Distritos y Barrios - Salón de Alcaldes de Managua - Glosario de las Viviendas de Managua - Memoria de Managua Terremotos de Managua- Lago Xolotlán Managua Indígena / Managua Colonial / Orates de la Vieja Managua / Museo Nacional de Nicaragua / Huellas de Acahualinca Catedrales de Managua /  los Mercados de Managua  /  Seguridad Ciudadana / Personajes de Managua / Lagunas de Managua / Calles y avenidas códigos de  identificación / Cementerios de Managua / La Mora Limpia Real Audio por Camara Bach.Cronologia de Managua  basurero La Chureca   Fiestas Patronales de Santo Domingo de Guzmán Tour Viejos Barrios   Managua de Gratus Halftermeyer 1  3  4  6  7

Managua ya tiene un Hotel llamado Hotel Brown.

En esta administración del General Zavala, el Gobierno en 1883 estableció la Escuela de Bellas Artes y Oficios con profesores traídos de Francia y bajo la dirección del Ingeniero Monsieur Ronfaut. Hay talleres de mecánica, ebanistería, carpintería y encuadernación. Este taller fué dirigido por Monsieur Enrique Bernard, el primer encuadernador que vino a Nicaragua, recién fallecido a una avanzada edad.

El Taller Central es ahora el primer Centro Mecánico de la República y funciona bajo la dependencia de la Empresa del Ferrocarril.

Hubo unos disturbios en los departamentos del norte que fueron debelados a tiempo por las fuerzas del Gobierno comandadas por el General Vélez. Siguió a esto la expulsión de los Jesuitas, lo que causó alguna conmoción en el pueblo; pero que obedecía a una medida de orden público.

Con la llegada del Dr. Adán Cárdenas al poder, continúa progresando la Capital.

El Ingeniero Mr. Theo E. Hocke construye la esquina SE del Palacio Nacional y parte de la otra oriental.

Se inaugura el ferrocarril de Managua a Masaya el 5 de abril de 1885; obra de empuje para la República. La gente timorata le tenía miedo al tren.

La diligencias de don Pedro Ruíz, una especie de carromatos tirados por mulas, caen en desuso. Por muchos años hicieron el tráfico de pasajeros a Granada y Masaya. Quedaron haciendo viajes a Diriamba y Rivas.

Don Federico Solórzano trae el primer coche tirado por caballos. El Presidente Cárdenas usa otro y don Marcial Solis trae otro coche de alquiler que pone al servicio del público. la estación del ferrocarril es construida frente al Cuartel Principal, dond es hoy el Parque Frixione.

En 1884 Managua ve otra innovación; es un carretón de un caballo que cruza las calles polvosas de la ciudad para ir a la estación a la hora de tren y al Mercado Central en busca de carga.

Ya hay varias tiendas casi todas en la Calle del Aluvión.

Citaremos las principales: En la Casa del Aguila, la ferretería del Don Guillermo Jericho, la primera en su género llegada a Managua; tienda de géneros de don Enrique Low, de Morris y Heiden, de los hermanos Wheelock, de don Pablo Grommeyer, de don José Angel Robleto, de don Regino García, de don joaquín Elizondo e hijos, de don Carlos Huete Herrera, de don Alberto Peter, botica de don Gustavo C. Lembke, botica Ël Globo", de los Dres. Ad'n Cárdenas y Marcos Velásquez, y la de don Pastor Guerrero.

En 1885 la guerra  de Barrios conmueve a todo Centroamérica. En Managua hay alistamientos militares y el progreso de la ciudad se aletarga.

El 11 de abril del mismo 1885, a las 9 de la noche, un fuerte temblor sacude a la capital; hace muchos estragos, principalmente en León, donde cayeron muchas casas. En esa ciudad murió aplastada por una pared, la esposa de don Otto Schiffman. en Managua, murieron dos personas y se deterioraron los Templos de San Miguel y la Parroquia.

Asi que vuelve la tranquilidad vuelven también aires de prosperidad con la subida del precio de café.

Hay más casas de pisos; la gente del campo viene a vivir a la ciudad. Ya no se va a traer agua al lago porque se han abierto muchos pozos. Algunos tienen bomba para extraer el agua.

Aparece un periódico: "El Porvenir", del Dr. Jesús Hernández Somoza, con miras políticas.

En 1887 aparece "El Managuense", de don Fabio Carnevallini, también de índole política.

Ya Managua come tallarines, fideos y macarrones que fabrica el italiano Juan Molla, quién también tiene una reposteria en la Calle del Aluvión. Al principio la gente comía con asco los fideos porque creían que éran gusanos.

No había policia urbana. Una ronda compuesta de cinco o seis soldados bajo el mando de un oficial que iba a caballo, y a quien la voz popular llamaba Chingos era la que hacia la vigilancia de la población.

El bajo pueblo vivía en constante zozobra porque en las noches, y por los suburbios salía la Zegua y la Carreta nagua que asustaban a la gente sencilla con el fin de robar. Indudablemente tales espantajos eran ladrones que disfrazados a la sombra de la noche y en aquel ambiente de ignorancia y de sencillez, hacían de las suyas en contra del haber del prójimo.

Un juez de agricultura se encargaba de dirimir los asuntos entre el patrón y el operario que siempre era el perdidoso porque existía una ley incongruente, atrabilaria e inhumana, como resto del odioso feudalismo. Si en los libros del patrón estaba apuntada la deuda, el operario tenía que pagar irremisiblemente trabajando en la hacienda; o los chingos se encargaban de llevarlo a la cárcel; y aquella era una deuda cariba que nunca se acababa de pagar. Pudiéramos citar casos concretos de patrones que aparecían asesinados a tarición por un hostigado operario.

Citaremos unas anécdotas del Presidente Dr. Adán Cárdenas que revela su gran carácter y su elevado espíritu. Un ciudadano de Managua, del barrio San Antonio, era un faribundo enemigo de ese Gobierno y vivía atacando por la prensa al Dr. Cárdenas. Una vez la esposa de aquel sujeto se enfermó gravemente de una fuerte hemorragia. Alguien le dijo que el Dr. Cárdeas éra el único médico que podía curarle a su esposa. El otro objetó que eso no podía ser puesto que él éra enemigo del doctor y que éste lo que haría sería matarsela más pronto; pero tanto le instaron y en vista de que la señora estaba grave, que el hombre ocurrió al Palacio a buscar al Presidente. Ya eran horas avanzadas de la noche y un ayudante le dijo que señor Presidente estaba recogido ya en sus aposentos. El hombre tanto suplicó e insistió que el ayudante le avisó al Dr, Cárdenas, y éste sabiendo que era el medico a quien buscaba su enemigo y no al funcionario, acudió presuroso con su valija y juntos fuerón a ver a la enferma, sin permitir el doctor Cárdenas que le acompañara ningún ayudante. El médico vió a la enferma y la salvó de una muerte segura, pues el caso era grave. El Dr. Cárdenas no cobró ni un centavo a su enemigp político; pero éste, en lo sucesivo fué el mejor amigo y el más ardiente defensor del Presidente Cárdenas.

Al salir de la presidencia estaba tan pobre como cuando había entrado.

Con el Dr. Marcos E. Velásquez formó una sociedad y pusieron una botica que se llamaba El Globo.

En ocasión en que don Alfredo Pellas iba a Europa, su amigo el Presidente Cárdenas le encargó le trajera un par de chapitas que quería obsequiarle a su esposa doña Asunción, ya que en Managua no había una joyería donde comprar tal prenda. Don Alfredo fué y regreso con el encargo que mostró al doctor junto con la factura que dió al joyero europeo.

Muy bien dijo el Doctor Cárdenas..Estan preciosas las chapitas, pero no veo la factura de la aduana..

No doctor contestó Pellas..no hubo necesidad de pagar aduana porque yo traía las prendas en el bolsillo de mi chaleco y no me las vierón..Además, se trataba de un objeto para el Señor Presidente.

Aún cuando sea así, replicó el Dr. Cárdenas..estas chapitas son para uso personal de mi señora esposa y deben pagar el impuesto de la Aduana.

Pellas se vió obligado a ocurrir a la oficina a satisfacer el pago de dicho impuesto, porque así lo exigía el Señor Presidente.


4 DE AGOSTO DEL 2002 /  La Prensa  Lo que va de ayer a hoy alhajas de  boda  José Joaquín Quadra C  historiador.
     ALHAJAS DE BODA  El presidente doctor don Adán Cárdenas se iba a casar por segunda vez, y como  don José Pasos partía para Europa, le hizo el encargo de comprarle allá y traerle en  el regreso las alhajas de boda. Pasos cumplió con la recomendación.     Todo patriota público en el servicio de la Administración ídem de congraciarse   con el que manda, por lo que el Administrador de Aduana de Corinto, queriendo afianzarse en los estribos, no exigió el impuesto correspondiente al que introducía  las alhajas.  Don José Pasos entrega éstas al doctor Cárdenas, diciéndole:   – Las alhajas entraron libres de derechos.     – ¿Libres de derechos las alhajas que voy a darle a mi novia, don José? —admirado  el presidente.  – Sí, doctor.   – Pero ¿por qué no he de pagar yo el impuesto aduanero que pagan los demás?   El empleado de la Aduana dijo que las alhajas entraban libres de derechos, porque  el presidente era el introductor.    – Pues no debe ser así. ¿Qué dirán mis enemigos, y con razón? Esas alhajas, don José, vuelven a la Aduana para que sean registradas y aforadas según tarifa. Tenga usted la bondad de entenderse en eso, señor Pasos.   Y el doctor Cárdenas satisfizo el impuesto de ley por la introducción de las alhajas de su próxima boda.

Poco antes de  resignar el poder en don Evaristo Carazo, Pedro Ortiz, uno de sus íntimos, que sabía cuánto el doctor había tomado de la partida del presupuesto para gastos  secretos, le dijo, mostrándole:   – Está a la mitad, doctor; ¿así la dejará?     – Naturalmente —respondió el doctor— ¿Por qué voy a sacar del tesoro lo que no gastaré? Y es que el doctor Cárdenas fue digno discípulo del licenciado don  Laureano Pineda, ilustre rivense que sirvió la magistratura de la nación a mediados  del siglo anterior, de quien la tradición refiere otro caso de delicadeza, el siguiente que aquí encaja bien.    Don Fernando Lacayo, padre del actual Fernando del propio apellido, le hizo un regalo, el cual devolvió el señor Pineda con esta misiva.   “Don Fernando: le devuelvo el regalo que con gusto recibiré cuando descienda del  poder si Ud. me lo hace de nuevo”.


Por naturaleza el espiritu de Managua neto es guasón y amigo de hacer broma hasta en los asuntos más serios. Desde que Managua existe a nadie se le ha conocido por su apellido legítimo, sólo por el apodo. Esta inveterada costumbre era tan arraigada que algunos de esos remoquetes se hicieron apellidos y como tal se continuaron usando, como Piura, Lola, y otros. Ya los apodos han ido desapareciendo, quizá por el avance de la civilización. No había familia en Managua que no tuviera un cognomento y que se venía transmitiendo de generación en generación. Indudablemente que tenían su origen o historia, que sería largo de contar, sólo diremos que nuestra población se componía de Piojos, Mapachines, Ratones, Gatogallos, Machos, Chipizas, Caboquesos, Pimpanzas, Pulgas, Perrasbravas, Rirá, Loras, Calandrias, Guatusas, Zorras, Gallochancho, Tapedulce, Guacal, Rosquillas, Tió Tigre, Cangreja, Boba, Barragan, Cabistan, Perromojado, Tapudo, Collolito, Pistillo, Chibola, Dormilón, Jocote, Pellota, Cachimbitas, etc, etc.

El 8 de Enero de 1886 ve la luz pública "El Imparcial", bisemanario dirigido por Rubén Darío. Eran redactores Pedro Ortíz y Eugenio López, (El Padre Cobos). Se editaba en la imprenta del Dr. Jesús Hernández Somoza.

---

El coronel Evaristo Carazo subió a la Presidencia en 1887 y no terminó su período porque le sorprendió la muerte el 1ro. de agosto de 1889, en Granada.

Fué modelo de presidentes, en cuanto a pureza administrativa. Mandó traer maestros al extranjero y se preocupó de la instrucción pública. El 28 de marzo de 1889 el Congreso lo ascendió a General de División.

En 87 y 88 la prensa estuvo representada por un gran diario de avanzada: "El País", dirigido por el notable scritor Pedro Ortíz. Colaboraban asiduamente Rubén Darío, cuya primera juventud la pasó en Managua, en labores periódisticas; Angulo Guridi, Ricardo Contreras, Modesto Barrios, Francisco Huezo, y otras plumas doctas y fecundas. El País formaba polémicas de enjundia y médula acerca de asuntos políticos-sociales, literarios, científicos, o linguisticos. El lector se solazaba y abrevaba su espíritu en esas publicaciones de doctrina. Han pasado cincuenta y seis años desde esa época y la prensa no ha avanzado. Se distingue ahora únicamente en cuanto a su labor noticiosa, dado a las facilidades que presta el avance de la civilización. El editor de hoy no recibe ninguna colaboración ni se preocupa de ello.

No se fomentan ideas; y las plumas que pudieran hacerlo están aletargadas. Los periodistas de áquella época duermen sueño eterno. Pasaron a la historia Pedro Ortiz, Anselmo H. Rivas, Enrique Guzmán, Rubén Darío, Ricardo Contreras, Francisco Huezo, Desiderio Fajardo Ortíz, Modesto Barrios, Alejandro Angulo Guridi, Manuel Riguero de Aguilar, y otros.

Hubo un florecimiento literario, como despertar de aurora en ese año de 1887. En la Imprenta Nacional se edita por cuenta del Gobierno un drama:  "Al borde del abismo", de don Manuel Blas Saénz. Circula "El Viajero", novela descriptiva e instructiva del Dr. Gustavo Guzmán, y "El Catecismo Político", del Dr. Hernández Somoza.

Managua está despertando. Ya llegan circos acrobáticos con don Estanislao Castaño, artista mexicano que luego forma hogar en Masaya. Llegan ilusionistas y prestidigitadores.

hay ya dos colegios de niña: el de las señoritas Zoila y Cipriana Mora y el de la señorita Elisa Wilson, con apoyo oficial del Gobierno.

Las familias acomodadas aprovechan los conocimientos idomáticos del ciudadano francés don Juan Haltermeyer, llegado al país en 1854. es el primero que da clases de francés e inglés en la capital.

En 1888 hay otras mejoras locales de gran importancia; La fábrica de hielo a orillas del lago, cercana a la Escuela de Artes, de los señores Kattengell; y la instalación de la cañería para el bastecimiento del agua. Esta se toma de un pozo frente al lago donde está ahora el Cuerpo de Bomberos. Por medio de una bomba, esta agua es enviada a la pilas que están al pié de la Loma de Tiscapa y de allí baja por su propio declive a llenar la cañería de la población. Los habitantes ya pueden bañarse diariamente en su casa sin la molestia de ir al lago o a Tiscapa. El servicio del agua es administrado por una Compañía Aguadora que encabezan don Pablo Giuso y don Carlos E. Nicol y otros, casi todos extranjeros emprendedores. en los interiores de las casas hay jardines y se pueden regar las calles.

En esta época es ordenado sacerdote el joven seminarista don José Antonio Lezcano y Ortega. Un faro empieza a brillar.

Sale a luz "El Mercado", periódico que dirige don Rafael A. Rivas.

