiaría la primera expresión de nuestro diarismo: El Diario de Nicaragua. Aparecido en Granada el primero de marzo de 1884 bajo la dirección de Anselmo H. Rivas (1826-1904) y de Rigoberto Cabezas, con la separación de éste por razones políticas, se transformó -alos cuatro meses- en El Diario Nicaragüense que, con las interrupciones de rigor, llegaría a editarse aún en la década de los cincuenta del siglo XX.

Ambos, pues, resultaron los fundadores del periodismo nacional. Rivas, conservador y ecuánime; Cabezas, liberal y exaltado; mas los dos próceres intelectuales, a pesar de que Cabezas conspiraría frustradamente contra el Gobierno del doctor Cárdenas, participando en el movimiento del 15 de agosto de 1884 y siendo expulsado el 7 de noviembre del mismo año. En Guatemala, país gobernado por el dictador liberal Justo Rufino Barrios, ejercería de nuevo el periodismo fundando otro diario: El Pueblo, de corta duración.

En el número 2 de ese órgano, que circuló el 26 de julio de 1885, Cabezas expresó uno de sus principios: el anti-militarismo. «Todo se resiente -escribía a los 25 años- con ese ejército, representante genuino de la fuerza; resiente el erario público, se resienten las instituciones republicanas... El cuartel ha sido hasta hoy el receptáculo de todas ineptitudes, de todas las inercias, de todas las hambrientas desesperaciones». Y agregaba: «Tiene mil y mil inconvenientes el militarismo; y es cierto que es el alma del despotismo, y
que con él se oprime impunemente».

Pensamientos como éstos, de contenido democrático y conformadores de una moral pública, abundan en sus artículos y ensayos, con los cuales podría completarse un volumen capaz de ratificarlo como el escritor de primera calidad que fue; volumen que se debiera comenzar a formarse con los cinco folletos que dio a luz. Mas él conciliaba la facilidad de la pluma y el espíritu de aventura y acción. Vivió en México, Estados Unidos y Cuba. Romántico social, impartía charlas a operarios dehaciendas y a miembros de la Sociedad de Artesanos de Masaya, escenario de su historia sentimental con Josefa Plata.

Opositor al gobierno del doctor Roberto Sacasa, tomó partido el 11 de julio de 1893 con el liberalismo de León y el capitalino de J. Santos Zelaya; de manera que tuvo amplia acogida en el régimen del último, lo que le permitió ejecutar el acontecimiento más importante de nuestra Nación-Estado durante el siglo XIX, después de la Guerra Nacional Anti-filibustera. Me refiero a la consolidación de la soberanía nicaragüense en todo el territorio, el cual fue un proceso remontado a los pioneros del Atlántico y a la política de los últimos presidentes de los «Treinta años», tuvo su momento significativo en la toma militar de Bluefields el 12 de febrero de 1894, su confrontación directa en julio y el hecho culminante el 20 de noviembre del mismo año.

En esa fecha, los delegados de la Asamblea Mosquita reconocieron -en una convención- la soberanía nicaragüense, quedando «bajo el amparo de la bandera de la República», exentos del servicio militar, con derecho del voto y el ejercicio de cargos públicos, la autonomía económica y la exención de impuestos. Este mutuo reconocimiento fue obra del régimen de Zelaya, pero se debe originalmente a la iniciativa de Rigoberto Cabezas y de Carlos Alberto Lacayo, al esfuerzo de José Madriz y otras personalidades de la época.

En conclusión: la vigencia de Rigoberto Cabezas está a la vista: prócer -es decir, constructor- intelectual y político. Y también patriota a carta cabal, amigo de la verdad y practicante de la honradez.

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BIOGRAFÍA DE RIGOBERTO CABEZAS
Ignacio Briones Torres
0riginarios de Rivas y Masaya respectivamente, los esposos Francisco Cabezas yAsunción Al varado se instalaron en Rivas el año de 1835. De este matrimonio nació don Diego Cabezas quien posteriormente. se trasladó a Cartago, Costa Rica, en donde contrajo matrimonio con Josefa Figueroa.

Ahí en Cartago nació Rigoberto, hijo de Diego Cabezas y Josefa Figueroa, el 4 de agosto de 1860.

Su Fe de Bautismo indica que su nombre completo era Rigoberto Domingo de los Dolores.

Teniendo solamente 13 años de edad fundó una "sociedad secreta" al estilo de las Logias Masónicas de la época, denominada "Friendship", redactando él mismo los estatutos cuyo primer artículo establecía que quienes ingresaban a esa sociedad debían mirarse como hermanos.

