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La Capital del Estado sin residencia fija. La Villa .de Santiago de Managua elevada al rango de Ciudad en 1846. Un decreto anterior del Rey don Fernando VII concediéndole el título de Leal Villa. Su primer Ayuntamiento. Cómo era poblado de Managua en 1751. La Vieja Parroquia. Es elevada a Capital del Estado en 1852. El primer periódico  oficial.

Accidentalmente en Julio de 1846 residía en la muy Leal Villa de Santiago de Managua el Gobierno del Estado, siendo Director el Senador don José León Sandoval; y decimos accidentalmente porque según las circunstancias, la capital se trasladaba a León, a Granada o a Masaya.

Estaba el Gobierno en Managua cuando fué dictado el siguiente acuerdo:
 
 

POR CUANTO, LA ASAMBLEA LEGISLATIVA HA DECRETADO LO SIGUIENTE:

EL SENADO Y CÁMARA DE REPRESENTANTES DEL ESTADO DE NICARAGUA, CONSTITUIDOS EN ASAMBLEA:

DECRETAN:

Arto. 1.o  La Villa de Santiago de Managua se eleva al rango de Ciudad con la denominación de Santiago de Managua.

Arto. 2.o  El Gobierno hará que se publique este decreto con la mayor solemnidad en esta capital.

Dado en Managua a 24 de Julio de 1846. N. Ramírez, S.P. Aguirre S.S. Al Poder Ejecutivo. Salón de la Cámara de R.R. Santiago de Managua, 24 de Julio de 1846 Justo Abaunza, R. P. Juan B. Sacasa , R.S. J. EstanisladoGonzález R.S.

Por tanto EJECÜTESE. Managua, Julio 24 de 1846 José María Sandres
Al Secretario del Despacho de Relaciones.
 

Retrocedemos un poco, aunque someramente.

El 24 de marzo de 1819 el Rey de España don Fernando VII decretó una Real Cédula concediendo el poblado de Managua,en el Reyno de Goathemala, Provincia de Nicaragua, el título de Leal Villa de Santiago de Managua, con derecho a gozar de la preeminencias del Ayuntamiento, formado por Alcaldes ordinarios y Regidores.

Esta gracia fué mandada a publicar por bando en la Intendencia de León y en el referido pueblo de Managua, el 21 de abril de 1820.

El Obispo de la Provincia de Nicaragua en 1751, don Pedro Agustín Morel de Santa Cruz, en visita pastoral al Pueblo de Managua, da el informe que dice:

"La situación del pueblo es de lo más alegre y deleitable que puede contemplarse, extendiéndose a la orilla de una laguna que, a la primera vista, parece mar. El agua es dulce y potable, y abundan en ella los peces, aunque pequeños y poco gustosos."

"Los naturales de Managua defienden como regalía propia, el ejércicio de la pesca en las riberas de su pueblo".

" En las cercanías hay otras seis lagunas redondas, pequeñas y distintas entre sí, y la más grande ocupará el espacio de una legua; dos de estas son salobres y las restantes y las restantes, de agua dulce y pesada".

"La Iglesia Parroquial está como a una cuadra de la Playa; es mediana, de tres naves, sobre horcones, de adobe y de teja. Tiene por Santo títular a Santiago, una sacristía reducida y el atrio cercado por tapias, carece de torres, las campanas están pendiente de cuatro horcones con su techo de paja, hay cuatro altares con retablos y frontales dorados, ornamentos pocos y viejos".
 

"Las Iglesias de Veracruz (hoy sitio ocupado por El Obelisco en el Parque Rubén Darío), San Miguel, San Mateo (hoy Candelaria) y San Sebastián, hállase repartidas por el pueblo y son de la misma fábrica que la parroquial".

"Las casas de teja son nueve y las de paja cuatrocientas cincuenta y seis, separadas las unas de las otras, y en un radio de media legua. Fuera de éstas, hay cuarenta y siete de la misma especie en varias haciendas de ganado mayor y trapiches, que se numeran en el territorio".

"Existen setecientos cincuenta y dos familias, cuatro mil cuatrocientas diez personas, de todas las edades, así ladinos como indios; pagan éstos de tributo anual mil doscientos pesos". Hasta aquí el informe.

Managua está situada en una planiecie con ligero declive hacia el Norte, 158 pies sobre el nivel del mar alos 12 grados latitud Norte y los 85 grados 53 longitud occidental del meridiano Greenwich. El área que cubre actualmente la ciudad es de diez kilómetros cuadrados , siendo la de todo el departamento de 3,400 kilómetros cuadrados, sin incluir las 38 millas de largo por 16 de ancho del lago Xolotlán, en cuya ribera sur la ciudad palpita.

Por doquiera Managua está rodeado de agua. Al Norte, el Lago; al Sur, la Laguna de Tiscapa,; al Suroeste, la de Nejapa, y en el mismo rumbo la Laguna de Asososca.

El Lago de Managua es ya bien conocido, por sus bellezas, sus imponentes montañas y por su majestuoso Momotombo, además del Momotombito.

La laguna de Tiscapa está en el cráter de un volcán de poca altura en uno de cuyos bordes está edificado el Palacio Presidencial (ahora en ruinas después del terremoto de 1972 y la guerra civil de 1979.)

La Laguna de Nejapa está situada a unos seis kilómetros, tiene propiedades medicinales y antisepticas. Del lodo de su fondo se extrae materia prima para fabricar el jabón Nejapa, de cualidades germicidas.

Asososca está situada a trés kilómetros y a unas pocas varas del Parque de las Piedrecitas, terminal de una carretera pavimentada. De ésta Laguna se extrae el agua que llevada a un acueducto suministra la que consume la capital.

