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RIOS DE LA RAAN

Ave Municipal
   Aguila Arpía, la más grande ave de rapiña que existe en el país.

Caoba
el árbol de la Región Atlántica




Comunidad de Haulover,
está ubicada a unas 30 millas de Puerto Cabezas, se  viaja en panga. Es una de las playas más bellas de la RAAN. Está rodeada del  mar 

Laguna de Waunta.
Hay abundancia de camarones y pescado, sobre  todo en la época de verano. Es un lugar paradisíaco y sin mucha publicidad. 

 

 A=Area territorial/Km² 
P=Poblacion    V=Votos
D=Densidad       INIFOM 96
A         P       V      D
Superficie Total del Departamento o Region
 32,819.68 Km² 

A         P       V      D
5984.81   43,250   24,000  7.5

A         P       V      D
9341.71   36870  16467   4.5

A         P       V      D
5039.81    61478  28781   15

A         P       V      D
2205.42   13928    6133  3.15

A         P       V      D
1897.94    12084   5514   18

A         P       V      D
7020.48    7470   3476   1.6

A         P       V      D
1329.51   32924   11944  19.8
MULUKUKU
Mulukukú, 
RAAN Nicaragua
Dejando atrás el espectro de la guerra




Orlando Valenzuela
 * El nacimiento de Mulukukú como poblado es reciente. Fue al inicio de los años ochenta cuando el Ministerio de la Construcción (Micons) construyó la carretera y el puente para comunicar el Pacífico con la región atlántica de Nicaragua. Para entonces, Mulukukú lo formaban sólo cinco familias, que habitaban en casas dispersas ubicadas en la margen izquierda del río. Fue hasta que se instaló ahí una base de entrenamiento militar para reclutas del Servicio Militar Patriótico (SMP) que este poblado tomó importancia, ya que hasta aquí venían a diario decenas de familiares a visitar a los jóvenes, lo que motivó a otras personas a instalar cerca de la base pequeñas pulperías que, con el tiempo, se convirtieron en negocios estables.

Un enorme puente metálico sobre el Río Tuma es lo que divide en dos a un poblado que vive una de esas paradojas de nuestra geografía, ya que éste es el punto de división entre las dos grandes regiones autónomas de Nicaragua, donde los pobladores que viven en la margen izquierda del río pertenecen al municipio de Paiwas, de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), y los que viven en la margen derecha, al municipio de Siuna, de la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN).

Lo cierto es que los habitantes de ambos lados del río no sienten ninguna diferencia entre sí, al contrario, se dan muchos casos en que a un lado viven los padres y al otro lado viven los hijos, hermanos y otros familiares, y todos se sienten pobladores de una misma comunidad, la que para ellos ya merece que se le dé el estatus de municipio, con el nombre que siempre han tenido: Mulukukú.

El nacimiento de Mulukukú como poblado es reciente, ya que fue hasta principios de los años ochenta cuando el Ministerio de la Construcción (Micons) construyó la carretera y el puente para comunicar el Pacífico con la región atlántica de Nicaragua. Para entonces, Mulukukú lo formaban sólo cinco familias, que habitaban en casas dispersas ubicadas en la margen izquierda del río. Fue hasta que se instaló ahí una base de entrenamiento militar para reclutas del Servicio Militar Patriótico (SMP), que este poblado tomó importancia, ya que hasta aquí venían diario decenas de familiares a visitar a los jóvenes, lo que motivó a otras personas a instalar cerca de la base pequeñas pulperías que, con el tiempo, se fueron convirtiendo en negocios estables.

Pero fue hasta que terminó la guerra, en 1990, que Mulukukú empezó a poblarse de manera acelerada, y así, de las cinco familias que había a principios de 1980, actualmente hay más de 28,600 habitantes en las 22 comunidades que formarán el futuro municipio, el cual ya tiene el apoyo de los municipios de Siuna y Paiwas, y sólo falta que la Asamblea Nacional lo apruebe. Poco a poco, Mulukukú —ubicado a 230 kilómetros de Managua— va dejando atrás el espectro de la guerra y entrando a una etapa de desarrollo local muy alentador.

