MUSEOS Y GALERIAS DE NICARAGUA

ARCHIVO HISTORICO DIOCESANO DEL COLEGIO SAN RAMON LEON NICARAGUA
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Jorge Eduardo Arellano 
SINTESIS HISTORICA DE 
La UNIVERSIDAD DE LEON"
Por CARLOS TUNNERMANN BERNHEIM
 
TOMAS AYON
JORGE EDUARDO ARELLANO
Sofonías Salvatierra: "La fundación del Seminario (San Ramón) y la Universidad (de León)", 
en Contribución a la historia de Centroamérica, Monografías documentales. 
Tomo II. Managua, Tipografía Progreso, 1939, 

JORGE EDUARDO ARELLANO
RESEÑA HISTORICA DE LA UNIVERSIDAD DE LEON, NICARAGUA
editorial universitaria 1988
Leon, Nicaragua-Centroamérica
 
 

PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES
Presentación 

 
En 1973 y 1974 salió a luz, en dos tomos, la Historia de la Universidad de León, Epoca Colonial y Epoca Moderna y Contemporánea, 513 pp., escrita por Jorge Eduardo Arellano, publicada por la Editorial Universitaria de la UNAN, la que se encuentra agotada desde hace años.

Las limitaciones impuestas por la agresión imperialista no han permitido su reimpresión; no obstante, solicitamos a Jorge Eduardo Arellano que elaborara una síntesis por considerar que las nuevas generaciones deben conocer la historia de la máxima Casa de Estudios del país y con la idea de publicarla -como en efecto se hace- en 1988 en que la comunidad educativa conmemora el XXX Aniversario de la Autonomía Universitaria.

En esta Reseña Histórica de la Universidad de León, Nicaragua (2a. edición abreviada), su Autor ha conservado -extractada- la introducción que el Rector Dr. Carlos Tünnermann B. hizo en la primera edición; redujo las excesivas notas al final de cada capítulo y eliminó algunos del primer tomo que amplió en otros libros. Sin embargo, Jorge Eduardo Arellano ha conservado inalterable en esta reseña la letra y espíritu de aquella Historia.

León, Julio de 1988.
 

OCTAVIO MARTINEZ ORDOÑEZ Rector

Si bien sobre la historia de la Universidad de León, existen varios ensayos, como los de los doctores Juan de Dios Vanegas, José H. Montalván y Nicolás Buitrago M., y también hay importantes referencias en las obras generales que sobre la historia de Nicaragua debemos a Ayón, Gámez y Salvatierra, lo cierto es que hasta el momento no se había escrito un trabajo que abordara, de manera sistemática, el desenvolvimiento de nuestra más ilustre institución cultural.

Al carácter fragmentario de los estudios hasta ahora publicados quizás se deba que ciertos períodos de la historia de la Universidad hayan quedado un poco en la penumbra, sin recibir el tratamiento adecuado. En algunos casos, se advierten también algunas contradicciones entre los autores en cuanto a los datos que proporcionan.

Se hacía, pues, muy necesaria la redacción de una obra que aprovechando todas la fuentes disponibles, retomara el hilo de la historia de la Universidad y nos ofreciera, mediante una rigurosa ordenación de los datos, un panorama, lo más completo posible, del devenir de nuestra más alta Casa de Estudios.

Convencido de la importancia de un estudio de tal naturaleza, me permití proponer el proyecto a la Junta Universitaria de nuestra Universidad sugiriendo, a la vez,la designación del joven historiador nicaragüense, Jorge Eduardo Arellano para que se le confiara la tarea, dadas sus conocidas capacidades en este campo. La honorable Junta acogió mi propuesta y el señor Arellano inició, con singular estusiasmo, la preparación de la obra en el mes de septiembre de 1971.

La Rectoría puso a disposición de Arellano la bibliografía recopilada hasta entonces sobre el tema, así como también copia de la valiosa documentación que sobre la historia del Seminario Conciliar de San Ramón y de la Universidad de León se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla, obtenida por intermedio del eminente investigador nicaragüense doctor Carlos Molina Argüello, profundo conocedor de ese Archivo.

El serio esfuerzo realizado por Arellano para cumplir con su compromiso superó todas las espectativas. Habiéndosele encargado la preparación de una historia de la Universidad de León, desde sus orígenes en el Colegio Seminario de San Ramón hasta el año de 1947, fecha en que se transforma en Universidad Nacional, nos ha entregado, como fruto de su exhaustiva labor, una excelente obra dividida en dos tomos: el primero referido a la época colonial y el segundo desde la independencia hasta 1947.

Este primer tomo, que hoy ve la luz pública, se inicia con un capítulo dedicado a reseñar la situación cultural de la provincia de Nicaragua en la época colonial y, específicamente, durante los años anteriores a la fundación del Colegio Seminario de San Ramón Nonnato. Tras ese bosquejo, continúa con otro capítulo sobre la evolución de la más alta Casa de Estudios que existió en la Capitanía General de Guatemala.

Siendo que el Seminario Conciliar de San Ramón Nonacido o Colegio Tridentino, eregido en 1680, fue el germen de la Universidad de León. Arellano examina los antecedentes que condujeron a su establecimiento: el mandato del Concilio de
Trento y el despacho de la Audiencia de Guatemala del 16 de octubre de 1679 urgiendo a los obispos de León y Comayagua para que procedieran a cumplir el aludido mandato; las providencias que, con ánimo ejemplar, adoptó el obispo de León, el mercedario Fr. Andrés de las Navas y Quevedo para obedecerlo; por ello dispuso donar dos casas en cuya reparación invirtió, de sus fondos personales, más de quinientos pesos. 
 

Jorge Eduardo Arellano 
CONVENTOS Y CENTROS DE INSTRUCCION EN LA EPOCA COLONIAL

Encargada de la enseñanza por tradición medieval, la iglesia desarrollaba en los conventos del Nuevo Mundo labores educativas. Aunque reducidas a un nivel inferior --catequización, primeras letras y, a veces, música- debemos partir de ellas para tener un panorama completo de los antecedentes culturales de Nicaragua en la época colonial.

*** 


EL CONVENTO DE LA MERCED EN LEON VIEJO
El primer convento de la provincia fue fundado en León Viejo en 1528 por los mercedarios que trajo el gobernador Pedrarias Dábila o, para ser exactos, por el Provincial de la Orden de la Merced Fr. Francisco de Bobadilla. 

Tanto su iglesia como la "residencia" eran de paja. Sin embargo su primer superior, Fr. Diego de Alcaraz, después de presenciar el incendio que hizo desaparecer ambos "edificios", construyó un nuevo de piedra, ladrillo y techo de teja, cuya Iglesia constaba de tres naves y varias danzas de arcos blanqueados con cal. 
 

A dicho convento se refiere el Alcalde Mayor Francisco de Castañeda en su carta al Rey sobre la muerte de Pedrarias y sus consecuencuencias, fechada el 30 de Mayo de 1531. 

"En esta ciudad de León -escribe- hay un monesterio de Nuestra Señora de la Merced". (1) Y en Octubre de 1539 Fr. Sebastián de Betanzos, uno de sus primeros pobladores, pide regresar a él y que le dejen traer dos esclavos negros, uno albañil y otro carpintero.(2) De las primeras construcciones "al uso de España", 

Este monasterio tuvo encomendado desde su fundación los indios de Mabitia (sic) o Moabite y sus religiosos sirvieron en la iglesia Catedral que había quedado desamparada al marcharse al Perú sus cuatro capellanes, dejando solamente al Obispo Diego Alvarez Osorio y al sacristán Cristóbal García. Casi un siglo más tarde fue trasladado y levantado con su iglesia en la nueva ciudad de León, a ciento cincuenta varas al norte de la catedral. (3)
 
 

Jorge Eduardo Arellano

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1. "Carta a S(u) M(ajestad) del Licenciado Castañeda... 
en Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. Año I, Tomo I, Num. 2, diciembre, 1936, p. 230.

2. Andrés Vega Bolaños :Documentos para le historia de Nicaragua. Tomo VI, Madrid, Imprenta y Litografía Juan Bravo, 1955, pp. 59-60; transcrito por Eduardo Pérez Valle en "Vida cotidiana de León Viejo" (Educación, Núm. 19, enero-febreromarzo, 1962, p. 20).

3. Nicolás Buitrago Matus : León, la sombra de Pedrarias. Suplemento de Revista Conservadora, Núm. 25, octubre, 1962, p. 45.

 


Pero, como lo subraya el autor, no paró ahí el celo del obispo fundador: redactó las constituciones para el buen gobierno del nuevo centro; gestionó una pensión de las Reales Cajas para su sostenimiento; le cedió parte de sus diezmos y se encargó personalmente de cobrar las contribuciones que, por disposición del Concilio, debían hacer todos los curatos de la diócesis. Semejante solicitud en la fundación del primer centro regular de enseñanza que existió en Nicaragua confiere al obispo de las Navas y Quevedo especial relevencia en la historia de nuestro desenvolvimiento cultural.

El ejemplo del obispo de las Navas y Quevedo fue seguido por otros sobresalientes prelados, a quienes Arellano dedica capítulo especial como benefactores del Colegio Seminario. Y luego, en el siguiente, se refiere a los primeros nicaragüenses que obtuvieron grados universitarios, Como éstos no podían obtenerse en el Colegio Seminario de León, los Jóvenes se veían precisados a abandonar sus hogares y emprender largo viaje hacia la capital del Reino para colmar sus ansias de saber en la famosa Universidad de San Carlos de Guatemala, la única que existía en la Capitanía General.

Capítulo importante de la obra es el que Arellano consagra a señalar la influencia de la Ilustración, en Centroamérica. Para la historia del desenvolvimiento de las ideas, en los albores de nuestra cultura, es de particular interés lo que Arellano expone.
 

1.1.2. OTROS CONVENTOS DE MERCEDARIOS

Durante el siglo XVI los mercedarios fundaron conventos en Natividad (Honduras), Nueva Segovia y Granada.

Los dos primeros fueron arruinados por un fuerte temblor en 1656 y el tercero, una de las cosas más notables que vio el viajero Tomás Gage en 1637, aún funcionaba a comienzos del siglo XIX.(4) 

Otro convento de mercedarios, fundado a principios del siglo XVII, fue el del puerto de El Realejo.(5) Finalmente, como lo prueba una escritura del 28 de Enero de 1704, los mismos frailes tenían en Posoltega otro Convento llamado "Nuestra Señora de las Mercedes Rendención de Cautivos".
 
 
 
 

Jorge Eduardo Arellano

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4. El decreto del 8 de octubre de 1830 -que abolió los establecimientos monásticosrefiere la existencia de este convento; véase a J.C. Vcaza Tigerino y Joaquín Cuadra Ch. :Derechos Naturales del Individua Managua, Editorial El Mensajera de Jesús (s.a.: 1939), p. 14.

5. Así lo refiere Antonio Vázquez de Espinosa, quien pasó por esa villa en 1613, en su Compendio y Descripción de las Indias Occidentales; tal información se encuentra en Chinandega (Managua, Tipografía Heuberger 1963) de Ramón Romero, quien reproduce gran parte de las páginas dedicadas a Nicaragua por dicho cronista. 


 

El ansia de saber, que caracterizó al siglo XVIII español con el advenimiento de la Casa de Borbón, se extendió a las colonias americanas. En el Reino de Guatemala se concreta la célebre "Sociedad Económica de Amigos del País".

Pero la ilustración -como advierte Arellano- era un fenómeno europeo que tenía su centro en Francia. Más que en otra parte, allí el hombre del viejo mundo -insatisfecho de su vida tradicional- tendió por mera inquietud científica o humana a cosmopolitalizarse, a fundir todos los testimonios y noticias sobre las razas y los pueblos como en una ciencia de la humanidad.

En él funcionaba un racionalismo investigador que le permitía definirse no como francés, ni como español, sino COMO hombre universal". De esa toma de conciencia, como observa Arellano, brotó la Enciclopedia, resumen de la sabiduría del intelectual del siglo XVIII. En España, el enciclopedismo francés se transforma en el despotismo ilustrado, que si bien participa del mismo " estado de espíritu" no llega al ateísmo de los franceses. 

Participando de "una actitud de conciencia fundamentalmente cartesiana, animado por la misma fe en el hombre y el progreso", el despotismo ilustrado español, aceptó el poder absoluto del Rey, aunque racionalizado, y "se manifestó en un reformismo económico y social de arriba hacia abajo y en un exagerado filantropismo de carácter personal".
 

Las nuevas ideas comenzaron a circular y a ganar adeptos en las colonias americanas, a raíz de las ordenanzas liberales de Carlos 111: 'La misma España -señala Arellano paradójicamente, sembraba las raíces ideológicas de la independencia". 

Arellano traza así los ragos del ilustrado de aquella época: 
 

" La mayoría de los ilustrados, en actitud hostil hacia la escolástica, preferían la autoridad de la Razón (así con mayúscula) como base ideológica; y todos ellos, con decidida tendencia al cambio, profesaban una fe optimista en el progreso y en la destrucción de la ignorancia para lograr la reforma de los individuos y, en consecuencia, la de la sociedad".
 
 
1.1.3. LOS CONVENTOS DE FRANCISCANOS Y SU PROVINCIA DE SAN JORGE DE NICARAGUA
Los franciscanos, por su lado, establecieron conventos en León Viejo y en Granada. De los moradores del primero informa escuetamente Castañeda que eran "dos (religiosos) de (la orden de) San Francisco' con intenciones de abandonar Nicaragua, lo que hicieron al poco tiempo. 

El de Granada, o de la Concepción, fue fundado en 1529 por Fr. Toribio de Benavente Motolinia; como dominaba la lengua náhuatl, este fraile puso "especial cuidado en el bautismo y conversión de los niños". Motolinia se fue a Guatemala, y sus compañeros, al trasladarse a otras conversiones de Tierra Firme, también abandonaron su convento de techo pajizo y paredes de caña que seria habitado, según el cronista de la Orden Francisco Ximenez, por "religiosos de nuestro Padre Santo Domingo". 

Pero algunos franciscanos permanecieron en la ciudad, como Fr. Juan de Gabaldo o Gandabo que se hallaba todavía en 1536 trabajando con Fray Francisco de Aragón. La provincia (franciscana) de San Jorge de Nicaragua, fundada en 1550 por Fr. Juan de Betanzos, tuvo de primer maestro provincial a Fr. Pedro Ortiz -electo en 1580- y en 1587, doce conventos y sesenta y siete frailes; en 1680, catorce conventos y ciento cuarenta frailes; y en 1700, igual número de conventos y ciento cuarenta y ocho frailes .(6) "En forma decente y regular", Fray Pedro de Zúñiga edificó en 1639 el convento franciscano de León; y, entre los más importantes de la provincia, estaban el de la Asunción de El Viejo, el de Santiago en Jinotepe, el de la Concepción en Rivas y el de San Antonio en El Realejo. 

En el de Granada, Cabeza de la provincia y de habitaciones bajas -sin claustro, en cuadros y bien dispuestas con " el recreo de la laguna" que se divisaba desde lo alto de la celda principal- residían, en 1750, veinte frailes. (7)

 
 
 

Jorge Eduardo Arellano

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6. Demetrio Pérez Ramos :Historia de la colonización española en América. Madrid, Ediciones Pegaso, 1947, p.467.
7. Pedro Agustín Morel de Santa Cruz: Visita apostólica, topográfica, histórica y estadística de los pueblos de Nicaragua y Costa Rica libro del mes de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Núm. 87, julio, 1967, p. 6. 


 

'Volviendo a la historia de nuestro Seminario Conciliar de San Ramón, Arellano subraya la fecunda labor desplegada por su más insigne Rector el Padre Ayesta. 
 

EL CONVENTO DE SAN PABLO DE LOS DOMINICOS 
Y SU PROVINCIA DE SAN VICENTE DE CHIAPAS Y GUATEMALA

Como lo recomendaba uno de los puntos de la instrucción que recibió el obispo Diego Alvarez Osorio, el dominico Fr. Diego de la Loayza fundó en León Viejo un tercer monasterio -sostenido por una encomienda concedida por Pedrarias- del que también habla Castañeda, pero tuvo que partir y lo dejó en manos de un capellán. 

Cuando llegó en 1532, Fr. Bartolomé de las Casas pudo ocuparlo y darle el nombre de San Pablo "con todas las ceremonias acostumbradas". Ocupantes asimismo del convento franciscano de Granada, los dominicos aprendieron la lengua mangue y catequizaron a los indios; en junio de 1535, sin embargo, dejaron el convento de San Pablo "solo, sin imágenes, ni retablo, ni cose alguna". 

Diez años después se fundó la provincia dominica de San Vicente de Chiapas y Guatemala que tenía cinco conventos, incluyendo el de Nicaragua ya repoblado. 

A pesar de que en 1545 los dominicos deseaban abandonarlo por haber perdido una encomienda y refugiarse en él un pendenciero de apellido Valle, cuñado del obispo Fr. Antonio de Valdivieso, el convento gozaba de regular prosperidad y hasta se decía que era rico. Remesa) elogia a sus ocupantes: "eran de tanto provecho como con su doctrina, vida y ejemplo -afirma de ellos-, como los que en esta parte más se aventajan en todas las Indias".(8) El convento de San Pablo era, como refiere el mismo cronista, "grave, de buenos edificios, de tanta religión y observancia" En 1552 lo visitó el Provincial Fr. Tomás de la Torre, quien encontró "que todos (sus religiosos) sabían muy bien la lengua de la Provincia y aprovechaban a los naturales: en Granada -agrega Remesal- había otros tantos de la misma calidad; y todos eran en lo substancial de la religión muy buenos frailes".

En 1554 el Vicario Provincial Fr. Juan de Torres, al querer aplicar rigurosamente ciertas disposiciones, obligó a desertar a los frailes de los dos conventos: el de San Pablo y el de la Concepción de Granada. Arrepentido, volvió a restaurarlos, fracasando en su empresa, pues falleció en un pueblo del río San Juan y por esa razón sus compañeros se fueron de Nicaragua.

 

La primera preocupación del Rector fue tratar de superar las grandes limitaciones económicas de que adolecía el Seminario desde hacía! más de un siglo, con grave perjuicio para la enseñanza.

En 1803 habían dejado de existir las cuatro cátedras creadas y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre ellas la de Medicina y Cirugía. 

De ahí que el Rector se dedicara a buscar recursos para la dotación de las cátedras, la reparación y ampliación del edificio, la adquisición de mobiliario, el enriquecimiento de la biblioteca, etc. 

Todo esto sin descuidar el mejoramiento de la disciplina de los colegiales y el auspicio constante de actos literarios, que contribuyeron al despertar intelectual de la provincia. Después vendrían sus infatigables gestiones para que se autorizara al Seminario a impartir grados menores, con miras a transformarlo en Universidad.

El extraordinario impulso que el Seminario recibió durante el rectorado de Ayesta lo hizo constituirse, como apunta Arellano, en el segundo foco académico de la cultura colonial en Centroamérica.

Significativo fue también, entre los esfuerzos de esos años, el aporte renovador del Pbro. doctor Tomás Ruiz, mentalidad auténticamente ilustrada, que trató de superar la enseñanza tradicional que predominaba en el Seminario. 
 
 

LIV - CONDILLAC
. Este filósofo nació en 1715 y murió en 1780. Observa con minuciosidad, clasifica con método, expone con lucidez, pero su pensamiento es poco profundo. 

La doctrina de Locke no pareció a Condillac bastante sensualista. La reflexión, que el filósofo inglés combinaba con las sensaciones, la miró el ideólogo francés como inútil complicación del sistema; 

en su concepto no hay dos orígenes de nuestras ideas, sino uno solo: la sensación. 

La reflexión, en su principio, no es otra cosa que la sensación misma, y es más bien un canal por donde pasan las ideas que vienen de los sentidos que el manantial de ellas. Todo cuanto hay en nuestros fenómenos internos no es más que la sensación, o primitiva o transformada. La superioridad pertenece al tacto.

Condillac hizo un esfuerzo por hacernos palpable su sistema ideológico, y he aquí cómo pretende conseguirlo. Imagina una estatua organizada como nosotros, animada de un espíritu, pero sin idea alguna, y le supone un exterior todo de mármol que no le permita el uso de ningún sentido, reservándose abrírselos el filósofo según lo creyere conveniente. 

Empieza en seguida por abrirle el olfato, porque le parece que éste es uno de los más limitados en orden a la producción de los conocimientos, y continúa luego por los demás; los considera aislados y en conjunto, observa lo que cada cual da de sí, y por fin se encuentra con el satisfactorio resultado de que la estatua, sin más que las sensaciones, va adquiriendo deseos, pasiones, juicio, reflexión; en una palabra, todo cuanto hay y puede haber en el corazón, en la fantasía, en la voluntad, en el entendimiento. Son admirables los progresos que hace la estatua, hablando Condillac por ella, como se supone.

 Tan fecundo es semejante método de observación que el filósofo francés llegó a mirar como inútil el supo ver que el alma reciba inmediatamente sus facultades de la Naturaleza; basta que se nos den los órganos para advertimos por el placer y el dolor de lo que debemos buscar o huir; con dos resortes tan sencillos la obra del espíritu humano se hace por sí misma; la experiencia sensible nos produce las ideas, deseos, hábitos, talentos de toda especie. 

Condillac, metido dentro de su estatua, habla como un oráculo; se conoce que los ideólogos anteriores le parecían caviladores frívolos; tiene una indecible satisfacción al ver que todo lo aclara con la antorcha de su nueva teoría. Platón, San Agustín, Malebranche, tenían mucha dificultad en explicar la idea del número; Condillac lo extraña, y en dos palabras les señala el camino para salir del apuro; esos hombres habían creído que en la idea había algo superior a lo sensible; esto no es así; la idea del número sólo encierra sensación: la dificultad queda solventada.

 Esta doctrina adquirió por breve tiempo aquella popularidad que, por ser adquirida con demasiada prontitud, deja sospechar la escasez de su fundamento y hace presumir lo endeble de su duración. 

