Y es aquí..que miles se citan.. cada 26 de julio, fecha en que se rinde homenaje a Santa Ana.
en está su parroquia de Santa Ana, donde  le estamos aguardando 
Iglesia Santa Ana
  la Vicaría de Chinandega  Monseñor Guillermo Berríos Delgadillo, 
quien por varios años fue párroco de San Nicolás de El Laborío, en León. 

Reseña de la Parroquia de Santa Ana

Los origenes de la parroquia de Santa Ana, primitivo centro cristiano de nuestra ciudad, se remontan a la Misión que  menciona el cronista Gonzalo fernández de Oviedo en la tercera década del Siglo XVI. Por 1530 visitó este lugar el observador naturalista, quién trató al Cacique Agateyte, el primer cristiano bautizado quizás, antes que sus compañeros de tribu.

Los primeros templos fueron pajizos como la construcción rural de urgencia, que aún se ve an algunos lugares por economía y hecedera.

Por su condición, dependiente de los hijos de San Francisco de Asis, en el Realejo, vecindad inmediate, y la importancia de sus caciques, pronto tuvo desarrollo la misión con residencia conventual propia y el mejor templo de mamposteria despues de la Catedral de Managua, y anterior a ella, levantado con plano de fábrica permanente y cúpula catedralicia.

 

Muerte 
del 
cacique Diriangén

LEYENDA DEL JAGUAR DEL CASITAS.

 



 
 


 
 
 

Fiestas patronales 
17 de mayo:
la fiesta en honor a San Pascual, que incluye el baile de los Mantudos. 

10 al 26 de julio
Las fiestas patronales de Santa Ana, han cobrado en la actualidad gran auge, ya que incluye kermesse, pesca, toro encohetado, alborada, función y procesión con la imagen de la patrona, desfile hípico, y carnaval para la elección de la reina del municipio

 24 de Septiembre;
se celebra la fiesta en honor a la virgen de las Mercedes, con su tradicional baile del Torito. 

8 al 16 de agosto:
se conmemora la fiesta en honor a San Roque, incluye los bailes tradicionales de la Cuchara y Panda.
 


LA LEYENDA DEL CRISTO

Reproducimos la parte interesante y de relativa autenticidad del artículo del señor A. Tijerino Morales.

Brilla como el tesoro m á s grande que tiene esta ciudad el que se guarda con gran veneración entre las frías y legendarias paredes del templo de Nues- tra Señora Santa Ana. Este tesoro de incalculable valor, más significativo que el oro y las piedras preciosas, mantiene el fuego sagrado de la fe cristiana.

Se trata de una escultura antigua, que representa al Cristo Yacente, que todos los años es sacado en procesión los Viernes Santos. No parece que manos profanas hayan tallado esta soberbia imagen. 

Hay algo extraordinario y sobre natural en su rostro perfecto y doloroso. 

Este Cristo no sólo conmueve, sino que subyuga, y los ojos humanos no pueden apartarse de su divina faz y de su cuerpo enjuto y sangriento. Todos sus detalles, todas sus líneas denuncian que una mano dirigida por la Providencia lo formó. Han pasado varias generaciones y este Cristo se conserva como acabado de salir de las privilegiadas manos de su autor. Alrededor de este Cristo hay una historia, una admirable leyenda, que embarga nuestro espíritu de piedad y temor.

Según la tradición, esta imagen donde el arte se prodigó a por entero tiene más allá de doscientos años. Los fieles la veneran con doloroso entusiasmo y pasan las horas del Viernes Santo en muda contemplación.

 Vivamente emocionados tratamos de inquirir sobre el portento, que según se afirma, se realizó cuando esta obra fue consumada. Y como los archivos de la Parroquia y Municipio fueron quemados en la última guerra fratricida que nos dejó en la desolación más espantosa, tuvimos que apelar a las veraces fuentes de la tradición.

Existe aquí un anciano de setenticinco años de edad, que responde al nombre de Lizandro Meza, y éste cuenta que su madre llamada Jesús, le refería que su abuelo Gabriel Palavicini, permanecía con su hijo Hermenegildo del propio apellido en las crudas montañas de El Realejo, hoy Las Lajas. 

Su hijo Hermenegildo solía venir al poblado en busca de alimentos y otros menesteres y contaba a sus familiares, que su papá Gabriel estaba bueno, y que como era escultor estaba trabajando en un lugar muy oculto un Cristo acostado que obsequiaría a la iglesia colonial de Nuestra Señora Santa Ana. Pasaba el tiempo y Gabriel trabajaba con las debidas precauciones en la agricultura y los días viernes de cada semana se internaba en la montaña y trabajaba con entusiasmó y con delirio en su preciosa obra, la que mantenía cuidadosamente sobre un lecho de hojas verdes.. .

Llega por fin el suspirado día, y la imagen en que Gabriel había puesto toda su inspiración y su arte, está terminada. Fue un 25 de marzo cuando los rayos del sol de la mañana violaban la selva e iluminaban el amoratado y entristecido rostro del Cristo esculpido por Gabriel.

Estaba en su lecho de hojas verdes, con sus ojos apagados, como un ser humano que después de torturado acaba de espirar. Su semblante inspira miedo, compasión. De sus divinos labios, de su radiosa frente, de su costado, de sus pies y manos mana la sangre redentora. Gabriel está contento; sonríe satisfecho, se aleja un poco para contemplar su obra cumbre, y oh portento! el Cristo habla; Hermenegildo oye las voces: "Dónde me habéis visto" y ve que su padre cae desplomado como herido por un rayo. 

No tiene valor de volver la mirada al Cristo, que también yace en el suelo y de donde provienen las voces, y, corre al poblado a donde llega jadeante, sudoroso, excitado, a dar testimonio de lo que había visto y oído. La noticia vuela con la rapidez del viento. El cura, un español, se muestra escéptico, pere las autoridades encabezan a la muchedumbre que se encamina a la montaña de El Realejo. Llegan, penetran en la selva, casi inaccesible, y encuentran un cuadro macabro: un Cristo yacente, ensangrentado y un hombre muerto: Gabriel. Hay un silencio sepulcral, miedo, temor, dolor...
Ambos cadáveres fueron traídos separadamente a este pueblo bajo la consternación general.
Muchos se daban golpes de pecho y otros lloraban . .

Según, la tradición, a las tres de la tarde hizo su entrada la multitud con su preciosa carga.

Todos interrogaban a Hermenegildo, y éste ,decía, entre sollozos y lágrimas, que su padre había muerto porque el Señor le habló.

Hubo llanto en la casa de Gabriel, y en el pueblo se comentaba el portento al recibir aquel Cristo de que carecía y que la Providencia le enviaba en forma tan extraña.

Este Cristo milagroso, con tan bella leyenda, estuvo en poder de los indios durante muchas décadas y hasta en el año de 1938 por disposición superior pasó a la Iglesia de Nuestra Señora Santa Ana, donde hoy se conserva, pues antes los indios sólo lo prestaban para las ceremonias y procesión del Viernes Santo. Su color era de marfil oscuro, nunca fue retocado sino hasta el año de 1914, pero se observa que la pintura ha ido desapareciendo y que está recobrando su color primitivo.