La Iglesia más antigua era La Parroquia, donde está hoy la Catedral. Este Templo se encontraba en ruinas, por lo que el señor Cura Pbro. Juan Antonio Chamorro solicitó permiso a Guatemala para derribarlo y reedificarlo. En 1781 cayó la Iglesia colonial. Como pasaran cinco años y no se le resolvía nada, el padre Chamorro, sufragando los gastos de su propio peculio y con trabajo de los indios, pudo hacer los cimientos, los que le costaron 1,178 pesos. El Ingeniero José María Alexander hizo los planos en 1783 de orden de del Presidente de la Audiencia. Incluyendo los gastado por el Padre Chamorro, la Parroquia de Managua, aldea en ese entonces, costó 10,771.00 pesos plata. Managua estaba reducida a ese Cantón y sus habitantes escogierón ese lugar por la cercanía del Lago que les proporcionaba la vida, con pesca de sardina. La Parroquia que conocimos, la del cura Chamorro data de 1783, en el siglo XVIII.

En 1846, cuando arranca nuestra historia, no había en la nueva ciudad de Santiago de Managua ni un sólo médico, ni se conocía el nombre de las enfermedades. No se sabía que éra apendicitis; s_lo el cólicomiserere que se curaba con una infusión de purga de fraile, o sean tres hojas de esta planta, cortadas para abajo, y hervidas en una taza de agua. cada quien se curaba solo, siguiendo el consejo de viejos o de algún curandero. No habían boticas. Si alguien se causaba una pequeña herida, se la curaba echándose en la lesión polvito de la puerta, y se sanaba; para la sarna, rasquín o sarpullido, no había como lahoja de sardinillo refregada en el agua del baño. Para las curaciones de la piel el sebo era superior,. Para las afecciones del hígado era bueno el cocimiento de la hoja uña de gato y el achopaste. El cuasquito, el hombre grande y la cola de alacrán eran grandes panaceas. La ruda, para la sordera, y la hoja de mango para los golpes. Para que el enemigo malo no entrara en las casas, los managuas hacían una cruz de ceniza en la puerta de la casa al acostarse. La gente moría de viejo o cuando Dios quería. Nuestros antepasados eran metódicos: el amor lo conocían hasta que el señor cura los casaba, y eso según la luna. Si el satélite estaba tierno, no se consentía la unión. Se acostaban apenas oscurecía y se levantaban al primer gallo.

 Visite también el viejo Barrio de Santo Domingo 
Visite también el viejo Barrio del Boér
Los del Barrio San Antonio se odiaban a muerte con los del Barrio Santo Domingo. Ay! de aquel que llegara al barrio del otro!. salía mal parado o se armaba una sonada en que habían hasta muertos. No se sabía a qué obedecía esta rivalidad que sólo demuestra la poca o ninguna cultura de aquel tiempo. Un gallo en patio ajeno no estaba tan mal visto como un toñeño en el Barrio Santo Domingo, o un domingueño en el barrio San Antonio. en el último tercio del siglo XIX se acabó esta ridícula cuestión de toñeños y santodomingueños. El Maestro Gabriel en la escuela, y los chingos en la calle, pusieron en el orden a los beligerantes del barrio.

León Y Granada querían para sí la residencia del Gobierno. En 1852 era Director de Estado el Licenciado don Laureano Pineda, de Rivas, y en febrero del mismo año fungía interinamente don Fulgencio Vega, con residencia temporal en la segunda ciudad.

El día 5 del mismo mes y año fue dictado el acuerdo siguiente:
 
 

El Senador Director del Estado de Nicaragua

Teniendo presente que la permanencia del Gobierno de ésta Ciudad (Granada) ha sido por el triste acontecimienton del 4 de agosto de 1851 y mientras duraban las circunstancias de entonces que éstas han desaparecido junto con la facción asilada en el Cuartel de León; y considerando que la Ciudad Santiago de Managua es el lugar de residencia ordinaria del Gobierno, en uso de sus facultades.

DECRETA:

Arto 1o.
El Poder Ejecutivo del Estado se traslada el 9 del corriente a la Ciudad de Santiago de Managua como punto de residencia.

Arto. 2o 
El Señor Ministro general es encargado del cumplimiento del presente decreto y de su publicación y circulación. dado en Granada a 5 de Febrero de 1852.

FULGENCIO VEGA

Estos decretos eran publicados en el "Registro Oficial", editado en Masaya en 1845. Después se llamó "Gaceta del Gobierno Supremo del Estado de Nicaragua", Luego "Correo del Itsmo", editado en León, y a donde se hab1a trasladado la Capital siendo Director Norberto Ramírez.

El primer Cabildo de Managua estuvo frente a la casa de don Federico Solórzano esquina Norte. En el primer período del General Zelaya pasó ese cabildo a la esquina opuesta al Maestro Indalecio Bravo, o sea donde es ahora la parte trasera de la Catedral. (vieja catedral).

El Patrón de Managua es el Apóstol Santiago, decretado así desd 1819 por el Rey Fernando VII que a este poblado lo declaró Leal Villa de Santiago de Managua. Están equivocados los que dicen que el Patrón es santo Domingo de Guzmán.