Así ha sucedido, y si Condillac resucitase tendría el doble desconsuelo de ver las funestas consecuencias que por de pronto se sacaron de su doctrina y el que en la actualidad su sistema ha caído en un profundo descrédito en toda Europa, incluso en Francia. (V. Filos. fund., lib. IV, caps. I y II. —Ideología, cap. I.)
Historia de la Filosofía  - Jaime Balmes 
Capítulo LIV - CONDILLAC
Capítulo LIII - Hume                                                                                                       Capítulo LV - Kant
 

En su clase de Filosofía,  el Pbro. doctor Tomás Ruiz, impartía a Condillac. La presencia de Ruiz en el Seminario, del que fue Vice Rector por cinco años, hizo posible que el espíritu de la ilustración vivificara las aulas del antiguo Seminario. Desde su cátedra el prócer esparció la nueva ideología, que debía rápidamente prender en varios de sus alumnos más brillantes. 

Uno de ellos fue el célebre bachiller Francisco Osejo, natural de Subtiava, quien llevó estas ideas a Costa Rica, donde fue el animador de las ideas independentistas. Por ellas el Ayuntamiento de Cartago le llamó "genio inquieto y perturbador". "Por lo visto -afirma Arellano- Ruiz divulgó en el Seminario una corriente de pensamientos distinta de la tradicional que no hizo variar su estructura; a pesar de ello, fue recogida por algunos discípulos que salieron del estrecho círculo del escolasticismo, nutriéndose de nuevas doctrinas".

Pero, con todo y el florecimiento que el Seminario alcanzó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, carecía aún de la facultad de conferir grados universitarios. Por eso el Rector Ayesta inició gestiones ante la Corona para que se autorizara al obispo de la diócesis a conferir grados mayores y menores, a- los alumnos del Seminario. Pero la autorización se limitó a grados menores contrariando así, en gran medida, los anhelos del Rector Ayesta, que ambicionaba los grados mayores. 

Sin embargo, algo se había logrado en beneficio del Seminario. Para dar relieve al acto de recepción de la Real Cédula, el Rector dispuso celebrar una misa solemne con asistencia del claustro y de las principales autoridades de la ciudad, durante la cual hizo uso de la palabra, con su reconocida elocuencia, el doctor Tomás Ruiz, Vice-Rector, del Seminario y Catedrático de Filosofía.

La Universidad menor recibe la protección de los obispos Vílchez y Cabrera y García Jerez. A la muerte de Ayesta, a mediados de 1809, correspondió al obispo García Jerez, promovido a Gobernador Intendente de la Provincia, continuar las gestiones encaminadas a convertir en Universidad completa "ta media que funcionaba en el Seminario".
 
 


 LOS CONVENTOS DE JESUITAS

En Granada y el Realejo hubo conventos de jesuitas a comienzos del siglo XVII. Siempre en la misma ciudad, y también por esos mismos años, Gage enumera uno de religiosas; y Domingos Juarros, en los finales de la colonia, añade otro de la orden de San Juan de Dios con su hospital.

Los anteriores no fueron todos los conventos coloniales de Nicaragua, pero sí los principales.

 

Mientras tanto, como puntualiza Arellano, se habían producido importantes acontecimiento políticos en la Península: la decadencia de la monarquía absolutista de los Borbones españoles llegó a su punto más crítico con la proclamación de de José Bonaparte como Rey de España y el cautiverio de Carlos IV y su hijo Fernando VII. Las Cortes de Cádiz, en las que predominó un espíritu liberal y constitucionalista, asumieron el gobierno en nombre de Fernando VII. 
 

1.2 CENTROS DE INSTRUCCION
Aparte de la enseñanza misional -existente en otros centros efimeros como "En la doctrina de Fr. Margil de Jesús junto d la Iglesia de Guadalupe en Granada- la instrucción que se impartía en Nicaragua, anterior a la erección del Colegio Seminario de San Ramón, se limitaba al aprendizaje de la doctrina cristiana y de los rudimentos de Aritmética y Gramática que incluía Caligrafía, Lectura y Escritura.

1.2.1. LAS ENSENANZAS DE LAS "DOCTRINAS"
En el. convento franciscano de la Concepción de Granada, como en el resto de los señalados, los indios recibían esa enseñanza. A uno de ellos, recién iniciada la conquista, se le dio oportunidad para educarse en España: en cédula del 17 de febrero de 1531 fue autorizado Juan de Simancas para llevarlo consigo.(9) Otra cédula de 1534 ordenó que los indios de cada pueblo edificasen las casas de los misioneros y que éstas, ocupadas en su conversión e instrucción, se anexaran a las iglesias y no pudiesen enajenarse ni ocuparse para otros usos; y, en la del 14 de noviembre de 1537, la Reina mandó al gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, a que construyera junto a la Catedral una escuela de doctrina para hijos de caciques.

No obstante esta preocupación real, la primera escuela para indios de León Viejo la fundó en 1542 el Obispo Fr. Francisco de Mendavia; la segunda fue creada treinta años después por otro Obispo, Fr. Gómez de Córdoba, el mismo que estableció escuelas de primeras letras en el Realejo, Granada y Nueva Segovia. Por último, la tercera escuela doctrinal de León Viejo surgió en 1580, a iniciativa del prelado Fr. Antonio de Zayas.
 
 
 
 

Jorge Eduardo Arellano

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8. También transcribe este texto de Remesa) el historiador dominico contemporáneo Fr. Julián Fuente en su obra Los heraldos de la civilización centroamericana. Reseña histórica de la provincia dominicana de San Vicente de Chiapa y Guatemala. Li bro del mes de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Núm. 94, julio, 1968, p. 40.

9. Andrés Vega Bolaños :Documentos para la historia de Nicaragua, Op. cit. tomo I I I; citado por Mauricio Pallais: La historia de Nicaragua a través de la educación, Managua, Editorial Nicaragüense, 1967, p. 14. Los datos siguientes del párrafo se toman de la mona fuerte.
 


 

En esas Cortes Centroamérica estuvo representada por Antonio Larrazábal, José Antonio López de la Plata y Florencio del Castillo. Estos dos últimos representaban a Nicaragua y Costa Rica y habían estado ligados al Seminario. Ante esas Cortes, a fines de 1811, envió su testimonio el obispo García Jerez pidiendo la erección de la Universidad. 

Estas, finalmente, expidieron el tan esperado decreto del 10 de enero de 1812 por el cual autorizan que el Seminario Conciliar de León de Nicaragua se erija en Universidad "con las mismas facultades que las demás de América". Se cumplían así los anhelos del Padre Ayesta, aunque éste no logró vivir para ver realizada su aspiración. Al obispo García Jerez le correspondió completar la obra de Ayesta y llevarla a feliz culminación.

El diputado por Nicaragua, José Antonio López de la Plata, pidió el cumplimiento inmediato de lo acordado por las Cortes, proponiendo, entre otras cosas, que la Universidad se llamara de San Fernando, en honor del Rey Fernando VII, y que se gobernara por constituciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Pero el 12 de febrero del mismo año, nos dice Arellano, el español Antonio de la Cuesta rindió un informe crítico sobre la situación del Setminario que por poco da al traste con la ejecución del acuerdo de las Cortes. 

En efecto, de la Cuesta aseguraba en su informe, entre otras cosas, que un solo catedrático enseñaba, en dos horas diarias, lógica, metafísica, aritmética, álgebra, geometría y Física, lo que sólo podía conducir a que sus discípulos adquirieran "nociones vagas y superficiales" de tal cúmulo de materias; que no podrían darse grados mayores ni menores en Filosofía ni en Derecho Canónico, "pues tomando en cuenta los textos que se leían en ésta (el Van Selvaglo y el Febeo) merecería el nombre de conferencia al aire libre sobre cualquier punto de la misma materia antes que el de una instrucción metódica, ceñida a los elementos de la ciencia como era indispensable". De la Cuesta llega incluso a decir, en su demoledor informe, que no concebía cómo podía autorizarse el conferimiento de grados menores en ciencias eclesiásticas siendo que "en la cátedra de Teología Moral se explica la Suma del Padre Larraga", texto que consideraba obsoleto e inadecuado.
 
 


 LOS JESUITAS EN EL SIGLO XVII

Ese mismo año desembarcó en El Realejo, proveniente del Perú, el jesuita Juan de la Plaza que se dirigía a México.(10) La Provincia era la primera del Reino de Guatemala que recibía a miembros de la Compañía de Jesús. Desde entonces hubo interés porque esa orden estableciera colegios en Nicaragua.

En 1616 los jesuitas de la ciudad de Guatemala, a instancias del Presidente de la Audiencia Conde de la Gomera, enviaron al Padre Pedro de Contreras para hablar con el Procurador de Granada Francisco Pérez de Castro sobre la fundación de un colegio. El Padre Contreras realizó antes una magnífica labor espiritual. 

Recibido por el Obispo Pedro de Villareal en un pueblo de indios, donde se detuvo tres días a conversar "materias tocantes al bien de los fieles ", escogió de posada el Hospital, predicó sermones (cuatro cada viernes y domingo), confesó a españoles e indios -.-"siendo corto el día para ellas (las confesiones), le era forzoso gastar gran parte de la noche"- e hizo "muchas obras de caridad", como revela en su Crónica Andrés Pérez de Rivas:
 

"Ocupóse también el Padre en el tiempo que allí estuvo, en ... reconciliar amistades, componer pleitos y obras semejantes con que ganó los ánimos de toda la gente, de suerte que no quisieran que el Padre saliera de aquellas tierras".


Mientras tanto el vecindario deseaba la fundación de una Casa -residencia. Pero el Padre Florián de Ayerve informó en 1618 a su provincial que no podía establecerse ni gobernarse bien un colegio en Granada. Por eso, después de varias solicitudes y respuestas negativas, los superiores ordenaron el retorno a Guatemala de la misión jesuita. 

Esta había organizado provisionalmente, sin embargo, un "pequeño colegió' que prepa raba a los aspirantes al sacerdocio.

Los vecinos volvieron a pedir, a través del ayuntamiento, la permanencia de los religiosos. A causa de esta súplica fervorosa, llegó en 1622 el Padre Luis de Molina -homónimo y sobrino del teólogo español- y fundó con otros jesuitas las residencias, o conventos, de El Realejo y Granada; mas, cuando planeaba la creación de una Vice-provincia, fue llamado por los superiores.

Con el ejemplo del modesto centro de instrucción de Granada. los vecinos de el Realejo abrieron otro de la misma categoría, sostenido por las rentas de Las Cosubinas, poderosas haciendas donadas por El Cura Vicario del Puerto Antonio de Grijalva. Al fundarse, el Procurador General de La Villa Felipe de Agüero presentó el 13 de Febrero de 1621 una exposición al Rey, en la que fijaba el carácter misional del "colegio" granadino, su inexistencia formal y los beneficios inmediatos que trajo:
 

"Con la venida de los padres de la Compañía (de Jesús) a la ciudad de Granada de esta provincia, a cierta misión en que han estado dos o tres años, toda esta provincia de Nicaragua recibió mucho bien y utilidad para su salvación y buenas costumbres... Y los hijos de los españoles que en ella nacen, que su ejercicio era en sabiendo andar, servaquerosy hombres de campo...después que vinieron dichos padres, se ha visto tan grande enmienda y mejoría aunque no han tenido colegio ni casa fundada, que unos eran ya muy buenos gramáticos y latinos, y los pequeños todos a una, políticos, bien criados y doctrinados en el cathecismo; de manera que se podía esperar de ellos grandes letras y virtud".


Tal vez no se pudo redactar parecida afirmación del "colegio" de El Realejo, pero en él se enseñaba lo mismo: lectura, escritura, catecismo y nociones elementales de gramática y Latín. Uno de sus profesores, el humilde Hermano Coadjutor Juan de Aldana, trasmitía "el temor santo de Dios, ayunaba tres veces a la semana, ejercitaba la caridad con los enfermos y tenía una especie de Farmacia con drogas y raíces de la tierra—. 

De este colegio salían misiones a las regiones aledañas; una de ellas, cerca de León, estuvo a cargo del Superior el Padre Alonso de Valencia, quien conocía la lengua de los indios y, al igual que a los Anales del colegio, envió la crónica de su misión a su Superior de México.

El colegio de Granada funcionó durante la misión jesuita, entre 1618 y 1620; y el de El Realejo también duró poco tiempo, pues en 1636 ya no quedaba de él resto alguno.(11) 

Por tal motivo el nivel de instrucción, salvo la impartida en el Colegio Seminario de León, siguó siendo inferior, equivalente a los primeros años de enseñanza primaria de hoy. Así León, en su nuevo asiento, tuvo otra escuela de primeras letras fundada por el Obispo Fray Benito de Baltodano en 1622. Y hasta el 13 de Abril de 1793, en instrucciones del Rey Carlos III al Gobernador Intendente José Salvador, se mandó abrir escuelas en los pueblos indios de la provincia.

 
 
 

J.E. Arellano
NOTAS:

10. Todos los datos de este apartado se hallan en el extenso artículo titulado "La Compañía de Jesús en Nicaragua" (El Diario Nicaragüense, Granada, jueves 13 de noviembre de 1941); en Jesuitas centroamericanos, Núm. 1, 1956 (folleto sin lugar ni imprenta ni páginas numeradas de una Asociación de amigos de los Jesuitas Centroamericanos) y en Salvador D'arbelles (: Du Lamercier) :Corinto a través de la historia. Corinto, Tipografía Saballos, 1933, p. 121.

11. En efecto: Gage -que conoció el puerto ese año- no da cuenta de ningún Colegio; veáse el "Viaje por Nicaragua de Thomas Gage' (Cuaderno del Taller San Lucas.) Núm. 2, 7 de mayo, 1943, p. 70).
 


 

Otra dificultad que se presentó para la instalación definitiva de la Universidad fue de carácter económico: el Fiscal del Consejo de Indias exigía, antes que se procediera "a la formación del plan y de la constitución de la Nueva Universidad" que el obispo y la provincia en general, designaran los fondos necesarios "para la completa dotación de los maestros y dependientes de la Universidad, y aumento de cátedras y el método de estudios conveniente".

1.2.3. EL CONVENTO FRANCISCANO DE GRANADA

El nivel en cuestión parece haber aumentado hacia la segunda mitad del siglo XVII: efectivamente, en el convento franciscano de Granada se enseñaba Música, Gramática, Latín Griego, Filosofía, Matemáticas y Moral, clase que se recibía dos veces a la semana. Para poner un sólo ejemplo de sus frutos, basta recordar que uno de sus alumnos, Miguel de la Quadra, pronunció una oración en latín en nombre de sus condiscípulos, durante las honras fúnebres del Obispo Mateo de Navia Bolaños, enterrado en la Iglesia parroquial el 3 febrero de 1772.(12).
 
 

J.E. Arellano
NOTAS:

 

12. Carlos Cuadra Pasos :Discurso de incorporación ( a la Asociación de Escritores y Artistas Americanos, sección de Nicaragua), en Orto, Núm. 35, diciembre, 1962, p.24.
 

1.2.4. ¿UN COLEGIO DE MISIONEROS APOSTOLICOS?
No obstante el acuerdo oficial de 1793, la enseñanza continuaba bajo la tutela de la Iglesia. Del 11 de octubre de 1709, por ejemplo, data el auto de la Audiencia de Guatemala, otorgando el pase a la cédula del 14 de Diciembre de 1706 por la cual el Rey autorizaba que en la Ermita de Ntra. Sra. de Guadalupe extramuros de la ciudad de Granada, se estableciese un Colegio de Misioneros Apostólicos.113) No se sabe si llegó a existir este convento.

1.2.5. LOS OBISPOS VILCHEZ Y TRISTAN
Tampoco hay noticias concretas de la atención que le dió a la enseñanza el Prelado Juan Carlos de Vílchez y Cabrera, fundador de algunas escuelas parroquiales para indios recomendadas por cédulas del 17 de abril de 1770; del celo pedagógico demostrado por el Dr. Esteban Lorenzo de Tristán, Obispo electo en 1795, al promover el desarrollo de escuelas públicas a cargo de clérigos ilustrados como el padre Rafael Agustín Ayesta, director espiritual de su familia; y de la solicitud del procurador deCosta Rica, fechada el 16 de Julio de 1799, para la creación de un convento de monjas en León, en el cual profesarían jóvenes costarricenses. (14)
 
 

J.E. Arellano
NOTAS:

13. Archivo General de Centroamérica, Guatemala, AI 23 Leg. 4596, fol. 103 v; documento consultado en enero de 1972.

14. Ricardo Blanco Segura :Historia eclesiástica de Costa Rica. San José, Editorial Costa Rica 1967, pp. 302, 212 y 214.
 


 

1.2.6. LA ESCUELA PUBLICA DEL DOCTOR XIMENA
Lo cierto es que, a fines del mismo siglo, era meritorio instalar centros de enseñanza primaria. El cura de Granada y luego Rector del Seminario de León, Pedro Ximena, fundó uno de ellos, según una de sus hojas de servicios: "Ha establecido a su propia expensa una escuela pública en donde se enseña gratis a leer y escribir a los niños pobres de la referida ciudad (Granada), principalmente a los indios del pueblo de Xalteva, a quienes suministra cartillas, catecismos, papel y demás necesario, advirtiéndose mucha utilidad con tal loable establecimiento". (15)

1.2.7. EL MOVIMIENTO ESCOLAR DE LOS CURAS Y LAICOS 
En la misma ciudad había un movimiento escolar fuera de los conventos sostenidos por sacerdotes seculares, como los padres José Antonio Chamorro, Benito Soto y José Antonio Velazco, o por laicos como Miguel de la Quadra, que en su propia casa enseñaba "a españolitos y a indios sin devengar un centavo y simplemente por ser útil y ser desafecto a los ocios de la inteligencia—. (16);
 
 
 

J.E. Arellano
NOTAS:

15. "Relación de los méritos, grados y exercicios literarios del doctor don Pedro Ximena. Cura Rector de la Iglesia ParroquialdeGranada...", AG IS, Leg. 591, fol. 4.

16. Citado por Carlos Cuadra Pasos : Los Cuadra' una hebra en el tejido de la historia de Nicaragua. libro del mes de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Núm. 83, agosto, 1967, p. 11 datos sobre las escuelas de Chamorro y Soto se encuentran en las páginas 15 y 16 respectivamente y sobre las clases de Gramática latina y Filosofía que impartía Velasco, véase a Tomás Ayón: Historia de Nicaragua. Tomo Ill. Managua, Tipografía de "El País", 1889, p. 326.


 

1.2.8. EL COLEGIO DE PROPAGANDA FIDE EN LEON
El último centro de instrucción importante en la época colonial fue el Colegio de Propaganda Fide de San Juan Bautista de León, fundado por Fr. Ramón de Jesús Rojas. Gestionada desde 1814 en Guatemala, su creación se autorizó por cédula del 12 de Diciembre de 1817 a favor de la Congregación de San Felipe Neri; de manera que el 31 de mayo de 1819 Fr. Ramón pudo abrir su Colegio de Misioneros, del cual fue su Presidente. 

Durante cinco años lo dirigió con pequeñas interrupciones acompañado de los frailes Julián Hurtado, Sebastián Leytón y Francisco Chavarría; en ese lustro puso en acción sus recursos literarios "para seguir la cadena de la Historia y Cronología de la Iglesia, los progresos de la Filosofía, las decisiones de los concilios, las reglas de la disciplina, la economía de la religión".(17) Uno de sus discípulos, el hondureño José Trinidad Reyes, ingresó como novicio al Colegio; pero tuvo que salir de Nicaragua después de la expulsión de su protector el 10 de Febrero de 1825 por negarse éste a jurar la Constitución de la Federación Centroamericana.
 
 
 

J.E. Arellano
NOTAS:

17. Cita en Enrique D. Tobar y R. :El apóstol de Ice. Fray José Ramón de Jesús Rojas (El Padre Guatemala). Guatemala, Ministerio de Educación 1965, pp. 64-65.
 


 
 
 

José Trinidad Reyes 

El Padre José Trinidad Reyes
Por: Esteban Guardiola

Este ínclito varón nació en Tegucigalpa el 11 de junio de 1797.

Tuvo por padres legítimos a don Felipe Santiago Reyes y a doña María Francisca Sevilla, modelos de bondad.

Recibió la instrucción primaria en una escuela privada, que servían gratuitamente unas señoritas de apellido Gómez.

Llegado a la pubertad, aprendió Latín con Fray Juan Altamirano, en el convento de La Merced; Música, con su padre, y Dibujo, con Rafael M. Martínez.

Para dedicarse a estudios superiores se trasladó a León. En la vieja Universidad de la metrópoli nicaragüense se perfeccionó en Castellano y Latín y cursó Matemáticas, Filosofía, Cánones y Teología hasta obtener los títulos de bachiller en las tres últimas materias.

Con esa preparación profesó en el Convento de Recoletos y en 1822 recibió la sagrada orden sacerdotal.

La guerra civil que en 1824 estalló en el Estado de Nicaragua obligó a Reyes a salir para Guatemala, en donde entró al convento en su orden. Allí, en los momentos que le dejaban libres las prácticas religiosas, se dedicó, en la rica biblioteca del monasterio, al estudio de las ciencias y a la lectura de los clásicos latinos y castellanos.

A principios de 1828 obtuvo del Guardián del convento permiso para venir a Honduras a ver a su familia; y en julio de este mismo año llegó a Tegucigalpa, instalándose en el abandonado edificio de los mercedarios.

La revolución de 1829 abolió los institutos monacales establecidos en Centro América y por este hecho quedó Reyes secularizado para bien de su patria. En ella ejerció el sacerdocio, fundó la Universidad, cultivó la Música, fue diputado al Congreso Nacional y pulsó la lira de poeta.

Como sacerdote, fue humilde, abnegado y caricativo. Su casa fue la despensa de los pobres. Como el Divino Maestro, amó entrañablemente a los niños. Nuestro insigne literato Ramón Rosa, refiere las encantadoras escenas que se efectuaban en la sacristía del templo de Nuestra Señora de la Concepción, cuando él, que apenas había salido de la infancia, iba a buscar al anciano y casto sacerdote, quien le colmaba de suaves caricias, le regalaba nardos y claveles, que recogía de los pies de la Virgen, y además algunos centavos para que comprara juguetes.

