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HISTORIA  DE LA TIERRA PROMETIDA

"El Pueblo Grande de Ometepe "

La Novia de Tola
 
 

la famosa leyenda del Caballero Andante

 LAS LEYENDAS del Mar y DE TESOROS OCULTOS

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 EL HOGAR DE LOS DIOSES 

              La isla de Ometepe es la más grande del mundo situada dentro de un lago de agua dulce, el Cocibolca, en pleno centro de Nicaragua. Su extensión es de 276 Km2, con unos 35.000 habitantes, descendientes de Toltecas, Mayas, Aztecas, Nahuales, Olmecas, Chibchas, Tiwanacos, y además pueblos indígenas que poblaron la isla hasta que, el 21 de enero de 1522, el explorador español Gil González Dávila la descubriera, tomando posesión de la misma. 

              Para poder investigar ese Mar Dulce, denominado así por el colosal tamaño del lago, y la isla de Ometepe, Francisco Hernández hizo traer un bergantín ¡a hombros de esclavos indios! desde del Océano Pacífico hasta el lago Cocibolca, atravesado la espesa selva. 

              Al llegar a la isla los colonizadores españoles, los indios que la habitaban se vieron obligados a refugiarse en las cumbres de dos volcanes, el Concepción y el Madera, que flanquean Ometepe. 
               En su huida, dejaron atrás aquellos petroglifos que sus antepasados habían grabado inspirándose en unos enigmáticos dioses. Y si los nativos escaparon hacia la cima de aquellos volcanes, tal vez no fue sólo por razones estratégicas, sino porque el Concepción y el Madera habían sido considerados durante generaciones el hogar de los dioses. Un dato éste sobre el que regresaremos más adelante. 

 


 
 
DOMINGO 27 DE MAYO DEL 2001 /  lA Prensa

Ometepe: un paraíso fantasioso

    Algo que caracteriza a los ometepinos es su fértil imaginación, cualquiera en este pueblo le puede relatar un cuento, sólo pregunte y verá que en este lugar no hay ni un solo isleño que no tenga una historia para contar

Esta obra plástica ometepina recoge parte de la verdosidad, riqueza de la fauna y flora de la Isla de Ometepe, uno de los paraísos mágicos del país. LA PRENSA/N. SANCHEZ.
 
 

Noelia Sánchez Ricarte - Corresponsal
departamentales@laprensa.com.ni

RIVAS.- La historia que fácilmente se recoge en la Isla de Ometepe, con el sólo contacto de su gente, es una mezcla de realidad, fantasías, sueños, leyendas y por qué no, un poco de inventiva para vender una imagen y explotarla fácilmente.

No en vano este terruño se ha declarado como un área protegida y no sólo posee una rica historia, sino también gente muy dispuesta a aventurarnos en los fornidos cuentos que se entretejen en cada una de las cabezas de los isleños.

Todos tienen algo que los distingue: hay músicos, compositores, algunos recogen la historia pasada, otros ofertan un viajecito al Volcán Maderas para conocer la laguna, muchos exageran al contar leyendas, en fin, “son nuestra gente”.

Algo que caracteriza a los ometepinos es su fértil imaginación, cualquiera en este pueblo le puede relatar un cuento, sólo pregunte y verá que en este lugar no hay ni un solo isleño que no tenga una historia para contar.

UNA HISTORIA DE AMOR

Para el profesor Hamilton Silva Monge, quien es todo un personaje de esta isla, el origen de Ometepe es una leyenda que está ligada a una historia de amor protagonizada por los indígenas Ometepetl y Nagrando.

Señala que hace muchos años no existía la isla ni el lago Cocibolca, solamente un valle con árboles y animales. En el centro del valle no habitaba ningún ser humano por no haber fuentes de agua, pero en sus alrededores habitaban las tribus Chorotegas, Chontales, Nagrandanos, Niquiranos y otra venida del sur.