Nuestra capital goza ya de diversiones cultas venidas del Viejo Mundo. La Compañía Blen da a conocer por primera vez en la escena las obras dramáticas de los autores españoles. su debut con la bellísima obra literaria de Camprodón, "Flor de un día", es un acontecimiento artístico.

La Compañía Blen era una sola familia. se encariñó con Managua y cada uno de sus miembros, varones y mujeres, formó su hogar. sus descendientes pertenecen a lo mejor de nuestra sociedad, actualmente.

Por los años 1887 a 88 arribó a nuestras playas Desiderio Fajardo Ortíz, con procedencia de Guatemala, adonde había llegado proscrito de Cuba, en la falange del apóstol José Martí Izaguirre, Victor Dubarry  y otros líderes que peleaban por la independencia de la Perla Antillana.

Vino a Managua inválido de ambas piernas, a consecuencia de un balazo que por asuntos románticos le diera un rival; y se hacía conducir en una silla de manos.

Doctor en pedagogía y fuerte en la oratoria, con alma de patricio, forjada en las luchas de un ideal grande: la libertad de Cuba. Su verbo era de combate cuando se trataba de la gran obra literaria. En ideas era hermano gemelo de Martí.

Con la ayuda de don Félix Pedro Largaespada y de otros padres de familia, fundó el Colegio de Managua en la casa donde hoy está la Ferretería de don Eduardo Mendoza.

En 1894 Desiderio Fajardo Ortíz voló a su patria, donde la soñada República lo reclamaba para cobijarlo bajo los pliegues de su bandera de libertad. En Managua dejaba sepultados seres queridos, y muchos corazones agradecidos que todavía lo recuerdan con cariño.

En 1904, diez años más tarde que su partida de Nicaragua, el inolvidable Maestro moría en Santiago de Cuba, su suelo natal.

En 1938 el autor de este libro hizo la iniciativa en "La Noticia", para que una escuela de varones de Managua tuviese el nombre de Desiderio Fajardo Ortíz.

El maestro José María Izaguirre hizo mucho por la juventud nicaraguense, en union de Fajardo Ortíz.

Doctor en ciencias pedagógicas, hizo profesión de la enseñaza, dedicando a ella toda su vida.

Fué por varios años Director del Colegio de Varones e Managua. aquí casó con Hercilia Eva, que aún vive.

Cuando la Estrella Solitaria brilló refulgente en su bandera azul y blanca, flotando a los vientos de libertad, el Dr Izaguirre regresó a la Patria en unión de su esposa, sorprendiéndole la muerte en 1905, en la Habana, dejando en Nicaragua, toda una generación de hombres preparados, que hoy y siempre lo guardarán eternamente en su memoria.

Otro extranjero útil traído por el Gobierno del General Zelaya fué el sabio pedagogo doctor José Leonard, natural de Polonia. era masón en alto grado y maestro de maestros. Sus restos descansan en el cementerio San Pedro, bajo un simbólico monumento costeado por la masonería nicaraguense. Murió en 1907.

El maestro Enrique Vega, uno de los primeros constructores de casas, introdujo una innovación en las edificaciones que dirigía. Es la de los aleros volados, que tiene aceptación y es de utilidad.

El Presidente Carazo, después de sus horas de oficina, salía sólo del Palacio a visitar a sus amigos. estando una vez de visita en casa de don Alcibiades Fuentes sentado en la acera, pasó un policía y le ordenó que se quitara de allí porque éra prohibido. Indudablemente el agente no conocía al Presidente; pero es el caso que éste obedeció respetuosamente, pues aquel cumplía con su deber, por lo que don Evaristo aprobó su conducta.

Otro ejemplo de sencillez democrática lo dió años más tarde en 1910, el Presidente Dr. Madriz. quizá por los momentos azarosos de la época, al doctor Madriz se le olvidó, como lo manda la ley, inscribir en el Registro Civil de las Personas, el nacimiento del último hijo de su matrimonio, llegado al mundo en esos días, en el Campo de Marte.

El registrador, don Salvador Montenegro, en vista de que ya había pasado el término y la partida del dicho niño no se inscribía, mandó a notificar una multa de cinco pesos al señor Presidente de la República, por no haber cumplido en tiempo con aquel requisito. el doctor Madriz inmediatamente mandó a inscribir a su hijo y a satisfacer el pago de la multa a la que él se había hecho acreedor. Y se quedó satisfecho de que las autoridades subalternas del Gobierno que él presidía fueran celosas en el cumplimiento de la ley.

!Carazo y Madriz..! Dos buenos repúblicos para una República ideal, o para un triunvirato con Cincinato enmedio.

En ésta dministración, llegó a Managua el señor Presidente de Costa Rica don Bernardo Soto, a arreglar con el señor Presidente Carazo el asunto de límites entre áquella República y Nicaragua, de lo que resultó el tratado "Soto-Carazo", siuendo nuestra Patria la perdidosa. Los alumnos del Liceo de Managua, uniformados hicieron los honores al Presidente Soto.

El 6 de agosto de 1889 tomó posesión de la Presidencia de la República el senador encargado Dr. Roberto Sacasa, para terminar el período que dejara vacante don Evaristo Carazo.

Es iniciada la construcción de la Penitenciaría Nacional que se hacía necesaria por la evasión constante de reos peligrosos; además de que la Casa Cuartel y Prisión llamada El Ojoche, no prestaba garantías. el Ojoche era donde es hoy el Parque Darío.

En este Cuartel fué organizada la primera Policía Urbana, elegantemente uniformada y bien instruida por el ciudadano costarricense don Federico Mora. Los policiales fueron escogidos entre personas de reconocida honradez y buenas costumbres e instruidos convenientemente en sus deberes cívicos. Todavía existen algunos miembros de esa Policía, la primera y única que ha tenido la capital. duró poco tiempo por los sucesos políticos lugareños que ocurrieron.

Por ésa época se publicarón nuevos períódicos: "Diario de la Capital", "El Termometro", de don José Dolores Gámez, el Diarito de don Carlos Selva, "Reconciliación"y "Ël Duende", de don Juan de Dios Matus. Dada la libertad de imprenta, por ese entonces, los ánimos vivían caldeados y respiraban fuerte por aquellos voceros de la opinión pública. Las polémicas de Gámez y selva causaban escozor. Las pasiones estuvieron exaltadas. Enríque Guzmán y Pedro Ortíz atacaban al Gobierno.

Por esos días fueron huespedes de Managua el exquisito poeta cubano José Joaquín Palma, y su hija la Srita. Zoila Americana Palma, gallarda y gentil como una palmera  de las hermosas playas de su patria, donde se agita más armonioso el mar. El poeta y su hija, tan bella como el nombre, fueron objeto de cálidas manifestaciones de simpatía por esta sociedad.

El Ojoche era una vieja casona de adobes perteneciente al Gobierno, y se llamaba así por un árbol de ese nombre que estaba en el mismo sitio donde está hoy el Obelisco, que conmemora el pasado Siglo XIX. Fue el Ojoche cuartel y cárcel de policía, en una época; y en la administración de don Evaristo Carazo, cuartel de la banda de los SS. PP. En ese entonces ingresó a ese cuerpo como aprendiz un muchacho de León, que ya ejecutaba el bugle - especie de cornetín y que más tarde fué el sublime compositor José de la Cruz Mena. Enseguida fué cuartel de artíllería e infantería, siendo instructores. de la primera arma, don Pablo Adam, súbdito alemán que dejó honorable familia, y de la segunda arma, Mr. Jacquillón, francés, y don Alejandro Lazarenko, ruso. Después el Ojoche fué cuartel de la policía urbana del Dr. Roberto Sacasa.

El Presidente Sacasa pretendió formar un Gobierno Nacional con elementos de los dos partidos. estaban en el gabinete el Dr. Modesto Barrios, don Benjamín Guerra, don Francisco J. Medina, don Frutos Paniagua, como Ministros, y Subsecretarios los doctores, José Madriz y Pedro González; con excepción de Guerra todos eran occidentales, y esto tenía con resquemores a los de Oriente.

El 17 de febrero de 1890 fue expulsado del país el periodista colombiano Victor Dubarry, lo que dió lugar a que en la prensa gobiernista y la opositora se caldearan los animos.

En ese año apareció el diario liberal "El Centinela", dirigido por don Félix Pedro Zelaya R. y dedicado a la propaganda candidatural de los señores general José Santos Zelaya, para Presidente y Dr. Francisco Baca h., para vice Presidente, en el período de 1891 a 95. Existía otro "El Centinela", de don José María Moncada.

En el mismo año, en septiembre, es ordenado sacerdote el joven seminarista managuense José Antonio Villalta, que años más tarde fuera Cura de Managua.

Dado al ambiente político se enerva el progreso local. Los diarios atizaban la discordia.

Hubo un bochinche a mano armada con la Policía Urbana, del que resultaron algunos muertos y heridos. Adolecía el país de una enfermedad política que la índole de nuestro libro no nos permite entrar en detalles de esa naturaleza.

Con la caída del Dr. Roberto Sacasa pasan a la historia los hombres de los 30 años, verdaderos patriarcas con limpias ejecutorias de honradez y de progreso. El Dr. Sacasa no terminó su período.

El 24 de mayo de 1891 muere a la edad de 89 años don Juan Halfterneyer, alsaciano de origen, y profesor de idiomas en Granada y Managua. Fué sepultado en el cementerio extranjero de San Pedro. Era un extranjero útil. Sus discípulos de la sociedad de Granada y Managua le recuerdan con cariño.

En 12 de octubre de 1892, celebróse el 4o. centenario del descubrimiento de América. El maestro Fajardo Ortíz dió una velada con sus alumnos en el teatro que existía a una cuadra al oriente de la Iglesia Parroquial. Pronunció el discurso de apertura el Maestro; fué una pieza oratoria de gran alcance histórico que mereció la ovación del autor.

En un número del programa figuró un cuadro vivo y representó a Colón el jovencito Rodolfo Espinoza R., hoy eminencia médica.

Don Fabio Carnevalini tomó interés y participación en ese festival pro-Colón.

El 8 de marzo de 1893 contrajo matrimonio, a la edad de 26 años el poeta Rubén Darío con la señorita Rosario Murillo, de la sociedad de Managua. El acto religioso, único porque no existía aún el matrimonio civil fué de carácter íntimo, en casa de don Francisco Solórzano Lacayo y de su esposa doña Angela Murillo, hermana de la contrayente, al costado norte de la Plaza de San Miguel, y en donde es hoy la tienda de don Alfonso Wong. Ofició la ceremonia Monseñor Rafael Ramírez con asistencia del señor cura de Managua, Pbro. Pedro Abelardo Obregón. Estuvierón presentes los dueños de casa; el Dr. José Navas, el maestro Desiderio Fajardo Ortíz y el Dr. Manuel Maldonado. En diciembre de ese mismo año nació un niño de ése matrimonio, que murió de tétanos poco tiempo después, cuando el poeta ya estaba en Buenos Aires, con sed de inmensidad y anhelos infiníto.
 

En la época de los 30 años y en el primer período del General Zelaya la gente de primera categoría o la del centro, como la llamamos popularmente, era pulcra en el vestir. Se usaba mucho el casimir que éra más barato que la manta de ahora. Todo el mundo usaba levita, con excepción del bajo pueblo que vestía camisa. Todavía recordamos en traje de levita en la calle a las siguientes personas: Dr. José María Izaguirre, Director del Colegio de Varones; don Leonidas Fletes, inspector del mismo; Br. José María Fonseca, Dr. Jorge Bravo, don José Angel Robleto, padre e hijo, don Regino García, don José Angel García, don Salvador Lezama, Dr. Felipe D. Suazo; Dres. Salvador Castrillo, padre e hijo; Dr. Benjamín Castrillo, don adolfo y don Adán Vivas, General Riguero de Agular, Dr. Serapio Orozco, don Hernán Guzmán, Dr. S. Gustavo Escobar, don Federico Solórzano, padre e hijo, don Zacarias Guerra, don Terencio García y otros cuya visión vive aún en nuestra memoria. De estos sobreviven el maestro Fletes, el Br. Fonseca y José Angel Robleto h. Hoy no se usa levita en la calle; pero se usa una cotona o pijama entre la gente bien. Poca pena.

Entre el 20 y el 24 de julio de 1893, Managua fué teatro de acontecimientos guerreros. Fuerzas del Gobierno que habían quedado del Pacto de Saban Grande, a bordo del vapor Managua, atacaron por retaguardia a los revolucionarios liberales, ocasionandóles muchas bajas en sus filas; saliendo herido el general leonés Fernando María Rivas. También los liberales utilizaron vapores armados en guerra, en el lago, para bombardear las posiciones de los conservadores. El general Aurelio Estrada con una columna de revolucionarios se dirigió a la Sierras de Managua para juntarse con el cuerpo principal de los occidentales. El General don Hipólito Saballos que defendía el cerro de Motastepe, abandonó esta posición cuando se libraba la batalla de la Cuesta, ocupándola a continuación el General Estrada y su columna de revolucionarios. Mientras el General Zelaya avanzaba victorioso hacia la capital, las tropas del Gobierno huían perseguidos muy de cerca por las fuerzas del general Joaquín Gutierrez, Chocoyito; y los disparos del vapor Progreso que iba en persecución del vapor Managua, llegando hasta Tipitapa, donde los liberales derrocaron a 800 hombres acampados en aquella localidad.

En Sabana Grande el General Eduardo Montiel, a la cabeza de 500 hombres se encontró en el camino con los derrotados, huyendo todos a Granada.

En el mes de julio de 1893 que el Partido Conservador dejó el poder, le quedó a la Nación en ferrocarriles y vapores, un valor de $2,948,580.92 dos millones novecientos cuarenta y ocho mil quinientos ochenta pesos noventa y dos centavos, (pesos plata). Los consevadores modernos no construyeron ni una pulgada de ferrocarril.

El iniciador de la obra ferrocarrilera en Nicaragua, fué don Pedro Joaquín Chamorro, continuada por Zavala, cárdenas, Zelaya, Moncada y Sacasa (J. B.)

En la época actual, el Partido Liberal ha hecho aumentar el valor total del Ferrocarril de Nicaragua a la respetable suma de siete millones de dólares.

El 25 de julio de 1893 entró a Managua la Revolución Liberal que se pronunció en León el 11 del mismo mes, encabezada por el General José Santos Zelaya. Venía por el antiguo camino carretero de occidente, ingresando por la hoy llamada Calle del Triunfo, antes Calle Real.

Fué digno de notarse que no hubo ningún suceso de sangre ni nada que alterase el orden público.

Débido al cambio político, hubo movimiento inusitado en todos los órdenes de la vida managuense. Ya no es la misma ciudad  monótona que se acostaba a la ocho de la noche y se levantaba al clarín sonoro del primer gallo; salvo en las noches de teatro, jueves y domingo que actuaba alguna Compañía.

De Granada, donde fungía como Director del Instituto Nacional de Oriente, llegó en 1892 el Dr. José María Izaguirre y ocupó el mismo cargo en el nuevo Colegio de Varones que antes fundara particularmente el maestro Fajardo Ortíz, colegio que se convierte en oficial, y que es el "Instituto Ramírez Goyena". En la Casa del Aguila estuvo algún tiempo este Colegio.

Surgió luego el Colegio de Señoritas, dirigido por la jóven institutriz señorita Josefa E. Toledo, que ya se perfilaba como una risueña esperanza para la Patria.