Es así como la Iglesia de Nuestra Señora Santa Ana, presenta un tesoro de incalculable valor: Su Cristo del Viernes Santo. Esta sagrada imagen solo está expuesta a los ojos de los fieles un día del año. Permanece en el Santo Sepulcro debidamente guardado e invisible.

Indudablemente que la Providencia en sus altos designios, quiso dotar a la Iglesia de Nuestra Señora Santa Ana de una reliquia santificada por las propias palabras del Divino Redentor.

Hay que observar, que el 25 de marzo, en las primeras horas de la mañana, Gabriel concluyó su Obra, precisamente el día en que el ángel Gabriel anunciaba a la Virgen Santísima la encarnación. Y que Gabriel trabajaba en su escultura solo el día viernes, día en que Nuestro Señor fue crucificado consumando la obra de la redención humana.
 

A. Tijerino Morales.
Chinandega, mayo de 1939.
 

La denominación parroquial dió mención propia al poblado, con nombre y apellido. Santa Ana de Chinandega, para distinguirlo de Santa Ana de El Salvador o cualquier otro homónimo. Así aparece en el encabezamiento de escrituras antiguas: "Santa Ana de Chinandega".

Los descubrimientos de Fray Lázaro Lamadrid "Chinandega en el polvo de los archivos" - documento publicado en el "Serafin de Asis" en 1942, indican que fué a mediados del Siglo XVIII la edificación de nuestro Templo parroquial, cuya única torre de campanario, a la derecha, era piramidal, según dibujos antiguos. Desapareció en el sismo de 1885. "El temblorón".

En su visita pastoral en 1750, el obispo cronista Fray Agustín Morel de Santa Cruz, describe el altar mayor con un retablo de tres cuerpos, indudablemente el mismo que tantas generaciones, hasta nuestros días, han admirado, traído de los talleres de Guatemala, donde solamente podían adquirirse dichas obras. de arte.

En la actualidad la extensión territorial de La Parroquia de Santa Ana, de la que fueron segregadas El Calvario y Guadalupe, está comprendida por la calle divisoria del Barrio del Calvario; al Este, o sea la que pasa detrás del Templo de Guadalupe, deteniéndose en el trifinio o encuentro de las tres parroquias, una cuadra al norte de la Casa Cural de Guadalupe.

De allí su lindero Sur es la Calle Oriente a Poniente hasta el final de la misma. Por el Oeste y el Norte limita con las jurisdicciones de El Viejo y Villanueva, siendo el lado izquierdo de la carretera su jurisdicción rural en su vecindad con la del Calvario; el oratorio de la Virgen del Camino y los Repartos o nuevas urbanizaciones situados al otro lado del Río, quedan en su comprensión.

En el Curato del canónigo Macario Vargas quedó edificada la nueva Sacristía, que sustituyó al bajareque de tejas.

El arquitecto salvadoreño General Rafael Hernández, hizo una obra original al prescindir de la línea arquitectónica del templo con relevantes almenas, cuidado que se tuvo al ser reedificada recientemente la Capilla de Maria Auxiliadora por Monseñor Andara en los años cincuenta. La señorita Emilia Navarro Navarro costeó la primera edificación de soportes de madera, que el tiempo y los elementos echaron a perder en menos de cincuenta años. En el breve curato del canónigo Dolores de Lalana (Tato Lolo), fué agregada esa Capilla en 1904. En ella está la tumba de Monseñor Andara.

Por su antiguedad, anterior a las disposiciones sanitarias de la época moderna, nuestro Templo Parroquial fué panteón de lujosos epitafios, siguiendo la costumbre de aquel tiempo, algunos subsisten como baldosas en las gradas de la sacristía. Todavía puede leerse el que dice con solemne prosopopeya; "He aquí el silencioso lugar donde yacen los restos del señor Walter Bridge, ciudadano de origen británico, que falleció el 11 de noviembre de 1847 a los 56 años de edad.

Este señor, que menciona el viajero Stephen a su paso por Chinandega, fué casado con doña Mónica Cabeza de Vaca, terrateniente y dueña de la Casa de dos pisos que desapareció en el incendio de febrero de 1927, donde hoy funciona el almacén de la señorita Emilia Navarro: El matrimonio sólo tuvo un hijo  de nombre Alejo, quién falleció en Guatemala siendo estudiante de medicina; Doña Mónica fué tía abuela de los Tijerinos Vaca, los Vaca Seydel y los Alfaro Vaca.

El apellido Bridge lo hallamos actualmente en el Barrio de El Calvario, transformado en Briche, pues don Walter, antes de casarse, tuvo un hijo con la maestra Barbara Vado, José María, progeniitor de los Briches Vado.

En la antigua Iglesia de San Benito de El Realejo, en 1944, aún podían leerse lápidas de mármol y pizarra con nombres de personas distinguidas.

Fué a fines del Siglo anterior que se le cambió a nuestro templo el ladrillo de barro por el artificial o de cemento romano, nombre entonces del nuevo material de cosntrucción.

Con tal motivo fué exhumado todo resto y llevado al cementerio de la ciudad. Hubo algo de esopectáculo público en esa operación. Se habló de cuerpos momificados como el de una doncella, intacta en su mortaja, con su velo blanco y corona de azahares. El último cambio de pisos es reciente, en la decada de los sesenta (1960), como la Torre derecha, que le dió simetría al Frontis.

Además del altar mayor con seis nichos en el retablo, raro por su belleza en Nicaragua, habían seis altares laterales, de los cuales quedan los que están al principio de las angostas naves, que flanquean la central. Los dos del Norte, como los del Sur, fueron sustituidos por artísticos retablos pequeños de caoba y cedro.

Los nichos superiores del altar mayor dan asiento a varias imágenes, como la del Niño de Praga, a la derecha, importada de Barcelona en 1915; en el espacio del centro puede verse un lienzo de la Virgen de Guadalupe, traído de Roma por el párroco Macario Vargas y bendecido por León XIII cuando por los años noventa del siglo anterior (1800) anduvo por Europa el señor Vargas, respetuoso tratamiento con que lo mencionaba también la felígresia. en el nicho de la izquierda hay una imágen del penitente San Benito de Palermo, cuya mayordomía ha estado en la familia Trujillo. Su procesión es el Martes Santo.
Los tres grandes nichos del centro del retablo los ocupan las imágenes de Santa Ana velada por una pintura alusiva a su maternidad privilegiada y la cual se recoge cada 26 de julio para mostrarla a sus numeroso devotos. En el nicho de la derecha se destaca la Inmaculada, bendecida con gran solemnidad una tarde del mes de María de 1926. A pesar de los amagos de guerra, una concurrida procesión recorrió el Parque y el Atrio. De reciente culto es la imágen de San José, en el nicho de la izquierda.

Con motivo del cincuentenario del dogma de La Inmaculada proclamada por Pio IX, fué levantado en 1904, en la parte norte de La Plaza, un Templete, que sirve de pedestal a la estatua de mármol de La Virgen.