En la tribu Niquiranos existía una india muy bella llamada Ometepetl y en la Nagrandanos un indígena guerrero llamado Nagrando, quienes se enamoraron perdidamente siendo ambas tribus enemigas. Enterado el padre de la novia, furioso emprendió una persecución que tardó varios días.

Indica que los novios decididos a terminar con la persecución y perpetuar su amor se besaron, oraron a los Teotes, y luego se cortaron el pulso uno al otro hasta morir. Se dice que se oscureció el cielo, hubo un gran diluvio formando el Cocibolca. A la bella Ometepetl le crecieron los pechos hasta formarse dos volcanes: Concepción y Maderas; Nagrando también fue creciendo hasta formar un túmulo volcánico cerca de su tribu: Zapatera. La india es ahora la bella isla de Ometepe; Nagrando es la Zapatera, el valle Caopol el Cocibolca, y los perseguidores de los novios ahogados por el diluvio, las isletas de Granada y Solentiname.

RECOPILANDO LA HISTORIA

Don Hamilton comenzó a interesarse por el patrimonio histórico de la Isla de Ometepe en 1955, “cuando nadie se interesaba, cuando todo estaba dormido y la isla no era visitada por mucha gente, sólo por algunos comerciantes”, según sus propias palabras.

Por fin en 1994, en Altagracia, se inauguran las salas de un museo que en la actualidad está bajo su responsabilidad y que fue edificado con ayuda de muchas personas y donde se estima hay “unas 200 piezas entre cerámica, piedras”.

Otro de los ricos patrimonios de la isla, es la gran cantidad de petroglifos, cerámica e ídolos que son poseedores de un incalculable valor histórico; pero en los últimos años se ha producido un despiadado saqueo de este legado.

La satisfacción de guardar el patrimonio (aunque sin recibir retribuciones económicas), ha sido uno de sus principales gozos, sumado a la satisfacción de “desempeñarse con lo que yo siento y me gusta, aunque viva pobre”.

Hace unos días don Hamilton terminó su segundo libro que tituló “Ometepe en el siglo XX”, sólo que por falta de apoyo no ha podido publicarlo; en éste recopila interesante información de casas embrujadas y otras leyendas.

EL ZOMPOPO

El Baile del Zompopo es original de la isla, en un primer momento era una especie de rito que los indios hacían a sus ídolos.

Don Hamilton cuenta que los indios hacían reverencia a sus ídolos a través de una danza que era acompañada por tambores, pero a la llegada de los españoles la costumbre poco a poco fue desapareciendo.

Y aunque siempre a los indios se les permitía que emitieran sonidos con sus tambores, la danza debía ser dedicada a San Diego (traído por los españoles).

Desde entonces el baile quedó oficializado y dado que San Diego era un santo que tenía que ver con la bonanza de los cultivos, al interpretar el baile se utilizan ramas en señal de espanto de las plagas.

AREA PROTEGIDA

No en vano Ometepe ha sido declarada como un área protegida, y no sólo posee una rica historia, sino también gente muy dispuesta a aventurarnos en los cuentos curiosos que se entretejen en cada una de las cabezas de los isleños.

LA LEYENDA DEL "CHARCO VERDE" Y "CHICO LARGO"

- Esta famosa leyenda retoma el tradicional tema del pacto con el diablo por dinero. Otra versión más actual presenta un enfoque cultural y ambiental de “Chico Largo” como guardián de la identidad indígena y ecológica de Ometepe, según detallan Silvia y Luis Sierra, en un folleto emitido por el Proyecto Museo y Ecoturismo de la Fundación Entre Volcanes.

- La primera versión, señalan, es que en “Charco Verde” vive “Chico Largo”, quien compra la vida de la gente con un pacto. Les brinda bienestar material durante un tiempo, pero tarde o temprano les cobra la deuda con la vida del sujeto que es convertido en ganado.

- Otra versión, la de don Hipólito Cerna, de Moyogalpa, señala a “Chico Largo” como un guardián de tradiciones. Dice que éste era hijo de mama Bucha o Tiburcia y descendiente del Cacique Nicarao, pero que los españoles lo bautizaron como “Chico Largo”.

