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MUNICIPIOS DE LEON 
LEON NICARAGUA





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Quienes son los alcaldes de Leon?

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la ruta de los volcanes que abarca desde el Momotombo, el Cerro Negro, Santa Clara hasta el Telica.



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 Nicaragua

  ¡Viva León! ¡Jodido!


por Jorge Eduardo Arellano
A ESCASOS AÑOS de su traslado en 1610 a su definitivo asentamiento, la capital de la provincia ya estaba -según testimonio de Thomas Gage- "muy bien contruida, porque el mayor placer de sus habitantes es tener hermosas casas, y gozar de los placeres del campo, en donde encuentran con toda abundancia todo lo necesario para la vida, mejor que acumular grandes riquezas".

Tal era la imagen que presentaba, a los ojos del cronista en lengua inglesa, la ciudad de León que comenzaría de nuevo a regir la vida colonial. Esta se concentraba en la plaza, de acuerdo al modelo peninsular que adquirió en América más rasgos comunales que incluían las manifestaciones públicas, especialmente religiosas; el paseo vespertino y el mercado al aire libre. 

Por eso, cuando en 1685 sufrió un terrible saqueo pirático, cincuenta vecinos intentaron defender la plaza. Pero fue tal la embestida, a la que seguió un incendio, que huyeron recién comenzado el combate, excepto uno que resistió heroicamente y, ensangrentado, no se dejó capturar por los enemigos piratas franceses al mando de William Dampier. 


En el El saqueo pirático de 1685. En concreto, éstos quemaron la Catedral y la Iglesia de la Merced, el Hospital y el Cabildo, la Contaduría, el Palacio Episcopal y el Colegio Seminario --recién establecido y ubicado "en la esquina de la cuadra Occidental de la plaza"-, aparte de numerosas casas del vecindario español. Por otro lado, todos los archivos fueron reducidos a cenizas. El hecho tuvo lugar el 21 de agosto de 1685, fecha a partir de la cual León interrumpió su lento desarrollo.

Porque un mes antes -según informe de Antonio Navia Bolaños, Oidor de la Audiencia de Guatemala, firmado el 28 de julio del mismo año- poseía tres conventos (uno de franciscanos, otro de mercedarios y el tercero de los hermanos de San Juan de Dios), el colegio Seminario fundado en 1680 con un lector, dos cátedras y ochos colegiales; dos ermitas (la de San Felipe en el barrio de los mulatos y la del Calvario); una iglesia catedral con su obispo, tres dignidades, dos canónigos, dos curas, sacristán mayor, capellán mayor del coro y muchos clérigos de la Orden de la Merced.




Pues bien, en su resistencia, los defensores habían capturado a un pirata francés, que resultó ser arquitecto, por lo cual se le encargó dirigir la construción de la nueva catedral -la cuarta que se iniciaba- sobre las ruinas de la que habían destruido sus compañeros de fechorías. 

Además, tuvo que reconstruirse con la mano de obra aportada por los indios del vecino pueblo de Subtiava, ubicado "a poca distancia que tiro de mosquete".

Como era de esperarse, el primer edificio en concebirse era la nueva Catedral: la quinta de la diócesis.

La primera había sido la -de León Viejo, la segunda la efímera levantada a raíz del traslado a su nuevo sitio y la tercera, ahora ruinosa a causa del fuego pirático, erigida por el obispo Fr. Benito de Baltodano. De manera que ya la cuarta comenzó a sustituirse en 1747 por la quinta, a iniciativa del obispo Isidoro Marín Bullón y Figueroa, quien consideraba la que había diseñado el extranjero capturado en 1685 muy oscura e inadecuada. 

Hacia 1751, la definitiva Catedral -aún no concluída- era de buena fachada y mejor de lo que parecía: empezaba por la torre, no muy alta; seguía con la fábrica general en la parte central, y después el Sagrario a la izquierda (o capilla del mismo nombre), todo "con bella unión y armonía, respirando gravedad y hermosura", según el obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz. 

La catedral, que entonces tenía adosada la capilla del Sagrario en un frontis, duró en levantarse el resto del siglo XVIII, constituyendo el más sólido e impresionante monumento de la dominación hispánica.


La plaza como centro de poder y expansión
Sin embargo, a mediados del mismo siglo XVIII, era ya apreciable el contorno de la Plaza de León, trazada como foco aglutinante de la ciudad reticular: modelo clásico y unitario de la urbanística colonial de Hispanoamérica. 

En efecto, la plaza central o Mayor se configuraba por sus cuatro costados con los edificios representativos de los poderes coloniales: la Iglesia y residencia de sus Obispos, el Ayuntamiento o Cabildo -que regulaba el precio de los productos de abastecimiento diario-, la Hacienda con su Oficina de Contaduría y la Sala de Armas, o sede central de la milicia o ejército. Dicho centro, por lo demás, tendía a la expansión, ya que implicaba el nacimiento de una nueva sociedad.



Y así, citando a Morel de Santa Cruz, se advertían el Palacio Episcopal, caracterizado por un "aire de respeto" que sobresalía sobre los otros inmuebles; el Colegio o Seminario, ya trasladado a una calle de por medio del lado Sur de Catedral y construido por el maestro albañil analfabeta Francisco Benitez Zalafranca, teniendo 70 varas de largo y 11 cuartos estrechos y en estado ruinoso tal que permanecían apuntalados; el Ayuntamiento, la Contaduría y la Sala de Armas.

Asimismo, la ciudad albergaba otras ocho iglesias (San Francisco, la Merced, San Juan de Dios, San Felipe, el Calvario, San Nicolás, San Juan y San Sebastián), 326 casas particulares de tejas y 995 de paja; se extendía en nueve calles de Oriente a Occidente, y en nueve de Norte a Sur, resultando la Calle Real la más transitada.

Por allí, de acuerdo a la tradición oral y a ciertos documentos del Archivo diocesano de la ciudad, entraba el correo -portando los pliegos cerrados de la Audiencia o Capitanía General- en mulas y pasaban los mercachiles o quebrantahuesos mestizos que iban a instalarse en fondas y mesones con sus mercancías, trayendo de las otras provincias las últimas novedades en géneros y objetos de lujo. Estos adornaban las casas de adobe, con varias piezas y ventanas de hierro a la calle, teniendo las principales un zaguán con su hornacina, donde se admiraba una pequeña imagen de devoción o invocaciones como "Ave María Purísima" o "Ave Gracia Plena". 

Lo mismo, aunque en menor cantidad, ostentaban las residencias coloniales de Granada; al menos el zaguán de la familia Arellano -la única portada civil que aún perdura en la calle Atravesada- se leen los anagramas en latín de "Ave María Regina" y "Jesús Salvador del Mundo".


El espíritu de posesión 
Pero era León, sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII, la ciudad que más acumulaba el espíritu de posesión del estrato superior de la colonia y la que lo mantuvo tradicionalmente, no obstante las limitaciones -a que se veían obligados sus vecinos principales por su tendencia centrípeta, la cual contrastaría -a principios del XIX- con la centrífuga de Granada, cuya hegemonía en la provincia se había restringido a la primera mitad del siglo XVII. De manera que en la capital la plata abundaba y brillaba en bandejas, botonaduras, cargadores, dedales, espuelas, garabatos primorosamente labrados en forma de flores, mariposas y pavorreales que servían para recoger las cortinas de las puertas y los pabellones de las camas, como también en hebillas, joyeros, llaves, marcos de espejos, platones y salvillas. 

Según inventarios conservados en el Archivo Diocesano, León ostentaba en sus residencias españolas alacenas con puertas de preciosas molduras que servían para guardar las finas porcelanas, las vajillas de plata y las joyas; con salones adornados con mueblesde caoba, sillas forradas en baqueta y escaños de tres asientos embutidos en melón, espejos venecianos de lujosos marcos dorados de complicado adorno, candelabros de bronce y araña de cristal para el alumbrado que era con candelas de Castilla; y cocheras donde se guardaba el carruaje o berlina, usada por la familia cuando salía de paseo o a misa.


En Subtiava, regularmente, se mantuvo una feria de berlinas, donde se admiraba el lujo y gentileza de criollos y peninsulares, especialmente de las damas adornadas con filigranas hechas por los hombres: gargantillas de perlas y granete, zarcillos de oro de media luna, pulseras de plata, etc. Ellas vestían, en ese tipo de reuniones públicas, de Petiflor o de Pollera, siendo éstas de casacas azul, o de brocaso musgo; montellinas de encaje de plata con cuatro dedos. Los hombres, por su lado, llevaban chaleco de seda blanca orlados también, de plata, calzones de primavera, capas de castor o de grana con guarnición dorada, o capotón de albornoz, forrado en baqueta ordinaria; corbata y puños de muselina blanca. También usaban pelucas empolvadas a la moda de Versalles, gregüescos a la rodilla, medias de seda, zapatos de tafilete con hebillas de oro o de plata; sombreros de tres picos con plumeros. Además, lucían espadas de cruz y pistolas de Puebla.

