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RIOS DE LA RAAS

Cómo llegar ?

Por avión

La Costeña 
o Atlantic Air  Lines, 

vuelos  diarios  de  Managua.

Terrestre 
y acuática.

Managua -  Ciudad Rama 
Expresos salen de la Terminal del Atlántico, ubicada en el Mercado de Mayoreo. 

En Ciudad Rama se toma el barco que lo lleva en cinco horas hasta Bluefields. 

Si viaja en su propio vehículo

debe doblar a la derecha del empalme San Benito (km. 47 Carretera Norte) y seguir recto, pasar por  Juigalpa y seguir hasta el empalme de Acoyapa, donde debe  tomar la carretera de la izquierda. Pasará por Santo Tomás, Villa  Sandino, La Gateada, La Batea, Cara de Mono, Puerto La Esperanza y luego Ciudad Rama. Aquí se toma el barco que sale a  las doce del día con destino a Bluefields

 

Nicaragua bajo el poder de Bucaneros, Piratas y las naciones de Inglaterra y Estados Unidos. (inglés-english)
First Brittish intrusions on the Central American mainland occurred when traders from Providence Island contacted the Indians at Cape Gracias a Dios in 1633
 

LOS RAMAS Y SU HISTORIA Según sus pobladores, la historia de su raza inicia con el arribo del jefe rama a quien llamaban Hannibal, el que llegó con unas cuatro esposas, posteriormente al jefe le siguieron otras cincuenta familias por los años 1700 ó 1800, este dato no es preciso. El jefe indio dio el nombre Rama Kay en común acuerdo con jefes misquitos que habitaban también esta zona, no obstante esta zona siempre fue dominada por los ramas. Las primeras familias que se acentuaron se dice fueron los MaCrea que aún existen, Salomón que y Clenser, estos últimos ya desaparecidos.

Los ramas tienen un largo camino recorrido se dice que son del sur de Colombia y habitaban desde Costa Rica hasta Honduras, inclusive en las zonas del pacífico y antiguamente eran conocidos como los Wotos luego cambiaron a como se les conoce hoy día, Los Ramas.

Los pobladores ramas comentan que en realidad la Isla que habitan eran dos porciones de tierras, pero a través de un esfuerzo comunal lograron unirlas con rellenos, inclusive comentan que los que más laboraron para unirlas fueron los jóvenes que hacían ese trabajo como castigo por embarazar a las jóvenes mujeres
 

   A=Area territorial/Km² 
P=Poblacion    V=Votos
D=Densidad       INIFOM 96
A         P       V          D

A          P       V       D
4,638   37,931   19,976     8
Teléfonos de Alcaldia:
822-5202

A         P       V       D
13.1   5,336   2,800     371.6
Teléfonos de Alcaldia:

A          P        V     D
3,360    14,959   6,540    4 
Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V     D
1,978   3,216   1,790   1.6 
Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V    D
1,262   7,455   3,275   5
Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V      D
1,391   19,640  9061    13
Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V        D
1,478   28,242  12,431   19.3
Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V      D
3,876   6,253   3,368    1.7
 Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V        D
5,618    54,337  25,902   92
Teléfonos de Alcaldia:

A         P       V       D
2,471   9,786    4,320     4
Teléfonos de Alcaldia:
 

 


   


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

    Isla de Rama Cay 
un paraíso olvidado

      Orlando Valenzuela  La Prensa 19-11-01
      Textos y fotos

                          * En tiempos de la colonia española, los rama fueron una de las grandes tribus   indígenas que dominaron gran parte de los territorios de la actual Región Autónoma  del Atlántico Sur (RAAS). Hoy, sólo sobreviven unos 1,300 descendientes de esta etnia, la mayoría de ellos asentados en la Isla Rama Cay, dentro de la Bahía de Bluefields, que es como su capital, con una cultura que poco a poco va desapareciendo, de la misma forma en que su idioma y sus tradiciones van siendo  sustituidos por otras lenguas y otros modos de vida, pero sin cambiar la eterna   pobreza en que siempre han vivido

                                             Rama Cay es un islote ubicado a cuatro kilómetros al sur de la ciudad de Bluefields, dentro de la bahía, de 176 kilómetros  cuadrados, del mismo nombre. Es una isla pequeña en tamaño  —sólo cinco manzanas cuadradas— pero de una gran importancia   cultural, porque éste es el hogar de los últimos descendientes de la  gran etnia indígena de los rama, cuya cultura está a punto de   desaparecer, de la misma forma en que poco a poco se van terminando sus últimos  habitantes.