Aparece "El Imparcial", del general don Manuel Riguero de Aguilar, periodista de combate, de origen español; pero que hace de Nicaragua su segunda patria y se interesa por ella. Más tarde ese Diario se llama "El Liberal".

Nace "El Comercio", de don José María Castrillo; tuvo larga vida y por eso se le llamó el decano de la prensa. Apareció también "El Siglo XX", de corta existencia.

La barra del Congreso Nacional era numerosa, en su local de la esquina N.O. del Nacional, todavía casa de corredor. El Poder Legislativo lo componía una sola Cámara, la de Diputados, compuesta por hombres dotados de grandes cualidades oratorias. Cuando se discutían asuntos de trascendencia, aquél humilde Salón de Sesiones que tenía un extravagante y pintarrajeado cielo raso, se convertía en un Areópago donde resonaban el verbo contundente de Joaquín Sansón; la palabra cálida de Manuel Coronel Matus; la fina ironía de Gustavo Guzmán o la oportuna ides de ramírez Mairena. Gozaba la barra con éstas elucubraciones intelectuales. Dijérase que en aquel recinto que no por sencillo dejaba de ser sagrado, se emocionaba hondamente el alma de la Patria. El que estas líneas escribe, un adolescente en aquel entonces y que entraba a esa barra, si hubiera vivido en tiempos de Anselmo H. Rivas y de Máximo Jérez, quizá que hoy diría lo mismo acerca de estos parlamentarios de los 30 años, como dice de los de la administración primera del general Zelaya.

La luz de la enseñanza llegó al último rincón. la sombra del analfabetismo desparecía paulatinamente, y tuvo mayor empuje la Instrucción Pública cuando ocupó esa cartera el Dr. don Adolfo Altamirano. Que no se crea sí que no hubo instrucción anteriormente, Sí que la hubo, aunque en menor escala.

Fué establecida la Policía Escolar, que hizo eficiente la concurrencia a las escuelas.

En febrero de 1894 hay alarma en Managua por los alistamientos miltares que ocurren. De la Capital sale el dr. José Madriz, con poderes amplios del Gobierno para arreglar las diferencias que se suscitan en Bluefields por la Reincorporación de la Mosquitia y que pueden traer graves consecuencias con Inglaterra que protege al reyezuelo Henry Clarence.

En Honduras, Domingo Vásquez está en armas contra Nicaragua.

La cuestión de La Mosquitia se resuelve favorablemente para nuestra patria, con la reincorporación de ese jirón de suelo nicaraguense, gracias al tacto político del Dr. José Madriz; a la mesurada energía del Gobernante General Zelaya y sobre todo a la audacia e indomable valor del general Rigoberto Cabezas, brazo ejecutor de ese episodio nacional. También se debió al espiritu de los costeños por ser parte de nuevo de la Gran Nacion de Nicaragua, después de varias décadas de invasión y atropellos ingleses.

En esa obra de la reincorporación de la Mosquitia accionó gente de Managua. Además del general Zelaya, que le tocó en suerte ser el Gobernante en áquella época y dirigir desde aquí la acción, fué de la capital con tropas managuense el entonces joven coronel Ramón Ocampo, el popular Tiá Gata; en el Rama estaba el coronel Francisco E. Torres, autóctono Managua que fué el más alto adicto compañero del General Cabezas.

El General Zelaya mandó construir las fortalezas del Campo de Marte, al pie de la Loma de Tiscapa. Las murallas fueron hechas por el ingeniero don Napoleón Ré. el Campo de Marte ha sido en distintas administraciones residencia presidencial y cuarteles. Hoy está allí la Academia Militar y otras oficinas militares de la Guardia Nacional.

El 4 de Julio de 1894 se publicó solemnemente la nueva Constitución liberal del 93, puesta en vigor el 11 de ese mes y año, primer aniversario de la Revolución. Se abolía la pena de muerte, los bienes de manos muertas y los diezmos y primicias; se establecía la secularización de cementerios, el matrimonio civil, la enseñanza laica, la libre testamentificación, el divorcio absoluto, el habeas corpus, la libertad de trabajao y de profesión, la de imprenta y la de cultos. Se prohibierón las instituciones monásticas, se suprimieron los monopolios, se estableció una sóla Cámara, la de Diputados, la autonomía de los Municipios y otras tantas reformas. la Constitución política del 93 abarcaba el Programa del Partido Liberal.

A raíz de la llegada del General Zelaya al Poder, llegó a Managua una emigración liberal colombiana huyendo de los godos de su Patria. El General Zelaya les dió apoyo. En esa emigración venían hombres de talento, poetas y  escritores, entre ellos Juan de Dios Uribe, de quién se recuerda su magistral discurso, de estructura montalvina, dicho en León ante la estatua y restos que llegaban de Rivas, de Máximo Jérez, el 10 de marzo de 1894; General Emiliano J. Herrea, que formó su hogar en Rivas; Juan de Dios Fuertes; a quien llamaban familiarmente Cabo Pichincha era poeta y muy dado a la bohemia, y por su carácter alegre se hacía simpático. En un día de apuros fué donde el General Zelaya, que era su paño de lágrimas, a solicitarle un auxilio, contándole primero un chiste. el Presidente ordenó se le diera un recibo de cien pesos por gastos imprevistos.

El Cabo Pichincha se fué al Ministerio de Hacienda con el recibo para el requisito del dése pero el Ministro Dr. X y Z en presencia del agraciado dijo viendo el recibo:

Yo no firmo esto por que no quiero fomentar borracheras.

Está bien, dijo el Cabo Pichincha, pero antes de irme quiero despedirme de Usted con éste cuarteto:

Diga Usted, lo que quiera, observó el Ministro.
Entonces habló el Cabo Pichincha:
"Indio, mestizo, animal, de fisonomía doble, la figura más innoble del Partido Liberal".

Dicha la improvisación, salió a escape dejando furioso al Ministro. El General Zelaya supo esto y le cayó en gracia y le mandó a dar cien pesos al popular Cabo Pichincha.

Vivieron en Managua, en el primer período del General Zelaya, los emigrados políticos, generales Eloy Alfaro y Leonidas Plaza G. del Ecuador. Dr. Policarpio Bonilla, generales Terencio Sierra, Manuel Bonilla y Miguel R. Dávila de Honduras; Dr. Belisandro Porras de Panamá, todos liberales amigos y protegidos del Presidente de Nicaragua.

Más tarde fuerón Presidentes de la República en sus respectivos países. Estuvo también el general hondureño Domingo Vásquez; pero prisionero en el Cuartel Principal. Años después estuvieron los Generales y Doctores Dionisio Gutiérrez, Oquelí Bustillo, José María Cuellar, Máximo B. Rosales, José Angel Arias y otrso caudillos políticos hondureños que aquí encontraron pan y cordialidad.  Nicaragua era asilo sagrado, como lo ha sido siempre, para todo buen ciudadano que nos visita, y Managua se ha distinguido por su cordialidad.

En febrero de ese mismo año de 1895 murió el Dr. Pascual Fonseca que en distintas ocasiones desempeñó importantes puestos. Fué progenitor de honorable familia.

En 1896 el General Hipólito Saballos presentó al Municipio que presidía el General Aurelio Estrada, un plano elaborado por Monsieur Louis Lairac, para la construcción del Parque Central, comprometiéndose a darlo terminado por la suma de $10,500 pesos. Una vez hecha la obra, otro alcalde, el señor Fonseca S. hizo moción para que ese centro se llamara "Parque Aurelio Estrada", en atención a los esfuerzos de este ciudadano en favor de esa obra. Así se acordó oficialmente, pero el público le nombra sólo Parque Central. En esa obra ayudó tesoneramente el General don Romualdo S. Sarria.

En este mismo año hay una contienda fraticída que dichosamente es pronto debelada por el Gobierno. León se puso en armas contra el Gobierno de Zelaya.

El 17  de septiembre de 1897 ingresó a Managua en el vapor "Progreso", la Dieta de la República Mayor de Centroamérica. El elemento oficial y público estuvo a recibirla en el Muelle. En nombre de la Municipalidad de Managua le dió la bienvenida el síndico Dr. Ramón Rostrán. La oficina de la Dieta estuvo en la esquina de la Casa del Aguila. Había vislumbres de unión centroaméricana, pero se redujo a palabras, palabras, palabras.

El 1 ro de noviembre del mismo año falleció don Francisco Zelaya, hermano del señor Presidente de la República> Representando al Municipio llevó la palabra el Br. don José María Fonseca.

El la mañana del 29 de octubre de 1898 un fortísimo sacudimiento de tierra llenó de pánico a la capital. Cayó el techo del Banco de Londres donde pereció un hombre; lo mismo que el cimborrio de la Parroquia, que era una esfera de piedra como de trés metros  de circunferencia, y cuya mole, al caer, quedó sepultada como media vara en el piso.

Frente a la Iglesia de San Antonio había un arco de piedra como de siete metros de altura que no guardaba relación ni con la estética, ni con la seguridad individual. Para ampliar la calle del Mercado que pasa por la Iglesia dicha, hoy Calle Rubén Darío, la Municipalidad de 1899 mandó botar ese arco; pero el señor cura Pbro. Pedro Abelardo Obregón protestó por eso y el Municipio le pagó 600 pesos en calidad de indemnización.

Managua ha aumentado su comercio. Ya tiene el primer almacén chino de sedería y ropa hecha, de Min Sun Lon; y uno turco, el de Noma Tala Chajin. Cuarenta años más tarde las tres cuartas partes del comercio de la ciudad están en poder de turcos y chinos. Una cuarta parte solamente será nacional. Al paso que vamos en Managua no habrá ni un sólo comerciante nicaraguense.

El año de 1898 arribó a nuestra playas en gira artística, la escritora española doña Emilia Serrano, Baronesa de Wilson, permaneciendo en nuestra capital por algunos días. Dió a conocer su rillante pluma en los diarios managuenses. Visitó la principales ciudades. A Granada le agregó el cognomento de Sultana del Gran Lago, y a Masaya, La Ciudad de las Flores. Su alma exquisita de poetisa y escritora ganó con la visión de nuestros lagos. Años más tarde, como en 1919, volvió a Managua con el ánimo un tanto decaído por la edad. En el Parque Central la Banda de los SS.PP. dió una noche un conciero especial, con música española, en honor a la Baronesa de Wilson, que se acompañaba de un secretario. Fué este su último viaje por la América. Poco tiempo después, ya en la madre patria, hizo el gran viaje sin retorno. Dejó mucha obra publicada.

En julio de 1899 murió a los 22 años de edad el General Ireneo Estrada, muy querido del pueblo de Managua. A los 18 años, casi un adolescente, el Gobierno le había otorgado el grado de General, por su valor y patriotismo.

En el año de 1899 surgen algunas dificultades entre Nicaragua y Costa Rica, por asunto de demarcación de límites. El Presidente de los Estados Unidos arregla las cosas amigablemente y envía a nuestra Patria en representación suya al General E. P. Alexander, como árbrito, quién ingresa a ésta Capital el 10 de septiembre de ese año.

En enero de 1900 llegó el primer cinematógrafo Lumiere y trabajó en el Teatro Castaño que estaba edificado al costado sur del Palacio Nacional. Eran películas cortas, sin argumento, y motivadas en escenas del natural. Eran las primicias del cine mudo.

En ese mismo año residió en Managua el notable escritor mexicano don Federico Gamboa, con la representación como Ministro de su país en Centroamérica. Gamboa era autor de la novela "Santa", y de obras de reciedumbre.

A las siete y media de la noche del miércoles 16 de abril de 1902 la ciudad es conmovida por una espantosa detonación y todos los vecinos vemos elevarse a gran altura una espesa columna de humo y llamas. Era el Cuartel de Artillería e Infantería, hermoso edificio de dos pisos, frente a la Estación Central del Ferrocarril, que volaba por los aires impelido por la explosión del depósito de polvora, y dinamita que estaba a bajo nivel, y que consistía en 200 quintales de pólvora negra, 50 cajas de dinamita y millares de cajas de parque; que estuvieron detonano toda noche, durante el incendio que se propagó.

La explosión encontró punto vulnerable hacia el lago, por lo que la población, hacia el sur, no tuvo mayor perjuicio, sin embargo hubo averias hasta ocho cuadras distantes del Cuartel. La Estación Central desaparecida como barrida por un ciclón, pereciendo allí el policia Juan Hernández, que estaba de turno y cuyo cadaver fue encontrado dividido en la Costa del Lago. En unas mediaguas al Oeste murieron el señor Santiago Guillén y Clara Henríquez, ambos de Granada. el Comandante de Cuartel Coronel Salvador Peralta Lobos, estaba a salvo después de la explosión; pero inspirado en un sentimiento temerario, díjole a todos: Sálvese el que pueda; yo moriré en mi puesto; y entró al lugar del siniestro para morir en las llamas. Fué un caso heróico rayano en locura. Murió también el Sargento Mayor Joaquín Vargas; y el Teniente Melchor Villareal; el Corneta Francisco Niño y los civiles Jesús María Fonseca y Carnuto Ruíz. En el Cuartel de Artillería estaban 160 soldados, de los cuales 96 soldados de infantería y 19 de la banda de guerra. Para mayor desgracia ese día toda la fuerza estaba reconcentrada en esos cuarteles por la circunstancia de estar en Masaya temporalmente el señor Presidente Zelaya; y si se salvaron doce hombres, fue porque andaban en la calle en esos momentos.
 

Al día siguiente se logró sacar de los escombros que aún estaban en llamas, treinta cadáveres que no se pudieron identificar porque estaban horriblemente quemados. En la Costa del Lago fueron incinerados porque no había tiempo de darles sepultura. Aparecierón después más de cien cadáveres.

Media hora después de la explosión, el Presidente Zelaya estaba de regreso de Masaya dando las órdenes pertinentes.

A los ocho días todavía aparecían trozos de cuerpos humanos en el vecindario.

La colonia alemana le ofreció al Gobierno un empréstito de 16,500 pesos, y los señores Lairac, Dreyfus y Bourlet, en representación de la colonia fracesa, la suma de 8,000 dinero que fué aceptado para los gastos que se sobrevinieron.

El Cuartel Principal fué construido en la época de los 30 años, adyacente al llamado "La Culequera", sobre la Calle de El Porvenir, hoy Avenida Bolivar. Allí era el reloj público.

El Comandante de armas Coronel Marcial Maradiaga, con datos obtenidos en el momento, siguió una instructiva y apareciendo comprometidos los señores General Filiberto Castro y el Coronel Anacleto Guandique, este último de alta en el susodicho cuartel, fueron sometidos a Consejo de Guerra que presidió el General Nicasio Vásquez, y vocales: Bodán, Rivas, Obregón y Bonilla y condenados a la pena capital. Fuerón fusilados en el mismo lugar del siniestro y sus cadáveres quemados en la misma hoguera anterior, el día 19 de Enero de 1903.

Narramos esto tal cual lo vimos, sin hacer ningún comentario a la justicia o injusticia del proceso.

Existe un folleto editado en enero de 1918 en que el Pbro. Ramón Ignacio Matus trata de rehabilitar la memoria de Castro y Guandique. El 3 de noviembre de 1920 la Corte Suprema de Justicia anulá este proceso.

