13 de julio de 1,854
El Puerto de San Juan de unas 80 casas fue destruido completamente.

La controversial destruccion 
del San Juan en 1854.

Ilustracion aparecida en The London News en Agosto 19 de 1854 
El 15 Marzo de 1854 un nicaraguense perece en una canoa que fue arrastrada por el barco Routh, en este barco viajaba el ministro Slon Bolrand de Estados Unidos quien intervino y se opuso ante la policía de San Juan cuando quiso arrestar al capitán del barco norteamericano, el hecho motivó un motín donde resultó herido el ministro, al confrontamiento se sumo la oposicion local sobre las tarifas y el control de la ruta, El 11 de Julio de 1854, Ante este suceso, el gobierno de los Estados Unidos demanda a Nicaragua una reparación económica la  que tenía que ser entregada en plazo de 24 horas, de no ser así se verían obligados a destruir la ciudad. y es así como el 13 de julio de 1,854 el Puerto de SAN JUAN de unas 80 casas fue destruido completamente por la fragata Cyane de la Marina norteamericana. 
El 22 de Noviembre de 1,860 
el puerto volvió a ser uno de los más importantes centros comerciales de la región y por decreto del 20 de febrero de 1,861 es decretada ciudad de nuevo. 

Crónica sobre el cañoneo, quema y completa destrucción del Puerto de San Juan del Norte, por la Corbeta américana CYANE, al mando de su Capitán Geo Hollins. Fué escrita en Nueva York, el 29 de julio de 1854 y publicada en el tomo 7 de la Gaceta de Guatemala, correspondiente a dicho año de 1854.

Nueva York, Julio 29 de 1854.

Cañoneo, quema y completa destrucción de San Juan de Nicaragua por una Corbeta Américana, de orden del Gobierno Federal.

Sin embargo de los testimonios que tenemos a la vista, la hospitalidad que debemos a éste país y el respeto con que miramos a muchos rasgos de su civilización, nos hacen dudar aún de algunos pormenores del acto de brutal y desalmada sevicia oficial, indicado en el título que encabeza estas líneas. Quizá no sea posible encontrar en la páginas de la historia de las naciones que alternan de igual a igual con los Estados cultos de la tierra, un hecho más degradante y que tanto merezca la abominación de todas las ideas de rectitud y de cristianismo. Los moros del Riff cometen actos de barbarie que se parecen al cañoneo y la destrucción de un pueblo industrioso y pacífico, y además no ofensor sino ofendido. Pero a lo menos son piratas francos, y no tienen la pretensión ni se dan los aires de miembros de la asociación política civilizada de la humanidad.

A principios de Junio, si mal no recordamos, hemos escrito los promenores del asesinato cometido por un tal Smith, capitán de uno de los vapores que navegan en el río San Juan, y hemos referido entonces los pormenores de la intervención deshonrosa y criminal de Mr. Borland, Ministro de los Estados Unidos en centroamérica, para estraer al asesinato de la acción de la justicia de San Juan. 


Las ofensas personales que Mr. Borland supuso haber recibido al practicar su indigna mediación, han dictado al Gobierno Federal la medida monstruosa, cuyo relato en su ejecución y promenores dejamos hoy a la prensa américana, reservándonos juzgar por nosotros mismos más detenidamente al atentado y sus causas y consecuencias, cuando todos ellos hayan adquirido más luz. Acaso no nos faltará nuestra correspondencia ordinaria de Nicaragua, escrita por persona de mayor confianza. Nuestros lectores formarán mientras tanto juicio de los acontecimientos por los estractos que ponemos a continuación de los diarios de ésta ciudad. La opinión parece unánime en todos los Estados Unidos en condenar y execrar la monsytruosa iniquidad cometida por la "Cyane".