                          La isla de Rama Cay está ubicada al sur de la Bahía de Bluefields, frente a la  desembocadura del Río Cukra. Es uno de los ocho islotes que forman el diminuto   archipiélago que llevan los nombre de Rama, Guaca, Masan, Cualapa, Cucu, Uariu, Filis y   Bryan, todos con el aditamento inglés de “Kay”, pero que en nuestro idioma se acostumbra  cambiar por Cay.

                          En total, sólo sobreviven unos 1,300 indígenas de esta etnia, 900 de los cuales habitan en  esta isla, que para ellos es como su capital, el resto esta diseminado en pequeños grupos  asentados a la orilla de los ríos Indio, Wirinki, Monkey Point, Punta Águila y Punta Gorda.

                          Estos indígenas aún conservan algunas costumbres ancestrales, como vivir en casas de  madera con techos de palma y piso de tambo construidas sobre zancos a la orilla del agua, así como su comida típica, el rondón, que es a base de pescado, aceite de coco, tortuga   marina y otras especies del mar.

                          SE PARECEN A LOS SUMOS Y MíSkITOS
                                             El físico de los miembros de esta etnia es parecido al de los sumos   y mískitos en cuanto al color, aunque un poco menos oscura la  piel, no así en relación con la complexión, pues los rama son un    poco más altos, tienen el tórax amplio, bien desarrollado, probablemente por su permanente contacto con el agua, nariz aguileña, ojos ligeramente oblicuos, pómulos salientes, cabellos  negros y lacios.

                          La principal actividad de los rama es la pesca artesanal, tanto en las calmas aguas de la bahía como en las bravas corrientes del mar, de donde sacan la deliciosa langosta, principalmente  para entregarla a centros de acopio o venderla en el mercado de Bluefields.

                          La gente vive de manera sencilla, sin las preocupaciones que supone una ciudad, pues aquí no hay ruido de autos, porque no existe ninguna calle donde transitar, sólo andenes  peatonales, tampoco hay ruidos de rokonolas, ni bullicio de mercado porque nada de esto  existe aquí.

                          Los niños de Rama Cay desde que tienen uso de razón entran en contacto con las mansas  aguas que rodean el islote, ya sea para trasladarse en bote de un lugar a otro de la isla o para  ir a pescar o buscar un poco de leña en tierra firme. Algunos, los mayores, tienen que viajar    todos los días hasta la ciudad de Bluefields para poder estudiar la secundaria o trabajar en  alguna empresa.

                          JÓVENES SIN MAYORESOPCIONES
                          En cambio, los jóvenes dedican sus energías a las labores de la pesca artesanal, la mayoría   de ellos a bordo de frágiles botes de velas hechas de telas y lonas de todos los colores. Por   las tardes, es muy común ver la única cancha de básquetbol llena de muchachos corriendo  detrás de la pelota, teniendo de fondo el espejo brillante que refleja los últimos rayos del sol   cayendo sobre el horizonte.

                          Muchas son las limitaciones que sufren los pobladores de Rama Cay, pues además de no    tener un barato y fluido transporte que los comunique con Bluefields, carecen de fuentes de  trabajo y de financiamiento para las labores de pesca, por lo que la pobreza es el común  denominador en todos los hogares.

                          Lo más triste de este lugar no sólo es la pobreza y el abandono que han sufrido estos  indígenas, sino el proceso de penetración cultural que les ha hecho perder su lengua materna,   ya que de los casi mil habitantes, sólo unos cinco hablan el idioma rama, pues la mayoría sucumbió al embate de otros idiomas dominantes, como el inglés criollo, el mískito y el español.

                          Sin embargo, actualmente se impulsa un proyecto para rescatar la cultura rama, recopilando   parte de las costumbres de sus antepasados, como su música, tradiciones y sobre todo su   lengua nativa, mediante la enseñanza del idioma rama a los niños en la escuela primaria, por parte de un profesor pagado por la comunidad.

                          La Isla de Rama Cay la utilizan los rama sólo para vivir, pues no tiene espacio para sembrar ni para enterrar a sus muertos, por lo que estas dos actividades las realizan en tierra firme, asta donde viajan en botes de remos en tiempos de cosechas y en caravanas fúnebres.