Contribuyó eficazmente a la erección y reparación de los templos de Tegucigalpa. El Papa Gregorio XIV lo designó obispo de Honduras; pero por una deplorable intriga fue nombrado para esa dignidad otro sacerdote.

Como fundador y Rector de la Universidad, se dedicó con desinterés a la educación de la juventud, abarcando en ella al hombre y a la mujer. Escribió un compendio de Física.

Como filarmónico, compuso la música que acompaña a varias de sus producciones poéticas y la de algunas misas y alabados. Introdujo el primer piano en Honduras.

Como diputado, trabajó para el bien del país; y como poeta, produjo himnos patrióticos, poesías amatorias, cantos elegíacos, lindos villancicos, punzantes sátiras y epigramas y sus bellas pastorelas Noemí, Micol, Neftalia, Zelfa, Rubenia, Elisa, Albano y Olimpia, de argumentos sencillos, pero llenos de encantos. No pulió su obra porque no pensó en la inmortalidad. Regocijar y moralizar a su pueblo fué su principal tendencia.

Es indudable que a las pastorelas, en las que insertaba el poeta sus epigramáticos Cuandos, siguen en interés los dulces villancicos que bien pueden figurar en el Cancionero Español. Están llenos de alabanzas y ternezas al Niño Dios y van acompañados de música regocijada que su mismo autor compuso.

Como muestra de villancicos léanse algunas de las seguidillas que van a continuación:



"Nació en Belén un niño
Tan admirable
Que sin ir a las aulas
Todo lo sabe.
Con ciencia tanta,
Toda la de los hombres
Es ignorancia;
Vamos a verlo,
Y que nos comunique
Algún destello.
Aunque yace tan pobre,
Su grande ciencia
Sabe formar metales
Y hermosas perlas
Es el que sólo
Ha encontrado el secreto
De criar el oro;
Mas lo desprecia,
Y al hombre ha prometido
Mayor riqueza.
 

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A los villancicos siguen los Diálogos, que además de tratar de asuntos de navidad y adoración al divino Infante son verdaderas sátiras destinadas a combatir los vicios y ridiculeces de la sociedad. Uno de los más graciosos e intencionados es el titulado Las Mentiras. He aquí su génesis:

Vivía, por aquel tiempo, en Tegucigalpa, un competente carpintero (padre de un Licenciando y General que fué más tarde Presidente de Honduras) quien recibió un día del Padre Reyes algunas piezas de madera para fabricar unos candeleros destinados a la iglesia La Merced; pero el tiempo transcurría y había embrollo y plazos, y nunca llegaban a su destino los referidos utensilios. El Padre Trino compuso entonces un picarezco diálogo de Navidad y aprovechando el hecho de que el artesano incumplido llegaba con frecuencia a oír misa, en la primera oportunidad aprovechable, le dió un papel escrito en solfa para que lo llevara al coro y le indicó que lo tuviera en la mano frente al músico que debía ejecutar lo que allí iba escrito. Fué entonces cuando nuestro protagonista oyó cantar, estupefacto, lo siguiente:
 
 

LAS MENTIRAS



- Yo soy, Niño, un carpintero
Que al verte en un muladar,
Una cuna quiere hacerte,
Si la madera le das.
Y te haré unos candeleros
Sin pedirte medio real.
¡Mentiras! ¡mentiras!
Lo quiere engañar,
¡Y con la madera
Se quiere quedar!
Cajones de muertos y trompos hará;
Esas son pamplinas 
¡Vaya por allá!
¡Que salga a chiflidos
Luego del Portal!

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El carpintero, corrido y avergonzado, al día siguiente principió a fabricar los candeleros en cuestión.

 


 

-Murió el Padre Reyes, el 20 de septiembre de 1855, dejando un imborrable recuerdo. Por tantas ejecutorias, exaltemos su nombre y digamos con Juan Ramón Molina, el aedo prodigioso:

"Loor al dulce poeta. Alabemos a Reyes,
porque llenó las almas con su cristiana luz;
y supo mostrar siempre a las humildes greyes
el poder de la lira y el poder de la cruz".
 

Tomado del Libro de Lectura de Quinto Grado, de Miguel Navarro (1945).
 

Lo cierto era que las rentas no daban para cubrir las cátedras. La de Medicina había vuelto a desaparecer por falta de fondos. El Seminario, como nos informa Arellano, tenía a la sazón siete cátedras y su dotación sumaban mil quinientos pesos.

El 19 de agosto de 1813 las Cortes expidieron un nuevo decreto para dar pronto cumplimiento al del 10 de enero de 1812. 

En este decreto las Cortes ordenan que la Universidad de León observe las Constituciones de la Universidad de Guatemala; que el obispo de la Diócesis y el Gobernador Jefe Político del partido procedan a nombrar Rector, eligiéndolo entre los doctores que residan en la ciudad; que se nombre Cancelario al Maestre Escuela de la Catedral; facultan al Rector y Cancelario a habilitar para examinadores de los grados de Licenciado o Doctores, a falta de éstos, a los catedráticos del Seminario, hasta tanto se complete el número de ocho Doctores; completado ese número, el Rector y el Cancelario procederán a instalar la Universidad, nombrando Secretario, Conciliarios, Bedeles, etc...

Las autoridades de la provincia iniciaron de inmediato el cumplimiento de las resoluciones de las Cortes, pues existía el más ferviente deseo de ver realizado, cuanto antes, el viejo anhelo de contar con una Universidad plena. Arellano nos reseña, en el capítulo IX de su obra, las medidas que las autoridades competentes adoptaron en tal sentido: el 18 de abril de 1814, el obispo y el Gobernador eligieron como primer Rector de la Universidad al Doctor en Sagrados Cánones Francisco Ayerdi y Cancelario al Maestre-Escuela de la Catedral Juan José Zelaya; el 30 de abril el Obispo dio posesión solemne al Rector. 

Sin embargo, como señala Arellano, una causa mayor impidió esta vez que la Universidad se instalara: el absolutismo de Fernando VII, quien de regreso al trono en 1814 disuelve las Cortes y deroga toda su obra, "declarando nulos sus actos, como si no hubieran pasado jamás y se quitasen de en medio del tiempo..." En esta forma, todas las gestiones realizadas hasta entonces se vinieron al suelo. Fue preciso emprender de nuevo la larga lucha iniciada por Ayesta y llevada a feliz término por el obispo García Jerez.

El infatigable obispo se dirigió entonces al Monarca suplicándole autorizara la instalación de la Universidad, pues era de absoluta necesidad su. establecimiento. El Soberano escuchó al prelado y expidió el 5 de mayo de 1815 la Real Cédula de autorización, la que "al llegar a León, causó mucho regocijo". 
 

Pero faltaba aun otro obstáculo que superar: no había en la ciudad el número necesario de doctores para integrar el Claustro. "Entonces, nos refiere Arellano con su acostumbrada tenacidad, García Jerez comunicó al Secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias el 4 de noviembre del mismo año que, para dotar algunas cátedras y los reparos de la existencia, proponía. "el que su Real Magestad se dignase conceder el dictado y honores a algunas personas beneméritas del Estado Eclesiástico". 

Para tales honores propuso al Deán Juan Francisco de Vílchez y Cabrera y al Canónigo Miguel Jerónimo Guerrero de Arcos. 

Luego, como lo advierte Arellano, el obispo, al parecer resuelto a inaugurar a la mayor brevedad posible la Universidad, sin esperar respuesta a sus nuevas solicitudes, procedio a nombrar a los primeros empleados, a tomar posesión él mismo como Cancelario de la Universidad y a habilitar, en unión del Rector, a los graduados que actuarían como doctores en los primeros exámenes de grados. 

Estos fueron: el Lcdo. Nicolás Buitrago, catedrático de Instituta; el Lic. Manuel López de la Plata, catedrático de Teología Moral; Br. Fr. Vicente Caballero, catedrático de Teología Escolástica y Br. José María Guerrero, catedrático de Prima de Filosofía. Y, como estos no eran suficientes para sus propios exámenes, fueron habilitados el Padre Lector de Teología del convento de la Merced Fr. Antonio Capará y los bachilleres Pedro Portocarrero y Pedro Caballero.

Completado el número de doctores previsto en los decretos, el obispo procedió a la instalación oficial de la Universidad a las nueve de la mañana del día 24 de agosto de 1816, en la Sala Capitular del Palacio de la Diócesis. Culminaron así muchos años de gestiones, a las que consagraron sus mejores energías Rafael Agustín Ayesta, Tomás Ruiz y Nicolás García Jerez. 

Estos tres excepcionales eclesiásticos son los auténticos fundadores de la Universidad de León. A ellos consagra Arellano, con toda justicia, un capítulo especial de su obra en el que reseña sus biografías y méritos. 

Ellos constituyen la rutilante trilogía que puso los cimientos de la vida universitaria en Nicaragua. La deuda de la Patria y de la Universidad con estos ilustres varones, por lo que en medio de tantas dificultades y estrecheces hicieron, es verdaderan1ente muy grande. Para Arellano quien más merece el título de fundador de la Universidad de León es el obispo García Jerez, pues a sus gestiones se debieron los decretos del 10 de enero de 1812, que erigió Universidad en el Seminario Conciliar de León y el del 19 de agosto de 1813 que autorizó su instalación. 

También a él se debió la Real Cédula de confirmación del 5 de mayo de 1815 y todas las medidas que permitieron su instalación definitiva el 24 de agosto de 1816.

Capítulo aparte merece, para Arellano, la situación del indio frente a la educación superior. En esta sección hace ver que si bien la Universidad estaba abierta a los indios (y uno de ellos Tomás Ruiz, llegó a figurar entre los fundadores de la Universidad), lo cierto es que el acceso se limitaba a la minoría indígena noble y rica; es decir, a los descendientes de indios que colaboraban con el gobierno colonial. " Tal fue el caso -nos dice Arellano- de Tomás Ruiz, indio descendiente de los caciques del pueblo de Chinandega", cuyos padres eran "tenidos por principales de aquel pueblo en el que ha ejercido oficios políticos y militares" y el de Juan Modesto Hernández "indio noble de subtiava, bachiller en Derecho de la Universidad de San Carlos". "pues bien -añade Arellano- la realidad era ésta: a pesar de la igualdad legal entre españoles e indios establecida en las constituciones de la Universidad Carolina para ingresar a la misma, sólo los indios nobles tenían esa posibilidad; los demás permanecían condenados a la opresión económica desde los primeros años de la conquista. Sólo así, en este sentido, hay que interpretar el referido inciso que dice: ... se declara que los indios (como vasallos libres de Su Magestad) pueden y deben ser admitidos a grados".
 


El capítulo XII está dedicado a reseñar las primeras gestiones del Claustro y de las autoridades de la recién instalada Universidad. Y el XIII al Padre Dr. Tomás Ruiz, a quien hasta ahora la historia oficial no ha hecho justicia. Este olvidado prócer revolucionario de nuestra Independencia es, sin duda, una de las figuras más singulares que han nacido en Nicaragua: indio de raza, alumno distinguido del Colegio Seminario, del que llegó a ser Vice Rector y de la Universidad de San Carlos de Guatemala, de cuyo claustro formó parte, fue uno de los fundadores de la Universidad de León y prócer auténtico de la Independencia, por lo cual luchó dentro de una línea verdaderamente revolucionaria, participando en varias conjuras y alzamientos que le valieron duras condenas. La Universidad Nacional, interesada en dar a conocer las ejecutorias de este universitario "ilustrado" y radical, que con tanto fervor y patriotismo abogó por una Independencia que implicara un cambio del sistema y un auténtico avance social, publicó el año pasado, en su "Colección popular" una biografía del Padre Ruiz, escrita por el propio Arellano. La inclusión de este capítulo sobre Ruiz en la historia de la Universidad de León está más que justificada, pues el "Padre-indio" es uno de los universitarios más valiosos que ha tenido Nicaragua.

El primer tomo termina con un capítulo de recapitulaciones y conclusiones. También trae como anexos una sección de documentos, donde se reproducen, entre otras cosas, la historia de San Ramón Nonnato, tal como la cuenta Fray Justo Pérez de Urbe¡ O.S.B.; partes dispositivas de las constituciones del Colegio Seminario, la relación de méritos y ejercicios literarios de don Rafael Agustín Ayesta; el dictamen del Real Claustro de la Universidad de San Carlos de Guatemala sobre la concesión de la facultad de otorgar grados mayores y menores al Seminario Conciliar de León; las letras testimoniales sobre Tomás Ruiz; la relación de méritos y ejercicios literarios del doctor Francisco Ayerdi y el acta de instalación de la Real Universidad de León de Nicaragua.

A la sección de documentos sigue una cronología, que va desde el 10 de enero de 1678 hasta el año de 1819. Cierra la obra un apéndice informativo y la reseña de las fuentes bibliográficas y documentales.

La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, como legítima continuadora de la ilustre Universidad de León, se complace en publicar esta Historia. Su edición representa para el suscrito uno de los logros de su rectorado que más le llenan de satisfacción.

León, junio de 1973.

 


Estracto de la introducción del libro: Historia de la Universidad de León. 
Tomo I. Epoca colonial. León, Editorial Universitaria, 1973, de Jorge Eduardo Arellano.

111.1. SIGNIFICADO GENERAL Y RESCATE DE SU FUNDADOR ANDRES DE LAS NAVAS Y QUEVEDO.

111.1.1. VALORACION

En la capital de la provincia de Nicaragua, el 15 de Diciembre de 1680, surgió el Colegio Seminario de San Ramón gracias al celo del Obispo Andrés de las Navas y Quevedo (1677-1682), de la orden mercedaria más tarde arzobispo de Guatemala. Nacido como fruto del Concilio de Trento, en actitud defensiva contra el protestantismo europeo, formaba sacerdotes de extracción social criolla; pero ya a finales del siglo XVI 11 sus aulas admitían becados indígenas y alumnos no seminaristas. Entonces era, después de la Universidad de San Carlos en Guatemala, el segundo foco académico de la cultura colonial centroamericana.




111.1.2. DESARROLLO

'En su trabajo monográfico "Fundación del Seminario y la Universidad" (1939), Sofonías Salvatierra ha referido detallada y documentalmente el desarrollo cronológico del primer centro: cómo se remonta a 1678, cuando fueron creadas en León las cátedras de Latinidad y Lenguas Indígenas -impartidas respectivamente por los presbíteros y licenciados Antonio Díaz de Expliella y Cristobal Gutiérrez-; cómo se erige en Colegio Seminario el 15 de Diciembre de 1680, sostenido por los diezmos y contribuciones del obispado de León y el producto de una encomienda de Nindirí; cómo es apoyado por los obispos del siglo XVIII: el dominicano Agustín Morel de Santa Cruz, los españoles Esteban Lorenzo de Tristán y Juan Félix de Villegas, y los nicaragüenses Juan Carlos Vílchez y Cabrera y José Antonio de la Huerta y Caso;: cómo se aumentan sus cátedras, proyectándose en las demás provincias del Reino de Guatemala, especialmente en Costa Rica; cómo es reactivado, renovado por el Pbro. Rafael Agustín Ayesta, su principal Rector; cómo promueve el despertar intelectual de la provincia a finales del XVIII y principios del XIX, hasta tal punto que el 15 de mayo de 1807 se transforma en media universidad, con la facultad de conferir grados menores de bachiller en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Derecho Canónico; cómo, el 10 de enero de 1812, se autoriza en él -llamado entonces Seminario Conciliar- el funcionamiento de la Universidad-con las mismas facultades de las demás de América"; cómo. en fin, el 24 de agosto de 1816 se instala definitivamente en su edificio, fundiéndose con ella. la misma Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León.(34)
 
 

NOTAS:
28. José Toribio Medina :La imprenta en Guatemala. Segunda Edición. Guatemala, Tipograf ía Nacional, 1960, p. 328.

29 Id., p. 278.

30. Jose Solana :"Relación de méritos y servicios del Licenciado don Miguel Larreynaga", en Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, Tomo IX, Núm. 1, abril de 1947, p. 80.

31. Ignacio Gómez : 'Biografía¡ del ilustre centroamericano don Miguel Larreynaga", en

Revista de la Academia de Geografía e Historie de Nicaragua, Núm. cit., p. 2.

32. José Toribo Medina: La imprenta en Guatemala, Op. cit., p. 368.

33. "Copia modernizada del título de abogado de don Nicolás Buitiago Sandoval...", en Revista del Archivo General de la Nación, Año 3, Núm. 3, enero a junio, 1969, pp. 97-104; a esta fuente pertenecen las citas textuales que haremos sobre el abogado leonés.

34. Sofonías Salvatierra: "La fundación del Seminario (San Ramón) y la Universidad (de León)", en Contribución a la historia de Centroamérica, Monografías documentales. Tomo II. Managua, Tipografía Progreso, 1939, pp. 214-275.

35. José Dolores Gámez :Historia de Nicaragua... Managua, Tipografía de "El País', 1889, p. 238.

36. Todas las citas que haremos de este testimonio se encuentran en documentos reproducidos en Agustín Estrada Monroy :Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Managua, Tipografía Nacional, 1972, pp. 348-350.

37. En Anastasio Somoza García :El verdadero Sandino o el calvario de la Segovias. Managua, Tipografía Robelo, 1936, p. 262.

38. Ricardo Blanco Segura :Historia Eclesiástica de Costa Rica. San José, Imprenta Lehmann, 1967, p. 215.


111.1.3. IMPORTANCIA
A este Colegio, pues, se le debe el que León haya sido desde entonces la ciudad universitaria por antonomasia del país, el centro de la formación de los creadores republicanos de Costa Rica y Honduras, la gestora más importante de la super-estructura ideológica de nuestra sociedad, la promotora de la ciencia y el desarrollo jurídico del Estado, la conservadora -en fin- de la tradición viva de Nicaragua. La irradiante sombra intelectual de este abuelo de los colegios centroamericanos -como lo ha llamado Monseñor Marcelino Areas-, trasciende intrahistóricamente, en pocas palabras, a nuestros días.

Hijo del espíritu eclesiástico de León y apéndice de su obispado, el San ¡Ramón fue producto de la cultura católica, universal y unitaria de la colonia; y sus aulas prepararon a centenares de latinistas y filósofos, de canonistas y sacerdotes, de médicos y abogados, de políticos e intelectuales que seria interminable citar; pero muchos de ellos fueron hombres que ingresaron a la historia de Nicaragua contribuyendo a su desarrollo cultural.

111.1.4. INTEGRACION A LA REALIDAD
Mas no se crea que el Colegio Seminario San Ramón permanecía ajeno, antes de la independencia, a la mundanidad; ni que rechazaba las inquietudes políticas. Bastante conocida es la activa participación de uno de sus rectores y de los seminaristas en unos conflictos con el gobernador Antonio Poveda y Rivadeneyra, a principios del Siglo XVIII. "En el mes de junio de (1 737)recibió aviso el gobernador -narra el historiador Gámezde que en el Colegio Seminario había con frecuencia reuniones públicas de seglares, en las que acaloradamente se discutía sobre los medios de levantar al pueblo, consintiendo además juegos prohibidos, en que tomaban parte los alumnos" (35) Aparte de no estar completamente inmersos en los estudios teológicos, los seminaristas tampoco se mantenían totalmente puros, culminando todo ello con una sentencia del Vicario Eclesiástico que, clavada en la puerta del Seminario, destituía al Rector y prohibía la continuación de esos juegos y reuniones.
Esta conciencia de integración a la realidad culminaría el 4 de junio de 1823. cuando los estudiantes de la Universidad de León se iniciarían en la política nicaragüense, intentando un movimiento armado -contra las autoridades del Imperio Mexicano- que postulaba los principios de libertad y soberanía del pueblo en oposición al anexionismo, todavía monárquico, de Iturbide. Y es que en el Colegio Seminario San Ramón ya se había incubado una corriente ideológica antiescolástica y moderna que lo convertía en centro propulsor- de ilustración con la presencia de Fr. Buenaventura García, discípulo del reformador científico de la Universidad de San Carlos, el costarrricense Fr. Antonio Liendo y Goicoechea, y sobre todo con la del Dr. Tomás Ruiz, el célebre Padre-indio, alumno primero y luego Vice-Rector, entre 1802 y 1805, del San Ramón.

111.1.5. NAVAS Y QUEVEDO Y SU FIDELIDAD EVANGELICA ANTE LA OPRESION COLONIALISTA
Pero lo que deseamos recordar no son los afanes fundadores del Obispo Navas y Quevedo, ampliamente expuestos por Salvatierra en su monografía citada, sino su poca divulgada fidelidad evangélica ante la opresión colonialista; no su gloriosa actividad educativa, que hizo posible en la pequeña provincia española que era Nicaragua una institución casi superior solamente cuarenta y cuatro años después de Harvard College, sino su denuncia de las depredaciones de algunas autoridades coloniales; no la erección misma del Colegio Seminario -sus constituciones, sostén económico, horario, primeros alumnos, etc. sino su testimonio cuestionador del sistema que le tocó vivir, a raíz de su única visita pastoral.(36).

Esta la hizo para cumplir con el encargo del rey: el envío de una serie de informes sobre el estado de la diócesis. Comentando dichos informes, afirma un historiador guatemalteco: "Un huracán o terremoto no hubiera causado menos estrago que el que fray Andrés hizo en los ánimos de todos aquellos que hasta el momento habían vivido cometiendo toda clase de abusos de autoridad, robos, atropellos y vejaciones". Y tiene razón, porque Navas y Quevedo denunció clara, contundentemente, a los principales responsables de la explotación de la provincia durante esos años.