León y la arquitectura tradicional .
León y Granada representaban, siempre en la segunda mitad del XVIII, la concreción de la arquitectura tradicional nicaragüense a través de sus viviendas - tanto las del centro como las de los barrios- que respondían a una fusión orgánica de lo autóctono y el trasplante europeo, o sea de nuestras dos culturas madres: la indígena y la española; pero con el predominio, o el carácter relevante, de la última. Porque la vivienda prehispánica, tal como la describió y dibujó Fernández de Oviedo teniendo de modelo la plaza de Tezoatega del cacique Agateyde, era de poca altura, con paredes de caña y techos de paja u hojas, más unasola entrada que obligaba a agacharse. "Su uso era más que todo -observa Edgardo Buitrago- para descansar y dormir, porque la vida se hacía en el patio, bajo los árboles".

Con las regulaciones españolas de la vida colonial, plasmada en las ordenanzas de Carlos V en 1523 y en las posteriores de Felipe II, se adoptó el nuevo tipo de ciudad reticular -ya referida- que partía de la plaza mayor. De forma rectangular, ésta no debía tener más de 800 pies de largo ni menos de 300 por 530 de ancho como máximo y 200 como mínimo, resultando la proporción media de 600 pies de largo por 400 de ancho. Se disponía, igualmente, que de la plaza salieran cuatro calles principales -una por medio de cuatro costadoy otras dos por cada esquina, mirando dichas esquinas a los cuatro vientos principales. También, se ordenaba que las cuatro calles principales que debían salir a la plaza tuviesen portales. Granada y León cumplieron con estas disposiciones.

Mas la capital, sobre todo, resultó más fiel a la VII del mismo título VII Libro IV, de las ordenanzas de Felipe II: que frente a la plaza debía levantarse el templo como edificio principal, sobresaliendo sobre todos los otros y de manera que fuese visto desde todos los sitios; y, cercano a él, se erigiesen las otras construcciones destinadas a la administración y al gobierno, teniendo detrás del templo la plaza para el mercado. 

Evidentemente, León se ceñía al modelo urbanístico español. Sin embargo, su plaza mayor y las restantes de las poblaciones coloniales de Nicaragua, se adoptaron a nuestra latitud (15 grados Norte), pues sus cuatro lados -no sus esquinas- fueron orientados hacia los rumbos Norte, Sur, Este y Oeste, como lo anota Raúl Barahona en su monografía sobre Subtiava.

En otras palabras, León fue alcanzando la fisonomía monumental que la caracterizaría hasta los finales del coloniaje, presentando en sus casas una volumetría simétrica y proporcional, con la debida correspondencia entre sí de puertas y ventanas, para obtener una constante circulación del aire por el interior de las piezas o habitaciones y aprovechar la luz solar. Como lo observa el mismo doctor Buitrago, la tradicional vivienda nicaragüense -tanto leonesa y granadina- también se identificaban:
1) por una altura promedio de 5 a 6 varas, lo que permitía mantener una especie de vacío aislante del calor, aumentado con los techos de tejas de barro y reglas de madera en forma de doble pendiente (o cañón) en las edificaciones exteriores y de mediaguas en los interiores;
2) por el uso de materiales refractacios a las variaciones del ambiente caluroso del trópico (adobe, ladrillo de barro, piedra cantera, "entapiado", madera, caña, etc.);
3) por el recurso de los anchos aleros para protegerse del sol y la lluvia, como también de los topes que neutralizaban la violencia de los vientos;
4) por las fachadas sencillas consistente en zaguán de entrada, puerta principal y ventanas con barrotes de madera torneada y verjas de hierro;
5) por espaciosos cuartos con galerías o corredores, donde se desarrollaba la actividad cotidiana, incluyendo el comedor;
6) por el patio central con jardín, algunas veces rodeado de cuatro corredores, o teniendo en el centro el baño; y
7) por un segundo patio, o traspatio, en el que estaba instalada la cocina y era utilizado para asolear y lavar la ropa, lo mismo que para huerto y corral.


La tradición oral
La tradición oral complementa que el jardín del patio central estaba sembrado de árboles frutales: naranja de china, limas, granadas e ¡cacos que ponían la nota de verdor y frescura. Las flores eran rosas de Castilla y de Napoleón, centifolia (una flor muy bella de cien pétalos), jazmín y reseda, mosqueta y cundeamor, grano de oro y otras clases como chiquionas, amapolasy doncellas. En el traspatio, además de la cocina, se hallaban las dependencias dé los sirvientes, el pozo con grandes pilas para depositar agua y botijones de barro en las esquinas para recoger el agua de lluvia. Daban sombra árboles frutales: aguacte, marañones, jocotes en medio de lianas y diversas aves de corral. Los sirvientes mulatos, descendientes de antiguos esclavos, vestían con aseo; las mujeres, con anchas enaguas de percal y revuelos, lucían güipiles o camisas de esclavina; los hombres, cotonas y calzón de mandil.

El desayuno se limitaba a un delicioso chocolate servido en pocillo de vieja porcelana dorada con bizcochos, "cosa de hornos" o delicadas rellenitas de maíz con queso y azúcar. Lo anunciaba una campanilla de plata, tocada por la sirvienta principal. A las diez de la mañana tenía lugar el almuerzo y luego se dormía la siesta en confortable hamaca. De siete a diez de la mañana y de una a tres de la tarde eran las horas de oficinas. Las señoras y señoritas bordaban en bastidores, tejiendo con agujas de plata y encaje de bolillo. Las mujeres de la plebe aporreaban algodón y lo hilaban en torno; también cocían a mano y planchaban con caracoles de mar, pues eran ignoradas las planchas de hierro. En suma, los leoneses preferían guardar o enterrar la plata, y algunos macacos de oro, antes de invertirla en negocios, ya que la mayoría de ellos practicaba el refrán: "Casa cuanto quepas, dinero cuando puedas".


El testimonio de Morel de Santa Cruz
Por lo demás, cada ciudad ofrecería sus respectivos rasgos particulares: León y sus esquinas de doble puerta, a la calle y a la avenida, con su columna central de madera, labrada en diferentes estilos; Granada y sus esquinas con una sola puerta, o de corte achaflanado tendiendo mirar al centro de intersección de la calle con la avenida. Pero lo que deseamos no es simplemente elogiar nuestra ciudad tradicional, sin establecer que se desarrolló a plenitud en el siglo XVIII. Al respecto, conviene retomar la impresión de León que dejó estampada el obispo More¡ de Santa Cruz al referir que las calles deLeón en 1751 todavía no estaban empedradas, pues las observó llenas de lodo en invierno y polvosas en verano.

El Palacio Episcopal -añadía el dignatario- se ubicaba en la esquina de la cuadra del lado derecho de la plaza, contiguo a la Capilla del Sagrario, edificado sobre adobes, con balcones a las calles y albergando catorce piezas. Tenía jardín interior y en el centro de éste una pila para agua. En el traspatio funcionaban la cochera y la caballeriza. Entre sus buenos muebles y adornos, había 60 asientos de superior clase, y las colchas que se usaban eran de seda. Este edificio se distinguía de los demás por su prominencia.
En lo civil, además del Gobernador -que ganaba dos mil pesos anuales- funcionaba el Ayuntamiento. Tenía casa propia de gran tamaño donde se celebraban los cabildos y otras dos para detener a las personas de distinción cuando se les arrestaba. Estaba integrado por dos alcaldes ordinarios, el primero de los cuales se titulaba Teniente de Gobernador, dos alcaldes de la santa Hermandad -una especie de policía espontánea que no percibía salario-, un Alférez real, un Alguacil mayor, un Depositario general, seis regidores y un escribano. La Real Hacienda era administrada por un Tesorero que recaudaba los fondos y un Contador que fiscalizaba ambos 600 pesos anuales. Algunas veces estas funciones fueron anexadas.En lo militar, auxiliaban al Gobernador un Maestre de Campo, un Sargento mayor, un Comisario de caballería, nueve compañías de infantería y dos de caballería.




También León tenía Sala de Armas y Casas para la Contaduría y Tesorería. Las casas particulares eran 324 de téjas y 995 de paja. La ciudad se extendía en nueve calles de Oriente a Occidente y nueve de Norte a Sur, siendo la calle principal -la que iba del Calvario de Subtiava- la más larga y transitada. Varias de estas calles estaban niveladas y las demás enmontadas. 

