ORATES POPULARES DE LA VIEJA MANAGUA


Roberto Loco

  "Roberto Loco"
Roberto Loco era un hombre comun y corriente, no fue hasta que perdio el billete con el numero premiado de la loteria, sin falta El siempre  compraba su billete de la misma persona, siempre compro el mismo numero. Al parecer jamas se acordo en donde escondio aquel desdichado  billete ganador de la loteria. Desde aquel entonces se interes estaba totalmente dedicado a buscar su billete perdido entre todos los papeles que encontro a su paso.
Primero se canso de buscarlo en su casa de habitacion, despues salio en la busqueda a  las calles de su barrio, principalmente en donde solia caminar, y luego.. por ultimo en todas las calles de la Vieja  Managua, Roberto Loco buscaba incansablemente entre todos los papeles aquel pedacito de loteria.  Sin parar su busqueda constante era obsesiva..La gente le tenia pesar, pues Roberto era un hombre joven, ahora sucio se le veia cargando aquel  saco sucio de manta llena de papelitos. La gente ya le conocia y algunos empezaron con una tradicion..la gente en su afan de ganar el premio mayor le ofrecian un billete de loteria a Roberto Loco.  Este siempre al recibir con gran alegria aquellos regalos tiliteaba sus ojos, moviendo sus parpados rapidamente ..de aqui salio aquel dicho popular que dice: "Te vas a quedar como Roberto Loco", .. a aquellos que piensan mucho en ganar el premio mayor de la loteria.
  "La Siete Culos"
Este personaje era una mujer hermosa con un voluminoso trasero, Sus nalgas eran tan grandes y llamativas que al caminar era la sensacion de los chavalos, Por la Calle 15 de septiembre de aquella vieja Managua de los 50s, era muy divertido ver la Siete Culos cruzar por sus vecindarios, Los chavalos gritaban: Hay viene la Siete Culos..Hay viene la Siete Culos..Los muchachos y viejos sin mujer que les dijera ' Cuidadito de andar viendo esa Siete Culos, aprovechaban la oportunidad para apreciar esa bella figura de esta mujer. Algunos le silbaban y le lanzaban piropos y versois en honor a su gran trasero. " Que curvas mi amor y Yo sin Breques., He aqui nace el dicho dirigido a aquellas mujeres glutonas, " Te vas a quedar como La Siete Culos".. 
  "El Chupa Dedo"
En la Colonia Centroamerica vivia en aquellos 60s un muchacho vago y medio vicioso apodado, "El Chupa Dedo", El Chupa le decian sus amigos cercanos de la Colonia. Se cuenta que durante el Managuazo de Aguero, El Chupa se encontraba vagando por la Avenida Roosevelt. Bien alegre y confundido despues de una gran chupadera de Victorias y otros viajes de LSD en la famosa discoteca de La Tortuga Morada, El Chupa salio a las calles y penso que era el fin del mundo, con toda la bulla de metralletas y estallidos de balas.
En su locura se envolvio usando un largo mantel blanco, gritaba y corria por las calles diciendo: " A coger a coger que el mundo se va a perder"..
Con su tunica blanca caminaba chupandose como de costumbre su dedo gordo. La Guardia lo detuvo en el alboroto, le quisieron sacar su nombre..pero este en el nerviosismo no se sacaba el dedo de la boca..El Oficial  muy  molesto dijo: "Cortale el dedo a este H.P. para que nunca se lo vuelva a chupar..De aqui viene aquel ducho que dice: ' Te vas a quedar como El Chupa Dedo si seguis chupando.
   "La Anita del Mar" y "La Sebastiana"