                          NO HAY CONDICIONES PARA TURISMO
                          En ocasiones llegan a Rama Cay grupos de turistas extranjeros con el ánimo de conocer un  poco de la cultura de los rama, pero se encuentran con la limitación de que en el lugar no hay  condiciones para darles atención, pues aquí no existe ni siquiera una oficina de turismo, ni   tienda de souvenir, y mucho menos restaurante u hotel para quedarse a dormir, necesidades ásicas para convertir esta bella isla, llena de paisajes exóticos y de una comunidad única en  sus costumbres ancestrales, en un destino turístico-cultural que traiga el desarrollo a estos  pobladores.

                          La belleza natural de esta isla es impresionante al ojo del visitante, ya que la claridad y calma de las aguas que la rodean, invitan a disfrutar de un inolvidable chapuzón junto a la costa    adornada de cocoteros. Pero lo mejor es conocer de cerca las costumbres y el modo de vida de esta etnia nicaragüense, que al momento de la colonización española, era la que  dominaba el territorio de lo que actualmente es toda la Región Autónoma del Atlántico Sur,  RAAS.


El secreto de la magia y  la brujería del Caribe

                          Orlando Valenzuela
   * Curan enfermedades comunes, brujerías y hasta males del amor, afirma el  curandero Daniel Jones McRea, de 66 años..

                                             El insondable poder de la magia, la brujería y otros misterios de las   ciencias ocultas son conocimientos que se transmiten de generación en generación y que sólo los “elegidos” pueden   dominar, ya sea para hacer el bien o el mal.

                                             Muchos de estos poderes son utilizados por personas nescrupulosas para causar dolencias, enfermedades incurables y   hasta la muerte a sus enemigos. La mayoría de estos conocimientos “secretos” funcionan en forma de sortilegios practicados por “sukias” o brujos indígenas de las diferentes etnias de la Costa Caribe nicaragüense.

                          En Rama Cay, don Daniel Jones McCrea, de 66 años, tiene todos los conocimientos para   ser considerado un “sukia”, pero él no se considera como tal, sino como un hombre que onoce las propiedades curativas de las plantas silvestres que hay en la isla y más allá de sus  confines.

                          Don Daniel es originario de El Rama, donde vivió y aprendió los primeros secretos curativos de las plantas. Pero fue en Rama Cay, isla a la que llegó hace 35 años, donde su interés por lo desconocido lo fascinó y lo hizo ir hasta incógnitos parajes del Río Coco, donde   frecuentemente se encuentran viejos sabios de Honduras, Jamaica y otros lugares, con el fin  de intercambiar secretos y conocimientos de sus antepasados sobre el uso curativo de las plantas y otras sustancias.

                          A UNA MUCHACHA LE SACARON UNA MUÑEQUITA DEL ESTÓMAGO
                                             Su hijo menor, Manuel, explica que el interés de su papá es prender a curar para ayudar a la gente de su comunidad. “Aquí iene gente con todo problema de salud, desde malaria, artritis, dolor del cuerpo, infecciones renales, y mi papá los atiende y se curan. Hay casos que la gente va al hospital y allá no encuentran  cura, entonces vienen donde él y aquí cura con sólo las plantas que les da en cocimientos”, dice.

                          En su humilde casa de madera y tambo, don Daniel ha dispuesto un pequeño cuarto que  utiliza como consultorio, porque según sus propias palabras, hay gente que llega desde lejos a buscar cura a diferentes males. La “consulta” vale cien córdobas, y la misma incluye el  “medicamento”, por lo general plantas de la misma isla.

                          Pero lo más caro son los trabajos “especiales” que a veces realiza, sobre todo cuando al  paciente le han hecho “un mal”. “En este lugar hay algunas personas que usan la brujería para  hacer daño por envidia, les ponen objetos como sapos, tortugas o cualquier cosa para que la  gente se muera rápido”, dice don Daniel.

                          Cuenta que en junio pasado, una muchacha llegó a una clínica de Bluefields y no la curaron,   pero en otro lugar, un señor que cura con hierbas como él, le sacó del estómago una  “muñequita” que la estaba matando poco a poco. Todo eso y más puede curar él, porque  como dice, “con las plantas se puede curar toda enfermedad, hasta la enfermedad del amor”.
 