Había en su jurisdicción 142 haciendas de ganado mayor y gran número de chacras, cultivándose además el maíz y el frijol.Asustaban al vecindario los muchos rayos que se producían en las tormentas de invierno, y fatigaba al obispo el excesivo calor del verano, calor que se atribuía a los volcanes circunvecinos. Cuando ocurrían temblores, la población se refugiaba en los ranchos de paja que se construían improvisadamente dentro de los traspatios de sus viviendas. 

Los frutos comestibles eran abundantes y baratos, y el agua de muy buena calidad. Los vecinos no cuidaban el adorno exterior e interior de sus viviendas, porque entendían que proceder con más dispendio era empobrecerse. Algunas familias, aquellas que no poseían coches o berlinas, usaban quitasoles, o sea paraguas. Las costumbres responsables de la ciudad aseguraban una larga vida a sus habitantes que sumaban entonces 1.319 familias con 5,439 personas de confesión y comunión, incluyendo los barrios indígenas del Laborío y San Juan.

7. León al final del colonizaje español
En los inicios del siglo XIX, León ofrecía una recuperación culminante. En 1808 Domingo Juarros apuntó: "No hay en ésta Capital más Parroquia que la de la Catedral; pero ésta tiene 3 Ayudas de Parroquia en los 3 barrios de la Ciudad y 3 iglesias filiales. Es sede del Sr. Obispo de Nicaragua y del Sr. Intendente de la mis Provincia, y en ella está la caxa Real de la Intendencia" Y añadía: "Hay en la Ciudad de León muy lucido Ayuntamiento, estafeta de Correos, Factoría de Tabacos, Administración del Alcabalas, Diputación Consular, un Batallón de Milicias (..) y numeroso vecindario, compuesto de 1.061 Españoles, 626 Mestizos, 5.740 Mulatos y 144 Indios, que hacen por todos 7,521 individuos. Es patria del Ilmo. Sr. D. Fr. José Xirón de Alvarado, Obispo de Nicaragua, y del Ilmo. Sr. D. José Antonio de la Huerta y Caso, que actualmente ocupa la misma silla ".

Un manuscrito conservado en la Biblioteca de la Universidad de Texas, las "Observaciones hechas por


P. Alexandro de Trueva en su caminata a León de Nicaragua" desde México, presenta a la ciudad en 1819 en una "situación" (que) con vida a ser una población populosa, comprendiendo con sus barrios de 40 a 50 mil almas". Y agrega: "Sus aires son calientes y las aguas que se beben se toman en veneros a poca distancia, y desde luego es mejor que la buena de América. 

Sus calles, algo torcidas algunas, son espaciosas. el piso es muy polvoso, de manera que con los vientos las casas se mantienen empolvándose hasta de más dentro. Los calores son excesivos tanto que con él muchos sudan y se hacen insoportables". Y prosigue de Trueba, confirmando algunos aspectos conservados de la capital española de la provincia, a la que llama "ciudad obispado":

"Los habitantes son cariñosos en su trato ingenuo, agradable y franco. Las casas son de adobe con tejado y
tejas de madera a la calle. La catedral es de bonita arquitectura, pero sin adornos. Todo el lujo de sus habitantes se reduce a un pantalón chaquetón y sombrero negro limeño, siendo más común en la gente decente. Las señoras todas usan enaguas y a la calle salen con una barquina en paño de seda que llaman pollera, amarrada o prendida... con poco grueso y con 4 ó 5 varas de vuelo (...). El suelo es abundoso y rico, pues produce maderas delicadas y exquisitas en gran porción... no carece de minerales, que el Reino es tan abundante en ésto".

Otro testimonio de la época, ubicado cronológicamente en 1822, es el del viajero inglés Orlando W. Roberts, inserto en su Narrative of voyages and excursions on the Easts Coast and in the interior of Central America (1827). Aunque reduce su cálculo de los habitantes a 14.000 personas y las casas a 300, Roberts traza una fiel imagen del León colonial: 

"Esta ciudad -traduce Orlando Cuadra Dowing- es la, segunda (en Centroamérica) después de Guatemala. Pude ver ocho iglesias sin tomar en cuenta la Catedral, y varios conventos. 

Los mercados están provistos de abundantes productos como carnes de res, cerdo, pescado, aves y de todas clases de legumbres que se producen en la región. El clima es benigno, aunque ocasionalmente hay tempestades y fuertes lluvias". Roberts también contribuye a fijar una información apreciable sobre la vida cotidiana de los leoneses de entonces:"Las personas que yo conocí acostumbraban a tomar al levantarse una taza de chocolate caliente con dos rebanadas de pan. A las ocho aproximadamente se desayunan con carnes de pescado o aves, torta de huevo, tortilla, y pan de excelente calidad. A medio día toman sopa de carne con verduras. A continuación de la comida del medio día hacen la siesta, la cual consiste en dormir un rato, para lo cual interrumpen las actividades quedando todo en una tranquilidad como de media noche. Aproximadamente a las nueve de la noche se sirve la cena. 

Las principales actividades parecen ser: comer, fumar y dormir. Las personas más importantes fuman tabaco que es producto sumamente apreciado ... No tuve oportunidaad de ver la vía pública, la que me dijeron es muy agradable a la entrada Noroeste de la ciudad, lugar muy frecuentado por la gente de toda clase en las frescas tardes".

En fin, el último gobernador español fue preciso en su apreciación de la ciudad: "Su único edificio notable y que pudiera lucir en todas partes es la Catedral (...) con cinco hermosas naves. La plaza y calles son espaciosas, de figura rectangular y de buena planta, siendo accidentales y pequeñas las parciales imperfecciones. Su población, con las feligresías de San Nicolás (el barrio de el Laborío) y San Juan, que absolutamente pueden considerarse por distintas: 32.00".
 

Las destrucciones de 1824 y 1845
Esta situación, a raíz de la guerra civil de 1824, cambió radicalmente, pues fueron arrasadas por el fue
go -durante el asedio de León de ese año- más de 900 casas. En esa pavorosa destrucción -anotó un cronista de la época-: "algunos barrios quedaron reducidos a cenizas, pereciendo entre ellas multitud de víctimas inocentes; los mismos templos sirvieron de teatro a las escenas más sangrientas; no se respetó sexo, ni edad, y se vio algunas veces a los ancianos y damas vagando por los caminos públicos sin asilo ni pan".

John L. Stephens, diplomático norteamericano,quedó muy impresionado de ella. Exactamente, Stephens sintió el pernicioso efecto del espirítu de facciónque dominaba en la ciudad -una mezcla de partidarismo e insurreción localista- después de ver residencias desmanteladas y sin techo, ocupadas por infelices mal nutridos, "símbolos de la miseria y la necesidad: y hacía un lado un inmenso campo de ruinas que cubría la mitad de la ciudad". Y añadía: "Debo confesar que, paseando por las calles de León, sentía cierto grado de inquietud, como jamás lo sentí igual en ninguna otra. Mi cambio de traje no hizo mi presencia más aceptable, y el águila de rni sombrero atraía particularmente la atención. En cada esquina había un grupo de bribones, que me clavaban la vista corno dispuestos a armar una pendencia. Para algunos, rni carácter oficial me hacía objeto de sospecha, porque en sus vergonzosas luchas pensaban que las miradas de todo el inundo, estaba contendiendo secretamente por la posesión de su interesante país. Tuve la intención de hacer una visita al jefe de Estado. Pero, temeroso de ser insultado o de ser metido en alguna dificultad, regresé a casa".

Una destrucción menor, pero también significativa, sobrevino a la ciudad con la invasión del general salva
Francisco Malespín en 1844. Cinco años después de ella, otro diplomático norteamericano, Ephraim George Squier, afirmó: "Quizá no exista otra ciudad de América que como León haya sufrido tanto a causas de las guerras". Afirmación suscrita al observar la Catedral rodeada de manzanas completas en escombros. Las calles casi desiertas mostrando ruinas de casas y los patios de las mismas con chozas de uso transitorio, "como en recordación sarcástica de la suntuosidad de otrora".

Además, Squier constató la existencia casi nominal del Colegio Seminario San Ramón, el Palacio Episcopal (edificio que, reconstruido, ocuparía después el Colegio La Asunción), la Casa de Gobierno en el costado Norte de la Plaza (que no tenía "otro distintivo que el ser un poco más alta que sus vecinas, y luce en todo el frente una arcada en nivel más elevado que la calle") y el cuartel general de las fuerzas regulares del gobierno, con una guardia constantemente en servicio. Las mismas modestas edificaciones, ya en 1871, motivaron estas líneas a otro extrangero, de nacionalidad francesa: "Todos estos edificios de la plaza son insignificantes en cuanto a arquitectura".