Fué esa una noche de zozobra y desolación para Managua. Las familias vecinas al cuartel huyeron a las sierras. Los robos se multiplicarón y la policía fué poca para contener las raterías. Noche trágica fué esa del 16 de abril de 1902. Fué valorado en seis millones de pesos el total de lo perdido en este siniestro.

En ese mismo año, 1902,  se estableció la Escuela Militar en donde fuera en épocas pasadas el trillo "La Momotombo", en la actualidad Hospital Militar. De esa institución  salieron buenos oficiales del ejército. De Chile fueron traídos el Capitán Pedro A. Diáz. Director fundador, y los Tenientes Enrique Werner y Manuel C. Arias. El Capitán Diáz se recuerda una caballerosidad sin límites que demostraba al militar culto y amable. Arias se quedó en Nicaragua y fué asesinado en la Paz Centro, donde adquirió propiedades, años más tarde.

Ya Managua tiene luz eléctrica que empieza a funcionar en la Noche Buena de diciembre de 1902. Cuanta diferencia a la otra noche del 16 de abril. Ahora es luz y alegría. Repican a gloria en todos los corazones y los nacimientos están más concurridos. El nacimiento de don Ramón Sáenz, por la Escuela de Artes, está más animado. hay títeres y muñecos de barro que representan ridículamente a personas conocidas de Managua. La luz de las calles es blanca como la luna. son globos que le llaman de arco voltaico. La luz de las casas es de bujías. Las calles están llenas de gentes que pasea sólo poruqe hay luz eléctrica, y van cantando sones de Pascua. El alumbrado público de gásque dejarón don Vicente Cuadra y don Chico Bermúdez, sirvió 28 años. Fué instalado en 1874. Al Municipio de Nagarote el de Managua le onsequió 50 faroles de los que quedaron fuera de servicio.

Otra novedad hay en Managua que llama la atención. Es el primer automovil que corre por las calles y cuyo dueño es el Gerente de la Compañía de la Luz Eléctrica, Mr, Teófilo Mauricio Salomón. El Presidente Zelaya tiene otro. Meses más tarde ya hay como cincuenta automóviles y el Municipio tiene más entradas por el pago de matrículas de tales vehículos.

En ese año la Municipalidad le obsequia al Museo Nacional que dirige el Dr. David J. Guzmán, la medalla conmemorativa que Guatemala le había obsequiado al héroe de San Jacinto, General José Dolores Estrada. El Municipio obtuvo esta reliquia por compra que de ella hizo a un pariente del héroe.

El 17 de marzo de 1903 vuelve la intranquilidad al vecindario con los movimientos militares que se notan en los cuarteles. Hay salida de tropas. En la Capital se han recibido noticias que grupos revolucionarios han tomado el Cuartel de Juigalpa, y los vapores del Gran Lago. Dichosamente, en mayo, el Gobierno descabeza la revolución y Emiliano Chamorro y su gente huyen. Vuelve la tranquilidad.

Y una nota cultural de acercamiento literario llama la la atención de Managua. En el Salón Municipal se reúne en septiembre de ese año el 3er. Congreso de estudiantes Centroaméricanos, formado por buenos muchachos de cerebro y médula, de lo mejor de las Universidades Centroaméricanas: Luis Angel Villa, los hermanos Alduvín, Rafael y Ricardo, de Honduras; Ernesto Argueta., de Guatemala; Antonio Medrano, benjamín Zeledón, José T. Olivares, José Rodriguez Cerna y otros.

En 1904 el Municipio dispuso la construcción de un nuevo matadero público al occidente de la ciudad, acondicionado conforme los últimos procedimientos. Con Mr. Salomón se celebró contrato para hacer venir los materiales para el edificio, que es el que sirve actualmente.

De años atrás vivía en Managua el colombiano don Gustavo Ortega, escritor, taquígrafo, y hombre de talento dado la bohemia, pero de buena índole. Rubén Darío que fué compañero de periodismo de Ortega, dijo un día que éste éra un diablo. Gustavo Ortega fué el primero que en el Colegio de Varones dió clases de taquigrafía.

Una obra de progreso se inició el 1o. de noviembre de 1900. Es el ramal de ferrocarril que une a Managua con la Paz Centro, quedando ya una sóla línea de Granada hasta Corinto. La travesía de Momotombo a managua en los vapores del lago quedó ya paralizada. Al juntarse el último riel, el año de 1903, en la floreciente villa de la Paz se celebró un acto memorativo al cual concurrió el propulsor de la obra, Presidente Zelaya y su gabinete. El mandatario coronó la obra colocando un clavo de oro, costeado por el pueblo. El Dr. Manuel Maldonado que en ese entonces estaba en su apogeo mental y vigoroso, pronunció un hermoso discurso, lleno de bellas imágenes, que era como un himno al trabajo y un canto al progreso. el largo trayecto de Corinto a Granada, la arteria aorta de Nicaragua, que pasa repartiendo vida por las principales poblaciones del país, es una serie continuada de bellísimos paisajes que recrean la vista del pasajero.

En 1905 nos visita el poeta Julio Flores, en su jira continental. Algunas semanas permanece en Managua y esto promueve una serie de recepciones literarias en homenaje al panida colombiano.El gran trágico venezolano Teófilo Leal B. y su compañía, que actuaban en el Teatro Castaño, le obsequian una velada artística que tuvo resonancia por su magnificiencia. Leal, que además de actor era escritor y poeta, dijo el discurso de apertura que fué una bella pieza de oratoria, llena de imágenes de retórica y gallardas figuras poéticas desgranadas del rico idioma castellano; y todo eso declamado con donosura y elegancia por tan agregio actor. Años más tarde supimos que Julio Flores, cargado de laureles, había muerto en Acusiari, aldea colombiana, donde el poeta, retirado ya de la bellas letras, era señor de tierras y dueño de ganados, y también padre de familia. Leal también había muerto en su Patria, en una relativa miseria, como acaban los grandes artistas.

En su vida inquieta y accidentada, Managua ha tenido sus momentos espirituales que como suaves remansos le han proporcionado quietud y alegría. A veces la visita de un artista o de un poeta es motivo de amables horas que nos transportan al país del ideal y del ensueño. El poeta de América, José Santos Chocano, vino en el año de 1905. Con su lira en ristre y cargado de laureles plantó aquí su tienda en artístico peregrinaje, y así cantó:

Managua....
es el cántaro de agua,
que va sobre el hombro gentil
de una mujer, en cuyo perfil
estremece un ritual, medallón de marfil.

Y otro día triste levantó su tienda y alzó vuelo, sediento de cielos y de horizontes.

Chocano murió trágicamente en Buenos Aires, años más tarde.

Otro escritor bohemio que vivió aquí fué Emiliano Hernández, por los años de 1906 y 1907. Era venezolano, de pluma castiza y amena. FuR redactor de "El Comercio". Trotamundos, al fin, se largó el día menos pensado.

El 8 de mayo de 1905 la Municipalidad acordó ayudar con dos mil pesos para la construcción, en el hospital, de una sala de operaciones y dos salas de pensionistas. La sala de operaciones fué bautizada con el nombre Jesús García, en recuerdo del eximio médico managuense que perdió el uso de la razón.

El 1ro. de mayo de 1906 el Municipio abrió una exposición de industrias y artes nacionales. esta fue iniciada por el diario "El Comercio" y costeada por aquella Corporación.

Con motivo de los temblores contínuos que se estaban sucediendo en Masaya, derivados del vecino volcán Santiago, la Municipalidad de 1906 dispuso votar la suma de 600 pesos para socorrer a los damnificados de aquella ciudad.

En 1907 fuerzas hondureñas invaden el territorio nicaraguense en Los Calpules y sobreviene la guerra. Managua paraliza su progreso. Esa lucha trae luto  a los hogares.

El Gobierno declara feriados los días 1, 2, y 3 de noviembre del año 1906 por haber reconocido Inglaterra y participado oficialmente, la soberanía de Nicaragua sobre la antigua Reserva Mosquitia. este reconocimiento de aquella potencia viene hasta los 12 años de la reincorporación. Ya el General Rigoberto Cabezas descansaba en el cementerio de Masaya, y cuya prematura muerte ocurrió dos años después de la epopeya, el 21 de agosto de 1896, a los 36 años de edad. Ironía del destino..Cabezas, indomable ante el peligro, audaz y patriota a quién respetaron las balas, muere a consecuencia de la extraída de una nigua...

En octubre de 1907 doña Celia Elizondo de Nicol recibe la noticia de la muerte de su esposo don Carlos E. Nicol, ocurrida en Londres a donde habia ido en temporada de vacaciones. Desempeñaba el consulado de su patria en Managua, donde se había radicado y formado su hogar. Fué un extranjero emprendedor, iniciador del servicio del agua por cañería en esta capital.

El 15 de septiembre de 1907, se le concedió el título de Villa al poblado de El Carmen, a 12 leguas al S.O. de Managua. Don Pablo Hurtado obsequió 400 manzanas del sitio El Apante al nuevo Municipio que se inauguró y ese mismo día entregó los títulos al síndico don César Mendoza, y se distribuyeron 50 solares a los vecinos. Hoy El Carmen es un pueblo floreciente y pintoresco, cruzado por un río.

Un suceso trágico impresionó a la a la ciudad el día 29 de septiembre de 1907. El italiano Juan Bautista Olivieri se suicidó arrojándose de cabeza en el pozo que estaba en el jardín de la antigua ermita del Perpetuo Socorro. Olivieri había sido teniente de caballería en Italia, en el reinado de Humberto I. Hacía tiempo vivía en Managua con su esposa Marieta, cultivando legumbres; pero un día ella le fué infiel y al pobre hombre se le paralizó medio cuerpo, y entonces buscó la muerte dentro de un pozo. El caso provocó honda sensación en Managua por la circunstancia de haber quedado dos pequeñuelos, hijos del suicida, en desamparo.

En la época del General Zelaya el costo de la vida era más fácil para la clase proletaria. Corría un billete al que el pueblo en su lenguaje especial y chirigotero, llamaba chanchero; pero con esa moneda había hasta para derrochar. El país comsumía lo de casa, es decir, la leña de nuestras montañas para las calderas. No se ocupaba la gasolina, porque no había para qué.

En las primeras horas de la noche del 8 de mayo de 1906 un suceso inesperado y doloroso ocurrió en la capital. En su propia casa de habitación, en el cantón de la Parroquia, murió trágicamente el ilustre Dr. don Adolfo Altamirano quien desempeñaba la cartera de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, ramo este último en el cual se especializó. Por esa irreparable pérdida, el Gobierno que veía en el doctor Altamirano un eminente colaborador y un corazón bien puesto por la lucha contra el analfabetismo, declaró duelo nacional y decretó honores de Ministro de la Guerra a su cadáver. La patria le debe mucho a este notable hombre público, caído en la vorágine de un incidente familiar, en pleno vigor y cuando mucho más se esperaba de él, por su talento y la buena voluntad que le animaba.

En las primeras horas de la noche del 8 de mayo de 1906 un suceso inesperado y doloroso ocurrió en la capital. En su propia casa de habitación, en el cantón de la Parroquia, murió trágicamente el ilustre Dr. don Adolfo Altamirano, quién desempeñaba la cartera de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, ramo este último en el cual se especializó. Por es irreparable pérdida, el Gobierno que veía en el Dr. Altamirano un eminente colaborador y un corazón bien puesto por la lucha contra el analfabetismo, declaró duelo nacional y decretó honores de Ministro de la Guerra a su cadáver. La Patria le debe mucho a este notable hombre público, caído en la vorágine de un incidente familiar, en pleno vigor y cuando mucho más se esperaba de él, por su talento y la buena voluntad que le animaba.

Don José Santos Zelaya nació en Managua el 1ro. de Noviembre de 1853. Sus padres, don José María Zelaya y doña Juana López, de la buena sociedad, disfrutaban de bienes de fortuna. Hizo sus estudios en Francia, interno en el Liceo Hoches, de Versalles, adonde adquirió conocimientos de gran utilidad para la carrera de las armas. Se trasladó a Inglaterra, para continuar sus estudios en Londres, con intención de dedicarse a la medicina,  Francisco. Hablaba varios idiomas y tenía un sentido práctico de la vida. Era de presencia arrogante, sin petulancia, pues sus modales eran naturales, de conversación suave y reposada, sereno en el peligro y de las ideas radicales. Siendo muy jóven, durante los 30 años, peleó unas elecciones para Alcalde de Managua y tuvo un incidente con Fabio Carnevallini. Contrajo matrimonio con  la señorita Ana Bone, enviudando al poco tiempo; después casó con la señorita Blanca Cousin, de nacionalidad belga, con quien tuvo numerosa descendencia que le sobrevive. Por sus ideas liberales salió expatriado para Guatemala, en 1885, con sus correligionarios Dr. Julio César, Rigoberto Cabezas, Enrique Guzmán, Francisco Baca padre, José Dolores Gámez y Mariano Salazar. Ha sido muy combatido por el partido de la oposición; pero hay algunos, como el Dr. Salvador Castrillo, que le hacen justicia, según artículo de esta brillante pluma, que hemos leído, publicada en La Noticia, en octubre de 1930 a raíz de la llegada de los restos del expresidente.

El General Zelaya tuvo siempre una idea muy elevada de la justicia social. A muchas personas salvó de las injusticias o errores que se cometen al amparo de los códigos. En cierta ocasión don Concepción Arce le debía a un acaudalado de Granada cierta suma de dinero. El plazo de cumplía y el señor Arce con temor a perder una propiedad, fué donde su amigo el General Zelaya en demanda de algún empleo productivo que le proporcionara el pago de la deuda. El Presidente le dió una colocación en la Costa Atlántica, acosejandole también que hiciera allá algún negocio para que pudiera rescatar pronto su propiedad y que mientras tanto le pidiera una prórroga a su acreedor. Arce en lugar de seguir y de pedir la prórroga, traspasó por escritura la finca a su compadre X, cuyo nombre callamos, con la condición de que su regreso de la Costa volvería la finca a su poder y se repartirían de las utilidades. Esto con el fin de que el acreedor de Granada no le cayera encima a la propiedad. Arce hizo dinero en la Costa y se vino; pero al pasar por Granada lo primero que hizo fué pagar a su acreedor y quedar solvente. Tranquilo ya por su parte, fué donde el compadre X para que hicieran liquidación de las utilidades de la finca. El compadre le puso evasiva y después otra y al cabo de muchas dilatorias le hizo saber que la finca era de él y que no había más que hacer. La escritura de traspaso estaba en regla y los jueces amparaban a X. Entonces Arce volvió donde el General Zelaya y le contó el caso. El General era un gran psicólogo; conocía a Arce y sabía que le estaba diciendo la verdad; también conocía la idiosincracia del otro. Mandó a llamar a éste y le pidió que cancelara ese traspaso devolviéndole a Arce la propiedad. El Compadre X se negó rotundamente, alegando la legitimidad de la escritura. Entonces el Presidente lo mandó a la Penitenciaría, dando órden que lo pusieran en libertad hasta que devolviera la propiedad. Intentó fugarse X y lo sorprendierón. Le iban a dar un castigo fuerte, pero él se lo evitó rescatando inmediatamente la propiedad a su legítimo dueño.

Quizá el General Zelaya haya tenido sus errores. No hay ni uno que se crea justo; pero debemos de decir que fué magnánimo con todo áquel que necesitaba auxilio y que nadie salía desamparado cuando imploraban en un caso precario. A muchos salvó de que quedaran en la calle a causa de una leguleyada, como en el caso anterior, y hasta dirimió asuntos domésticos dándole la justicia a quien verdaderamente la tenía. Gustaba de que le hablaran francamente y aun perdonaba a un enemigo que le decía la verdad. De esto hay casos concretos, que no citamos por no herir susceptíbilidades.