- Refieren que “Chico Largo” es un viejo indígena que cuida la tumba del Cacique Nicarao, cuyos restos descansan en algún lugar de “Charco Verde”. “Chico Largo” además cuida del bosque, sus animales, peces, cusucos, es el primer protector de la naturaleza de Ometepe.
 

 
 
 

 El Nuevo Diario 
                         Miércoles 29 de Diciembre de 1999 | 
             Leyendas sobre mundos subterráneos, chamanes y OVNIs
              Ometepe: La isla del fin del mundo
              Amplio reportaje publicado en la revista Año/Cero
              Presentación

 
              La revista española Año/Cero, edición Año X/No.04-0104-09 dedicó
  un reportaje especial de cuatro páginas a nuestra bella y enigmática Isla de Ometepe. Año/Cero es una publicación mensual que a través  de investigaciones periodísticas da a conocer los misterios y  fenómenos encontrados alrededor del mundo. Miguel Blanco visitó
              Nicaragua para descubrirnos Ometepe, isla lugar donde se mezclan  misteriosos grabados, mundos subterráneos y avistamientos OVNI.
              —Miguel Blanco.—
                 Managua
              Objetos imposibles que sugieren una tecnología sofisticada en el pasado,  leyendas sobre mundos subterráneos, chamanes, OVNIs que surgen de las entrañas de un volcán y extraños petroglifos, que AÑO/CERO ha podido fotografíar en exclusiva, constituyen las escalas de un insólito viaje  hasta un lago emplazado en Nicaragua para conocer los secretos de
  Ometepe, "la isla del fin del mundo". 

              "Los coches no podrán pasar. Imposible. Ni siquiera los todoterreno. Sólo es posible ir a caballo y después hay que seguir a pie". Nuestro guía había sido muy explícito. Si queríamos ver aquellos misteriosos grabados,  ocultos por los nativos a las miradas indiscretas de los extranjeros,  debíamos alquilar caballos o prepararnos para una larga caminata. 

              Cuando, horas después, nos adentramos en los espesos bosques de la  hacienda El Porvenir, en las faldas del volcán Maderas, comprendimos las advertencias de nuestro guía. El acceso al lugar donde se encuentran los grabados hubiera resultado imposible sin la ayuda de un experto conocedor del terreno. 

              A pesar de ello, y de lo intrincado de los caminos de la isla, no se ha podido mantener intacto este tesoro arqueológico. En los últimos años, algunas de estas misteriosas piedras han sido robadas, encontrándose en la
   actualidad en paradero desconocido. 

              Tal vez por esa razón, los isleños han optado por ocultar la mayoría de los petroglifos. Y cuando terminamos de estudiar los grabados, esculpidos por manos desconocidas, nuestro guía los iba cubriendo con hojas y ramas.

Sólo alguien que, como él, había nacido y vivido en aquellos bosques toda
 su vida, podría volver a ubicar la situación de cada petroglifo. 

              Pero estas enigmáticas piedras constituyen sólo uno de los misterios de Ometepe, esa "isla del fin del mundo" incógnita y salvaje. Otros enigmas fascinantes nos aguardaban todavía entre aquellos inaccesibles volcanes. 

                           Desde tiempos remotos, el Maderas fue un enclave sagrado conocido como Coatlán, lugar del Sol o lugar donde vive el Sol, mientras que el Concepción era denominado Choncoteciguatepe, hermano de la Luna. 

              En las faldas de ambos volcanes se realizaron todo tipo de rituales
 mágicos. En bosques junto a los ríos Tichaná y Buen Suceso, y en otros enclaves mágicos, los aborígenes de Ometepe practicaban una religión  politeísta. 

              Sus calendarios, ingeniosamente grabados en algunos petroglifos, constaban de 18 meses de 20 días, sumando años de 360 días. 