La plaza en el siglo XIX
Volviendo a Squier, el artista que lo acompañaba en 1849 -James McDonough- dejó dos dibujos de la plaza de León cuando era todavía un amplio espacio abierto, o sea, de conformación colonial. El primero consiste en un fiel trazo de la Catedral qpe Squier llamó de San Pedro y que abarca dos figuras humanas abicadas en el atrio vacío, conectado a través de una rampa con la Plaza que estaba en un nivel inferior, más otros cuatro -dos conversando y los otros dos caminandoen la parte derecha de la plaza frente al templo impresionante.

El segundo dibujo detalla una procesión. Al fondo se perfila la silueta de Catedral; pero, comprendiendo toda la plaza, se admira en primer plano a unas cuarenta personas -hombres y mujeres- arrodilladas ante el paso de un colosal Santo Sepulcro en la procesión del Viernes Santo conocida como del Santo Entierro. Esta merece una minuciosa descripción, ya que reflejaba gran parte del boato y pompa de los tiempos coloniales, o al menos la solemnidad suficiente para justificar la frase que la tradición oral centroamericana hizo llegar a nuestros días: "Semana Santa en León y Corpus en Guatemala".

Iniciaba la solemne procesión una banda de músicos indios: un violón, dos trompetas, un tambor y un violoncelo; luego aparece un dignatario eclesiástico con sus arreos sacerdotales llevando una inmesa cruz y flanqueado con otros dignatarios que, a su vez, son seguidos de dos monaguillos portando sendas cruces de madera. Les sigue, bajo palio, el Obispo con mitra y larga cauda que sostiene un paje. Vienen detrás otros dos sacerdotes con enormes porta-cirios encendidos.

Ahora bien, en ambos documentos visuales McDonough elude dibujar la estatua precolombina que al igual que en la Plaza de Granada, se encontraba también de entonces capital de Nicaragua destas edificaciones, ya en 1871, motivaron estas líneas a otro extrangero, de nacionalidad francesa: "Todos estos edificios de la plaza son insignificantes en cuanto a arquitectura".
9. La plaza en el siglo XIX

Volviendo a Squier, el artista que lo acompañaba en 1849 -James McDonough- dejó dos dibujos de la plaza de León cuando era todavía un amplio espacio abierto, o sea, de conformación colonial. El primero consiste en un fiel trazo de la Catedral cele Squier llamó de San Pedro y que abarca dos figuras humanas abicadas en el atrio vacío, conectado a través de una rampa con la Plaza que estaba en un nivel inferior, más otros cuatro -dos conversando y los otros dos caminandoen la parte derecha de la plaza frente al templo impresionante.

El segundo dibujo detalla una procesión. Al fondo se perfila la silueta de Catedral; pero, comprendiendo toda la plaza, se admira en primer plano a unas cuarenta personas -hombres y mujeres- arrodilladas ante el paso de un colosal Santo Sepulcro en la procesión del Viernes Santo conocida como del Santo Entierro. Esta merece una minuciosa descripción, ya que reflejaba gran parte del boato y pompa de los tiempos coloniales, o al menos la solemnidad suficiente para justificar la frase que la tradición oral centroamericana hizo llegar a nuestros días: "Semana Santa en León y Corpus en Guatemala".

Iniciaba la solemne procesión una banda de músicos indios: un violón, dos trompetas, un tambor y un violencelo; luego aparece un dignatario eclesiástico con sus arreos sacerdotales llevando una inmesa cruz y flanqueado con otros dignatarios que, a su vez, son seguidos de dos monaguillos portando sendas cruces de madera. Les sigue, bajo palio, el Obispo con mitra y larga cauda que sostiene un paje. Vienen detrás otros dos sacerdotes con enormes porta-cirios encendidos.

Ahora bien, en ambos documentos visuales McDonouh elude dibu'ar la estatua recolombina ue aligual que en la plaza de Granada, se encontraba también en la entonces capital de Nicaragua. "Entre las cosas de interés que en León pronto atrajeron mi atención -escribe Squier- fue un antiguo ídolo de piedra plantado en una de las esquinas de la Plaza Mayor". A continuación, el norteamericano le dedica dos párrafos a esta pieza que procedía de la isla de Momotombino, adonde dirigió sus pasos para comprobar si aún quedaban otras, y cuyo destino se ignora.

En cuanto al mercado al aire libre, que en Granada se alojaba en un costado de su plaza, Squier no comprobó su existencia en la de León. Sólo anotó que había varios en otros puntos de la ciudad, añadiendo: "ofrecen tal profusión de frutas y legumbres que sería imposible enumerarlas todas". Lo que debe suponerse es que el más surtido se hallaba, desde entonces, detrás de Catedral.

Siguiendo con la plaza de la ciudad, localizamos un tercer testimonio gráfico: la primera fotografía que se le tomó. Data de 1861, año en que llegó a León Madame Coty, una turista entusiasta que reunió a unos treinta varones, casi todos de sombreros que posaron de pie frente a ella. Colocados en medio de la plaza, claramente montosa, los leoneses que figuran en la fotografía proceden a dos jóvenes o adolescentes y a un cura que sobresalen sobre ellos. Mas, antes de admirar dicho testimonio, conviene decir que el nivel de la plaza contrasta con la altura y la chatura pesada de los tres cuerpos centrales de la Catedral y sus moles de torres ligadas al cuerpo bajo, afinándose el conjunto de los remates bulbosos de las últimas. Para entonces, es oportuno señalarlo, se destacaba sobre el remate del segundo cuerpo de la nave central una alta cruz que posteriormente desaparecía.

Pasando de nuevo la plaza, conviene referir que había sido escenario -y lo sería después- de muchas demostraciones cívicas, comunitarias y de regocijo popular. Una de las últimas, como lo informa el Dr. Nicolás Buitrago Matus, se efectuó el 2 de octubre de 1850, cuando se realizaba simultáneamente en la Casa Nacional (quemada a principios de este siglo y sobre la cual el Alcalde Roberto Debayle construiría en 1942 el edificio del Club Social) una fiesta con motivo de la celebración del Tratado de Amistad con España, verificado el 25 de Julio anterior. No en vano ese Reino reconocía, en ese documento oficial, la independencia de Nicaragua.

El "Parque Jerez"
Durante el período de los "Treinta años" (18631893), mientras se consolidaba el Estado y surgían obras de progreso sin precedentes en medio de una paz social y política controlada por la oligarquía comercialista de Granada, advino el crecimiento de las ciudades y sus lógicos adelantos infraestructurales. Entre ellos, cabe enumerar la creación y regulación de los mercados y mesones. El mercado público de León, que sería durante muchos años el más grande de la república, terminó de edificarse en 1873 y a ese año corresponde su Reglamento editado en la Imprenta Nacional. Cinco años después, la Municipalidad de la ciudad difundía otro Reglamento: el del Mesón Central de León que, como el anterior, serviría de modelo a la ciudad de Granada.

Durante esa misma época constructiva se llevaron a cabo inversiones para el ornato de las principales ciudades. Y, en primer lugar, sus antiguas plazas abiertas comenzaron a transformarse en parques. Así en 1892 se inaguraron tanto el "Parque Jerez" de León como el "Parque Colón" de Granada..

El de la Metrópoli se concluyó antes que el de la Sultana del Gran Lago, debido al impulso que le daría el Presidente de la República Dr. Roberto Sacasa, cuyo acceso al poder significó la reactivación del localismo regional; pero en ambos parques las respectivas municipalidades venían trabajando desde 1866. 

Al fin, el "Parque Jerez" -bautizado con el apellido de un hombre superior, de ideas y acción que encarnaba el liberalismo romántico de la ciudad: el prócer Máximo Jerez (1815-1881)- se inauguraría el 29 de Abril de 1892.

Esta fecha coincidió con una anterior: la derrota del propio Jerez en 1863 a manos del ejército que mandaba el Presidente Gral. Tomás Martínez. Entonces, como lo rescata una cronista leonesa, circuló la siguiente hoja suelta con la décima que decía:

Hoy hace veintinueve años la derrota de Jerez
que atacó al pueblo leonés causándole muchos daños. El lloró sus desengaños; de Martínez fue el honor, y es una ofensa el valor, a la justicia y buen sentido, dar una estatua al vencido y olvidar al vencedor.
Según Carlos A. Bravo, el autor de esta composición había sido un martinista y seguía siendo conservador: el Dr. Bruno H. Buitrago. De acuerdo a otra fuente, la estatua fue financiada por el mandatario liberal hondureño Marco Aurelio Soto. Pero quien había diseñado el parque y elaborado la estatua era un nicaragüense, nacido en Rivas: el artista José María Ibarra, formado con una beca gubernamental en Italia.
Para finales del siglo XIX y comienzos del presente, el Parque de León constituía el más atractivo espacio público de la ciudad, como revela en otro texto -más lleno de poesía- Salomón de la Selva. Escrito originalmente en inglés, dice la traducción de "Tropical park" ("Parque tropical"):

El Parque de León es un solo jardín
Donde la yerba y las rosas florecen a la vez; No tiene reglamento ni cuidador: Sólo el tiempo es su ley. Sus veredas son de arena tan fina Que siempre están limpias y lisas; Y brillan a la luz de la luna Y a la luz del sol.