No había moneda nacional por esos tiempos. Corría sí la moneda de otros países: de Guatemala, de El Salvador, de Costa Rica, de Honduras, del Perú, de México, y de Chile. Las bambas de ésta última nación tenían una leyenda: "Por la Razón o la Fuerza" que llamaba la atención por lo enérgico; lo contrario del Córdoba de ahora que dice dulcemente: "En Dios Confiamos", Para las pequeñas compras en los tiangues se transaban con cacao o candelas de sebo que servían para el alumbrado, por que el gas no se conocía aún, y que se refiere a tener dinero o tener que vivir. Al principio de los 30 años que gobernaron los conservadores patriarcales, ya hubo moneda de plata nicaraguense, que no se sabe que camino tomó. A propósito del cacao: Actualmente en Santa Lucía, aldea pintoresca de Boaco se ocupa la cabuya como moneda corriente, en tiendas y pulperías.

El 19 de septiembre de 1849, siendo Managua ocasionalmente cabecera del Gobierno, se reunió el Congreso por primera vez en esta ciudad, bajo la presidencia del Senador don Toribio Terán; y el 6 de Octubre declaró: " que se adhería al principio de exclusión absoluta de intervención extranjera en los negocios domésticos e internacionales de los Estados republicanos de América.

En 1852 que fué trasladada nuevamente la Capital del estado, Managua éra aún distrito del Departamento de Granada; y fué hasta en 1875, en la administración de don Vicente Cuadra, cuando por decreto legislativo, Managua dejó de ser distrito para llamarse departamento. Su primer Prefecto, hoy Jefe Político, fué don Bruno Torres.

Sus  habitantes cultivaban en pequeñas fincas. Se bebía agua del Lago y vendían sardinas a los demás pueblos del Estado. En camas de cuero se aporreaba el algodón para desmotarlo y hacer pabilo. Luego hacían candelas de sebo para el alumbrado. Las calles eran torcidas y los solares cercados de cardón o piñuela. En la Plaza Pública era el mercado que en ésa época se llamaba Tiangue.

En 1853 tomó posesión el general Frutos Chamorro, como jefe del Ejécutivo y ya con el nombre de Presidente de la República.

En 1854 apareció el cólera morbus en Managua. La invasión de Walker y la Guerra Nacional, fué la peor de las pestes, que derramó mucha sangre de hermanos.

En la administración Chamorro, el Poder Legislativo dió el siguiente decreto en relación con el cultivo del café, en La Sierra de Managua o en otra zona:
 
 

POR CUANTO:

La Asamblea Legislativa ha decretado lo siguiente:

El Senado y Cámara de Representantes del Estado de Nicaragua, constituidos en Asamblea,

DECRETAN:

Arto. único:
Se destinan quince mil pesos del erario para premiar a los empresarios de café que dentro de siete años obtengan cosechas conformes al reglamento que sobre el partícular emitirá el Gobierno dentro de un mes del exequatur de esta ley.

Dado en el Salón de Sesiones de la Cámara del Senado. Managua, Managua, Mayo 9 de 1853.--Mateo Mayorga, R.P.  Gregorio Jiménez, R. S.--Timoteo Lacayo, R. S.

Por tanto: Ejecútese.--Managua, Mayo 9 de 1853.--Frutos Chamorro. Al Señor Ministro de Despacho de relaciones.

De orden Suprema lo inserto a Usted para su inteligencia, publicación y circulación en el Departamento de su mando; esperando recibo. D. U. L.

Rocha.

(Tomado de la Gaceta Oficial de Nicaragua, 21 de Mayo de 1853, No 76).

 

En los períodos del General Tomás Martínez, de 1857 a 1867, Managua entró a una éra de bienandanza con el impulso que este Presidente dió al cultivo del café. esta fué la base del progreso no sólo de la Capital sino de la República. Don Leandro Zelaya fué el primero que sembró la primera mata de café en El Tizate, que el fundó.

Ya Managua cuenta en ésa época con una tienda de ropa o venta de géneros, cuyo propietario es don Florencio Arce. La población es de 7,000 habitantes.

En la administración el General don Fernando Guzmán de 1867 a 1871, se empezó a reglamentar la instrucción pública, que se encargó a una junta local de padres de familia. Se aprendía lectura, escritura, las cuatro reglas aritméticasy el Catón Cristiano.

El Ingeniero don Pablo Levi escribe la primera Geografía de Nicaragua contratado por el Gobierno.

El lago era tan seco en aquel tiempo que casi se podía ir a pie a traer tejas a San Isidro, en la Peninsula de Chiltepe. Estaba tan crecido el monte en la rivera del lago, que el Gobierno dictó un acuerdo que publicó por bando, obligando a los vecinos a la roza de ese lugar. Este acuerdo gubernativo que bien pudo haber sido una simple orden del alcalde, daba una idea de la sencillez y del ambiente patriarcal de la época.

La libertad de imprenta estuvo garantizada y fué este el mayor prestigio de la Administración del General Guzmán.

El 3 de Octubre de 1872, en el Gobierno de don Vicente Cuadra, fué expedido el decreto estableciendo el alumbrado público en las calles de la capital y sustituyendo a los faroles que cada vecino colgaba de un clavo en la puerta de su casa.

Esta mejora se llevó a cabo dos años más tarde de acordada y fué reglamentada y supervigilada por el Municipio. Era alcalde don Francisco Bermúdez, quién impuso penas severas para el que destruyera  ese alumbrado. habían multas de 80 centavos para el que atreviera a subirse a abrir un farol para encender un puro; por dañar un poste 5 pesos, por romper un vidrio 1 peso; por romper un tubo 50 centavos; 4 pesos por quebrar una escalera; 25 centavos por derramar el gas y 10 pesos por dañar el farol entero.

