TERREMOTO Aņo 1972
A las 10 y 23 minutos de la mañana del 31 de marzo de 1931. Martes Santo, la ciudad fué sacudida por un temblor que empezó de una manera lenta y fué aumentando en vitalidad hasta culminar en terremoto que causó la destrucción de Managua.

Terremoto del año 1931

En los mercados, almacenes y tiendas de comercio que estaban atestadas de gente que se preparaba para la Semana Santa, fué mayor el espanto y la confusión. Los que habían quedado con vida corrían como locos en distintas direcciones.

Por las materias inflamables de las boticas, empezó un voráz incendio que devoró más de veinte manzanas del radio central; incendio que se propagaba libremente sin que nadie pudiera contrarrestarlo, pues no era el momento para dedicarse a esas atenciones. Cada quien buscaba en los escombros a su madre, a su padre, al hermano, al hijo.

Managua, convulsa siempre por los pequeños temblores que se siguieron después del terremoto, era sólo lamento entre las ruinas, en las calles desoladas y en el ambiente trágico.

Cayerón el Palacio Nacional, el Palacio de Comunicaciones, los dos mercados, el Teatro Variedades, La Casa del Aguila, los templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro, la Penitenciaría Nacional, donde murieron centenares de reos alienados, los mejores edificios del radio central y el que quedó en pie en la ciudad, quedó averiado.

Quedaron en pié solamente la armazón de hierro de la Catedral en construcción, la Casa Pellas, el Club Social, el Palacio del Ayuntamiento y la Casa Presidencial, y uno que otro edificio de partículares.

Más de mil personas perecierón en esa hora trágica, y otro tanto quedó golpeado o lisiado para el resto de su vida.

En medio de aquel lugar de ruinas y de dolor, surgía impasoble la figura evángelica de Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, que de un lado para otro se multiplicaba socorriendo a los agonizantes o dando consuelo a los que lloraban la muerte de un deudo. Su figura se agigantaba entre los escombros y entre los cadáveres. Era el pastor estoíco y resignado ante la obra de la naturaleza, que veía morir a su pueblo, y que arriesgando todo peligro repartía bendiciones. era Jesús aplacando la tempestad en el mar de Tiberiades y dando muestras de valor a sus apóstoles.

Cuanta diferencia con aquel otro que en la misma hora fulminaba anatemas contra la ciudad martir.

Managua os lo agradece. Monseñor Lezcano. Gloria a Vos!

Pasado el primer momento de estupor, empezó la obra de salvamento. Muchas personas estaban ilesas bajo los escombros y pudieron rescatarse, como don Francisco Solórzano Lacayo, y otros que no recordamos.

Centenares de cadáveres no identificados fueron llevados en camion al cementerio y echados a la fosa común; una zanja especial que se hizo prontamente. Más tarde fué colocado allí un monumento costeado por los obreros.

Recordemos a los muertos principales, victimas del Terremoto del 31 de marzo de 1931:
 

Señorita María Huezo Leticia Abea, vendedora de la Tienda Egon Lenz
don José Moreno ...tipógrafo Edda Irías Zamora
Br. don Gilberto Saballos Josefa Sandino
don Napoleón Rédon Yelba Castillo
Francisco G. Avellán Aurora Sandino
2 Señoritas de apellido Stadthagen Blanca Monje
Doña Chepita Oreamuno Alicia Sandino
Lucita Mora Oreamuno Graciela Meléndez
Pedro Mora Oreamuno Juana Mercado
Vicente Mora Oreamuno Gregoria García
José Antonio Mora Oreamuno Rosa v. de Mejía
Pedro Pablo Arguello Carmela Ruíz
don Federico K. Morris (murió el 1 de abril-1931) Margarita Ramírez
doña Francisca Montealegre v de Solórzano Leticia Martínez
doña Paula Morales de Delgado Petronila Zambrana
señorita Inés Saballos Inés Martínez
señorita Chepita Sevilla Sabina Cajina
doña Dominguita Cubillo v. de Corea Matilde Cáceres
doña Margarita Selva v. de Robleto Gallo Luisa Toval
doña Elsa Anzoátegui de Mejía Eugenia Tórres
señorita María Leticia Abea Alicia Alemán
doña Ernestina Hurtado v. de Ruíz Virginia Silva M.
nietas de doña Ernestina: Dorita y Soledad Ana Castillo
don Sinforóso Saénz R. Petronila Aguilar
niño Enrique Elizondo Josefa de Rodríguez
don Roque Matamoros Gertrudis Benavente
don Carmen Fonseca Saballos Armando (hijo de Gertrudis Benavente).
Dr. Leopoldo Rosales Carmén Guillén de Estrada
doña Alicia Baca de Godoy Sofía Rivera
señorita Rosa Cifuentes Ana Rosa García
señorita María Arce Josefa Bermúdez de Cuadra
niña Telma Leal Isabel Picado
don Adolfo Romero Isabel (hija pequeña de Isabel Picado)
don Ramón A. Reyes Juana Rivera
Sor Conchita (Superiora del Hospital General) Francisca v. de Castillo
Rosalía Martínez Juana Guillén
En la Penitenciaría murierón: 