Y así nos parece siempre hollar una tierna mágica 
Que cuchichea y reluce curiosamente; 
La arena tiene el resonar del mar 
Bajo nuestras plantas.

A veces la banda musical toca
Una tibia noche en el parquecillo;
Y las parejas buscan en lo oscuro, 
Fuera de las veredas luminosas. 
El suave susurro de la arena

Casi te cuenta lo que hacen y dicen: 
El susurro de los cálidos labios, 
Cómo las miradas se juntan 
Y cómo una mano busca la otra.

Al parque lo circundaban un pequeño muro varias entradas esquineras y laterales, como lo indican otros diversos testimonios gráficos, por ejemplo una fotografía inserta en la revista Mundial (1913), de Rubén Darío; y otra, difundida en postal y coloreada por el artista de la cámara G. Alaniz, de fecha posterior.



 
 

Volcán Momotombo   12.42 N, 86.54 W   altura 1258 m 
                                             Erupciones del  Momotombo 
  1905, 1902, 1886-87?, 1882, 1878, 1870, 1858-66, 1854, 1852, 1849, 1764, 1736,  1609?, 1605-06, 1578, 1524 
Podemos creer que la actividad volcánica acompañó siempre la existencia de la Vieja Ciudad, pues desde los primeros años ya Pedrarias nos deja referencias sobre la amenaza de la misma, aunque se trataba de manifestaciones normales en una zona eminentemente volcánica.

Oviedo también nos habla de humeros activos y hasta de temblores al parecer violentos y muy frecuentes pues nos dice: "E yo he estado en aquella cibda, e vi temblar de manera aquellas casas, que nos salíamos huyendo dellas, a las calles y a la plaza, porque no se hunidese sobre la gente: e a veces tan continuos e unos tras otros, que es cosa de mucho temor. E a veces caen rayos e matan gente e queman casas"

El Licdo. Castañeda durante su permanencia en Santo Domingo, después que abandonó Nicaragua hace el relato de temblores muy fuertes que hicieron bastante daño y en años posteriores el Dr. Alonso Criado de Castilla, Gobernador y Capitán General de la Provincia de Guatemala y Presidente de la Real Audiencia nos hace relación del fuerte terremoto de 1594.  Dice lo siguiente: " El asiento viejo, que demás de los continuos terremotos con que se asoló, era desacomodado por ser muy cálido y apartado de comercio y de los pueblos de indios que acuden al servicio ordinario y reparo de edificios y estar cercado de montes muy ásperos, y las aguas de que se bebían eran de una laguna que participa del azufre y metales de un cerro que está en la dicha laguna, de que resultaba daño a la salud: y que la experiencia ha mostrado que en más de diez y seis años que fué el primer terremoto que hubo en 1594, no se há podido reedificar por las dichas incomodidades, y que antes ha ido en disminución".

En ésta fotografía (junio 2002) aparece la responsable del Archivo Diócesano en León
 

 Una serie de documentos importantes para la investigación genealógica, Las defunciones empiezan en 1674  La serie Criminal comienza en 1744, robos, asesinatos etc. El Juzgado de matrimonios, solicitudes de divorcio interpuestas por las mujeres contra sus maridos, empieza en 1800. La sección Notarial; los más antiguos son de El Realejo y datan de 1667. Los de León comienzan en 1683.

A partir de éste primer terremoto se iniciaron gestiones tendientes a trasladar la Ciudad hacia un nuevo asiento, distante como seis leguas del Puerto de El Realejo.
 

A continuación incluímos parte del informe que Bartolomé de la Canal envió a S.M. y que se encuentra el en legajo II de Guatemala del Archivo General de Indias. "La ciudad de León en la Provincia de Nicaragua fué de las más nombradas y pobladas que ubo en estas partes, y por ser el asiento cálido, húmedo y los muchos temblores, está tan arruinada la Ciudad y tan desierta, que no ha quedado en ella diez casas, y con el calor humedad crece tanto el monte que la cerca, que para desmontarla y limpiarla son los yndios comarcanos compelidos a ello, con muchas vejationes y molestias".

"Y para que no se acabe de perder el nombre de ésta ciudad, sino que se vuelva a recuperar he pedido en la Audiencia que se mande mudar a otro asiento, seys leguas de allí, muy sano, descubierto y muy apacible, de vientos frescos de abundantes ríos de buenas aguas, espaciosos y buenos campos y montes y esta del puerto del Realejo, que es en la mar del Sur, seys leguas de camino carretero muy llano..."



   GERARDO LóPEZ C.
  Los quesillos  en trenzas de La Paz Centro, las frescas aguas del río Tamarindo, las Ruinas de León Viejo, el Museo Archivo Rubén Darío, la Catedral metropolitana, el chancho con yuca del mercado. las playas de Poneloya y las Peñitas, el volcán Momotombo, el barrio indígena de Sutiaba con su iglesia que es una de las más antiguas de América… Todo eso es León, la cuna de la cultura nicaragüense, ciudad colonial, moderna e históricamente revolucionaria, llena de dinamismo, que trabaja y canta con el ingenio de sus copleros. 

 De clima muy cálido y soleado, la cabecera departamental es León, sus principales ciudades son: Achuapa, El Sauce, , Larreynaga, Télica,Quezalguaque, Poneloya, Puerto Sandino, La Paz Centro y Nagarote.

 Situado a 90 kilómetros de Managua y conectado con el resto del país por vías asfaltadas,  es considerado la segunda ciudad en importancia de Nicaragua. Originalmente se le  conoció como Santiago de los Caballeros. 

            Fue fundado por los conquistadores españoles en las faldas del volcán Momotombo y a orillas del lago Xolotlán, el 19 de junio de 1524 en lo que hoy se conoce como León Viejo. Una catástrofe natural desapareció la ciudad y en 1610 se trasladó al sitio donde hoy se encuentra, conservando su aspecto colonial. 

            Desde la época de su fundación, la ciudad de León se convirtió en la primera capital de  Nicaragua, sirvió de asiento a las autoridades españolas y centro principal del país en lo económico, político y cultural. Desde la época colonial, León ha sido el centro universitario por excelencia. 

            Destacándose por su arquitectura colonial, representada en un gran número de templos, algunos de ellos de estilo barroco como la Catedral metropolitana, el templo de la  Recolección y la iglesia de Sutiaba construida en el año 1700, siendo una de las más antiguas del continente. 

            Los habitantes de León se dedican a la agricultura y la ganadería, aunque también se destacan pequeñas industrias artesanales. 

            Atractivos turísticos

       El Museo Archivo Rubén Darío, casa solariega donde el gran panida vivió su juventud, en ella se conservan trajes y objetos usados por él. 

            Las gruesas paredes de la Catedral metropolitana guardan con gran celo los restos del poeta nicaragüense y genio de la lengua española; en el sótano de la misma se conservan valiosas reliquias de gran valor histórico. 

            En Quezalguaque y Telica se hallan ricos yacimientos de cerámica, así como también en el barrio de los sutiabas en la zona urbana de la cabecera departamental. 

            En las costas del lago Xolotlán existen ruinas españolas, cerámicas indígenas y el galpón de Moabite en los potreros de la hacienda El Diamante, muy famosa por mostrar las huellas de un inmenso salón en medio de mucha antigüedad. 

            En La Paz Centro se produce alfarería de buena calidad, además de típicos y deliciosos quesillos en trenza que son un deleite al paladar. 

            Las playas de Poneloya y las Peñitas a solamente diez minutos de la ciudad de León acogen al visitante como dos balnearios gemelos, situados entre el estero de La Bocana y el estero ciego, ofreciéndoles la tranquilizante calidez de sus aguas cristalinas y la blancura de sus playas.

            En el folklore leonés sobresale la vistosidad de 'La Gigantona' y 'El Enano Cabezón', coplero que ridiculiza a los personajes más sobresalientes del quehacer local y nacional. 