En 1881, Rigoberto Cabezas se traslada a vivir a Guatemala. Quienes le conocieron lo describen como un joven de "frente amplia y despejada, con el cabello partido por el lado izquierdo; boca regular, nariz aguileña, ojos vivos y escrutadores.

En Guatemala gobierna el general Justo Rufino Barrios, considerado un adalid de la Unión Centroamericana.

Rigoberto lee a Rosseau, Voltaire, Diderot; pero su ídolo es Robespierre.

A finales de 1881 se traslada a El Salvador, y de ahí, en 1882 llega a Masaya. Desde esa ciudad escribe a don Anselmo H. Rivas proponiéndole la publicación de un periódico diario..."Un periódico -dice- que eduque al pueblo, que estudie los múltiples problemas que se presentan en el país que informe de lo bueno y lo malo que proceden los gobiernos, que haga oposición honesta y respuesta".

Don Anselmo le da una respuesta favorable; pero confiesa carecer de dinero para la empresa. Entonces Rigoberto se da la tarea de obtener los fondos y da cima a su propósito. Tiene 24 años de edad. DIARIO DE NICARAGUA aparece por primera vez el 1 de marzo de 1884.

Pronto surgirían diferencias entre Rivas y Cabezas, especialmente motivadas por ciertos ataques que el segundo formula en contra del ex-presidente Vicente Cuadra. Rigoberto explica la situación en el último número del Diario, correspondiente al 29 de junio de 1884.

Inmediatamente se da a la tarea de publicar otro periódico, aunque no diario, que se llamó "La voz del Pueblo". En este periódico abre una dura pelea contra la administración del doctor Adán Cárdenas, quien termina expulsándolo de Nicaragua. El gobierno de Cárdenas hace publicar en "La Gaceta" del 25 de octubre de 1884 los motivos de la expulsión.

El 14 de diciembre de ese mismo año, Rigoberto escribe a don Adán Cárdenas: "Mi expulsión fue un golpe dado a la libertad de imprenta, porque como Nicaragua entera lo sabe, lo que se quería conseguir era la desaparición absoluta del "Diario de Nicaragua".

Por su parte, don Anselmo H. Rivas ha decidido seguir con el diario; pero le cambia el nombre, poniéndole El Diario Nicaragüense.

Del exilio guatemalteco, Rigoberto Cabezas es también expulsado a México por el gobierno del general Lisandro Barillas, quien sucedió a Barrios en la presidencia.

De México, Cabezas viaja a Estados Unidos y luego a Cuba, en donde hace amistad de manera especial con el escritor cubano José María Marchand.

Regresa a Nicaragua en 1887 y consagra su tiempo a la formación de una organización de obreros, a quienes dicta charlas sobre política, economía e historia. A los obreros les dice: "Ya es hora de despertar, de pensar, de adquirir conciencia de vuestra fuerza, de tener un propósito y de ir adelante"...

En 1888 el país comienza a agitarse enfrentado al régimen de Roberto Sacasa. Entretanto trata de dedicarse a la agricultura y la ganadería, Rigoberto Cabezas conspira. Así transcurren los años que van entre 1890 y 1893.

Convertido en Jefe revolucionario toma Boaco el 29 de abril de 1893. Luego trata de apartarse a la vida privada; pero no lo consigue.
Herido en Boaco es trasladado a Granada, donde convalece. Su segundo al mando es el general Carlos Alegría, combatiente de San Jacinto.

El 11 de Julio de 1893, toma el poder el jefe liberal José Santos Zelaya. Este nombra al señor Carlos Alberto Lacayo como Comisario de la Reserva Mosquitia en la Costa Atlántica. Lacayo acepta el nombramiento condicionando su aceptación a que Rigoberto Cabezas sea nombrado su Secretario.

Rigoberto es nombrado Inspector de Armas de la Costa, el 23 de octubre de 1893. El 20 de noviembre de ese mismo añofirma el decreto de reincorporación de la mosquitia, enfrentándose de inmediato a un ultimátum inglés.

En 1895 funda en la imprenta "Bluefields Menssenger" "La Gaceta del Norte", que él mismo dirige. El periódico tiene como lema: constitución, trabajo, probidad. Ese mismo año, deja la Costa víctima de intrigas. Se instala en Masaya, retirándose de la política. Adquiere una pequeña finca a la que nombra "El Aventino" Ahí contrae el tétano y muere el 21 de agosto de 1896, a los 36 años de edad.