En 1873, el alemán don Enrique Gottel editó "El Porvenir de Nicaragua, semanario independiente que no pertenecía a ningun partido. A tres leguas al Sureste de Managua vivía Gottel, en el Valle que el fundó y que en la actualidad lleva su nombre. allí hizo una ermita y fundó una escuela, además del periódico que él mismo distribuía, montado en un borrico. El Señor Gottel no éra católico; pero éra cristiano. La gente timorata y oscurecida en un fanatismo ignorante, teníale por hereje. Hereje! quién fundó una escuela, un templo y un periódico, tres luces en áquella época de oscurantismo...!

Los restos de ese extranjero emprendedor, descansan en el Cementerio extranjero, frente al Parque 11 de Julio, de San Pedro. Don Enrique Gottel pertenecía a la masonería.

La administración de don Vicente Cuadra se distinguió por su labor de economía, que en los tiempos que corren caerían en ridículo; pero no en aquella época que éra sencilla y honesta. Al bajar el Señor Cuadra de la Presidencia, quedó el tesoro nacional repleto. Las administraciones subsiguientes, hicieron labor de progreso y encontraron facilidad para ello, con el dinero economizado.

Alrededor de don Vicente Cuadra hay muchas anécdotas que parecen inverosímiles: Que el mismo barría su oficina presidencial para no pagar portero y evitar ese gasto a la nación; que de su bolsillo particular pagó a don Blas Villalta la composición del reloj nacional de la misma oficina; que a los músicos de la Banda de los Supremos SS.PP. les ordenaba que apagaran la candela cuando acabaran de tocar una pieza por las noches de concierto; que al director de esa misma banda, que ganaba más, le rebajó el sueldo porque no era justo que por estar haciendo muecas con una varita tuviera un sueldazo.

Con esas economías de don Vicente, los nicaraguenses de hoy tenemos: El Ferrocarril, La Escuela de Artes y Oficios, Biblioteca Nacional, telégrafos, etc.

El conservatismo de Managua encabezado por los generales José María Cuarezma, Nicolás Méndez y un señor Talavera, adversaba al Gobierno de don Vicente, y había indicios de que esos militares querían tomarse los cuarteles. El Presidente Cuadra lo supo y entonces mandó a llamar al General Cuarezma que entre paréntesis, éra su compadre.

Compadre..le dijo don Vicente...lo hé mandado a llamar para decirle que mi Gobierno necesita de sus servicios, y he pensado darle la comandancia de armas de Managua.

Pero compadre..le contestó Cuarezma, Usted sabe que yo soy adversario de su Gobierno aunque en lo personal sea su amigo y compadre. Yo no podré desempeñar ese cargo.

Pero usted será el Comandante de Armas y si no quiere aceptar, le aplicaré la sanción del Código Militar..le objetó el Presidente, y venga mañana a tomar posesión.

Cuarezma fué a consultar el caso con sus amigos Méndez y Talavera, y éstos, brincando de contento, le aconsejarón que aceptara el cargo porque así la situación éra de ellos y fácilmente botarían a don Vicente. Cuarezma aceptó el cargo y tomó posesió bajo juramento de fidelidad.

Días después sus amigos llegaron a verle a la Comandancia de Armas y a saber que partido iban a tomar para derrocar al Presidente. Cuarezma les hizo saber; que ahora él éra su comandante de armas y tenía que cumplir con su deber; y que al primero que revolucionara lo repelería a balazos. Esto demuestra que el Presidente Cuadra conocía el alto valor moral de los hombres de su tiempo, además del respeto que les infundía un juramento.

Esta demás decir, que en Managua nadie intentó revolucionar con el general Cuarezma en la Comandancia de Armas, a pesar de que éste éra el peor enemigo del Gobierno.

Pero el juramento...!
 
 
 



En la Calle de Candelaria y en los alrededores de la Vieja Parroquia vivía un modesto hijo de Managua, grande y noble por dentro de un marco de sencillez. Era el Maestro Gabriel Morales un predestinado, que de la enseñanza de la niñez había hecho un culto. Su abnegación y amor a sus discípulos llegaba al apostolado.

Su escuela éra particular y única de varones en Managua. Pasó mil vicisitudes; y fué en la administración de don Pedro Joaquín Chamorro, en 1876, cuando se le asignó un pequeño sueldo.

No era ilustrado el Maestro Gabriel; pero en él éra innata la idea de enseñar al que no sabe. En él éra aplicable el axioma de que "hace más el que quiere que el que puede", De entre sus discípulos hubo Presidentes de la República, Ministros de Estado, Profesionales, Sacerdotes, etc.

El Maestro Gabriel Morales murió el 10 de agosto de 1888. Su muerte causó hondo dolor en el corazón de Managua. La familia colocó un bello mausoleo significativo sobre su tumba, en el Cementerio de San Pedro, mausoleo que años más tarde fué destruido por el terremoto de 31. pero el municipio lo reconstruyó y colocó en el Parque San Antonio; allí todos los años, en el día del Maestro, van los niños de las escuelas a depositar flores como tributo de gratitud al Maestro excelso, que dejó huella de luz en las conciencias. En 1889 el pedagogo cubano don Desiderio Fajardo Ortíz, orador, escritor, y poeta, escribió la bíografía del Maestro, lo mejor que se ha escrito para el apóstol. el nombre del Maestro Gabriel Morales es en Managua un símbolo.

En ésta administració de don Pedro Joaquín Chamorro, la capital ya pudo comunicarse con el mundo. Es establecido el telégrafo.