En el costado sur del atrio se halla el monumento al Corazón de Jesús, desvelizado en Junio de 1924, en memoria del Primer Congreso Eucarístico de Nicaragua, como dice la leyenda en la lápida que trajo recientemente de Costa Rica el autor de éstos apuntes.
Obra de arte es también el púlpito, con originalidad exclusiva, que representa un cáliz con dosel estilizado en cuyo centro pende en vuelo inmóvil y en actitud de inspiración, la simbólica Paloma del Espíritu Santo, atracción de la niñez.
Y alumbrando todo el conjunto arquitectónico, en días solemnes, la gran araña de arco toral, obsequio de las religiosas de la Asunción de León, por medio de doña Marianita Rivas de Gasteozoro, emprendedora presidenta de la Junta Parroquial. En las fiestas patronales de 1962 se llevó a efecto la bendición de la espléndida ofrenda a la Patrona de Chinandega.

A las venerables imágenes mencionadas de la devoción parroquial, cabe agregar la expresiva y conmovedora de Jesús de Nazareno con la cruz a cuestas, sobre la cual circuló impresa, en una semana santa, la leyenda de su inspiración a un devoto artista de nuestros lares cuyo nombre, ignorado comunica un hálito de misterio a la narración.

Frente a los pequeños retablos laterales se mantienen velas encendídas perennemente ante los cuadros de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y la Santa Faz, igualmente traída de Roma por el canónigo Vargas; las imágenes del Corazón de Jesús y la Virgen de Fátima ocupan los altares de las naves contiguas en ambos lados.

Nuestra señora del Rosario y Santo Domingo de Guzmán, San Pedro, el Señor de las Misericordias, la Virgen del Carmen, San Juan Bosco y Jesús de la Buena Esperanza con los cuadros del Vía Crucis y el Rosario; los Angeles , que en la Procesión del Viernes Santo llevan los instrumentos de la Pasión y las arrobadoras figuras del nacimiento de Cristo completan la iconografía, que por fortuna no irrespetó la fobia iconoclasta del Modernismo, causa, en otros lugares, de destrozos irreparables.

Por la década de los 1860, un fragmento minúsculo de la Cruz del Redentor, vino a enriquecer el acervo de las devociones parroquiales, dándole cierto aire catedralicio al templo, en la vista de ser esta reliquia un tesoro, casi exclusivo, de Santuarios y Catedrales. tan valiosa adquisición se debió a la devoción generosa y personal gestión de don Mariano Montealegre Romero ante el Papa León XIII.

En un relicario de oro en forma de cruz, fué traída y expuesta al culto de la ciudad, con procesión solemne, el anochecer del Jueves Santo. La mayordomía continúa en los descendientes del señor Montealegre, algunos de los cuales porta el guión. Por muchos años, hasta la Semana santa de 1919, última mayordomía de don Isaac Montealegre Lacayo, ésta procesión tuvo carácter especial por la invitación con tarjeta orlada de negro y traje de luto riguroso. Levas, levitas y chisteras hacían su aparición para volver con pringues de cera de castilla y esperma. Detrás de cortejo, inmediato a la reliquia, marchaba el público de diversas congregaciones observando igual recogimiento. sólo la procesión del Santo Entierro, con su recorrido de veinte cuadras sobre artísticas alfombras simuladas y bajo doselas de banderolas multicolores de papelillo, superaba el esplendor del desfile del Santo Lignum Crucis.

La procesión del Santo Entierro, cuando fué única en la ciudad, entraba a la Iglesia de Guadalupe, donde se oficiaba un responso. Ya en 1922, con la erección de la nueva parroquia de El Calvario fué, de las dos parroquias segregadas, la que primero tuvo procesión propia del Santo entierro, en 1917, siendo uno de los más interesados en dicha ceremonia don Andrés Batres. Ya con trés procesiones en la ciudad, la de santa Ana perdió la tan numerosa concurrencia de días esplendorosos, mencionados con nostalgia, en uno de sus escuchados discursos por el poeta Juan rafael Guerra. Sin embargo, por su primacia, tuvo la distinción del redoble acompasado de un cuerpo militar con la bandera.

No obstante la magnificencia de estas procesiones, un hecho imprevisto llegó a eclipsarlas a raíz de la Semana Santa de 1936 con una manifestación de reparación a la Sagrada reliquia del Lignum Crucis, siendo párroco el padre Manuel Ignacio Paguagua Núñez. Una noche de la Semana de Pascua se cometió un robo sacrílegio de varios objetos de oro del Templo Parroquial, habiendo desaparecido con ellos el relicario con el fragmento de la cruz del redentor. Nunca se había visto una Procesión de Desagravio semejante. Un extenso programa de todas las congragaciones religiosas de la Ciudad con varios discursos, enfervorizó a la multitud, que, agradecida.aba gracia a Dios por haber sido encontrada Intacta la reliquia.

En esos días la fobia anticristiana de un Gobernador del Estado de Tabasco, en México, había demolido todas las cruces de los cementerios de su jurisdicción. El contraste del hecho satánico con la exaltación de la cruz que en esos momentos estábamos haciendo en Chinandega, fué el tema de mis palabras en la esquina de don Desiderio García, haciendo resaltar la coincidencia de los sucesos.

La imágen del Señor del Triunfo, de propiedad particular, solamente permanece en la Iglesia, cuando sube al prebisterio a horcajadas de la borriquita, que a continuación tiene tambié su procesion entre el bullicio de la chiquillería al regresarla, como santificada, pues es el único cuadrúpedo que entra a la Iglesia y con gran solemnidad. Algunas veces le sigue un pollino, también enjaezado, para que se cumpla al pie de la letra la profecía: "Alégrate, hija de Sión, porque tu Rey llega a tí manso y humilde sobre una asna con su pollino, hijo suyo". El resto del año la imagen permanece en Casa del Mayordomo en la actualidad la familia Zepeda Chamorro, descendiente del primitivo dueño, don Andrés Rojas Galarza, uno de los primeros urbanizadores de la ciudad, hace más de ciento cincuenta años, al aaaalinear a cordel en 1811 las primeras calles. (Monografía del departamento de Chinandega", por el Ing. Rosalio Cortés Castellón y Efemeridades del periodista Medina Pérez.).

Nuestras vicisitudes políticas nos han dejado sin las fuentes de información necesaria de los archivos parroquiales, a efecto de saber una cronología más o ménos exacta de los curas durante los Siglos XVIII y XIX. El archivo de Santa Ana fué consumido por el incendio de Febrero de 1927 juntamente con el de la Parroquia de El Realejo, cuando se creía tenerlos a buen recaudo enm el edificio de la Escuela de Obreras; allí los había llevado Monseñor Andara, a la sazón cura Párroco de Santa Ana. Por eso nada sabemos de los misioneros Franciscanos y de sus continuadores. Apenas la tradición reciente nos da los nombres de algunos párrocos de la centuria anterior.

En nuestro archivo episcopal, si acaso no ha desaparecido del todo a causa del abandono en que se encuentra potr la falta de interés en su conservació de parte de la autoridad eclesiástica, deben haberse registrados los nombramientos respectivos. También por tradición como dijimos, nos es dable aportar ciertos nombres como el del conónigo Icaza, en función de cura por los años de la independencia, pues él bautizó a mi abuelo materno, Licenciado José María Rojas, en 1822. Caundo la erupción del Cosiguina en 1835, desempeñaba el mismo cargo el Padre Rocha. Rodeado de sus feligreses en la Plaza en áquella memorable ocasión, impartió una absolución colectiva entre animales domésticos y monteses, espantados por el estruendo de la erupción y la oscurana de tres días, originada por una densa nube de cenizas, fenómeno recordado como "el año del polvo" .

