Colecciones NiKa-CyberMunicipio
 
               
                             Miembros del Club Alemán de Matagalpa en 1901.
              FOTO CORTESIA: E. Kühl.

               IVETTE CRUZ SUAREZ
MIéRCOLES 26 DE JULIO DEL 2000  - La Prensa
                          Allá por el año 1852, la comunidad alemana, compuesta inicial y  mayoritariamente por hombres solteros, empezó a asentarse en el Norte de Nicaragua con el propósito de cultivar 200 manzanas de tierras por persona que fueron otorgadas por el Gobierno. La condición para ser beneficiario del  programa era cultivar las tierras y tener un capital inicial equivalente a unos US$2,500 por persona. 

              La suerte les abrazó al darles la oportunidad de edificar los beneficios y fincas  que montaron gracias a su tesón, iniciativa y disciplina laboral. Nicaragua se convirtió, entonces, en una potencia cafetera y el Norte de Nicaragua en el epicentro de esa prosperidad económica. Las ciudades de Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania, Hammonia y la zona de Selva Negra dejaron de ser parte de la geografía alemana para representar los nombres de las fincas de los  alemanes que se convirtieron en fuentes de trabajo para cientos de campesinos lugareños. 

              Los alemanes vinieron en barco hasta Granada y cabalgaron hasta llegar a las zonas donde se iban a establecer. Otros llegaron a León y comenzaron su travesía hacia a Matagalpa. “Mi abuelo fue uno de ellos. Vino de Granada a Matagalpa a caballo”, cuenta Eddy Kühl, radicado en Matagalpa. “Y lo curioso del caso es que a pesar de haber inmigrado ya hace más de un siglo, los descendientes conservamos el espíritu y la cultura en nuestras familias y nuestros hogares. Para muestra, este caso: “Vivimos en las montañas, a 1,300 metros de altura; nuestros hijos y nietos se han educado al estilo que lo hacían aquellos inmigrantes, en sus fincas”. 

 

"Museo de los primeros inmigrantes a Matagalpa".
Lápidas cuentan historia de la inmigración a Matagalpa.
  Cuando los extranjeros  tenían su cementerio particular , Un siglo después, ya no importan las creencias religiosas, sino sólo la  necesidad de contar con un sitio de descanso eterno 
La Prensa 25/03/00
CELSO MARTINEZ OROZCO
 MATAGALPA.- Antes de 1893, a los extranjeros que en su mayoría no eran católicos no se les permitía ser enterrados en el Cementerio Municipal. Por eso, uno de los principales impulsores en la construcción de lo que ahora se conoce como "El Cementerio de los Extranjeros", fueron el inglés James Haslam y su esposa Adela Burton. Ambos habían sufrido en carne propia el rechazo de no poder sepultar en Granada, a su pequeña hija Adela porque no era católica, cuando murió en el trayecto del puerto de Greytown (San Juan del Norte) a la ciudad de Granada.
Así fue que se hizo necesario el "Cementerio de Extranjeros" porque los enterrados allí eran europeos y de Estados Unidos y la mayoría de ellos no eran católicos, sino mas bien luteranos, anglicanos, bautistas, presbiterianos, etc. Muchos de los ingleses y americanos eran masones, y a ellos tampoco les permitían ser enterrados en el "Campo Santo" (Cementerio Municipal).
El Cementerio de Extranjeros se ubica frente al costado oeste al otro lado de la calle del Cementerio Municipal, camino viejo hacia Payacuca y Terrabona. Allí todavía se pueden ver algunas lápidas de ciudadanos alemanes, ingleses, estadounidenses, suecos, chinos y de otras nacionalidades.
Algunas lápidas y monumentos están semidestruidos y vandalizados, a muchos les han robado las placas con el nombre y fechas, perdiéndose el recuerdo de esos inmigrantes.
Algunos hijos de aquellos extranjeros opinan que hace falta más cuido de parte de la Alcaldía de Matagalpa, y hasta del Ministerio de Cultura para proteger esta reliquia sagrada, como un monumento a aquellos pioneros que trajeron a Matagalpa el cultivo, proceso y exportación del café y que escogieron vivir y ser enterrados en estas tierras, en lo que algunos consideran un "museo de la inmigración a Matagalpa".
Muchas lápidas y mausoleos muestran la fuerza y calidad del trabajo de don Jesús Gutiérrez, el artesano que tallaba la piedra gradilla de Matagalpa para hacer estas tumbas de piedra. El cerco metálico que lo rodea tiene barras de hierro forjado que todavía luce muy elegante, y está asentado en un cerco de baja altura construido de piedra gradilla tallada, que es muy particular de la zona de la ciudad de Matagalpa.
Muchos de los extranjeros que vivieron en Matagalpa, fueron enterrados en el Cementerio Municipal posiblemente porque se convirtieron al catolicismo o después de la secularización de los cementerios.