Muy breve Managua podrá comunicarse rápidamente con León y demás pueblos de occidente. Se inician los trabajos de un ferrocarril a Momotombo. De éste puerto a Managua se hizo después una travesía en los vaporcitos "Amelia, Francia, y El Cachete. A este se le decía así porque caminaba de un lado. Estas embarcaciones fueron respuestas por otras de mayor calado: "El Managua", El Progreso, y El Angela. Estos vapores fueron puestos en servicio en 1886.

Por un asunto familiar entre don Francisco Leal y el Cónsul de Alemania don Pablo Eisentuck, en el que quizá el primero tuviera razón, hubo un incidente diplomático con aquella potencia, que acarreó una dificultad para nuestra pequeña patria. Se evitó el conflicto pagando una suma de 36,000 pesos.

El 2 de mayo de 1876 el fiántropo don José Angel Robleto fundó el Hospital de Managua, poniendo la suma de 100 pesos plata. Cedió además un seguro de 2,300 dólares para mantenerlo. Influyó para que con ese dinero se fundara un Banco de caridad a beneficio del hospital, cosa que no se pudo hacer, pero el Hospital primeras casas de alto, construyó el muelle y mejoró el cementerio. Fué propulsor de la edificación del primer Mercado Central. Murió en Granada el 5 de febrero de 1916. La Junta de Beneficiencia de Managua, trajo su cadáver para darle sepultura en ese cementerio, y rendirle tributo de cariño.

El 4 de octubre de 1876 se desató un fuerte aguacero sobre la sierra y la ciudad, y un espantoso aluvión entró por el Sur-oeste del lado del camino a Ticomo, y buscó cauce por la Calle Honda, que después se llamó Calle de Aluvión y es hoy la 1era  Calle Norte. La gran corriente arrastró árboles y peñascos voluminosos. De estos todavía hay algunos en calles no pavimentadas del Barrio San Antonio. Centenares de victimas hubo entre ahogados y golpeados.

Las personas importantes que perecieron fueron don Florencio Arce y una hija suya que murió al día siguiente, golpeada por una tapia que le cayó encima; la madre política de don Indalecio Bravo, de nombre María de Jesús, y doña Josefa Emilia de Trinidad, esposa de don Jesús de Trinidad.

Las autoridades y vecinos prestaron su ayuda como pudieron, tirándoles cables a los que eran arrastrados por la corriente. Muchas personas fueron rescatadas de la muerte por los oportunos auxilios de José Santos y Francisco Zelaya, dos valientes muchachos que estaban recién llegados de Europa; del joven Nicolás Méndez y de los hermanos Luis, Francisco y Benito Arróliga. De estos pequeños héroes sobrevive el último, bastante anciano. También ayudaron en el salvamento Fulgencio Fonseca, Coronado Martínez y Terencio Martínez.

Por ausencia del señor Presidente don Pedro Joaquín Chamorro, que estaba en León combatiendo la plaga del chapulín, dictaron las medidas conducentes al salvamento de la ciudad, los Ministros don Anselmo H. Rivas y don Emilio Bernard, quienes se portaron a la altura de su deber.

Muchos días después se estuvieron recogiendo cantidades de muebles que sobrenadaban en la costa del lago.

Los sobrevivientes de esa hecatombre, recuerdan con horror esos aciagos días. Por antonomasía se le ha llamado se le ha llamado al aluvión: el cordonazo de San Francisco.

El General don Joaquín Zavala, administración de 1879 a 83, inauguró el ferrocarril de León a Momotombo, y quedó ya establecido el tráfico por los vapores del lago.

Los hilos telegráficos siguen uniendo los pueblos de la República. El día del aluvión y en el momento de la vorágine, es transmitida a Occidente la fatal noticia que llegó trunca porque la correntada botó los postes. El mensaje alcanzó a decir: "Managua se está per.."

Don Francisco Medina trae a la Capital la primera maquinaria para fabricar hielo. Trés quintales diarios son suficientes para ese entonces.

Es abierta la Biblioteca Nacional en los bajos de la Casa de Corredor (Palacio Nacional) y este es un gran paso a la cultura. Se nombra director a don Antonio Aragón. Poco tiempo después llegó a Managua con procedencia de León, un adolescente a quién llaman el poeta-niño, rico en ideales, y paupérrimo en bienes materiales. Es Rubén Darío, a quién asignan un sueldito como dependiente o  auxiliar de la Biblioteca. Y es para el poeta niño ese centro de luz, como la fuente de castalia, para su espíritu ávido de ideal.

Había en el Congreso Nacional hombres de alta mentalidad; pero también ocupaban asiento personajes de ningún mérito intelectual, únicamente con el distinctivo de ser honrados hasta la exageración y metículosos hasta el ridículo. Uno de éstos éra deon Faustino Martínez, senador en el año del 60, por el Distrito de Managua; señor de tierras y acaudalado, como que poseía varias haciendas y no pocas casas de alquiler.

Según la frase usual, "chapado a la antigua", no se bañaba cuando estaba la tierna luna, ni hacía otros mensteres íntimos, siempre que el satélite estuviese en tal estado. Su esposa, una señora gorda y buenota, era exactamente su alter ego, o por autonomasia su "media naranja", y cabía bien la frase, pues no se concebía el uno sin el otro y no hacían nada de por sí, sino en conjunto y siempre poniéndose de acuerdo.

Matrimonio modelo, nacido el uno para el otro, afines en sus gustos y sus deseos; debíanse obediencia mutua.

Caundo don Faustino regresaba del Senado a su casa, a la hora del almuerzo, su media naranja le contaba lo que había hecho en su casa  durante su ausencia. Por ejemplo: que había echado con doce huevos a la gallina lempa, que andaba culeca; que había dado cinco reales a la sirvienta de la vecina de enfrente, para una misa de San Antonio etc.  Por supuesto que don Faustino contábale punto por punto lo que se había hecho y discutido en el Congreso.