Hay ya rumores de que esta medida inesplicable wes la precursora de cierta política que se desea inaugurar, en combinación con ciertos proyectos de alianza rusa, para debilitar con una distracción en América el vigor de sus aliados. si tal fuese cierto, bien sería que los amigos de la seguridad nacional desaconsejasen a Mr. Pierce la conducta tan débil como alevosa que deshonró a su predecesor Madison, y llevó a los Estados Unidos a la lastimosa situación de aliados de Laffite y sus piratas de la Barataria, y de suplicantes por la paz, buscando por medianero al padre de ese mismo autócrata, con el cual desea quizá aliarse su Gobierno. 

Sabemos que el simple consejo es de poco afecto en ambiciones hidrópicas como la de estos dos aliados en proyecto, pero ya uno de ellos tiene para su Gobierno más que consejos: tiene experiencia propia; y el otro podría adoptar el prudente aviso de escarmentar en cabeza ajena. Por lo demás, en Europa se sabe muy bien que en ese género de achaques sólo se apaga la sed haciendo huir la causa de las venas, "et aquorus albo corpore languor".

Hé aquí los importante estractos que hemos mencionado:

El Tribune de Nueva York. Cuanto más se examina este acto memorable mandado ejecutar por el Presidente Pierce al comandante Hollins, tanto más inexplicable, injustificable y vil parece. Aun prescindiendo del hecho de que la población no tenía defensa y de que su destrucción no podía dar más gloria que la de un espadachin que acometiese y zurrase a una mujer ao a un chiquillo, el origen de toda la dificultad es tal, que da al acontecimiento un carácter indigno y monstruoso. Las autoridades del aquel punto hicieron arrestar a un asesino o a uno acusado como tal, afin de enjuiciarlo, habiéndose cometido el crimen dentro de su jurisdicción, y a consecuiencia de esto el Presidente Pierce envía una Corbeta de Guerra para bombardear el pueblo e incendiar hasta los cimientos de todas sus casas. Tal es la esencia de todo lo ocurrido, como lo habrán de recordar las páginas de la historia. 

Las circunstancias intermedias son comparativamente de menor importancia. Es cierto que Mr. Solon Borland, hombre de Arkansas, notable por sus tendencias pugilistas, revestido por el gobierno Américano con el carácter de enviado extraordinario, se halló por casualidad presente, y procuró usar de su prerrogativa diplomática para impedir que se prendiese a un acusado de asesino; es también cierto que cuando Borland desembarcó en San Juan y habló necia e insolentemente con respecto a la población, ésta sintió cierta natural indignación al ver tan arbitraria y brutalmente interrumpido el curso de la justicia, y la gente se reunió alrededor de su casa y habló a su vez quizá sin respeto, y que una persona desconocida llegó a arrojarle una botella a la cabeza, que no lehizo daño alguno. Y aún esta reunión alrededor de su casa tuvo lugar, según declaran habitantes respetables de aquel punto, por haberse creído que estaba dentro de ella el asesino bajo protección de Borland y podría aún ser arrestado. Pero estos sucesos, decimos, son comparativamente de poca importancia: el hecho doloroso e inicuo es que San Juan ha sido incendiado, y que centenares de personas inocentes han sido despojadas y arruinadas por haber querdio ejecutar una ley necesaria, y someter a la justicia un asesino.