Difuntos de otras tierras
Fueron enterrados en Matagalpa
Alberto Vogl; 
Alfred Mayr;
Aníbal Parraca; 
Bruno Mierisch; 
Carlota Friedersdorf; 
Charles Leclair; 
Fritz Ueberzezig; 
Karl (Carlos) Hayn; 
María Uberzezig 
Otto Kühl.

Fueron enterrados en sus fincas:
Walter (Balto) Frauenberger en su finca San Francisco 
Wilhelm (Guillermo Jericho) en su finca La Rosa de Jericho.

Muchos nombres no aparecen porque sus lápidas han sido destruidas por vándalos para robarles las placas.

Enterrados en otros cementerios

Dr. Albert Josephsohn, y Emma Barth de Wettstein, María Uberzezig "Tante Marie", Otto Meyer, Wilhem Schoeneke, y Wilma Plate de Richter en Managua; 

Federico Wagner y su esposa Emilia Elster yacen enterrados en La Paz Centro; 

Hans Bosche, en California. 

Jorge Bernard, yace en Esquipulas (Matagalpa); 

Jorge Choiseul Praslin, "El Conde", en Ciudad Darío; 

Julius Wiest en Managua; 

Ludwig Boedeker, murió en el barco durante su viaje de Alemania a Nicaragua, su cuerpo fue entregado a la mar; 

Luis y Katharina Elster, en San Ramón.

CEMENTERIO DE EXTRANJEROS 
MATAGALPA

1800s

 —1808
Se descubren yacimientos de oro cerca del poblado de San Ramón, a pocas leguas de Matagalpa.
 —1850.
Visita Nicaragua el naturalista alemán Julius Froebel, reporta al leonés Nazario Escoto como dueño de unas minas al Norte de Matagalpa. (Mina La Leonesa?).

    —1852
El inmigrante alemán Ludwig Elster y su esposa Katharina Braun fundan La Lima cerca de San Ramón, Matagalpa, la primera finca de café en el Norte de  Nicaragua.
  —1853. Dr. Scherzer junto con Maurice Wagner visitan Matagalpa, sus publicaciones en Alemania en 1856. “Travel in the Free States de Central América.  London 1857”
  1856.12 de Julio. Walker se proclama Presidente de Nicaragua. —Pretende vender Matagalpa en la suma de dos millones de dólares a una firma  norteamericana. Esfuerzo económico de Walker, llegan inversionista americanos con ese propósito, entre ellos Eliseo Ruperto Macy, primo de E. Macy, fundador de Macy's Department Stores.
   — agosto de 1856.
El General Tomas Martínez el Gobierno Provisional de Nicaragua organiza el Ejército del Septentrión en Matagalpa con el cual derrota a los filibusteros, entre ellos van 1,000 indios matagalpinos armados con arcos, flechas y lanzas.  para combatir a los filibusteros de William Walker, quien para entonces ya se había proclamado Presidente de Nicaragua.
—1856.
Mes de Agosto. Fuerzas patriotas instalan Gobierno Provisional de  Nicaragua en Matagalpa para combatir a los filibusteros con Nicasio del Castillo como presidente.
 
 

  1856.
Reportes de yacimientos de Oro en El Ocote de Liberato Abarca, La Luna, Montegrande, Ocalca, San Pablo. Todos en las cercanías de San Ramón, Matagalpa.
El 14 de Septiembre 1856.
Filibusteros rumbo a las haciendas de ganado de Matagalpa, son derrotados en la hacienda San Jacinto por tropas procedentes de Matagalpa al mando del General José Dolores Estrada.
   —1871.
Llegan los Jesuitas por primera vez a Matagalpa al ser expulsados de Guatemala.
  —1881.
Guerra de los indios en Matagalpa. 
-1881
Se tiende el hilo de telégrafo de Matagalpa a Managua.
  —1889.
El gobierno firma convenio con Wilhelm Jericho para establecer 20 familias alemanas en las montañas de Matagalpa.
                      

              El progreso de esta inmigración llegó incluso a la invención de un “terrocarril”, que no era más que una locomotora de calderas de ocho vagones que  trasladaba las cargas de café de Matagalpa a León. Cuenta el ingeniero Eddy  Kühl que era su propio abuelo, quien hacía las veces de mecánico y que él era quien operaba la máquina para sacar el café de la zona. 