            La fastuosidad con que los leoneses celebran el 7 de diciembre 'La Gritería' a la Concepción de María es sin igual, una tradición que introdujeron los monjes franciscanos  en 1857, es algo único de admirar y que ningún visitante debe perderse. 
 La Tribuna 040700
 

 Hace 477 años, junto al pueblo indígena de Sutiaba, se asentó el pueblo de León, que huía de la erupción del Volcán  Momotombo

8 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 /  La Prensa,   Mosaico  Mercedes Peralta
              León, un patrimonio que “ruge” por  preservación 
  En León, “Ciudad del Arte”, se entremezclan  la cultura viva, el arte  monumental, la historia  y una serie de esfuerzos  para preservarla para la  posteridad

              El centro histórico de la ciudad de León lo constituyen un conjunto de edificios  coloniales de carácter religioso, civil y militar, en cuyo inte-rior se observan trabajos de pinturas, esculturas, muebles y orfebrería de gran valor artístico. Al  interactuar, sus pobladores han generado diversas formas de cultura viva como las alfombras de Sutiaba, la tradicional gritería y los carnavales universitarios.  Desde el punto de vista histórico y artístico, y algunos elementos individuales,  constituye una riqueza cultural para la nación y el mundo. 

              A lo largo de su historia, la ciudad ha sufrido por diversas causas, pérdidas   irreparables de su patrimonio monumental, como iglesias, oficinas públicas y casas particulares de gran belleza, una preciosa colección de portadas neoclásicas y moriscas que se han desplomado, sin que la mano del hombre haya podido evitarlo.    La desaparición de este conjunto constituiría una gran pérdida para los  nicaragüenses, la región centroamericana y el mundo. 

              Como lo expresara el ex embajador de España en Nicaragua, Ernesto De La Orden  Miracle, en su Catálogo Provincial del Patrimonio (1971), “La ciudad de León, en su  conjunto, debe ser declarada Monumento Nacional y protegida por una legislación adecuada tanto del Estado, como del municipio…”.  En la actualidad, con los avances de las nuevas técnicas arquitectónicas de  restauración y de intervenciones preventivas, se puede impedir que esa muerte  lenta destruya totalmente los monumentos que aún quedan de esta bella e histórica  ciudad. 

              Aquí presentamos una muestra de esta preocupación, algunos vestigios de ruinas y   las causas de la destrucción de algunos edificios y detalles que han desaparecido.  Así mismo, la relación de algunas esculturas que exhibe la ciudad, con otras  similares expuestas en grandes ciudades europeas, como un homenaje al esfuerzo  que realizan la sociedad civil y la Alcaldía, por preservar este conjunto arquitectónico, llamado “Centro Histórico de la Ciudad de León”. 

                   Desde los años 70, la municipalidad de León delimitó el centro de la ciudad, para  darle especial atención urbanística, a través de medidas protectoras, orientadas a mantener homogénea su arquitectura. Esta delimitación comprende la parte mas antigua de los barrios Sutiaba, El Laborío, Zaragoza, San Francisco, La Merced, La  Recolección, El Sagrario, San Felipe, San Juan, El Calvario, San Sebastián, el Puente  y la Iglesia de Guadalupe. 

              Durante los años 80 el municipio elevó al gobierno la propuesta de declaración de  patrimonio histórico nacional al casco urbano de la ciudad, elaborando un listado con su fundamentación de los sitios y lugares más antiguos, con el objeto de proteger los 61 monumentos; propuesta que fue aprobada, por intermediación del  Ministerio de Cultura, según Decreto 11-42, publicado en La Gaceta 282, del 2 de  diciembre de 1982. 

              LA CASA DEL GOBERNADOR 

              La Casa del Gobernador, llamada posteriormente Casa Nacional, hoy Alcaldía, fue  construida en 1796, en el período del Gobernador Intendente Don José de Salvador. La construcción se extendía de norte a sur, sobre la antigua Avenida Nacional, hoy  1ª. Av. Oeste, y doblaba en esquina hacia el oriente, sobre la Calle Real, hasta pegar  con el Cabildo Municipal. 

              “Don Víctor Manuel Balladares en su libro ‘León Romántico e Inmortal’, afirma que  la Casa del Gobernador era de un solo piso, con paredes de adobe de más de una  vara de ancho y un zaguán macizo y grande, donde se veía en relieves de piedra el  Real Escudo de Santiago de León de los Caballeros, concedido por el Monarca Carlos  I de España. Zaguán y escudo fueron derribados por el sismo de 1926”, sostiene el investigador leonés Manuel Noguera Ramírez. 

              El investigador afirma que en 1845, el general Francisco Malespín, ebrio, presenció   el fusilamiento del mariscal Casto Fonseca, para lo cual mandó levantar una  plataforma de madera, al lado de la casa de los Ayerdis, luego Casa Prío y hoy   edificio Enitel. 

              En ese recinto, el 12 de septiembre de 1856, se efectuó el “Pacto Providencial”,   entre los legitimistas y los democráticos representados por los generales Tomás  Martínez y Máximo Jerez, respectivamente, apoyados por el salvadoreño Ramón  Belloso y el guatemalteco Mariano Paredes, para unir sus fuerzas y expulsar al filibustero William Walker. 

              RUINAS DE PRIMERAS IGLESIAS

              Prácticamente, las instituciones creadas para velar por los monumentos  patrimoniales, mantienen en abandono las ruinas de tres antiguas iglesias  localizadas en el barrio indígena de Sutiaba, mientras una de ellas está casi desaparecida. 

              Son constantemente visitadas por estudiantes, investigadores y turistas. Julisbeth  Álvarez Pérez, de visita con sus compañeros de estudios del Año Común de la UNAN, componente “León, Ciudad Educadora”, estima que “por ser un patrimonio,  hay que conservarlas”. 

              La Iglesia de Santiago, construida a inicios del siglo XVII, es la única que conserva  la torre derecha; con una cúpula de media naranja, de planta cuadrada y de baja  estatura. 

         Veracruz fue erigida en la segunda mitad del Siglo XVI. Fue quemada, al igual que el  resto de las iglesias, en 1845 por las tropas del general salvadoreño Francisco  Malespín, que sitió y quemó la ciudad de León cuando sus autoridades se negaron a  entregar a los llamados “coquimbos”, restos de las tropas dispersas del general  Francisco Morazán, explica el investigador Manuel Noguera Ramírez. 

         Las ruinas de Veracruz conservan la nave central, de tres cuerpos; el altar mayor, situado en un nivel superior, al que se accede por una gradería. Al lado derecho, se localiza la sacristía. Arbustos de matapalos y tigüilotes fracturan las paredes, por el descuido y falta de mantenimiento. 

              Según el grabado de Squier de 1849, hay otras iglesias como San Sebastián y La   Merced, construida ésta en 1742, sobre un promontorio ceremonial indígena. A  fines del siglo XIX comenzó a extenderse un cementerio que ahora invade en su  totalidad el sitio donde fuera el templo. 

              De la Iglesia San Andrés sólo se conservan los arranques de algunas de sus columnas  y parte de los perímetros de sus bases. Numerosas familias ocupan el lugar de las   ruinas, confundiéndose todo el perímetro. 
 

              Durante la Colonia, en León existieron dos edificios públicos con escudos  esculpidos en piedra, que fueron la Casa del Gobernador con el Real Escudo de   Santiago de León de los Caballeros y la Puerta Real de la Catedral, llamada  actualmente “Puerta del Príncipe”, con el Escudo Real de España.

              Para 1821 el Escudo de España y las pinturas de los Reyes fueron destruidos por los leoneses, al recibir noticias de la Independencia, afirma el investigador Noguera  Ramírez.   La Puerta Real, con detalles barrocos, se localiza en la parte trasera de la iglesia, que  se abre sobre un pequeño claustro. Tiene un arco colonial, despuntado, y frontón curvo partido, aéreo, que forma una especie de doble cuerno y protegía el Escudo  de España, desaparecido. A los lados de la puerta, esculpidos dos soldados, como lo  muestra el grabado de la Puerta Real, de Domingo Juarros, 1808. 

           En la monumental Catedral, llaman la atención a los visitantes cuatro atlantes que simulan sostener los campanarios que se unen a la fachada, esculpidos por el artista granadino Jorge Navas Cordonero, a partir de 1904.   Los atlantes son una adición autorizada por el obispo de Nicaragua Simeón Pereira y Castellón, hombre de gran cultura que había visitado en varias ocasiones la ciudad de Roma y otras capitales europeas. 

              La similitud de los atlantes de Catedral se establece con los adosados al Ermitage, en  la Calle Milliónnaya, de San Petersburgo, en el período 1839-1852. En el centro de la  fachada principal se encuentran seis atlantes de granito gris, sosteniendo el balcón del edificio. 