La Anita del Mar era un homosexual que se dedicaba a poner inyecciones a domicilio, Siempre se le miraba con sus pantaloncitos apretados y sus famosas chinelas de gancho arrastrandolas sobre el pavimento..en su chiqueadero por las calles de los barrios de Managua. Los chavalos lo jodian y le preguntaban si se enfermaba de la regla..El decia que volaba chorros de sangre como vaca parida. 
La Sebastiana era un homosexual muy popular entre los viejos Managua, su puesto de refrescos en El Teatro Apollo estaba bien surtido de toda clase refrescos y sus clientes llegaban de todo Managua. Luego su puestos de refrescos se traslado al Mercado Oriental.
"Peyeyeque"
Peyeyeque era un barrendero de la alcaldia que estaba medio loco,  frecuentaba el vecindario del Cuartel de Los Bomberos, y el Estadio Nacional, su forma de caminar rapido y de hablar nervioso tartamudo era la caracteristica de este personaje "Peyeyeque", Tambien era su caracteristica que en su tarea de barrer las calles, Peyeyeque tenia el problema, que se le olvidaba que tenia que barrer ...algunas veces para ayudar en el Cuartel de los Bomberos, de quien tambien decia ser parte. Peyeyeque en El Estadio tambien era un buen Managua, pues no se perdia los juegos de Baseball de su equipo El Boer, Era caracteristico la vos tartamuda de Peyeyeque cuando los animos se alteraban en El Estadio Nacional ..viendo el partido y pretendiendo estar barriendo, El era ya un caracter muy conocido entre los animadores deportivos, Sucre y Armando Provedor...Desde el cubiculo radial le gritaban: Peyeyeque!! Peyeyeque adonde esta tu escoba.?  Y El les respondia con la misma frase cada vez.. "Si esa es mi fueyte", 
El compositor y cantautor Mejia Godoy incluye un verso sobre este Personaje en una cancion popular.
"La Caimana"
La Caimana se llamaba Carmen Aguirre y siempre andaba en bicicleta, se paraba en una esquina esperando el bus de El colegio Divina Pastora para piropear a las chavalas. La Rosa, su mujer, salio panzona y La Caimana siempre decia que esa era su chavala. La Caimana tenia una fabrica de tiquitratas, morteros y cuetes. Su fabrica se localizaba muy cerca de la antigua Tostaderia El Caracol de Don Constantino Campos, luego cambio de local cerca de El Camino. Una de las tantas historias de La Caimana segun dicen los viejos, fue cuando se le quemo su casa, Ella le decia que al que se metiera y le sacara una caja de "Utiles que usaba Ella con Rosita" ella le daria C$300.00 que era mucho dinero en ese entonces. El entierro de La Caimana fue todo un evento en la Vieja Managua, cada cuadra morteros y bombas anunciaban su ultimo recorrido por aquella linda ciudad, Ella fue enterrada en El cementerio La Salvadorita.
La Cocoroca
Entre los   mas vulgares de la vieja Managua se destacaban el Negro Zingo, Chico Zuniga, Landaverde, Pellelleque, y  el del Cabrito entre muchos todos que cada vez que hablaban lanzaba sapos, viboras y alacranes. Pero la campeona del mal hablado era Matilde Cocoroca, mujer de agallas que se ganaba la vida como vendedora de ropa y otros objetos en el  Mercado San Miguel. Para muchos era mejor no tocar mercancia sin comprar pues estaban tocando sus lindas tapas..."Hijueputa pendejo, para que tocas si no vas a comprar maldito, jalate el hule hasta que te haga pli.. cabeza de cuca.... pues asi era.. su lengua visperina estaba preparada para desencadenar la guerra de tapas, ni siquiera las otras vendedoras se atrevian a tocarles la boca tan degenerada de esta mujer.
 Las "tapas" tenebrosas de la Matilde "Cocoroca"