Según el pastor José Manuel Gámez, del Centro Cristiano de Oración de las Asambleas de Dios, “Mulukukú nació con la guerra y se desarrolla con la paz”, pues este poblado empezó a progresar a partir del trabajo de sus propios pobladores a través del Comité Pro Desarrollo Local, integrado por delegados de la Alcaldía, la OEA, y líderes locales y religiosos.

Gámez explicó que en este proceso de desarrollo ha participado la Iglesia Evangélica, que ha apoyado la educación con la construcción cuatro escuelas en las comunidades, donde 18 maestros imparten clases a 470 alumnos. Asimismo, otras instancias han colaborado con el desarrollo del poblado, como el ONG europeo Proderbo, que donó el instituto de secundaria. Indicó, además, que otros proyectos en marcha ayudarán a resolver el problema del agua potable y de vivienda, el cual se solucionó, en parte, con la inauguración de 144 casas en el Reparto Arnoldo Alemán, con donación de Taiwan, donde habitan desmovilizados de la Resistencia y del Ejército, y familias pobres que vivían en los callejones y en las orillas del río.

Como parte del progreso de este poblado, ahora hay alumbrado público y domiciliar, el cual se logró recientemente, y ha permitido que se desarrollen otras empresas y comercios, como el servicio de televisión por cable que ofrece la alternativa de seis canales, y otros centros de diversión; además, en el pueblo ahora existe una radio emisora, “Manantial de vida”, de orientación religiosa evangélica.

Por su estratégica posición geográfica, en la frontera entre las dos regiones autónomas, a 48 kilómetros de Río Blanco y a 70 de Siuna, Mulukukú no sólo es el puente obligado para acceder a la rica zona minera y la Costa Atlántica de nuestro país, sino que también se ha constituido en un importante punto de intercambio y negocios entre productores agrícolas del Caribe y comerciantes del Pacífico.

La principal actividad económica de los pobladores de este lugar es la ganadería, de la cual se deriva la industria artesanal del queso. La otra fuente de trabajo es la agricultura. Se destaca el cultivo de arroz, frijol y maíz en considerables cantidades.

Pero todo este progreso se debe, en parte, al avance del proyecto de pavimentación de la carretera, que por el momento llega hasta Río Blanco, lo que reduce a sólo cuatro horas —originalmente eran 12— el tiempo para llegar desde Managua hasta Mulukukú, en época de verano.

Así pues, el otrora inhóspito y despoblado caserío de Mulukukú, hoy es un renaciente pueblo que se desarrolla con el esfuerzo de miles de inmigrantes que han encontrado en este lugar un sitio para vivir en paz, el que seguirá creciendo en la medida en que otras familias campesinas se sigan afincando en los barrios de la periferia para poner a sus hijos a la escuela o para buscar un mejor porvenir.
Muchos de estos pobladores, que no hace mucho llegaron como simples forasteros, son los que han levantado nuevos negocios a ambos lados de la carretera cercana al puente, y son los que con sus costumbres le dan a Mulukukú ese toque especial de ser un lugar de encuentro entre las diversas culturas que forman nuestra nacionalidad.

Venciendo tabúes

Orlando Valenzuela
 De las 15 mujeres que hace varios años empezaron a capacitarse como carpinteras en el Taller “María Luisa Ortiz”, sólo ha quedado trabajando su coordinadora, Vicenta Dormus. Las demás se rindieron ante la desesperanza del poco trabajo y el deterioro de las máquinas.

Dormus entró como socia hace dos años, y desde un inicio empezó a recibir clases de parte del instructor Celestino Ochoa, quien capacitó en ebanistería a cinco de las diez mujeres que a él le tocó enseñar, y que lograron terminar el curso, entre ellas doña Vicenta. Pero problemas personales hicieron que en el taller de carpintería quedaran sólo ella y dos varones, los que mantienen con vida este proyecto que en su momento llegó a generar empleo a muchas cabezas de familia.

En el taller, ella puede elaborar sola desde sillas, mesas, comedores, ventanas, esquineras, cuchareras, muebles pequeños, libreros, puertas y otros productos para el hogar, en maderas de roble, caoba, cedro real o cedro macho.