No siempre ha de ser de dolores, miserias, y quebrantos. Managua tiene sus alternativas. Tras de la pena le acaricia el rostro de la alegría, como un bálsamo que reconforta el espíritu.

El 23 de noviembre de 1907 la ciudad amaneció engalanándose y embanderando sus casas. La compañía eléctrica colocó un arco de luces frente a la oficina, y el Municipio, de antemano, voró la suma de mil quinientos pesos para ornamentar la ciudad y recibir dignamenete al hijo esclarecido de Nicaragua, Rubén Darío, que volvía a su Patria después de varios años de ausencia, cabalgando en el Pegaso para glorificar el solar nativo.

A las seis de la tarde el teen expreso traía al poeta y su comitiva se paró en el lugar donde fué la Estación Central. Managua entero, a pleno pulmón lanzó un grito de júbilo por medio de las campanas de sus iglesias, de los pitos de todas las fábricas y las locomotoras, de las detonaciones de bombas y cohetes, de los cañones de la Fortaleza de Tiscapa, y de todo un conjunto de voces de cinco mil almas que llenaban la plazoleta. Darío al salir emocionado del vagón, no pudo poner su planta en el suelo porque cien brazos se lo disputaban para llevarlo en hombros, como en efecto llevaron al Gran Hotel, de Lupone.

Nunca se había hecho a personaje alguno tan grande y sincera ovación como en esa tarde histórica se hizo al genio de la poesía. Darío, en plena salud y de 40 años de edad, volvía a Managua, la ciudad que le acogió en su adolescencia, brindándole amistad y hogar. Aquí ensayó sus primeras armas periódisticas y en los salones principales su presencia fue solicitada.

Ya en el balcón del segundo piso del hotel, el comisionado del Comité. Dr Manuel Maldonado, dijo el discurso de bienvenida, iniciándose en éstos términos:

"Ilustre poeta. Vuestra Patria es sagrada para Vos poruqe ella guarda las cenizas de vuestros antepasados y porque en ella se meció vuestra cuna al pie de agrestes montañas, arrullada por las brisas de nuestros azules y tranquilos lagos...."

El poeta contestó con ésta breve alocución:

"Para las palabras de oro, Para las frases de diamante con que me ha saludado un gran orador, sólo tengo una frase: Gracias, gracias, gracias".

El poeta fué huesped de don Félix P. Zelaya R. en este entonces Ministro de Hacienda. Se sucedieron continuas fiestas y recepciones para Dario.

Días después en la Escuela Normal de Señoritas, se dió una velada en honor a doña Blanca de Zelaya.

Tuvo un número el poeta. Lo oimos recitar el poema escrito para este acto:  "Salutación a Doña Blanca", cuyo primer verso es:

"De las Blancas que tenemos noticia..

Y el último:

Blanca de Nicaragua ha de ser la mejor".

Al bajar de la escena, el Presidente Zelaya abrazó a Darío y le dijo estas precisas palabras que escuchó de cerca el autor de éstas memorias:

"Mi abrazo para el Ministro de Nicaragua en España".

Cuando Darío se fué de la Patria, llevaba sus credenciales diplomáticas ante su Majestad Alfonso XIII.

Ocho años más tarde Rubén Darío estaba de regreso en busca del supremo descanso, "bajo el nicaraguense sol de encendidos oros".

En 1908, el 14 de febrero, murió el Coronel Julio Zelaya, hijo del señor Presidente de la República. Fué Secretario Privado de la Presidencia.

El 11 de marzo del mismo año murió doña Juana v. de Zelaya, honorable matrona de esta sociedad y madre del General José Santos Zelaya, Presidente de la República.

En 1908 se empezó la construcción del Mercado nuevo en terrenos de San Miguel, que la Compañía del Mercado compró a la Curia. Veintitrés años después éste Mercado desapareció por el terremoto.

En septiembre del mismo año la municipalidad dictó declarando de utilidad pública la construcción del cauce occidental.

El 27 de abril de 1908 la Municipalidad acordó el cierre de los establecimientos de comercio, el día domingo.

A fines del mismo año llegó el conferencista chileno Juan José Julio y Elizalde, quién se había retirado del sacerdocio católico para predicar una nueva religión cristiana a la que él llamaba "La Religión de la Humanidad" inspirándose en las filosofías de Augusto Compte. Sostuvo polémicas en los periódicos y dió conferencias en el Parque Central. Que éran escuchadas con atención. Era un hombre ilustrado. Su doctrina no tuvo seguidores.

El 14 de septiembre de 1909 el Municipio en vista del incremento que iba tomando la población hacia el occidente, fundó ese día un nuevo Barrio al que bautizó con el nombre de San Jacinto, en homenaje al hecho gloroso de 1856, contra los filibusteros, y en que se cubrió de glorias el General José Dolores Estrada. El Barrio San Jacinto es actualmente populoso tiene una Iglesia de Cristo del Rosario y un Salón de Cine. Sus calles son bien trazadas y hay movimiento comercial. En ese barrio está el Matadero Público.

El 12 de octubre de este año se estaba celebrando un acto escolar en la Casa del Aguila, en donde funcionaba una Escuela para Niñas de doña Juliana Díaz de Casco. El Presidente Zelaya y su Gabinete y numerosa concurrencia presenciaba tal acto en conmemoración del descubrimiento de América . De pronto un ayudante se le acercó presuroso al General Zelaya y le entregó un mensaje. Leído el papel el Presidente frunció el ceño, comunicó lo ocurrido a sus allegados y salió precipitadamente para el Campo de Marte, seguido de sus Ministros y Ayudantes. La fiesta terminó. Managua volvía a intranquilizarse: el Gobernador e Intendente de la Costa Atlántica, General Juan J. Estrada, se había alzado en armas en Bluefields el día anterior, contra el Gobierno a quién él servía, en convivencia con el General Emiliano Chamorro.

El 18 del mismo mes la Municipalidad se reúne y acuerda un voto de censura para Estrada, por su infidelidad.

Luego, la guerra fraticída: sangre en los campos, luto en los hogares, lágrimas, penas, quebrantos, miserias...

El 21 de diciembre del mismo año toma posesión de la Presidencia de la República el ilustre hombre de Estado doctor José Madriz por depósito que en él hace el General Zelaya.Llega el Dr. Madriz a ocupar ese alto cargo en la hora nona de las concupiscencias políticas. su período fué corto y en la lucha contra una revolución que no tenía él por qué soportar. No era ese el momento para el Dr. Madriz.

La Municipalidad de 1910 ocordó enviar a Cartago, Costa Rica, la suma de cién dólares, para ayudar a los damnificados de aquella ciudad, por el terremoto ocurrido en ese año, que causó muchas bajas, en cuanta la muerte del poeta Rafael Angel Troyo.

El General Juan J. Estrada llega el 29 de agosto de 1910 al Campo de Marte bajo la éguida del partido Conservador que ha vuelto al poder. Estrada es managuense autoctono, de la clase popular artesana y Managua podía esperar algo de un hijo suyo; pero la madeja de la política se enredó y el progreso quedó paralizado. Nada de progreso.

El nubarrón de la política es ya una sombra fatídica que enluta hogares de la capital, que es bombardeada incesantemente desde las planicies del que hoy es Barrio Larreynaga. Mena, conservador, en amalgana con liberales, atacan a la ciudad con objetivo a las fortalezas del Campo de Marte, Tiscapa y  Palacio Nacional, y muere gente inocente. Esto ocurrió el 12 de agosto de 1912. en su propia casa de habitación muere a,etrallada doña Maclovia Luna v. de Aguilar, dueña de un hotel, honorable madre de familia a quién deja sumida en honda pena; y cae en la calle, también ametrallado, el popular mandolinistas Pedro Espinosa, conocido familiarmente por sus discípulos y amigos por Pedro Chica. Sangre inocente derramada por los ambiciosos de mando.

Uno que otro Alcalde hace alguna labor por nuestra localidad. Glosando encontramos que en 1911 se autorizó la construcción del Parque San Sebastián. En años anteriores, por la Fiesta de Santo Domingo, en agosto, se jugaban toros en San Sebastián. En el mismo año se inicia la hechura del Parque del Obelisco con el nombre 11 de Octubre para conmemorar la Revolución de la Costa. Hay dificultades con el Ministerio de Fomento por la construcción de este Parque, débido a que éste alega ser dueño del terreno y pide remuneración; pero al fin tod se define y se hace la obra que hoy es el Parque Darío, uno de los paseos más concurridos de la ciudad por su vista panorámica, consagrado por dos monumentos; El del Obelisco, que conmemora los hechos más gloriosos del Siglo XIX inaugurado al entrar al Siglo XX, y el del Poeta, que le dedica Nicaragua. Allí también está el árbol del Centenario de la Independencia de Centroamérica. plantado por el Presidente de la República don Diego Manuel Chamorro, el 15 de sptiembre de 1921. Es un árbol de laurel de India, Hoy primorosamente asistido por un jardinero del Distrito que se encarga de aderezarlo convenientemente. El managuense autoctono que es amigo de popularizar todo, le nombra pintorescamente el palito de don Diego.

El 13 de febrero de 1911 tuvo efecto el incendio del almacen de artíllería del Campo de Marte. El ejecutivo decetó el Estado de Sitio y hubo prisioneros por centenares.

El 9 de abril el Presidente Estrada disolvíó El Congreso y decretó elecciones de diputados para una Constituyente. El Ministro de la Guerra, general Mena estaba en Corinto y a su regreso a Managua el 8 de Mayo fué capturado al bajar del tren de orden del Ministro de la Gobernación, general José María Moncada. El suceso produjo efervescencia en todo el país.

Adolfo Díaz asumió el mando el 9 de mayo de 1911 y repuso al general Mena en el Ministerio de la Guerra.

El 14 de mayo de 1912 se recibe la noticia del fallecimiento del ilustre ex-Presidente doctor José Madriz, en ciudad México. Han pasado muchos años y nadie trata de repatriar esos restos.

El Alcade de 1912 don Samuel Portocarrero./.
 

El Alcalde de 1912 don Samuel Portocarrero es el más progresista; dejó obras de gran utilidad, en colaboración con los regidores don Alberto Solórzano, don Juan Manuel Caldera, don Agustín Cerna y el Síndico don Arturo Tijerino Morales. Levantó los cimientos del Parque Darío. Inauguró el Parque San Sebastián, bautizado por la Srita. Berta Rivas, con la clásica botella de Champán. Inició la construcción del Cementerio Nuevo, al occidente de la ciudad porque el de San Pedro ya estaba limitado. Levantó las murallas y dejó ese cementerio en vísperas de ser inaugurado.

Don Samuel Portocarrero murió en abril de 1916 y fué sepultado en San Pedro; pero al inaugurarse el cementerio Nuevo los restos del señor Portocarrero fueron trasladados a este lugar, para que fuera su cadáver el que lo inaugurara.

Managua, por el desarrollo de su población ya requiere otro cementerio, León y Masaya con menos población tienen dos cementerios.

El 2 de marzo de 1912 ingresó a esta capital el Ministro de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos. Mr. Philander C. Knox, quién visitó oficialmente al Presidente Díaz en la llamada Número Uno, que era la Casa Presidencial. Esta Municipalidad en cuerpo lo recibió en la Estación Central, declarándolo huésped de honor. Knox está vinculado a la política de Nicaragua por haber  sido él que influyó en la caída del General Zelaya.

En 1914 el Alcalde don Federico Cabrera autorizó al general don Aurelio Estrada para traer el agua de Asososca y ocupar las calles de la ciudad para poner la cañería. El General Estrada implantó el servicio; pero esta importante mejora duró poco tiempo. La cañería llegó hasta la Penitenciaría, y se vendía el agua en pipas que recorrían la ciudad.

El 1ero de julio de 1913 vió la luz pública el diario La Noticia, dirigido por don Juan R. Avilés y editado en la Tipografía Atlántida de don Horacio E. Pérez. La Noticia ha sido el Diario más popular y más leído en la República y es el que ha sufrido más contrariedades por las chispas del oficio. Tiene propia vida. Su director está reputado como uno de los primeros periodistas liberales de Nicaragua. Se formó él solo, sin más ayuda que su cerebro, unas cuartillas de papel y un lápiz, tres palancas en las cuales se ha apoyado para obtener vida independiente.

El 2 de diciembre de 1913, su Santidad el Papa Pío X crea el Arzobispado de Managua, resultando electo Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, quién empieza a funcionar el 10 del mismo mes y año.

El 5 de mayo de 1914, falleció don Zacarias Guerra, ciudadano managuense que desempeñó cargos concejiles. Era de carácter huraño, de pocos amigos. El bajo pueblo se mofaba de él escribiéndole rótulos satíricos en las paredes de su casa. Nunca se querelló con nadie. Estoícamente oía las ofensas o pretendía no oirlas. Era acaudalado; pero nunca gastaba ni medio centavo en diversiones. Solterón empedernido vivía sólo en su caserón de la Calle del Triunfo. Cuando murió casi nadie fué a su entierro. Días después el juez de distrito abría el testamento de Zacarías Guerra, en el cual ordenaba que todos sus bienes fueran para la construcción de un hospicio de huérfanos. Esta noticia cayó como una omba en todo Managua. Era lo inesperado. Lo que ni siquiera pudo haberse soñado. Conocida su voluntad testamentaria, en el corazón de todos, Zacarías Guerra ajo la losa fría del cementerio de San Pedro, empezaba a vivir. Hubo una reacción. Los que aún se burlaban de él, se reunierón en el Parque Central, como en desagravio, y fueron a visitar la tumba del incomprendido, con los corazones enlazados llenos de gratitud.

Responso arzobispal, coronas, flores, discursos, todo eso hubo en la resurrección de Zacarías Guerra. Dado su hermetismo, él nunca hizo ni siquiera mención de su testamento. Indudablemente era un espíritu superior. La vanidad del mundo nunca estuvo en su ánimo, ni las lisonjas ni los formulismos sociales ensuciaron su corazón. Se le tenía por tacaño y egoísta, pero él despreciaba al populacho ignorante que le befaba. Su vida, casi en el anonimismo, se encauzó en la línea recta de una geometría moral. El hospicio "Zacarias Guerra", funciona hoy en terrenos de la extinta ce Penitenciaría Nacional en donde centenares de hijos sin padres aprenden a ser hombres, gracias a aquel sujeto raro que empezó a vivir hasta que murió. La gratitud del pueblo de Managua con los niños del hospicio "Zacarías Guerra", se perfuma sobre su tumba, al recordarlo.

Por estos tiempos. Managua ya no es la ciudad timorata que cree en la cegua y en la carreta nagua. Ya pasó a la historia.

Tiene ahora un buen teatro: el Variedades, al lado norte de la Parroquia. (Hablamos en tiempo presente, de áquella época), Ya nos dimos el gusto de ver a la gran bailarina de fama mundial la inimitable Tórtola Valencia, de los pies desnudos, que después de haber bailando ante los soberanos de Europa, quiso tener el capricho de venir a bailar a la tierra de Darío, su amigo, según lo expresó la artista al autor de estos apuntes, que éra entonces cronista de un diario.