     Entre los hombre más vulgares de la vieja Managua destacaba el Negro Zingo,

     que cada vez que hablaba lanzaba vaharadas de sapos, víboras, cucarachas,

     alacranes y otros productos apestosos y venenosos.

     Pero la campeona del pésimo hablar era la Matilde "Cocoroca", mujer de agallas

     que no pudo entrar al infierno porque en ese tiempo Satanás estaba en plan de

     adecentar el lenguaje del Averno.

MARIO FULVIO ESPINOZA

Vivía allá por los años cuarenta en Managua una mujer corriente. No era loca de atar ni cuerda que
desenrollar, pero eso sí, tenía una tapas de pavor ­tamaño "king size"-, que dejaría en hilachas la
lengua de virtuosos tapudos actuales, como "Ya me largo" y "La Tenchita".

Excelsa aquella fémina, y viene al caso comentar que hemos venido a menos los nicaragüenses en
cuanto a la producción de "vulgarazos", ya que antes proliferaban esos sujetos que por "quitá que me
quitás la sombra" te daban una "esprayada" de verbos en tal forma que regresabas a tu casa haciendo
fecalismo libre y como si te hubiera dado una golpiza Mike Tyson. Era preferible tocar a Dios con las
manos sucias que las boquitas benditas de Chico Zúñiga, Landaverde, Zingo, Pellelleque, El del
Cabrito, y la dama objeto de mi cuento, la temible Cocoroca.

La Cocoroca era como dice Darío de la bruja Carbosa:

"Cuando llegaba a las cunas de las suaves princesitas

no se salvaba ninguna de sus palabras malditas.

En cierta ocasión llegó a vender al Mercado San Miguel una negra costeña altanera, de lengüita roja y
viperina por las que disparaba azufre y otros gases letales. Aquella fémina, al sólo llegar, se construyó
un círculo de terror a su alrededor. ¡Tapas de manjol tenía la bendita!

El resto de vivanderas ­que por cierto tenían también sus
kathiuskas verbales-, al principio intentaron enfrentarla, pero
ella fue lampaseando con la primera, luego con dos, después
hasta con tres hasta que se las llevó a todas en el saco.

Las pobres vendedoras quedaron como pollos moquillosos
en temporal, tal fue la zarandeada que les dio la costeña, que
se hacía llamar la "Harry Truman".

¿Qué hacer? ¿Cómo contrarrestar aquel incontenible léxico
procaz de la Truman?

La idea fue de una fresquera payulita, flaquita y chiquita
como el chinito Gilbelto Wong: "¡Traigamos a La Cocoroca
o sálvese el que pueda!"

Así se hizo. Una mañana llegó La Cocoroca y como el mexicano Julio César Chávez se fue al faje
directo: "¿Con que sos vos la hija de la gran p... que está jodiendo a mis amigas?" le preguntó. La
negra pasó del violácelo oscuro al morado, pues esa era su forma de palidecer. Pero recuperada del
primer impacto respondió: "¿Y quien sos vos hija de las 11 mil recontrap... para salirme con esa m...?"

Lo que vino después fue un pandemoniun. Nada de asaltos de estudios ni de los piquetes de abeja del
Mohamed Alí. Las dos mujeres multiplicaban su ingenio para no repetir los mismos insultos. Se
empinaban al máximo para lograr mayor altura procaz, el pelo se les crispaba como a los gallos de
pelea y con brazos y manos hacían los ademanes más inverosímiles. Se tocaban sus partes "nobles",
quizás "pudendas", para dar mayor solidez a sus argumentos. Yo emplearé eufemismos para decir que
allí "entraron trasatlánticos" y por otras salieron "rollos de alambre de púas", además de que a los anos
se les dieron ocupaciones extravagantes, ya no digamos a las madres ­magallones-, de las
combatientes que fueron enfloradas con los epítetos más malditos.

El combate verbal duró toda la mañana hasta que un accidente fortuito acabó con aquello. La pobre
Truman de repente se quedó ronca, y del ronco pasó al mudo, y ya no podía ripostar más que con
gestos. Viéndose derrotada por la naturaleza optó por coger sus canastos y largarse a su casa.
Cocoroca quedó dueña y señora del cuadrilátero y, además, aclamada por su barra de vivanderas.

AHORA LA VULGARIDA ES DE EXPORTACION
Para los chavalos estudiantes que entrábamos al mercado a comprar jocotes y magos, escuchar
aquellos combates constituía una cátedra selecta, y ya en la Escuela poníamos en práctica lo
aprendido con amplia ventaja sobre los compañeritos que, por no ir al mercado, perdían la
oportunidad de culturizarse en aquella faceta.