El nombramiento del párroco, en algunos casos, llegó a ser vitalicio, de ahí que la nomeclatura en el cultivo de la viña del Señor..no sea prolija; contribuía a ello, en gran parte, la escasez de sacerdotes.

Cuando el primer cólera de 1856, el prebístero Juan Santamaría, fué ordenado de urgencia con otros jóvenes y virtuosos seminaristas, y desempeñó el curato de Santa Ana durante varios años.

En el caso de una catástrofe bastaba, y era aceptable la presencia de un sacerdote para la absolución colectiva, no así una epidemia galopante, siempre con la premura del caso individual.

La piadosa medida del Vicario satisfizo la gran necesidad espiritual de esos días tan angustiosos.

Se empezó a sospechar de enterramientos de vivos cuando los que conducían una andas con cadáveres no tuvieron tiempo de enterrarlos débido a un aguacero con tormenta.

Recuperados por el agua lluvia de la muerte aparente ocasionada por agudos retortijones, regresaron a sus chozas con el espanto consiguiente. El médico rivense doctor Rafael Cabrera, (después gran cafetalero en Managua), fué enviado por el Gobierno a Chinandega a combatir la peste y recomendaba sahumerios, hervir el agua o tomarla de las nubes cuando llovía y aislar el enfermo. Se hospedó en una pieza de alquiler de la niña Juana Manuela Rojas Ovando, prima de mi citado abuelo materno.

Otros curas párrocos fuerón los canónigos Juan Bravo y Marco Aurelio Sotomayor, finalizando con el siglo el dilatado curato del canónigo Macario vargas. Este falleció en 1901, y cuya memoria conserva una lápida de mármol adosada al muro sur del prebisterio, que cubre sus despojos, y con una inscripción en latin, que traducida al castellano dice: "Aqui yace Macario Vargas, canónigo de la Legión. espera la resurrección  1884 - 1901  Obsequio Juana de Rosales"

Con el advenimiento del siglo nuevo coincidió la presencia, en nuestra parroquia, del señor cura que llegaba a llenar la vacante del difunto padre Macario, un triple suceso por lo simultáneo, con la fortuna de haber sido el canónigo Dolores de la Llana buen augurio en la expectación de los años con que se iniciaba la centuria en curso. A pesar de su edad avanzada y del breve tiempo al frente de su cargo, dejó el canónigo el imperecedero recuerdo de la estatua de mármol de carrar de la Inmaculada, develizada en 1904, con motivo del cincuentenario de la proclamación solemne del Dogma, por Pio IX. Allí ha quedado exastada, en ese monumento, la devoción mariana, que llenó de tanta espiritualidad cristiana a la generación de nuestros padres. asimismo, por ese mismo año, fué la bendición de la primera Capilla dedicada a Maria Auxiliadora, costeada en gran parte por la señorita Emilia Navarro Navarro.

Achacoso de varios males corporales, el anciano cura regresó a León para finalizar susn días. Su epitafio puede leerse en el plinto de una columna central de la Catedral leonesa al pie de la estatua del apóstol San Juan. Su apellido de la Llana se ha transformasdo entre nosotros, por la ley de las contracciones, em Llánez, así con Z, y conforme a la derivación de los patronímicos.

Su sobrino carnal don david Llánez, muerto varios años después del aluvión del Chonco en 1960, fué de los primeros terratenientes fundadores de La Comarca de La Bolsa, al oriente de Chinandega.

La vacante fué proveida en 1907 por el Pbro. Adán Echevers ó Chévez, jóven sacerdote con apreciable dotes de orador sagrado, quién dotó al Templo de iluminación moderna cuando funcionaba la primera y efímera empresa de alumbrado eléctrico. Durante su breve curato visitó nuestra ciudad en 1909, el primer nuncio apostólico que llegab al país: Monseñor Juan Cagliero, ascendido después a Cardenal por San Pio X. Pertenecía a la congregación salesiana, en la que se le designa como el Apóstol de la Patagonia. Ingresó con inmediata procedencia de San José de Costa Rica, donde ejercía su apostolado. En la Iglesia de Maria Auxiliadora, de la capital josefina, se lee, en una placa de mármol, su nombre entre los de otros hijos de San Juan Bosco. Su recibimiento en Chinandega fué apoteósico como en las demás ciudades que visitó, pues había como algo de mágico en el título de su investidura. La misión diplomática del Nuncio Cagliero, tendiente a la división necesaria de la diócesis de Nicaragua, fracasó por no permitirlo el Gobierno radical del Presidente Zelaya.

Cuando estaban en la procesión de la octava de Santa Ana, en 1909, llegaba por el tren de la tarde, casi de incognito para el público, un nuevo párroco, el Pbro. José Apolonio Andara y Corea, de brillante historial en los dos ejercicios de su fecundo apostolado. En el primero de 1909 a Junio de 1926, cuando fué llamado a rectoría del Seminario de San Ramón edificó la primera casa cural, dotando así al párroco de domicilio propio; fundó la Escuela Parroquial, talleres para obreros y una fábrica de ladrillos de cemento; contribuyó con mucho a urbanizar el Barrio de La Libertad con la construcción de la pintoresca Iglesia de San José de la Montaña, hoy reedificada con todos los adelantos de la construcciones modernas gracias a la devoción tesonera de la Srita Maria de Jesús García, (la dinámica niña Chú, su diligentísima colaboradora).

Funda el semanario católico La Luz, decano de la prensa católica nacional, en su imprenta Santa Cecilia, al mismo tiempo que la estudiantina del mismo nombre con el músico español don Manuel Pérez Irache. No cabe duda que su obra cumbre, de gran proyección social, fué la escuela Profesional de Obreras, que sobrevivió unos años más después que el incendio de 1927 redujo a cenizas tanto empeño de superación cultural y citadina. Eran los días trágicos de la guerra civil de esos años.

Al hacerse cargo de la rectoría del Seminario como dejamos dicho, lo repuso el jóven sacerdote manuel Ignacio Paguagua Nuñez, en circunstancias harto dificiles por la revolución que destruyó la casa cural y obligó al Pbro. Paguaga a residir en Guadalupe, barrio carente de cura en esos años, hasta 1930, cuando hubo terminado la nueva residencia actual en servicio del párroco. Elocuente orador sagrado y periodista, mantuvo por dos años el seminario católico El Futuro.

A partir de 1936 ejercieron la funcion pastoral el Pbro. José Francisco Salazar Aguado y el canónigo Emilio Chavarría.

En 1951 empieza la segunda época de Mons. Andara. Entonces fundó el Instituto San José, facilitando a la juventud de escasos recursos el bachillerato, que entonces era precisoobtener en otras ciudades. En tres opúsculos de diversas épocas está señalada la ingente labor social y religiosa de Mons. Andara. En 1968, por su avanzada edad, los sustituyó nuestro actual párroco, canónigo Miguel Angel Padilla, acertada designación con el beneplácito de toda la ciudad, y a quien, desde el principio hemos deseado fecundo apostolado, notorio ya por su labor catequística y docente.