UN HISTÓRICO DISCURSO
El 22 de agosto de 1896, el Dr. Manuel Coronel Matus, periodista, diplomático y político pronunció un discurso en los funerales del General Rigoberto Cabezas en Masaya, publicado por La Gaceta del 26 de agosto de 1896, No. 21, de la cual tomamos el texto:

"El país está todavía bajo la impresión dolorosa que ha causado la prematura muerte del notable escritor distinguido patriota, ocurrida en Managua el 21 del corriente.

No nos detendremos a narrar los méritos sobresalientes del señor Cabezas, porque son demasiados conocidos dentro y fuera de Nicaragua y porque á continuación reproducimos el discurso oficial pronunciado por el señor Doctor don Manuel Coronel Matus, Ministro de Relaciones Exteriores é Instrucción Pública, en el entierro del ilustre difunto, discurso que condensa las brillantes cualidades y altos merecimientos del ciudadano cuya pérdida lamentamos.

Queremos sí consignar que el Gobierno ha reputado como duelo nacional la muerte del General Cabezas, por los importantes servicios que prestó a la Nación, en su calidad de Inspector General de la Costa Atlántica. Comisario y Gobernador é Intendente, y porque en él cifraba todavía Nicaragua, muchas legítimas esperanzas. Ha muerto de treinta y seis años, en pleno vigor físico, moral é intelectual, y ya había rendido copiosa labor patriótica; era pues fundado esperar de él nuevos y más valiosos servicios.dispuso asistir con su Gabinete á los funerales, que estos se hiciesen de cuenta del Gobierno, y que los honores de ordenanza los tributara su Guardia de Honor.

El 22 se trasladó el Presidente á la ciudad de Masaya; hizo con sus Ministros la visita de pésame á la familia, y enseguida se organizó la procesión fúnebre, en el orden siguiente: el féretro llevado en hombros por los amigos del joven Cabezas, que se disputaban la honra de conducirlo a la última morada; los Secretarios de Estado, llevando los listones que pendían del ataúd; el Presidente de la República y los familiares del esclarecido muerto, presidiendo el duelo; una numerosa y distinguida concurrencia á continuación; y cerrando la marcha, una Compañía de la Guardia de Honor con el Pabellón enlutado, y una pieza de artillería con su correspondiente escuadra.

Así desfiló el cortejo desde la casa mortuoria hasta la plaza de armas, en uno de cuyos portales hubo necesidad de suspender y disolver la procesión, por causa de la lluvia.

Presentamos el pésame a la familia del General Cabezas, en nombre del Gobierno y de la Nación que representa, y en testimonio de ello enlutamos las columnas del Diario Oficial. Es este también nuestro deber como periodistas, en recuerdo del diarismo nicaragüense y del brillante escritor de pluma candente engarzada en piedras finas.

No queremos terminar estas pocas líneas sin hacer mención de dos notas simpáticas en el cuadro lúgubre de la muerte de Cabezas. Primera, el desinterés, solicitud y consagración con que el Doctor Horacio Guzmán, Vice decano de la Facultad de Medicina, disputó á la muerte su ilustre víctima. Segunda, el interés que despertó en la sociedad de Masaya la enfermedady asistencia de Rigoberto Cabezas, no obstante el retraimiento en éste que vivía, y la consternación general que causó su fallecimiento. Esto honra á Masaya, porque demuestra que sabe apreciar el mérito y la virtud, y le rinde desinteresado culto".

DISCURSO
Leído por el Doctor Manuel C. Matas, comisionado por el Poder Ejecutivo, en los,/ónerales del General Rigoberto Cabezas.
SEÑORES:
La patria por gratitud, el gobierno por deber vienen á honrar la memoria del General Rigoberto Cabezas; y tócame á mí en nombre de aquella y por comisión del segundo, hacer el elogio fúnebre de este ciudadano eminente, que supo con su energía y su talento ser el digno intérprete de la actual Administración para devolver á Nicaragua una rica parte de su suelo, que es emporio de comercio y puerta abierta sobre los mares para la comunicación universal.

Pocas palabras bastan á lamentar la pérdida de ese carácter entero al que sólo pudo quebrantar la muerte; de esa inteligencia superior que brilló como un sol tropical desde los primeros albores de la vida; de esa alma generosa que amó el deber y sacrificó en aras de la libertad; de esa constancia que recorrió todas las esferas del trabajo y no conoció los límites de la laboriosidad; de esa virtud, humilde en el hogar, tierna al reclamo de la madre, dócil a la voz paternal; pero altiva, soberbia y ruda en presencia de los despotismos ó cuando contemplaban la corrupción de las sociedades, la vileza de los hombres.