Ahora los vulgares están influenciados por la televisión. La vulgaridad ha perdido carta de
nacionalidad y se ha estandarizado. El "cabeza hueca", el "coco de chorlito" y otras palabrejas de
importación dominan el ambiente y en su mayoría son copia de las menudencias que dicen los
infra-tontos muñecos y personajes de la caja-idiota.

                               Un combate de "vulgares" en mi tiempo era cosa de miar y
                               no echar gota. Había que fregarse con los recursos de
                               imaginación que aquellos gallos ponían en práctica para
                               apabullar el enemigo. Vencía el que era más chambón, ágil en
                               la intervención, claro y solemne en la pronunciación y
                               oportuno en la riposta.

                               Me imagino que cuando la Cocoroca murió Satanás le puso
                               tranca a la puerta del Infierno para que no entrara, pues
                               dicen que hasta cierto punto ha podido adecentar el Averno.
Entonces es plausible que nuestra heroína esté en el cielo convirtiendo en samotana los ritos y
rascando su arpa al mejor estilo chichero. Ha de tener domados a los angelitos, a los querubines,
arcángeles y serafines que, según me dicen ya dominan muy bien el lenguaje de los bajos fondos y de
los fondos no tan bajos.

Y parece mentira, la Cocoroca en vida vendía frasquitos de perfume. Y para venderlos tenía un
lenguaje cariñoso, zalamero.

Para terminar déjenme contarles que en cierta ocasión la llevaron presa.

El director de policía era un señor de apellido Castillo, que a la vez era propietario de la mondonguería
"El Gallazo", de gratos recuerdos para mi gran amigo León Olivares y para mi inefable Sancho.

Pues repito, llevaron a la Matilde ­que así era el nombre de la Cocoroca- ante el gordo Castillo, que
cansado de tantas quejas que le daban de la feroz mujer, amodorrado, le dijo:

- Matildé, ya no te aguanto! ¿Por qué peliás tanto?

- Ve que pregunta! Contestó la Cocoroca. ¿Te gustaría a vos que desde que salís de tu casa la gente
te grite "¡Lapa!" Y que todos los chavalos te griten "Lapa" sólo para oírte las tapas?

Con mucha cachaza el jefe de policía, al que por apodo le decían "Lapa", respondió:

- Tenés razón Matilde, andáte a tu casa.
 
 
 
 
 
 
 

MIéRCOLES 19 DE SEPTIEMBRE DEL 2001 /      Mario Fulvio presentará “Managua, la inolvidable” 

    Obra recoge 20 relatos de personajes populares de la Managua de los años 30 

El periodista Mario Fulvio Espinosa Ampié, muestra un ejemplar de la obra “Managua, la inolvidable”, que presentará mañana en el Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano (CCNN).

 Wilder Pérez R. 
wilder.perez@laprensa.com.ni 

La presentación del libro “Managua, la inolvidable” del periodista Mario Fulvio Espinosa Ampié, se realizará mañana jueves, a las siete de la noche, en el Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano (CCNN), situado en el Centro Comercial Nejapa. 

Este primer libro de nuestro compañero de labores de LA PRENSA, es una recopilación de veinte relatos sobre personajes populares que transitaron por las calles de la Managua de los años treinta, “cuyas hazañas quedaron en la memoria de quienes vivieron en esa época, en la cual corren el peligro de borrarse si no se deja constancia de sus excentricidades y costumbres”, dice el autor. 

Desfilan por las páginas del libro personajes humildes que por sus costumbres ejemplares cobraron fama popular, como la Juliana Trabajadora, Felipe Ibarra, Gratus Halftermayer, Enrique Gottel, Zacarías Esquilach y Los Gardelitos. 

Entre aquellos que dejaron memoria por sus ocurrencias caben en el libro de Mario Fulvio, personajes femeninos como La Pilar, La Catarina, La Luz Ciega, La Santos Lucero, La Cocoroca y La Chorro de Humo. 