En carta fechada en Granada el 6 de abril de 1679, el obispo apunta que acababa de difundir un edicto, mandando a los curas y doctrineros lo hiciesen notorio al pueblo, inter missarum solemnia, "para que los miserables indios que se hallaran agoviados de sus Gobernadores, Corregidores y Alcaldes Mayores, acudiesen a Granada con sus querellas, dentro de treinta días de la fecha, para poner lanoticjaen los Reales pies de vuestra Majestad"; y añade "No se ha cumplido el término de los treinta días y ya son diez y siete los (pueblos) que han acudido con sus querellas de latrocinios, robos, malos tratamientos y de execraules tratamientos y de execrables maldades, hechas por sus corregidores, Gobernadores y Alcaldes mayores". Mas el obispo no ocultaba los nombres y detallaba los atropellos cometidos por los últimos. 

En Sébaco denunció al Corregidor, el vizcaíno Jacobo de Algayaga, de quien señala que "dos pestes generales no hubieran hecho el estrago que este tirano ha hecho, en esta provincia, con estos miserables indios, con sus tratos y contratos de ropas prohibidas, comercios de brea y añil, quitándoles públicamentes a los pobres indios sus mulas, cera, vacas, miel y caballos, que son los frutos de esta provincia, sin dejar senda a los pobres naturales por donde respirar". Y agrega el obispo que al vecino de Muy Roque Díaz -indio que había sacado de las monta.-las muchos indios caribes que convirtió luego a la fe católica-- Alcayaga le despojó su caudalillo consistente en setenta vacas y once mulas. "Es la guadaña de este tirano -continúa Navas y Quevedo -, como la de la muerte, que a ninguno perdona; tiene ultrajadísimo el estado eclesiástico porque le predican y reprenden su mala vida".

En viaje a Costa Rica, el obispo comprobó las opresiones del gobernador de esa provincia: Juan Sáenz; y en El Realejo las del Corregidor José de Villalobos: "Este es el peor de los dos que llevó referidos -especifica-; con sus tiranías y sus tratos y comercios, la mitad de los indios de su partido se han consumido, unos muertos y otros fugitivos a ¡a montaña, sin reservarles a estos miserables, ni un triste día de fiesta, de la triste tarea de sacar maderas del monte, para fábricas de navíos que se fabrican en El Realejo, tomando el Corregidor el dinero del que fabrica y dejando a los miserables indios sólo el trabajo de conducirles a El Realejo...Este es el santo gobierno de José de Villalobos, Corregidor del Realejo", concluía irónicamente su informe acerca de este explotador. Y en cuanto a otra autoridad más de esta calaña, el Corregidor de Subtiava, Navas y Quevedo lo denunció también como tal: "En estas mismas culpas está comprendido Don Diego Valdés, Corregidor de Subtiava y en otras peores tiene estancado hasta el respirar de los pobres indios, y dice con mucha desvergüenza, que si no es obrando como obra, ¿cómo ha de sacar tres mil pesos que le costó el dicho Corregimiento?.

El obispo denunció, asimismo, los abusos y subterfugios de otro tirano: el deán y Comisario del Santo Oficio Ginez Ruiz, quien gobernaba la diócesis vacante tras el faIlacimiento del antecesor de Navas y Quevedo. Este, pues, tuvo que enfrentarse al deán -que por su parte no dejó de desatarle la guerra y de calumniarlo- hasta que logró desterrar de León.
Sin embargo, no todo era desastroso en la provincia, pues ésta había sido gobernada por un sujeto que, después de un conflicto con los criollos granadinos, terminó de hermano coadjutor jesuita en México, Nos referimos a Pablo de Loyola, elogiado por Navas y Quevedo: "(En Nicaragua) ha gobernado seis años el Capitán Don Pablo de Loyola, con la aprobación general de todos, que puediera haber gobernado el Apóstol San Pedro; ojalá Señor, fuera su gobierno eterno...: ojalá del espíritu de Don Pablo de Loyola pudiera, Vuestra Majestad, vestir las almas de los que gobiernan en estas provincias de mi Obispado; a boca llena todos le llaman el Gobernador santo".

Con la anterior denuncia de la injusticia, el hombre del siglo XVII que fue Navas y Quevedo queda rescatado para nuestros días, pues detrás de ella se halla una orientación evangélica de signo popular, continuadora de la desarrollada por el obispo Antonio de Valdivieso en el siglo XVI, pero sin la condición excelsa del martirio de éste.

III.1.6. EL "VIEJO LEON ESPANOL"
Finalmente, queremos recordar que el San Ramón no sólo ha constituido una piedra angular de la cultura nicaragüense: también ha sido un celoso guardián de ese viejo León español que, según el General Sandino en su "Manifiesto a los hombres del Departamento leonés", es "símbolo espiritual de este globo terrestre".

111.2. EL RECTORADO DE RAFAEL AGUSTIN AYESTA
Con el rectorado de Rafael Agustín Ayesta a partir de 1787, el Seminario Conciliar recibió un nuevo impulso. Por algo en 1799, cuando gozaba de una decena de cátedras, ya se pedía para él la facultad de dar grados académicos con las mismas prerrogetivas de la Universidad de San Carlos: el 3 de Noviembre de ese año el Ayuntamiento de Cartago aprobó la idea expuesta por Francisco Ruiz de Santiago, Procurador General de la Provincia de Costa Rica.(38)

111.2.1. INICIO DE LA PROYECCION CENTROAMERICANA
Se gestaba su proyección centroamericana -que más tarde alcanzaría proporciones mayores-, formando a la mayoría de los sacerdotes costarricenses y recibiendo a jóvenes de las provincias de Honduras y El Salvador: "con sólo la noticia del estado en que se hayan las letra enesteColegio -informa el Gobernador Intendente en Octubre de 1803-, no faltan jóvenes de dichas provincias que hayan venido a fin de estudiar".(39)

111.2.2. LAS CATEDRAS
Cinco meses antes de redactarse este informe, habían dejado de existir las cuatro cátedras creadas y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre ellas la de Medicina y Cirugía; ;,'se acabaron con su fallecimiento", afirmaba el mismo funcionario, agregando: "No prometían una estabilidad que convenía al intento". Por eso no las incluyó entre las que enseñaban a fines de 1803:

Cátedra Catedrático Alumnos Horas Dotación anual
Latinidad (o Gramática Francisco Chavarría 73 cuatro . 200 pesos
Latina) 
Teología Moral Rafael Agustín Ayesta 15 una 200 pesos
Filosofía Tomás Ruiz 38 dos 200 pesos
Sagrados Cánones Francisco Ayerdi 19 dos 300 pesos
Teología Escolástica   una 200 pesos
Instituta Civil Nicolás Buitrago Sandoval 11 una 200 pesos
Leyes Manuel López de la Plata 11 una 200 pesos

Las dos primeras cátedras, subsistentes desde la fundación del Seminario, estaban dotadas por la real caja y las restantes de nueva erección, salvo la de Leyes -mantenida por el rédito o interés devengado de doscientos pesos por los cuatro mil que había cedido para ese fin el difunto Arcediano José Antonio López de la Plata- por sus propias rentas. Persuadido de que ningún catedrático dejaba de cumplir sus funciones por falta de sustentación económica, el Gobernador consideró que esos fondos no perjudicaban los otros gastos indispensables y confirmaba:

"pues es notorio que el presente Rector ha reedificado la casa del Seminariq fabricado un oratorio, proveído de ornamentos, al mismo tiempo que han estado corrientes las rentas de los catedráticos y los alimentos de los seminaristas, por lo que no duda en afirmar el Intendente, que además de ser suficientes las dotaciones, son competentes los fondos de donde sacan contribuciones, y aseguran su estabilidad y permanencia".
 

111.2.3. EL GOBIERNO ECONOMICO
Ayesta había solucionado el gobierno económico, la mayor deficiencia del Seminario por muchas décadas, desde los primeros años de su rectorado. Florencio del Castillo, a propósito, alude a sus paternales sacrificios en ese aspecto, exclamando: " ¡Qué economía para ahorrar los gastos superfluos. Qué industria para aumentar sus rentas".(40) Además de agregar varias piezas al edificio y de amueblarlas convenientemente, aumentó la biblioteca; en síntesis: se entregó de lleno al Seminario y a sus alumnos, vigilándolos con disciplinada constancia para establecer el orden necesario. Uno de sus contemporáneos recuerda que se valía de mil arbitrios para promover sus adelantos, inspirándoles una noble emulación con exhortaciones, reprensiones y castigos. Y un divulgador de viva tradición apunta que cuidaba de los mismos "como buen padre de familia, sentándose con ellos a la mesa diariamente y dándoles ejemplos de frugalidad y buenas costumbres". (41)

111.2.4. EL DESPERTAR INTELECTUAL DE NICARAGUA
La provincia comenzó a despertar intelectualmente debido al infatigable celo de Ayesta. Aunque de mentalidad tradicional, fortalecida con el ejercicio de la virtud y del amor al prójimo, el último era un "ilustrado" por su espíritu progresista. "El amor a las ciencias - refiere el citado del Castillo- fue su pasión dominante; su alma ilustrada conocía muy bien las utilidades, que resultan de su cultivo".(42) Durante su rectorado los actos literarios eran frecuentes. Del Castillo, su discípulo, expresa la satisfacción que le causaba el progreso literario de los niños: " ¡Que gozo sentía su alma, cuando un alumno en una edad tierna defendía en público, y con lucimiento, algunas conclusiones'* (43)

111.2.5. EL EXAMEN DE FLORENCIO DEL CASTILLO
El examen que defendió el mismo del Castillo, al terminar sus estudios, repercutió en Guatemala. Allí, en 1797, un eclesiastico había dicho que Nicaragua era "la Noruega de la literatura": pues bien, el examen aludido exigía rectificar esa calificación peyorativa. Al recibirse en la capital del Reino su tarja manuscrita, un redactor de la Gazeta de Guatemala apuntó el 20 de Junio de 1802:

"Acordándonos de esta negra nota (haber llamado Noruega de la literatura a Nicaragua) damos lugar en nuestro periódico a la siguiente tarja que de la ciudad de León se ha remitido a ésta para imprimirse, como se acaba de hacer en castellano con las correspondientes licencias. Por ello se juzgará o que Nicaragua no estaba tan en tinieblas, o que después de cinco años le ha entrado su competente Crepúsculo de luz". (44)

Bajo la dirección del catedrático de Cánones, Francisco Ayerdi, el examen versó sobre."las conclusiones que ofrecen los Cánones comprendidos en el Código que vertió Dionisio Exigno, y las que dan los aumentos del código griego, hasta los Cánones del séptimo Concilio general de la Iglesia Romana", dando el sustentante "razón de los colectores, autoridad y tiempo en que se hicieron los códices de que usó la Iglesia en los primeros ocho siglos, y las demás cosas que conduzcan a su perfecta inteligencia". (45) Un años después, ya catedrático de geometría elemental, del Castillo dirigó el examen de sus alumnos Miguel Alegría y Francisco de Benavente, como da cuenta la Gaceta el 28 de Noviembre de 1803(46) Ese periódico recogía frecuentemente crónicas sobre los eventos innovadores del Seminario, como el dirigido por Tomás Ruiz, catedrático de Filosofía. Este examinó a sus alumnos Félix Pedro Avilés, Juan de los Santos suazo, José Dolores Calvo y Desiderio de la Quadra, quienes sostuvieron los siguientes puntos,: "De Lógica: elementos del arte de pensar, por Condillac; de Metafísica: su naturaleza, su división y las materias de que trata. De la (Metafísica) especial: La existencia de Dios, exponiendo y refutando los varios sistemas de los ateístas. La incorporeidad del alma: explicando el origen de sus ideas y las opiniones que hay sobre -su, mutuo comercio.-(47)

111.2.6. LOS ACTOS LITERARIOS
En esos actos literarios -así se denominaba a las disertaciones públicas- los actuantes merecían "el aplauso de su instrucción" y los catedráticos daban "pruebas nada equívocas de su eficacia".(48) Para Octubre de 1803 habían tenido lugar cuatro y se disponía de otro de Instituta Civil, cuyas tarjas ya estaban impresas en Guatemala. En León no había imprenta, aunque era uno de los sueños de Ayesta, motivado seguramente por las numerosas tarjas que salían del Seminario. A los pocos años José Cecilio del Valle, en efecto, deseaba que la Diputación Provincial de León "con el fondo de propios, o elde comunidades o por suscripción de patriotas, compre una imprenta en España, en la Habana, o en el norte de América, y se realizan los pensamientos del benemérito eclesiástico D (on) Rafael Ayesta".(49)
El Seminario Conciliar de León, corno se dijo, constituía el segundo foco académico de la cultura colonial en Centroamérica. Surgido a mediados del siglo XVII, su fin era recoger a la juventud y educarla en buenas y loables costumbres -de acuerdo a sus constituciones- para que fuera útil a la Catedral, de acuerdo con el mandato del Concilio de Trento. Desde entonces se prefería a los naturales y domicilarios de la provincia que, a fines del XVIII, estudiaban para ocupar los cargos administrativos y eclesiásticos monopolizados por forasteros. Hasta 1787, su desarrollo fue muy pobre: no había egresado de sus aulas el número de sacerdotes que se necesitaba ni éstos obtenían el nivel cultural esperado. Pero Ayesta remedió la situación, preocupándose por las costumbres de los seminaristas: gracias a él "cada niño que recibía en el Seminario, juzgaba que la Provincia le había puesto a su cuidado, para que conservase su inocencia, para que formase un verdadero Cristiano, un Eclesiástico perfecto" . (50)

111.2.7. PERSONALIDAD Y OBRA DE AYESTA
El celoso Rector poseía el secreto de hacerse amar y respetar al mismo tiempo: sus discípulos le obedecían sin exasperarse, le temían sin aborrecerle y le amaban sin despreciarlo". A mediados de 1809, al morir su obra había incluido muchos exámenes públicos -en los cuales se defendieron conclusiones doctas y extensas- y numerosos ministros formados bajo su dirección y conducta, "jueces íntegros, jurisconsultos sabidos, y facultativos hábiles, que ejercen sabiamente el arte de la salud". Por su parte, el hecho de que la Ilustración se había difundido hasta en las clases interiores de los barrios obligó al último Vice-Rector del Seminario, Florencio del Castillo, a formular la siguiente pregunta afirmativa a las honras de sus funerales: "¿Esta circunstancias sola, no ha hecho que León sea la primera ciudad, después de la capital del Reynor'.

111.2.8. LA ENSENANZA TRADICIONAL
Una enseñanza tradicional, como se ve, predominaba en el plantel de virtudes y letras que era el Seminario. Casi todos los textos leídos en sus cátedras tenían esa característica, por ejemplo el natal de Alexandro Ligorio Echarri y el compendio de Lárraga, ocupados por Ayesta en sus clases de Teología. La Filosofía andaba por ese mismo camino: era escolástica, como el curso que había impartido de 1792 a 1794 el Br. José Antonio Chamorro, egresado del Colegio Tridentino de Guatemala y autor de unas Propositiones/ et universa Aristotelico Thomistical/Filosofía y del siguiente folleto de cincuenta páginas:
IEnchyriclio Thesium and certamen dogmatico-historico, critico, morale, Teologicum, circa principaliores y Virtutes, Fidel Scilicet, Spem & Charitatem; atque ipfarum vitia appofita, ex devoto animo sacratum Sancto Ignatio de Loyola Sociatatis Jesu Fundator, atque in spsius honorem defenditur in Regia, Pontificia Carolina palestra hujus N. Guatimalae, D. O. M. Ipsius Genitrice semper Virgen .... (51)

111.2.9. LAS MENTALIDADES ILUSTRADAS
Sin embargo, no todos los estudios del Seminario eran tradicionales. Tomás Ruíz, conocido por su auténtica mentalidad ilustrada y por su reacción antiescolástica en Guatemala, impartía a Condillac en la clase de Lógica de su cátedra de Filosofía en 1803. Por tanto: la Ilustración se enseñaba oficialmente en el Seminario. El mercedario Fr. Buenaventura García se hizo cargo de la Teología Escolástica por unos meses, hasta que fue destinado a la encomienda de Tegucigalpa, probablemente por su convicción racionalista; participante de la reforma universitaria de Liendo y Goicoechea, había sostenido en 1785 que "el conocimiento de las cosas puramente naturales no debe ser inquirido por los estudios de las Sagrada Letras, sino que deben ser investigados por la razón humane'. (52)
No se sabe hasta qué punto influyeron las ideas renovadoras de estos clérigos. En 1803 García ya estaba lejos de León: "no tierra esta clase (la de Teología Escolástica) en la actualidad maestro que la eroeñe".(53) De manera que es muy probable que no se haya sentido su presencia como la de Tomás Ruiz, a quien en 1802 el obispo Huerta y Caso "confirió el título de Vice-Rector de este Seminario".(54) Ruiz desempeñd ese cargo durante cinco años, tiempo suficiente para imbuir a los alumnos de su ideología Ilustrada; uno de ellos fue Rafael Francisco Osejo que introdujo a Rousseau en Costa Rica: en sus escritos citaba al ingenioso autor del Contrato Social y en su biblioteca aparecía el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad de condiciones entre los hombres. A través de Ruiz, conoció la idea de la soberanía popular que puede apreciarse, como se ha señalado, en estos párrafos de su folleto: Apología de la Ley Aprilia y su Confirmatoria: "nada es más importante a la libertad que la firmeza conveniente para
arrostrar y reprimir los primeros pasos de la arbitrariedad. Cada ciudadano, como une fracción de la soberanía y como interesado en la conservación y puntual observancia de la Ley, tiene el derecho sagrado e incontestable de exigir el cumplimiento de ésta..."(55)

111.2.10. TOMAS RUIZ Y SU REFORMA MODERNIZANTE
Por lo visto, Ruiz divulgó en el Seminario una corriente de pensamiento distinta de la tradicional que no hizo variar su estructura; a pesar de ello, fue recogida por algunos discípulos que salieron del estrecho círculo del escolasticismo, nutriéndose de nuevas doctrinas, como se afirma tradicionalmente.(56) Y hasta parece que intentó una reforma enti-escolástica y modernizante, lo más seguro hija de la de Liendo y Goicoechea: en efecto, escribió un tratado sobre reformas de métodos de enseñanza. Por la siguiente anécdota todo parece indicar que se trataba de un texto significativo: "cuando en una ocasión el Ordinario Eclesiástico quiso obligarlo a retractarse de ciertas teorías que expuso en su obra como novedades, prefirió la suspensión de sus funciones sacerdotales a la apostasía de su criterio convencido".(57)

111.3. SU TRANSFORMACION EN UNIVERSIDAD MENOR
A pesar de su apreciable desarrollo durante los últimos años del siglo XVIII, el Colegio Seminario carecía del derecho de conferir grados universitarios; esta limitación obligaba a unos cuantos de sus cursantes, como era costumbre, emprender sus estudios en Guatemala. Si éstos experimentaban desgracias y estravlos morales, quienes se quedaban en León -sin aquellos grados- no podían aspirar al desempeño de las funciones públicas que requerían el doctorado, la licenciatura y el bachillerato.

111.3.1. LA SOLICITUD DE AYESTA
Comprendiendo dichos inconvenientes, el Rector Ayesta solicitó al Rey que, tras una investigación previa, autorizara al obispo de la diócesis poder conferir a los alumnos del Colegio Seminario los grados mayores y menores; en su exposición, alegaba que en el Colegio de San Antonio en el Cuzco y en los Seminarios de Santa Fe y Quito -sin mayores méritos que los del Seminario- se concedía a sus cursantes toda clase de grados por sus respectivos diocesanos y que la distancia entre aquellos centros y las universidades de sus reinos era menor que la existente entre León y Guatemala.(58)

111.3.2. LA CEDULA DEL 20 DE MAYO DE 1803
Elevada al Rey en Madrid por Diego José Borrero, esta petición tuvo su respuesta en la cédula del 20 de mayo de 1803 que ordenaba al Capitán General de Guatemala, Y Presidente de la Audiencia del mismo nombre, Antonio González Mollinedo y Saravia, un informe del caso. El Procurador Francisco Alvert siguió las gestiones, solicitando la Audiencia dar curso a la cédula; así se hizo: el Presidente, en auto del 20 de Septiembre del mismo año, lo trasladó al Fiscal Diego Piloña -de la misma Audiencia-, quien a los tres días pidió al Gobernador Intendente de Nicaragua remitiese un certificado de las cátedras existentes en León y de sus dotaciones, horas de magisterio y maestros que la servían, número de cursantes y oyentes de las mismas. Piloña agregaba que el Gobernador Intendente, debía enumerar también los autores que se enseñaban, al igual que los exercicios literarios practicados en cada una de sus cátedras, para que el informe pudiera introducirse al Real Claustro.

111.3.3. EL DICTAMEN DEL CAUSTRO DE LA UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS
El Gobernador Intendente rindió una información satisfactoria. Y en auto del 2 de noviembre de 1803, el Presidente de la Audiencia entregaba dicho informe al Real Claustro de la Universidad Carolina que, a la semana, dictaminaba a favor de la gracia solicitada por Ayesta. Según dicho Claustro, el Rey habría de nombrar al Rector y a los Diputados que formarían el plan de estudios y las constituciones de la nueva Universidad; "podrá también autorizarlos -prosegía- para examinar y dar grados mayores y menores a los que se presentaren teniendo los requisitos de la ley".159) En esta consideración, la Junta podría otorgar doce grados mayores a las personas dignas del título de Doctor sin que gastasen nada y en un examen secreto y riguroso, hecho por los mismos diputados, prefiriendo conceder esta gracia -en primer lugar- a los catedráticos del Seminario qu^ la solicitasen y luego a los graduados de Bachiller.

Con la firma de todos los integrantes del Claustro, entre los cuales se hallaban el Rector Doctor José Simeón Cañas y el catedrático Doctor Tomás Ruiz, este dictamen se incorporó al expediente de la exposición de Ayesta el 10 de noviembre de 1803. Demás está decir que fue determinante para la obtención de los grados menores y en el proceso general de la fundación de la Universidad.
 