Esta somera reseña quedaría incompleta sin consagrar un merecido y grato recuerdo a quien fué sacristán por vocación durante toda su existencia activa al servicio de la Parroquia de Santa Ana en la que llegó a ser un detalle inseparable.

Juan Avendaño, abstemio y célibe, ssi el Señor no lo llamó al sacerdocio, le dió la inclinación levítica de vivir para el servicio de su casa, a la que llegaba directamente a la sacristía a través de la plaza, por un sendero en diagonal con algunos matones de genciana a los lados y un añoso ciprés y donde , en el invierno, abundaban las catapansas. Su casa estaba en la vecindad, a la vuelta de la esquina, en la salida para el Viejo. Al faltar él enmudecieron las campanas, como "las tardes de la granja", a la hora del angelus, del inicio del día eclesiástico a las dos de la tarde, del toque de ánimas y de la nueve de la noche. El solo acompasado de dosonoro de la campana mayor cuando había incendio, era como la sirena de un cuartel de bomberos. Muchas veces, de muchacho, repicamos aquellas campanas para anunciar la misa con la recomendación de no dañrlas al golpe desmesurado del badajo en loco desafio. Elaborada hostias, y con la cara quemada hacía cirios, y regó los propios para el día de su vela. Juan Avendaño falleció en 1929, y con su deceso empezó la crisis de la falta de sacristán constante y abnegado en su noble oficio. Santa Ana debe haberle alcanzado el premio de su devoción ejemplar: Descanse en paz. Amén.


 
 
 
HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SANTA ANA DE CHINANDEGA
Datos recopilados por don Lorenzo Delgado Membreño

La historia de la Parroquia de Santa Ana se extiende hasta el Siglo XVII, ya que según la reseña del Obispo Agustín Morel de Santa Cruz, en su visita pastoral a ésta Parroquia en el año 1751.

El Obispo encontró un Templo de mampostería bien dotado de los cuales se conserva el altar mayor que consta de trés cuerpos con 6 altares en los que había en ésa época efigies de santos de cuerpos entero bastante primorosas.

Era administrado por un religioso Franciscano al que le hacían compañía dos franciscanos más, el más anciano con el cargo de Vicario y un lego. Estos tres salían a evangelizar los lugares vecinos.

Los conquistadores españoles, de acuerdo con los misioneros franciscanos o dominícos, para cooperar con la cristianización de los aborígenes, edificarón Templos al Dios vivo de preferencia cercanos a los ríos de las ciudades que iban fundando, siendo así que en las cercanías del Río Acome que bordeaba la naciente Ciudad de Chinandega se construye un templo dedicado a la Santa abuelita de Cristo, Nuestra Señora Santa Ana. El por que de esta dedicación se desconoce, pués las fuentes de información, como son los archivos parroquiales, fueron destruidos en el incendio que asoló la ciudad en la guerra fraticida de 1927 quemándose totalmente la casa cural situada en la parte oriental de la Parroquia y 14 manzanas de la parte centrica de la ciudad. 

Su origen colonial lo atestiguan las almenas y leones rampantes en relieve en la parte exterior sobre las puertas laterales; el altar mayor que es una joya de arte colonial y el púlpito.

A principios del pasado siglo 1900 todavía se podía admirar cuatro altares, dos de ellos de estilo barroco que tenían unas columnas primorosamente labradas, las que fueron destruidas talvez para dar más amplitud a las naves laterales, destinando su enorme valor artístico. estos estaban dedicados a la Inmaculada Concepción, Nuestra señora de Guadalupe, el Señor de Esquipulas, y el señor de ánimas.

El terremoto del 29 de abril de 1898 destruyó la única torre del costado norte de la Iglesia, la que era de un estilo igual a la de Nuestra señora de la Concepción de El Viejo.

También se rajó el arco toral y la cúpula y botó una estatua de Santa Ana de metro y medio colocado sobre el frontis, pudiéndose ver todavía la peana mohosa y vacía. El párroco de entonces Pbro. Macario Vargas reconstruyó de madera la torre, que remataba en una veleta en forma de gallo mandó a hacer las reparaciones del arco y la cúpula y construyó el primer tramo de la torre del costado sur.

Al P. Macario Vargas, fallecido en 1901, sucedió el Pbro. José Dolores de la Llana. En sus gestión parroquial se erigió un Monumento a la Inmaculada Concepción en el Centro de la Plaza en conmemoración del cincuentenario de la proclamación del dogma y se construyó de taquezal la capilla de María Auxiliadora la que después de algunos años de uso cayó en abandono y ultimamente fué destruida.

Al P. de la Llana, quien estuvo poco tiempo de párroco le sucedió el Pbro. Adán Echevertz, quién compró un armonio para uso de la Iglesia, con el que amenizaban los esplondorosos rezos del mes de mayo, de áquella época verdaderamente mariana que parece que no volverá.

El 2 de agosto de 1909, llega a hacerse cargo del curato, en plena juventud, el Pbro. José Apolonio Andara. Muy pronto se hace querer de la feligresía por su carácter afable, se hace popular. Con él inicia un período de renovación Cristiana, pués florecen todas las asociaciones parroquiales y el templo se ve colmado de fieles en todas las manifestaciones religiosas. 

Construye la Casa Cural, hace venir del exterior una Torre Pre-fabricada de acero laminado que fué colocada sobre el tramo de piedra del costado sur y a ella se trasladan las campanas y el reloj, el que fué trasladado a la nueva torre de cemento construida en la segunda época de Monseñor Andara y que sigue dando las horas de una manera caprichosa, lo que se le dispensa por su ancianidad, pués tanto este como el armonio ya deb1an estar cuidados en un museo, junto con otros objetos de valor que se encuentran fuera de uso por no acomodarse a la liturgia actual, junto con un expositorio de plata medio destruido que tuve ocasión de ver hace muchos años, presentando la respetable fecha de 1716.

El p. Andara instala en los anexos de la Casa Cural una serie de talleres de artesanía, y en el de carpintería se fabrica el precisos cielo raso, obra de la que tanto se ufanaba y con razón; 

se funde la campana mayor que está colocada en el centro del campanario de la torre de cemento, y que fué fabricada en la fundición que tenía instalada la Compañía española de Pedro Martí, en el barrio de la estación de Chinandega, y donde también salió la hermosa campana de la Catedral de León dedicada a la Inmaculada Concepción y que también fué llamada de Monseñor Pereira y Castellón y que antes ya para entrar en agonía, al oir una solemne campanada dijo: Ah, mi campana.

En el mes de junio de 1926, el Pbro. Andara fué trasladado a León con el cargo de Rector del Seminario San Ramón y vino a reponerlo el Pbro. Manuel Ignacio Paguagua Nuñez quién afrontó todas las calamidades que a su paso dejó la guerra civil. Construyó la nueva Casa Cural casi en el mismo lugar de la anterior y que es la que actualmente esté en servicio, y que por abandono estaba desmejorada, pero que en los últimos días de agosto de 1971, fué pintada y remozada por el cura actual pbro. Miguel Angel Padilla con motivo de la visita pastoral del Excmo. Mons. Manuel Salazar y Espinoza.