El problema de la desmotivación de las demás compañeras se debe, según explica doña Vicenta, a que la gente del pueblo no tiene dinero por la falta de empleo, y porque dicen que los productos están muy caros, además, las máquinas están descompuestas y eso atrasa los trabajos. “La gente busca lo más barato, aunque sea mal hecho”, señala ella.

Pero lo importante para doña Vicenta es que ella, así como otras mujeres que tienen su propio taller, demostraron que la mujer puede desempeñar cualquier trabajo que, como éste, antes sólo lo hacían los hombres.
 

Platillo de armadillo desmenuzado

Orlando Valenzuela
 Sobre la orilla del gran Río Tuma, muchos venados, guardatinajas y hasta chanchos de monte se ocultan en medio de la espesa vegetación. Uno de estos animales es el armadillo, conocido aquí como cusuco, pitero o cola de fierro. Desde tiempos pretéritos, los indígenas cazaban a este pequeño blindado para comerse su rica carne y usar su concha como instrumento acústico durante sus danzas. Para los que no tienen ningún sentimiento de culpa por la fauna, pero sí un estómago a prueba de excentricidades culinarias, presentamos a continuación la receta del armadillo desmenuzado.

Lo primero y lo más difícil es conseguir el armadillo. Si se consigue, se prepara como si fuera cualquier tipo de carne.

Una vez que se ha sacrificado al armadillo, se saca toda la carne de la concha. Luego, ésta se pone a sancochar en un perol amplio. Una vez que la carne está bien sancochada, se deja que se enfríe un poco y luego se desmenuza como si fuera carne fibrosa de res.

A continuación, se le echa un poco de achiote, pimienta, tomate, cebolla y condimentos, los que se fríen en un poco de manteca o aceite hasta que quede bien frita y olorosa. Luego se sirve una porción sobre una tortilla bien caliente. Si prueba esta carne, no sabrá si lo que está comiendo es pollo, res o lomo de cerdo de exportación. Se acostumbra acompañar este palatillo con una humeante taza de café.
 

Las leyendas de El Salto de Mulukukú

Orlando Valenzuela
 A menos de un kilómetro al este del poblado, se encuentra el lugar que le dio el nombre a este futuro municipio: El Salto de Mulukukú, este salto, ubicado sobre el caudaloso Río Tuma, se observa en su majestuosidad durante la época de verano, pero en invierno apenas se distingue como uno de los peligrosos “rápidos” que forman la embravecida corriente. El Salto está dentro de la propiedad de don Benerando Mendoza, productor local, quien además tiene en su finca una laguna donde beben aguas sus vacas, la que tienen que compartir con varios cuajipales que todos los días salen a la orilla a tomar el sol.

El Salto de Mulukukú está envuelto en una rica estela de leyendas que van desde lo idílico hasta lo trágico. Una de ellas dice que existe una maldición alrededor de El Salto, la cual señala que “tienen que morir siete personas para que termine el maleficio”, y la gente cree que es cierto, porque hasta la fecha se han ahogado tres campesinos, “faltan cuatro”, dicen convencidos. El último ahogamiento ocurrió en la Semana Santa del año pasado.

Otra historia habla de la existencia de una sirena que sale de las brumosas aguas, la que ya les ha salido a varios hombres. Esta sirena es una linda indita descubierta hasta los pechos, con una larga cabellera que le llega hasta la cintura.

También existe la versión que habla de un muchacho que un día se bañaba en una de las pozas que se forman con la caída del agua. El joven se tiró a lo profundo de la poza y no lo volvieron a ver. Después de eso, en el mismo lugar donde desapareció el joven aparecieron unos grandes sábalos reales, y la gente cree que es el finado en forma de pescado que se divierte con otro compañero que también se ahogó en la misteriosa poza
 

Una clínica con rostro de mujer

Orlando Valenzuela
 Una mañana de 1985, una “gringa” cruzó sobre un bote de madera el caudaloso Río Tuma, y sonriente se presentó a la Cooperativa “María Luisa Ortiz”, de Mulukukú. Sus credenciales eran más que suficientes: enfermera norteamericana con amplia experiencia, jubilada. Su nombre: Dorotea Granada.

A partir de ese momento, una de las aulas de la pequeña escuela del poblado se convirtió en “clínica”, donde Granada empezó a atender a las hijas de las socias de la cooperativa, sin imaginar jamás que dieciséis años después, este centro asistencial llegaría a tener más de veinticinco mil pacientes activos provenientes de lugares tan distantes como Paiwas, Rosita, Siuna, Río Blanco y todas las comunidades de Mulukukú.