111.3.4. LA CEDULA DEL 18 DE AGOSTO DE 1806
Los trámites continuaron lentamente en la Audiencia, de manera que hasta el 18 de agosto de 1806 vino la autorización real. Esta se limitaba a los grados menores que debían conferirse según lo dispuesto en las constituciones universitarias de Guatemala. Luego, el 7 de abril de 1807, el Fiscal de la misma Audiencia expresó que el Rector del Colegio Seminario San Ramón admitiese y proveyese las representaciones que hicieran los aspirantes a grados nombrando Secretario que se entendiera con los mismos, los asistiese y llevase las matrículas; dispuso, además que se exigiese derechos a todos aquellos que los solicitaran, debiendo el Rector llevar cuenta exacta para rendirla en su oportunidad al Vice-patronato de la Audiencia.

111.3.5. EL DICTAMEN DEL ASESOR GENERAL DE LA AUDIENCIA
El Asesor General, a 10 del mismo mes, dictaminó que Ayesta estaba autorizado para conferir los grados y que debía hacerlo "en conformidad a la práctica de esta Real Universidad (de San Carlos)"; por eso suplicaba al Claustro de la misma un ejemplar de sus constituciones para ser enviado al Rector del Colegio Seminario de León. Añadía que, nombrados los "empleados de necesidad en las funciones y cargos de estos ejercicios", se consultaran a la Audiencia "las dudas e impedimentos que ocurriesen en su ejecución".(60) Así, el 13 de mayo Ayesta juramentaba -in verbo sacerdotis et ad Santa Dei Evangelia- cumplir con la cédula real y los dictámenes del Claustro de la capital del Reino y de la Audiencia. Ese mismo día, en consecuencia, nombró Secretario a Pedro Solís y convocó a los catedráticos para que el 16, a las nueve de la mañana, concurriesen a la capilla del Seminario con sus alumnos a oir la comunicación de que su centro de estudios ya podía otorgar grados menores.

111.3.6. MISA SOLEMNE DE GRACIAS Y SERMON DE TOMAS RUIZ
Ayesta también decidió celebrar una misa solemne de gracia por la cédula recibida, "patente la Magestad sacramentada, Sermón y Te-Deum" el 15 de mayo, convidando a los cuerpos distinguidos, comunidades religiosas y personas visibles de la ciudad para que solemnizaran la función "y que acompañando sus oraciones con las de este Seminario pidan al Señor continúe sus vendiciones (sic) sobre esta casa".(61) Con toda pompa, el acto se llevó a efecto en la fecha señalada. La nota de mayor relieve consistió en el sermón del catedrático de Filosofía y Vice-Rector Doctor Tomás Ruiz, orador fogoso que deleitaba siempre a su auditorio. Tal fue la celebridad de esa pieza que llegó a imprimirse ese mismo año en la imprenta guatemalteca de Ignacio Beteta.(62)

IV.1. DE LA UNIVERSIDAD MENOR A LA INSTALACION DEFINITIVA IV.1.1. DISCURSO DEL DOCTOR QUIÑONES E INICIO DE LAS CLASES
El 16 de mayo de 1807, veinticuatro horas después de las gracias al Altísimo, el Colegio Seminario San Ramón se erigió en Universidad menor. Todos los catedráticos y alumnos, reunidos en la capilla a las nueve de la mañana, recibieron la comunicación oficial como lo había acordado el Rector. La ceremonia de esediaconcluyó, antes deiniciarse las clases, con 41 discurso del Dr. Francisco Quiñones, responsable de la cátedra de Medicina, restablecida a iniciativa del voto consultivo de la Audiencia que, a 22 de octubre de 1804, la había solicitado "por estar destruidas las provincias de este Reino del auxilio de facultativos de esta clase".163)

IV.1.2. EJEMPLOS DE LA ACTIVIDAD UNIVERSITARIA
Dt.de entonces, León comenzó a tener una actividad universitaria continua que no es necesario detallar. Basta referir tres de sus ejemplos iniciales más importantes: la solicitud de Ayesta al Presidente de la Audiencia, el 7 de julio de 1807, para usar las armas reales y fabricar una cátedra de caoba destinada a los actos públicos; la obtención del título de Bachiller en Filosofía, en octubre de 1808, por el mulato Florencio Fonseca -que pidió declarar nulo el bachiller Pedro Agüero, odiosa distinción que no prosperó- y el elogio de la Gazeta de guatemala, en el mes siguiente, a las tarjas de los graduados en Medicina que, bajo la dirección del doctor Quiñones, habrían de disertar sobre los principios de Cirugía de Hernán Boerhave: Aphorismi de cognoscendis et curandis morbis in ix usum doctrinas medicae; se trataba de José Antonio Lacayo y Manuel del Sol.

IV.1.3. LA MUERTE DE AYESTA Y LA GESTION DE GARCIA JEREZ
Pero el 4 de julio de 1809 fallecía el Rector Ayesta en León y en sus funerales los catedráticos Florencio del Castillo y Francisco Ayerdi, respectivamente, pronunciaron un discurso y un sermón. ¿Quién, entonces, seguiría sus gestiones para obtener los grados mayores? El obispo Fr. Nicolás García Jerez, activo propulsor de la Universidad, quien antes de finalizar el año siguiente hallábase en León cuando surgía en la provincia el ánimo independentista. Por su irreductible fidelidad monárquica, García Jerez recibió del Capi- La Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León de Nicaragua
tán General Antonio González Mollinedo y Saravia la previsión de ser designado sucesor de José Salvador en caso de producirse una conmoción popular. Y así fue: no solamente presidió la Junta formada a raíz del movimiento del 11 de diciembre de 1811, sino que pocos días más tarde asumía la Gobernación Intendencia de Nicaragua.
En ese cargo, el obispo García Jerez continuó la gestión para convertir en completa Universidad la media que funcionaba en el Seminario; pero antes que la señalemos, es necesario ubicarla dentro de la situación política de España en esos años.

IV.1.4. DECADENCIA DE LA MONARQUIA ABSOLUTISTA DE ESPAÑA
Desde el reinado de Carlos IV, la monarquía absolutista de los borbones españoles sufría una franca decadencia hasta el punto de llegar a desaparecer, en 1808, con la invasión napoleónica; consecuentemente, nació la aspiración de constituir una monarquía Constitucional. Trasladados a Francia Carlos IV y su hijo Fernando VII, y proclamado Rey José Bonaparte, la resistencia española organizó en Aranjuez, el 25 de Septiembre del año citado, una Junta Central para gobernar en nombre de Fernando VII. Presidida interinamente por el Conde de Floridablanca, la Junta convocó a los americanos a integrarla con una representación de cada una de sus colonias que debía ser nacido en estas tierras -de acuerdo a la orden real firmada en Sevilla el 22 de enero de 1809- y al año siguiente hizo otra convocatoria -esta vez a Cortes Generales y Extraordinariasque desarrolló en no pocos ilustrados centroamericanos, tanto criollos como españoles, el ideario constitucionalista. Por decreto del 4 de enero de 1810, la misma Junta estableció que cada provincia estaba obligada a enviar un diputado a las Cortes de Cádiz. Guatemala nombró al Canónigo Penitenciario Antonio Larrazábal. Nicaragua y Costa Rica a Antonio López de la Plata y a Florencio del Castillo, formado en las aulas del Seminario, respectivamente.

IV.1.5. EL DECRETO DEL 10 DE ENERO DE 1812
Examinado el testimonio remitido por García Jerez a fines de 1811, se expidió el ansiado decreto el 10 de enero de 1812. Su parte esencial decía: "Atendiendo las Cortes Generales y Extraordinarias a las circunstancias particulares en que se halla el Seminanario de León de Nicaragua y las ventajas que en general resultan a la nación de fomentar los establecimientos de educación pública decretan: Primero: en el Seminario de León de Nicaragua se erigirá Universidad con las mismas facultades de las demás de América".(64) Agregaba que el Consejo de Regencia de las mismas Cortes ordenaría el plan que regiría dicha Universidad.Una vez ordenada la ejecución debida, el diputado por Nicaragua López de la Plata manifestó la utilidad de su cumplimiento inmediato: el 12 de febrero del mismo año el español Antonio de la Cuesta rendía un informe crítico del Seminario en la propia península; el 2 de marzo el encargado del Despacho y Gracia de la Regencia, Ignacio de la Pezuela, trasladaba al Consejo de Indias los textos de García Jerez, López de la Plata y Cuesta para que ordenase el plan de estudios; basado en esas mismas exposiciones, el Fiscal del mismo Consejo dictaminó el 12 de abril de 1812 que no se podía proceder a la formación del plan y de la constitución de la nueva Universidad definitiva, hasta que el obispo y la provincia en general designaran los fondos necesarios "para la competente dotación de los maestros y dependientes de la Universidad, y aumento de cátedras y el método de estudios conveniente—. (65)
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IV.1.7. CATEDRAS Y DOTACIONES
El Seminario o media Universidad tenía siete cátedras: Latinidad, Teología Moral, Teología Escolástica, Filosofía, Sagrados Cánones, Instituta Civil y Leyes (la Medicina había desaparecido de nuevo por falta de fondos) y su dotación sumaba mil quinientos pesos, pagados de esta manera: 400 por las reales cajas, 200 por el interés del dinero que había donado el difunto Arcediano José Albino López de la Plata y 900 por sus fondos propios. No era firme, pues, la sustentación económica del ya autorizado establecimiento universitario. Un informe del Rector Francisco Esteban Mayorga, otro de los nicaragüenses graduados a fines del siglo XVIII, confirma esa cantidad. La escasez de dinero, sin embargo, no impedía el desarrollo académico. Por esos días sucedió un acto de generoso patriotismo: los catedráticos Francisco Ayerdi, Nicolás Buitrago Sandoval, Francisco Quiñones, José María Guerrero y Franciso Chavarría, ofrecieron sus servicios gratuitos para continuar las cátedras que impartían, pagadas por las donaciones propias del Colegio Seminario.

Mas, en realidad, su enseñanza era defectuosa: "Con una sola cátedra de Latinidad en la que hay 73 discípulos -decía el Fiscal de la Audiencia, poniendo un ejemplo— aunque el maestro emplee cuatro horas de enseñanza, mal habrá atender a tan crecido número de discípulos, entre los cuales por necesidad hablará de las distintas clases de rudimentos, sintaxis y propiedad de la lengua latina, sin contar la retórica, por lo que aquel estudio saldrá precisamente imperfecto y crudo, vicio que puede durar toda la vida".(66) En resumen, el Fiscal consideraba preciso para elevar el Seminario a Universidad definitiva aumentar, cuando no una cátedra de Latinidad, al menos un pasante que ayude al maestro y lo sustituya en caso de enfermedad o de otro legítimo impedimento, componer el curso de Filosofía en tres cátedras: una de Lógica y Metafísica, la otra de Filosofía Moral y la última de Matemáticas y Física Experimental; sustituir las cátedras de Teología Moral y Teología Escolástica por las de Instituciones Teológicas; crear dos o más de Instituciones Canónicas en vez de la única que existía; enseñar las fuentes del derecho civil de los roma.

Ínos y del derecho patrio (español) en las cátedras de Instituta Civil y Leyes; restablecer la de Liturgia Eclesiástica que había cesado con la muerte de su fundador el obispo Huerta y Caso; y establecer una de Concilios y otra de Leyes del Reyno. "Con estas cátedras -conclu ía- se puede uniformar la Universidad de Nicaragua con las Universidades reformadas en la península".(67)

Aprobado el 5 de Mayo de 1812, este dictamen fue remitido a la Secretaría de la Gobernación de Ultramar que despachó orden al Presidente de la Audiencia de Guatemala el 6 de agosto. Pero el informe de éste nunca llegó y, como se retrasaba tanto la deseada fundación, las Cortes expidieron un nuevo decreto el 19 de Agosto de 1813, con el fin de que cuanto antes diera efecto el decreto del 10 de Enero de 1812, habiendo tenido a bien resolver los puntos que textualmente decían: "Primero: para que desde luego se instale la Universidad en la dicha ciudad de León de Nicaragua, se observarán las Constituciones de la de Guatemala hasta tanto las Cortes sancionen el plan general de estudios para todas la universidades del Reyno. Segundo: el Reverendo Obispo de aquella Diócesis y el actual Gobernador Jefe Político del partido procederán al nombramiento de Rector para aquella Universidad, eligiéndolo entro los doctores que allí residan y para Cancelario de misma nombrarán al que fuere Maestre Escuela de aquella Catedral. Tercero: para el efecto sólo de facilitar que se confieran los grados mayores en las respectivas facultades de que hay cátedras erigidas y cursantes en aquel Seminario, el Rector y Cancelario habilitarán para examinadores de los grados de Licenciados o Doctores, a falta de éstos, a los catedráticos del mismo Seminario, hasta tanto que se complete el número de ocho Doctores, contados los que allí existían, pues llenado que sea este número se entenderá que ha cesado la habilitación. Cuarto: los referidos catedráticos que quisieron ascender a los grados de maestros, Licenciados o Doctores, deberán sufrir así como los anteriores los exámenes prevenidos por las Constituciones de la Universidad de Guatemala, a más del grado de Bachiller, años de pansantía y demás requisitos sin que en este parte se dispense alguno. Quinto: habiendo el expresado número de ocho Doctores, congregados que sean, por el Rector y Cancelario, se tendrá por instalada la Universidad y procederá a los nombramientos de Secretario, Conciliará, Bedeles y demás oficios que deban nombrarse, así entre los individuos de que se componga el Claustro como en los Bachilleres de las respectivas facultades. Y Sexto: se erigirá en esta Universidad una cátedra de la Constitución de la Monarquía Española.". (68)

El 29 de Agosto de 1813, el Secretario de Estado y del Despacho de la Gobernación de Ultramar envió la anterior resolución al Capitán General Bustamante y Guerra, quien -al recibirlo- la trasladó al obispo García Jerez. Este había dejado de gobernar oficialmente Nicaragua desde el 15 de octubre de 1812, fecha en que fue nombrado interinamente el Corona¡ Juan Bautista Cual. Reunidas el 18 de Abril de 1814, ambas autoridades eligieron Rector de la Universidad al Doctor en Sagrados Cánones Francisco Ayerdi y Cancelario al Maestre-Escuela de la Catedral Juan José Zelaya. El 19 se le comunicó el nombramiento al último y el 29 al primero que, compareciendo ante el obispo, "puesto de rodillas hizo y prestó el juramento prevenido en las constituciones de la Reel Universidad de Guatemala que se mandan en el decreto de las Soberanas Cortes- (el 19 de Agosto de 1813) y "asimismo juró de guardar y hacer guardar la constitución política de la Monarquía Española".(69) El 30 de Abril el obispo dispuso dar posesión formal al primer Rector de la Universidad "con todas las Seremonias, (sic) y solemnidades", comisionando para ello al Pbro. Francisco (Esteban) Mayorga, Rector del Seminario.170)

Y el 2 de Mayo, en cumplimiento de lo mandado en el auto anterior, Mayorga dio posesión a Ayerdi del nuevo rectorado, reunidos en la capilla con todos los catedráticos y cursantes. Pero la Universidad no pudo instalarse por una causa mayor.

Fernando VII, de regreso al trono, disolvía las Cortes por decreto del 4 de Mayo del mismo año e instauraba la represión absolutista, capturando a los diputados y condenándolos a presidio. En consecuencia: quedaban abolidos todos los anteriores decretos; había, pues, que reiniciar las gestiones. Basado en los ya conocidos decretos del 10 de Enero de 1812 y del 19 de Agosto de 1813, García Jerez suplicaba al Rey la instalación universitaria, pues era de absoluta necesidad tal establecimiento, añadiéndole que fuera Cancelario de la misma el prelado que por tiempos fuere, o el Vicario Capitular en Sede Vacante, y que los gastos para obtener los grados mayores no pasaran de trescientos o cuatrocientos pesos; añadía a su representación, fechada el 19 de octubre de 1814, las diligencias practicadas en otro tiempo para conseguir la gracia que pedía. 

La súplica fue confirmada por cédula del 5 de Mayo de 1815 y al llegar a León causó mucho regocijo; mas no podía verificarse la instalación de la Universidad porque faltaba el número necesario de doctores para integrar el Claustro. Entonces, con su acostumbrada tenacidad, García Jerez comunicó al Secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias el 4 de Noviembre del mismo año que, para dotar algunas cátedras y acudir a los desembolsos exigidos por las nuevas y los reparos de las existentes, proponía "el que su Real Majestad se dignase conceder el dictado y honores de doctor a algunas personas beneméritas del Estado Eclesiáatico".(71) Y más adelante especificaba los nombres: el Deán Juan Francisco Vílchez y Cabrera y el Canónigo Miguel Jerónimo Guerrero de Arcos, agregando: "Estos dos eclesiásticos son de una ejemplar conducta y de un mérito no vulgar y estoy cierto que, agraciados por S.M., serán apoyo seguro de esta Real Casa de Enseñanza Pública".

El obispo, decidido a inaugurar los más pronto posible la Universidad y olvidándose de las respuestas a sus nuevas solicitudes, nombró a los primeros empleados el 8 de Noviembre: Secretario y Maestro de Ceremonias con 30 pesos anuales al Br. José Matías Quiñones; Tesorero con 30 pesos anuales al Pbro. Pedro Sol is; Bedel, con 18 pesos anuales a Pedro Gómez; y Bedel con 18 pesos anuales a Cesareo Aragón. De Secretario de la Universidad menor, Sol ís pasó a la tesorería de la Universidad con la obligación de llevar a su casa el arca, los papeles y el dinero existente para rendir cuanta exacta de su estado; lo mismo hizo el Secretario con el archivo que recibió de manos del mismo Solís. Todos aceptaron y juraron sus nombramientos: el Secretario y los Bedeles lo hicieron entre el 9 y el 11. El diez, el Rector Ayerdi distribuía los gastos de las graduaciones de acuerdo con lo acordado por la cédula del 5 de Mayo: el acto de repetición ascendía a 60 pesos, el de Licenciado a 110 y el de Doctor a 314.

El 16 de Noviembre de 1815, en presencia del Rector Ayerdi y del cuerpo de catedráticos, tomó posesión de Cancelarlo el propio García Jerez confirmado en ese cargo por la citada cédula del 5 de Mayo, y el 27 de Noviembre juramentó el Tesorero. El 8 de Enero de 1816 el Cancelario y el Rector, conforme los decretos referidos, habilitaron a los siguientes graduados para que en las primeras noches o exámenes de grado sirvieran como doctores: Lcdo. Nicolás Buitrago, catedrático de instituta; Lcdo. Manuel López de La Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León de Nicaragua la Plata, catedrático de Ley;
Br. Pascual López de la Plata, catedrático de Teología Moral; Br. Fr. Vicente Caballero, catedrático de Teología Escolástica; Br. José María Guerrero, catedrático de Prima de Filosofía. Como éstos no eran suficientes para sus propios exámenes, principalmente los López de la Plata que tenían impedimento recíproco por ser hermanos, fueron habilitados el Padre Lector de Teología del convento de la Merced Fr. Antonio Capará y a los bachilleres Pedro Portocarrero y Pedro Caballero. Completado el número de doctores, quedó todo listo para la instalación oficial que tuvo lugar en la sala del palacio de la Diócesis a las nueve de la mañana del 24 de Agosto de 1816. Una vez leído los decretos del 11 de Agosto de 1813 y del 5 de Mayo de 1814, se procedió a la fundación definitiva, a la que habían entregado sus energías Rafael Agustín Ayesta, Tomás Ruiz y, sobre todo, Nicolás García Jerez.

En ese solemne acto se eligieron los patronos de la Universidad, en primer lugar "María Santísima Madre de Dios y señora Nuestra en el misterio de su Concepción Purísima" y, en segundo, al "angélico Padre y Doctor de la Iglesia Santo Tomás de Aquino, cuyas fiestas se celebrarán con arreglo a las constituciones de la Real Universidad de Guatemala que por ahora están mandadas a observar'. Asimismo, según las mismas constituciones, se crearon los ocho consiliarios nombrándose a los señores: Doctor Manuel López de la Plata, Doctor Fr. Vicente Caballero, Doctor Pedro Caballero, Doctor Francisco Quiñones, Lcdo. Toribio Arguello, Br. Nicolás Buitrago Benavente, Don Pedro Pérez, Don Narciso Mayorga. Se reeligieron Secretario y Tesorero respectivamente en las personas del ahora doctor en Derecho José Matías Quiñonez --cuyo examen se había verificado el 22 de Agosto- y del Pbro. Pedro Solís; y para bedeles resultaron electos el ya conocido Cesareo Aragón y Leandro Cerna. Finalmente, se decretó que el aniversa rio por los difuntos que debía celebrarse el Claustro correspondiera al día del fallecimiento del primer Doctor o Licenciado y que, como el tutelar del viejo Seminario Conciliar era San Ramón Nonnato, se asistiese "permanentemente a solemnizar su función por el Claustro en forma con las insignias doctorales". (72)

IV.2. DE LA INAUGURACION EN 1816 AL ESTADO FORMAL DE 1819
Tres días después de la inauguración de la Universidad, que se llevó a cabo el 24 de agosto de 1816, el doctor José Maria Quiñones prestaba juramento para poder ejercer su oficio de Secretario en manos del Rector Ayerdi. Y mes y medio después se recibía en Costa Rica un testimonio de la fundación que terminaba: "Todo lo cual (la erección de la Universidad) le ha parecido a este Claustro deberlo participar a V(uestra) S(eñoría) de quien espera la aprobación más justa y de todo su agrado".(73) La persona a que se dirigía ese documento era al Presidente de la Audiencia.

El 16 de septiembre del mismo año la máxima autoridad del Reino acusaba recibo del oficio, manifestando un singular gusto por la instalación; y el 18,Bustamante y Guerra agradecía al obispo sus expresiones particulares deseándole, en justa correspondencia, que en la nueva Universidad brillarían "sanas doctrinas y opiniones (de las) que tanto necesita la religión y el Estado para confundir a los filósofos que de tantos modos las han convalido (sic) para rebolucionar (sic) el universo—. (74) El Capitán General, como se ve, temía a las ideas ilustradas por las acciones subversivas a que podían conducir.