Pero se nos dirá acaso que el insulto hecho al Sr. Embajador Borland fué motivo suficiente para este exceso de venganza. Como si un pillo como Borland hombre cuyos demás actos oficiales ha desaprobado el Gobierno, condenándolos a un merecido alvido, pudiese ser insultado hasta ese punto. sospechamos que el sentido común del pueblo américano nio se dejará engañar por la idea de que los actos de aparente descortesía a nuestro ambulante embajador, que con el rifle en la mano se presenta como protector de homicidas contra una prisión legal, eran de tal naturaleza que exigiesen ni siquiera una disculpa. supóngase que el Minsitro Británico se presentase en las calles de Nueva york, y que con puñal o pistola en mano o a puño seco, impidiese que la policia se apoderase de un hombre debidamente acusado de asesino o ladrfón, no manifestaría indignación el pueblo al ver una interposición semejante en asuntos que no le concernían ? Y daría el Gobirno humildemente satisfacción a aquel funcionario por el desagrado impopular :?. De ninguna manera. No sólo rehusaría toda satisfacción, sino que le entregaria sus pasaportes y le exigirían salir del país al día siguiente. eso no podr1a hacerlo el pueblo de San Juan en el caso de Borland; pero si el agente de justicia, cuyo mando anuló, lo hubiese muerto de un balazo en el sitio, nada irregular habr1a hecho, y no hay un periódico en este país, excepto quizó el UNION de Washington, que no huebiese dicho que le habían dado su merecido. Ciertamente que recibió mucho menos, de loq ue merecía, puesto que sólo le arrojaron una botella vacía, sin tocarle a  los menos en la nariz.
O supongamos que Borland hubiese procurado romper la cabeza del alcalde de San Juan, como hizo con la de Mr. Kennedy. y hubiese salido del lance bien vapuleado; sería este caso que requiriese las bombas y cohetes incendiarios américanos ? Del mismo modo y por la misma razón que ahora se requieren.
Pero aún admitiendo que el insulto a Borland fuese grave, y exigiese reparación, no hay nadie que pueda decir que requería una medida tan grave como la destrucción de un pueblo, incluyendo los almacenes de comerciantes inofensivos y las residencias de los cónsules. La desproporció del castigo con la ofensa parece en efecto sin paralelo en la historia; y si el suceso no hubiese ocasionado la pérdida y ruina de muchas personas inocentes, y deshonor y verguenza al país ser1a ridículo. A qué fin destruir toda una población por la falta de unos pocos de sus residentes? A qué cañonear y destruir la población de hombres que no tuvieron nonguna parte en la ofensa?.

O a qué fin, después de haber disparado doscientas balas de cañón a los edificios, desembarcó una gavilla de saqueadores para entregarlo todo a las llamas y reducir a cenizas las moradas de todo un pueblo ?.

Mírese este acto bajo la luz que se quiera, sólo puede inspirar un sentimiento de verguenza y repugnancia contra una barbarie tan caprichosa. No fué sino un asalto contra la civilización y las instituciones américanas que tan felizmente se hab1an introducido en áquella remota e inculta región. El pueblo de San Juan podía mirar con orgullo, no sólo a los próspero y activo de sus calles que habían construido en tres años escasos, no sólo al buen orden y respeto a la ley y a la propiedad, sostenido por su autoridad local, sino a la creciente influencia que habían ido a ejercer en las partes superiores del río y en el interior...

El Tribune, añade, en cuanto a la demanda de 24,000 duros por la indemnización, que ésta no era manera alguna debida a la Compañía de Tránsito, la cual era en realidad merecedora de una multa. Espera que el congreso dará un voto severo de censura contra la conducta de la administración en este asunto, y que las personas cuyos intereses han padecido en el cañoneo de San Juan, de cualquiera nación que sean, serán debidamente compensados por el tesoro de los Estados Unidos.

Del mismo Tribune: "Greytown contaba de unas 80 casas, casi todas de madera y la mayor parte construidas en los Estados Unidos y armadas allí. Una de ellas, el hotel de Lyon, costó 15,000 pesos. Solo estaba habitada una cuarta parte de las casas en la parte nueva de la población, construidas después de 1850, pués las demás habían sido destinadas al comercio algún tiempo antes. La población constaba de unas 500 personas; de éstas, 10 - 12 son angloaméricanos, 25 ingleses, y 12 franceses y alemanes. el resto se compone de negros de Jamaica y naturales. Los américanos y europeos se ocupaban en tener posadas y en el comercio. Las casas ocupadas por los naturales y por los negros eran en su mayor parte de armazones de madera, con techos de huano u hojas de palma.