Por el sexo masculino, Paquito Barraco, Melisandro Sánchez, Santirilyo, don Concho Palacios, Pocoyo (Enrique Peters), Aguazahán Barrios, “Los Cuñados”, “Charamusca”, El Negro “Zingo”, el Loco Elizondo, Lerizi Camargo, Chico Zúñiga y Landaverde. 

Todos estos personajes transitaron por las calles de Managua de los años treinta, donde los estamentos sociales eran bien definidos, la comunicación social del tipo familiar, de barriada, se caminaba sobre calles y avenidas de tierra de las que se levantaban, en verano, inmensas nubes de polvo y en invierno furiosas correntadas que retrasaban la bucólica actividad de sus gentes. 

De estas cosas trata “Managua, la Inolvidable” de Mario Fulvio, quien ha logrado escribir otros muchos trabajos sobre la misma temática, los que espera publicar en un futuro próximo. 

La presentación del libro será realizada por el colega periodista Manuel Eugarrios Velásquez, autor del prólogo del libro de Mario Fulvio. 

Esta obra fue auspiciada por el Instituto Martin Luther King de la Universidad Politécnica de Nicaragua, y forma parte de la colección “Nos-Otros” de esa institución. 

Como invitados de honor figuran, el pintor nicaragüense Salvador Castillo cuya versatilidad se plasma en diferentes estampas al óleo de la vieja Managua que ilustran los diferentes capítulos del libro, y el ex rector de la Upoli, doctor Norberto Herrera Zúñiga. 

La parte amena contará con la actuación de “La Tribu”, de Vilma Duarte y con la nueva música del notable pintor Frank Somarriba, que ha regresado de su exitosa gira por Italia y otros países de la Europa Central..

13 DE JUNIO DEL 2004 /  La Prensa
Cosas veredes Sancho amigo
Las aventuras jacarandosas de los apodos nicaragüenses 

    
Diálogo callejero en la vieja Managua.
   

Mario Fulvio Espinosa. 

Cómo sería la “fachada” de doña Felícita Picón (q.e.p.d.), que los periodistas que llegábamos a su “Restorant” le decíamos “La vieja cara de almeja”. Y qué decir de doña Humbelina Bojorge, que nos vendía en 15 pesos un diminuto plato de comida que no valía ni cinco, pero era tan servicial y risueña que le decíamos “La Mata Riendo” 

“Vos sos cachimbita ilegítimo, ya lo averigüé”, me dijo el viejo Roberto Castro Báez, así de sopetón. 

—Pues si soy cachimbita, le digo un poco amoscado. 

Volvimos a “La Peña del Viejo Solitario” después de algunos calendarios de ausencia. Estamos sentados alrededor de una mesa degustando el aromático “chocolate gordo” que con tanta ternura nos sirve Danae, la bella joven de cabellos de oro, boca de amapola y ojos de miel que se desvive por satisfacer nuestros antojos. 

Para Danae y el buen Mecenas que es nuestro anfitrión el tiempo no ha pasado, nos reciben como hijos pródigos. 
 

¿Dónde se habían perdido?, es el único reclamo. 

—En ese punto imposible donde el infinito pasado se vuelve a juntar con el porvenir eterno, contestamos evocando a Nietzsche. 

Nos instalamos en sendas poltronas y con varios colegas, parroquianos de La Peña, conversamos sobre la costumbre nica de endilgar apodos o motes a todo el mundo. 

Molesta mi ego machista pensar que a mis antiguas parientas, las hijas del doctor Rodolfo Espinosa, les dijeran “Las Cachimbitas” y que, por un equívoco de significado se pudiera pensar que ese apodo ridiculizaba las dimensiones de sus aparatos reproductores. 