Previa la decisión unánime del Claustro, García Jerez solicitó al Rey el 19 de Noviembre de 1816 que se dignase en permitir que su hermano "el Serenísimo Sr. Infante don Carlos" fuera protector del establecimiento, lo cual estimularía a todos para dedicarse "con tesón al cultivo de las ciencias...".(75) Fernando VII aceptó el 28 de enero del año siguiente y dos meses más tarde expresaba contribuir "a los adelantamientos de dicha Universidad para que consiga elevarse al mayor grado de perfección y esplendor posible". A 15 de Enero de 1817 el Rey había ordenado a Bustamante y Guerra el envio del informe sobre "la erección de la Universidad de Nicaragua". El Consejo de Indias no podía resolver, sin ese texto, la habilitación del grado de doctor para Vílchez y Cabrera y para Guerrero de Arcos, como también la concesión de que la Universidad pudiese graduar a cuatro catedráticos pobres, solicitudes pedidas por García Jerez desde 1815.

La Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León, mientras tanto, seguía funcionando. Ese título, empleado desde el día de su instalación, encabezaba el certificado del Rector y del Claustro sobre Manuel Beltranena, Gobernador Intendente interino; fechado el 17 de Julio de 1817, tenía por objeto pedir su nombramiento en propiedad: según las autoridades universitarias, Beltranena era "un sujeto de bellas prendas y particulares circunstancias". (76) El mismo Claustro agradecía, a 4 de Abril de 1818, un inapreciable obsequio : la biblioteca del Lcdo. Miguel Larreynaga. Desde Guatemala, donde era relator de la Audiencia y enseñaba Derecho Teórico-Práctico en la Universidad de San Carlos, el antiguo catedrático y ex-alumno del Seminario había enviado a su ciudad natal cerca de tres mil volúmenes que comprendían"todos los códigos de nuestra legislación antigua y moderna, y de todos los autores clásicos de jurisprudencia, y otras obras de literatura y humanidades", muchas de ellas anotadas de su puño y letra en los márgenes. (77)

Tres nuevos bachilleres, según las firmas del texto anterior, integraban el Claustro: Francisco Aguado, Miguel Robelo y Florencio Romero; además ya no era Rector Ayerdi, sino Manuel López de la Plata. Este firmó el 19 de Abril del mismo año la carta de solicitud al Rey para permitir "el que religiosos de ciencia y de conducta "de la orden franciscana impartieran clases de Teología en la Universidad; se argumentaba que dicha gracia había sido concedida en 1686 a la de Guatemala con muy buenos efectos y pedía que al franciscano notoriamente hábil que se presentaba se le concediese, sin propinas, el grado en dicha facultad. La anterior petición fue motivada seguramente por la presencia de Fr. Vicente Caballero, provincial de la orden franciscana en Nicaragua y catedrático de Teología Escolástica de la Universidad desde la fecha de su instalación. Pero no se sabe si fue concedida.

Lo que nunca se obtuvo fue la cédula de erección. Esta exigía el informe del Capitán General, quien -en definitiva- nunca lo envió. Primero dijo, el 17 de marzo de 1818, que reuniría los datos necesarios y que los llevaría a Madrid. Pero Bustamante yGuerra no cumplió con su palabra. Luego en Cádiz, después que se le reclamó una vez más, afirmaba el 26 de Abril de 1819 que los había enviado a la fecha prometida. Mas Juan Lozano de Torres, del Ministerio de Guerra y Justicia, lo contradecía al asegurar que no constaba en su archivo el informe citado. De manera que por un atraso burocrático, la Real Universidad de León no recibió confirmación oficial de su erección.

Pero fue una realidad, en la medida que podía serlo en su época, durante cinco años. Ocupando el mismo edificio del Seminario Conciliar, transformado luego en Universidad menor, poseía una muy estimable biblioteca, originalmente formada por Ayesta y enriquecida por las colecciones de Ayerdi y Larreynaga. Este, ya en Madrid, recibía el 29 de Abril de 1819 el agradecimiento por su donación de parte del Secretario Fernando Queipo de Llano en nombre del Infante don Carlos, protector de la Universidad de León, y del Rey; además, introducía una exposición relativa a los perjuicios que habría en la provincia de Nicaragua en general, y en su Universidad en particular, si se dejaba a ésta de segunda clase. La misión de Larreynaga era obtener que fuera de primera clase, según el Plan General de Enseñanza propuesto a las Cortes Reales por su Comisión de Instrucción pública. 

Y el prócer criollo, lamentablemente, no logró lo que se proponía, pues en un informe posterior del Reino de Guatemala, y en concreto de León, se dice que esta ciudad "tiene Diputación Provincial, Obispo, Catedral, con número de Canónigos, Colegio y Universidad de tercera enseñanza", agregando su autor: "conviene que as¡ continúe".

Por algo esta Real Universidad tenía escudo propio desde los primeros días de su instalación definitiva. Estampado en la parte superior y central de la tarja del tema asignado que defendió uno de sus primeros graduados para doctorarse en Leyes, José Matías Quiñones, su interpretación heráldica era la siguiente:

"Dos metales, el oro y la plata, y cuatro colores, el gules o rojo, el azur o azul, el sinople o verde y el sable o negro, son los recursos que habla nuestra alma su encantador lenguaje. El nos dice que poder, riqueza, sabiduría, nobleza, luz, son del oro; que la plata es pureza, obediencia, firmeza, vigilancia, elocuencia; que el rojo canta la victoria, la alteza, la audacia, el ardid; que el azur símbolo es la justicia, verdad, caridad, hermosura, lealtad; que el verde es esperanza, es fé, es amistad, es respeto; y que el negro llora la tristeza, el dolor, y sublimiza la prudencia y la honestidad.

En el escudo de nuestra Real Universidad, el heraldo que lo hizo, de apellido Cabrera, supo combinar estos metales y colores y escoger las figuras del emblema en el grupo de las naturales. La ciencia que se difunde en ellas, la expresó por el sol de plata en campo de azul, y el disco arroja dieciseis lenguas de oro en precioso torbellino, como queriendo envolver las ocho estrellas de plata, selecta expresión heráldica ésta, del claustro de los ocho primeros profesores que entraron aquí, preclaros varones, a inocular el saber a la juventud para inmunizarla contra el mal y la ignorancia.

IEl castillo surmontado de tres torres, la central más alta que las otras, por lo que recibe el nombre de donjonado, representa el edificio universitario resguardado por el león rampante, en actitud de combate, símbolo de la ciudad que mereció esta regia gracia, que ella sabrá defender siempre con bravura e hidalguía. Remata el escudo el yelmo de los caballeros para recordarles a todos que en las justas del saber y en el ejercicio de sus nobles profesiones deben portarse como tales. (78) )

No en balde a la misma Real Universidad asistían algunos estudiantes de las otras provincias del Reino., sobre todo de Honduras y Costa Rica, continuando la proyección centroamericana que el Seminario desempeñaba desde la época de su florecimiento, es decir, durante el rectorado de Ayesta: de 1787 a 1809. Para ilustrar esta proyección véase el fragmento de una petición de beca firmada por el criollo hondureño José Miguel Lardizábal y dirigida al obispo de Honduras; fechada el 26 de Febrero de 1819, solicita para uno de sus hijos la beca que gozaba su hijo mayor en el Colegio Tridentino de Comayagua: "Don Miguel Lardizábal de este vecindario ante V(uestra) S(eñoría) en la mejor parezco y digo: reconociendo talento y disposición en mi hijo legítimo José Leocadio Lardizábal, Colegial de ese Seminario, determiné mandarlo a la Universidad de León a seguir sus estudios como efecto lo verifiqué el 30 de octubre pasado..."(79)

En 1818, como se apuntó, el Rector de la Universidad era Manuel López de la Plata; Ayerdi, sin embargo, aparece como "Rector de la Universidad" en el documento que el Rey Fernando VII, al 18 de Enero de 1821, lo presentaba como candidato para una Canongia vacante. Esta había sido pretendida por Ayerdi desde 1817, cuando aún era Rector; eso explica el que cuatro años después aún apareciera entre sus méritos tan honroso cargo.

Para 1819, el estado formal de la Universidad era el siguiente: 

Cátedras Dotación anual en pesos Oyentes Autores enseñados
Prima de Teología 200 (pagados de los ton- 11 Tomás Charmes dos propios) 
Sagrada Escritura gratuita por iniciativa del 9 Natal Alejandro catedrático 
Teología Moral 200 (pagados por las 37 (Catecismo de su Santidad 1 Cajas Reales)  Pío V y el Maestro.
Prima de Leyes 200 25 Ilustración del Derecho Real de España por Juan Salas
Sagrados Cánones L300 25 Devesti Instituta 200 (pagados de los fondos 25 innio por Juan Salas Propios) 
Medicina y Cirugía 1 300 10 Varios autores clásicos de la mejor nota
Latinidad de Mayores 250 25 -o
Latinidad de Menores 50 (pagados de los fondos  -o propios) 
Primera de Filosofía 200 (pagados de los fondos  Padre Roselli propios) 
Segunda de Filosofía gratuita por iniciación del catedrático 
Los 200 pesos que sostenían la cátedra de Leyes provenían de los intereses de 4.000 pesos que, a razón del cinco por ciento, había dotado para su fundación el Arcediano de la Catedral, ya finado, Don Albino López de la Plata; capital repartido en tres casas de la ciudad. La dotación de la cátedra de Sagrados Cánones estaba distribuida en 200 pesos tomados de los fondos de la Universidad y en 100 de los intereses de 2.000 pesos que había donado el criollo granadino Pedro Chamorro, hallándose reconocidos en la hacienda de ganado mayor Santa Clara de la jurisdicción de Granada. Y los 300 de la Medicina y Cirugía la pagaban varios vecinos que contribuían cada uno con lo que había ofrecido, extendiéndose este compromiso, según promesa de los mismos, hasta 1822; desafortunadamente, no se conocen sus nombres.

Por otra parte, la Universidad mantenía una escuela de primeras letras dotada con ciento ochenta pesos que pagaban los fondos propios del Ayuntamiento de León(23).

Finalmente, la organización académica y administrativa era como sigue: Rector: el Señor Don Manuel López de la Plata, Presbítero, Doctor en ambos Derechos, Catedrático de Prima de Teología; Pbro. Don Francisco Ayerdi, Doctor en Sagrados Cánones, Catedrático jubilado de la misma Facultad; Don Pascual López de la Plata, Doctor en Sagrada Teología y Doctor en Sagrados Cánones, Catedrático de Teología Moral, Supernumerario de Sagrada Escritura; M.R.P. Provincial de San Francisco Fr. Vicente Caballero, Doctor en Sagrada Teología, Catedrático de Prima Escolástica (Primera de Filosofí# Pbro. Don Pedro Caballero, Doctor en Sagrados Cánones; Pbro. Don José María Guerrero, Doctor en Sagrados Cánones, Maestro en Artes, Catedrático de Filosofía; Pbro. Don José Matías Quinones, Doctor en Sagrados Cánones, Catedrático de Prima de esa Facultad; Pbro. Don Juan de los Santos Madriz, Doctor en Sagrados Cánones; Pbro Don Rafael de la Fuente, Doctor en Sagrada Teología; Don Francisco Quiñones, Doctor en Medicina, Catedrático de la misma Facultad; Don Narciso Mayorqa, Maestro en Artes, Catedrático Supernumerario de Filosofía; Don Juan José Quiñones, Licenciado en Derecho Civil; Don Nicolás Buitrago Sandoval, Abogado de la Real Audiencia, Catedrático de Instituta Civil; Tesorero: Pbro. Pedro Solís y Secretario: Doctor José Matías Quiñones.

IV.3 BIOGRAFIAS BREVES DE LOS FUNDADORES
Para completar esta reseña de la Universidad colonial nicaragüense, resta trazar los perfiles biográficos de sus tres impulsores o fundadores.

IV.3.1. RAFAEL AGUSTIN AYESTA
A Rafael Agustín Ayesta, leonés de nacimiento, se le considera el primer fundador de la Universidad de Le6n; el empeño que demostró por obtener para el Colegio Seminario San Ramón los grados mayores y menores -aunque sólo haya conseguido los últimos- lo hace merecedor de dicho título,

Descendiente por ambas líneas de antiguos españoles radicados en la provincia, nació el 29 de noviembre de 1750.(80) Sus padres, Juan Agustín Ayesta y Alfonsa Naranjo, le dejaron huérfano y destituido de bienes, circunstancia que le obligó a dedicarse con aplicación constante al estudio en el Colegio Seminario, dirigido entonces por el obispo Juan Carlos de Vílchez y Cabrera. En 1773, ordenado de Diácono, el Cabildo de la Catedral de León le concedió una capellania del Coro, cuyo nombramiento aprobó el mismo prelado.

Durante la gobernación del siguiente, que lo hizo capellán de su familia, la carrera de Ayesta fue pródiga en ascensos: el 3 de Agosto de 1777 se le promovió al Presbiteriado, el 22 de septiembre de 1780 recibió el título de Maestro de Ceremonias por uná-nime consentimiento y después de sufrir examen con todos los eclesiásticos de la ciudad en 1781 se le nombró catedrático interino de Teología Moral en el Seminario -habiendo obtenido la cátedra definitivamente tres años después-- y el 10 de enero de 1782, al haber vacado una canongia por fallecimiento de Antonio José Carmenate, el obispo Esteban Lorenzo de Tristán "informó los sugetos que consideraba más idóneos y beneméritos para outenerla, entre los quales comprendió al nominado Dn. Rafael Ayesta...". Luego, hallándose vacantes los empleos de Promotor Fiscal y Defensor de los Juzgados de Testamentos, Capellanías y Obras Pías, y atendiendo a su prudencia y demás facultades, se le eligió para ellos el 13 de mayo de 1783. Ese mismo año, a veinte de diciembre, el obispo Juan Félix de Villegas lo recomendaba para ocupar dignamente cualquier cargo en las iglesias Catedrales

Enterado de su conciencia recta y literatura, el Tribunal del Santo Oficio de México lo escogió el 10 de enero de 1784 para Notario, Revisor y Expurgador, cargos que juramentó en manos del Deán José Antonio de la Huerta Caso, siendo admitido el 4 de Abril del alto referido. Y el 13 de enero de 1785 Huerta y Caso se los confirmaba. En certificación del 21 de Noviembre del siguiente año, el Consejo de Justicia y Regimiento de su ciudad natal comprobó "su conocida virtud y uruano trato con toda clase de persona", la aceptación que había merecido de sus obispos y `la exactitud con que desempeñaba los diferentes empleos que tenía a su cargo". Villegas, entonces, lo colocó en el Rectorado del Seminario San Ramón el 4 de Abril de 1787 "Con todas las preeminencias, exenciones y franquezas que habían gozado sus antecesores", entre ellos José María Porras, recién fallecido. "Fue allí -escribe Juan de Dios Vanegas-donde desenvolvió todo el vigor de sus singulares facultades". (83) No obstante ser conocida su labor en esa responsabilidad, es oportuno ilustrarla con el testimonio de Florencio del Castillo, el último Vice-Rector del Seminario:

"...amaba a los niños, como si hubieran sido sus hijos, y miraba al Colegio como su propia casa. No tenía excepción de personas, porque estimaba igualmente a los hijos de los grandes, que de los pequeños; sólo la aplicación, y la virtud merecían la preferencia de su corazón. De aquí nacía el cuidado que tomaba, para que se le suministrasen buenos y sanos alimentos; y para reparar las faltas que pudiere haber...; comía con ellos todos los días en una misma mesa''.(82)

El mismo texto informa que de esa manera les impartía lecciones de Urbanidad, inspirándoles el eseo, el amor a la virtud, el horror al vicio y cuidándolos de todo aquello que pudiese ofender su salud. Protegía también a niños pobres: uno de ellos fue Pedro Solís, a quien -además de auxiliar a su familia- puso de Celador del Seminario, preparó intelectualmente y envió posteriormente a Guatema!a. Para el 20 de septiembre de 1787, Ayesta ya se desempe,iaba a cabalidad como Rector.

Por eso mereció una certificación de reconocimiento, suscrita por el Gobernador Juan de Ayssa, para pretender a culquiera de las prebendas eclesiásticas; igual capacidad le consignaba en una carta el obispo Villegas rl designarlo entre los candidatos a la Canongía que a fines del mismo año había dejado José Ramón de Quirós.El propio Ayesta solicitaba el 6 de febrero de 1789 la dignidad de Arcediano de la Catedral de León. Dos años antes había publicado su primer sermón en la imprenta guatemalteca de Ignacio Beteta. A ese texto siguieron cuatro más: en 1788, 1792, 1795 y 1797, aparecidos bajo el título uniforme de Ordi recitanti divin officium, misasq, celebrandi in Alma Eclesia Catehedrali Legionensi; el primero constaba de cincuenta páginas, el segundo de cincuentiseis, el tercero de cuarentinueve y el cuarto de cuarentisiete, conteniendo todos las fiestas movibles del año y témporas, como también el lunario o fases de la luna. Huerta y Caso, al tomar posesión de su obispado, nombró a Ayesta -por otra parte- Secretario, repartiendo con él todo el peso del gobierno de la diócesis. 

Y a fines de 1807, se le proponía para otra canongía vacante y, aprincipios de 1809, rechazaba el curato de Granada que le ofrecía el Deán V ílchez y Cabrera.
Finalmente, Ayesta falleció el 4 de Julio del último año. Con la asistencia del Cabildo Eclesiástico, del clero, de las comunidades religiosas, de los ilustres cuerpos de la ciudad y de los vecinos distinguidos, su cadáver fue expuesto en el Seminario y en la Catedral, recibiendo las más solemnes exequias y pronunciándose en ella dos piezas: una oración fúnebre de Florencio del Castillo y un sermón de Francisco Ayerdi. En realidad, como dijo uno de los panegiristas, la juventud había perdido un padre y las letras un protector. De ahí que el 19 de Julio de 1909, en medio de un cuantioso número de luces y emblemas que expresaban el íntimo sentimiento del obispado de León, recibió honores fúnebres, o postrimeros; colocado el túmulo en su sitio correspondiente, la Catedral se adomó con ocho pinturas alegóricas, bajo las cuales estaban escritas versos neoclásicos alusivos: octavas y liras.


IV.3.2. TOMAS RUIZ

Tomás Ruiz es la segunda figura clave de los fundadores de la Universidad de León Como se vio oportunamente, él participó a finales de 1803 en las gestiones para que la Universidad de San Carlos diese el visto bueno para que se elevase a rango universitario el Seminario San Ramón. Tomás Ayón, a propósito, lo confirma: "A los esfuerzos de este ilustrado nicaragüense (Tomás Ruiz) se debió en gran parte la buena acogida que dio el Real Claustro (de la Universidad de San Carlos, en Guatemala) al feliz pensamiento del Rector Ayesta y el dictamen favoraule que dirigió (el mismo Claustro) al Presidente del Reyno acerca del establecimiento de Universidad en León-.(83) Este dictamen lo suscribió Ruiz, con sus demás compañeros, el 9 de noviembre de 1803. Así que a la idea y efectivas gestiones de Ayesta y a la importancia de la palabra de Ruiz se debe, originalmente, la creación de la Universidad de León. El conocido promotor de ésta, como se ha visto, fue secundado por el que merece el título de segundo fundador de la misma. Por eso no está demás resumir su trayectoria biográfica, por lo demás impresionante.

Nacido en Chinandega el 10 de enero de 1777, Tomás Ruiz llegó a ser un gran orador, humanista y prócer de la independencia de Centroamérica. Hijo de indios, tuvo la protección del obispo Juan Félix de Villegas, quien le consiguió una beca en el Colegio Seminario San Ramón, donde hizo estudios de Filosofía y recibió las cuatro órdenes menotes. Trasladado con Villegas a Guatemala, obtuvo al,¡ el grado menor de Bachiller en Filosofía y curso los estudios de Sagrados Cánones, Leyes e Instituta, terminándolos con los grados de Bachiller en ambos derechos.

Residiendo un tiempo en León, retornó a Guatemala, siendo ordenado sacerdote en 1801 -otra vez en León- por el obispo José Antonio de la Huerta y Caso. Y de regreso a Guatemala -era la tercera vez que viajaba a esa capital- fue investido, a mediados de 1803. de Licenciado en Sagrados Cánones y, a principios de 1804, de Doctor. (En uno de sus exámenes de Licenciatura desarrolló este tema: "los estudios de las humanidades son siempre útiles a los varones eclesiásticos y es necesario que siempre existan"; y en el de doctorado contestó ampliamente esta pregunta: "¿A quién deben mayores beneficios los indios: a los sucesores de Pedro o a los Reyes Católicos?". Los títulos de ambos temas fueron presentados en latín en su tarja correspondiente).

Entonces Ruiz, primer doctor de raza indígena en Centroamérica, ya había influido para convencer al claustro de la Universidad de San Carlos aceptase el establecimiento de la Universidad en León; asimismo, había enseñado Filosofía (materia que abarcaba Lógica y Metafísica, Artimética y Algebra, Geometría y Física) en el Colegio Seminario San Ramón, cosechando no pocos frutos, entre ellos actos públicos de sus discípulos reconocidos por su calidad académica. Pero el más valioso de sus aspectos universitarios fue su actividad ilustrada. En efecto: desde sus primeros estudios filosóficos surgió en él la desconfianza hacia la Escolástica, presente en la mayoría de sus coetáneos imbuidos en las ideas de la Ilustración. Uno de ellos era su maestro Fr. Matías de Córdoba, famoso ilustrado; de manera que Ruiz afirmaba, en su examen de bachiller, que "para la investigación de la verdad y para la demostración de la misma, el método socrático era más útil que el escolástico".

Mas este rechazo no se quedaba en eso sino que trascendía a una inquietud reformista, animada por un espíritu de conciliación entre lo tradicional y lo moderno; así, intentó realizarse en ese sentido, lográndolo en parte: durante más de cinco años, con la colaboración de un discípulo del reformador académico de la Universidad de San Carlos, José Antonio Liendo y Goicoechea, divulgó en el Seminario la corriente de la ilustración. E influyó en varios de sus alumnos como Rafael Francisco Osejo, posteriormente uno de los fundadores del estado de Costa Rica. Lo que no llevó a cabo, como ya vimos, fue su reforma de los planes académicos del Seminario: en ella puso todo de su parte -habiendo, incluso, escrito una obra, cuyo manuscrito se extravió definitivamente- hasta el punto de preferir la renuncia del sacerdocio si le obligaban a retractarse de sus ideas renovadoras.

