Colecciones NiKa-CyberMunicipio
Promotor: Union Nacional de Acción Popular (UNAP), Ejecutor: Distrito Nacional   Escultor Anonimo.
 Esquina sur antigua Catedral en Managua
Pared Conmemorativa 155 cms. alto por 59 cms. ancho por 239 cms largo. Escultura: 26 cms. alto por 9 cms ancho por 20 cms de largo.

Pared Conmemorativa realizada con piedras de San Jacinto. 
El rostro del General José Dolores Estrada
está esculpido en dicha pared, como saliendo de la muralla de pedruscos.

El General José Dolores Estrada, nació en Nandaime el 16 de marzo de 1792. Tuvo una participacióndestacada en la Batalla de San Jacinto en 1856, aunque siempre desempeñóun papel imprtante en la vida nacional.
A inicios de los años 50 apoyó el movimiento legitimista (conservador) encabezado por Fruto Chamorro y participo en los combates de la Guerra Civil de 1854 con el grado de Capitán.
Después de San Jacinto, Estrada se destacó como conductor militar en la Guerra Nacional, lo que se hizo sentir en las batallas de Masaya y Granada, hasta la capitulación de los filibusterosel 1 de Mayo de 1857.
El mes de agosto de 1934, se inicia en una campaña para levantar un Monumento en la Plaza de la Republica al General José Dolores Estrada, Héroe Nacional de Nicaragua. Algunas personas opinaron que el Monumento al General estrada, fuera una estatua ecuestre de bronce.
El Comite Patrocinador de eregir al Monumento eligio una Junta Directiva, la cual en sus primeros acuerdos resolvieron: Que el Monumento se levataria en la Plaza de la República frente a La Catedral. Que la estatua sea de bronce y descanse sobre una base de piedras de corral de San Jacinto. Dicho Monumento se inauguró el 14 de septiembre de 1949, aunque no se realizó como estaba previsto.

Recordación de “Tata Lolo” en su aniversario natal 
 Jorge Eduardo Arellano*  la Prensa 17 de marzo de 2001

Hace 209 años -más de dos siglos- nació en el pueblo de Nandaime, en el seno de una familia mulata, el vencedor de San Jacinto: Primer combate en que soldados nicaragüenses hicieron morder el polvo a los invasores rubios que, representando el expansionismo filibustero y esclavista de los Estados Unidos, atentaba contra la existencia misma de Nicaragua y, en general, de Centroamérica. 

La efemérides, trascendente para nuestra identidad como nación -cada vez más amenazada por el fenómeno globalizador- se conmemora desde 1999, cuando autoridades, historiadores y representantes de la sociedad civil integramos un comité nacional para conmemorarla. Porque la figura del héroe nacional del siglo XIX que es José Dolores Estrada (16-III-1792/12-VIII-1869), no debe ser motivo de recordación limitada a las fiestas patrias. También su fecha natal constituye una oportunidad para difundir su significación histórica. 

“Toda su vida es un poema cívico” –escribió Luis Alberto Cabrales de “Tata Lolo”, exaltado por nuestros poetas y reconocido en su acción heroica por nuestros cronistas e historiógrafos. Un heroísmo paradigmático que no se inventó tardíamente -como el de otros personajes centroamericanos de la Guerra Nacional Antifilibustera-, ni se concibió al gusto nacionalista de los gobiernos nicaragüenses que surgieron después de San Jacinto: la primera derrota de la esclavitud en el continente. 

Conviene, pues, no olvidar a Estrada, “hecho del barro genésico del pueblo” -citamos, de nuevo, a Cabrales-: ejemplo de modestia y austeridad rurales, célibe e iletrado, pero hombre de principios republicanos. Un mestizo que se vio obligado a insertarse en una de las capas medias coloniales como era la milicia, adquiriendo una firmeza de carácter y una severa disciplina. El hijo de un pequeño propietario que no poseyó casa propia sino hasta que, ya sexagenario, uno de sus más cercanos admiradores le donó una para que viviera con su hermana Magdalena. 

Reiteramos: el 16 de marzo debe ser el día consagrado exclusivamente a nuestro héroe proclamado inmediatamente por sus compatriotas, por su gobierno y por los de Guatemala, El Salvador y Costa Rica que le otorgaron merecidas condecoraciones. Recordemos su triunfal recibimiento en Masaya, el 6 de octubre de 1856, al mando de su tropa orgullosa que portaban sus armas coronadas de ramas y flores, entre dos filas del ejército aliado centroamericano que lo vitoreaba. Pero, al mismo tiempo, su momento más amargo: el del exilio. 

¿La causa? Por defender, en el marco de la primigenia democracia que fundó la República, el principio de la no-reelección presidencial, oponiéndose a la pretensión de su íntimo amigo, el General Tomás Martínez, viejo compañero de lucha y partido. Desterrado y despojado por éste de su alto grado militar, Estrada comprendió desde el ostracismo el valor de su actitud en carta fechada el 13 de febrero de 1863 en San José, Costa Rica, dirigida a uno de sus protectores: 

“No había contestado su apreciable carta de fecha pasada por graves quebrantos no tanto de cuerpo cuanto de espíritu. Me habla usted de mis amigos de Nicaragua y de cómo consintieron ellos en mi destierro. Amigos casi no me quedan allá, y los dos o tres que me restan, hermanos los llamo yo, pues que ellos con sacrificios me mantienen las necesidades materiales, y con sacrificios también me mandan ilusiones para el alma. No crea que yo culpo a mi Patria por lo que me sucede, no, si tuviera ocasión haré lo que sea mi saber de patriota con la misma fe, sin la esperanza que me sea pagado./Yo sé prácticamente cuál es el premio que se da a los que se sacrifican por la Patria./Gracias por tanta generosidad suya al enviarme los veinte pesos con que me favorece./Su obediente servidor,/José Dolores Estrada”. 

¿No es revelador este documento, desconocido por las nuevas generaciones? ¿y oportuno reproducirlo en el aniversario natal de su autor? 

* El autor es historiador.
 


 
 
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