Su pluma fue azote divino como el rayo, como él brillante y  aniquilador. Lucía como la fúlgida luz de las nubes preñadas de electricidad; más hería siempre como el acero del ángel esterminador colocado á la entrada de ese otro paraíso, el de la verdad, la justicia, el derecho y la moral. Dar grandeza al pensamiento, novedad á la forma, brillo á las frases, sonoridad al lenguaje, ira á la al palabra, fecundidad al discurso y elocuencia al dicterio, era el don sobrenatural de Rigoberto Cabezas, escritor sin segundo en este género de la prensa política, después de la muerte de Juan Montalvo. El ilustre ecuatoriano heredó de Cicerón la pluma de las Catilinarias; Cabezas la heredó del autor de los Siete Tratados.

Desde niño se encaró con los tiranos y vibró sobre sus frente la cólera de Dios. Por eso sufrió persecuciones sin cuento y castigos sin nombre; pero ni las unas ni los otros fueron capaces de mellar el temple acerado de su espíritu, que se mostró como el de José Mármol, Julio Arboleda, Ismael Cerna y otros tantos hombres indomables, en horas de amarga prueba, sereno y fuerte para sobrellevar el martirio, sufrir la miseria y soportar la cárcel y el destierro. Sólo no pudo el bronce de su alma resistir al egoísmo social, á la abyección de los pueblos, á las tramas de insecto de los mendaces, á los rencores de la envidia, á las mordeduras aleves de la calumnia; y por eso muere apartado del bullicio del mundo, corno un misántropo, sin más hogar que el de sus padres, sin más sociedad que la del campo, sin más amigos que sus libros, sin más religión que la del trabajo, sin más ideal que el desengaño.

¡Pobre amigo! Fuiste un atleta para luchar por la libertad y dejas tu nombre como ejemplo á Centro América; fuiste valeroso y enérgico para legarle á tu patria un pedazo de sus entrañas, asociando tu nombre á un hecho culminante de su historia, la Reincorporación de la Mosquitia; más no pudiste sobreponerte á la ola de las pasiones que te arrojó a la yerta playa del aislamiento, en medio de la cual has caído en el sepulcro, separado por la maledicencia de los que como yo te quisieron y admiraron.

Poco son los hombres como Rigoberto Cabezas, y por esa herencia fatal de la humanidad, de que lo bueno acaba pronto, perece en mitad de su carrera. De él podemos decir como un poeta indio de América: "le anocheció en la mitad del día".

Era de la raza de los fuertes. Aquella breve campaña de 1894, en que derrotado improvisa en Ciudad Rama, una columna á la que infunde su bravura y con la que hace por el río una travesía inverosímil, toma por sorpresa El Bluff y por amago á Bluefields, le vuelve acreedor al grado de General sin haber sido soldado.

Pero sus verdaderas batallas las ganó en la prensa. Casi niño flajela a un tirano y da comienzo á su vida de periodista, si agitada, fecunda, de enseñanzas.

Recordemos que es el fundador del diarismo en Nicaragua, cuando no tenía veinticinco años de edad.

En el cumplimiento de la ley divina que obliga al hombre á regar la tierra con el sudor de su frente para comer el pan, tuvo iguales, no tuvo superiores. Asiduo, infatigable, hizo con sus propias manos toda clase de labores, sin desdeñar á veces ni los instrumentos del artesano, ni el hacha del leñador, ni la azada del labriego, la muerte misma lo ha sorprendido en humilde cortijo pastando ganado y recogiendo su leche.

Digno modelo para la juventud ese joven pobre que se ilustra por su propio esfuerzo, que ama la libertad, padece y sufre por ella, que mantiene alta la frente, rígido el carácter é irreprochable la conducta, y que muere entregado á las más modestas faenas de la agricultura, como hijo amoroso, honrando la vejez de los padres, y como buen patriota, habiendo prestado á Nicaragua servicios relevantes.
 

La patria enluta su bandera en la que luce hoy una estrella colocada por el ciudadano que lloramos; la prensa orlará de negro sus columnas por el escritor sobresaliente que ha perdido; la amistad regará flores sobre la tumba temprana que se abre ahora; el Gobierno tributa honores á la memoria del patriota y nuestros anales los recogerán para recordarlo en la posteridad, que es el galardón de los buenos.

Masaya, 22 de Agosto de 1896..

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BIOGRAFIAS DE 
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 Datos proporcionados por el Centro de Historia de la Alcaldia de Managua - Agosto 2004 para www.manfut.org