 

Cómo llegar
   Orlando Valenzuela
     Existen dos opciones. La primera es por avión, en La Costeña o en Atlantic Air Lines, en cualquiera de sus vuelos ordinarios que diario salen de Managua. Primero se reserva y se llega al aeropuerto una hora antes de viajar.

                                        La segunda, por vía terrestre o acuática. Se puede viajar hasta Ciudad  Rama en los expresos que salen de la Terminal del Atlántico, ubicada en  el Mercado de Mayoreo, en Managua. En Ciudad Rama se transborda al arco que en cinco horas lo lleva hasta Bluefields. Si viaja en su propio vehículo, debe  doblar a la derecha del empalme de San Benito (Km. 47 Carretera Norte) y seguir recto la carretera, pasar por Juigalpa y seguir hasta el empalme de Acoyapa, donde debe tomar la  carretera de la izquierda y seguir recto, donde pasará por Santo Tomás, Villa Sandino, La   Gateada, La Batea, Cara de Mono, Puerto La Esperanza y luego El Rama. En Ciudad Rama  se toma el barco que sale a las doce del día con destino a Bluefields.

                          A Rama Cay: sólo se puede viajar en bote de remos o en panga de motor desde la ciudad de Bluefields. Se puede conseguir cupo en el muelle del mercado o se puede alquilar una  panga para un viaje expreso, previo acuerdo con el panguero.
 
 

El rito del exquisito pan de coco
    Mariela Ocón Rogríguez * 

Ana Josefa McRea Urbina tiene 30 años de hacer este trabajo en su lugar  Su mirada sale a nuestro encuentro en el puerto de Bluefields. Sentada en un tronco de madera, rodeada de barcos y lanchas de diversos colores y tamaños, espera pacientemente que el reloj marque las 8 de la mañana,  hora en que se trasladará a su Isla Rama Cay que había dejado por 24 horas.

                                       Setenta minutos duró nuestro viaje a su isla. A nuestro arribo, bajo un cielo nublado y un fuerte aguacero, sus hijos salen a nuestro encuentro. Su casa   está ubicada frente al templo de la isla. Idéntica a la imagen que tenía grabada en mi mente. De madera, alta por los tambos, con una mesa y una cama matrimonial, típico de las islas de  Bluefields.

                          Entramos a su casa, nos ofrece asiento en una de las bancas de la sala, y su imagen se me pierde en el cruce hacia la cocina, en busca de una taza de café para calmarnos un poco el  frío. Regresa con una toalla roja sujetada por sus brazos secándose el pelo. Descalza,  morena, de ojos negros intensos como la oscuridad, se sienta a mi lado para revelarnos un  secreto: la receta de uno de los panes más ricos de la Costa Atlántica, el pan de coco.

                          Ana Josefa McRea Urbina, conocida a lo largo y ancho de la Isla Rama Cay, es uno de los ersonajes más conocidos. Su popularidad se la ha ganado con el paso de los años, por ser la esposa del reverendo y por ser una de las pocas mujeres que se dedica a la elaboración   de tan delicioso y exquisito pan.

                          Treinta años de hornear pan le han regalado la habilidad de sus manos para amasar diez   libras de harina, azúcar al gusto, dos cocos rallados sin leche y tres onzas de sal, que utiliza a  diario, explica de forma pausada por su confuso español, debido a que su lengua materna es  el mískito.

                          HORNEA ENTRE 15 Y 20 BOLLOS DE PAN EN MEDIA HORA   A diario McRea utiliza estos ingredientes para hornear 80 bollos de pan de coco que vende n córdoba a los habitantes o hermanos de la isla, como ella los llama.

                          Comenta que le toma media hora hornear entre 15 y 20 bollos de pan, porque trabaja sola,  “mis hijos saben hacerlo, pero no les gusta”, dice, mientras sus dos nietas se acercan a sentarse a sus pies.

                          El pan de coco, expresa, lo utilizan ante la falta de bastimento en la zona, a los pobladores se   les hace difícil conseguir éste para acompañar su pescado, chacalín o langosta que a diario   comen. McCrea dice que durante las celebraciones especiales los ingredientes del pan de coco aumentan, pues se le agrega nueces moscadas, mantequilla y canela para darle sabor.

                          Asegura que el pan de coco es uno de los alimentos infaltables en los platos de los indígenas  de Rama Cay... nuestra conversación es interrumpida por su hija, Becky, quien se acerca  para anunciarle que la misa empezaría dentro de media hora.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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