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Indice de Leyendas de Nicaragua
 
EL TESORO DE LOS TIMBUCOS


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La Costa del Pacífico de Nicaragua corre en suav declive desde Bahía Salinas por el Sur, hasta punt San José en el extremo noroeste, en cuya península s alza como un centinela de avanzada el que otrora fuer el coloso Cosigüina. Todas las mañanas se saluda a tra vés de la distancia con el Tigre, el Conchagua y e Izalco. Nuestra costa del Pacífico carece en su mayo parte de islas; apenas se pueden mencionar como im portantes la de Corinto, que es una angosta faja de tie rra que corre paralela a tierra firme hasta terminar el la pintoresca punta de Maderas Negras; después está e agreste peñasco de El Cardón, situado en la entrada di la quieta y apacible bahía del puerto y que como ui vigía escudriña las arcanas soledades del océano, y, pu úlimo, el promontorio de Aserradores, que, según cuen tan, es la cúspide de un cerro submarino. Hace mu chos años, en tiempos del gobierno del General Zelaya este apartado islote del litoral Pacífico sirvió de destie rro a los enfermos del mal de Lázaro. Hoy no sirve más que para excursión de los bañistas y para vecino: pescadores que llegan a extraer de sus rocas las apetecidas almejas y ostiones.

Esta costa, así como carente de islas, es abundante
en bocas y ensenadas, entre las que sobresalen el es
tero del Limón, Jiquilillo y la Boca del Padre Ramos,
temible por sus corrientes encontradas donde inconta
bles embarcaciones de Mianguereños y Nicas han zozo
brado al intentar cruzarla. Entre las bocas más pinto
rescas en la costa del Pacífico que comprende al De
partamento de Chinandega está la de Maderas Negras.
Esta abertura por donde se cuela el mar, la forman el

extremo de la isla de Corinto y una punta de arena lla
máda Costa Nueva. Las puestas de sol en ese paraje
son algo que no se olvida fácilmente. Cuando el disco
rojo comienza a hundirse, las aguas se tiñen de tonali
dades cambiantes; pareciera que los colores tuvieran
cita en ese apartado rincón de Nicaragua. El agua, la
arena y los mismos manglares cambian de matices a
medida que el crepúsculo muere. Pero aquella visión
de colores se sucede sólo por instantes; con la huida
del astro al otro lado del mundo termina toda la fan
tasmagoría y sólo queda un pálido azul que se va con

fundiendo con los negros crespones de la noche.
Este pedazo de costa tiene sus leyendas de tesoros

escondidos por piratas en sus arenas legendarias. Me
contaba cierto día un viejo de esta ciudad y persona de todo crédito, que hace años un grupo de individuos, enterados por vestigios encontrados en la Hacienda Petacaltepe, hicieron algunas excavaciones. comenzaron bien, iban sobre el hilo del secreto y todo trabajos hubiera terminado con éxito a no ser por la médium,una anciana ciega que se negó a trabajar en el propio lugar de los hechos. Pasados algunos meses, el La Punta de Maderas Negras, según la creencia de los lugareños, también esconde un tesoro. La leyenda que se ha tejido entre esa gente que vive del mangle y de la pesca es que ese tesoro está escondido en un profundo túnel que a su vez lo cubre un cerrito de cal y canto construido por los mismos piratas. Son dos los promontorios que existen en esa punta, situados a algunos metros de la costa y cubiertos por añosos árboles de espinos y madera negra. El cerrito más grande tiene unas gradas de piedra que conducen a una plataforma más baja que el nivel del mar. Hoy día esos cerritos están casi desbaratados por la dinamita que han hecho explotar algunos excursionistas que han llegado con el infantil deseo de enriquecerse. El guía que nos condujo hasta ese misterioso lugar, que en ese entonces era Juez de Mesta de la comarca "Mona en Gancho", me hizo el siguiente relato:
Hace años llegó por esos lados un francés llamado René Pourcheré, que sabiendo donde se encontraba el tesoro, contrató a cuatro peones -entre ellos al Juez de Mesta-, y sin pérdida de tiempo embarcó para la punta, donde procedió a perforar la tierra con unas candelas de dinamita, que había llevado para tal efecto. el francés, antes de comenzar los trabajos les había prometido entregarles la mitad del oro que encontraran. Pero resultó que Pourcheré salió con la suya, pues habiéndose dado ; uenta de que se aproximaba al caudal escondido, le entró el demonio de la ambición y, violando el juramento hecho a sus compañeros de exploración, empezó a urdir la trama, y una noche, a hurtadillas de ellos, vació el tanque de agua potable y, pretextando en la mañana la falta del precioso líquido, envió a los incautos hombres a tierra firme a proveerse de ella. Cuando Pourcheré se vio solo procedió a excavar, sacando unas barras de oro, y dinamitando luego el cerro se dio a la fuga estero arriba en un bote de motor. Cuando los hombres volvieron a la isla seencontraroncon que la mitad del cerrito se había des
plomado, atribuyendo tal desastre a la cólera del genio guardián del tesoro, sepultando a su vez en las entrañas del túnel al ambicioso francés, en castigo de su maldad. Los hombres, llenos de pánico, dieron cara vuelta y regresando a la costa se embarcaron de regreso. El mismo Juez de Mesta -más conocido en ese lugar por el nombre de Chicón- me dijo que después de algunós años supo que Pourcheré no había muerto en el
derrumbe, que había huido a Costa Rica convertido de x
la noche a la mañana en un potentado gracias al oro
que con tan buena suerte había encontrado en el ce
rrito de los Timbucos. 
Tenga lo antes dicho veracidad o sea leyenda, lo
cierto es que da mucho en qué pensar, ya que estos sucesos fantásticos, reales o como los queramos llamar, tienen sus propios testimonios en los cerritos de los Timbucos y en la cadena de hierro encontrada en los potreros de Petacaltepe y muy cerca del estero del Limón.
¿Será en las costas de Nicaragua y no en la isla del Coco donde Barracuda, el Corsario Negro, Morgan o cualquier otro pirata haya enterrado el fabuloso tesoro producto del saqueo en las ciudades españolas del Caribe y del abordaje a los galeones que navegaban bajo el estandarte de Castilla? Todo pudiera suceder: que nuestras costas sean las únicas que conozcan el secreto del tan llamado "tesoro de la isla del Coco", que ha hecho desembolsar sin resultado alguno miles de dólares a muchas compañías y aventureros yankees..
 



Fuentes: 
S Pablo Antonio Cuadra y Francisco Perez, Muestrario del Folklore Nicaraguense Banco de America series Ciencias Humanas 1978.
Version internet: Eduardo Manfut P  Diciembre 2000.
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