La clínica, que lleva el mismo nombre de la cooperativa, nació oficialmente a finales de 1988, después del paso del huracán Joan, según explica su coordinadora María Elena Guerrero. “La gente quedó sin casas, entonces las mujeres de la cooperativa empezaron a construir sus propias viviendas, y por la misma necesidad también construyeron los muebles del hogar, como mesas, camas y otras cosas de madera”, señaló Guerrero.

Indicó que gracias a las gestiones que Dorotea realizaba con sus amistades en Estados Unidos, Mulukukú cuenta ahora con una clínica que atiende gratuitamente a miles de campesinos pobres que tienen problemas de salud.

El programa de salud comprende desde atención de emergencia, biopsias, planificación familiar, tratamientos del cáncer intrauterino, precáncer, control prenatal, pediatría, pruebas de laboratorio, farmacia y hasta partos. Indicó que en la actualidad se están capacitando 25 mujeres como promotoras de salud en la URACCAN de Puerto Cabezas.

En total, son veinte personas las que desempeñan diferentes labores en la cooperativa, que además de la clínica, tiene también una oficina de asesoría legal y un albergue para mujeres que sufren maltrato intrafamiliar. Desgraciadamente, la principal promotora del apoyo a este proyecto, Dorotea Granada, no se encuentra en su querida comunidad de Mulukukú, pues el gobierno le canceló su residencia porque supuestamente prestó ayuda médica a presuntos grupos irregulares de la zona, lo cual ella y la población dicen que es falso. De todos modos, la clínica sigue operando y atendiendo unas cien consultas diarias, para alivio de las personas que llegan en busca de atención médica. Pero además de la Clínica, existe en este pueblo un Centro de Salud auspiciado por el gobierno.
 

Los Amigos” de Mulukukú

Orlando Valenzuela
 La tarde del 19 de junio de 1997, un grupo de amigos se reunieron alrededor de una guitarra prestada, y al son de rancheras empezaron a alegrar la noche. Ese día, José Hernández, Carmelo Oporta, Arnoldo Zamora, Teófilo Amador, Donato Jarquín y José Rivas, dieron por inaugurado el Grupo Musical “Amigos”, de Mulukukú.

Pero fue hasta mediados del año 2000 que este sexteto musical decidió entrar de lleno en la vida farandulera de este pueblo, gracias a la ayuda de varios concejales que les donaron una guitarra, un acordeón y una vihuela.

Lo demás corrió por su cuenta, pues cada uno se las ingenió para aprender a tocar “de oído” cada uno de los instrumentos, y así José María se encargó del acordeón; Carmelo, del guitarrón; Arnoldo, de la vihuela; Teófilo, Donato y José Andrés, de sendas guitarras de acompañamiento.

Con picardía, humor y mucho ingenio, “Los Amigos” empezaron a improvisar temas hasta que lograron darle forma a varias canciones que los han hecho muy populares en la zona. Una de estas canciones es “La receta” que habla de la situación problemática de la salud en la comunidad. Otro tema de contenido social es el “Corrido de Leonardo”, en homenaje al policía caído durante la huelga de abril realizada por los pobladores de Mulukukú, que exigían a las autoridades nacionales que elevaran este poblado a la categoría de municipio, junto a varias comunidades. Igualmente, temas relacionados con la lucha de los derechos de la mujer y sobre las bellezas naturales de esta extensa zona de Nicaragua, figuran entre los preferidos entre la población que conoce de las cualidades artísticas de este grupo.

Sin embargo, la situación económica no está sólo para crear canciones, pues ellos aceptan cualquier compromiso musical, ya que tienen un amplio repertorio que les permite amenizar cumpleaños, promociones, bautismos, casamientos, actos públicos y hasta mítines políticos con el estilo y ritmo de grandes charros como Vicente Fernández, Antonio Aguilar, Cornelio Reyna y otros. Actualmente, “Los Amigos” están ensayando seis nuevos temas, algunos aún sin título, pero con el ingenio y la picardía que los caracteriza
 

 
  

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