El 10 de diciembre de 1936 se hace cargo del curato, el pbro. José Francisco Salazar Aguado. Celebró el segundo Congreso Eucarístico local; dotó a la Parroquia de nuevas campanas y negoció la adquisición de un órgano eléctrico, decoró con cuadros murales el prebisterio y decoró las paredes con un nuevo viacrucis, imitación de los de la Catedral de León y doró con oro laminado el retablo del altar mayor.

Omitimos decir durante la primera gestión del padre Andara tuvieron lugar grandes misiones como la de 1917 y se celebró el primer Congreso Eucarístico de 1924, quedando como recuerdo el busto del Corazón de Jesús que se encuentra en el atrio en el costado sur.

En octubre de 1951 al pbro. Salazar le sucedió el Canónico Emilio Santiago Chavarría, quié demolió la vieja capilla de Maria Auxiliadora e inició los trabajos de la nueva y colocó una instalación de alumbrado eléctrico al frente de la Iglesia y en el costado sur.

A fines de 1952 asumió de nuevo las funciones de párroco el Sr. Arcediano Canónico J. Apolonio Andara quién terminó y decoró la capilla de María Auxiliadora, reparó la torre de hierro laminado que estaba por caerse, construyó la nueva de cemento del mismo estilo y con la cooperación de la junta parroquial construyó el edificio de la escuela parroquial y acabo de pagar el órgano.

En febrero de 1971 se hace cargo de la Parroquia el Sr. Canónico pbro. Miguel Angel Pádilla quién fué recibido con el beneplácito de la feligresía y se esfuerza por hacer renacer el esplendor del culto que ébido a circunstancias especiales y a la falta de espíritu cristiano de los tiempos actuales, el culto público estaba sufriendo detrimento.

HISTORIA DE LA ANTIGUA TORRE SUR
Recopilado por Ricardo Delgado Ramos, Alcaldía del Municipio de Chinandega.

Los que conocierón erguida la artística Torre de metal Troquelada que el Templo de Santa Ana, obstentó por espacio de 64 años, se sintieron orgullosos de ser chinandeganos y contar con algo que el tiempo luego hizo desaparecer en forma inaudita bajo un ardiente sol del medio día del calido verano.

El emprendedor Cura Párroco de entonces, el recordado Monseñor y Arcediano y Obispo Doméstico de su Santidad, J. Apolonio Andara y Corea, logró gracias a un gesto de gran catolicismo de la devota, Srita. Emilia Navarro Navarro, obtener procedente de Inglaterra, todo el laminado de la torre y fué el año de 1913 que llegó a esta ciudad la torre desarmada. Para el traslado de ese material se organizó una caravana de carretas tanto de la Parroquia de El Calvario como de Santa Ana, las cuales viajaron a la estación del ferrocarril y engalanadas con banderas de la Iglesia.

Demás está decir que la ciudad estuvo de fiesta por cuanto a la hora de bajar de la sGóndolas, la hojalata de zinc acerado, sobraron los brazos de muchachos y hombres, para bajar la cantidad de láminas que luego recorrieron el camino hacia el templo encabezado por los sacerdotes, Pbro. Abel Ruíz Castillo, Cura Párroco del El Calvario y Monseñor Andara y Corea, Cura de Santa Ana.

Ya para el año 1917 se culminó la instalación de la bellísima torre que años más tarde en 1927, la convirtierón en acurtelamiento de una de las tropas de la guerra instentina entre Liberales y Conservadores. Centenares de balas perforaron el cuerpo laminado de la torre, convirtiéndola en testigo mudo de esa lucha inutil de ansias de poder, pese a ello siguió airosa invitando a su Grey para adorar y rendir culto al Dios único.

Un día de tantos cuando la ciudad se desemvolvía cotidianamente, a las doce del día, al almuerzo de los vecinos de Santa Ana y de los Bomberos de turno del Cuartel que está ubicado a escasos 150 metros, vieron como en cosa de minutos, la preciosa torre se convertía en una tea incandescente, era el 5 de febrero de 1977.

Un corto circuito del vestusto alambre eléctrico, terminó con toda una época de arte y esfuerzo de todo un pueblo católico, los bomberos fueron incapaces de evitar la tragedia, al final solo quedaron unas retorcidas y humeantes armazones de hierro, alma que fuera de la torre. 

Sin embargo el espíritu del nicaraguense no desmaya anta  las adversidades, porque su templo es así, al día siguiente del fatal incendio y cuando todasm las partículas de la histórica Torre fueron llevados por el pueblo para tenerlos como una reliquía, se organizó el Primer Comité Pro Construcció de la Torre de Santa Ana.

El entonces Comandante Departamental de la Guardia Nacional, Coronel Ulises Carrillo . hombre muy católico, se puso a la orden del Cura Párroco de Santa Ana, Monseñor Miguel Angel Padilla, para conformar un Comité Pro Construcción de la Torre y al día siguiente 
del incendio quedó constituido el Comitém, en la forma siguiente:

Coronel Ulises Carrillo R.; Presidente Honorario
Doña Margarita Rivas v. de Gasteozoro.; Presidente efectiva
don Ramiro Gómez López; Vice-Presidente
don Alfonso García Hernández; Secretario
Maria Lourdes Cabrera García; Tesorera
Lic. Orlando Montealegre; vocal
Dr. Orlando Tijerino; vocal
don Domingo Ramírez Guerrero; vocal y encargado de Relaciones Públicas.
Dr. Salvador Velásquez Rivas, vocal
Prof. Imelda Delgado Ramos, vocal
Capitán Armando Selva, coordinador.

La primera actividad que hizo este Comité hizo fué organizar un Maratón Radial, cuyo Cuartel General estuvo ubicado en el Cuartel de Bomberos, el resultado fué positivo y la ciudadanía respondió notablemente en favor de la causa de la Iglesia, al final se contabilizaba la cantidad de C$ 33,258.15. Sin embargo, el entusiasmo no duró mucho y al poco tiempo el Comité se diluyó debido a las agitaciones políticas que azotó el país a finales de la década del 70. Monseñor Padilla depositó el dinero en una cuenta bancaria y ahí permaneció hasta los primeros meses del 80, cuando decidió organizar un nuevo Comité, esta vez integrado por feligreses, todos varones.

La nueva junta comenzó a realizar una serie de actividades para recaudar fondos y, al mismo tiempo se contrató un maestro constructor para que diera comienzo a la obra, el maestro Salvador Meléndez Herrera, fue quien estuvo al frente de los trabajos, recibiendo de vez en cuando el asesoramiento de los Ing. Salvador Baca e Ing. Peralta.

Así las cosas, la nueva Torre comenzó a coger forma y su cuerpo de pared fué erguiendose poco a poco hacia arriba, nueve o diez meses después el Obispo de León de aquel entonces, Monseñor Manuel Salazar y Espinoza, vino a Chinandega un domingo para bendecir la nueva obra. la torre blanca de cemento y concreto vino a adarle forma más sombría al templo colonial en un hermoso contraste por su forma casi igual a la que tenía la torre incendiada, cuyo remate en su parte superior obstenta a cuatro bien estructuradas almenas que le dan un relieve maravilloso.