Según su creencia, cada 52 años (período que coincide con ciclos sagrados de otros pueblos como los dogon) se producía una crisis cósmica, por lo que acostumbraban a almacenar alimentos y agua a la espera de esos  altercados cósmicos con los que estaban vinculados los eclipses, que conocían bien. 

Y lo cierto es que las continuas invasiones de distintas tribus indias que padecieron los isleños fueron relacionadas por éstos con esa clase de catástrofes cósmicas. 

              Los aborígenes de Ometepe ya incluían el concepto del alma en sus creencias, así como la vida en el más allá e incluso una forma de reencarnación. Su rico panteón estaba repleto de dioses: Xochipillo, diosa de la alegría; Catligüe, diosa de la fertilidad; Mixcota, dios del comercio; Ecatl, dios del aire; Migtanteot, dios de la muerte; Tlaloc, dios de la tierra, etcétera; deidades que solían representar como ídolos de piedra o cerámica, a los que siempre colocaban las fauces de un jaguar, animal sagrado amo de la Tierra. 

              Los dioses, según la tradición, se alimentaban de sangre humana, y vivían en las regiones donde sale el Sol. Y la verdad es que no pudimos evitar un extraño escalofrío al descubrir, en las faldas del Madera, un antiquísimo petroglifo que representa al inquietante Miganteot, dios de la muerte, un ser de cabeza redonda y ojos grandes amenazadores. 

              MAPAS AEREOS 

              Los dioses están también representados en grandes estatuas desperdigadas por toda la isla. En ellas apreciamos a Cochipilli, diosa de  la Alegría; Tescatlipoca, dios del Mal, etcétera, tocados con unos sugerentes cascos que, sin duda harían las delicias de Erich von Dániken.

Dichos monumentos, no obstantes, son muy posteriores a los grabados petroglíficos. Estos, según diversas dataciones científicas, se sitúan en  torno al año 300 d.C. 

              Pero los extraños grabados no son exclusivos de la isla. Se encuentran  además, en San Marcos, Altagracia o La Palma y, lo que es más  importante, en el interior de algunas haciendas privadas, como la de El
  Porvenir, propiedad de la familia Bolaños  , que amablemente nos permitió estudiar los  grabados. 
 
 
 

              Estos grabados presentan además, imágenes muy sugerentes, como unos  extraños animales desconocidos en la isla, lo que supone un nuevo enigma  en torno a cuál fue la fuente de inspiración de los artistas. 

Para estudiosos como Manuel Hamilton Silva, "por medio de estos petroglifos inferimos que nuestros abuelos Chorotegas y Niquinianos ya tenían un alto grado de cultura y organización". 

              Sin embargo, no podemos pasar por alto uno de esos petroglifos en concreto. Se trata de un conjunto de dos espirales unidas entre sí. El grabado probablemente no nos resultaría extraño en cualquier otra parte del mundo pero, tras mostrárnoslo, el guía dirigió nuestra atención hacia un monumento, ubicado en la localidad de Moyogalpa, que reproduce una  maqueta de la isla. 

              Al comparar ambos, petroglifo y maqueta, se debe reconocer una cierta  -aunque probablemente casual- similitud. Los campesinos llaman a ese petroglifo el mapa, por considerar que se trata de una vista de la isla de Omepete desde el aire. 

              Evidentemente, no se han parado a pensar en que hace 1.700 años no era posible sobrevolar la isla para hacer un mapa de la misma desde el aire..
              ¿o tal vez sí?. 

              OBJETOS IMPOSIBLES 

              En Altagracia, visitamos el Museo Arqueológico de Ometepe, donde nos esperaba Maira Gómez, responsable de las instalaciones. Nuestro  principal interés era poder ver uno de esos objetos imposibles que parecen sugerir que los antiguos habitantes de la isla poseían unos conocimientos tecnológicos insólitos para una civilización supuestamente primitiva. 

En la región de San José del Sur se descubrió durante una excavación arqueológica un artefacto particularmente extraño. 