. Pero los alemanes que vivían aquí en el siglo pasado, llevaron a cabo otra mejor: armaron un ferrocarril de ocho vagones, lo trajeron halando desde la Paz Centro, y atravesando selvas y montañas lo subieron hasta Matagalpa, a 1,300 metros sobre el nivel del mar”. 

En el Hotel Selva Negra hemos tocado uno de los temas más sensibles para el ingeniero Eddy Kühl, la hazaña del TERROCARRIL. “Tan grande, que algunos dicen que fue un capricho de excéntricos, pero tan real que todavía quedan por ahí reliquias de aquel artefacto que vino a impulsar la industria del café en Nicaragua”. 

LUIS ELSTER, LA HISTORIA DEL CAFÉ 

Según el ingeniero Kühl, hasta 1858 en Matagalpa no había café. Las montañas y picos de las cordilleras Isabelia y Dariense estaban cubiertas de selvas vírgenes habitadas en sus partes bajas por indígenas que cultivaban maíz, frijol y verduras. 

Sin embargo, a raíz del descubrimiento de oro en California (1848), y de la apertura de la Compañía de Tránsito de Mr. Vanderbilt, ya desde 1852 pasaban por nuestro país muchos europeos, en su mayoría alemanes, que buscaban mejorar su suerte en los yacimientos auríferos californianos. 

Por ese tiempo se apareció por aquí un alemán llamado Luis Elster, quien al darse cuenta de que en California se estaba agotando el oro, preguntó si aquí había yacimientos de ese metal, le dijeron que había uno allá por San Ramón. Ni corto ni perezoso alistó su carreta de bueyes y en ella entró a Matagalpa junto con su esposa, doña Catherine Brown, logrando fundar en 1858 la hacienda La Lima. 

Parece que Elster encontró algunas pepitas del preciado metal, así que alistó su mula y bajó a venderlas a León, de regreso trajo algunas frutas del café que ya se cultivaba en Las Sierras de Managua, y se las regaló a su esposa que en lugar de bebérselas las sembró en su huerto. 

Fue exitoso el ensayo de doña Catherine, y al poco tiempo otros inmigrantes alemanes, ingleses y norteamericanos empezaron a fincarse en Matagalpa para sembrar café, entre ellos don Alberto Fogel, William De Savigny, Gus Frauenberger, Otto Kühl, Luis Elster, Alex Potter, Alejos Sullivan, los Kraudy, los Travers, los Bolt y los nicaragüenses Francisco Amador, Cosme Pineda y Nazario Vega, entre otros. También fue por influencia europea que las fincas recibieron nombres como Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania y Algovia. 

Llegaron a vivir a Matagalpa alrededor de 35 familias, que sacaban el café a lomo de mulas en “recuas”, decía Tomas Gage-, hasta León donde se almacenaba en las bodegas de don León Leiva. De León, salía el grano en ferrocarril hasta Corinto. 

Sin embargo, durante la estación lluviosa las mulas se pegaban en el barro, así que una alternativa fueron las carretas de bueyes, animales que por tener cascos más abiertos no se hunden en el suampo y se cansan menos que las mulas. 

LA ODISEA DEL TERROCARRIL 

En 1902 los cafetaleros organizaron la Compañía de Transporte de Matagalpa para solucionar de alguna manera el problema del traslado del café. Compraron una locomotora en Alemania la cual trajeron en barco hasta Corinto, esa nave tuvo que dar la vuelta por el Cabo de Hornos, ya que en ese tiempo no existía el Canal de Panamá. 

“Le tocó a mi abuelo, que era mecánico, y a don Gus Frauenberger, viajar a Corinto para desembarcar y armar la locomotora y los ocho vagones que integraban lo que ellos llamaron el TERROCARRIL o Ferrocarril sin Rieles”, explica Kühl. 

“A la máquina de vapor se le adaptaron ruedas tractoras, detrás del convoy siempre venían mulas que cargaban agua y leña para la caldera de la máquina. 

De previo, centenares de trabajadores e indios, en un trabajo ciclópeo, habían abierto a punta de pico y pala un largo camino de trocha para que pasara el convoy, colocando en las partes muy sonsocuitosas troncos de madera a manera de durmientes y también gran cantidad de balastre. 

La ruta del Terrocarril era la de carretas de la época colonial, la que viene de La Paz Centro, pasa cerca de Telica, Mina La India, San Isidro y desemboca en Sébaco, Chagüitillo y Matagalpa. 

Don Alberto Fogel, hijo, refiere que él tenía siete años cuando vio entrar el Terrocarril a Matagalpa. Eso fue un cinco de abril de 1903, que se convirtió en un día de fiesta memorable. Todos los matagalpinos, las autoridades del departamento y los miembros de la Compañía de Transporte esperaban con música y cohetes la llegada del convoy en la salida sur de la ciudad. 