Por lo menos C$ 160,000.00 vino costando el valor total de la Torre Sur de Santa Ana, una demostración más de generosidad del pueblo católico chinandegano que mantiene así su tradición de pueblo amante de sus raíces religiosas y preservador de sus templos y de sus cultos.
 
 



PADRE MARIANO DUBÓN
El padre Mariano Dubón, llamado también San Mariano de Nicaragua, por su ejemplo de caridád, nació en 1861 y murió en 1934 Sus padres fueron: Liberato Dubón y Virginia Alonso. Sus hermanas: Virginia, , Mariana y Josefa.

Su estancia en este mundo estuvo repleta de amor por los niños huérfanos y todos aquellos que carecían de la protección necesaria para crecer y desarrollarse adecuadamente con muchos esfuerzos y sacrificios pero sobretodo con una fe ciega en Dios. 

Dió alimento, techo bajo el cual vivió, educación académica y moral, abundante amor, cariño a muchísimos niños huérfanos; con padres pero abandonados o desatendidos por estos, él personalmente los recogió cuando deambulaban por las calles, los llevaba al hospicio San Juan de Dios, León;, ciudad en que se desarrolló esta hermosa tarea. 

Formo generaciones de hombres, dándoles el pan del cuerpo y el pan espiritual, los dio al mundo con un oficio y una hombría de bien en la conciencia. El caminaba en las calles de León con un niñito en brazos y otro jalándolo de la mano pidiendo ayuda para sus niños, su gran sueño era brindarles una existencia feliz, un lugar seguro y prepararlos para la vida, los agrupaba en talleres donde aprendieron distintos oficios tales como: carpintería, zapatería y música, etc. 

La fe y santidad de este sacerdote era tan grande que hasta milagros hacía cuando se enfrentaba a obstáculos en la realización de ardua labor. 

Muchas veces no le amanecía alimento alguno con que llenar el estómago de los pequeños, éstos llorando le -decían: "Tenemos ,hambre", el sacerdote llamaba a Simona, la empleada y le mandaba. a poner la mesa, ésta replicaba: "No hay nada que comer", el sacerdote respondió: "De todas formas". Llamaba a los niños y juntos rezaban al santísimo, y es aquí donde ocurría el milagro.

En el año de 1899, con la ayuda de algunos vecinos pudientes de León, como el Dr. Fernando Sánchez, su esposa Dila. Soledad y otros, fundó el hospicio de huérfanos en la casa contigua al templo San Juan de Dios, -casa que más tarde donara el obispo. 

Por ese entonces vivía en León el notable compositor Don Pablo Vega y Raudes, y queriendo secundar la obra filantrópica del santo, se acercó a él y le ofreció enseñar y dirigir un cuerpo de músicos, el que fue organizado prontamente asi como se pensara con los muchachos que tuvieran vocación para el divino arte. 

Algunos de estos llegaron a ser profesionales de la música, estos muchachos son hoy artistas consumados.

El fue grande dentro de su humildad, grande en el acendrado amor a todo ser desvalido, grande en el amor a sus huérfanos, grande en el último detalle de su vida, Mariano Dubón de Nicaragua es símbolo sagrado de todas las abnegaciones.

Sí, Mariano Dubón fue un hombre que perteneció a aquella arcilla modelada por Dios, y puesta al crisol de la suprema bondad:

Padre Dubón, padre de los hijos de nadie. Hermano de los Tristes. Consuelo de los Enfermos. Amparo de los Enfermos. Amparo de los Desvalidos.
Paño de lágrimas dle las familias vergonzantes.

Que no saben pedir,
Recogemos hoy nuestro espirito al recordar lu vida generosa y ejemplar..
 
 

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DATOS SOBRE LAS FIESTAS PATRONALES DE SANTA ANA, CHINANDEGA
Recopilado por Ricardo Delgado Ramos, Alcaldía del Municipio de Chinandega.

Es de suponerse que con la construcción del Templo de Santa Ana en el Siglo XVII, también dieron comienzo a las Fiestas Patronales en el mes de julio y que con el tiempo logró mayores auges y mayor participación popular llegando en cierta de finales del siglo 18 y principios del 19, a convertirse en una de las Fiestas patronales de mayor renombre a nivel nacional.

Veamos pues que es lo que nos dejaron nuestros antepasados del Siglo IXX y de que manera ellos celebraban a la santa Patrona de los chinandeganos.

Se dice que para entonces ya existían las dos imágenes de Santa Ana, una de bulto y de pie, que permanece en el Trono del templo, la cual es sacada en procesión el día 26 de julio, y la otra con vestimenta de tela y sentada en una poltrona es llamada "La Peregrina", porque permanece en casa del mayordomo y que anteriormente recorría las comarcas del Municipio en "Demandas", para recaudar fondos para sus festividades.

Por la segunda década del Siglo 19, se recuerda al Mayordomo Juan Paulino Aleas, quien daba comienzo a los preparativos de la fiesta con un mes de antelación, sacando la rifa de un torete, el cual era adornado con banderas y al son de Atabales recorría dominicalmente las calles de la ciudad en procura de compradores de las acciones. Para entonces también se creó la Congregación de Abanderados que ten1a sus propios Reglamentos y que estaba integrada por 24 oficiales de Santa Ana, los cuales apoyaban decidídamente al Mayordomo y que dentro de su jerarquía contaban con escalafón que comenzaba con el numero 24 hasta el primer abanderado.

Ellos eran los encargados de portar las Banderas de manta color rojo y solamente dos de color amarillo con la Corona de Santa Ana que simbolizaba los más destacados abanderados de la Congregación. este cuerpo de abanderados hacían una serie de "revoleo" con sincronizadas cabriolas, en una atractiva calistenia en honor a la Patrona.  Ya para el año de 1948 aparece como Mayordomo, Don Leoncio Oviedo Gutiérrez, el cual siguió la tradición de sus antecesores, por 28 años que duró su mayordomia, ya que en las demandas, en el Noverío y en la Pitada a la venerada imágen, el novenario se hacía tanto en la Casa de Mayordomo como en el Templo Parroquial y en ambos rezos estaban presentes los tambores, pitos que formaban parte de ésta tradición, consistían en cajas de madera en la parte posterior un chicchil de cascabel y teniendo sus propias entonaciones como el "Guardabarranco", "el son del Toro", y otros.
 
 
 

En esta hermosa Parroquia de Santa Ana esta la imagen original de Santa Ana que carga a su hija la que estaba predestinada a ser la virgen madre del Redentor del mundo, por eso Santa Ana es conocida como la abuelita del Niño Jesús
Nuestra Señora de Santa Ana y su hijita, la virgen María, están coronadas bellamente con material precioso y regia pedrería, su adoración data desde tiempos de la Conquista, cuando nuestros aborígenes, recibieron el bautismo cristiano y aprendieron a amar a María y a su madre Santa Ana
En Chinandega, hay dos imágenes de Santa Ana, la peregrina o la abuelita Santa Anita, que tiene derecho para salir por todos los barrios y comarca del municipio, donde le hacen su novenario y rompe con las festividades, esta imagen se conserva en casa de la mayordoma durante todo el año. La imagen de Santa Ana, la titular que permanece en su trono dentro de la parroquia que lleva su nombre solamente sale el día 25 y 26 de julio cuando es bajada de su trono y recorre las calles y avenidas de Chinandega en solemne procesión. 