              "Nosotros lo hemos catalogado -nos explicó Maira Gómez- como utensilio óptico para la observación astronómica". Se trata de un objeto de unos 25 centímetros de diámetro, con forma de lenteja, del que sobresalen dos tubos cilíndricos de unos 10 centímetros de largo por 3 de ancho. 

              Por el otro lado, el cuerpo de eso prismático primitivos presenta varios  orificios aparentemente dispuestos para facilitar la observación de los astros. 

Lo más insólito es que, según los informes arqueológicos, esos  prismático estarían construidos entre el año 450 y el 500 d.C. ¿En qué podrían haberse inspirado los antiguos aborígenes para idear este ingenio óptico?. 

              Precisamente en la zona donde se descubrió este artefacto, San José del Sur, existen leyendas y mitos extremadamente sugerentes. La imaginería popular ha llegado a fabular una relación entre la isla y el mismísimo  Jesucristo. De hecho, el arte rural ha plasmado en algunas obras pictóricas del nacimiento de Cristo con los volcanes Maderas y Concepción al fono una resplandeciente estrella de Belén brillando sobre ambas cumbres. Y es  que sigilosas estrellas y objetos luminosos de todo tipo han sido avistados sobre la isla desde hace tiempo. 

              No se trata sólo de avistamientos de OVNIs y luces más o menos extrañas cruzando los cielos. Entre los testimonios de los lugareños que  pudimos recopilar, relatos que nunca antes habían trascendido sus  fronteras, destacan casos extremadamente sugerentes. Algunos de ellos hacen referencia a misteriosas esferas luminosas, "como la luna llena", entrando y saliendo de las lagunas de la isla. Dichas masas acuáticas están
 rodeadas de todo tipo de leyendas. 

              Pero, al margen de los relatos, los cierto es que sorprendentes avistamientos OVNIs se han producido en algunas de ellas. Pues bien, un
  sábado, en pleno verano, se produjo un insólito acontecimiento en esa  laguna.

              Eran aproximadamente las ocho y media de la noche cuando desde toda la  isla pudo observarse un gran resplandor. Podemos imaginar el terror que embargo a los habitantes al observar un fenómeno como éste en la cumbre de uno de los volcanes. 

              El Concepción tuvo su última erupción en 1957, y algunos isleños aún  recuerdan aquella noche de fuego y muerte. Afortunadamente, el resplandor que salía del Maderas no era el preludio de una nueva erupción, sino de algo extraño y desconcertante. 

              OVNIs EN LA MORADA DE LOS DIOSES. 

              Eduardo Emilio Gómez, uno de los testigos entrevistados por AÑO/CERO, observó el incidente desde la población de Moyogalpa:
              "Después del resplandor -explica Eduardo- vimos salir una enorme esfera de luz blanca del interior del volcán. Empezó a subir y subir, sin hacer
  ruido, hasta que se perdió entre las nubes..". 
Recordamos entonces que, desde tiempos inmemoriales, aquellas cumbres habían sido considerados morada de los dioses. De hecho, como ya hemos mencionado con anterioridad, el nombre Nahualt del Madres, Coatlán, significa literalmente lugar del Sol o lugar donde vive el Sol. Pero, ¿qué tipo de sol vive en ese volcán?. 

              Aquella misteriosa esfera, que surgió de la laguna del Coatlán, y el resplandor que la precedió, fueron observados desde prácticamente toda la isla. A la mañana siguiente, un grupo de audaces campesinos escaló hasta la cima del Maderas para investigar lo sucedido, pero no encontró  ninguna pista que pudiese identificar la naturaleza de aquel extraño objeto que había surgido de las entrañas de la laguna volcánica. 
 
 

              Todo son enigmas en Ometepe. Ignoramos el origen de los insólitos conocimientos astronómicos de sus remotos antepasados. Poco o nada  sabemos acerca del significado de sus misteriosos pertroglifos... Sin  embargo, algo en estas tierras nos invita a soñar con paraísos remotos, con mundos desconocidos que quizá permanezcan aún aquí, entre los frondosos bosques, majestuosos volcanes y recónditas lagunas de la isla del fin del mundo. 



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