Cuando la CYANE se presentó en el Puerto de Greytown y pidió una satisfacción avaluada en 24,000  duros, amenazando con un bombardeo si no se le daba a una hora fija, los habitantes no creyeron que el pueblo sería demolido, robado y quemado. Los vecinos esperaban que la hostilidad pasaría de algunos cañonazos los cuales destruirían algunas casas. Sin embargo la mayoria de los ingleses se refugió a bordo de la goleta de guerra Bermuda que estaba a la ancla en la bahia. Mr Fabens, agente de los Estados Unidos, con seis o siete américanos, se refugió bajo la bandera de su Nación a bordo del CYANE y el resto de la población, incluso todos los franceses y naturales, y unos pocos ingleses y américanos, abandonó el pueblo durante la noche y en la mañana precedieron a su destrucción. Todos se metierón en los bosques cercanos a la playa, como a una milla de distancia. No figurándose que habían de ser destruidas con bombas y teas, apenas llevaron consigo lo necesario; y todo lo que dejaron fué destruido. Por consiguiente, los habitantes quedaron sin albergue, vestidos, ni alimentos, expuestos a la inclemencia de la estación. Tuvieron que hacer tiendas con sábanas, y muchos dormían al cielo raso sin nada con que cubrirse, estenuados de hambre y sin ningún alimento. Talvez los haya socorrido un bergantín que entró cargado de provisiones cuando principió el bombardeo.
No habiendo sido satisfechas las exigencias del Capitán Hollins, rompió el fuego en el plazo señalado, haciendo efecto todos los disparos, que fueron unos 200; más como no incendiaban éstos la población con la prisa que él deseaba, mandó a tierra una lancha con un teniente y 25 hombres, los cuales pusieron fuego a cuanto quedaba de Greytown. Al paso que ejecutaban la operación, se introducían y registraban minuciosamente el interior de las casaas y robaban tosdo lo que era de su agrado. Antes de terminar la obra, todos estaban ebrios de vino y licores, y daban gritos y hurrahs sin cesar,. La pérdida total de los efectos destruidos, se asegura que alcanza a medio millon de duros.
En día anterior al bombardeo, el Capitán Hollins se apoderó de los cañones que defendían la población, y los hizo llevar a Punta Arenas, entregándolos al agente de la Compañía de Tránsito. En el bombardeo swe dispararon dos cañnazos a la bandera de Mosquitos. El primero rompió la driza, y bajó la bandera a media asta y el segundo derribó el asta en que estaba izada la bandera.

En medio del cañoneo de la CYANE, su Capitán Hollins recibió una comunicación del Capitán de la goleta inglesa de guerra Bermuda, en la cual expresaba este cuanto sentía no tener allí un buque inglés del tamaño del CYANE para obligar a Hollins a suspender su obra. Hollins contestó a la carta del comandante inglés Jolly, diciendo, que sentía que no tuviese dos barcos como él deseaba, pues creía que los Estados Unidos se apoderar1an de eloos del mismo modo que lo habían hecho de la CYANE. Se esperaba con ansiedad el vapor correo onglés DEE, que debía llegar de un momento a otro, y se decía que cuando llegase cesarían las hostilidades. Llegó en efecto el expresado vapor, precisamente cuando el pueblo iba a ser incendiado; más, con sorpresa de todos los ingleses, continuó sin interrupción la obra del saqueo y del incendio. Terminada esta obra, el vapor correo inglés se hizo a la mar llevándo a remolque la goleta Bermuda.

El piquete incendiario y saqueador estuvo en tierra casi medio día, y pasó este tiempo entregado a la alegría. Muchos de ellos estaban tan borrachos, que no ha sido obra fácil llevarlos a bordo.

Algunos residentes de Greytown vinieron a Nueva York a nbordo del Prometheus. Faltaban dos personas, y se temía que hubiesen perecido en el incendio.

Del Herald. "Damos esta mañana los pormenores de dos lances en que nuestros oficiales navales se han distinguido A la Ingraham y por medio de los cuales es probable que la Marina gane algún crédito entre el elemnto belicoso de nuestro pueblo".