La ermita de San Pedro, en el Cementerio Viejo de Managua, tenía grabado en su fachada, el nombre de don Faustino Martínez, como el propulsor de la construcción de es pequeño Templo, que años mas tarde destruyera el terremoto de 1931.

Ocurrió que a la Cámara del Senado llegó el Proyecto de la fundación del Banco de Nicaragua. Por la pobreza de espíritu de aquella época, el asunto alborotó y fué considerado de grann trascendencia en los anales patrios. Fué discutido larga y concientizudamente por aquellos representantes que tenían cerebro y médula. Por de contado que aquellos de obtuso caletre como don Faustino, no hacían más que ver, oir y callar, siguiendo el axioma de que en boca cerrada no entran moscas.

Ese es un asunto peliagudo, decía nuestro don Faustino, que los discutan Jeréz o don Anselmo que son más leydos.

Ya en casa don Faustino, preguntóle a su cara mitad:

Digó, niño, y agora ..que hicierón en el Congreso?

Pues, niña..estamos haciendo un Banco.

Ah un Banco ! ve, niño, tratá de que ese banco lo haga el Ministro Reyes Campo que es carpintero y que además está agora sin trabajo. Acordáte que es nuestro compadre. Pobre, talvez se remienda con la hechura de ese banco.

No, hija... si es banco de dinero, para hacer billetes.

Ah, pues yo no entiendo como irá a ser ese banco de ustedes. Mejor será que vos no te metás en la hechura de ese traste. Talvez le van a poner muchas gavetas y ahí van a querer meter todos la mano..Ave María Purísima..Vos no te metás en eso.
 
 

...Sí hija, ya lo veo eso enredado.

El Banco de Nicaragua se fundó sin el voto del Honorable Senador por Managua, don Faustino Martínez, que obedecía al consejo de su mujer.

Por ésta época un grupo de músicos de la Banda de los Supremos Poderes fué contratado para ir amenizar una fiesta al otro lado del Lago. Se embarcarón en una goleta y sin ninguna novedad llegaron y cumplieron su cometido, pero de regreso, y a la altura de Chiltepe, en un fuerte chubasco los puso en graves aprietos: El naufragio era inminente. En la atribulación se acordaron de la Sangre de Cristo, imagen que se veneraba en la Iglesia de San Miguel, y con fe ciega y en momentos tan críticos, pidiéronle de rodillas su intervención para que se aplacara la tempestad. Luego requirieron los instrumentos y ejecutaron una sentida marcha fúnebre dedicada a la Sangre de Cristo; mientras tanto las embravecidas olas empezaron a calmarse y volvió la tranquilidad. Al saltar a tierra ocurrieron a la iglesia a rendir gracias a la imagen invocada  y a prometerle que mientras ellos vivieran ejecutarían en sus procesiones, como una devoción. Esos músicos ya no existen; pero la devoción se generalizó a todos los músicos, como una muestra de compañerismo y para mantener viva la promesa de aquellos.

Alcanzamos a conocer a algunos de esos filármonicos promesantes, Ellos eran: Florencio Castro, Ezequiel Rivera "Tetey", Pedro García Lugo, Jesús Arróliga y Juan Cano.

Con la venta del terreno y destrucción de la iglesia de San Miguel, la imagen de la Sangre Cristo pasó a la Iglesia de San Antonio, donde se le hizo una capilla.

Actualmente es la imagen más venerada en Managua.

Su fiesta ritual es el 5 de Julio que es sacada en procesión, lo mismo que el miércoles santo. La Banda de la Guardia nacional continúa con la promesa.

Todavía por la época del aluvión vivía para bien de la humanidad el venerable sacerdote Julián García, verdadero ministro de Cristo, y cuyo amor al prójimo no tenía límites. Hacía suyo los dolores ajenos y se multiplivaba viendo a los enfermos, principalmente a aquellos que no tenían recursos ni techo propio, ni un asilo de caridad donde albergarse. No había hospital pero el Padre Julián se sacrificaba por hacer menos lastimoso el estado de cualquier paciente pobre. Eran muchas las bondades y virtudes que adornaban el espiiritu de este esclarecido hijo de Managua, cuya labor cristiana fué la de un verdadero apóstol. Fué de los primeros en accionar en la obra de salvamento, cuando el aluvión del 76. La estatua del Padre Julián García, merece estar en una de las hornacinas exteriores de Catedral, como uno de los benefactores de Managua.





La monotonía aldeana de Managua fué interrumpida en esa época con la aparición de un exraño personaje de aspecto nazareno; éra de Palestina de mediana estatura, que vestía túnica escarlata y portaba una pequeña cruz de madera. Serena y dulce mirada, voz suave y reposada, se paraba en las esquinas y hablaba en parábolas como Jesucristo. Lo seguía curiosa la chiquillería y aún los viejos, y le escuchaban con respeto. Nadie osaba interrogarle, solamente un mal hombre le trató de loco y arrebatándole la cruz le dió con ella dos espaldarazos. Todos reprobaron la acción canallesca de aquel truhán, que se reía de lo que acababa de hacer. el peregrino recogió su cruz, miró a su gratuito ofensor y le dijo sentenciosamente estas palabras de Jesús: "Con la vara que mides serás medido".

A la mañana siguiente amaneció la novedad de que al malvado hombre lo habían apaleado unos individuos en un bochinche, la noche anterior, por las afueras de Managua. Este jayán era de apellido Pinzón, y de pésima conducta.