Se apareció el “Terrocarril” echando bocanadas de humo y llevando en la parte delantera de la locomotora cuatro banderas: la de Nicaragua, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. “Iba manejada por mi abuelo Otto Kühl, y entre las curiosidades que llevaba a bordo estaban unas marquetas de hielo envueltas en aserrín. En Matagalpa no se conocía el hielo y la gente se extrañaba de ver “comer vidrio” a los invitados y miembros de la Compañía de Transporte. 

EL SONSOCUITE SE TRAGÓ AL “TERROCARRIL” 

El “Terrocarril” realizó dos viajes exitosos a La Paz Centro. Al regreso traía muebles europeos, artículos para el hogar, instrumentos quirúrgicos, medicinas, un piano, cuadros al óleo, materiales para pintar, vestidos de moda, catálogos, libros y revistas. 

Al regresar de su tercer viaje vino la debacle cuando el pesado armatoste quedó entrampado en los suampos elásticos del Valle de Sébaco, cerca de Chagüitillo. Hasta 1907 se hicieron arduos esfuerzos para recuperarlo, pero al fin se abandonó el intento y ahí murió la empresa. 

Quedan restos de algunos vagones en el lugar llamado La Power, en Matagalpa, y una rueda de la máquina en Selva Negra, me han contado que otros restos están en la Mina La India, en el Barrial. 

De la misma época del “Terrocarril” fue un proyecto de hacer un ferrocarril que conectara Matagalpa con La Cruz de Río Grande, y de ahí salir en barco hasta el Atlántico. Yo guardo una carta que habla de ese proyecto que cien años después no hemos podido realizar. 

Después, por mucho tiempo, el café siguió saliendo de Matagalpa en recuas, hasta que en 1938 entró a Matagalpa el primer camión. Ya para 1945 estaba semiconstruida la carretera a Managua, que se terminó en 1948. 

¿No cree estimado amigo –me dice Eddy Kühl–, que la odisea del “Terrocarril” fue igual, o quizás superior a la emprendida por el alemán Fitz Carraldo, y que en parte, gracias a ella, nos estamos tomando ese delicioso café gourmet calientito, cultivado en Selva Negra? 

BREVES DEL CAFÉ 

El café se descubrió en África, los holandeses lo llevaron a Java, de aquí pasó a París y, por supuesto, a Los Martinica. 

Los jesuitas lo introdujeron en Guatemala y Costa Rica. Para 1838 el cónsul inglés habla de la existencia del café en Nicaragua. 

Rubén Darío cita que don Manuel Matus, de Diriamba. y don Leandro Zelaya, de Las Sierras de Managua, cultivaban el grano en 1845.

George Friedrich Schmidt nació en Stuttgart (1875), Alemania. Era hijo del presidente de la Caja Suprema de finanzas de Württemberg. Después de terminar sus estudios de bachillerato cruzó el Atlántico como grumete en un barco de carga. Llegó a Estados Unidos y lo cruzó de Este a Oeste. Poco después de terminar el siglo apareció en Nicaragua procedente de California como fotógrafo ambulante. 

Montando una mula blanca viajó prácticamente por todo el territorio de Nicaragua, tomando fotografías. En 1903 publicó sus mejores fotografías por medio de la librería de Karl Heuberger en Managua en un cuaderno-álbum que denominó: “Souvenir de Nicaragua, retratado y publicado por George Schmidt, Matagalpa, Nic.” 

Finalmente se estableció en Matagalpa en 1905 donde trabajó como gerente del famoso “Terrocarril” de Matagalpa (Ferrocarril sin Rieles). Cuando éste fracasó en 1907, fue contador de la Casa Potter & Hnos., hasta que en 1915 adquirió con la herencia de su padre la firma de Heinrich (Enrique) Dorn en Matagalpa, la que manejó hasta 1925. 

Hasta 1935 fue gerente de la casa de cambios primera agencia del Banco Nacional en Matagalpa. Este banco era controlado por el gobierno americano y su sede estaba en Nueva York. Ese año don Vicente Vita, economista, nacido en San Ramón, ayudó a nacionalizarlo y lo reorganizó como el primer banco netamente nacional. 

Don Jorge tenía al menos dos propiedades, una casa al frente de lo que es ahora el Banco de la Producción, contiguo a la sastrería del Maestro Vicente Morales, o sea, enfrente del almacén de Francisco Carazo que era donde estaba la llamada Ventanilla y la otra propiedad era un patio grande con casa por donde vivió don Julio y Aydalina Castellón, la primera propiedad la heredó a Carlos Hayn Goldberg, la segunda a Ernesto Hayn. 