El Heraldo refiere el primer caso, que fué el bloqueo de Acapulco por las fuerzas del Gobierno Mexicano. Apoderado Alvarez de Acapulco en la reciente sublevación, el buque de guerra mexicano, "Santa Ana" , se presentó a  la boca del Puerto, y lo declaró bloqueado. Como aquel es punto de reacalada para los vapores correos norteaméricanos que corren entre Panamá y California, y en el cual toman carbón, agua, y provisiones de boca, y como además había concedido el gobierno mexicano ciertos privilegios en el Puerto de Acapulco a dichos vapores, el bloqueo se consideró como un grande inconveniente para éstos. El barco de guerra mexicano no dejó entrar en el Puerto el vapor correo Golden Gate, y el capitán Dornin, pidió al Comandante Mexicano que exeptuase del bloqueo a los vapores correos. Más no habiendo accedido el marino mexicano a ésta petición, Dornin hizo saber oficialmente al mexicano que se hallaba obligado a romper el bloqueo haciendo desembarcar a los pasajeros y la correspondencia que trajesen los vapores correos. El Comandante Mexicano al verse amenazado, se dirigió a Mazatlan, dejando el arreglo de este negocio a los dos Gobiernos.
Todo esto sucedió en lo primeros días de Junio. Es digna de notarse la circunstancia de que la insurrección de Alvarez ha sido promovida por los anglo-américanos. Prosigue luego el Heraldo, a describir el suceso de San Juan.

Hace poco tiempo que la Corbeta de guerra Cyane, Comandante Hollins, estaba fondeada enfrente de la batería de este puerto. 
 




Llegaron noticias a Washington de que nuestro Ministro de América Central el Hon. Solón Borland había sido insultado en San Juan de Nicaragua, llamado comúnmente Greytown. La vida de nuestro Ministro había sido amenazada, se había detenido a los pasajeros para California y se habían causado considerables perjuicios a la Compañía de Vapores. Así que, la Cyane cuyo comandante conocía áquellas aguas, recibió la orden de dirigirse a San Juan. 

A su llegada, el capitán pidió $20,000 duros de indemnización, por daños hechos a la propiedad de la Compañía de vapores, y exijió una satisfacción por el insulto inferido a los Estados Unidos en la persona de su representante. 


Las autoridades de Nicaragua (el Herald se olvidó decir de San Juan) se negarón a esta intimación, en vista de lo cual el comandante Hollins le dió 24 horas para pensar en el asunto; más habiéndose negado de nuevo las autoridade, después del oportuno aviso para proveer de medios de transporte a las personas que quisiesen dejar el pueblo, la Cyane abrió sus baterías contra San Juan. Viendo que las casas eran tan endeblesque el bombardeo no causabe efecto, el comandante Hollins destacó una partida de marinos al mando del teniente Pickerin, el cual quemó la población. El comandante de un buque de guerra inglés, fondeado a la sazón en el puerto, protestó contra éstos; pero su protesta aparece que no tuvo ninguna consecuencia. Todo esto sucedió el 13 de Julio.

(El Heraldo termina haciendo una rechifla de las hazañas de la administración).

El Journal of Commerce, refiere los hechos del mismo modo que el Herald con escasa diferencia. El 4 de Julio llegó la Cyane a San Juan. El 12 publicó el capitán Hollins una proclama a las autoridades y los residentes, haciéndoles saber que si a las nueve de la mañana del 13 no se había dado la satisfacción pedida, procedería a bombardear la población. 

 

No habiéndo recibido la satisfacción, se apoderó de los vapores de la compañía de tránsito, y los envió al pueblo ofreciendo protección a las personas que pudiesen aceptarlas, y el cañoneo comenzó dentro de un minuto después del término señalado, y continuó con breve intervalo hasta las tres de la tarde. a las cuatro desembarcó el Teniente Pickering, y el día 13 de Julio quedó enteramente destruido el pueblo de San Juan. No ha habido sacrificios de vida. la goleta de guerra inglesa Bermuda y el vapor Dee de la mala real inglesa , y un barco mercante inglés, presenciaron los sucesos sin intervenir.