El misterioso personaje no se hospedaba en ninguna parte. No se le vió comer ni pedir nada. Solamente una vez solicitó agua que le dierón en una botella que él portaba. Oró y luego apuró el agua que se había tornado roja como sangre. Se llamaba Zacarías Esquilach, de Nazareth y de 54 años.

Despareció sin saberse más de él. Todavía viven en Managua personas alrededor de 70 años de edad que recuerdan de este sujeto.

8 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 /  La Prensa
              Nuestra gente - Cosas Veredes Sancho Amigo
              Dos hombres con cara de Dios 
  Donde se critica que al  Supremo Hacedor siempre lo pinten como un hombre viejo, severo  y enemigo del buen  humor, se hace una alabanza a las barbas de armiño, y se cuenta la  historia amable de dos  barbudos, Diego Dessouroult y Melico Maldonado.

               El barbado Diego Dessouroult recorría en patines las calles de la vieja Managua.
                    Mario Fulvio Espinosa 
   Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina la imagen de Dios haciendo germinar de su dedo índice al primer hombre, aquel pobre y desdichado Adán que gracias a esas contradicciones de lo divino fue puesto en un exquisito paraíso, sólo para ser  condenado a perderlo.   Siempre el gesto de Dios era severo, como quien dice, poco inclinado al humor.  Jamás he visto una imagen de los primeros siglos del cristianismo, ni de la Edad  Media, ni del mencionado Renacimiento que presente a Dios sonriendo, o riendo a mandíbula batiente.   Posiblemente la creencia de que la risa era cosa demoníaca obligó a los artistas de la   Edad Media a representar a Dios con gesto adusto, con lo que le negaban, de manera  absurda, la posibilidad de gozar del buen humor que, según dicen, es la esencia de la   felicidad y fuente de la buena salud.   Todo parece indicar que el Supremo Hacedor nunca conoció una navaja de afeitar, y que, además, pensaba o piensa aún que las barbas entre más largas son símbolo de  mayor poderío, y mejor aún si van unidas a una melena hermosa, que flote como una nube y que sea rodeada de una aureola triangular construida con rayos de oro  en acabado de filigrana.   De estas cosas hablábamos la noche del 31 de agosto en la Peña del Viejo Solitario,  ese rincón fraterno donde nos reunimos periódicamente los recordadores  irredentos. Entre los contertulios hay de todo como en botica, creyentes  ortodoxos, cristianos críticos del cristianismo, ateos redomados, sin faltar aquellos  a los que estos temas les vienen como calzón de payaso, “ni fu ni fa”, como dice   Sancho. 

              DE ZACARÍAS ESQUILACH AL BUEN DIEGO DESSOUROULT 

              Claro, al hablar de las barbas del Divino, los parroquianos de La Peña ponen sobre la
              mesa a algunos barbudos que conocieron, como el general Tomás Martínez, que fue
              presidente de Nicaragua, el santo Zacarías Esquilach que pasó por Managua a
              principios del siglo, el hurí Raindra Watuhindra que nos visitó allá por los años
              veinte, y aquel tábano famoso que fue Víctor de la Traba, cuyo lema era: “En cuenta
              dura a cobrar, con De la Traba hay que hablar”. 

              —Respetados amigos míos —dice el apacible Salvador Espinoza—, yo conocí en la
              Managua de los cuarenta a un hombre que tenía cara de Dios. De esos dioses de
              estampa bíblica, con rostro anguloso, mirada severa, enorme nariz separando un
              par de ojos zarcos y, por supuesto, una barba larga, rizada, blanca como la cabuya
              nueva. 

              Me impresionaron su elevada estatura y su cuerpo nervudo y atlético, pero más que
              eso verlo pasar raudo sobre unos patines ‘Winchester’ por las recién pavimentadas
              calles de Managua. 

              Ese ejercicio lo hacía ataviado con una simple camiseta de algodón y en pantalones
              chingos. Para completar el atuendo usaba una gorra blanca de dril, aunque a veces
              cambiaba esta prenda por una boina vasca. 

              De él sólo sabía que se apellidaba Dessouroult, que vivía en la calle Momotombo,
              frente a la luneta del Cine Margot, en una casa de dos pisos donde después, en cierta
              época, vivieron las hermanitas Anielka y Mayra Santos, esta última eximia artista y
              estrella de la radiodifusión nacional. 

              Por pura curiosidad logré averiguar que la ruta que seguía Dessourolt en sus patines
              de cuatro balineras era la siguiente: salía de su casa hacia el sur por la Segunda
              Avenida que llevaba al Mercado San Miguel, torcía hacia el este por la Calle Central,
              y luego, al llegar a la Séptima Avenida o Avenida de Santo Domingo, bajaba hacia el
              norte hasta la esquina de la cantina “La Chispa” que topaba con la Estación del
              Ferrocarril, luego retomaba la Calle Momotombo hasta entrar a su residencia. 

              Yo también conocí a Dessouroult —dice “El Viejo” Roberto Castro Báez—. Su
              nombre era Diego, era belga de nacionalidad, y vino a Nicaragua allá por 1935 para
              dar asesoría a los agricultores nicaragüenses, de lo que colijo que era un excelente
              profesional de la agronomía. 

              No supe si tenía familia, pero sí que nuestro país le gustó tanto que decidió
              establecerse aquí, para lo cual adquirió una finca que quedaba cerca de Tipitapa y se
              dedicó al cultivo de hortalizas y frutas, lo mismo que a la industria de los derivados
              lácteos. 