Mientras tanto, su obra espiritual como clérigo la había desplegado brillantemente, ejerciendo varios cargos en la diócesis de León, pronunciando sermones memorables como uno por el alma de Fr. Juan Gómez -impreso en Guatemala, 1805-, atendiendo el confesionario, etc. Pero siempre fue bloqueado para aspirar a un cargo superior dentro de la administración eclesiástica del sistema colonial. Por eso, desengañado y frustado,participó en la Conjuración de Belén, el principal intento de independencia en Guatemala, la cual fue descubierta y reprimida. A Ruiz, el fiscal de la causa pidió que se le condenase al garrote vil; mas la pena se le conmutó a prisión perpetua. Engrillado y encadenado, padeciendo enfermedades y viendo muy pocas veces el sol, permaneció en la cárcel más de seis años; y, aún en esa situación, siguió propagando sus ideas indenpenden tistas.

Al saber la noticia del indultode Fernando VII el 28 de Julio de 1817, Ruiz dirigió con sus compañeros un par de cartas a dicho monarca, en las que denunciaba la represión del Capitán General José de Bustamante y Guerra; y después envió una solicitud personal de indulto en el mismo sentido. No fue, sin embargo, sino hasta el 13 de Diciembre de 1819 que recibió el indulto real. Inmediatamente, pidió autorización para trasladarse a Ciudad Real, capital del estado de Chiapas. Y no volvió más a saberse de su vida.

IV.3.3. NICOLAS GARCIA JEREZ

El tercer personaje que hizo posible la Universidad de León fue el obispo Nicolás García Jerez, su más egregio fundador. Tal como fue apuntado, desde 1810 a 1816 gestionó personalmente el proceso de la fundación. Por él se expidieron los decretos determinantes: el del 10 de Enero de 1812 que erigía Universidad en el Seminario San Ramón de León como las demás de América y el del 19 de Agosto de 1813 que autorizaba la instalación, recomendando los pasos necesarios a seguir. Recuérdese que, suprimidos ambos decretos por el regreso al trono de Fernando VII, reinició las gestiones, enviando la representación del 19 de Octubre de 1814 -en la cual consideraba de absoluta necesidad el establecimiento universitario- y que todo lo que siguió hasta la instalación definitiva fue obra suya. Por lo tanto, a nadie más que a él le corresponde el título de fundador que se le asigna únicamente, muchas veces, al Rector del Seminario San Ramón.

Sofonías Salvatierra figuró entre los primeros que reconocieron sus activos esfuerzos, haciéndole compartir con Ayesta "la gloria imperecedera de ser los fundadores de la Universidad de León".(84) Sin embargo, se ha visto con claridad que el referido Rector no fue más allá de impulsar integralmente el Seminario y de promover su transformación en Universidad. Como ésto lo consiguió a medias, con la colaboración de Ruiz, la posteridad debe evocar sus memorias y, aún más, la de García Jerez.

Por otro lado, éste se opuso rotundamente a la independencia: como es bien sabido, controló el movimiento de León en 1811; desde entonces sus actuaciones políticas fueron de mucha importancia, demostrando ser un realista obcecado y un empedernido anexionista al Imperio de México. Para su mentalidad tradicional, el republicanismo era ominoso; por eso intervino palpablemente en la guerra civil de 1824 y se le desterró ese mismo año a Guatemala. No es impertinente, por tanto, trazar sus rasgos biográficos y transcribir algunas opiniones sobre él.
tNatural de Murcia, España, ingresó a la orden dominica. Prior del convento de Cartagena y Caballero de la Cruz Isabel La Católica, había renunciado a los arzobispados de Zaragoza, Valencia y Santa Fe antes de venir a Nicaragua; aquí, pues, entregó todas sus pasiones los últimos catorce años de su vida,

Como obispo y gobernador intendente, se preocupó por el progreso material y espiritual de la provincia, llegando a construir un puente de mampostería en el barrio de Guadalupe, a terminar las torres y el frontispicio de la Catedral, a reedificar la iglesia y convento de la Merced, a erigir un altar mayor y un camarín para la Virgen de esa Iglesia y a instalar un baño cómodo, en medio de jardines, para la recreación pública.

Al fallecer en Guatemala el 31 de Julio de 1825, uno de sus contemporáneos lo definió como lo que era: "un hijo de España, que sobre todo s• preocupó en promover los intereses de su antigua patria".(85) Otro, medio siglo después, afirmaba: "Procuró tantos bienes a Nicaragua que aún hay en el día muchos que derraman dulces lágrimas de gratitud".(86) Sus restos fueron trasladados, a fines de 1854, a León, recibiendo un "Saludo" de Nicolás Aguado; anteriormente, al saberse de su exhumación en Guatemala, había inspirado estos lamentosa la "Basílica de Nicaragua":
Ven, ven esposo tierno y en mi seno Oculta tu cadáver exhumado,

Ya que no pude, en gemebundo duelo Anunciar tu partida al Cielo Santo.

Ven, y mitiga mi llorar sin mengua Desde que tú fuistes expulsado pues no se atreve mi callada lengua Expresar su dolor, su llanto amargo

Ven y reclina tu sagrado cuerpo en el lecho de amor que te preparo para que duermas sempiterno sueño mientras el tiempo corre y va eclipsando.

Ven y bendice al desgraciado Pueblo Que fuera de tu amor privilegiado, Y haz que cesen las desgracias todas Que de continuo le viven aquejando.

Y al Dios de amor que tu querella escucha, Una gracia pedid, que derramando De esas manos benditas, generosas, De este suelo infeliz, mitigue el llanto.(87)El cronista Francisco Ortega Arancibia, describiendo su personalidad, dice que era de gallarda presencia y de faz simpática. "Su voz era suave -agrega- y sabia hacer uso de ella conforme la circunstancia, ¡acompañándola de los más naturales edemanes".(88) El historiador Ricardo Fernández Guardia lo conceptuaba como "maestro en el arte de engañar los corazones".(89) Sin duda fue un hábil político que conocía a fondo la encrucijada histórica en la que tomó parte contra las heces del puebb..(90)

V. LA PROYECCION CENTROAMERICANA DE LAS AULAS SUPERIORES DE LEON

V.1. COSTARRICENSES GRADUADOS EN EL SEMINARIO CONCILIAR
La Universidad, a pesar de sus interrupciones, tuvo una apreciable proyección centroamericana en la primera mitad del siglo XIX. Remontándose a los últimos años del XVIII, se desarrolló en El Salvador, Honduras y, principalmente, en Costa Rica. Unida a Nicaragua eclesiástica y políticamente, y sin ningún establecimiento de enseñanza superior a lo largo de la colonia, la última provincia del Reino de Guatemala dependía de su vecina en esos aspectos; era lógico, por tanto que sus principales hijos realizaran sus estudios primero en el Seminario Conciliar y luego en la Universidad de León.

Entre los costarricenses graduados en el primero, sobresalieron Florencio del Castillo, Juan de los Santos Madríz, José María Peralta, Félix Esteban de Hoces y Calvo, José María Esquivel, Manuel Alvarado, Joaquín Rivas, José Arguedas, Joaquín García, José María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero, Joaquín Flores y otros.(91)

V.1.1. FLORENCIO DEL CASTILLO
1 Bachiller y sacerdote consagrado en 1802 en el Seminario, donde enseñaría Geometría al año siguiente, del Castillo regresó a su patria y en 1808, de nuevo en León, ocupaba la cátedra de Filosofía en el mismo centro. Dos años después, mientras ejercía  el Vice-Rectorado del Seminario y al renunciar el Pbro. Nicolás Carrillo, fue electo Diputado por Costa Rica a las Cortes de Cádiz. Como no pudo salir para España a través del río San Juan, viajó a Trujillo, Honduras. El 29 de Junio de 1811 llegaba a Cádiz y el 11 de Julio se incorporaba a las Cortes. Allí partició en casi todos los debates contribuyendo con su brillo personal a la aprobación del decreto que erigiría en Universidad al Seminario que lo había formado. En México, donde fallecería, continuó su carrera al sercivio del Imperio de Iturbide.

V.1.2. JUAN DE LOS SANTOS MADRIZ
Sin inclinación a la vocación religiosa, Madriz huyó de niño por un enojo familiar a tierra nicaragüense y en León ingresó y trabajó en el Seminario hasta ordenarse en 1813, graduarse de Bachiller en Leyes y Doctor en Sagrados Cánones y pertenecer al cuerpo docente de la Universidad de León en 1819. Devuelta en su país, entró de lleno a la política. Elegido Diputado a las Cortes de Cádiz -cargo que no tomó posesión- y Presidente de la Junta Superior Gubernativa y de la Asamblea, fue uno de los redactoresdel Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica. No obstante, se dedicó también a la enseñanza: catedrático de 1818 a 1824 de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás y, de 1839 a 1843, Rector de la misma, desempeñó ese cargo por cinco años más al transformarse ese instituto en Universidad en 1844.

V.1.3. PERALTA Y LOS OTROS
El cartaginés José María Peralta fue un orador notable tanto en la cátedra como en el ejercicio público y se le recuerda por haber colaborado en la fundación del Colegio San Luis Gonzaga en su ciudad natal. Su coterráneo, Félix Esteban de Hoces y Calvo, llegó a ser Vicario General y Capitular del Obispado. José María Esquivel figuró al frente de un colegio de Cartago en 1801, en los sucesos pol iticos posteriores a la independencia y entre los catedráticos de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Manuel Alvarado reglamentó con Joaquín Rivas ese mismo Instituto y fue miembro de la Junta Superior Gubernativa y Diputado en varias ocasiones. José Arguedas impartió clases de Latín y Humanidades en San José. Lo mismo hicieron en otras ciudades -Cartago, Heredia y Alajuela- José Joaquín García, José María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero y Joaquín Flores.

V.1.4. HILARIO HERDOCIA
Igual información que los anteriores tuvo otro costarricense que se estableció definitivamente en Nicaragua: Hilario Herdocia. Nacido en Alajuela el 14 de Enero de 1797 y trasladado con su padre a Rivas, donde recibía lecciones de Gramática Latina, llegó a León y obtuvo los grados de Bachiller en Artes y Sagrados Cánones. Uno de sus biógrafos, Gregorio Juárez, detalla que:
"...no sólo hacía progresos herdocia profundizando las materias canónicas y la Teología Moral, sino que al propio (sic) tiempo se distinguía de los demás jóvenes por su dedicación a la iglesia y su recato; por la práctica de virtudes y frecuencia de los sacramentos; y cuando vistió hábitos, se hicieron tan notorias sus recomendables prendas, que no tardó S.S.I. Dr. Don Frai Nicolás García Jerez en recomendarle como uno de los llamados singularmente al ministerio sacerdotal y le ordenó de Presbítero el año de 1821 ". (92)

Gozando de la última dignidad murió en 1857 en medio de su consternada feligresía leonesa.Pero la proyección de las aulas leonesas en Costa Rica se manifestó sobre todo en Rafael Francisco Osejo, mestizo del barrio de Subtiava de la Ciudad de León, donde había nacido en 1794.(93) Bachiller en Artes del Seminario, Osejo cursaba Derecho Civil y Canónico cuando el Ayuntamiento de San José lo contrató para impartir la cátedra de Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás, de la cual fue su primer Rector. Luego desplegó una valiosa acción como político, educador, legislador y abogado hasta el punto de ser declarado Benemérito de la Patria. Entre otras cosas importantes, a él se debió la ley de Instrucción Pública originada de su exposición del 16 de Marzo de 1831 en su carácter de Diputado a la Asamblea Extraordinaria. Fallecido hacia 1850, su influencia fue decisiva en la evolución de Costa Rica.(94)

V.1.6. JOSE TORIBIO ARGUELLO
Otro nicaragüense que se trasladó a la misma provincia, llamado por Osejo, fue José Toribio Arguello. Bachiller en Artes del Seminario, Conciliario al momento de su instalación y Licenciado en Leyes de la misma obtuvo la cátedra de Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Fue Diputado a las Cortes de Cádiz, se le procesó dos veces por cuestiones políticas y sus ideas eran muy avanzadas para la época.(95)

V.1.7. LOS ORGANIZADORES POLITICOS DE COSTA RICA
La Universidad de León aumentó la influencia del Seminario al graduar a los que organizarían políticamente Costa Rica: Nicolás Espinoza, Simón Guerrero, Agustín Gutiérrez Lizaurzábal, Rafael Barroeta, Valentin Gallegos, Pedro Zeledón, Manuel Aguilar, Braulio Carrillo y José María Castro Madriz, todos abogados. Los nicaragüenses Espinoza y Guerrero fueron llamados respectivamente para ocupar el cargo de Asesor de la Junta Superior Gubernativa y para organizar los tribunales de Justicia. El guatemalteco Gutiérrez Lizaurzábal y el salvadoreño Barroeta colaboraron en el ramo judicial. La misma tarea hizo el costarricense Gallegos junto con sus paisanos Zeledón, fundador de la Enseñanza del Derecho en Costa Rica; Aguilar: Diputado, Magistrado, Asesor y Jefe de Estado; y Carrillo, también Jefe de Estado en dos ocasiones.(96)

V.1.8. JOSE MARIA CASTRO MADRIZ
Así como Osejo había sido el mayor fruto del Seminario Conciliar en Costa Rica, Castro Madriz lo fue de la Universidad. Josefino de nacimiento, se graduó en ella de Bachiller en Filosofía el 23 de Diciembre de 1838 y se recibió de Doctoren DerechoCivil el 1 ro. de Noviembre de 1841, de Maestro en Artes el 12 de Mayo de 1842 y de Doctor en Filosofía el 22 del mismo mes y año. Luego, ejerciendo la Presidencia de la República, decretó la erección de la Universidad de Santo Tomás el 3 de Mayo de 1845, fue el autor de sus estatutos, uno de sus rectores y su más grande benefactor. (97)

Por lo visto, las aulas leonesas del Seminario y de la Universidad fueron los centros progenitores de la estructura política y educacional de Costa Rica. Así se ha reconocido: "Durante la organización política de los primeros años de gobierno, a partir de 1825 -afirma un estudioso costarricense-, prestan su contingente como legisladores muchos de los sacerdotes graduados en la Universidad de León".(98) La cultura allí impartida --agrega - '-influyó directamente en nuestra enseñanza. Aquella cultura, que emanaba de España, vino a Costa Rica por medio de los graduados en la Universidad dicha. La organización de la Casa de Santo Tomás, así como la ley de Instrucción Pública de 1832, constituyen un reflejo de la cultura de la Universidad leonesa".1991

En la segunda mitad del siglo XIX esa proyección fue menor, Pero ya será señalada oportunamente. Por el momento hay que pasar a Honduras, el segundo país beneficiado por la influencia cultural de las aulas superiores de León.

V.2. JOSE TRINIDAD REYES EN HONDURAS
En compañía de los devotos que iban a la romería del pueblo nicaragüense de El Viejo, llegó a la capital de la provincia en Enero de 1815 un joven hondureño de dieciocho años, a quien por su extracción popular y pobreza se le había rechazado en el Colegio Tridentino de Comayagua: José Trinidad Reyes.(100) Había salido el 20 de dicho mes bajo la guarda de Miguel Alvarez, labrador del barrio de la Plazuela, con una carta de recomendación para el obispo de Nicaragua Fr. Nicolás García Jerez firmada por su maestro de Latín, el mercedario Fr. Juan de Altamirano.(101)

V.2.1. ESTUDIOS Y GRADOS
Acogido en casa de José María Guerrero, padre del Dr. y Pbro. del mismo nombre que luego seria el cuarto Rector de la Universidad de León, se captó el aprecio genera! por su dedicación al estudio, y el Obispo García Jerez le permitió ejercer el oficio de Maestro de Capilla en Catedral. De esta manera pudo entrar en el Seminario y recibir lecciones de Matemáticas en el Cuartel de Artillería con Manuel Dávila, militar que posteriormente seguiría a Morazán en Honduras.

Al poco tiempo, Reyes obtenía los títulos de Bachiller en Filosofía, Teologíay Derecho Canónico en la Universidad; y, mientras ayudaba al Pbro. Guerrero y a sus padres, se sintió llamado al sacerdocio. Para llevar a cabo su deseo, pidió las debidas letras testimoniales al obispo de su diócesis, regida por el deán Juan Manuel Fiallos, quien negó su solicitud. Sin embargo, García Jerez I ordenó de menores el 17 de Diciembre de 1819, de Sub-diácono el 22 de Diciembre de .821 y de Diácono y Presbítero el 13 de Enero de 1822,

V.2.2. FRANCISCANO
Para entonces tenía dos años de haber ingresado como novicio en la orden franciscana gracias a la protección de Fr. Ramón de Jesús Rojas, fundador del Colegio de Propaganda Fide de San Juan Bautista, y casi uno de haber hecho su profesión correspondiente. En esa comunidad permaneció por lo menos hasta fines de 1825. Diez apios estuvo en Nicaragua, pues, el Padre Reyes.

Disuelto el Colegio de San Juan Bautista por la expt 'sión de Rojas decretada el 10 de Enero de 1825, Reyes se trasladó a Guatemala en Marzo• de 1826. Seis años más tarde la Municipalidad de Tegucigalpa establecía una cátedra de Gramática Latina confiriéndosela a Reyes. "Yo tendrá placer de acceder a su solicitud -escribía el 25 de Mayo de 1832 dirigiéndose a los señores de la Municipalidad- y en prestar a mi patria este pequeño servicio". (102)

V.2.3. DISCIPULOS
Desde entonces tendría muchos discípulos, entre ellos Yanuario Girón, Máximo Soto, Alejandro Flores, Miguel Antonio Rovelo y Pedro Chirinos, quienes cursaron sus estudios -enviados por su maestro- en la Universidad de León. Pero la guerra de Me¡espín en 1844 les obligó a regresar a Honduras tras haber obtenido los primeros grados académicos.

V.2.4. LA SOCIEDAD DEL GENIO EMPRENDEDOR Y DEL BUEN GUSTO
Acostumbrados al estudio y siempre reunidos alrededor de Reyes, éstos jóvenes decidieron fundar una Academia o circulo intelectual y así apoyados por él, inauguraron la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto que se instaló en el ex-co nio de la Merced el 14 de Diciembre de 1845.

Este sería el origen de la Universidad de Honduras. El 19 de Septiembre de 1847, en efecto, se fundaba en el convento de San Francisco con Reyes de Rector, quien había resuelto todos los antecedentes legales. La Universidad de León, una vez más, daba virtualmente sus frutos.

V.2.5. FUNDADOR DE LA UNIVERSIDAD DE HONDURAS
Fundador de la Universidad de su país, Reyes le dió también sus estatutos. Pero no pudo ver los óptimos resultados de su obra porque ocho años después fallecía dejando los más gratos recuerdos como educador, diputado, orador sagrado, músico, poeta y autor de pastorelas en verso. (103)

V.3. OTRAS PERSONALIDADES
Por otra parte, uno de los jóvenes que participarían en el movimiento estudiantil gestado en la Universidad contra el imperio mexicano, el 4 de Junio de 1823 -Simón Orúe-, era de San Miguel, El Salvador; el hondureño José Leocadio Lardizábal, entre otros, había estudiado en las aulas de la misma Universidad y dos de sus egresados, los licenciados Basilio y Sebastián Salinas, emigraron a fines de 1842 a Honduras, donde fueron bien recibidos.

V.3.1. BASILIO Y SEBASTIAN SALINAS
"Ellos -recordaba Juan Prado, sobrino de los últimos- ejercieron la abogacía en su nueva patria: tuvieron una inmensa clientela, y aún para complacer a sus bienhechores abrieron las clases de Gramática, Filosofía, ambos Derechos y Retórica; por manera que tenían dedicado todo su tiempo a la enseñanza de la juventud y despachaban sus consultas hasta por la noche, cumpliendo así exactamente sus compromisos; y toda aquella juventud de talentos privilegiados como son los hondureños, hizo rápidos progresos y muy pronto ya hubo preceptores entre los estudiantes que ocupaban las cátedras de la incipiente Universidad de Tegucigalpa, de donde han salido notabilísimos hombres de estado que siguieron alternativamente rigiendo los destinos de Honduras".(104)
 

V.3.2. UN GUATEMALTECO: MEZA Y ORELLANA En lo que respecta a Guatemala, las aulas leonesas no tuvieron ninguna proyección; más bien fue lo contrario: por citar un sólo ejemplo, el Dr. José Fermín Meza y Orellana, médico egresado de la Universidad de su país, desempeñó gratuitamente varias cátedras en la Universidad de León entre 1842 y 1844.(105)

V.3.3. NORBERTO RAMIREZ
El Salvador, en cambio, antes de tener Universidad en 1841, sentía la presencia de las aulas leonesas, como se ha señalado: "la muy acreditada Universidad nicaragüense de León -escribe un historiador salvadoreño- mandaba al suelo patrio considerable número de graduados".(106) Y uno de sus gobernantes que lo fue también de Nicaragua, Norberto Ramírez, hizo sus estudios en ese mismo eslabón centroamericano.

V.3.4. PABLO BUITRAGO EN EL SALVADOR
Durante varias décadas del siglo XIX, un representante del espíritu universitario leonés dejó fecundas huellas en El Salvador: Pablo Buitrago -hijo del Dr. Nicolás Buitrago- quien fuera Rector de la Universidad y el Primer Director Supremo del país en 1841.