Y aplaudimos en el Variedades a los primeros artistas dramáticos de España, doña Maria Guerrero y don Fernando Díaz de Mendoza; y también escuchamos la gran Opera Bracale, compuesta de primo cartello, como el tenor Hipólito Lázaro y la diva italiana Elena Cherubini y todo un conjunto orquestral de notables profesores, en que hasta el timbalero era maestro de Conservatorio, y la muchacha del arpa era una compositora y ejecutora de fama.El gobierno de don Adolfo Díaz le mandó a dar una prima de cinco mil pesos al empresario don Adolfo Bracale, con el fin de que las entradas de galería fueran rebajadas a 50 centavos, para que el pueblo conociera la öpera. De aquí partió la compañía directamente a Nueva York. Y en que urbe dirían los artistas.

Venimos de Managua, de trabajar!

Oh Managua de 1846, con 7,000 habitantes.
Ya no éres la misma de cuando te alumbrabas con pabilo embadurnado de sebo
y te acostabas a las seis de la tarde para levantarte a las trés de la madrugada
a coger sardinas en las costa del Xolotlán
Si los sagrados manes de aquel entonces se despertaran
se asombrarían del Managua de hoy.

El 12 de julio de 1916 murió a los 80 años, en Managua, el Dr. don Adán Cardenas, ex-presidente de Nicaragua, en la época de los 30 años,   y en el cual inauguró el ferrocarril de Managua a Granada.
 El 12 de Julio de 1916 murió a los 80 años en Managua, el Dr. don Adán Cárdenas, ex-presidente de la República en la llamada época de los 30 años, durante el período de 1833 a 78, en el cual inauguró el ferrocarril de Managua a Granada.

En la Administración de Díaz en 1913., se establece el córdoba. Por ésta conversión monetaria hay un desiquilibrio económico, aumentado por la lucha fraticida entre conservadores, por una parte auxiliado por liberales. Ocurre la ocupación militar extranjera.

Esta administración apoyó directamente la enseñanza religiosa. Es fundado el Colegio Pedagógico, que ha dado buenos resultados. Los Hermanos Cristianos son buenos educadores, por su competencia y abnegación.

En 1915 y 16 hubo como un florecimiento de ideales entre la intelectualidad managuense, con Salvador Ruiz Morales como abanderado, teniendop su campo de acción en la revista "Los Domingos", en dode espigaban en las letras patrias, muchachos entusiástas de aquella época. La última venida de Darío, en 1915, fué para éstos como una clarinada mental que los llamaba a sembrar la simiente en el surco de la literatura nacional. Ese surco era los Domingos, de grata recordación. Apagado el astro el 6 de febrero de 1916 y eclipsado Ruiz Morales, el abanderado manguense, se acabó el entusiasmo literario. Una que otra revista aparece; pero degeneradas en propagandas comerciales o en ruines alabanzas a nulidades. Esto tiene su explicación; como es más caro hoy el material tipográfico y cuesta más una edición, el dueño de la obra ha apartado la ideología y mercantilizado su revista para no fracasar monetariamente.

Había la costumbre de llevar los cadáveres de párvulos al cementerio de San Pedro, al son de alegre música, por la creencia de que un niño que muere es un angelito que sube a la gloria, limpio del barro del mundo. Esto tiene su lógica y hasta cierto punto estaba buena la música; pero lo que sí no tenía de ser la mala manía de llevar litros de aguardiente al cementerio para repartirle copas a la concurrencia, sucediendo que a veces se quedaban algunos individuos dormidos sobre una lápida, en completo estado de embriaguez, hasta la media noche que despertaban dentro de aquel sagrado recinto. Estas cosas terminarón en la entrada del Siglo XX.

Una circunstancia digna de apuntarse hoy, es el estado de moralidad que observaba el muchacho de aquel tiempo. Sumiso, respetuoso, obediente hasta con las personas extrañas, cualquiera que fuese su condición; pero en la época actual, es duro confesarlo, la chiquillería se levanta en los barrios bajos es insoburdinada, de una procacidad repulsiva, de un vocabulario sucio y hasta pornográfico, audaz por toda mala acción. Es inteligente; pero emplea su intelecto en la picardía. La policía escolar no existe como existió en aquellos tiempos del General Zelaya. Es innegable que las películas de argumentos fuertes e inmorales han influido en el temple del muchacho, propicio a percibir más pronto el mal ejemplo que el bueno.

Hace cincuenta años, registrando hoy papeles de aquel tiempo, la autoridad perseguía la prostitución. Hoy tenemos un Barrio de los Angeles en donde está amalganado todo un cúmulo de inmoralidades. Muchachas que no tienen ni catorce años de edad, ni siquiera figura de mujer, ya están en la ciénaga del deshonor y del aguardiente. Y pensar que estas muchachas pudieron haber sido buenas madres de familia.

En 1917 fué alcalde don Félix Pedro Largaespada. Fundó el Barrio Buenos Aires con amplias calles rectas, las mejores de la ciudad. La Cancillería de la República Argentína envió una nota a esta Alcaldía agradeciendo el recuerdo que en Managua se hace de aquella gran capital, poniendo su nombre a un barrio de la capital nicaraguense. en Buenos Aires están el Colegio Rubén Darío que dirige el Pbro. Marco A. García, y el Colegio Bautista, ambos de primer orden.

Cuando el cine no había venido a Nicaragua, Managua era muy visitada por buenas compañías teatrales, drama y zarzuela. La familia Blén, fué la primera que trabajó en un teatro provisional, en el patio de Morris Heidem, donde es hoy La Casa Dreyfus, calle del Aluvión. Los dramas románticos estaban en boga, del Romancero español y los de corte clásico de Calderón de la Barca, con el alcalde de Zalamea y otros; llegarón después los Diestros, Juan y Alfredo, que trabajarón en otro teatro provisional frente a la casa de don Indalecio Bravo y a la alcaldía municipal. Los Diestros perdierón aquí a su madre, la actriz doña Matilde Cavaleti, cuyos restos quedarón en el viejo Cementerio San Pedro . Juan ya murió. A Alfredo lo vemos aún anciano, trabajando en el cine mexicano. es un gran característico.

En el primer período del General Zelaya fué construido el teatro Castaño. Llegó entonces una buena compañía dramática dirigida por el gran trágico italiano Comendador don Luis Roncoroni y en la que figuraban la eminente actriz cubana Evangelina Adams, Andrés Bravo, Francisco Ortega de Quintana y otros de segunda fila. Debutarón con "El Estigma" de Echegaray, cuyos dramas estaban recién entrenados en la península. reinaba entonces el Teatro Echegaray. Roncoroni nos dió a conocer casi toda la obra de don José. En 1900 vino la Compañía Luque, en la que figuraba el inimitable Ricardo Luque, cuya sola presencia en escena causaba risa.

La inolvidable compañía de zarzuela del maestro don Eduardo Unda, vino primeramente cuando la compañía infantil. Años después volvieron con mayores prestigios, recordamos aún la voz de oro de Merceditas Unda, casada en Granada con el barítono de la compañía, Jacinto Arriola; la gracia artística de Leonardo, y sobre todo, el mágico violín del maestro Unda, en el solo del intermezzo del Anillo de Hierro. Julia, Lupe y Lolita cuyos rostros de rosa sabían a gloria, hicieron palpitar a muchos corazones managuense. Todos aquellos muchachos del Viejo Managua y que hoy peinamos canas, recordamos aún a través del tiempo, las sentimentales noches de Castaño.

"Juventud, divino tesoro..te vas para no volver"....

En México Y Guatemala vive una parte de la Compañía Unda, lo que la muerte ha respetado. En otro lugar hablamos de Teófilo Leal. Años más tarde, en el Teatro Variedades, actuó otra compañía de renombre, los de la escena española: doña Maria Guerrero y don Fermín Díaz de Mendoza. Ya había pasado de moda el Teatro de Echegaray para dar lugar a la escuela de Benavente, que hizo una innovación en el teatro español, suprimiendo la tragedia para dar lugar a los problemas sociales, amén de las filigramas de los Hermanos Alvarez Quintero. Doña María y don Fernando nos dieron a conocer esta Escuela.

En el Castaño recordamos a los artistas de primera, después del gran Teófilo Leal, a Carlos Obregón, Zoila Adams, Juan Lasauca, Ceferino Barrajón, y otros de segunda fila.

En el Variedades, a Virginia Fábregas, primera época, María Diez, Leonardo Campañá, Andrés Chávez, Bernarda Jambrina, Mariano Rueda, Milagros Crespo, muerta en Managua en 1921. Compañía de Opera Bracale y otras.

M<ás antes había muerto en Managua el gran maestro director y concertador mexicano don José María Véliz, cuyos restos reposan en el Cementerio San Pedro.

Vino después el cine y se acabó el verdadero teatro en Managua.

Sin embargo se quedó el ideal por el teatro y se han formado compañías nacionales con elementos propios, descollando el artista Paco Garcia. Autores nacionales han escrito obnras dramáticas y zarzuelas que han tenido éxito artístico. De éstos han sobresalido: Hernán Robleto, Manuel Rosales, Pablo A. Cuadra, Marcial Ríos Jeréz, Dr. Santiago Arguello, Domingo Ibarra y Gratus Halftermeyer, autor de éste libro, y en escena han recibido el homenaje del público, con lo que se han mostrado satisfechos dado su amor al arte. Aquí cabe el verso de Antonio Plaza:

"Habré de comer laurel como si fuera borrico".

De 1917 a 18 Managua cuenta con una nueva vía que la une a los pueblos de Carazo. Es la carretera llamada de Las Piedrecitas, en cuyo lugar a una legua de la ciudad, se construyó un parque que llevó el nombre de Parque Lastenia, pero al bajar de la Presidencia el General Emiliano Chamorro, tomó otro nombre: el de Las Piedrecitas. Ese lugar es de una belleza panorámica incomparable, digna de ser visitada por turistas y extranjeros. Posee residencias aristocráticas, clubs, restaurantes y cantinas de primer orden. Es el paseo número uno de Managua. El clima es delicioso y saludable, como que se respira allí el aire puro de la Sierra. Quizá que en todo Nicaragua no se encuentre otro paseo tan encantador como el Parque Las Piedrecitas, obra que, aprovechando los dones de la naturaleza, auspiciado por el Gobierno del General Chamorro.

El 18 de abril de 1918 falleció don Rafael Cabrera, importante ciudadano que desempeñó delicados puestos públicos y fué progenitor de honorable familia. A su paso por un Ministerio, se le llamó el Ministro blanco, por la pureza con que desempeñó su cargo. Dotó al Hospital General de una Sala de Tuberculosos, la que lleva el nombre de Sala Cabrera. A fuerza de trabajo y honradez formó una fortuna considerable, lo que le permitió dados también a la bondad de su carácter, ser desprendido con los meneterosos.

A principios de 1918 llegó el escritor español Eduardo Zamacois, quién dió en el Teatro Variedades conferencias interesantes con temas literarios ilustrados con el cine. Aquí tuvo un romance con caracteres novelescos y que terminó en su matrimonio con la señorita Tulia Avilés, de la sociedad managuense. El Epílogo fue el divorcio y la partida de Zamacois para otras tierras. Tulia se volvió a casar.

Hasta hace pocos años ha sido el as del toreo en España, el matador Rafael Gómez (El Gallo). Sus prestigios de torero han culminado en todas las Plazas del Mundo; pero en el improvisado caso taurino del terreno desocupado del Cuartel Principal, el Gallo dejó sus arrestos de gran torero ante las embestidas furiosas de Pan Tostado, travieso cornúpeto de los Cabrera. El celebre Gallo con su cuadrilla llegó a Managua en 1918, precedido de justa fama ganada en buena lid, en todos los redondeles del mundo. El Gallo sufrió en ese domingo por la tarde, tremenda cogida del Pan Tostado, y no pudo torear más en Managua por el estado nervioso en que lo puso el toro managuense. El gran torero debe acordarse mucho de Managua, de una manera ingrata para su carrera artística.

Por el año 1918 llegó a nuestros lares el conferencista hindú Carlos Jinarajadasa, hombre de gran capacidad intelectual y de renombre en la India, en Europa y en América. Estudió en Inglaterra y se dedicó al ejercicio de la teosofía. En el Variedades dió varias conferencias doctrinarias filosóficas, en correcto español, patrocinadas por las sociedades teosóficas y espiritistas. En religión Jinarajadasa no pertenece al cristianismo; pero en sus conferencias admira a Jesucristo como uno de los primeros filósofos de la humanidad, con Mahoma y Confucio. Hará cuatro años volvió Jinarajadasa a Managua y como anteriormente, fué bien recibido. Ultimamente estaba en Madrás, (India).

El héroe de la aviación americana Charles Lindberg aterrizó en Managua en el año de 1927 en su avión Espiritu de San Luis, el mismo aparato del raid New York - Paris. Su llegada a nuestros cielos fué un acontecimiento. Millares de personas le ovacionarón en su trayecto del Campo de aterrizaje al Palacio Nacional, en donde el Ingeniero don Andrés Urtecho le dió la bienvenida a nombre del Gobierno. La muchedumbre le aclamaba. Lindberg en ese entonces éra un muchacho tímido de apariencia, hermético y como de veinte años de edad No hablaba español y sólo contestaba en monosílabos cuando se le dirigía la palabra en inglés. Se le obsequiaron muchas fiestas, en las que no probó ni una sóla gota de licor. Su arribo a Managua lo hizo por el S. O., guiándose por la vista de la linea férrea. A pesar de su juventud se veía en él un hombre de una voluntad de hierro. Fué sin precedentes su arriesgada travesía del Atlántico en su aparato de un sólo motor.

En la administración del General Chamorro es construído otro centro de recreo, El Parque Candelaria.

Por el año 1922 hubo en los cuarteles del Campo de Marte una tentativa revolucionaria; pero el Presidente de la República don Diego Manuel Chamorro con inusitado valor temerario, afrontó él solo el peligro, ante los correligionarios que pretendían dar el golpe militar para derrocarlo, y salva a Nicaragua de una nueva lucha fraticída.

En el año 1922 vió la luz pública el Diario La Nación, bajo la dirección del doctor don Modesto Barrios. Tuvo corta vida por dificultades económicas.

La reforma escolar se impuso en esa administración, con el Catecismo católico. Hubo decidido apoyo a los Colegios de índole religiosa, como una tendencia de unir a la Iglesia con el Estado, y suprimir poco a poco la libertad de cultos.

El 18 de diciembre de 1921, falleció el maestro violinista don J. Vicente Barberena, compositor de música religiosa, y reputado como un virtuóso del arte. Fué Director de la Banda de los SS. PP.

El 12 de octubre de 1923 murió el Presidente de la República don Diego Manuel Chamorro, a consecuencia de un ataque de diábetes. Su cadáver fué llevado a Granada, su ciudad natal. desempeñó diferentes puestos públicos, siendo además fogoso orador parlamentario. El Partido Conservador perdió a uno de sus más ilustrados consejeros.

Le sucedió el Vice- Presidente don Bartolomé Martínez, quién intentó la reconciliación de los dos partidos históricos, cosa que en Nicaragua nunca ha dado buen resultado. La administración de don Bartolomé dió por resultado la llegada al poder de un managuense limpio de inmundicias políticas, don Carlos Solorzano.