Pero por suerte sale al quite el doctor José Dolores “Lolo” Barquero. “Hombré –dice–, yo sé por qué les decían “cahimbitas” a tus parientas. Eso se remonta a 1720 cuando vino de Córdoba, España, don Deogracias Solís. Este señor fumaba en una pequeña pipa o cachimba de plata. Gracias a esa costumbre se quedó “cachimbita” de por vida y heredó el apodo a todas sus generaciones”. 

Vaya, menos mal... digo para mis adentros... Y respiro más tranquilo. 
 

ALGUNOS APODOS SON CONTROVERSIALES 

Pero ese asunto de los apodos es para pensarlo con más parsimonia, porque la gran mayoría de ellos son señalamientos malévolos de los defectos que tiene una persona, o bien se dirigen a hacer chacota de aquellos momentos en que el apodado ha metido la pata, encabado o cometido el más vil de los ridículos. 

Y sobre eso prosigue la conversación. 

“Pues yo, argumenta Wilfredo López, en mis viajes por el mundo me topé en uno de esos países de la vieja Europa con un obeso diplomático nica de apellido Montenegro. En los almuerzos y cenas de “alto coturno”, y frente a las viandas exquisitas en las que había caviar, codornices, merluzas y vino del más fino, él sacaba a relucir una sonrisa sardónica y decía despectivo: “Prefiero mi mondongo de pata y mi gallo pinto con tortilla”. De modo que “Mondongo de pata” fue el apodo que le quedó para siempre”. 

Juan Tapia mete su cuchara: “En el Mercado Central de la vieja Managua, había una “refresquera” a la que le decían “La Coyolito”, cualquiera diría que porque vendía ese tipo de refresco, pero no, se debía a que era “pecho de tabla” y a duras penas, ya mayor, tenía resabios escondidos de pezoncitos. 

También tuve amistad con la Teresa Plata, a la que le decían “Pistillo”, sencillamente porque cobraba servicios “por adelantado, o nada”. 

Otra del mismo tenor –como dicen los tinterillos–, era la Esterlina Córdoba a la que le decían “Give me five”, pues cobraba en dolaretes fletes a los marines que ocupaban Nicaragua allá por los años treinta. Despreciaba los “chancheros”, llegó a ser muy rica y un día se fue a los Estados Unidos con un gringo de los que acompañaban al Fitante. 
 

VALIOSOS APORTES DE CHEPITO CUADRA 

“Bueno, dice el zanganito de Chepito Cuadra –que se asoma como ratón en hoyito detrás de su bastón–, en esas andanzas de mi larga y perdularia vida, cuando yo era más joven y tenía una estrella en la mano, conocí a muchas damiselas nocturnas de apodos sugerentes. Qué tal se mirarían de caite enfrentando a “La Cachofla”, “La tabla con hoyo”, “La ruedo volteado”, “La aliento de zope”, “La crucificada”, “La déjame el vuelto”, “La dos por la chiva”, “La tres por chelín”, “La basilisco”, “La cara de rifle”, “La puño de sal”, “La pindonga”, “La tres voluntarios”, “La perfil de guardia”, “La de tres bandas”, “La cara de guante de cacher”, “La trotona”, “La chachalaca”, “La pipiriciega”, “La chorro de humo”, “La naranja agria”, “La carreta en bajada”, “La cara de mapa”, “La pepena cabos”, “La cara de jocote guaturco”, “La ¿ya te fuiste?”, “La sin perros”, “La sebo de riel”, “La Chompipona” y “La polvo eléctrico”. 
 

¿Y su doña Julia se sabe esos nombres, Chepitó? 

—Mi sacrosanta Doña Julia ignora las veleidades de Josesito, porque Josesito es muy vivito y no suelta prenda. 