Después de Schmidt siguió don Carlos Hayn como gerente del Banco Nacional, posteriormente aprendió el oficio su yerno Carlos Baca y más tarde le tocó el turno a la nieta de don Carlos Hayn quien prosiguió su tradición como banquera, ella es Lily Baca-Hayn de Serrano, quien es la actual gerente de la sucursal de uno de los bancos privados que se han establecido en Matagalpa. 

Doña Amelia Oliú cuenta que ella era la encargada del correo en tiempo de los conservadores, allá por 1925 en Matagalpa. Dice que el alemán llegaba al correo a dejar los paquetes de dinero envueltos en papel kraft que enviaban hacia la oficina central del Banco Nacional en Managua, estos los enviaban en mula o en carreta, y que a nadie se les ocurría robárselos. 

Dijo que una vez entró don Francisco Reyes Aráuz buscando a don Jorge y le dice: “Don Jorge, le anduve buscando para decirle que el dinero que me prestó ya lo he contado de nuevo, y me salieron cien pesos de más”. Con su acento alemán, le contestó: “No don Francisco, el Banco nunca se equivoca”, y don Francisco no tuvo más remedio que quedarse con la diferencia porque don Jorge no la aceptó. 

Recuerda doña Lula Hayn de Baca que don Jorge era alto, delgado, elegantemente vestido, y con el pelo cortado corto como militar y andaba usualmente fumando un gran puro. 

Tenía una cara serena y sana y le llevaba cajas de chocolates y confites a los niños y niñas de la casa. Siempre pregonaba que se debía ahorrar y no comprar a plazos, solamente cuando tuvieran al contado. 

Cuentan testigos de la época que Schmidt cuando cerraba el banco a las 5:00 pm, salía a visitar a amigos antes de irse a su casa y siempre caminaba con una lámpara de gas colgando de una mano. La gente en Matagalpa le hacía chistes y algunos creían que era excéntrico pues andaba como Diógenes, en la historia de la antigua Grecia, con una lámpara cuando aún era de día. Pero era muy organizado y precavido, y sabía que la planta hidroeléctrica Pelton la apagaban a las 8:30 pm y si él estaba de visita, no quería quedarse a oscuras cuando regresaba a su casa. 

Viajaba de vacaciones a Alemania cada dos años. En una de esas vacaciones, falleció en Tübingen, Alemania, a la edad de 60 años en 1935. Se dice que escribió una carta y la metió en un sobre sellado, pidiendo que la abrieran cuando muriera. 

Luego de su fallecimiento, se abrió la carta y decía que había dejado dos cajas de oro escondidas, una en su casa de alquiler y otra en su casa de habitación en Matagalpa. Dicen que ellos buscaron y encontraron la de la casa de alquiler, pero nunca encontraron la caja de su habitación, a pesar de que levantaron todos los ladrillos. 

Sin embargo, se cree que solamente existió la primer caja y que la otra era solamente una treta para que preservaran la segunda propiedad y que no la vendieran. El libro será presentado al público a finales de marzo en el Auditorio de la Biblioteca Roberto Incer Barquero del Banco Central, así como el libro de 500 páginas “Matagalpa y sus Gentes” en el que se publica de forma más extensa la vida de Schmidt en Nicaragua. 
 

selvanegra@tmx.com.ni. 
 


              EL ESTIGMA DE UNA NACIONALIDAD 

              Era el principio de la Segunda Guerra Mundial en 1939. Los aliados –Francia, Estados Unidos e Inglaterra– le declararon la guerra a Alemania. La política del Gobierno de Nicaragua de ese entonces, montó una ola de persecución contra los alemanes residentes en Nicaragua. La vaterland (patria) trasladó, entonces, el dolor de su suelo a los descendientes de aquellos cincuenta jóvenes alemanes que habían decidido acogerse al programa de plantación de café ofrecido por los gobiernos conservadores de los Treinta Años (1857-1892) y luego por el gobierno liberal de José Santos Zelaya (1893-1909), quienes con el afán de promover el cultivo de café, otorgaron hasta 200 manzanas de tierra en las zonas vírgenes de Matagalpa y Jinotega, principalmente. Ellos fueron los que iniciaron la promoción, producción, procesamiento, transporte y comercialización del café en el Norte de  Nicaragua. 