              “Los atlantes del nuevo Ermitage de San Petersburgo son exactamente iguales en las dimensiones y postura a los de León, que ornamentan los campanarios de nuestra   Catedral”, indicó el investigador Manuel Noguera Ramírez, que facilitó una foto de los atlantes rusos. 

              La Catedral, erigida entre 1747 y 1824, es la quinta de León y el monumento  arquitectónico más importante de Nicaragua. Es obra del maestro guatemalteco   Diego de Porres. 
               La fachada de la Iglesia La Recolección es considerada una de las tres grandes de  estilo barroco-mexicano, en Nicaragua. Las otras son San Francisco y La Merced, de Granada. 

 Dos detalles que destacan en el monumento —Iglesia La Recolección, labrada en cantería— son el brillo de su fachada que luce con el sol y los medallones que adornan sus cuatro cuerpos de columnas, con los símbolos de la pasión, muerte y  resurrección de Jesús. 

              En el cuerpo bajo, al lado izquierdo, un medallón con una lámpara, guante y espada  instrumentos con los que buscaron a Jesús, prendieron y golpearon,  respectivamente. Un medallón con túnica y dados, porque se jugaron las vestiduras de Jesús. 

              Al lado derecho, un medallón con un gallo y la columna que simboliza la traición de Pedro y Jesús atado a la columna. Después, unas varas y dos cilicios, que representan los azotes y dolores sufridos por Jesús. 

              En el segundo cuerpo se encuentran la corona de espinas y los clavos; la esponja  con la que le dieron a Jesús a beber hiel y vinagre y la lanza que le atravesó el corazón. Cada uno de los medallones, en la fachada de la iglesia, es una obra de arte, que se debe preservar. 

              La municipalidad de León ha realizado algunos esfuerzos por contribuir a la rehabilitación y conservación de patrimonio edificado en el centro histórico. En el  año 91 creó la Oficina Municipal de Gestión para el Centro Histórico y en el 92 inició la rehabilitación de cinco inmuebles en el conjunto del barrio El Laborío. 

              Un proyecto de mejoramiento de fachadas, financiado con Fondos de Contravalor Hispano Nicaragüense, que permite a los propietarios de viviendas adquirir   pinturas con descuentos del 50 por ciento del valor en el mercado. 

              En el próximo mes concluye la primera fase del Proyecto “Banco de Materiales para  Rehabilitación de Viviendas Tradicionales en el Centro Histórico de León”, por el que fueron beneficiadas 22 viviendas, bajo la dirección de la Fundación “Nuestras  Raíces”, en coordinación con la Oficina del Centro Histórico de León, y financiado por el Organismo Solidaridad Internacional de Andalucía, España. 

              El 50 por ciento de las viviendas beneficiadas con créditos de 1,500 dólares para materiales de construcción, se localizan en los barrios Sutiaba, El Laborío y San  Sebastián. Los usuarios del crédito garantizan la mano de obra, informó Margarita Chávez, de la Oficina Centro Histórico. 

              El proyecto, concebido en cinco fases, contribuirá a mejorar las condiciones  habitacionales, rescatar el patrimonio arquitectónico y cultural, mejorando la  imagen urbana de la ciudad, en la línea de prepararla como destino turístico. 
 

              León se encuentra en la región occidental del país, sobre la franja del mar Pacífico. 

              El área total del Centro Histórico comprende 142.48 hectáreas de superficie, con  diez barrios tradicionales 

              El centro histórico ocupa el 12.7 por ciento sobre la totalidad de la extensión  territorial del área urbana, contabilizándose 2,496 inmuebles en todos sus usos  (habitacional, religiosos, función pública). 

              El 76 por ciento de la población que habita en el centro histórico es propietaria de  sus inmuebles. 

8 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / La Prensa
              León podría ser “Patrimonio Cultural
              de la Humanidad” 

   Las Ruinas de la Iglesia de Veracruz requieren un plan de preservación y conservación. 
              Mercedes Peralta
     Un Plan Estratégico de Desarrollo Cultural y una solicitud para que León sea declarada “Patrimonio Cultural de la Humanidad”, presentará en los próximos meses ante la Unesco, el Consejo Municipal de León. 

              La municipalidad traerá a León expertos cubanos en restauración para que   técnicos, ingenieros y arquitectos adquieran esos conocimientos que contribuyan  a salvar el patrimonio que existe. 

              “El delegado de la Unesco para América Latina, Francisco Lacayo, ha visitado   León, y se ha reunido con su alcalde, para conversar sobre diferentes tópicos, a fin de que León sea declarada Patrimonio, ya que aquí existe una gran riqueza cultural  que él mismo reconoce”, revela el alcalde, ingeniero Denis Pérez Ayerdis. 

Procesión fúnebre de Rubén Darío en las Calles de León

              La Alcaldía convocará en los próximos días a ciudadanos vinculados a la cultura,  artistas y notables para formar el Consejo de Cultura, que elaboraría y ejecutaría el  Plan Estratégico de Desarrollo Cultural. 

              “Ese plan es una necesidad. Falta en nuestro plan estratégico de desarrollo del  municipio. Falta una promoción adecuada de la cultura”, reconoce Pérez Ayerdis. 

                 El alcalde de León indica que de ser declarada esta ciudad Patrimonio Cultural de  la Humanidad, la municipalidad debe asumir el compromiso de la restauración del  casco urbano, con el levantamiento de casas que se necesita. Además, estima que   la sociedad civil debe también asumir su propio compromiso. 

              “El compromiso sería darle mantenimiento adecuado a todos los edificios  históricos que lo requieren. El gobierno central debería sumarse al esfuerzo,  porque si restauramos León, vendría el turismo internacional y ganaría  Nicaragua”, estimó. 

              Sobre las ruinas de Santiago, Veracruz, San Sebastián y San Andrés, comprometió  a la comuna a realizar esfuerzos con el Instituto Nicaragüense de Cultura INC, para   preservarlas. 

              El alcalde de León reconoce que la municipalidad, desde los años 80, con la  solidaridad de la Agencia Española de Cooperación Iberoamericana, realiza   esfuerzos por restaurar y preservar el patrimonio de la ciudad en su centro  histórico. 

              Se creó la Oficina Técnica del Centro Histórico, la Escuela Taller de Oficios   Tradicionales, se han intervenido y rehabilitado algunos edificios, y citó entre  otras edificaciones atendidas el mercado central y la biblioteca municipal y  actualmente los esfuerzos por rehabilitar la Casa de Salud Debayle, con el apoyo de  Alcalá. 

              “Entre las ayudas recibidas reconocemos los proyectos de pinturas de fachadas de  viviendas y el reciente banco de materiales para revitalizar las viviendas tradicionales en el centro histórico”, expresó. 

              Considera que los leoneses están obligados a realizar esfuerzos personales por  preservar y conservar los monumentos existentes y las casas que forman el centro histórico, que constituyen el patrimonio de la ciudad. 
 
 
 

8 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 /  La Prensa 
              Universidades deben unir esfuerzos 

  En levantamiento arquitectónico y guías  turísticos

              Mercedes Peralta 
   Los estudiantes de arquitectura de tres universidades de León deberían participar en el “levantamiento arquitectónico a escala de los edificios del centro histórico”, estima Pablo Cristo Blamis Ferrufino. 

              Considera también que las escuelas de Turismo de la ciudad deben formar guías  turísticos y promover tours a los lugares históricos y culturales, que brinden  charlas para que los visitantes y los pobladores conozcan y valoren las riquezas de  la ciudad. 

              Blamis, arquitecto de profesión y uno de los ciudadanos notables de León, en 1994  participó en el estudio y delimitación del centro histórico de la ciudad, realizado con un equipo de arquitectos, sociólogos y otros especialistas españoles y nacionales. 

              El trabajo permitió la elaboración del Catálogo “León: Bienes Inmuebles Patrimoniales”, publicado por el Instituto Nicaragüense de Cultura y la  Organización de Estados Americanos en 1994. 

              “El investigador Manuel Noguera Ramírez presentó un listado de los monumentos,  que incluía iglesias, calles, casas, oficinas públicas y fachadas, que fueron  propuestos para ser declarados patrimonio nacional. El esfuerzo del equipo fue   bueno”, reconoce Blamis Ferrufino. 


              Cristo Blamis, quien será invitado por la municipalidad a formar parte del Consejo  de Cultura, estima que se necesita dinero y especialistas de tiempo completo para  conservar algunos monumentos, como las ruinas, y evitar que la naturaleza los  destruya. 

              “Es necesario que se brinden conferencias a la ciudadanía para que tomen   conciencia del valor histórico y cultural de sus viviendas y no las dañen,  cambiándoles la arquitectura. 

              “Existe una normativa para el centro histórico, que la municipalidad debe exigir  que la ciudadanía la respete y cumpla”, puntualizó. 