              Sus productos tenían una gran calidad, y Dessouroult los vendía en Managua
              transportándolos en una especie de landó-carguero pintado de vistosos colores y
              del cual tiraba un hermoso caballo percherón blanco de trote elegante y con
              cascabeles atados a sus patas. 

              Al sonido musical del landó de don Diego la gente salía de sus viviendas para verlo
              pasar. A veces la chavalada le seguía alegre por varias cuadras haciendo más
              pintorescas las mañanas de la ciudad. Dessouroult sonreía desde el pescante, su
              larga barba flotaba feliz al viento, y con las riendas hacía caracolear al perlado
              percherón. 

              Por las tardes solía sentarse en una mecedora a la puerta de su casa, y ya en plan de
              descanso fumaba lentamente en una pipa de marfil, algunos transeúntes se detenían
              a conversar con él sobre diversos temas, pues nuestro héroe era sabio como una
              enciclopedia, jamás tuvo problemas y su comportamiento siempre fue el de un
              ciudadano ejemplar. 

              Jamás don Diego aprovechó sus conocimientos para explotar al pueblo. Bien pudo
              comprar un carro o una “wicha” para trasladarse a su finca, pero prefirió utilizar su
              coche para ahorrar gasolina, que en ese tiempo estaba escasa a consecuencia de la
              Segunda Guerra Mundial. 

              Siendo, pues, un extranjero ejemplar y gozando del aprecio de los capitalinos, me
              causó dolorosa sorpresa leer una tarde en el diario La Noticia que dirigía Juan
              Ramón Avilés, que don Diego había sido asesinado. La Policía dijo que todo parecía
              indicar que unos ladrones lo acuchillaron en su finca para robarle el dinero que
              supuestamente guardaba el buen hijo de Bélgica. 

              Nunca se supo quién lo asesinó. Probablemente como no tenía parientes en
              Nicaragua nadie se preocupó por averiguar el crimen, de modo que un día de tantos
              se declaró cerrado el caso. 

              Así terminó sus días nuestro amable patinador, el belga de la barba de armiño don
              Diego Dessouroult”. 

              DON MELICO MALDONADO, TÍO DEL PROFESOR TREJOS 

              —Bonito relato —respinga Sancho—, pero yo también conocí, y ustedes lo
              conocieron, a don Melico Maldonado, que si bien con sus barbas no se parecía a
              Dios, dedicó durante muchos años de su vida a representar a Santa Claus. 

              Yo vi actuar a Melico, primero en la Casa Kodak que quedaba en la Avenida
              Roosevelt, donde disfrazado de “Santa” tenía como misión agitar un cascabel
              navideño, hacer ampulosos saludos a los niños, cargarlos sobre sus rodillas e invitar
              a los clientes de don Roberto Terán a penetrar al almacén para comprar artículos
              fotográficos a manera de regalos navideños. 

              Era Melico exactamente igual a Santa Claus, gordito, cara amplia y rosada, nariz
              ancha, ojos celestes y cejas gruesas. Su barba era blanca, sedosa, frondosa y le
              llegaba a la altura del esternón, tenía un gesto agradable, sonriente, fraterno, y por
              naturaleza amaba y atraía a los niños. 

              —Pues claro, como de que no, si Melico Maldonado era mi tío carnal —dice con
              entusiasmo el profesor Ricardo Trejos— y por eso es a mí al que le corresponde con
              más propiedad hablar de él. 

              Era de Masaya, esa ciudad de varones notables que nunca doblegan la cerviz ante
              nadie. Vivía con su familia en una casita humilde situada en las cercanías de las Siete
              Esquinas, era medio farandulero y medio periodista así que se le ocurrió tener un
              programa radial de amenidades que se transmitía por Radio Masaya, allí lo visitaba
              allá en mis tiempos de corresponsal de LA PRENSA. 

              Un día le dio la “puntada” de dejarse crecer la barba, y en esas trazas lo vio la señora
              Alma Barreto de Zúniga, esposa del doctor Hernaldo Zúniga. Se aproximaba la
              Navidad de no sé qué año y ella lo convenció de que trabajara como Santa Claus, le
              compró la tela, le hizo la gorra y el traje. Esta señora, que es la madre del cantautor
              “Hernaldo”, tenía un pequeño supermercado donde comenzó a operar aquel Viejito
              Navideño Comeyuca. 

              Le fue bien esa navidad a Melico, y al año siguiente fue contratado por empresarios
              de Managua para que amenizara las noches de compras navideñas, que todavía se
              realizan en el Centro Comercial Managua. 

              Casi todos los años para la Pascua los periodistas lo entrevistaban y le hacían contar
              historias y fábulas, tarea que él cumplía con deleite. Al día siguiente le encantaba
              mirar sus fotos y sus declaraciones en los diarios del día. 

              Poco a poco fue adquiriendo fama, y con ella contratos con exclusividad de parte de
              almacenes famosos, como Sears Roebuck, Casa Kodak y Carlos Cardenal. Nunca se le
              subieron los humos, siempre fue el viejito bueno y bonachón trasladado de la vida
              real a la imitación virtual. 

              Falleció hace pocos años, querido de todos los masayas, y más que eso, amado por
              todos los niños de Nicaragua. 

              RELATOS EN LA PEÑA 

              Estos relatos surgen en la Peña del Viejo Solitario donde suelen reunirse los
              “recordadores irredentos” de la vieja Managua. 

              Diego Dessouroult recorría las calles de la capital en patines, y mientras se deslizaba
              sobre ruedas fumaba una pipa de marfil. 

              A principios del siglo XX un hombre de barbas larguísimas y túnica blanca caminó
              en las calles de Managua predicando paz y fraternidad..

 

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