 La  más antigua del Municipio de Chinandega,   Carece de buen audio, es necesario la restauración del retablo principal, techos y cielo falso, de singular belleza, pero sin mantenimiento desde hace más de 20 años. 
Es bien visitada porque está expuesta una hermosísima imagen de la Sangre de Cristo, donada por doña Lila Flores de Cano. Otro de los encantos del templo es la tradicional Hora Santa, donde asisten hasta abarrotar las naves de la parroquia, vecinos del barrio Santa Ana, y a la que nunca fallan los taxistas locales, que llevan años con esta costumbre religiosa, donde rinden gracias a Jesús Sacramentado por su vida y su trabajo 

El ¡adiós! de Monseñor Padilla, a la Iglesia 
Mercedes Peralta - 
    Monseñor Miguel Angel Padilla Gómez entregó toda su vida al servicio pastoral y fundó escuelas en distintas comunidades. A sus 86 años de edad, diversos problemas de salud le aquejan. Ha dejado con nostalgia su parroquia y enfrenta serias dificultades económicas 

Monseñor Miguel Ángel Padilla, quien dedicó la mayor parte de su vida a la orden sacerdotal, hoy en día padece del mal de Parkinson y glaucoma.
  Lleno de nostalgia y sin un seguro social honroso, reposa monseñor Miguel Angel Padilla Gómez en la casa de sus hermanas en León. A los 86 años los problemas de salud lo obligaron retirarse de la Vicaría de Chinandega, donde sirvió durante treinta años. 

El pasado 19 de marzo, el anciano sacerdote, originario de Chichigalpa, se despidió de su feligresía en la parroquia Santa Ana y tres meses después reconoce que el adiós a su iglesia y la nostalgia por sus labores de servicio han debilitado más su salud. 

EN MAL ESTADO DE SALUD 

Sin embargo, aún celebra misa los domingos en Catedral, junto a Monseñor Bosco Vivas. “Cada vez que puedo, pero no puedo predicar porque la voz ya no se me escucha y me canso”, explicó. 

Esto es posible sólo gracias a su tenacidad y entrega al servicio pastoral, que por 30 años realizó y extraña continuar, ya que sufre del mal de Parkinson y de glaucoma. 

Reveló que su corazón se ha ensanchado y que sufre de la presión. Y aunque el médico lo examinó hace algunos días, y encontró bien su ritmo cardíaco, “siento que en cualquier momento el corazón se me va a paralizar, que me voy a morir”, expresó. 

EMOTIVA DESPEDIDA 

Monseñor se despidió de su iglesia en Chinandega, oficiando una misa y el Cabildo Eclesiástico lo acompañó hasta su casa en León. Algunos sacerdotes y Monseñor Bosco Vivas le han visitado. 

La nostalgia y el cariño que siente por su iglesia es recíproca. Grupos de feligreses chinandeganos llegan a saludarlo, cariño que lo hace sentir contento. “Siempre me he apegado a las parroquias y me pongo triste cuando me retiro de ellas”, señaló. 

Se identifica y extraña tanto a su pueblo natal, que solicita ser enterrado en Chinandega, cuando muera. “Para que me acompañe el pueblo que me quiere, aquí soy un desconocido”, comentó 

UNA VIDA MINISTERIAL 

Pese a sus quebrantos compartió con mucha gentileza sus más preciados recuerdos: El día de su ingreso al Seminario en León, donde realizó sus estudios de secundaria y sacerdotales, bajo el rectorado de Monseñor José Apolonio Andara; sus doce años en la parroquia de El Viejo, donde cumplió sus Bodas de Plata Sacerdotales y sus 30 años de servicio en Chinandega. 

“La vida sacerdotal de Monseñor Padilla Gómez inició el primero de Mayo de 1938, cuando fue ordenado en la Catedral de León por Monseñor Agustín Nicolás Tijerino y Loáisiga”, según sus hermanas Simona y Gladis, quienes lo cuidan y acompañan en su casa, del Barrio San Sebastián. 

Durante su periplo pastoral de sesenta años por León y La Paz Centro, fue fundador de escuelas, director del Colegio Tridentino San Ramón, capellán del Colegio de La Asunción y del Hospital San Vicente. También fundó escuelitas parroquiales en Estelí, Somoto, El Viejo y Chinandega. 

En la parroquia Santa Ana tenía el apoyo del Auxiliar de Vicaría, Pedro Xavier González Pineda, nombrado párroco de El Jicaral. 

SEGURIDAD SOCIAL JUSTA ES NECESARIA 

Para ver a su médico Ramiro Poveda, Monseñor debe viajar hasta Chinandega y aunque no le faltan los medicamentos, pasa por dificultades económicas para adquirirlos. 

En ese sentido, el octogenario sacerdote recordó al padre Adrián Mora, quien murió en la miseria. “Un sobrino suyo lo andaba en un taxi y pedía limosna para su atención”, evocó con tristeza. 

También recordó las charlas con el padre Teodoro King, quien le habló de los beneficios sociales que recibían los sacerdotes holandeses por parte del gobierno de Holanda, en concepto de jubilación, por el aporte de ellos mismos. 
 

agosto 21 2001 La prensa
El “cambio más significativo” es Monseñor Miguel Ángel Padilla, Vicario Episcopal de Chinandega, quien por razones de salud dejó la Parroquia Santa Ana y en su lugar fue nombrado Monseñor Guillermo Berríos Delgadillo, párroco del Barrio Laborío desde hace muchos años. 

A Monseñor Berríos lo sustituye el Padre Marcos Díaz, quien venía trabajando en Quezalguaque y en lugar de éste, el presbítero César Ramírez, quien estaba al frente de la parroquia de Nagarote. Aquí llegó Julián Duarte, anteriormente párroco de la Catedral y como Vicario de ese templo fue nombrado Manuel de Jesús Cabrera, quien se desempeñaba como dirigente religioso desde hace dos años en San Sebastián. El recién ordenado sacerdote Johnny Guerrero, asumió esta parroquia. 

La feligresía de Laborío despidió con mucho sentimiento a Monseñor Guillermo Berríos, originario del mismo lugar, quien ha dejado grandes recuerdos de su apostolado, sobre todo en los días duros del huracán Mitch, cuando perdieron la vida tres vecinos que lo ayudaron en la evacuación y protección de los pobladores de la ribera del Río Chiquito, indicó el purpuradoApoteósica proclamación el 13 de mayo en El Viejo

 Entre el tronar de cohetes, música de chicheros, históricas banderas rojas y amarillas y el son de atabales, Santa Ana recorre Chinandega. 25 y 26 de julio cuando es bajada de su trono y recorre las calles y avenidas de Chinandega en solemne procesión.
El torete baila engalanado con banderines de colores y tradiciones aborígenes en las danzas como el Baile del Tingo, Los Mantudos, Las Pintadas, las carretas comarcanas enfloradas.
 

Muerte 
del 
cacique Diriangén

LEYENDA DEL JAGUAR DEL CASITAS.

 




 

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