el mayor del cuerpo de Marinos, 
Dr. Hugo Baske,

teniente Jaime F. Diekey

24 soldados.

Murierón casi todos los reos.

En la calle, por el comercio y en sus respectivos automóviles perecierón:

señorita del oficial J. D. Murray

Lea Rossich, esposa del teniente Rossich

Louis Rossich, hijo pequeño del teniente Rossich

En los mercados se identificarón 65 cadáveres de mujeres y 17 de varones, los que fuerón recogidos por sus deudos., algunos dados en el estado lastimoso en que quedarón no fueron identificados y fuerón llevados a la fosa común.

Carmen Malespín María Galo v. de Ruíz
Jacinta Miranda Leonor Castillo
Genoveva de Tapia Teresa Dubón
Virginia Muñoz Berta López
Rosa Luna v. de Quintana Dolores Santamaría v. de Solórzano
Rosario Robleto Francisco Meléndez
Rosa Palacio Juana Méndez
María Fonseca Maria Helen Peters
Amanda Miranda (nieta de Jacinta). Domigo Castillo (hijo de Leonor Castillo).
Alfredo García Salomón Rivera
Domingo Fonseca Jesús Estrada
Juan Galeano José María Baltodano
José Francisco Picado Clemente Cabezas
Luis Castillo Jesús García
Mauricia Rodríguez E. Ritana de Morales
Petronila Aguilar Margarita Baca
Tiburcio Rayo Adolfo Romero
Manuel Fonseca Gustavo Munguía
Adán Sandino Julio Espinosa G.
Ana Castillo Olga Morales A.
Herminia de Meléndez Matilde de Briceño
don Adrián Zavala, quién fué encontrado en unos escombros muchos días después. Mercedes Fitoria

 

Las hermanas Repúblicas de Centroamérica inmediatamente después del terremoto enviarón los primeros socorros por la vía aérea, consistentes en alimentos, medicinas y dinero. El primer auxilio que llegó fué el de El Salvador, de cuya comisión era jefe el General Trabantino, caballeroso y noble en tales circunstancias.

De todos los países del mundo llegarón radios de condolencia, inclusive de su Santidad el Papa.

Los golpeados y heridos, que llegarón a dos mil, fuerón enviados a los hospitales  preparados de emergencia en León, Masaya y Granada, porque.  en Managua era imposible atenderlos. La ciudad destruida era un solo lamento. Hogares enlutados, riquezas destruidas, quemado el Archivo Nacional donde existía toda la documentación histórica de Nicaragua. Dichosamente se salvó la Biblioteca Nacional.

El Gobierno del General Moncada se trasladó temporalmente a Masaya, que por algunos días fué la capital.

El Managua, de las calles torcidas y casas de adobe despareció. Surgirá Managua?.

A raíz del terremoto aterrizó en Managua, manejando su propio avión, el millonario norteamericano Will Rogers, quién obsequió cinco mil dólares para los damnificados. este rasgo humanitario del filántropo yankee, causó honda sensación y el Gobierno, agradecido, puso su retrato en las estampillas
de correo. Rogers murió hace poco en un accidente aéreo.

A  los pocos meses después del terremoto, vinieron discos de México con una canción hondamente sentida, cuya música y letra era del cantante mexicano Guty Cárdenas, quién se inspiró en nuestro propio dolor para externar sus sentimientos por medio de la poesía y del pentagrama. Poco tiempo después el artista Guty Cárdenas murió asesinado en la capital mexicana. Managua le agradece su recuerdo y deplora su triste fin.