              Así llegaron las penurias. El Gobierno de Nicaragua en los años cuarenta en  las manos de Anastasio Somoza García, declaró la guerra a Alemania en 1941  y los alemanes residentes en Nicaragua, fueron víctimas de esa pugna  suscitada en el exterior. Somoza comenzó la “cacería” de alemanes al reunirlos y encarcelarlos; a los más ancianos les impusieron casa por cárcel y los más jóvenes fueron llevados a la Quinta Eitzen, propiedad que Somoza había intervenido al alemán Ulrich Eitzen. Curiosamente la quinta es hoy el edificio donde funciona la Secretaría de Cooperación Externa en Managua. 

              “Ahí, no les daban comida”, relata Hilda Vogl, hija de Alberto Vogl Baldizón, quien fue una de las víctimas de esta ola de perseguidos. Y agrega: “recuerdo que la Guardia Nacional lo sacó con las manos alzadas desde un cafetal, de donde se lo llevaron”. Una vez encarcelados no les daban de comer. Sus familias les llevaban la comida y demás artículos de higiene personal y la guardia registraba todo lo que ahí entraba, pero de una forma espantosa, muy déspota”. 

              Las vivencias de esta familia son igualmente dolorosas para María Elsa Vogl,  otra hija de Alberto Vogl, hermana de Hilda. “Era horrible ver a mi padre en esas circunstancias, que también las vivió mi abuelo Alberto Vogl, que era  todo un caballero de la alta sociedad alemana encarcelado en la desaparecida  cárcel El Hormiguero en Managua. Ahí no habían ni servicios higiénicos”, relata con voz entrecortada. 

              Estos hombres acostumbrados a tomar té y llevar una vida culta, se volvieron  una nada. “A tal punto, que mi abuelo y luego mi padre, casi se mueren en la  cárcel”. Sin embargo, el calvario apenas comenzaba. A la par de esta vida carcelaria, sus familias y bienes fueron acosados e intervenidos por “Tacho”  Somoza. “En la finca, llamada El Carmen, ubicada en Niquinohomo, nombraron un interventor que no sabía nada de fincas y nos daba la comida racionada.  No teníamos ropa y entonces mi madre me vestía con los pantalones viejos  que ya no les quedaban a mi hermano”, agrega. De eso, queda la satisfacción  de haber vivido en el campo; de haber aprendido a amar la naturaleza y el gallinero”, como lo recuerda Hilda. 

              A Vogl Baldizón le impusieron casa por cárcel, pero lo liberaron al comprobar que era legalmente ciudadano nicaragüense. Así “el papá Beto” como cariñosamente llamaban a Alberto Vogl recuperó su finca, con una gran deuda bancaria que tuvo que asumir y de cuyas inversiones no le supieron dar cuenta. La congoja se apoderó de él y tuvo que vender la finca. 

              Pero los vestigios de una guerra sangrienta entre las grandes potencias de  ese entonces, no dejaron de pisotear a otros miembros de la familia. Carlos  Hayn fue uno de los alemanes que fueron deportados a Estados Unidos. Lo enviaron a Nueva Orleans, luego a un pueblo de Texas, pero aunque “los mandaban como prisioneros, los trataban como reyes, pues les pagaban por las labores asignadas y ese dinero se lo enviaba a mi mamá, unos US$50
  mensuales”, cuenta su hija Lula Hayn. Sin embargo, la permanencia en los campos de refugiados lo dejó mal e inestable. “Mi tío vino tan mal”, cuenta su sobrina Hilda Vogl, tanto que “nunca más se le vio sonreír y siempre estuvo  cabizbajo y taciturno”. 

              “Tacho” Somoza los envió a Estados Unidos donde fueron intercambiados por soldados norteamericanos. Y para rematar, “subastó algunas de esas tierras, las cuales fueron adquiridas por él a través de un enviado, Camilo González, quien acompañado de un oficial de la Guardia Nacional armado, compró tierras por una cantidad irrisoria”, apunta Jorge Hayn, uno de sus hijos. 

              Por otro lado, Hans Ketelhohn fue uno de los alemanes que fue deportado a Alemania y canjeado por un soldado estadounidense. Su esposa, Blanca Rosa Ketelhohn, nos narra su historia: “Recuerdo que los alemanes salían de Nicaragua en tren. A mí me obligaron a acompañarlos. Estaba embarazada de  mi hija Helene. El “Coto Vargas”, un oficial de la marina, me llegó a decir que debía tener listo el equipaje a las seis de la tarde del 12 de mayo de 1942. Salimos rumbo a Dallas. El destino era Ellis Island, Nueva York. En Dallas estuvimos un mes, pues el 12 de junio de ese mismo año, nos embarcaron  rumbo a Alemania. Anclamos en Lisboa, donde nos canjearon por soldados americanos residentes en Alemania” y agrega: “hasta un huracán nos agarró  yendo a Alemania”. 