Bien, bien, –dice el inefable Carlos Ocón–, de esos apodos son víctimas propicias las mujeres de la vida alegre. Pero aquí en Managua, y de ello nos habla en forma abundante don Gratus Halftermayer, existieron allá por 1930 y 40 los siguientes apodos. Para varones: “Cachirulo”, “Camándula”, “Chiricaya”, “Chu piura”, “Chico catapance”, “Carne asada”, “Chaschás”, “Caimán”, “Charamusca”, “Tapesco”, “Chico Chapín”, “Cabeza de lancha”, “Medio beso”, “Julio pelota”, “Cabo pichincha”, “Chicharrón”, “Tapedulce”, “Chico chiquito”, “Pava, moronga”, “Chichepiña”, “Chirranga”, “Chico tan”, “Chorizo”, “Cabo chico”, “Charrasca”, “Guatusa”, “Pipanza”, “Chaparrón”, “Rirá”, “Chagüitillo”, “Paco barraco”, “Churruco”, “Pocoyo”, “Cabulla”, “Sebuco”, “Pelo de maíz”, “Guacal”, “Colevaca”, “Requesón”, “Peyeyeque”, “Pelo de leche agria”, “Pirrica”, “Tarugo”, “Mono blanco”, “Carepalo”, “Macho negro”, “Sonrisal”, “Pimienta”, “Piquiyú”, “Pico de liendre”, “Piyuya”, “Tabanco”, “Galleta simple”, “Pellota”, “Piojo peinado”, “Perro mojado”, “Chapetón”, “Guacal”, “Santirilyo”, “Trompa de chancho”, “Chaflado”, “Chico de palo”, “Pan de queso”, “Puyón” y otros. 

Para las damas también existía una buena ración: “La Mama Nila”, “Cocoroca”, “Santos Lucero”, “La Culeca”, “Las ratonas”, “Las pijonas”, “Las gatogallo”, “Las caboqueso” “Las calandrias”, “Las Chipizas”, “La Catarina”, “La Luz ciega”, “Las mapachinas”, “Las pulgas”, “Las cachimbitas”, “Las Malacate”, “Las cornejas”, “Las princesas del dólar”, “La carmita retoco”, “Las cuapes”, “Las Chicaguas”, “Las ranas”, “Las chanchas monas”, “Las zanatas”, “Las cuilas”, “Tíagata”, “Las jicaritas”, “Las pingas”, “Las cabezonas”, “Las chinchintorras”, “Las cotorras”, “La panchota” y “Las pimienta”. 
 

LOS MANTELITOS DE "MEMO COBARDE" 

También había apodos para los “gay” populares de ese tiempo. ¿Quién no recuerda a “Carechancho” que fue torero y boxeador? Salvo ciertos modales agresivos, nada hacía para disimular que era receptor siniestro. Como no acordarse de “Memo cobarde”, que caminaba como pisando flores, contoneándose rítmicamente por las calles de Managua, incisivo, coqueto, veleidoso. Vendía prendas íntimas de mujer y a los calzones les decía “mantelitos para tapar pan” y a los brasieres “hamacas du chicheiros” hablando en brasileiro. 

¿Quién no se acuerda de la Anita del mar? Era un flaco alto, blanco, pelo negro, que caminaba estirado, despectivo, como bailando flamenco... y qué me dicen de “Estrellita”, que vendía elegantes corbatas en la Calle 15. 

Según don Gratus, del apodo no se salvaban ni las creencias, ni las imágenes. De ahí que a Jesús le llamaran “El Colochón”, y que a la imagen del Nazareno que estaba en San Antonio le apodaran “Jesús Congo”, porque la mayordoma era Mama Paula Cardoza Rocha, cuya familia ostentaba el apodo de “congos”. 

“Al Jesús de la Parroquia le nombraban Jesús de la Mama Bibiana, porque la mayordoma era doña Bibiana Montenegro, y a otro Chú que había en El Calvario le decían Jesús de La Araña, por el remoquete que tenía su mecenas”, dice el señor Halftermeyer. 
 

CUANDO EL PADRE TUNINO PERDIO LOS ESTRIBOS 

Como no está al alcance de todos leer la Historia de Managua de don Gratus Halftermayer, entresaco, a mi manera, lo que le pasó allá a principios del siglo pasado al padre Saturnino López, apodado padre “Tunino”. 