              Recuerda que la Oficina del Centro Histórico y la Escuela Taller de Oficios Tradicionales elaboró unos folletos sobre técnicas para restaurar y preservar las edificaciones, para que los dueños de inmuebles las tomaran en cuenta. 

              “Existen algunos esfuerzos, pero se debe continuar con el entusiasmo que hubo en  los años 80 por darle a León el lugar que merece. Hay que cuidar los edificios y las   ruinas para evitar que los matapalos y la naturaleza destruyan sus paredes y se   termine este hermoso patrimonio”, recomendó Pablo Cristo Blamis Ferrufino.o 

23 de Julio de 2002 |                  23 de Julio, historia para nunca olvidar

                —J. Salomón Manzanares Calero* —
                        Managua
    El 23 de julio de 1959 la Guardia Nacional masacra a los universitarios  de la Unan- León. Este es un reportaje realizado para radio, elaborado en la Universidad Centroamericana en 1999. Les presento las   entrevistas realizadas a algunos personajes de la época. 

                Es difícil imaginarse ese momento; El rostro ensangrentado de los  muertos, y de los heridos. La sangre que corrió por la calle, los  lamentos de las madres, los gritos de los universitarios, los ruidos de as metralletas y fusiles, el gas asfixiante de las lacrimógenas; en fin el   llanto de la Universidad al dar sus primeros mártires por la libertad. Son   tiempos que en América latina se luchaba por liberar a los oprimidos.  Surgen algunos acontecimientos políticos y Nicaragua no era la  excepción. Para Luis Felipe Pérez Caldera, estudiante universitario de la generación, esos sucesos fueron motivos de compromiso." Un acontecimiento es el de la Autonomía Universitaria y dos el hecho que  se da la revolución cubana. En primer lugar se ve que las dictaduras  latinoamericanas pueden llegar a su fin mediante la insurrección   armada. Eso tiene una trascendencia en toda la sociedad nicaragüense  que ha estado sometida a la dictadura somocista. Es la inspiración que  tiene la juventud en general para comprometerse siguiendo ese ejemplo". 

                El 27 de marzo de 1958 la Universidad de León obtiene su autonomía,  encabezada por el rector Mariano fiallos Gil. Una iniciativa que no solo   implicó independencia de la llamada "Alta Casa de Estudios", sino  también un salto para mejorar la calidad de la Educación Superior. Sin   embargo, el 23 de julio de 1959, la UNAN- León se enluta con sangre.  Juan Quiroz, estudiante de secundaria en ese año comenta. "Se   preparó una marcha de protesta por la masacre del Chaparral, en la  frontera Nicaragua y Honduras. Salió del Paraninfo de la Universidad, pasamos por el INO buscando a los jóvenes de secundaria. Yo estaba  ahí, era un joven de 19 años, nos dirigimos a recorrer las calles principales de León". Fantina Palma una niña de trece años también  participaba en la manifestación de protesta. "Cuando nosotros llegamos al parque, vi apostada la GN en tres filas. Unos acostados en el suelo, la segunda fila poniendo la rodilla en el suelo y la tercera que estaba de  pie. Entonces yo vi a Tacho Ortiz que él dio la señal para dispararles a os estudiantes, pues se quitó el puro de su boca y lo bajó. Ahí es  cuando comenzaron a disparar. Te digo que llegará hasta el último día  de vida y nunca lo voy a olvidar, siempre voy a escuchar el tableteo de  las metralletas y de todo tipo de detonaciones. Luego comencé a ver que todos mis compañeros venían cayendo unos encima de otros y la   sangre corría como agua. Fui la última en caer porque cuando yo me  iba cruzando la calle para salvarme, el Guardia me vio y dijo, faltabas  vos hijo de la gran P, aquí te va. Y yo caí. Sentí el impacto de la bala que   me suspendió y luego rodé. Ahí perdí el conocimiento". 

                La guardia Nacional estaba dispuesta a disparar contra los estudiantes.   El silencio de la tarde de pronto rompió la ira de los universitarios,   mientras los dirigentes estudiantiles Joaquín Solís Piura y Humberto  Obregón exigían la libertad de varios estudiantes detenidos por la   Guardia. Antes de esta marcha de protesta el 22 de julio de 1959, la    Organización de Universitario de la UNAN-León organizó una marcha   estudiantil. Los varones iban con corbatas negra y las señoritas  vestidas de negro en señal de luto. Según Luis Felipe Pérez estudiante  de la generación de universitarios de 1959, ese año los nuevos  universitarios, los pelones, se solidarizaron con otro grupo de jóvenes  nicaragüenses que luchaban por la libertad de Nicaragua. "Hay otro grupo de jóvenes de ideas de izquierda, con pensamiento socialista,   que tratan de llegar a Nicaragua por el Chaparral, dos días después de  la captura de los jóvenes conservadores y en ese grupo es que viene  Carlos Fonseca Amador". Gonzalo Alvarado de esta misma generación agrega. "Entonces los estudiantes pelones y la dirigencia estudiantil decidió no hacer en junio la fiesta tradicional por la masacre del  Chaparral. Sino se hizo esa manifestación como signo de luto y  protesta. 

                El pueblo leonés repudió la masacre del 22 de Junio de 1959 en el   Chaparral y la del 23 de julio del mismo año. La solidaridad del pueblo   leonés fue el motivo de aliento para el centenar de heridos que habían   en los hospitales. La muerte de cuatro universitarios; José Rubí,  Mauricio Martínez, Sergio Saldaña y Erick Ramírez enlutó la ciudad   universitaria. Fantina Palma no desmayaba ante las acciones contra los  universitarios. "La gente, el pueblo se desbordó y escuchaban  exclamaciones de indignación sobretodo que había sucedido porque  habiéndose dado una manifestación pacífica llegar hasta ese momento.  Ahí sentí el ardor, la solidaridad de todos los compañeros. Cuando  cumplimos un año, nos reunimos todos. En la Catedral se hizo una  misa, pero antes de eso hicimos la guardia de honor. Pero, de la misma manera que se había apostado la guardia para el 23 de julio, de esa  misma manera se apostaron, aunque esta vez sobrevolaban  avionetas". 

                De aquella generación heroica de 1959 surgieron hombres  profesionales para servir a la patria. Entre ellos Joaquín Solís Piura,   Julio Briceño, Sergio Martínez, Alejandro Serrano Caldera, Fernando Gordillo y Manolo Morales. Pero también las mujeres como Carmen   Fonseca, Doris Centeno, Ena Morales y Vilma Núñez fueron un pilar fundamental en la lucha. María Haydée Flores dirigente estudiantil de  esta generación aún recuerda el rol como mujeres universitarias. "No  solamente nos dirigíamos a los estudiantes y a los obreros, sino  también visitábamos las comunidades rurales, los barrios en León,   Subtiava. Estábamos enseñando a leer y escribir a la población. Y hubo una época en que las mujeres llevábamos los primeros puestos en las facultades y el doctor Mariano Fiallos Gil dijo a los varones en unos de sus discursos: "qué les pasaba a lo varones, que no salían figurando en  los primeros puestos". 

                El 10 de Enero de 1812 se funda la Universidad de León. Creada para  contribuir al desarrollo del país, a través de las carreras de medicina,  derecho, ciencias y letras, química y odontología. Así también promover  el cambio de Nicaragua en todas las manifestaciones sociales y políticas. Para 1959 la juventud estaba motivada a luchar dignamente y  seguir el ejemplo de otros universitarios que en 1944 en Managua que  protestaron contra la dictadura somocista. Ernesto Medina Sandino ex  rector de la UNAN- León, señala que a través de los años se han visto  cambios en la búsqueda de la libertad. "Yo siempre he creído que el 23  de Julio fue un despertar para el pueblo de Nicaragua en general, pero   particularmente la Universidad y los estudiantes. Yo creo durante y  después del 23 de Julio del 59 hay una inflexión en la juventud nicaragüense que pasa a cuestionar seriamente su papel frente a la   sociedad donde de repente encuentra en un país que violentamente le  cierran los espacios". 

               El cambio no podía esperarse sin sangre. La Universidad habría de   surgir como un relámpago de entre los cielos enlutados de la patria. Sin  embargo, frente a la barbarie que consumió aquellas vidas en 1959    estuvo el corazón solidario y la indignación del pueblo nicaragüense. 

                Hoy la Universidad espera un reto; pasar de la vergüenza a la dignidad,  del pasado funesto y de exclusión a un futuro de oportunidades sin más  sangre por derramar ni amenazas. Todos fueron mártires del ayer que  fertilizan el presente y el futuro de la juventud nicaragüense. 

                *Periodista 
 
 

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