El operador del inalámbrico de la Tropical radio Telegraph Company, Mr. S. M. Craigie, que se encontraba de turno, fué quién de Portezuelo dió aviso al mundo de la desgracia que nos ocurría. El Teniente Harold D. Hoke, aviador del cuerpo de marinos de los Estados Unidos, voló hacia Corinto para urgir socorro inmediato de medicinas, de los vapores de guerra surtos en la bahía.

El Presidente de la República Gral. José María Moncada se encontraba de vacaciones en su rústica propiedad "Venecia", jurisdicción del Municipio de Masatepe, pero al tener conocimiento de la catástrofe, se trasladó inmediatamente a la capital, llegando el mismo día por la tarde.

En el Vapor Corinto, el jueves 2 de abril desembarcó en Corinto una parte de la Cruz Roja salvadoreña y el domingo 5 de ese mismo mes a bordo del vapor Venezuela llegó el resto encabezado por su jefe el General José Tomás Calderón, Inspector General del Ejército de su país; Dr. José A. Fernández, don Agustín Rivera y don Ricardo Moreira, y las enfermeras señoritas Olimpia Montes, Hercilia Turner, Rosibel Romero, Cristina y Anita Goens y Carmen Moreno. Esta misión trajo además 150 qq. de azúcar, medicinas, aparatos telefónicos, telegráficos y alambre en gran cantidad para reestablecer los servicios de comunicaciones. A la Misión salvadoreña debe Nicaragua que las comunicaciones con Managua no hayan sido interrumpidas por un tiempo indefinido, pues éstas fueron restablecidas con gran rápidez.

El jueves 6 del mismo mes, llegó a Corinto el vapor Kreta con la Cruz Roja de Costa Rica, integrada así: Jefe de la misma, Dr. Warren H. Morry, Dr. Inocente Moreira, nicaraguense; Dr. Onofre Villalobos y don Elías Calderón, don Francisco Bonilla, don Manfredo Pentzke, don José Emilio Bolaños, don Ernesto Oviedo, don Luis Esquivel, don Juan M. Morales, don Cornelio Vargas, don Ernesto Lacayo, don Gilberto Tercero y don Ramón M. Padilla. esta misión trajo para los damnificados, tiendas de campaña, 5,000 inyecciones antitetánicas y gran cantidad de medicinas, 1000 camisolas, 1,000 calzoncillos, 1,000 pantalones, y 1,000 pares de calzado. Además de esto también traía el contingente del diario "La Tribuna", de San José, Costa Rica, consistente en maíz, arroz y frijoles.

Por la vía aérea también llegarón a Managua, la Cruz Roja de los Estados Unidos, la Cruz Roja de Panamá, encabezada por la distinguida señorita panameña Enriqueta Morales, y la Cruz Roja de Guatemala, formando parte de ésta última el Dr. Rodolfo Espinosa R. que fué Vice Presidente de la República, y por la vía del Tempisque, la Cruz Roja de Honduras.

Todas estas misiones prestaron valiosos servicios tanto en la capital como en otras ciudades donde se encontraban refugiados los damnificados. Fué la Cruz Roja salvadoreña la que más se distinguió.

Un caso curioso y providencial ocurrió en el Barrio de la Penitenciaría. A la hora del terremoto un hombre estaba cavando un pozo, a una profundidad de 30 varas. Creyó el pobre hombre que ya había llegado a su última hora al ver que las paredes del pozo se bambaleaban y gritó desesperadamente; pero en vano, nadie estaba en ánimo de extraerlo de áquella profundidad. El brocal que ya estaba concluído, cayó totalmente; pero hacia afuera, sin caer ni una arena en el agujero donde estaba el hombre. este fué sacado sano y salvo

Gratus Halftermeyer  Historia de Managua

 Nika CyberMunicipio

Quienes desde 1818 han sido Alcaldes de Managua

Historia de la Construccion del Palacio Nacional

Sobre la edad del Lago Xolotlán

 El aluvión del cuatro de octubre de 1876

Sobre el Proyecto de limpieza del Lago Xolotlán y otras particularidades de la contaminación

Memoria de Managua

 el primer automóvil en Managua.. En el año de 1892 Managua ya disponía de

Managua Indígena

Indice de Managua