En 1922 vino a Managua el primer avión manejado por el aviador italiano Enrico Masi, aterrizando en las explanadas del Campo de Marte, pués aún no había campo de aviación. Millares de personas acudierón ávidas de curiosidad a ver el arribo del pájaro mecánico que estrenaba los cielos de Nicaragua. Hoy aunque pasen millares de aviones por nuestra ciudad, nadie se molesta en alzar la mirada para verlos. Msi murió poco después en un accidente aéreo, en el aeropuerto de Ilopango, El salvador, debido a una mala maniobra del aprendiz que manejaba el aparato y en el cual iba el infortunado aviador. En la guerra mundial de 1914 accionó como piloto aviador.

En la mañana del 7 de Febrero de 1923 murió el connotado liberal Coronel don Félix Pedro Zelaya R., ex-ministro de Hacienda en la administración Zelaya. Perteneció a la clase obrera, siendo Tipógrafo en sus años mozos. Dejó el componedor y el chivalete y se dedicó al periodismo. Fundó La centella y El Artesano el primero de propaganda liberal, en 1884, y el segundo, obrero en 1888. En 1892 fundó el Diario El Centinela, que tuvo corta vida y fue dedicado a la propaganda candidatural del General Zelaya y del Dr. Baca h. Como periodista liberal, combativo, le tcó actuar en época de conservadores. En la administración liberal fué diputado. Por beneficios recibidos en Niquinohomo, en esta Villa construyeron un Parque con el nombre de Zelaya R. El Gobierno de don Diego Manuel Chamorro le decretó honores de Ministro de Guerra.

En 1925 el Presidente Solórzano dispuso la pavimentación de su ciudad natal. La primera calle que se pavimentó fué la antigua avenida del Porvenir, llamada así porque conducía a la Estación Central del Ferrocarril, hoy Avenida Bolivar, y donde está el Teatro González y numerosos edificios de cemento armado.

El Presidente Solórzano no terminó su peródo dado su temperamento netamente civil que no permitía gobernar intereses encontrados, que desafinaban en esos momentos. Un golpe militar hizo llegar al poder nuevamente al General Chamorro, a quien otra fuerza mayor hizo bajar al poco tiempo.

Como dijimos del Dr. Madriz, no era esta la hora en Nicaragua para don Carlos Solórzano.

Y volvió la guerra fraticída que hoy nos obliga a dejar una laguna en nuestras memorias managuenses.

Una noche de agosto de 1925, de resultas de una conjuración en La Fortaleza de la Loma de Tiscapa de la que era Jefe el General Alfredo Rivas, cuñado del Presidente Solórzano, fué asaltado el Club Internacional, en el corazón de la ciudad, y en donde se obsequiaba un suntuoso baile al Ministro de Instrucción Pública, el Dr. Leonardo Arguello, estando presente el señor Presidente don Carlos Solórzano. Los asaltantes capturaron al Dr. Segundo Albino Román y Reyes, Ministro de Hacienda, al General José María Moncada y a don Federico J. Lacayo, Subsecretario de Guerra, los que fueron llevados prisioneros a la Fortaleza. Fue noche de zozobra para la ciudad y de ese asalto se originó la caída del señor Solórzano, del poder.

El 13 de julio de 1925 murió en su retiro de Motastepe, a una legua de Managua, el General don Aurelio Estrada, quién gozó de prestigios entra la clase artesana. Desempeño diferentes cargos públicos, inclusive el de Alcalde, en cuyas funciones se distinguió por su labor de progreso. Aunque no era hombre ilustrado, pero sí tenía ideas propias elevadas y gustaba de leer buenos libros. Por su disposición testamentaria, su cadáver fué sepultado en el Cementerio de Nejapa, a donde llegó numerosa concurrencia y la Fuerza militar a tributarle los honores de Ministro de Guerra.
 
 
 

Continue con lahistoria de Managua
 

...
 




28 DE JULIO DEL 2002 /  La Prensa

Nuestra gente - Cosas Veredes Sancho Amigo
De músicos y artistas que deleitaron a los managuas

    Donde el doctor Carlos Tünnermann Bernheim nos recrea con la historia de los intérpretes y compositores que hicieron más agradable la vida de los habitantes de la Managua puritana del siglo pasado, sin faltar la relación de actores, divas y comediantes que llegaron a nuestro país y se quedaron para siempre.

La Orquesta Sinfónica de Nicaragua acompaña a la soprano norteamericana Dagmar White en un concierto realizado en agosto de 1947 en el Liceo de Lolita Soriano.
 
 

Mario Fulvio Espinosa
  PRIMERA DE DOS PARTES
“Ignoro en qué fecha el pintor francés Eugenio Delacroix pintó el famoso retrato de Federico Chopin. Me atrevo a pensar que fue en 1848, un año antes del fallecimiento del músico polaco, cuyo rostro aparece en el lienzo visiblemente demacrado aunque rodeado de la aureola romántica que marcó toda su vida”.

“Así, me parece, era el rostro de Federico Arturo Ripley, un joven pianista que floreció en la Managua de los años treinta y que me imagino era larguirucho, pobre de pecho, largo de brazos y dedos. Se dice que tenía ojos celestes dentro de un rostro eternamente pálido... porque si Chopin era martirizado por la tuberculosis, Ripley lidiaba permanentemente contra los demonios del alcohol que terminaron con él cuando apenas tenía 25 años: murió en un modesto albergue del Barrio San Pedro”.

“Ripley, como buen bohemio, interpretaba cualquier nocturno de Chopin o Debussy por unos tragos más, pero por su talento era muy apreciado en todos los círculos culturales de la época, que sí sabían tener buen gusto”.

Así empezó la plática con el doctor Carlos Tünnermann Bernheim acerca de un tema intensamente amado: la música, y sobre todo en relación con los músicos que como su padre, don Carlos Tünnermann López, dejaron una constelación imperecedera de arte y romanticismo en el azul firmamento de los nicaragüenses.

No son necesarias las presentaciones detalladas. El doctor Tünnermann es más que conocido, ex rector magnifico de la UNAN, ministro de Educación del gobierno revolucionario, diplomático destacado, miembro honorífico de numerosas instituciones nacionales e internacionales, jurista y escritor notable.

DE LA MANO CON DON GRATUS HALFTERMAYER

“Don Gratus Halftermayer en su Historia de Managua menciona a otros músicos notables de la Vieja Managua, entre ellos a doña Justina Huezo de Espinosa, hija del escritor y maestro don Francisco Huezo y de doña Josefana Ortega. Fue pedagoga y compositora de música. Yo la conocí como maestra de capilla de la Iglesia del Perpetuo Socorro y como maestra de canto en el Colegio Rubén Darío que dirigía el presbítero Marco Antonio García. Era una dama de exquisita cultura y gran sensibilidad, también un hermano de ella, don Paco Huezo, fue un notable pianista pero igual que Federico Arturo Ripley, se dedicó a la bohemia y murió muy joven. Mi padre le tenía mucho aprecio y fueron muy buenos amigos”, señala el doctor Tünnermann.

“Más antiguo todavía aparece José María Véliz, maestro compositor, pianista destacado de origen mexicano. Vino a Nicaragua en 1896 con la Compañía Diestro para actuar en el famoso Teatro Castaño, el primero que hubo en la vieja Managua”.

“Este teatro comenzó a construirse en 1894 y se terminó en 1896, bajo el primer período constitucional del general Zelaya. Se llamó “Castaño” porque quien lo construyó fue don Estanislao Castaño, un acróbata mexicano protegido del presidente Zelaya y del alcalde de Managua, don Aurelio Estrada.

Ocupó este teatro un predio ubicado en la parte sur del Palacio Nacional. Era un edificio de cuatro pisos, con balcones, platea y luneta en forma semicircular imitando la forma que tenía el Teatro Municipal de León, que aún existe.

Para su inauguración se presentó la compañía mexicana dirigida por los hermanos Juan y Alfredo del Diestro, poniendo en escena la zarzuela “Marina”, en la que intervenían la tiple María de Jesús Domínguez y el ya nombrado pianista y compositor José María Véliz.

NERUDA Y LA BELLA LUPE UNDA

También en el “Castaño” se presentó, entre otras compañías notables, la del trágico italiano Luis Roncoroni, en cuyo elenco figuraban Evangelina Adams, Andrés Bravo y Francisco Ortega de Quintana. Entre otras obras presentaron “El Estigma” de José Echegaray.

En 1900 ahí se presento la famosa “Compañía de Teatro Luque” en la que destacaba la cómica presencia del genial Ricardo Luque que arrancó aplausos y risas al respetable. En los años subsiguientes hizo presencia la Compañía Unda, bajo la dirección del notable violinista don Eduardo Unda y de su esposa la actriz María Murillo. Los Unda Murillo eran casi una empresa familiar, y los hijos del matrimonio, Leonardo, Lupita, Mercedes, Julia y Lolita conquistaron ovaciones estruendosas y prolongadas de parte del público.

Las muchachas Unda eran todas muy bellas, sobre todo Lupe, que estremeció las fibras sensibles del poeta chileno Pablo Neruda, que le dedicó un bello poema que años después publicó el Diario “Flecha” de don Hernán Robleto.

Ese poema, entre otras, cosas decía:

Cómo te cantaría con el anacronismo
De aquella edad de lucha con esta edad de calma
Y así que pasarías a ser para tu misma
Dulzura de mis ojos y elegía de mi alma

De aquel desaparecido teatro data la presencia en Nicaragua del gran actor venezolano Teófilo Leal, que deslumbró con su actuación en la obra “El Loco Dios” de Echegaray. Este último obsequió una noche de arte al genial poeta colombiano Julio Flores, de visita por Managua en ese entonces.

EL FAMOSO TEATRO VARIEDADES

Otro local prominente fue el Teatro Variedades, construido por don Francisco Brockman entre los años 1915 y 1916, y que fue destruido por el terremoto de 1931. Ocupó un terreno ubicado al costado norte de la Catedral, donde después se construyó la Colonia Lugo.

Era un edificio blanco de dos pisos, de modesta fachada pero de condiciones acústicas notables. Contaba con dos filas de palco y cada palco tenía seis asientos, la platea o luneta llegaba hasta la media luna donde estaban los filarmónicos. Enmarcando el telón podían apreciarse, pintadas al óleo, las figuras de Dante Alighieri, Shakespeare, Moliere y Calderón de la Barca.

Cosecharon estruendosos aplausos en ese teatro, la compañía japonesa “Matsumoto”, un Coro de Cosacos, pianistas y violinistas de fama mundial, entre ellos el maestro Tomás Urroz, egresado del Conservatorio de Bruselas.

En el Variedades se presentó la famosa Tórtola Valencia, la Compañía de María Guerrero, la niña de seis años Caridad Bravo Adams, que después fue famosa autora de novelas para el radioteatro cubano.

Cabe añadir que en el Teatro Variedades se presentó la famosa Compañía Rodríguez Blen, que aquí se disolvió, y sus integrantes se casaron con nicaragüenses fundando así la rama de los Blen, una de las más distinguidas familias de Managua.

También actuaron ahí las grandes cantantes de la época: Francisca Bertini y Pina Menicelli, que interpretaron las operetas “La Viuda Alegre”, “El Conde de Luxemburgo” de Franz Lehar, y las óperas “La Traviata” y “Tosca” de Puccini.

Por el escenario del “Variedades” pasaron, entre otras, la Compañía Española de María Guerrero, en cuyo elenco contaba con actores famosos como María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza; la Compañía Bracale, en la cual figuraba el gran tenor Hipólito Lázaro y la diva italiana Helena Cherubini. También nos visitó la Compañía de Virginia Fábregas, donde figuraban los actores de carácter Leonardo Campaña, Bernardo Jambrina y Mariano Rueda, lo mismo que la actriz Milagros Crespo que falleció en Managua.

No faltaron en el “Variedades” los artistas nicaragüenses, como Alfredo Castillo, Adán Enríquez y Paco Soriano, que en diversas épocas cantaron operetas famosas como “Marina”, “La Viuda Alegre”, “Molinos de Viento” y “El Conde de Luxemburgo”.

Aunque yo no conocí ese teatro —dice Tünnermann—, lo recuerdo con afecto por lo siguiente: ahí comenzó mi padre como pianista profesional. En varias ocasiones él me dijo: “Mira que ahí comencé yo a ganarme mis primeros pesos y con ello ayudar en la formación de mis hermanos”, porque sucede que cuando mi abuela quedó viuda, a mi padre le tocó ayudar en la educación de sus hermanos, que eran tres: Guillermo, Carlos y María, y además los Gómez, porque mi abuela contrajo segundas nupcias con don Carlos Gómez, pero también enviudó heredando cuatro hijos: Juan Ramón Gómez, Gustavo Gómez, Carlos Gómez y Humberto Gómez, que ha sido el cerebro de la familia Gómez. Este joven, siendo estudiante de bachillerato, hizo su tesis de grado sobre la Teoría de la Relatividad de Einstein a principios de los años treinta.

Cuando no había obras de teatro y óperas que presentar, el Variedades se convertía en cine. Ahí se presentaban las primeras películas mudas. Como la gente no podía estar sin escuchar algo, un pianista tenía que aporrear el piano durante toda la función. Ese trabajo lo hacía mi padre durante las dos horas que duraba la película.

En esas funciones mi padre no sólo procuraba tocar ciertas piezas en los cambios de rollo, sino que ponía un trasfondo musical en la temática de la película: alegre y movido si era comedia, sombrío y triste si era un drama. Él sabía que ese sonido tenía mucho que ver con el éxito del filme.

Entre otros viejos maestros músicos de la vieja Managua también localizamos al maestro Chico Soto, de origen leonés; a Ramón Morales Zamora, a Luis Felipe Urroz y toda la familia de ese apellido; a Alberto Selva, de Managua, a Vicente Barberena y Gilberto Vega.

Los Huezo fueron otra familia notable de músicos, incluso don Rafael Huezo, que era gerente del Banco Nacional, cuando se echaba sus tragos llegaba a mi casa junto con don Arturo Molieri, el gerente del Banco Emisor, y mi tío Guillermo Tünnermann. Los cuatro ponían a mi padre a tocar el piano, y todos se entonaban para cantar, claro, el que más cantaba era don Rafael.

Tampoco hay que olvidar al querido y larguirucho profesor José Santamaría; a Margarita Otero, una de las alumnas más sobresalientes de mi padre, y al bondadoso profesor Víctor M. Zúñiga; a don Mateo Vargas, leonés, que fue profesor de canto en el Rubén Darío, lo mismo que a don Salvador Montalbán Rubí, tenor de la Capilla del Perpetuo Socorro.

Pero de eso ahondaremos más en nuestra segunda parte.

GRATITUD Y RECONOCIMIENTO

Existe en poder del doctor Carlos Tünnermann Bernheim una valiosa colección de documentos sobre el arte musical de los nicaragüenses.

Entre otras obras consultadas debemos mencionar la “Historia de Managua”, de don Gratus Halftermayer.

También agradecer los valiosos datos que nos proporcionó el libro “Managua en sus 40 siglos de existencia”, del matrimonio Julián N. Guerrero y Lolita Soriano.

UN PIANO QUE ESPERA

Cuando el que esto escribe pasaba por aquella casa situada en la Avenida del Centenario, procuraba hacerlo muy lentamente para poder escuchar el estudio “El Revolucionario” de Chopin, “Amores de Abraham” de José de la Cruz Mena, y una estela de “Romanzas” propias de don Carlos Tünnermann López. Ese piano duerme en la sala de la residencia del doctor Tünnermann Bernheim, añorando las manos de aquel que le daba vida.
 