              “En Lisboa nos llevaron a hoteles de primera, pero todo era racionado y para poder tener acceso a una mejor alimentación, alguien me dijo que me hiciera el examen de embarazo”, prosigue. “Efectivamente, estaba embarazada de mi otra hija”. Seguidamente, nos llevaron a Saarbrücken. 

              La hoy jubilada educadora del Colegio Bautista, de 85 años, recuerda que  “cuando estábamos en los campos de refugiados no podíamos llevar ni traer
  dinero”. La mala racha no paró ahí. Ya al terminar la guerra, Hans y Bertha decidieron regresar a Nicaragua, pero él como alemán, tenía que quedarse en  una cuarentena en Panamá hasta conseguir el permiso de salida y ella lo  acompañó ahí hasta que les permitieron viajar a Nicaragua. Llegaron al país en 1959. 

              UNA PARADOJA HISTORICA 

              Aunque la historia señala un capítulo de advenimiento económico, tal como lo constata la hoy próspera hacienda Selva Negra que conserva la esencia
 alemana; que guarda entre sus venas, el sabor a tierra adentro y que da el sustento a más de doscientos campesinos cuando no hay cosecha; lo irónico es que los descendientes de esta comunidad han sido insignes representantes  de los intereses de Nicaragua al ocupar importantes puestos públicos como Erwin Krüger, David Robleto Lang, y Salvador Stadthagen, quienes han fungido como ministro de Cooperación Externa, Roberto Stadthagen, ministro de MARENA y Ernesto Leal descendiente de Pablo Eisentuck, Ministro de Relaciones Exteriores. 

  la revolución liberal de 1893, la Iglesia Católica tenía  mucha influencia en el gobierno que se reflejaba en la vida social, y en Matagalpa esta  influencia trascendió hasta en el mas allá, porque entonces en esta ciudad, como en todo el país no había matrimonio civil por sí solo, ni se permitía a una católica casarse con un no católico o viceversa, a no ser que el segundo se convirtiese. Es por esa razón que a los extranjeros, quienes en su mayoría no eran católicos, no se les permitía al morir, ser enterrados en el cementerio municipal. Uno de los principales propulsores de este cementerio fue don James Haslam y su esposa Adela Burton, quienes habían sufrido en carne propia el  rechazo del entierro de su hijita Adela, porque no era católica. Esta niñita murió en el trayecto de Greytown a Granada.  Así pues, obligados por las costumbres y leyes del medioevo nicaragüense los inmigrantes construyeron su propio cementerio para enterrar a sus difuntos donde hoy reposan muchos extranjeros que en su momento decidieron vivir y ser enterrados en esta bella ciudad.

              Los años han pasado. Las querellas tienden a olvidarse. Hay quienes han  asumido esa vivencia como un resentimiento, pero hay otros que admiten el perdón como Eddy Kühl, quien considera que Somoza no era sino un dictador más, típico del resto de América Latina donde pasó igual con los alemanes con excepción de Argentina y Chile, e incluso, hay quienes prefieren dejar a un lado ese pasado con la intención de no suscitar más pugnas ideológicas. 

              La cultura es intrínseca en este legado de vida que se mantiene vivo, pues la herencia de los idiomas se mantiene. “Mi nieto de 12 años, entró al colegio  hasta que llegó al quinto grado, las clases las recibía antes en la finca y no tuvo problemas en conectarse con las clases. Habla español, inglés, y un poco de alemán”, cuenta Eddy. Blanca Rosa Ketelhohn, por su parte, también le inculcó a sus hijos lo mismo, pues “todos hablan español, alemán, inglés y francés”, nos cuenta. 

              No obstante, independientemente de la postura que hoy se asuma, estos alemanes conservan su estilo de vida que se observa en el gusto por vivir en la montaña, como en los viejos tiempos cuando vivían en su tierra natal; con  el frío de antaño, una chimenea y un piano que recuerdan los viejos tiempos, aunque, claro, ya no estén en las montañas de la vieja Alemania sino en la Nicaragua de hoy.
 


 

                        Martes 30 de Enero de 2001 |  El Nuevo Diario

  Recordando mujeres inmigrantes a  Matagalpa
             —Eddy Kühl Aráuz—
 

             1. 1852. Katharina Braun, natural de Baden Baden, en la Selva
             Negra alemana, esposa de Luis Elster, cerrajero y buscador de
             oro, él era natural de Hannover. Katharina vino montada en carreta
             de bueyes, desde el puerto de La Virgen en el Departamento
             Oriental (Rivas) hasta San Ramón, Matagalpa. 