El citado cura vivía dos cuadras al poniente del cuartel principal, donde se construyó después el Palacio del Distrito Nacional. Habitaba el curita una casa de adobes, de gradas altas y construcción antigua. 

“Vivía con una fiel sirvienta, muy entregado a su ministerio, adusto, regañón hasta el ridículo, la gente timorata temblaba en su presencia. La sirvienta andaba en puntillas y le servía al pensamiento”. 

Decían que el padre Tunino prestaba dinero al interés, pero eso nunca se comprobó, sin embargo, después que el curita murió y la casa quedó abandonada, era corriente ver que la gente llegaba a escarbar el patio con la esperanza de encontrar alguna “botija”. 

Una madrugada al subir las gradas del templo el padre Tunino puso el pie sobre una enorme plasta de “M... humana”. Esto fue motivo para que se le subiera la mostaza y después de restregar la suela del zapato contra el filo de la acera, entró al templo dispuesto a espetar un sermón de padre y señor mío. 

“Comenzó la misa y en el inter-misarum dio principio a una filípica más o menos en estos términos: 

“Hermanos míos: ¿Qué les pasa a ustedes, por los clavos de Cristo? Esta madrugada al subir las gradas de la sacristía, yo, el bendito Padre me he llenado mis zapatos de pura porquería; y son ustedes las mujeres las cochinas... Y ¿qué es eso que no quieren hablar el idioma castellano que nos mandó la Santa Isabel la Católica... ¡Todo lo han cambiado! A la mujer le dicen “volado”, a la novia “jaña”, a la comida que es el pan nuestro de cada día le dicen “burra”, ¡Los burros serán ustedes! Al real le dicen “realejo”; al peso “bamburraca”; al medio “mechudo”; “¡De las mechas se los va a llevar el diablo! A los policías les dicen “pastores”; a la muerte “pelona”; al trabajo “calanche”. Esa es jerigonza del diablo, ¡Herejes! 

“Dios manda amar a nuestros semejante, pero ustedes no llaman a nadie por su nombre propio, el que recibió en el bautismo, sino por apodo vulgar. En toda plática les oigo decir: “Fui a la tienda del “Macho”; compré flores donde las “Cachimbitas”, me pelé donde Pilar “Chicharrón”; me está haciendo un cofre José Ángel “Guacal”; que las “Cabo Queso”, que el “Piojo”; que tomé un trago donde Santiaguito “Barragán”; que me compuso el altar Alejandro “Marica”; que las “Ratonas van”; que los “Mapachines” vienen; Toribio “Tapudo” así; que Alejandro “Pasada” asá... y a mi, el bendito Padre, sólo me andan diciendo “El Padre Tunino” o el “Padre Tuno”... ¡Saturnino López me llamo!.. Los Tunos serán ustedes”. Amén 

Por terminada la misa se dirigía a su casa a tomar el chocolate con rosquillas que era su desayuno, y si todavía le quedaba algún resquemor, la vieja sirvienta aguantaba el epílogo. 
 

APORTE CORINTEÑO 

“En eso de los apodos los corinteño somos campeones”, manifiesta nuestro amigo Luis Hernández que ha llegado a “La Peña” de impecable traje gris y corbata azul. Don Luis se sabe al dedillo los apodos de todos los porteños y porteñas. De extensa lista anotamos los siguientes: “Leche agria”, “Cara de piña”, “Garrapiñado”, la “Mico loco”, “La pecho de bronce”, “La perrabrava”, “La pate breque”, “La holocica”, “La pasaraya”, y otras más
 
 
 
 
 
 
 

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Los últimos ejecutados, fin de la pena de muerte en Nicaragua

Ceibo de San Judas patrimonio municipal

Leyendas de los Tacaños

Colegio Bautista de Managua nació en 1917

Toma del Palacio Nacional por el "Comandante Cero" 22 de agosto de 1978

Gobernadores y Presidentes de Nicaragua

Catedrales de Managua

Sobre los Mercados de Managua

Sobre Seguridad Ciudadana y El Anuario Estadístico de la Policia Nacional  de Managua del 2000
 

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