Nacido en León el 21 de Enero de 1807, obtuvo el grado de Bachiller en Filosofía en la Universidad leonesa del año de la Independencia y los de Bachiller en ambos derechos en la de Guatemala cinco años más tarde. Después de sus altos cargos nicaragüenses, se trasladó a El Salvador en 1851. Allí impartió las cátedras y el Vice-rectorado. También fue consejero de la Facultad de Jurisprudencia, Decano de la misma, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Nicaragua en El Salvador en 1856, Juez General de Hacienda en 1862, comisionado del gobierno salvadoreño en 1866 con el fin de ordenar las instrucciones para el estudio del derecho patrio y Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

El 25 de Febrero de 1880 volvió a Nicaragua. Mas ya pertenecía a El Salvador cuyo poder ejecutivo le concedió su jubilación el 18 de Septiembre del año siguiente "en consideración a los importantes servicios -decía el acuerdo- que el ilustre decano de los maestros ha prestado a la Universidad durante más de treinta años" (107) Y murió en Santa Tecla el 22 de Julio de 1822. La Universidad salvadoreña le consagró un mármol en su memoria: por algo había perdido, según frase de la época, al más insaciable promotor de su engrandecimiento, al maestro que deció el tiempo más precioso de su vida a la enseñanza de la juventud, al jurisconsulto más notable del país, al que elaboró el porvenir del Colegio de Abogados, a uno de los hombres a quien más debía El Salvador.BARBERENA

Finalmente, es oportuno referir el curso de Retórica que intentó realizar en la Universidad de ese mismo país el gran leonés Manuel Barberena, una de las inteligencias más sólidas de Nicaragua. Anunciado en el número 53 de la Gaceta del Salvador, corresoondiente al 31 de Marzo de 1848, decía:

"Aviso. El que suscribe, con miembro de esta Universidad y deseoso del adelantamiento de la juventud aplicada, se propone dar un curso de Retórica, que durará ocho meses. Comenzarán las lecciones el diez que entra, a la hora que el señor Rector designe.

Los estudiantes deberán saber todos siquiera el latín de las selectas, y no oirán las lecciones, sino se examinan antes en la traducción de ellas, o tienen certificados de latinidad.

El texto de las lecciones será el de las Instituciones de Quintiliano; pero en sus casos se ampliará la explicación con textos del orador Cicerón, Aristóteles, Longinos, Hermógenes, Demetrio Falerio y Dionisio Halicauaso entre los antiguos; y entre los modernos, Rollín y Blair.

Para los mejores latinos, se dará en dos días de 'a semana, lecciones del alfabeto griego, de la declinación, de la conjugación y de la lectura griega, ;—a por las fábulas de Esocpo, ya por trozos escogidos de Lusias, Homero y Jofaeles. La explicación de la poética de Horacio, será diaria, como habrá siempre la de algún trozo de Tito Livio, de las sátiras de Horacio, o algún discurso de Mureto.
No se admitirá en el curso dar lecciones de cronología y de Historia griega o romana, ilustrándose los hechos en lo que hace a la milicia con el tratado de Justo Lipsio.

Estas lecciones son '1tiles para todas las carreras, y así pueden entrar pasantes y cursantes de todas clases, y aun no estudiantes que sólo quieran hacerlo por gusto o inclinación. San Salvador, marzo de 1848. 

Manuel Barberena".(108)
Pero tal disposición fue en vano porque, como informa un testigo, "no hubo quien se presentase al llamamiento del profundo humanista, que tan generosamente ofrecía trasmitir la masa del saber que poseía: la juventud no creyó necesario el estudio de las letras humanas para la perfección de sus estudios, a pesar y en despecho de la opinión de este hombre eminente—. (109)

V. LA PROYECCION CENTROAMERICANA DE LAS AULAS SUPERIORES DE LEON

V.1. COSTARRICENSES GRADUADOS EN EL SEMINARIO CONCILIAR
La Universidad, a pesar de sus interrupciones, tuvo una apreciable proyección centroamericana en la primera mitad del siglo XIX. Remontándose a los últimos años del XVIII, se desarrolló en El Salvador, Honduras y, principalmente, en Costa Rica. Unida a Nicaragua eclesiástica y políticamente, y sin ningún establecimiento de enseñanza superior a lo largo de la colonia, la última provincia del Reino de Guatemala dependía de su vecina en esos aspectos; era lógico, por tanto que sus principales hijos realizaran sus estudios primero en el Seminario Conciliar y luego en la Universidad de León.

Entre los costarricenses graduados en el primero, sobresalieron Florencio del Castillo, Juan de los Santos Madríz, José María Peralta, Félix Esteban de Hoces y Calvo, José María Esquivel, Manuel Alvarado, Joaquín Rivas, José Arguedas, Joaquín García, José María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero, Joaquín Flores y otros.(91)

V.1.1. FLORENCIO DELCASTILLO
Bachiller y sacerdote consagrado en 1802 en el Seminario, donde enseñaría Geometría al año siguiente, del Castillo regresó a su patria y en 1808, de nuevo en León, ocupaba la cátedra de Filosofía en el mismo centro. Dos años después, mientras ejercía el Vice-Rectorado del Seminario y al renunciar el Pbro. Nicolás Carrillo, fue electo Diputado por Costa Rica a las Cortes de Cádiz. Como no pudo salir para España a través del río San Juan, viajó a Trujillo, Honduras. El 29 de Junio de 1811 llegaba a Cádiz y el 11 de Julio se incorporaba a las Cortes. Allí partició en casi todos los debates contribuyendo con su brillo personal a la aprobación del decreto que erigiría en Universidad al Seminario que lo había formado. En México, donde fallecería, continuó su carrera al sercivio del Imperio de Iturbide.

V.1.2. JUAN DE LOS SANTOS MADRIZ
Sin inclinación a la vocación religiosa, Madriz huyó de niño por un enojo familiar a tierra nicaragüense y en León ingresó y trabajó en el Seminario hasta ordenarse en 1813, graduarse de Bachiller en Leyes y Doctor en Sagrados Cánones y pertenecer al cuerpo docente de la Universidad de León en 1819. Devuelta en su país, entró de lleno a la política. Elegido Diputado a las Cortes de Cádiz -cargo que no tomó posesión- y Presidente de la Junta Superior Gubernativa y de la Asamblea, fue uno de los redactoresdel Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica. No obstante, se dedicó también a la enseñanza: catedrático de 1818 a 1824 de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás y, de 1839 a 1843, Rector de la misma, desempeñó ese cargo por cinco años más al transformarse ese instituto en Universidad en 1844.

V.1.3. PERALTA Y LOS OTROS
El cartaginés José María Peralta fue un orador notable tanto en la cátedra como en el ejercicio público y se le recuerda por haber colaborado en la fundación del Colegio San Luis Gonzaga en su ciudad natal. Su coterráneo, Félix Esteban de Hoces y Calvo, llegó a ser Vicario General y Capitular del Obispado. José María Esquivel figuró al frente de un colegio de Cartago en 1801, en los sucesos políticos posteriores a la independencia y entre los catedráticos de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Manuel Alvarado reglamentó con Joaquín Rivas ese mismo Instituto y fue miembro de la Junta Superior Gubernativa y Diputado en varias ocasiones. José Arguedas impartió clases de Latín y Humanidades en San José. Lo mismo hicieron en otras ciudades -Cartago, Heredia y Alajuela- José Joaquín García, José María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero y Joaquín Flores.

V.1.4. HILARIO HERDOCIA
Igual información que los anteriores tuvo otro costarricense que se estableció definitivamente en Nicaragua: Hilario Herdocia. Nacido en Alajuela el 14 de Enero de 1797 y trasladado con su padre a Rivas, donde recibía lecciones de Gramática Latina, llegó a León y obtuvo los grados de Bachiller en Artes y Sagrados Cánones. Uno de sus biógrafos, Gregorio Juárez, detalla que:
'...no sólo hacía progresos herdocia profundizando las materias canónicas y la Teología Moral, sino que al propio (sic) tiempo se distinguía de los demás jóvenes por su dedicación a la iglesia y su recato; por la práctica de virtudes y frecuencia de los sacramentos; y cuando vistió hábitos, se hicieron tan notorias sus recomendables prendas, que no tardó S.S.1. Dr. Don Frai Nicolás García Jerez en recomendarle como uno de los llamados singularmente al ministerio sacerdotal y le ordenó de Presbítero el año de 1821 ". (92)

Gozando de la última dignidad murió en 1857 en medio de su consternada feligresía leonesa.Pero la proyección de las aulas leonesas en Costa Rica se manifestó sobre todo en Rafael Francisco Ose jo, mestizo del barrio de Subtiava de la Ciudad de León, donde había nacido en 1794.(93) Bachiller en Artes del Seminario, Osejo cursaba Derecho Civil y Canónico cuando el Ayuntamiento de San José lo contrató para impartir la cátedra de Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás, de la cual fue su primer Rector. Luego desplegó una valiosa acción como politico, educador, legislador y abogado hasta el punto de ser declarado Benemérito de la Patria. Entre otras cosas importantes, a él se debió la ley de Instrucción Pública originada de su exposición del 16 de Marzo de 1831 en su carácter de Diputado a la Asamblea Extraordinaria. Fallecido hacia 1850, su influencia fue decisiva en la evolución de Costa Rica.(94)

V.1.6. JOSE TORIBIO ARGUELLO
Otro nicaragüense que se trasladó a la misma provincia, llamado por Osejo, fue José Toribio Arguello. Bachiller en Artes del Seminario, Conciliario al momento de su instalación y Licenciado en Leyes de la misma obtuvo la cátedra de Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Fue Diputado a las Cortes de Cádiz, se le procesó dos veces por cuestiones políticas y sus ideas eran muy avanzadas para la época.(95)

V.1.7. LOS ORGANIZADORES POLITICOS DE COSTA RICA
La Universidad de León aumentó la influencia del Seminario al graduar a los que organizarían políticamente Costa Rica: Nicolás Espinoza, Simón Guerrero, Agustín Gutiérrez Lizaurzábal, Rafael Barroeta, Valentín Gallegos, Pedro Zeledón, Manuel Aguilar, Braulio Carrillo y José María Castro Madriz, todos abogados. Los nicaragüenses Espinoza y Guerrero fueron llamados respectivamente para ocupar el cargo de Asesor de la Junta Superior Gubernativa y para organizar los tribunales de Justicia. El guatemalteco Gutiérrez Lizaurzábal y el salvadoreño Barroeta colaboraron en el ramo judicial. La misma tarea hizo el costarricense Gallegos junto con sus paisanos Zeledón, fundador de la Enseñanza del Derecho en Costa Rica; Aguilar: Diputado, Magistrado, Asesor y Jefe de Estado; y Carrillo, también Jefe de Estado en dos ocasiones.(96)

V.1.8. JOSE MARIA CASTRO MADRIZ
Así como Osejo había sido el mayor fruto del Seminario Conciliar en Costa Rica, Castro Madriz lo fue de la Universidad. Josefino de nacimiento, se graduó en ella de Bachiller en Filosofía el 23 de Diciembre de 1838 y se recibió de Doctor en Derecho

Civil el l ro. de Noviembre de 1841, de Maestro en Artes el 12 de Mayo de 1842 y de Doctor en Filosofía el 22 del mismo mes y año. Luego, ejerciendo la Presidencia de la República, decretó la erección de la Universidad de Santo Tomás el 3 de Mayo de 1845, fue el autor de sus estatutos, uno de sus rectores y su más grande benefactor. (97)

Por lo visto, las aulas leonesas del Seminario y de la Universidad fueron los centros progenitores de la estructura política y educacional de Costa Rica. Así se ha reconocido: "Durante la organización política de los primeros años de gobierno, a partir de 1825 -afirma un estudioso costarricense-, prestan su contingente como legisladores muchos de los sacerdotes graduados en la Universidad de León".(98) La cultura allí impartida --agrega- '-influyó directamente en nuestra enseñanza. Aquella cultura, que emanaba de España, vino a Costa Rica por medio de los graduados en la Universidad dicha. La organización de la Casa de Santo Tomás, así como la ley de Instrucción Pública de 1832, constituyen un reflejo de la cultura de la Universidad leonesa'.(99)

En la segunda mitad del siglo XIX esa proyección fue menor, Pero ya será señalada oportunamente. Por el momento hay que pasar a Honduras, el segundo país beneficiado por la influencia cultural de las aulas superiores de León.

V.2. JOSE TRINIDAD REYES EN HONDURAS
En compañía de los devotos que iban a la romería del pueblo nicaragüense de El Viejo, llegó a la capital de la provincia en Enero de 1815 un joven hondureño de dieciocho años, a quien por su extracción popular y pobreza se le había rechazado en el Colegio Tridentino de Comayagua: José Trinidad Reyes.(100) Había salido el 20 de dicho mes bajo la guarda de Miguel Alvarez, labrador del barrio de la Plazuela, con una carta de recomendación para el obispo de Nicaragua Fr, Nicolás García Jerez firmada por su maestro de Latín, el mercedario Fr. Juan de Altamirano.(101)

V.2.1. ESTUDIOS Y GRADOS
Acogido en casa de José María Guerrero, padre del Dr. y Pbro. del mismo nombre que luego sería el cuarto Rector de la Universidad de León, se captó el aprecio general por su dedicación al estudio, y el Obispo García Jerez le permitió ejercer el oficio de Maestro de Capilla en Catedral. De esta manera pudo entrar en el Seminario y recibir lecciones de Matemáticas en el Cuartel de Artillería con Manuel Dávila, militar que posteriormente seguiría a Morazán en Honduras.

Al poco tiempo, Reyes obtenía los títulos de Bachiller en Filosofía, Teología

y Derecho Canónico en la Universidad; y, mientras ayudaba al Pbro. Guerrero y a sus padres, se sintió llamado al sacerdocio. Para llevar a cabo su deseo, pidió las debidas letras testimoniales al obispo de su diócesis, regida por el deán Juan Manuel Fiallos, quien negó su solicitud. Sin embargo, García Jerez I, ordenó de menores el 17 de Diciembre de 1819, de Sub-diácono el 22 de Diciembre de ',821 y de Diácono y Presbítero el 13 de Enero de 1822.

V.2.2. FRANCISCANO
Para entonces tenía dos años de haber ingresado como novicio en la orden franciscana gracias a la protección de Fr. Ramón de Jesús Rojas, fundador del Colegio de Propaganda Fide de San Juan Bautista, y casi uno de haber hecho su profesión correspondiente. En esa comunidad permaneció por lo menos hasta fines de 1825. Diez años estuvo en Nicaragua, pues, el Padre Reyes.

Disuelto el Colegio de San Juan Bautista por la expi 'sión de Rojas decretada el 10 de Enero de 1825, Reyes se trasladó a Guatemala en Marzu de 1826. Seis años más tarde la Municipalidad de Tegucigalpa establecía una cátedra de Gramática Latina confiriéndosela a Reyes. "Yo tendré placer de acceder a su solicitud -escribía el 25 de Mayo de 1832 dirigiéndose a los señores de la Municipalidad- y en prestar a mi patria este pequeño servicio".(102)

V.2.3. DISCIPULOS
Desde entonces tendría muchos discípulos, entre ellos Yanuario Girón, Máximo Soto, Alejandro Flores, Miguel Antonio Rovelo y Pedro Chirinos, quienes cursaron sus estudios -enviados por su maestro- en la Universidad de León. Pero la guerra de Me¡espín en 1844 les obligó a regresar a Honduras tras haber obtenido los primeros grados académicos.

V.2.4. LA SOCIEDAD DEL GENIO EMPRENDEDOR Y DEL BUEN GUSTO
Acostumbrados al estudio y siempre reunidos alrededor de Reyes, éstos jóvenes decidieron fundar una Academia o círculo intelectual y así apoyados por él, inauguraron la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto que se instaló en el ex-co nio de la Merced el 14 de Diciembre de 1845.

.Este sería el origen de la Universidad de Honduras. El 19 de Septiembre de 1847, en efecto, se fundaba en el convento de San Francisco con Reyes de Rector, quien había resuelto todos los antecedentes legales. La Universidad de León, una vez más, daba virtualmente sus frutos.

V.2.5. FUNDADOR DE LA UNIVERSIDAD DE HONDURAS
Fundador de la Universidad de su país, Reyes le dió también sus estatutos. Pero no pudo ver los óptimos resultados de su obra porque ocho años después fallecía dejando los más gratos recuerdos como educador, diputado, orador sagrado, músico, poeta y autor de pastorelas en verso.(103)

V.3. OTRAS PERSONALIDADES
Por otra parte, uno de los jóvenes que participarían en el movimiento estudiantil gestado en la Universidad contra el imperio mexicano, el 4 de Junio de 1823 -Simón Orúe-, era de San Miguel, El Salvador; el hondureño José Leocadio Lardizábal, entre otros, había estudiado en las aulas de la misma Universidad y dos de sus egresados, los licenciados Basilio y Sebastián Salinas, emigraron a fines de 1842 a Honduras, donde fueron bien recibidos.

V.3.1. BASILIO Y SEBASTIAN SALINAS
"Ellos -recordaba Juan Prado, sobrino de los últimos- ejercieron la abogacía en su nueve patria: tuvieron una inmensa clientela, y aún para complacer a sus bienhechores abrieron las clases de Gramática, Filosofía, ambos Derechos y Retórica; por ma nera que tenían dedicado todo su tiempo a la enseñanza de la juventud y despechaban sus consulta huta por la noche, cumpliendo así exactamente sus compromisos; y toda aquella juventud de talentos privilegiados como son los hondureños, hizo rápidos progresos y muy pronto ya hubo preceptora entre los estudiantes que ocupaban las cátedra de la incipiente Universidad de Tegucigalpa, de donde han salido notabilísimos hombres de estado que siguieron alternativamente rigiendo los destinos de Hondura".(104)
 

V.3.2. UN GUATEMALTECO: MEZA Y ORELLANA En lo que respecto a Guatemala, la aulas leonesas no tuvieron ninguna proyección; más bien fue lo contrario: por citar un sólo ejemplo, el Dr. José Fermín Meza y Orellana, médico egresado de la Universidad de su país, desempeñó gratuitamente varias cátedras en la Universidad de León entre 1842 y 1844.(105)

V.3.3. NORBERTO RAMIREZ
El Salvador, en cambio, antes de tener Universidad en 1841, sentía la presencia de las aulas leonesas, como se ha señalado: "la muy acreditada Universidad nicaragüense de León -escribe un historiador salvadoreño- mandaba el suelo patrio considerable número de graduados".(106) Y uno de sus gobernantes que lo fue también de Nicaragua, Norberto Ramírez, hizo sus estudios en ese mismo eslabón centroamericano.

V.3.4. PABLO BUITRAGO EN EL SALVADOR
Durante varias décadas del siglo XIX, un representante del espíritu universitario leonés dejó fecundas huellas en El Salvador: Pablo Buitrago -hijo del Dr. Nicolás Buitrago- quien fuera Rector de la Universidad y el Primer Director Supremo del país en 1841.

Nacido en León el 21 de Enero de 1807, obtuvo el grado de Bachiller en Filosoffa en la Universidad leonesa del año de la Independencia y los de Bachiller en ambos derechos en la de Guatemala cinco años más tarde. Después de sus altos cargos nicaragüenses, se trasladó e El Salvador en 1851. Allí impartió las cátedras y el Vice-rectorado. También fue consejero de la Facultad de Jurisprudencia, Decano de la misma, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Nicaragua en El Salvador en 1856, Juez General de Hacienda en 1862, comisionado del gobierno salvadoreño en 1866 con el fin de ordenar las instrucciones para el estudio del derecho patrio y Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

El 25 de Febrero de 1880 volvió a Nicaragua. Mas ya pertenecía a El Salvador cuyo poder ejecutivo le concedió su jubilación el 18 de Septiembre del año siguiente "en consideración a los importantes servicios -decía el acuerdo- que el ilustre decaes de loa maestros ha prestado a la Universidad durante más de treinta anos" (107) Y murió en Santa Tecla el 22 de Julio de 1822. La Universidad salvadoreña le consagró un mármol en su memoria: por algo había perdido, según frase de la época, el más insaciable promotor de su engrandecimiento, al maestro que deció el tiempo más precioso de su vida a la enseñanza de la juventud, al jurisconsulto más notable del país, el que elaboró el porvenir del Colegio de Abogados, a uno de los hombres a quien más debía El Salvador.Finalmente, es oportuno referir el curso de Retórica que intentó realizar en la Universidad de ese mismo país el gran leonés Manuel Barberena, una de las inteligencias más sólidas de Nicaragua. Anunciado en el número 53 de la Gaceta del Salvador, corresoondiente al 31 de Marzo de 1848, decía:

"Aviso. El que suscribe, con miembro de esta Universidad y deseoso del adelantamiento de la juventud aplicada, se propone dar un curso de Retórica, que durará ocho meses. Comenzarán las lecciones el diez que entra, a la hora que el señor Rector designe.

Los estudiantes deberán saber todos siquiera el latín de las selectas, y no oirán las lecciones, sino se examinan antes en la traducción de ellas, o tienen certificados de latinidad.

El texto de las lecciones será el de las Instituciones de Quintiliano; pero en sus casos se ampliará la explicación con textos del orador Cicerón, Aristóteles, Longinos, Hermógenes, Demetrio Falerio y Dionisio Halicauaso entre los antiguos; y entre los modernos, Rollín y Blair.

Para los mejores latinos, se dará en dos días de 'a semana, lecciones del alfabeto griego, de la declinación, de la conjugación y de la lectura griega, ;•a por las fábulas de Esocpo, ya por trozos escogidos de Lusias, Hornero y Jofaeles. La explicación de la poética de Horacio, será diaria, como habrá siempre la de algún trozo de Tito Livio, de las sátiras de Horacio, o algún discurso de Mureto.

No se admitirá en el curso dar lecciones de cronología y de Historia griega o romana, ilustrándose los hechos en lo que hace a la milicia con el tratado de Justo Lipsio.

Estas lecciones son "Miles para todas las carreras, y así pueden entrar pasantes y cursantes de todas clases, y aun no estudiantes que sólo quieran hacerlo por gusto o inclinación. San Salvador, marzo de 1848. Manuel Barberena".1108)

Pero tal disposición fue en vano porque, como informa un testigo, "no hubo quien se presentase al llamamiento del profundo humanista, que tan generosamente ofrecía trasmitir la masa del saber que poseía: la juventud no creyó necesario el estudio de las letras humanas para la perfección de sus estudios, a pesar y en despecho de la opinión de este hombre eminente". (109)
 

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