             El trajo de Alemania su banca de carpintería, y ella sus especies y
             semillas para sembrar hortalizas y especies para aderezar las
             comidas. 

             Katharina fue la primera persona en sembrar hortalizas (1853) y
             café (1858) en el Norte de Nicaragua. 

             2. 1878. Catalina Jericho, natural de Nordausen, Alemania,
             hermana de Wilhelm (Guillermo) Jericho, vino a León con su marido
             Carl Otto Zeyss, invitado por Wilhelm, posteriormente oyeron del
             éxito de Elster con su café y se mudaron a las montañas de
             Matagalpa donde fundaron la finca Montegrande, en las faldas del
             cerro Yucul, y la finca Alemania al suroeste del cerro Apante. 

             Catalina aparece en una foto de esa época montada a caballo
             enfrente de la famosa finca de su hermano llamada Rosa de
             Jericho, la primera finca donde se sembró café en grandes
             cantidades con fines comerciales de exportación, en la foto
             aparece de vestido largo en las monturas llamadas Galápagos en
             las cuales las damas montaban sentadas a un solo lado de la
             bestia. 

             3. 1888. Bertha, Ida y Anita Zeyss Jericho. Tres hermanas hijas de
             Carl Otto Zeyss y Catalina Jericho, nacidas en Alemania, pero
             llegaron a León como de 10 años de edad, y a Matagalpa como de
             15 años. 

             Viviendo en su finca, situada entre la montaña de Yucul y San
             Ramón fundaron la recordada escuela Montegrande donde se
             impartían clases de alemán, inglés, español, gramática, geografía e
             historia y bases de agricultura menor (hortalizas, flores, viveros). Allí
             dieron clases a algunos nietos de los Elster, asi como hijos de
             otros inmigrantes como Juan, Annelise y Fred Bosche. Bertha e Ida
             no se casaron, Anita se casó con el inmigrante
             alemán-norteamericano Gus Frauenberger quien compró la finca
             de café San Francisco donde todavía viven sus descendientes. 

             4. Nora Buchler de Bosche. 1899. Inmigrante originaria de Trieste
             cuando esta ciuad pertenecía a Austria. Se casó en 1899 con Hans
             Bosche, inmigrante alemán quien tenía una finca de café en
             Matagalpa llamada Hammonia (Hamburgo latinizado). 

             Nora viajó también de faldas largas en monturas tipo Galápago. Se
             le reporta como una de las primeras que sembró hortalizas en los
             patios de la ciudad junto con la inglesa Eva Dagnall. Fue también la
             primera dama con el nombre Nora en esta región de Matagalpa y
             Jinotega, de donde posteriormente derivan ese nombre damas
             como Nora Gadea Rubens, Nora Kühl, Nora Mierisch, Nora
             Hawkins y Nora Astorga. 

             5. Eva Dagnall. 1907. Dama inglesa, vino como institutriz de los
             Potter. Posteriormente se casó con David Dagnall, un joven que
             habían traído los Potter como tenedor de libros para el conocido
             Almacén de Variedades Potter en Matagalpa. Doña Eva era muy
             sociable. 

             Doña Eva Dagnall organizó una escuelita privada desde 1925 a
             1939 donde impartía gratuitamente clases de inglés, cortesía y
             buenas maneras a hijos de inmigrantes. 

             Allí estudiaron Gladys Haslam, Lula Hayn, las Rivas Haslam, los
             Bolt, Fley, Richardson y otros. El aula de clases quedaba al lado
             oeste de su residencia en Matagalpa, es decir del teatro Perla una
             cuadra hacia el río. 

             6. Laura Warren. 1920’s. Dama norteamericana, maestra de
             escuela muy querida por sus alumnos, impartía clases a nacionales
             e hijos de inmigrantes. Falleció en Matagalpa y sus restos yacen en
             el Cementerio de Extranjeros donde todavía puede verse su lápida
             que lee así: Homenaje de sus discípulos y amigos de Matagalpa.
             Julio 20 1929. 

             7. Charlote Friedersdorf. 1890-1978. Dama alemana. 

             Vino como institutriz de los Frauenberger. Dio clases en la
             escuelita privada en la finca Montegrande donde impartía clases de
             inglés, francés y alemán. Posteriormente dio clases de inglés en el
             Instituto Nacional del Norte. Asistía diario a misa leyendo su misal
             para ciegos con el sistema Brailley. Sus ex alumnos la recuerdan
             mucho por su caridad, puntualidad y disciplina. 

             * selvanegra@tmx.com.ni 
 
 

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