4 DE AGOSTO DEL 2002 /  La Prensa
 

Don Carlos Tünnermann López y otros músicos del siglo pasado

    “Respeto mucho a Beethoven y creo que fue el más grande músico en cuanto a la calidad de sus sinfonías y conciertos para piano, pero mi preferido es Mozart por más ameno, juguetón y variado. Mi padre prefería los románticos, Listz, Chopin y Debussy, que marcaron para siempre su producción musical” (Carlos Tünnermann Bernheim)

El maestro Carlos Tünnermann López, fallecido el 12 de junio de 1961.
 
 

Mario Fulvio Espinosa/Especial para LA PRENSA
departamentos@laprensa.com.ni

Una hora antes de la salida del Sol y bajo el embrujo marcial de una diana ejecutada por la Banda de los Supremos Poderes, despertaron los managuas el cuatro de marzo de 1933 para festejar el cincuenta aniversario de haber sido ordenado sacerdote el obispo de la capital, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega.

Personas piadosas y elementos distinguidos del gobierno habían preparado un programa solemne que despuntaba con una misa de revestidos que tendría lugar a las seis de la mañana en la Iglesia del Perpetuo Socorro, en la cual cantaría un coro de jovencitas del Colegio La Inmaculada, acompañado por la orquesta del maestro Tomás Urroz.

A las doce del día se ofrecería al prelado un banquete que estaría amenizado por la Orquesta Urroz, que entre otros números interpretaría la Obertura “Pique Dame”, de Franz Von Suppé; “En un mercado persa”, de Albert Ketelby; y “Serenata”, de Ruggiero Leoncavallo.

Sin embargo, el punto culminante del festejo era un concierto de música clásica que se realizaría a las cuatro de la tarde en el salón de recepciones del Instituto Pedagógico, en el que participarían los mejores maestros músicos de esa época, que eran, sin lugar a dudas, don Carlos Tünnermann López, Humberto y Luis Urroz, Arturo José Medal y Luis Abraham Delgadillo.

El discurso de ofrecimiento fue pronunciado por el Excelentísimo Señor Vicepresidente de la República, doctor Rodolfo Espinoza R., “cuyas palabras fueron una verdadera explosión de elocuencia y apoteosis de talento y de cariño para monseñor Lezcano”, según lo registró el periódico “Los Hechos” en una crónica firmada por la periodista “Nubia”, que al referirse al concierto certifica:

“Tomaron parte en este concierto: el Liszt nicaragüense Arturo José Medal; Carlos Tünnermann López, pianista y compositor conocidísimo que prestigia el bello arte de Beethoven; Humberto y Luis Urroz, don Jesús Cano y Sra., concluyendo el acto con la Danza de Kukulkán, composición del artista don Luis A. Delgadillo, verdadera apoteosis de nuestra música regional...”

Tres años antes, el 25 de julio de 1930, el maestro Tünnerman López había participado en un recital en homenaje a la esposa del Ministro de la Legación de Estados Unidos en Nicaragua, Matthew E. Hanna, en ese evento le correspondió alternar con la pianista Justina Huezo de Espinoza, con el flautista Rafael Huezo, y con el violinista Tucho Montealegre.

Entre las melodías interpretadas esa noche figuraron la “Obertura Triunfal”, de C. Broutin; el “Sueño de amor”, de Franz Liszt; y la “Sinfonía Oberon”, de Von Weber. Vale decir que los artistas conquistaron prolongados aplausos de la concurrencia y tuvieron que hacer repeticiones.

Sobre los músicos notables que deleitaron a los habitantes de la vieja Managua continuamos conversando ahora con el doctor Carlos Tünnermann Bernheim, hijo de don Carlos Tünnermann López, el pianista laureado que actuó aquella tarde del cuatro de marzo de 1933 en el concierto a monseñor Lezcano.
 

MAESTRO DE PANTALÓN CHINGO

No vacila el doctor Tünnermann Bernheim cuando afirma que el buen gusto musical que pretende tener le viene de su padre, “que era hijo de un alemán llamado Whilhen Tünnermann, quien había llegado a Nicaragua en 1888 con la idea de crear una casa bancaria para habilitar a los agricultores alemanes que residían en nuestro país, pero falleció en el último de los tantos viajes que realizó a Europa para consolidar su empresa. Don Whilhen había contraído matrimonio con doña Guadalupe López Piura, persona muy conocida en el barrio del Perpetuo Socorro, porque todas las tardes se sentaba en la acera de su casa —casa donde yo nací— y conversaba con toda la gente del barrio que por ahí pasaba, esa era una sana costumbre de los habitantes de la Managua que desapareció con el tiempo.

“Doña Guadalupe, ya viuda, puso a estudiar piano a mi padre, encomendando esa misión a viejos profesores de música de Managua. Salió muy aventajado el chiquillo, y al poco tiempo, cuando todavía andaba de pantalón chingo, doña Chepita Toledo de Aguerri, que ya para entonces tenía su Escuela Normal Central de Señoritas, admirada del talento del jovenzuelo lo invitó a formar y dirigir una estudiantina para su centro de estudios.

“Eran treinta señoritas que además de cantar se acompañaban con mandolinas, bajos, ocarinas y guitarras, con la misión de amenizar los actos culturales que ahí se realizaba. Por esa razón él figura entre los fundadores de la Normal de doña Chepita, al lado de otros eminente educadores como. Doña Leonor García de Estrada, Salvadora Tijerino, Concepción Alegría, Víctor M. Zúñiga, Ignacio Fonseca, Soledad Rostrán de Arriola, Leonardo Montalbán, Edelberto Torres y Luis A. Delgadillo.

“Pronto estuvo brindando clases a domicilio y también en la casa, en la vieja casona ubicada en el Barrio del Perpetuo Socorro, en la misma manzana de “La Número Uno”, que era la residencia de Zelaya. Como vecinos próximos teníamos a las famosas señoritas Salvatierra, que eran ricas casatenientes, y también a los Vega Téllez y a la familia Estrada.

“El terremoto de 1931 derrumbó una pared de esa casa y mi padre y mi tío Guillermo Tünnermann, que fue gerente del Banco Nacional, la restauraron. En términos técnicos, esa casa quedaba en la Primera Avenida Sureste, Número 404, y esto lo recuerdo muy bien porque mi hermano Guillermo y yo, muy temprano comenzamos a coleccionar estampillas, y se nos ocurrió tener canje con coleccionistas de otras partes del mundo. Un día publicamos un anuncio en la revista argentina “Rojo y Negro”, y nos llovieron cartas solicitándonos estampillas de Nicaragua, que en ese tiempo eran muy apreciadas. En esa correspondencia usábamos el nombre de mi padre, pero sólo poníamos “Casa 404 Managua”, se nos olvidaba poner Primera Avenida Sureste, pero las cartas nos llegaban porque vivíamos no muy lejos del antiguo correo que quedaba en la siguiente manzana, en una vieja casa donde más tarde se construyó el almacén Sears.

“Como dije, durante su vida activa mi padre daba clases en la casa, su figura es recordada por muchas personas porque vistió siempre de lino o dril blanco, también usaba su sombrero de pita, y era muy puntual con sus clases. A la casa llegaban muchos alumnos”.

Esa casa quedaba en la que después fue Avenida del Centenario, siendo yo un cipote me encantaba pasar por ahí a eso de las tres de la tarde, cuando don Carlos interpretaba música de Chopin y sus Romanzas que a mí me encantaban.

Cierto, pero no sólo él tocaba. También se desarrollaban conciertos de piano de sus alumnas y conciertos de canto que mi padre acompañaba, porque entre otras cosas vendía pianos y métodos para piano, el más famoso de éstos era el Beyer. Todos pasaban por él, aunque ahora se aprende a tocar con otros métodos que contienen versiones fáciles para niños del “Para Elisa”, de Beethoven, y de los preludios y valses de Chopin. Otro método obligado era el de ejercicios digitales de Hanon, que hacía desistir a muchos aspirantes a pianistas ante las dificultades que presentaba.
 

LA ESCUELA NACIONAL DE MÚSICA

Por los años cuarenta ya transitaban Managua varios profesores de piano, mi padre era maestro titular de la Escuela Nacional de Música, que nace adscrita a la Escuela de Bellas Artes en tiempos de Genaro Amador Lira, que era un gran escultor y dibujante, pero se disgustó con Somoza García y se fue. Después ocupo la dirección el maestro Rodrigo Peñalba, y en ese tiempo ocurre la separación de la Escuela de Música del resto de Bellas Artes. El primer director de la Escuela de Música fue el maestro Luis Abraham Delgadillo, y el subdirector mi padre.

Entre los alumnos de mi padre recuerdo a Luis Urroz, hijo de Luis Felipe Urroz. Los Urroz fueron una familia de músicos connotados, recuerdo a Tomás Urroz, el primer violinista nicaragüense que estudió nada menos que en el Conservatorio de Bruselas, otro genio musical fue Luis A. Delgadillo que fue becado —igual que Urroz— por el gobierno de Zelaya, para estudiar en el Conservatorio de Milán.

El maestro Delgadillo escribía en “La Noticia” una columnita que titulaba “A manera de Suite” y por las tardes llegaba de impoluto traje blanco a sentarse en la puerta del periódico para mirar con aire indiferente a los que pasaban por la acera. Llamaba la atención por su rostro severo y por su larga melena blanca. ¿Cómo fue becado este señor?

Ocurrió así. En cierta ocasión doña Chepita ofreció una velada a la que fue invitado el presidente Zelaya, al que le llamó la atención la perfecta ejecución musical que hizo el jovencito Luis Abraham Delgadillo.

“¿Quién es ese jovencito?” preguntó Zelaya. Ese jovencito se llama Luis Abraham Delgadillo, le respondió alguien. “¿Y de quién es hijo?”. Pues del doctor Teodoro Delgadillo y de doña Manuelita Rivas, “Ah —dijo Zelaya—, esa es una familia conservadora, pero no importa, que venga para acá”. Se acercó Luis Abraham y Zelaya le pregunta: “¿Desea usted estudiar música a Italia?” “Es mi mayor anhelo”, respondió Delgadillo. Y ocurrió que Zelaya lo mandó a estudiar al Conservatorio de Milán por cuenta del Gobierno de Nicaragua.
 

LA FAMOSA ORQUESTA VEGA MATUS

También venía con frecuencia de Masaya a Managua la famosa orquesta de don Alejandro Vega Matus. Se dice que Zelaya le daba prioridad a los músicos de don Alejandro, que también fue un notable compositor. Había una competencia de calidad en ese arte, pues también estaba la orquesta de los Hermanos Urroz, compuesta por toda una familia, lo mismo que el Conjunto de Cuerdas y Piano de don Carlos Tünnermann.

Otras orquestas más recientes fueron la de don Paco Fiallos, el padre del actual Procurador, y la que dirigía el maestro Julio Max Blanco, ya con más sentido de recreación popular y menos clásica. De ese género también fueron notables la Marimba Orquesta de don José Abraham Sánchez, la de los Hermanos Barrios y otras que fueron más contemporáneas.

No debemos olvidar que en la vieja Managua tuvimos una Orquesta Sinfónica que ensayaba en el Liceo de Lolita Soriano.

Lolita fue la benefactora de las artes y lo sigue siendo aún en espíritu, porque en su casa siguen ensayando los músicos. Todos los filarmónicos le guardan gran respeto y admiración.

Me cuentan que su papá acompañó al famoso tenor costarricense Melico Salazar, cuénteme algo de eso...

Ésta era una de las anécdotas de mi padre que más enorgullecía a mi madre. Ella me contaba que aquí vino el famoso tenor costarricense Melico Salazar, que tenía una voz tan buena en registros y armonías como la de Caruso. Melico fue un talento que se desperdició por su afición a la bohemia. Pues ocurre que vino y dio un concierto en el Teatro Variedades, y hay una crónica que escribió el periodista Octavio Delgado, en el año 55 —muchos años después del concierto—, donde da cuenta que lo acompañó al piano don Carlos Tünnermann López, y que ambos ensayaban en el Teatro Variedades donde fue el concierto.

Pero en una segunda visita Melico ya no pudo cantar. En esa ocasión lo fueron a buscar al Hotel Lupone donde se hospedaba, entre otros, mi padre, don Elías Argeñal, don Fabio Delgado y mi madre, lo encontraron impotente porque estaba totalmente ebrio.

Otro músico destacado fue Luis Urroz, alumno distinguido de mi padre y que más tarde se fue a los Estados Unidos. Me dicen que murió no hace mucho en San Francisco después de una carrera musical de éxito. También recuerdo a Evenor Zúñiga, el hijo del maestro Víctor Manuel Zúniga, que estudió piano con mi padre y que ofreció excelentes conciertos, pero era bohemio y murió en plena juventud, prematuramente.

Otros profesores de música del siglo pasado fueron, mi tía Rosalpina Espinoza de Bernheim, hija del doctor Rodolfo Espinoza, Vicepresidente de la República. Rosalpina, era una pianista excelente. También Arturo José Medal, que era pianista concertista, y que emigró a Chile donde llegó a ser profesor del Conservatorio de ese país; treinta años después volvió a Nicaragua cuando yo ya era rector de la Universidad, y en homenaje a la vieja amistad que él conservó con mi padre lo invité a dar un concierto en el Auditorio Ruiz Ayestas de la UNAN (León), fue un concierto maravilloso, pues era un pianista de primera, se casó con una dama chilena y no sé si al ocurrir su muerte la familia se habrá regresado a Chile o vivirá aquí.

Puedo mencionar a los alumnos de canto que mi padre acompañaba al piano, entre ellos a Julio Ruiz y Thelma Carrillo. Julio alguna que otra vez creo que recibió lecciones de canto del maestro Ramón González.

Hay una escena que no puedo olvidar, la mañana en que se juntaron en mi casa Luis Abraham Delgadillo, Víctor M. Zúñiga y mi padre. Los tres tenían la misión de parte del Gobierno de adaptar la letra del Himno Nacional de Nicaragua, escrita por don Salomón Ibarra Mayorga, a la partitura, cosa que era difícil, pues la música de nuestro himno tiene sus problemas para el canto.

Zúñiga era el que cantaba para probar si la letra quedaba o no adaptada. De manera que allí en la sala de mi casa se realizó una de las sesiones de trabajo de la Comisión que nos legó el Himno Nacional, no sé si habrá sido la última o una de tantas.
 

DERECHO POR MUSICA

Carlos Tünnermann pensaba así: “A mí me hubiera gustado ser pianista por adorno, pero también tenía vocación para estudiar una carrera universitaria, mi padre me comenzó a enseñar, llegué a dominar el primer método Beyer y el Hanon, pero tuve que elegir entre mis estudios de Derecho y el aprendizaje musical. Ganaron los primeros.

Mi padre siempre me decía: “Te voy a enseñar, pero no como carrera, porque te lo digo por experiencia, es una profesión muy ingrata, uno tiene que seguir una carrera profesional porque este país no está preparado aún para los pianistas ni para los compositores”.
 

UN PIANO QUE ESPERA

“A veces me siento ante el viejo piano a reconfortarme con el espíritu romántico de mi padre, pero a pesar de que domino notación musical, la falta de práctica hace que ejecute al oído. Traté de que mis hijos aprendieran, pero les pasó las mías: al llegar a la universidad se olvidaron del piano” Carlos Tünnermann Bernheim

Continue con la historia de Managua