El mismo periódico cree que, como hazaña naval, el acto no hace honor a los Estados Unidos, y una de las razones que alega, esd el que en el cañoneo de San Juan fué destruida propiedad de ciudadanos américanos.

Del Commercial. No podemos caractizar debidamente esta asombrosa hazaña del Presidente Pierce y su administración. el pueblo de Greytown no cometió ningna ofensa contra el Ministro Borland, ni contra los Estados Unidos en su Ministro. Cualquiera insulto u ofensa que Mr. Borland haya sufrido, se lo granjeó en calidad de individuo particular, que ayudó a otro individuo para resistir a las autoridades locales del lugar, en demanda perfectamente justa y razonable...

El Heraldo refiere el primer caso, El hecho es en verdad demasiado vil para tratarlo con ironía, y todo americano de sano juicio no podrá menos de ruborizarse al verse empleados de esa manera nuestros barcos de guerra, y mirará al que así lo ha mandaddo, como miraría a un atlético gigante que se armase con una pesada masa para castigar a una débil mujer que le hubiese ofendido. 

Del Daily Times. "El águila se ha vengado del insecto que se atrevió a pedir justicia a despecho del ave de Júpiter. El elefante ha curado su honor herido por un gusano, estrujádolo y haciéndole vomitar sus hijuelos. El Gobierno de los Estados Unidos ha hecho ver al mundo que sus ministros no han de ser insultados por ningún pueblo que no tenga un ejército y una armada, o a lo menos que una corbeta de guerra para defenderse". 

Del Mirror, La obra de la Cyane ha sido arbitraria, maligna e injustificable. Mr. Borland no recibió más que lo que merecía; su honor insultado es la carabina de ambrosio; y si nuestra costosa marinita no puede encontrar una ocupación más honrada y provechosa al resolver semejante caso, mejor será que se emplee en el comercio de huano. El Capitán Hollins obedeció las órdenes de Washington, y la adminsistración es posible se imagine que esta destrucción atroz de una población inofensiva, le restituirá su crédito y recobrará el respeto que aspira el pueblo américano. Si así es, se engaña lastimosamente. 

El Courier and Enquirer: Empieza un artículo en que da noticia del cañoneo y quema de San Juan, de este modo. "Con dolor y mortificación nos vemos obligados a hablar de este acto de salvaje crueldad, cometido con arreglo a deliberadas instrucciones del Gobierno de los Estados Unidos, contra una especie de aldea desamparada y aislada". 
El Express del 25 publicó un parte telegráfico de Washington, en el cual se dice lo siguiente: acerca de los sucesos de San Juan. "Las noticias del bombardeo de San Juan han causado aquí mucha agitación entre todas las clases. Un sólo sentimiento se ezpresa con respecto a la conducta del capitán Hollins y es el de una extrema indignación. Sin embargo, puede usted estar seguro de que el Capitán Hollins ha procedido con arreglo a órdenes del Gobierno, y este es quien debe cargar con la responsabilidad". 

El mismo periódico con motivo de la noticia anterior: 

" Lastima es que no haya habido en Washington o en Greytown una diplomacia bastante hábil para ajustar este pequeño negocio con las pequeñas autoridades de un lugar miserable ahorrándonos así el espectáculo de una poderosa nación comprometida en un lance que, por lo que hasta ahora hemps visto, no da crédito ni honor a, nuestras armas... 

Sentimos tener un Gobierno que no encuentra una obra más noble que esta para nuestros marinos". (Crónica de Nueva York). 

Tomado de Andrés Vega Bolaños /  Bombardeo de San Juan del Norte
Fotos Ed Manfut.... Octubre / 16 - 17 / 2002


 


 
 
 

 

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